Ética
Aristotélica
Aristóteles
escribió dos obras sobre ética: Ética a Nicómaco o Ética Nicomáquea,
consta de diez libros y su nombre alude quizás a su hijo Nicómaco. Ética a
Eudemo que consta de cuatro libros. Eudemo era un discípulo de Aristóteles.La
Gran Ética probablemente no es obra suya, sinó de un recopilador. Según el
filósofo, toda actividad humana tiende hacia algún fin (telos). El fin de la
actividad de un zapatero es hacer, producir un zapato bien hecho; El fin de la
medicina es procurar o restablecer la salud del enfermo, etc. Vemos que los
fines no son idénticos ya que dependen de la actividad que se lleve a cabo para
obtenerlos. Las actividades tampoco son iguales. Aristóteles distingue entre la
praxis, que es una acción
inmanente que lleva en sí misma su propio fin, y la
oiésis, que es la producción de una obra exterior al sujeto (agente)
que la realiza. Por ejemplo, el fin de la acción de construir una estatua no es
la propia producción de la estatua, sino la estatua misma. Pero ésta, además,
tiene un fin para lo cual la estatua misma es un medio: conmemorar un hecho,
venerar a un dios.... Así, vemos que unos fines se subordinan a otros,
existiendo una jerarquía entre ellos y en las
actividades que los producen. Por lo tanto, habra que
determinar cúal es es fin último del hombre al que estarán
subordinados los otros fines. Habrá que buscar un fin que ya no sea medio para
ningún otro fin. [Aristóteles presupone la unidad del fin y del bien, no
llegando a considerar en ningún momento la posibilidad de un conflicto entre
fines morales. Además, su
teleologismo identifica el fin al que algo tiende con el bien, ya que el bien de
algo es llevar a buen término el fin
que
tiene que cumplir, la realización de su esencia y de sus potencialidades.]
Tiene que haber un fin último, querido por sí mismo y que sea el fundamento de
todos los demás. Si esto no sucediera, y los fines siempre fueran medios para
otros fines, y así hasta el infinito, nos encontraríamos con la paradoja de
que los fines son fines de nada, lo cual les haría absurdos e innecesarios
(ineficaces). Y como, de hecho, hay fines, por lo tanto, debe haber uno que sea
fin en sí mismo y no sea medio
para
ningún otro. Este fin último o bien es "la felicidad"
(eudaimonía), y por eso, se dice que la ética aristotélica es
eudemonista, porque considera que el fin (bien) último que persigue el hombre
es la felicidad. Ahora nos encontramos con el problema de definir qué sea la
felicidad y qué es lo que
la
procura. Para unos, la felicidad se alcanza con riquezas;
para otros con honores y fama; otros muchos creen obtenerla a través del
placer.Sin embargo, dice Aristóteles, todos estos no son más que bienes
externos que no son perseguidos por sí mismos, sinó por ser medios para
alcanzar la felicidad. Es esta la única que se basta a sí misma para ser: es autárquica
y
perfecta. Los demás bienes externos se buscan porque pueden acercarnos más a
la felicidad, aunque su posesión no implica que seamos felices. Tampoco esto
significa que el bien sea trascendente al hombre; es decir, que se trate de un
Bien en sí, separado de todos los bienes pariculares. Aristóteles rechazará
la concepción platónica del Bien, aquélla que ignora
que
sólo es posible realizar el bien en situaciones concretas y
particulares, y nunca iguales:
"No es la salud lo que considera el médico, sino la salud del hombre y,
acaso mejor, la salud de tal hombre, porque es al individuo a quien
cura"Por lo tanto, pese a que no haya un acuerdo entre los hombres acerca
de qué proporciona la felicidad como bien último del
hombre,
la ética ha de dedicarse a dilucidar qué clases de bienes hay.
Según
Aristóteles, podemos dividirlos en tres tipos:
1.
Bienes
externos: riqueza, honores, fama, poder
2.
Bienes
del cuerpo: salud, placer,integridad...
3.
Bienes
del alma : la contemplación, la sabiduría...No por poseer riquezas
garantizamos nuestra felicidad. Tampoco sólamente la consecución del placer
nos hace felices. Normalmente necesitamos algo más para serlo y en eso nos
distinguimos de los animales. Aunque estos bienes particulares no basten, sin embargo ayudan. En esto Aristóteles
mantiene una postura moral bastante desmitificada y realista : el bien no puede
ser algo ilusorio e inalcanzable. Sin ciertos bienes exteriores (salud, riqueza,
etc.) la felicidad será casi imposible de alcanzar. Entonces ¿En qué consiste
la felicidad (eudaimonía)? Si es
el bien supremo, aquel que ya no es medio para ningún otro fin, habrá que
determinar en qué consiste el bien para cada ser.
El
bien es el acto (energéia) propio de cada ser, es decir; aquel que viene
determinado por su propia esencia o naturaleza.
Y puesto que la naturaleza del hombre viene determinada por la función específica
de su alma, el pensamiento, la felicidad consistirá fundamentalmente en un bien
del alma:
la
contemplación.El mayor bien para un hombre será el pleno desarrollo de aquello
que le es más esencial: la inteligencia; la actividad contemplativa.
Será
la virtud de la sabiduría la que le procure al hombre la verdadera felicidad,
aunque deba conjugarla con otras virtudes y con los bienes exteriores.
LA VIRTUD Distingue Aristóteles
entre dos clases de virtudes, de acuerdo con las funciones del alma: racionales
o irracionales. " la virtud se manifiesta en un doble aspecto: uno
intelectual, otro moral;
La
virtud intelectual proviene en su mayor parte de la instrucción o educación....,
mientras que la virtud moral es hija de los buenos hábitos; de aquí que,
gracias a un leve cambio, de la palabra costumbre -ethos-
viene
moral, ética". (ibid., 1103,b.) Existen dos clases de virtudes:
virtudes
éticas y virtudes dianoéticas. Ambas expresan la excelencia
del
hombre y su consecución procuce la
felicidad, ya que ésta última es "la
actividad del hombre conforme a la
virtud". A través de las virtudes el
hombre domina su parte irracional.
Las virtudes éticasSon
adquiridas a
1.
LA VIRTUD COMO HÁBITO O DISPOSICIÓN
tendencias.
Si fueran propias de nuestra naturaleza, todos seríamos
virtuosos
por el mero hecho de ser hombres, y esto, desde luego, no
ocurre. pero aunque no es un don de la naturaleza, la virtud tampoco es una ciencia, como sostenían los socráticos y Platón. No por conocer qué es el bien o qué es la justicia somos buenos o justos. No realizamos la templanza por el mero hecho de tener conocimiento sobre qué sea ella. La virtud implica voluntad, obrar a sabiendas, con conciencia. No pertenece ésta sólo al orden del lógos, sinó también e inevitablemente al ethos, la costumbre, el hábito. Las virtudes se adquieren a través de la costumbre, el ejercicio y el hábito. Nos acostumbramos a algo cuando repetidamente obramos de tal manera que se covierte en un hábito de nuestra conducta. No podremos ser justos sólo conociendo qué es la justicia. Debemos ejercitarla y a practicarla hasta convertirla en un hábito de nuestro comportamiento. Únicamente practicando la justicia, se puede llegar a serlo.
2. LA VIRTUD COMO TÉRMINO MEDIO
La
virtud
implica también una cierta medida, un cierto orden entre el
exceso y
el
defecto. Aristóteles intenta objetivar la virtud: ésta ha de
situarse en un término medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto.Así, el valor es un medio entre la cobardía y la temeridad, y la generosidad será el justo medio entre la prodigalidad (exceso) y la avaricia (defecto). La virtud introduce el equilibrio, la mesura y no la mediocridad. Pero ¿Cómo definir el justo medio? ¿Hay una medida objetiva e impersonal o ha de definirse en función de cada individuo y situación? ¿Todas las cóleras son injustas y viciosas? ¿Podría haber alguna cólera justa? Según Aristóteles no hay una medida impersonal para definir en cada situación el justo medio.
Cada hombre debe ser juez tal y como lo haría siempre un hombre sabio y prudente. "La virtud es una disposición adquirida de la voluntad, consistente en un justo medio relativo a nosotros, el cual está determinado por la regulación recta tal y como lo determinaría el hombre prudente" Aristóteles hace un recurso a la autoridad del "hombre prudente" porque sabe que ninguna definición universal y general de la moralidad abarcará todos los casos concretos y particulares. No es posible, con una fórmula, preveer la acción moral óptima en cada caso.Sólo la experiencia de los hombres y su inteligencia prudente podrán determinar en cada caso la opción moral adecuada.
LAS VIRTUDES MORALES
La
templanza es el término medio entre el
libertinaje
y la insensibilidad. Consiste en la virtud de la moderación
frente a los placeres y las
penalidades. La fortaleza es el término
medio
entre el miedo y la audacia. (Etica
Nic. 1115a). La generosidad es un
término medio en
relación con el uso y posesión de
los bienes. La
LA JUSTICIA
La
justicia
consiste en dar a cada uno lo que es
debido.Hay dos clases de justicia:
La
justicia distributiva, que consiste
en distribuir las
ventajas y
LAS VIRTUDES DIANOÉTICAS
La
más importante de las virtudes dianoéticas es la
prudencia
(phrónesis). Ésta consiste en la
habilidad intelectual de discernir
entre
LA POLÍTICA ARISTOTÉLICA
Ética
y política están íntimamente vinculadas
en
Aristóteles. La ética desemboca en
la política y se subordina a ella,
en la
medida en que la voluntad individual
ha de subordinarse a las
voluntades de
toda una comunidad. Pero también, la
política permitirá que el Estado
eduque
a los hombres en la virtud y, sobre
todo, en la justicia: "El bien es
ciertamente deseable cuando interesa
a un solo individuo; pero se
reviste de
un carácter más bello y más divino
cuando interesa a un pueblo y a un
Estado
(Política, 1253a) Según Aristóteles, genéticamente, el individuo y la familia son anteriores al Estado (polis), pero naturalmente, no. Las familias surgen de la necesidad de la especie humana para procrear y subsistir como especie. Esta es la unión primera entre hombres. Luego surge la aldea o pueblo como agrupación necesaria para satisfacer las necesidades primarias y cotidianas. Una familia no puede procurarse a sí misma todo lo necesario. La ciudad-estado es la culminación de este proceso. Su fin no es ya la subsistencia. No se trata ya de vivir, sino de "vivir bien"; es decir, de procurar la felicidad a todos sus miembros. Así el Estado se comporta como si fuera un organismo o un "ser vivo" que, como cualquier otro, tiende a un fin: la felicidad de los ciudadanos.aisladamente, los hombres no podemos lograr nuestro fin: la felicidad. Necesitamos de la comunidad política para conseguirlo: somos animales políticos (zôon politikón), que desarrollan sus fines en el seno de una comunidad: " Según esto es, pues, evidente, que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre espor naturaleza un animal político o social; [....]Y la razón por la que el hombre es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gragario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales -ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensacones de lo que es penoso o agradable y de poder significar esto los unos a los otros-; pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado."
(Política, 1253a) El carácter político del hombre se explica por su capacidad de lenguaje. La sociedad es una gran red de memoria compartida, de leyes, que nos in-forma y a la que nosotros vamos dando forma. Y esa enorme memoria está hecha de lenguaje. Sólo éste puede diferenciar lo bueno de lo malo, lo permitido de lo prohibido. Las leyes son lenguaje social y compartido por todos. La tarea del legislador será precisamente estipular las leyes y hacerlas cumplir. En toda sociedad hay siempre un elemento coactivo. La ley no da sólo derechos; también impone deberes. Según Aristóteles, desde el punto de vista del individuo como miembro de una comunidad, el Estado en anterior al individuo, al igual que el todo es anterior a las partes que lo componen. El estado es concebido como un gran organismo autosuficiente y autónomo:"Es evidente, por tanto, que también el Estado es anterior al individuo por naturaleza, pues si cada individuo, una vez separado o aislado, no se basata a sí mismo, debe ser referido al Estado total, igual que las demás partes lo son a su todo, mientras que un hombre ue es incapaz de formar parte de una comunidad, o que se basta a sí mismo, hasta el extremo de no necesitar esto, no es prte alguna del Estado, de manera que, o bien debe ser un animal inferior, o bien un dios." Esta prioridad es debida a que sólo el Estado se basta a sí mismo, es decir; el Estado es autárquico y el individuo y la familia no lo son. Los seres humanos necesitamo de la comunidad política para ser lo que somos. Necesitamos compartir esa memoria a colectiva de usos, costumbres, saberes, leyes, destrezas... en definitiva, cultura, para ser lo que somos. No podemos empezar siempre desde cero sin perder nuestra humanidad. El Estado existe naturalmente. Esta prioridad del estado frente al individuo no supone, sin embargo, que Aristóteles defienda alguna clase de totalitarismo político o de anulación de las diferencias humanas. El Estado no es ningún fin en sí mismo, sino que su fin (telos) es la felicidad y la perfección de los ciudadanos.
Ética y política se abrazan siempre. Aristóteles criticará la teoría política de Platón, la utopía de la República le parece demasiado alejada de la realidad, y la política debe dirigirse a lo que hay, no a lo que nos gustaría que hubiera o a lo que debería ser. Aristóteles en bastante más empírico y realista que su maestro. El Estado no puede consistir en una unidad perfecta, ya que ésto conllevaría su propia destrucción. Igual que en un organismo las partes que lo componen están diferenciadas entre sí, el Estado es un todo que abarca multitud de diferencias; y en ello consiste: en la regulación mediante leyes, de todas las diferencias, de todas las voluntades. Tampoco estaba de acuerdo con la teoría platónica que proponía abolir la propiedad privada y que pretendía colectivizar las mujeres y los hijos: todo ello conllevaría la destrucción de la recta moral y del propio Estado. En la práctica, constituir un Estado sólo es posible si se le dota de un sistema de gobierno, de un marco adecuado de leyes e instituciones que regulen la convivencia y permitan la plena realización de la naturaleza humana y su fin último que es la felicidad. La justicia es la virtud que asegura y consolida el orden en la polis, armonizando equitativamente los derechos y los deberes de todos los miembros de la comunidad. La postura política aristotélica es "naturalista" : el Estado es algo natural. No es fruto de un pacto o acuerdo entre hombres (contractualismo), sino que es consecuencia de la propia naturaleza humana.