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WAGNER

ACTO 2
Fricka
Wotan
Wotan
El aspecto victorioso de Fricka no le deja a Brünnhilde presagiar nada bueno. Efectivamente, encuentra a su padre abatido por el juramento que se ha visto obligado a hacer. Entonces, la walkyria deja sus armas y, cayendo a los pies del padre, le insta a que le abra su corazón; a ella, a la que es su voluntad y su deseo.
Seis walkyrias
Brünnhilde
Wotan ha llegado a la roca de las walkyrias y Brünnhilde ya no puede huir. Sus hermanas tratan en vano de esconderla, mientras la terrible cólera de su padre la reclama. No tarda en someterse a su voluntad y el dios estalla en reproches contra la que, siendo la más amada de sus hijas, osó rebelarse contra él.
Brünnhilde
Brünnhilde, tendida a lo pies del dios, levanta la mirada buscando la de su padre. Le pide que contemple su falta con menos rudeza: ¿Fue, realmente, tan infame su crimen, como para merecer un castigo tan degradante? ¿No le había pedido, primero, que diera la victoria al welsungo? ¿No era ése el más íntimo y secreto deseo de Wotan? Pero el dios se muestra inflexible.
Brünnhilde
Con un beso en los ojos de la walkyria, Wotan la despoja de su divinidad y la deja dormida sobre la roca. Emocionado, la reviste con todas su armas, golpea tres veces sobre una roca con su lanza e invoca a Loge, el dios del fuego. Entonces, se enciende una llama que, en poco tiempo, abraza la alta roca como un enorme escudo de fuego que protegerá a la virgen dormida.
Escena I
La guardiana del matrimonio reclama la victoria de Hunding, el marido ultrajado, ante la ofensa del amor culpable de Siegmund y Sieglinde. En vano Wotan sostendrá la causa de los que se aman, en vano expondrá a la diosa sus motivos para conservar a Siegmund y que, así, éste salve a los dioses del peligro al que se ven abocados.
¿Qué hicieron de malo esos dos
cuando la primavera
los unió con amor?
La magia del amor los embrujó.
¿Quién se disculpará ante mí
por el poder del amor?.
¡Qué tonto y sordo pretendes hacerme creer que eres,
como si de verdad no supieras
que es del matrimonio,
un voto sagrado
del que vilmente se han burlado, de lo que me quejo.
No considero sagrado
el voto que une
sin amor.
Y, sinceramente no permitiré
que me pidas impedir por la fuerza
algo que no te atañe,
pues allí donde las fuerzas
con valentía se alzan,
yo abiertamente fomento la guerra.
El dios de dioses se ve finalmente obligado a aceptar las reivindicaciones de Fricka: representa, muy a su pesar, el orden establecido y en ese orden se basa su poder. Después de una terrible lucha consigo mismo, cede ante la diosa, que se retira triunfante en el momento en el que vuelve la walkyria.
Su escudo hoy protegerá
el sagrado honor
de tu eterna esposa.
Los hombre se reirán de nosotros,
nuestro poder se perderá y
los dioses desaparecerán
si hoy, de una manera decente y respetable,
mis derechos no se hacen respetar
por esa valiente muchacha.
El Wälsung morirá por mi honor.
¿Tengo el juramento de Wotan?.
¡Te lo juro!
Así puede Wotan entrar en lo más profundo de su propia alma y descubrir todo lo que le ha llevado hasta el presente dolor: la ambición de poder que se hizo mayor cuando disminuyó en él el amor, los pactos contravenidos por los malos consejos del astuto Loge, el robo del anillo que debería haber devuelto a las hijas del Rin, pero con el que pagó el Walhall y es ahora propiedad de Fafner que lo guarda, celoso, en el fondo de una caverna.
En su desesperación y en su miedo, el dios quiso consultar a Erda, que ya una vez le avisó del peligro, y no sólo volvió a hablarle, sino que, bajo los efectos de un hechizo de amor, le dio nueve vírgenes guerreras, nueve walkyrias que llevarían al Walhall a los más grandes héroes muertos en combate y que serían los mejores defensores de los dioses el día en el que los ejércitos de Alberich avanzaran contra ellos.
Nada de esto serviría si el enano pudiera recuperar el anillo; sin embargo, Wotan no puede arrebatar a Fafner lo que él mismo le dio. Sólo lograría cumplir con esta tarea un héroe libre, independiente, que actuara sin tener conciencia de haber recibido esta misión. Para ello, Wotan escogió a Siegmund. Vagó con él por los bosques, estimuló su temeridad, le armó con una espada invencible. Pero ya no hay solución, puesto que Fricka descubrió su juego.
Toqué el anillo de Alberich;
con avaricia sostuve su oro.
La maldición de la que escapé,
todavía no me ha abandonado:
debo renunciar a lo que amo,
asesinar al hombre que adoro,
engañar y traicionar
a quien confía en mi.
Vete, pues,
con tu esplendor señorial,
divina pompa
y vergonzosa jactancia.
Deja que todo lo que construí
se caiga en pedazos.
Renuncio a mi labor.
Ahora, sólo hay una cosa que quiera;
¡el fin! ¡el fin!.
Y por ese fin,
Alberich está trabajando.
Ahora comprendo
el significado oculto
de las fieras palabras de Wala:
"Cuando el oscuro enemigo del Amor
engendre en medio de la furia, un hijo,
el fin de los Benditos
ya no tardará en llegar".
Brünnhilde trata, inútilmente, de preservar la vida de Siegmund. Wotan se muestra inflexible y amenaza con castigarla si osa transgredir sus órdenes.
El furioso cazador
que lleno de rabia quiere cazarme viene,
¡ya viene, ya viene por el Norte!.
Protegedme hermanas.
Salvad a esta mujer.
¿Qué le pasa a esta mujer?
Escuchadme y os lo contaré rápidamente.
Esta es Sieglinde,
hermana y esposa de Siegmund.
Contra los Wälsung,
Wotan se ha alzado en cólera.
Hoy Brünnhilde debería
haber negado
la victoria a su hermano,
pero en cambio, protegí a Siegmund
con mi escudo,
desobedeciendo así al Dios
que finalmente lo tuvo que matar con su propia lanza.
Siegmund cayó,
pero yo huí
lejos con su esposa.
¡Para salvarla
vine corriendo hasta vosotras,
pues yo también tengo miedo!
¡Necesito que me protejáis de los golpes del castigo!
Manada de mujeres
de blando corazón.
¿Acaso habéis heredado de mí
ese espíritu débil?
¿Acaso os he educado para que
con valentía marchéis a la batalla
e hice que vuestros corazones
fueran duros y ávidos para
que lloriquearais y gimierais
en cuento mi furia castiga vuestra deslealtad?
Dejad de gimotear y aprended
el mal que hizo aquella
por la cual tembláis
y derramáis lágrimas.
Nadie más que ella
conocía mis más profundos pensamientos.
Nadie más que ella
sabía de dónde surgían mis deseos.
Ella misma era
el fértil útero de mi deseo.
Ahora ha roto
la sagrada alianza,
con deslealtad
ha desafiado mi voluntad,
se ha burlado abiertamente
de las órdenes de su amo,
y levantado en armas contra mí,
aunque fueran sólo mis propios deseos los que la trajeron al mundo.
¿Me oyes, Brünnhilde?
Tu armadura,
tu casco y tus armas,
tu felicidad y tu honor,
tu nombre y tu propia vida vienen de mí.
¿Estás oyendo mis acusaciones
y te escondes con terror de tu acusador,
huyes y tienes miedo de su castigo?
Aquí estoy, Padre.
Pronuncia tu castigo.
Las demás walkyrias intentan, horrorizadas, aplacar la furia del padre, pero éste las amenaza con un sino igual al de la rebelde, si osan defenderla. Entonces huyen, llenas de dolor, mientras la tormenta, que parecía no tener fin, da paso a una noche serena.
Nunca jamás te volveré a enviar desde Valhalla.
Nunca te volveré a enviar
a recoger héroes de las guerras.
Nunca volverás a traer hombres victoriosos
a mi palacio.
En los solemnes banquetes de los dioses,
nunca volverás a pasarme el cuerno
para que beba de él.
Nunca volveré a besar
los labios de mi hija.
De la compañía de los dioses
quedas expulsada,
exiliada
del grupo de inmortales.
Nuestra alianza se ha roto.
De mi vista quedas desterrada.
Entonces la walkyria le ruega que, al menos, el mortal que la vaya a tomar no sea un cobarde, que su salvador y su dueño sea el welsungo que va nacer de una raza de héroes. Ante la nueva negativa de Wotan, le insta a que proteja su sueño fatal con un obstáculo tan terrible que sólo aquél que no conozca el miedo pueda franquearlo.
Te sumergiré
en un profundo sueño.
Aquél que te despierte indefensa te tendrá
como esposa cuando despiertes.
Si un sueño ha de encadenarme
y convertirme
en la presa fácil
del más débil de los hombres,
has de concederme una cosa,
y esto te lo pido con solemne terror.
Deja que mi sueño esté protegido
por terribles horrores
para que así sólo
un héroe valiente y libre pueda
subir a la roca y hallarme
allí algún día.
y maravillosa hija!
Tú, mi orgullo más sagrado.
¡Adiós! ¡Adiós! ¡Adiós!
Si debo rechazarte,
y no puedo volver
a saludarte otra vez con amor,
si nunca más puedes
vivir junto a mí
o traerme la comida a la mesa,
si debo perder
a quien amé,
a ti sonriente alegría de mis ojos,
entonces que un fuego nupcial
arda para ti
como nunca ardió para ninguna novia.
Una hoguera de llamas arderá
alrededor de la roca;
Con un miedo devorador
aterrorizará a los débiles
y así los cobardes huirán espantados
de la roca de Brünnhilde
¡Pues, sólo uno obtendrá a la novia,
uno más libre que yo, el Dios!
Ese par de ojos luminosos
que muchas veces acaricié con sonrisas
cuando con tu ansia de batalla
te ganaste un beso,
cuando la cháchara infantil
al alabar a los héroes
fluía de tus queridos labios,
ese par de ojos brillantes
que muchas veces me quemaban en medio de tempestades
cuando el ansia de la esperanza
ardía en mí corazón,
cuando mis deseos anhelaban
los placeres terrenales
y un miedo me agitaba suavemente
¡Por última vez
deja que hoy
me concedan el placer
con el último beso de despedida!
Para un hombre más feliz
puede que su estrella brille,
para el desafortunado inmortal
deben ahora cerrarse al partir.
Así se aleja
el Dios de ti,
Así te beso
divinidad.