Soñé que de una peña me arrojaba quien mi querer sujeto a sí tenía, y casi ya en la boca me cogía una fiera que abajo me esperaba. Yo, con temor, buscando procuraba de dónde con las manos me tendría, y el filo de una espada la una asía y en una yerbezuela la otra hincaba. La yerba a más andar la iba arrancando, la espada a mí la mano deshaciendo, yo más sus vivos filos apretando... &161;Oh, mísero de mí, qué mal me entiendo, pues huelgo verme estar despedazando de miedo de acabar mi mal muriendo!
A UNA DAMA QUE DESPABILÓ UNA VELA CON LOS DEDOS.
El que es de algún peligro escarmentado, suele temerle más que quien lo ignora; por eso temí el fuego en vos, señora, cuando de vuestros dedos fue tocado. Mas, ¿vistes qué temor tan excusado del daño que os hará la vela agora? Si no os ofende el vivo que en mí mora, ¿cómo os podrá ofender luego pintado? Prodigio es de mi daño, Dios me guarde ver al pabilo en fuego consumido, y acudirle al remedio vos tan tarde: señal de no esperar ser socorrido el mísero que en fuego por vos arde, hasta que esté en ceniza convertido.