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El fin de una selva |
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La selva de Yungas, ubicada en las
provincias de Salta y Jujuy, está en serio riesgo debido a la actividad
del hombre. La selva Pedemontana, sector que concentra el 30% de
biodiversidad vegetal de las Yungas, desaparecerá por completo antes del
fin de esta década. La situación de peligro de la selva Pedemontana, se debe a que su primer piso es muy apto para la explotación agrícola, de ahí que su proceso de transformación y explotación sea tan acentuado. Greenpeace, junto con otras organizaciones ambientalistas exige enérgicamente a las provincias de Salta y Jujuy que adopten un manejo forestal responsable de esta Selva, única por su biodiversidad. El fundamento de esta propuesta es el cese de los desmontes y la opción por la tala racionalmente implementada porque asi se mantiene la estructura del bosque, sus servicios ambientales y se generan empleos estables y mayor valor agregado. Si bien la tala y desmonte suelen confundirse, son dos cosas muy distintas. La tala es la extracción maderera que se realiza sobre un bosque, determinando los ejemplares a cortar sobre la base del interés comercial ( tipo de madera y tamaño) y de algunas normas o criterios: diámetro mínimos, pendientes, etc. Si bien la tala es irracional o ilegal en gran parte del país, esta práctica preserva el "pool genético" de las especies taladas ( semillas y retoños). Es decir que, si la tala está planificada adecuadamente, el área forestal puede ser explotada comercialmente y al mismo tiempo está garantizada su supervivencia. Por otro lado, si la tala se realiza de acuerdo con criterios ambientalmente sustentables, la madera talada recibe un sello de calidad ambiental y social denominado FSC ( Forest Stewardship Council - Cosejo Mundial de "cuidado" de los Bosques). El desmonte es la desaparición total de la cobertura vegetal de un bosque o territorio usualmente para convertirlo en zona de monocultivo ( en nuestro caso: soja o caña). Las provincias autorizan estas intervenciones constantemente y al igual que con las talas en la mayoría de los casos ni siquiera la fiscalizan. En efecto, muchos desmontes son lisa y llanamente ilegales mientras que otros ni siquiera respetan las normativas provinciales en vigencia. Con todo, aunque los desmontes sean legales y se ajusten a las normas, su impacto es irreversible, ya que destruyen el ambiente y eliminan por completo la biodiversidad. Beneficia el desmonte a la gente del lugar? A pesar de su enorme e irreversible impacto sobre la biodiversidad, siempre queda cuestión pendiente de explotación comercial de los bosques y como consecuencia, los puestos de trabajo y el desarrollo que generan este tipo de actividades. Si bien nadie se ha puesto a estudiar con detenimiento el impacto social de esta actividad, existen muestras claras de que este tiene aspectos muy negativos. Por un lado, se trata de una actividad temporaria y como luego en la tierra desmontada se explotan monocultivos que requieren escasa mano de obra ( en este sentido, la utilización de transgénicos reduce aún más los puestos de trabajo necesarios) la generación de trabajo es baja. Por otro lado, en general la gente que realiza los desmontes no cuenta con ningún tipo de protección. Asimismo, la forma de vida en los campamentos de desmontadores y las condiciones de trabajo son paupérrimas lo cual acarrea serias consecuencias sanitarias, como por ejemplo, los brotes de una enfermedad llamada Leishmaniosis. Lo que estas organizaciones, como Greenpeace, proponen es una moratoria urgente a los desmontes en la Selva pedemontana de las Yungas, porque afectan a la gente y al bosque, dejan una herencia de tierra estéril y extinción de la biodiversidad y traen como resultado, la pérdida de oportunidades para generar actividades de desarrollo sustentable real.
Un poco de información acerca de las Yungas
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