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Racismo, Pobreza y Problemas de Salud:

Los Bateyes en la República Dominicana

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Estudio de caso: Los Bateyes en la República Dominicana

 
Trasfondo histórico del antihaitianismo en República Dominicana

El Caribe es una de las regiones que ha experimentado la migración de diversos grupos sociales en relación a las ofertas del mercado laboral.  El caso de la migración haitiana para trabajar en los bateyes azucareros en República Dominicana es el que se presentará en este trabajo con el propósito de dar cuenta de la relación entre discriminación racial, pobreza y problemas de salud, siendo el batey es una comunidad rural diferente a las demás por su economía, separación social, racial y cultural.    

Las relaciones de producción en el Caribe han conformado las nociones raciales emergentes.  El periodo del auge del azúcar corresponde a patrones de formación de diferenciación social y de aumento de distancia racial (Derby, 2003).  La raza, según propone Lewis (1982), era necesaria en el sistema de la plantación porque permitía definir visualmente que trabajador y que trabajo pertenecía al amo.  A finales del siglo XIX se establece una relación de servidumbre establecida en las centrales azucareras en República Dominicana, tras la inmigración haitiana dirigida a laborar en este sector.  La ideología del antihaitianismo coincidió con que la mayoría de los/as haitianos/as en República Dominicana fueran relegados al corte de la caña, en condiciones semejantes a la esclavitud (Derby & Turits, 1992).  Los/as haitianos/as llegan a República Dominicana como mano de obra barata para solucionar el problema de falta de fuerza trabajadora en la industria de la caña.  A partir de la inmigración de sectores trabajadores haitianos en República Dominicana los/as dominicanos/as se refieren a sí mismos en contraposición con los primeros (Derby, 2003).  Como señala Tryiandafyllidou (1998), la nación establece quien es miembro y quien es extranjero, a partir de la dicotomía de quiénes somos y quiénes son los otros.  El otro, o significant other, aporta en la formación de identidad nacional tras ser construida su presencia como amenazante o amenazadora.  Este fue el caso de las relaciones sociales que se establecieron en República Dominicana con la población inmigrante haitiana.  Las mismas también reflejan las dicotomías establecidas por Memmi (2000) en su desarrollo de lo que representa el racismo.

El concepto de Haití como un enemigo imaginario fue el elemento clave de una identidad nacional basada en una nueva representación del pasado (Derby & Turits, 1992).  La tesis de los autores es que el régimen de Rafael Leónidas Trujillo (1891-1961) promulgó el antihaitianismo como estrategia para la identidad nacional y cultural del pueblo dominicano.  La historia dominicana fue reconcebida por el régimen trujillista como la lucha del pueblo dominicano por mantener su autonomía cultural y política contra Haití.  Tras la masacre haitiana en 1937 se propulsó una propaganda e historiografía que construyó la nación dominicana sobre una oposición fundamental a Haití y los/as haitianos/as.  Se establecieron diferencias y dicotomías basadas en características económicas de los países, y características raciales y culturales.  Se promovió la imagen de un Haití atrasado y pobre vs. una República Dominicana moderna.  Inclusive en el régimen de Trujillo se promovió la “dominicanización de la frontera” (o modernización del lado dominicano de la frontera) para hacer más evidentes estas supuestas diferencias.  Se dio un esfuerzo deliberado de oponer “el mestizaje, la hispanidad y la catolicidad” de los/as dominicanos/as al “africanismo y la negritud” de los/as haitianos/as, lo que refleja también un prejuicio racial hacia el/la negro/a dominicano/a (PLUS, 1999).  De esta manera, como señala Derby (2003), los/as dominicanos/as desnacionalizaron la negritud exportándola “al otro lado de la frontera”.  Se establecieron contrastes binarios entre dominicanos/as y haitianos/as como: blancos/as vs. negros/as, españoles/as vs. africanos/as, católicos/as vs. paganos/as, raza civilizada vs. raza salvaje (Derby & Turits, 1992).  A la descendencia africana de los/as haitianos/as se le asocia una condición de primitivismo (García & Giovannetti, 2003).  La discriminación consiste en una mezcla de racismo, chauvinismo y prejuicio de clase respecto a los/as inmigrantes haitianos/as y dominicanos/as negros/as con antecedentes o costumbres consideradas haitianas, que se manifiesta entre otras en intentos de suprimir prácticas culturales afroamericanas o que se identifican con África (Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, 1998; en PLUS, 1999). 

Exclusión y marginalización social de los/as haitianos/as en República Dominicana

El discrimen racial y por origen nacional del cual sufre la comunidad haitiana en República Dominicana dificulta el acceso a recursos y las posibilidades de lograr una mejor calidad de vida.  También la coyuntura de entrar a la República Dominicana haitianos/as de manera clandestina e ilegal redunda en la explotación a la que son sometidos/as en trabajos relacionados a las plantaciones de caña de azúcar, al sector de la construcción y otros cultivos agrícolas como el café, cacao y arroz en el país.  En relación a los factores culturales, muchos/as haitianos y haitianas, en especial mujeres y niños que permanecen en el hogar y tienen menos contactos con el resto de la población, siendo así marginalizados de la cultura huésped al no conocer o dominar el idioma español.  Por otro lado, las mujeres haitianas inmigrantes, que al huir de la pobreza y la violencia que tiene lugar al otro lado de la frontera, terminan trabajando en los bateyes azucareros, encuentran allí abusos y situaciones de carencia extremas.  Ellas son vistas en muchas ocasiones como las reproductoras de la mano de obra barata, en lugar de cómo un individuo.  Y en la medida en que representa la máquina de hacer descendientes haitianos/as se convierten, en la mentalidad de los nacionalistas, en el peligro de la dominicanidad (Martínez Mercado, E., 2005). 

  Por su parte, los/as niños/as de haitianos/as nacidos/as en territorio dominicano sufren unas de las políticas  institucional más crueles, ya que el gobierno no les expide certificados de nacimiento, lo que no les permite asistir el sistema formal de educación pública, careciendo así de existencia jurídica.  El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas señaló en 1998 que en República Dominicana viven cerca de medio millón de haitianos/as de los cuales sólo 25,000 poseen documentación (PLUS, 1999).  Una de las implicaciones que se deben señalar sobre este tipo de práctica del Estado dominicano es que imposibilita el ascenso en la jerarquía económica y social de la comunidad haitiana en la isla, ya que permanecen en trabajos de baja renumeración económica.  El acceso a la educación se necesita para que no se perpetúe la condición de los bateyes, que no satisfacen las necesidades humanas elementales, como el acceso a una alimentación y viviendas adecuadas.  Existe una dramática diferencia entre la tasa de analfabetismo en los bateyes, de un 34.5%, y la tasa de analfabetismo de la población a nivel nacional, que es de un 15.5%, siendo el nivel de analfabetismo en los bateyes el doble de ésta (Waterlife, 2005).  Otro dato que apunta al desfase educativo en la población de los bateyes es que en el 30% de los bateyes no se ofrece ningún grado de educación formal (CREP, 1999). 

Condiciones de vida en los bateyes en República Dominicana

El batey en República Dominicana es un entorno comunitario, que se ha dado en otros países del Caribe a partir del siglo XIX, de composición poblacional originalmente haitiana, donde habitan los/as trabajadores/as de los ingenios azucareros con sus familias.  Es importante señalar que la compasión nacional de las comunidades en los bateyes hoy día cuenta con una población mayormente dominicana, o dominicana-haitiana, y un por ciento menor de personas haitianas.  Sin embargo analizaremos los bateyes como comunidades, que independientemente de su composición población actual, siguen siendo espacios de marginalización y exclusión social a raíz de los imaginarios que sostienen el antihaitianismo en la República Dominicana.  El gobierno dominicano estimó, en un estudio llevado a cabo en el 1980 (Farmer, 1992; en PLUS, 1999) que cerca de un 90% de la fuerza trabajadora agrícola en las plantaciones azucareras en República Dominicana son haitianos/as.  En cifras más recientes de un estudio llevado a cabo por la Comisión de Reforma de Empresa Pública (CREP, 1999) en el 39% de los bateyes predomina la nacionalidad dominicana, en el 27% de los bateyes predomina la nacionalidad haitiana y en el 34% de los restantes bateyes la nacionalidad de los residentes es equitativa entre dominicanos y haitianos.  La organización no gubernamental Batey Relief Alliance (BRA Dominicana) señala que el 70% de las familias en lo bateyes se definen hoy día como dominicanos (Waterlife, 2005).  En estas comunidades la población en labores directas con el ingenio azucarero trabaja mayoritariamente en la siembra, corte, carga, peso y transporte de la caña.  El 17% de la población económicamente activa residente en los bateyes trabaja en actividades relacionadas a los ingenios, y el 83% a otras actividades como: construcción, motorista, agricultura independiente, trabajos en zonas francas, comercio, otros.  (CREP, 1999).

Los bateyes son comunidades que originalmente pertenecieron a los ingenios azucareros  y estaban bajo la jurisdicción del Consejo Estatal del Azúcar, antes de 1989.  Los bateyes están actualmente bajo la tutela del Estado, pero no de los consejos municipales (Waterlife, 2005).  El CEA administra el consorcio de los bateyes que pertenecen al Estado Dominicano, esto incluye una población de más de 180,000 personas en 203 bateyes que conservan su estructura funcional.  El promedio de personas por casa es de 5.3 personas; esta cifra es mayor al promedio de una familia rural que no pertenece al batey, que es de 4.3 personas por casa (Waterlife, 2005).  La localización de los bateyes se extiende al Distrito Nacional y la provincia San Cristóbal, en el sur; San Pedro de Macorís, La Romana, El Seibo, La Altagracia, y Hato Mayor, en el este; Barahona y Bahoruco, en el sureste; y Valverde y Puerto Plata, en el noroeste (PLUS, 1999).  Los bateyes se caracterizan por la ausencia de servicios básicos como: tomas de agua potable, facilidades sanitarias para la higiene, energía eléctrica, sistema para la eliminación de excretas y basura, sistema de drenaje pluvial, y servicios de salud.  En concordancia con lo anterior en un estudio realizado, las principales demandas de las familias residentes en los bateyes en los ingenios del CEA (CREP, 1999), relacionadas a aspectos socioeconómicos, se encuentran: que el ingenio pague, tener viviendas adecuadas, la crisis económica, tener mayor comida accesible y barata, mayores oportunidades de empleo y tener energía eléctrica y mejores vías de acceso.

            En un país como la República Dominicana, donde el 25% de la población esta bajo los niveles de pobreza, son muchas las familias en situaciones precarias, lo cual afecta directamente su calidad de vida, específicamente en el área de la salud.  Esta precariedad económica se dramatiza en los constantes viajes en yola de cientos de dominicanos que cada año arriesgan sus vidas para en búsqueda de un futuro más alentador en Puerto Rico.  Las situaciones en las que viven las familias en los bateyes son muchas veces similares al contexto socioeconómico de las familias rurales en la República Dominicana (sin embargo el antihaitianismo en la República Dominicana, en su forma de racismo violento, no permite el ascenso social en la jerarquía socioeconómica de la Isla).  En las zonas periféricas a las ciudades las casas están en condiciones de gran hacinamiento, construidas con materiales de desecho y próximas a focos de contaminación.  Tampoco existe legislación adecuada para evitar las descargas de los alcantarillados y para regular la contaminación proveniente de las industrias y la agricultura (PAHO, 2001).  De manera similar, el 53 % de las familias en los bateyes residen en viviendas independientes y el 47% en barracones.  Las viviendas de propiedad de las familias son estructuras hechas con materiales improvisados y con mucha precariedad (CREP, 1999). 

Entre las principales demandas de las familias residentes en los bateyes en los ingenios del CEA (CREP, 1999), relacionadas a aspectos de salud, se encuentran: la falta de agua potable, necesidad de más cantidad de comida accesible y barata, servicio sanitario, servicios de salud y saneamiento ambiental. 

Aspectos relacionados a las condiciones de salud en los bateyes en República Dominicana

           El acceso a agua potable, un elemento esencial para la higiene y la salubridad, es una necesidad apremiante en la República Dominicana, donde para el 1993 se estimó que el abastecimiento de agua para consumo alcanzaba al 65% de la población, 80% en las zonas urbanas y 46% en las rurales (PAHO, 2001).  Para el 2001 se reporta que el 87.6% de la población tiene acceso a este preciado recurso (PAHO, 2001).  Ese 12.4% de la población sin acceso al servicio es un número alarmante, mas sin embargo representa menos de la mitad del por ciento de las familias en los bateyes sin servicio a agua potable; en el 32% de los bateyes no existe ningún tipo de infraestructura para permitir el acceso al agua potable.  Por tanto el 48% de los bateyes recibe agua de camiones cisterna y en el 52% deben buscar agua de ríos o manantiales (CREP, 1999).  Una de las principales implicaciones de no consumir agua potable es el padecimiento de enfermedades prevenibles con recursos básicos, tales como la diarrea.  Las enfermedades diarreicas agudas representaron en 1994 el 4% de las muertes por enfermedades transmisibles en República Dominicana.  De estas, la mitad ocurrieron en menores de un año y un 16% en niños/as de 1 a 4 años (PAHO, 2001).  En el contexto de los bateyes la proporción es disimilar, ya que la mitad de las consultas médicas hechas en el BRA Dominicana son por casos de diarrea.  La organización estima que 29% de los/as niños/as en los bateyes padece de diarrea, siendo el 40% de los casos entre los 6 a 23 meses de edad (Waterlife, 2005).  La situación de salud se agrava al tener unas condiciones precarias de atención médica.  El sistema de salud dominicano es deficiente, concentrado su acceso en zonas urbanas, de esta manera las comunidades de bateyes quedan abandonadas de estos servicios.  La situación de servicios de salud en los bateyes queda entonces de la siguiente manera: un 16% de los bateyes no reciben ningún tipo de asistencia en salud, ni tienen ninguna instalación de salud; en el 26% hay dispensarios médicos; hay consultorios en el 4% de los bateyes; en el 3% hay clínicas rurales; en el 2% hay boticas rurales; y en el 49% hay presencia de una promotora de salud que presta el servicio desde su casa (CREP, 1999).  De esta manera podemos dar cuenta de la necesidad de servicios de salud expresada por las familias en los bateyes. 

            La situación de saneamiento ambiental, relacionada específicamente al acceso a servicios sanitarios y a la disposición de los desperdicios sólidos, es un problema de salud pública en los bateyes, siendo el último un grave problema en general en la República Dominicana donde el recogido de los desperdicios sólidos depende de los municipios y en prácticamente todas las ciudades la cobertura es mínima, la recolección irregular y la disposición final a cielo abierto (PAHO, 2001).  Si en la población nacional sólo un 83% de las familias reciben el servicio de recogido de desperdicios sólidos la situación en los bateyes es más crítica ya que solamente un 10% de los bateyes recibe este servicio.  El recogido de desperdicios sólidos en los bateyes lo hace la municipalidad, el resto se quema o se bota (Waterlife, 2005).  Podemos señalar que la situación es tan alarmante en los bateyes debido a que estos no pertenecen al municipio, de esta manera no tienen el deber de recoger los desperdicio sólidos. 

 

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Dennise Fonseca Lago © diciembre 2005

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