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Sandra Mihanovich


Lo que soy

Soy la primera hija de mis padres, y la primera nieta de las Familias Mihanovich y Cahen D'Anvers. Supongo que por esto había mucha energía concentrada en mi nacimiento, el 24 de abril de 1957. De chica me decían Pouchy, que en inglés quiere decir “trompuda”. Era introvertida, más de observar que de hablar; me quedaba muda y miraba, escuchaba y después hablaba. Eso me dio como un aire de: “el que habla poco, en general esconde”, esconde en el sentido de que no manifiesta. Por eso, hasta los 14 años, mi mejor amiga era mi vieja. La persona con la que más confianza tenía. Empecé a tener amigas de adolescente. Recuerdo con alegría mi descubrimiento del deporte. A los 12 años, jugaba al elástico, saltaba bien alto. En el colegio me tomaron una prueba y a partir de ahí estuve en todas: en atletismo, en hockey, salto largo, cien metros, posta y tenis. También formé parte del elenco de teatro del colegio. Una vez actué representando una obra de Miller. Yo hacía de Mr. Proctor, un personaje masculino y mi pareja femenina era más alta que yo. Pero me deben haber elegido por la voz grave que en esa época ya tenía. Fui parte del coro del colegio. En realidad, mi vida giraba en torno a él. A los 10 años tuve mi primer clase de guitarra, y fue algo marcante para mí. Después empecé a cantar con mi hermano. Fue como pude integrarme con mis compañeras. Cortaba mi timidez cantando. Tuve además una buena relación con ellas a través del deporte. No era un bicho raro al que nadie hablaba. Era medio líder. Lo que no tenía era onda de chusmear todo, tan típica de colegio de chicas. Mis conflictos en el colegio pasaban por la parte social; yo estaba aislada. No me gustaban las fiestas. Cuando cumplí 14 años, y vi a todas mis amigas vestidas de “civil”, sentí que estaban disfrazadas. Era la época de los minishorts y las maxifaldas. Creo que yo en esa época era bastante infeliz. No sabía cómo meterme, cómo integrarme. Me sentía bien con el uniforme, y me costaba ir “vestida” a las fiestas. Una vez hice un esfuerzo muy grande y fui a la fiesta de cumpleaños de mi compañera de banco, Bárbara. Bailé con un chico y la conversación que tuvimos fue muy aburrida: ¿A qué colegio vas? ¿De qué signo sos? ¿Qué deporte practicás? Yo no tenía una relación de confianza con los varones y los que andaban dando vueltas por ahí, me parecían bichos raros. Cuando llegó el lunes, yo estaba esperando el momento en el que todas se ponían a chusmear, para contarles con quién había bailado. Era la primera vez que iba a compartir algo así. Pero resultó que yo bailé con un colado, y nadie me dio la más mínima bolilla. Yo, de algún modo, también era una colada. Con mi despertar sexual empezaron mis conflictos, y el sentirme diferente, el tener gustos distintos que el resto de las chicas. De pronto, toda esa relación de confianza con mi vieja se cortó y se convirtió en una enemiga. ¿Qué significa ser diferente? - me preguntaba. ¿Soy enferma? ¿Qué es esto que siento? A los 16 años me dio un ataque. Siempre se producen choques con los padres en la adolescencia, pero en mi caso, más. Entonces, hice un psicodiagnóstico. Mi conflicto, más que nada, era el desconocimiento del mundo masculino. Me preocupaba no conocer; no por mis gustos, sino por no saber por qué los sentía. Lo que me preocupaba era que mi elección fuera por desconocimiento, por miedo, y no por libertad. Todo parecía estar muy relacionado con el hecho de no ser “normal”. Yo nunca hablaba de sexo, nunca hablé con mis amigas de cuando se acostaron por primera vez, o tenían algún tipo de relación sexual. Yo estaba sola, sola conmigo, sin poder hablar con nadie de hacer el amor, del sexo, y todo lo demás. Estuve varios años haciendo terapia, tuve distintas épocas y terapeutas. La primera etapa se cerró el día que, charlando con el analista, le dije: “Entonces, no es que vos no querés que yo sea homosexual”, a lo que él contestó: “de lo que se trata es que vos seas feliz, de si sufrís o no sufrís. Yo, lo único que quiero es que vos seas feliz, elijas lo que elijas”. Ah! - me dije - entonces no es un problema de si está mal o está bien, es un problema de si estoy bien o no estoy bien yo, conmigo misma. Fue mi primera sensación de libertad. Yo siempre había ido a un colegio inglés, con gente de mucho dinero. Quería conocer un lugar público que no fuera un club donde se juntaban siempre los mismos. Yo era independiente, de chica iba al colegio en colectivo o en tren, tenía mi mensualidad. Siempre tuve consciencia del dinero, jamás tuve la fantasía de tener un marido que me mantuviera, y no es por el tema de mis elecciones sexuales. Siempre pensé que iba a tener que ganarme la vida con mi trabajo, por eso también quería una carrera. Siempre en mí estuvo la idea de que si una hace todo lo que espera de una, nadie después tiene derecho a molestar o meterse. A partir de mi contacto con la comedia musical, crecí sabiendo, de algún modo, que iba a cantar. Lo fui haciendo, y llamando la atención mientras lo hacía. Pero mis otras elecciones fueron quedando escondidas. Yo nunca pensé que iba a poder hablar con alguien de todo eso. Pero, tomé una decisión, por respeto a una forma de vida. Me pareció muy importante la “sacada de caretas”, manifestarse. Al mismo tiempo tengo reparo, respecto a los juicios que generalmente se generan a partir de la utilización amarillista del tema. Al enarbolar una bandera, que yo no tengo ganas de enarbolar: la de las elecciones individuales como partido político. Se podría tener otra actitud, pero lo único que yo puedo hacer, es ser muy honesta y muy sincera conmigo y con los demás. Yo quiero estar arriba de un escenario - me dije un día. Era el año 1975 y ni remotamente imaginaba lo que llegó después.

[Texto extraído de “Aquí estamos” Boletín de Homosexuales Unidos (H.U.) - Uruguay


Efemérides.
Esta vocalista comenzó su carrera discográfica con "Pienso en vos" (1975), que incluyó temas en castelano y en inglés. Sandra había sido intérprete de jingles publicitarios. El éxito llegó con "Puerto Pollensa", de su segunda placa (1982) y terminó de confirmarse con "Soy lo que soy" (1984). "Como la primera vez" (1985), grabado en Brasil, ya la encontraba mucho más madura musicalmente. «Como soy intérprete y no autora -comentaba-, todo reside en la manera de hacerlo. Puedo incluir una canción que también interpretan otras personas, pero tengo que imprimirle una característica especial, algo que tenga que ver con mi personalidad» (Clarín Revista, 15/12/85). Su amistad con Celeste Carballo condujo a la formación de un recordado dúo, que dio sus frutos: "Somos mucho más que dos" (1988) y "Mujer contra mujer" (1990).

Discografía

"Pienso en vos", 1975
"Sandra Mihanovich", 1982
"Hagamos el amor", 1983
"Soy lo que soy", 1984
"Sandra en Shams", 1985
"Como la primera vez", 1985
"En el paraíso", 1986
"Somos mucho más que dos", 1988 (con Celeste Carballo)
"Mujer contra mujer", 1990 (con Celeste Carballo)
"Si somos gente", 1991
"Todo brilla", 1992
"Cambio de planes", 1994
"20 super éxitos", 1994


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