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A nivel de empresa el impacto determinado en relación con tiempo de productividad perdido por cada persona enferma, es considerado en 23 años, como consecuencia de morbilidad y mortalidad prematura. Respecto a los ingresos que se dejarían de percibir por las personas con SIDA, es del 74% del ingreso potencial, lo que equivale a 266,000 colones por cada persona enferma, (basado en un salario mínimo de 1,050 colones mensuales). Si lo consideramos para todas las personas enfermas durante el año 2000 la cifra oscilaría entre 365 y 890 millones de colones. Las consecuencias sobre la economía hogareña, y sobre las empresas es obvia, especialmente si consideramos que la población más afectada en el país es la económicamente productiva, muchos de ellos altamente capacitados.
En el sector Salud la capacidad de atención y el presupuesto de salud recibiría una carga más allá de sus capacidades, la inversión necesaria podría llegar a ser de 89 millones de colones.
Otras enfermedades como la tuberculosis se vería incrementada en un 16% por encima de lo esperado.
En el sector productivo se experimentaría una reducción de la mano de obra productiva del sector formal e informal de la economía. La población se está infectando a más temprana edad, por lo que los años productivos perdidos seguirían aumentando al igual que los ingresos potenciales no percibidos.
En el área familiar, la epidemia afectaría a la población incrementando su nivel de pobreza a través de dos vías: disminuyendo sus ingresos y aumentando los costos es salud. La muerte de las cabezas de familia obligaría a los otros miembros a asumir las responsabilidades de éste, muchas veces son los niños o niñas las que deben trabajar para sobrevivir, la desintegración familiar y todas sus consecuencias agravaría el problema social de los estratos poblacionales más vulnerables.
Podemos ver que los efectos negativos de las ETS-VIH/SIDA se manifiestan tanto en aspectos sociales como económicos y psicológicos, dado que su causalidad es estructural, con profundo arraigo en conductas, prácticas y actitudes de la población. Es por esto que las medidas para enfrentarlas, deben ser de naturaleza integral y con el apoyo y la participación activa de todos los sectores de la sociedad, sean estos políticos, técnicos, empresariales, religiosos, profesionales y de la comunidad en general.
A nivel nacional y regional, la incidencia de casos tiene una tendencia ascendente, implicando que las medidas preventivas hasta ahora adoptadas han sido insuficientes o de poca efectividad. Las personas enfermas siguen mostrando una pobre calidad de vida, son muy pocas las personas que logran costear u obtener los medicamentos específicos. A nivel público los escasos recursos disponibles imposibilitan su adquisición y aplicación a mayor número de personas enfermas. Es evidente que el enfoque preventivo y de control de casos es la prioridad en países como el nuestro, para garantizar un impacto positivo y sostenible.
Lo anteriormente expresado nos clarifica el escenario de actuación para el abordaje de un problema, que como social en su naturaleza, igualmente requiere una respuesta social para enfrentarlo. Esta debe ser de naturaleza integral, multisectorial, coordinada y sobre todo contundente. Es necesario por consiguiente que todos los actores sociales involucrados desarrollen esfuerzos conjuntos, de manera efectiva y eficiente, complementando acciones y compartiendo recursos y experiencias. Esto no es posible de poner en práctica si no se cuenta con un Plan Nacional de referencia diseñado por todos, en donde se expresen compromisos reales de participación, aportes concretos, y sobre todo voluntad para la acción.
El gobierno a través de sus instituciones, los organismos de la sociedad civil y el apoyo de la cooperación internacional confluyen en este esfuerzo complementario concretado en un Plan Nacional de Prevención y Control de las ETS-VIH/SIDA, que ofrece externalidades de mucha importancia, entre estas: el guiar en forma equitativa las acciones hacia aquellos sectores prioritarios antes desatendidos, orientar la cooperación internacional hacia actividades no cubiertas o cubiertas en parte con los recursos propios, impulsar acciones sin duplicidad de esfuerzo, establecer alianzas estratégicas, unificas criterios de intervención, facilitar el seguimiento y la evaluación.
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