Now Playing: Gustavo
Siempre se criticó a la Academia que entrega los Premios Nobel de literatura cierta preferencia por los escritores progresistas, poniendo como referencia la negación del premio a Jorge Luis Borges, escritor de méritos sobrados a través de sus relatos breves y sus incursiones en la poesía.
Creo que hay varios casos que pueden ayudar a desmentir tal aseveración y la obtención del premio por parte del peruano Mario Vargas Llosa claramente refuerza dicha idea. Pues el autor fue el candidato a la presidencia de la derecha peruana en varias elecciones hasta que finalmente adoptó la nacionalidad española y se fue a vivir a la así llamada "madre patria".
Méritos no se le pueden negar, a este peruano - español, licenciado en filología, agudo lector de Flaubert y un renovador de la literatura universal. El trato que hace Vargas Llosa con los narradores de su obra deslumbra por la compleja elaboración de sus relatos desde el trío de voces que lo pusieron en las estanterías de todo el continente, en esa obra magistral que es "La ciudad y los perros" hasta obras corales como "Pantaleón y las visitadoras" donde el punto de hablada prácticamente se suprime para dar lugar a un verdadero archivador de documentos oficiales, memorandos, cartas y transmisiones radiales.
En cada una de estas obras, Vargas Llosa desarrolla un planteamiento ideológico que se enfrenta al autoritarismo, a las burocracias estatales e inclusive a la estrechas normas morales que limitan a la sociedad limeña, a través de su novela autobiográfica, "La tía Julia y el escribidor". Y en "La guerra del fin del mundo" nos pone ante la rigidez y la incapacidad de entender al otro como un "otro legítimo" propia de todas las conflagraciones bélicas que has asotado nuestra existencia como género humano.
Lo más curioso de todo, es que los planteamientos de Vargas Llosa en estas novelas y en aquellas más recientes son los de un escritor progresista que traduce en una literatura compleja y desafiante para cualquier lector, los grandes planteamientos que la izquierda latinoamericana está construyendo a través de las presidencias de Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia o los Kirchner en Argentina.
¿será entonces que la Academia Sueca sí tiene prevalencias ideológicas? y que lo que se premia en el Nobel peruano es su adhesión a la revolución cubana, sus pasantías en la Casa de las Américas y su pasado guerrillero.
Quizás las vueltas de carnero, como decimos los chilenos, que las ideas de Vargas Llosa han dado a través del tiempo nos han logrado borrar del todo el espléndido aporte que el peruano hizo a una nueva visión del hombre y de su medio de expresión como es la literatura, que los coqueteos de filólogo limeño con la aristocracia capitalista peruana finalmente lo llevaron a la paradoja, como a varios de sus personajes, como al pequeño Mayta, renegando de su pasado revolucionario en un trabajo rutinario y sin sentido o como al honesto Pantaleón perdido en la sierra peruana tratando de rehacer una vida que solo existió para obedecer órdenes. Tal vez, el verdadero Vargas Llosa sea aquel habitante imperecedero de sus novelas, que se pasea por Miraflores, que anda por Piura o Iquitos, como el pobre esclavo, el indómito Jaguar, o el melancólico poeta y que el candidato presidencial que defiende los derechos de las multinacionales sea solo un mal sueño borgiana del compañero Vargas Llosa.