Ya es ceniza la llama donde ardía; este polvo humo fue que me cegaba; esta nube, que al cielo se llegaba, fue luz, que como el sol resplandecía. El humo en la belleza se encubría; la llama en el deseo se alentaba; como humo la belleza se pasaba, y el deseo cual llama consumía. Al paso, al tiempo, al fin, ya no se nombra de belleza, de amor, aquel espanto, ni luz puede alegrar, ni nube asombra: sólo mi corazón, que siente tanto, es luz, que la beldad muestra que es sombra, y nube, que el amor dice que es llanto.