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JUICIO
Un cuento de Luna
- No puedes botar así como así este negocio.
- Hice lo que me pediste, ya no tengo compromiso contigo...
Marla aspiró el cigarrillo y la miró detenidamente. Dió unos
pasos por la habitación, se detuvo frente a la pequeña ventana
y dijo:
- Necesito que me hagas otra entrega - Sacó una pistola y la dejó
sobre la mesa - Será la última, después te puedes marchar.
- Tú me dijiste que ésta sería la última. Es muy arriesgado
todo esto, debo proteger a mi hermana, entiéndeme.
- Camila, eso lo debiste pensar antes. Ya estás dentro y sólo
será ésta.
Camila se sentó un momento. Uno de los hombres de Marla le
extendió un cigarrillo y ella lo tomó con resignación. Marla
se acercó y se posó frente a ella.
Chiquita, será el último trabajo, te lo prometo. - Le dijo con
dulzura -Te necesito a tí. Con tu belleza nadie sospecharía.-
La tomó del rostro con ambas manos y le dió un ligero beso en
la boca; hizo una señal con la cabeza a otro hombre parado en la
puerta. Éste salió y regresó enseguida con una pesada maleta.
La puso sobre la mesa y la abrió.
- Son quince armas nada más - Camila se levantó y miró.
- ¡Son la mirilla de rifles nada más! ¿Dónde está el resto?
- En tu camioneta. Esta maleta es la garantía del pago. Ve a
esta dirección y entregas la maleta. En cuanto recibas el pago
entregas las llaves y es todo.
Camila miró la dirección. - ¡Es en el barrio bajo!. Por Dios,
Marla!. No vas a mandarme ahí? Es muy peligroso.
- Se te está haciendo tarde. Pregunta por Roberto y sólo dile
que "Los patos están listos". Él no sabe si mandaré
a un hombre o a una mujer. Toma mi arma y ten cuidado.
Camila tomó la maleta y el arma, abrió la puerta, antes de
marcharse, Marla se acercó y la besó apasionadamente y le dijo
en voz baja - Cuida mi llave.
- Todo saldrá bien preciosa - le dijo subiendo el tono de voz -
no te preocupes - Camila sólo asintió con la cabeza y dijo -
Perdóname, se trata de la seguridad de mi hermana. -
-No te preocupes te entiendo.
Cerró la puerta y miró el cielo unos segundos y bajó por la
estrecha escalera de metal cargando la pesada maleta. A su paso
tiró unas macetas colgadas al final de la escalera. Tomó el
pasillo. Del lado derecho salió una mano masculina entre la
oscuridad y tomó la maleta, más adelante otra mano tomó la
pistola y las llaves. -" Los Patos están listos"- Dijo
en voz baja sin voltear, Camilla abrió el zaguán y salió a la
calle. Varias patrullas estaban ya rodeando el lugar. Tomó la
calle y se alejó sin mirar a nadie. Pasó por una patrulla, metió
su mano debajo de la blusa y sacó un micrófono y lo arrojó
dentro del carro. El hombre sentado al volante no la volteó a
ver.
Acomodó su abrigo y dió vuelta en la esquina y se marchó. Pensó
en la traición y en la desesperación de verse acorralada.
Protegía a su hermana, que era lo único que le importaba.
Marla fue detenida poco tiempo después. Fue sentenciada junto a
sus cómplices. Pasó tres años en la cárcel pensando en una
venganza. Buscar a Camilla y vengarse. Su amor se había
convertido en odio y su corazón ahora estaba marchito de rabia y
coraje. No hablaba con nadie y participaba poco en las
actividades de la cárcel. Ocupaba su tiempo ejercitándose y
leyendo. Cuando obtuvo la libertad buscó desesperadamente a
Camila, pero ya se había marchado. Nadie la volvió a ver después
de su detención. Marla encontró trabajo en un elegante
edificio. El director de la cárcel le ayudó a encontrar cartas
de recomendación y él ocultó su estancia en la cárcel. Marla
se veía radiante, completa, plena. Parecía que venía de unas
largas, largas vacaciones. Su elegante presencia llenaba los
espacios de luz donde se paraba. Provenía de una familia
acomodada y se había metido en el tráfico de armas por diversión.
Diversión que le costó cara. Su padre le puso un pequeño
apartamento en la zona amable de la ciudad pero no quería saber
de ella.
La entrevista de trabajo se la hizo Norma, jefa del área donde
fue contratada. Norma era abogada y hacía dos años que se había
recibido. Era joven, alta y blanca. La entrevista fue rápida y
le dió instrucciones a su secretaria para que pusiera a Marla al
tanto de sus labores. Se despidieron y Norma salió a una junta
al quinto piso del edificio.
En sus ratos libres Marla visitaba a sus antiguos amigos y
preguntaba por Camila. Sólo consiguió la dirección de su
antigua casa y enseguida fue allá, pero hacía tres años que se
habían marchado ella y su hermana. Recorría la ciudad en su
auto... era más su odio y rencor que no le importaba no dormir
con tal de encontrarla. De momento no podía alejarse de la
ciudad por recomendaciones oficiales, así que esperó un rato más.
Instalada totalmente en su trabajo, a los dos meses ya tenía una
pequeña oficina para ella. Mandaba y recibía correos electrónicos
de Norma. Poco a poco se fue haciendo su brazo derecho. Norma salía
con frecuencia de la oficina. Una tarde regresó sollozando y
Marla se acercó a preguntar qué pasaba. Norma la miró y sólo
dijo.
- Nada, todo está bien.- Tomó sus llaves, su abrigo y dijo.-
Ven, te invito un trago.
Salieron del edificio y se fueron a un bar caminando. Bebieron,
platicaron, bromearon y después se marcharon. La relación se
hizo confidencial. Cada quien en su posición en el trabajo, pero
fuera de él, comenzó a surgir una estrecha amistad. Marla
comenzó a olvidarse un poco de Camila, su tiempo y espacio lo
ocupaba con Norma haciendo compras y arreglando el departamento,
ya fuera el de ella o el de Norma. Un viernes terminaron de
pintar la cocina de Norma ya muy entrada la tarde. Se sentaron en
el piso de la sala frente al ventanal a beber vino. El silencio
invadió todo por unos instantes. Norma tomó la mano de Marla y
la miró a los ojos. Acercó su cara y se besaron. Se besaron
tierna y apasionadamente. Sin decir más comenzaron a desnudarse
e hicieron el amor como nunca lo habían hecho. Pasión, amor,
frescura en los labios y en su entrega.
Marla se enamoró perdidamente de Norma. Ya no había otra cosa
en su cabeza que no fueran sus besos, sus caricias y ya casi no
dormía en su apartamento. Histeria coloquial del inicio de todo
amor que nunca está satisfecho, nunca pierde y siempre gana en
cada entrega amorosa.
Daban un paseo por la ciudad en carro un domingo. Se detuvieron
en un parque a comprar algodón de azúcar. Se sentaron en una
banca y comieron y platicaron, platicaban de sueños e ilusiones,
de la vida y sus contratiempos, pero nadie tocaba el pasado,
mucho menos Marla. Y tal parecía que a nadie le importaba lo
sucedido atrás. Marla se levantó a comprar agua y Norma la vió
alejarse, con sus jeans y sus botas, caminaba elegante, pausado,
sensual. Norma sintió enamorarse más aún de su belleza. Al
regresar miró su escote y se levantó, fue a su encuentro, la
tomó de la mano y le dijo - Eres hermosa - Marla se sonrojó y
le dió un beso en la mejilla.
Regresaron a la banca y se sentaron en silencio a mirar la tarde;
el sol doraba los jardines y árboles del relajado lugar. Había
un ambiente especial de luz y brillo en el cielo. Se tomaron de
la mano y las estrecharon comunicándose todo el cariño, todo el
amor que nunca habían dado o recibido. No había palabras más
que decir, lo sentían y eso era todo.
Moría la tarde, aletargando sus pensamientos, no dieron cuenta
de un tipo que se acercaba, sacó una pistola y pidió lo que traían.
Norma se impactó al ver el arma, pero Marla lo tomó con
serenidad. Se levantó lentamente...
-Está bien amigo, no hay problema te daremos todo - Hizo la
intención de sacar algo entre su saco y de pronto se abalanzó
sobre el hombre, desvió el arma con su mano derecha e impactó
su puño izquierdo en la cara del tipo. De pronto alguien la tomó
por detrás y la amarró por los hombros, antes de querer
reaccionar el tipo de enfrente le dió un puñetazo en la cara.
Norma gritaba asustada, Marla recibió otro golpe en el abdomen y
cayó, se escuchó un disparo y Norma dejó de gritar. En el
piso, Marla vió correr a los dos hombres y Norma yacía tendida
con una mancha de sangre en el hombro. Pidió ayuda y enseguida
llegaron a atenderlas algunos paseantes.
Marla abrazó a Norma y vió que la herida no era grave. Llegó
la ambulancia y se las llevaron al hospital. Marla no daba crédito
a lo que sucedía, pero estaban bien. Un médico le preguntó si
ella se haría cargo, porque necesitaban intervenir quirúrgicamente
a Norma. No sabía de familiares o parientes cercanos así que
firmó lo que le pidieron.
En la sala de recuperación, Marla le preguntó si tenía a
alguien a quién avisar. Ella dijo que no.
Unos días después dieron de alta a Norma y se fue a su casa.
Marla no se separó de ella ni un momento. En una tarde de
tranquilidad Marla le preguntó si no tenía parientes en otra
ciudad. Norma comenzó a contar su historia. Vivía con su
hermana, el único familiar que conocía. Ella se hacía cargo de
su educación y estudios. Hacía tres años se fueron de esa
ciudad repentinamente. Su hermana nunca le dió explicaciones y
se marcharon. Terminó sus estudios en otra ciudad. Terminó su
carrera y le ofrecieron un buen puesto aquí y se regresó. Al
escuchar esta historia un poco familiar, Marla sintió un vuelco
en el corazón; tenía miedo de preguntar, pero lo hizo.
- Cómo se llama tu hermana?
- Se llamaba. Hace un año cayó en una fuerte depresión y se
mató. Se llamaba Camila. - Norma se soltó a llorar. Marla se
apartó un instante de ella, sorprendida, temblando del impacto.
No era posible. Ella... ella era la hermana de la mujer que
odiaba, que odió día a día en la cárcel. Marla se sentó en
una silla.
- Oh! Dios mio. - Dijo al momento que las lágrimas se le salían.
Se había enamorado de la hermana, la hermana!!!
Norma la miró un instante, sollozando.
- Qué te pasa? Es verdaderamente impresionante, pero ya pasó.
Mi hermana siempre fue muy extraña, pero no me sorprende lo que
hizo. Su vida para mí siempre fue un misterio. Lo único que
supe fue que me quiso mucho y me protegía. Nunca la cuestioné.-
Marla no podía mirarla a los ojos, no podía dejar de sentir ese
odio, pero... a quién?
Le dijo que tenía unos pendientes que había olvidado y se marchó
enseguida sin dar más explicación. Bajó las escaleras rápidamente,
tropezando y sollozando. Salió a la calle corriendo y dudó qué
dirección tomar. Tomó cualquiera y se fue corriendo. Llegó a
una esquina y se sentó a llorar desesperada, se tomaba la cabeza
y lloraba y golpeaba la pared.
Cómo era posible que el destino fuera tan cruel y traicionero?
Por qué ella? Por qué Norma, la mujer que amaba con toda su
alma?
Se recuperó un poco y se marchó a su casa caminando. Comenzó a
llover. El fresco del agua le hizo reaccionar moderadamente. Se
perdió por un instante, con la mente en blanco. La calle estaba
solitaria y pensó que alguien la seguía. Pensó que tal vez sería
Norma, se paró y volteó. Se había equivocado. Estaba sola.
Llegó a su casa y se sentó en el sofá frente a una copa de
vino. Miró caer la lluvia, miró las calles vacías, miró
dentro de su corazón y a su mente venían las palabras de Norma.
Ella ni siquiera sabía quién era su hermana. No sabía qué hacía
o a qué se dedicaba. Era sólo una víctima de las acciones,
buenas o malas de quien le rodeaba. No había malicia en su alma,
ni dolor en sus ojos. Y la amaba, se amaban. Por qué romper ese
amor? Había pasado tres largos años en la cárcel y ya no había
a quién pedirle cuentas. Decidió callar. Por el amor y por un
porvenir de felicidad, decidió callar. Pero algo le intrigaba.
Qué había sucedido con la llave? La llave que guardaba el
dinero de la última entrega? Eso no lo olvidaría. Trataría de
averiguar sobre la llave. Entrada la noche recibió una llamada
de su padre. Su abuela estaba mal y quería verla. Marla se vistió
y pidió un taxi que la llevó a recoger su auto. Cuando llegó a
casa de sus padres, su abuela estaba tendida en su cama. La
anciana miró a Marla y la tomó de la cara con ambas manos, le
dió un beso en la frente y se desfalleció.
Norma la acompañó al sepelio una tarde muy lluviosa. En
silencio se encaminaron a un café y se sentaron. Bebían en
silencio. Norma la tomaba de la mano y Marla sólo le sonreía y
la miraba. Miraba todo ese amor en sus ojos, toda esa ternura y
elegancia reflejada en esa mujer. La miraba a hurtadillas cuando
se descuidaba y sintió un impacto en su corazón y vértigo de
amor en su estómago. Si, definitivamente la amaba.
- Tienes fotografías de tu hermana? Preguntó de pronto Marla.
- Sí, tengo una caja donde puse algunas de sus pertenencias, le
contestó Norma muy animada -
Ven, te las mostraré. - Pagaron y salieron del lugar. Norma pensó
que mostrándole las fotos, Marla olvidaría un poco la pérdida
de su abuela. Llegaron al apartamento y Norma sacó la caja de
madera. Marla las tomó con cuidado y miró con atención. Al ver
las fotos miles de recuerdos le llegaron a la mente. Su rostro se
endureció y respiró muy hondo.
- Era muy bonita, lástima que tomó esa decisión.
- Sí, era muy elegante y refinada. Si miras yo no me parezco a
ella.
- Pero tú eres más linda.
- Tú crees? - Dijo coqueteándole y acercando sus labios.
- Claro. - La tomó de la cintura y le dió un apasionado y
largo, largo beso.
Siguieron viendo fotos. Le mostró dijes, pulseras preferidas de
Camila, una cadenita con una llave. La pequeña llave dorada; la
miró. Miró el numero, 0611.
- Esa llave no sé de qué será, siempre la tenía con ella y
decía que le pertenecía a alguien muy especial, tal vez algún
día la reclamen. Se la quité antes de sepultarla. Mira. esta
pulsera se la regalé en su cumpleaños, y esta medalla nos la
encontramos un día que me invitó a tomar mis primeras cervezas.
Siguió contándole cosas y más cosas de Camila.
- No tienes algo de beber? Dijo Marla de pronto.
- Claro, quieres jugo, agua?
- Vino está bien.- Se sonrieron y Norma salió del cuarto. Marla
sacó su lápiz labial y oprimió la pequeña llave en él.
Envolvió cuidadosamente la pasta en aluminio y lo guardó. Sólo
le dió tiempo de arrojar la llave a la caja. Llegó el vino, la
cadencia y esencia de Norma... comenzó el jugueteo. Caricias y
abrazos, amor y deseo, desenfrenadas ansias de beber el
manantial, el torrencial venido de Norma. Un sofá, un sol apenas
iluminando el caer de las fotos a la alfombra, suavemente.
Delirio de seducción, carmín entre los pechos y barniz entre
las piernas.
Algunos días después Marla ya no asistía al trabajo. Pidió
permiso unos días, pero no se los otorgaron, Norma sólo le
conseguía comprobantes de empleo, para mostrárselos a la
comisaría donde firmaba cada semana. Nunca le dijo eso a Norma y
ella nunca preguntó nada. Se ausentó por unos días, le dijo
que andaba arreglando la herencia de su abuela, que ya estaba más
que entregada, pero tampoco cuestionó nada.
Marla se ocupó de conseguir a alguien que le hiciera la llave.
Le costó cara pero lo consiguió. Alquiló un carro, rentó un
cuarto de hotel, se puso peluca y algunas arrugas de utilería en
el rostro. Se encaminó a la oficina de correos. Se acercó a las
cajas de seguridad. Estaba muy apartada la 0611. La abrió y
efectivamente ahí estaba la maleta. No dudó ni un instante, la
sacó y se marchó en seguida. Entró al cuarto del hotel, se
quitó la peluca y abrió la maleta. Ahí estaba todo el dinero y
una nota de Camila. La leyó. Una lágrima rodó por su mejilla,
levantó el rostro y respiró hondamente. Se quitó el
maquillaje, lavó su cara, cerró la maleta y se marchó. Al
perderse por el pasillo del hotel entró Norma al cuarto y sacó
la cámara de video escondida entre el clóset. Miró la cinta.
Sacó de su bolso una pequeña llave y la limpió de lápiz
labial. Salió del cuarto y cerró la puerta despacio.
Días después llegó Marla a su apartamento. Sin decir palabra
se besaron.
- No vas a preguntarme cómo me fue - Dijo Marla sosteniéndola
de la cintura.
- Yo sólo sé que te amo.
Marla la besó y con ese beso le respondió su amor.
Luna, Noviembre/2001 "Soy mujer y soy del viento"
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