Vela que en golfos de esplendor navegas por candores lucidos extendida, hasta desvanecer, desvanecida, y ciega por lucir, hasta que ciegas; si serena luz hay, presto te anegas; si corre tenpestad vas sumergida; huyes con breve soplo de tu vida y con serena calma a tu fin llegas. Tan sin memoria viene tu occidente, que aun de leves cenizas breve copia, noticia no dará de lo luciente. Humo será a tu fin, pira no impropia; dejarás sombra en todo, y solamente no dejarás la sombra de ti propia.
AL MAR, EN METÁFORA DE UN CABALLO.
Espumoso caballo en quien procura ser señal, como estrella, el norte frío; carreras se le imponen a tu brío y pasos se le miden a tu altura. Formidable relincho es tu voz dura; tienes, con extendido señorío, una torcida crin en cada río y en cada fuerte puerto una herradura. Haces mil caracoles de contino; paras fiel a la calma que te enfrena y pisas lo que abate tu camino. Pícate espuela el aire que te llena; el hombre te inventó silla de pino y Dios te señaló freno de arena.