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El principio
Permítome expresarte la más grande de las disculpas por vertir aquí el secreto que me
has pedido guardar tan celosamente, pero es tan grande mi desventura, y tan grande mi
tristeza, que el papel se ha vuelto mi amante y la pluma el apéndice que se extasía cuando
rasga cada milímetro de celulosa, eyaculando la tinta que irremediablemente gestará
nuevos
hijos, miles de hijos: conceptos, palabras. En cierto modo, ahora soy el hombre que siempre
amaste y jamás pudiste tener.
Errando por la pirotecnia mental hoy, tú apareciste de nuevo en escena y no pude menos que esbozar una sonrisa tal vez amarga, y sin embargo fugaz porque todo eso ya ha quedado en el pasado. Como pudimos decirnos adios cuando nos adorabamos más.?
En fin, las vueltas de la vida son impredecibles e incesantes. Ahora lo comprobamos.
Cierro los ojos para deleitar los sentidos al evocarte y casi puedo sentirte junto a mi, tu voz, tu calor, el contacto de tu piel, tu aroma. Ahora lujuriosamente me soslayo al afinar el oido y escuchar tus gemidos de placer y tu voz apenas audible expresando el mismo colapso de tu cuerpo cuándo yo ejecuto la sinfonía, poseída por la exquisitez de los instrumentos de tan espectacular orquesta. Sí, una sinfonía de
amor, recuerdas su significado?, su origen?, su valor?.
Despues de saciada la sed de deseo, de voluptuosa lujuria.... ocultas tu rostro en la
almohada, gimes y lloras desolada.
Abro los ojos, porqué el recuerdo hasta aquí se ha tornado doloroso. Y a pesar que vivimos juntas un tiempo más por lo menos, salta incoherentemente a mi mente el momento del adiós, cuándo en el más sutil beso inocente sobre tus labios, vi reflejado mi futuro en el destello fulgorante de tan divinos ojos azules. "Te amo, pero no puede ser"- tus
palabras.
Nunca he sido dada a divagaciones filosóficas y las teológicas me han parecido unicamente una guía para el sentido común, el criterio individual.
Y eso es todo?, se han de preguntar los que leen estas líneas. No, no es todo, ocurrieron cientos de cosas más, pero no las relataré. Sólo me refiero a este evento que siendo en sí mismo un final, es el principio.
Patética la impotencia que sufrí al recibir tal respuesta, por perderla y
porque ella, la razón de mi existencia... se quedó encadenada a tierra, vestida de códigos de sociedad, calzada con la ignominia y dandose golpes de pecho con el "yo pecador" a flor de labios, anticipando la sentencia penosa y purificadora de su
confesor de cabecera cuándo ella dijera:"Padre, amo a una mujer".
Es esa la mujer que yo amo?, no lo sé... pero la mía existió y era tan celestial, que al
mismo cielo se fue, me la arrancaron para volverla ángel, pero baja de vez en cuándo para apagar el fuego de su propio infierno... conmigo.
De aquella que sigue existiendo perdida como un fantasma urbano más, no se gran cosa ahora, la veo muy poco, acaso sea el designio de su propia conciencia, o el mío tal vez. La distancia, el tiempo... irán dejando caer las hojas sobre el jardín marchito, hasta que un día de las heridas solo queden cicatrices y su nombre sea sólo un vago recuerdo que me haga brotar una lágrima
Este... es el principio de mi vida, el despertar tardío de la moribunda que se hartó de vivir en la oscuridad.
Dina, Marzo/98
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