Es tuyo, sí, ese mar; pero este mío es mar tan femenino y ondulante, se tiende tan mimoso, tibio, amante, cuando el tuyo se yergue duro y frío, que es como una mujer, que el albedrío nos roba, imperativa y susurrante... Este es mi mar, y el tuyo es el gigante que de cólera sabe y desvarío. Tiene este mar los ojos azulados, tersa la tez, y en su canción de oro se ocultan las sirenas encantadas. Verdes los suyos tiene, y acerados, ese mar, cuya voz es como un coro de almas bajo sus olas sepultadas.