Discurso en el Liceo Cubano, 1891
-extracto-
Cubanos:
Para
Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para
ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella. Y
ahora, después de evocado su amadísimo nombre, derramaré la ternura de mi alma
sobre estas manos generosas que ¡no a deshora por cierto! acuden a dármele
fuerzas para la agonía de la edificación; ahora, puestos los ojos más arriba de
nuestras cabezas y el corazón entero sacado de mi mismo, no daré gracias egoistas a los que creen ver en mí las virtudes que de mí y
de cada cubano desean; ni al cordial Carbonell, ni al bravo Rivero, daré
gracias por la hospitalidad magnífica de sus palabras, y el fuego de su cariño
generoso; sino que todas las gracias de mi alma les daré, y en ellos a cuantos
tienen aquí las manos puestas a la faena de fundar, por este pueblo de amor que
han levantado cara a cara del dueño codicioso que nos acecha y nos divide; por
este pueblo de virtud, en donde se prueba la fuerza libre de nuestra patria
trabajadora; por este pueblo culto, con la mesa de pensar al lado de la de
ganar el pan, y truenos de Mirabeau junto a artes de Roland, que es respuesta de sobra a los desdeñosos de este
mundo; por eNo nos reúne aquí, de puro esfuerzo y
como a regañadientes, el respeto periódico a una idea de que no se puede
abjurar sin deshonor; ni la respuesta siempre pronta, y a veces demasiado
pronta, de los corazones patrios a un solicitante de fama, o a un alocado de
poder, o a un héroe que no corona el ansia inoportuna de morir con el heroísmo
superior de reprimirla, o a un menesteroso que bajo la capa de la patria anda
sacando la mano limosnera. Ni el que viene se afeará jamás con la lisonja, ni
es este noble pueblo que lo reciba pueblo de gente servil y llevadiza.
Se me hincha el pecho de orgullo, y amo aún más a mi patria desde ahora, y creo
aún más desde ahora en su porvenir ordenado y sereno, en el porvenir, redimido
del peligro grave de seguir a ciegas, en nombre de la libertad, a los que se
valen del anhelo de ella para desviarla en beneficio propio; creo aún más en la
república de ojos abiertos, ni insensata ni tímida, ni togada ni descuellada, ni sobreculta ni
inculta, desde que veo, por los avisos sagrados del corazón, juntos en esta
noche de fuerza y pensamiento, juntos para ahora y para después, juntos para
mientras impere el patriotismo, a los cubanos que ponen su opinión franca y
libre por sobre todas las cosas,-y a un cubano que se las respeta…