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Los Hombres Primitivos de la Colombia Británica

Yo he pasado más de veinte años tratando de seguir la pista de unos extraños habitantes de las montañas de la Colombia Británica en las más inexploradas y selváticas regiones del Canadá. Me refiero a los misteriosos Sasquatchs, salvajes de gigantesca estatura, cubiertos de negro y lanoso pelaje de la cabeza a los pies.

Mis indagaciones acerca de la existencia de esos seres primitivos comenzaron en 1925, cuando obtuve mi nombramiento de maestro para instruir a los indios chehalis.

Como llegué a inspirarles confianza, los chehalis me revelaron algunos secretos de los Sasquatchs, detalles que nunca habían expuesto a ningún blanco hasta entonces. Los indios llamaban a esos monstruos "Saskechavas", literalmente "hombres salvajes". Yo los nombré "Sasquatchs", lo que puede ser traducido libremente por "gigantes peludos".

Aunque nunca he tenido la ocasión de encontrarme personalmente con un Sasquatch, hereunido una serie considerable de informes de primera mano suministrados por los indiosque vieron de cerca a los huraños gigantes. y poseo datos evidentes de que la tribu existe todavía. Siempre me enteraba de que los Sasquatchs andaban por los alrededores de nuestra aldea india, cuando las madres encerraban a los niños en sus casas y no les permitían arriesgarse a ir a la escuela.

¿A que se parece un Sasquatch? William point y Adeline August, indios graduados en una escuela secundaria de Vancouver, me dieron una descripción gráfica. Ellos encontraron a uno de esos gigantes a cuatro millas del picnic que los indios celebran anualmente cerca de Agassiz (Colombia Británica).

"Nos dirigíamos bordeando la línea del ferrocarril hacia la casa de los padres de Adaline, cuando mi mujer divisó a un raro individuo que caminaba en nuestra misma dirección, a corta distancia de nosotros. Nos detuvimos, desconfiados. Aquel hombre estaba completamente desnudo y tenía el cuerpo totalmente cubierto de pelos como un animal. Era doblemente más grande que la mayoría de los humanos. Sus brazos eran tan largos que sus manos sobrepasaban sus rodillas. Sus ojos parecían penetrantes y crueles como los de un león. La parte inferior de su nariz, ancha y gruesa, invadía casi todo el espacio de su cara, dándole un aspecto repulsivo. No pudimos dominar nuestros nervios, nos volvimos y echamos a correr."

Los indios sostienen que todos los supervivientes de la raza de los Sasquatch de reúnen todos los veranos en sus peñascosas y altas montañas. Antes de congregarse, esos salvajes envían exploradores a las regiones colindantes, y han sido probablemente esos exploradores dispersos los que han sido sorprendidos por los indios.

Naturalmente, los antropólogos del mundo entero están profundamente interesados por la existencia de estos gigantes peludos, y hace dos años, un grupo de investigadores norteamericanos, bien equipados para una expedición a los inmensos y peligrosos matorrales, y provistos de cámaras fotográficas, me visitaron y solicitaron mi concurso; pretendían que los indios les sirvieran de guías y de ayudantes.

A pesar de que se les prometieron quince dólares por día y comida abundante, ninguno de mis indios aceptó voluntariamente la oferta, declarando que semejante expedición resultaría inútil, pues los Sasquatchs, al darse cuenta de la proximidad de los extranjeros, se esconderían enseguida.

En consecuencia, los investigadores americanos se decidieron a emprender el viaje sin la ayuda de los nativos. Dos semanas más tarde, regresaron agotados, enflaquesidos, llenos de picadas de insectos. Afirmaron que ningún hombre civilizado podría llegar a la cima de aquellas montañas, sobre todo, a causa de sus impracticables barrancos y sus terribles despeñaderos. Mis indios se ofenden cuando los extranjeros blancos se burlan de sus relatos bien fundamentados.

En mayo 23 y 24 de 1957, se celebró en Harrison Hot Springs un festival conocido por "Días de los Indios Sasquatchs". Después de haber obtenido un permiso especial del Departamento de Asuntos Indios de Ottawa, llevé a varios centenares de mis indios a la fiesta. Y entonces, en el discurso de inaguración dirigido al público, un miembro prominente del Gobierno de la Colombia Británica manifesto: "Por supuesto, los Sasquatchs son monstruos de las leyendas indias. Ningún hombre blanco ha visto a uno de ellos, pues ya no existen. En realidad..."

Bruscamente, un extenso rumor ahogó el resto del discurso; de acuerdo con una indignada señal del viejo jefe Aguila Veloz, todos los indios presentes se irguieron sobre sus pies protestando coléricamente. Con paso majestuoso, el jefe Aguila Veloz se dirigió hacia el lugar donde estaba el orador rodeado de otros funcionarios, se volvió hacia la concurrencia y expresó con voz atronadora en el micrófono:

"El orador está equivocado. A todos los que me oyen aquí, yo, jefe Agula Veloz, les digo: Algunos hombre blancos han visto a los Sasquatchs. Muchos indios los han visto también y han hablado con ellos. Los Sasquatchs viven todavía muy cerca de nosotros. Los indios no mienten. He dicho."
El jefe Agula Veloz volvió a su puesto e indicó a los otros indios que se sentaran.

Pero, probablemente, el caso más extraño relacionado con los gigantes lanudos fue el que le aconteció a la joven india Sepharine Long. Secuestrada por un Sasquatch, la jovenSepharine vivió entre esos salvajes durante un año. Voy a transcribir sus palabras, todo lo fielmente posible:

El escultor Bill Munns con su escultura, a escala, de un PATAGRANDE en el patio de su casa. Notese la diferencia en tamaños. Dibujo del PATAGRANDE hecho por un indio

"Hace muchos años, yo me dirigía a pie hacia mi casa, pensando en mi novio Qualac y en nuestro próximo matrimonio. De pronto, un largo brazo salió de las malezas y una enorme mano cubierta de pelos me tapó la boca. Un joven Sasquatch se había apoderado de mí.
Luché desesperadamente por liberarme, pero todos mis esfuerzos resultaron inútiles. Con resina de un arbusto gomífero, el Sasquatch me pegó los párpados para que no pudiera ver y, cargándome sobre sus hombros, emprendió la carrera. Subía y bajaba por las lomas, através de espesos matorrales, cruzó varios arroyos y tuvo que nadar para atravezar un río. Yo estabahorrorizada, pero tenía que admirarlo por su fuerza extraordinaria y sus rápidas piernas."

"Después comenzó a trepar y sentí que el aire iba enfriándose. Yo no podía ver, pero adivinaba que estábanos ya cerca de la cima de una inmensa montaña. Entonces el gigante se inclinó hacia delante y caminó lentamente como si entrara en un tunel. Se detuvo, me sentó en el suelo y oí una conversación en un lenguaje que no pude comprender. Luego el salvaje desprendió la goma que cerraba mis ojos y pude echar una ojeada en torno mío.
Observé que me encontraba en una caverna cuyo piso estaba cubierto con pieles de animales. Había otros dos gigantes en la caverna, un hombre y una mujer. No tardé en darme cuenta de que eran los padres del joven Sasquath que me había secuestrado, lloré y les supliqué que me dejaran ir, pero los tres menearon la cabeza negativamente."

"Y desde ese momento me senti como en una prisión. Nunca me dejaban sola. Uno de ellos se quedaba siempre conmigo, cuando los otros salían. Me alimentaban con raíces, pescado y carne. Después de haber aprendido una cuantas palabras de su extraña lengua, le pregunté un día al joven gigante -pues no veía armas por ninguna parte- cómo atrapaba y mataba a los ciervos, las cabras silvestres y los carneros que conseguía para la comida.
Abriendo y cerrando sus peludas manos, me dio a entender que se emboscaba en un sitio conveniente, los agarraba y los estrangulaba."

"Al año de esta allá me enfermé y me puse extremadamente débil. Nuevamente le rogué al joven Sasquatch que me permitiera regresar a mi casa. Al principio se mostró muy irritado, así como sus padres, pero continué suplicándoles y les dije que deseaba ver a mi familia antes de morir."

"Sin duda comprendieron que yo estaba realmente enferma, pues un día, después de haberme visto llorar horas enteras, el joven gigante se procuró un poco de resina de otro arbusto gomífero, me pegó los párpados con aquella sustancia, me levantó y me echó sobre sus hombros."

"El viaje de regreso fue para mí una especie de pesadilla; sufrí mucho. Cuando atravesamos el río, estaba casi desmayada; pero el gigante me sostuvo con unbrazo y nadó con el otro."

"Cerca de mi casa me depositó en el suelo y me quitó la goma que cerraba mis párpados; luego movió la cabeza tristemente, se marchó y se internó en la selva."

Mi familia me recibió con un asombro indescriptible. Yo estaba gravemente enferma y débil y apenas podía hablar. Me arrastré hasta la cama y esa noche di a luz un niño que vivió unas horas solamente, de lo cual me alegré. Pero creo que más nunca volveré a encontrarme con un Sasquatch."

Ese relato es la verídica historia de Seraphine Long, la única mujer raptada por los misteriosos habitantes de las inexploradas montañas de sea región canadiense.

¿Es posible, por lo tanto, que los primitivos y peludos gigantes vivan aún en las solitarias elevaciones de la Colombia Británica? Todo parece comprobarlo. Los hombres de ciencia y otros sabios pueden burlarse de nuestros informes o poner en duda la existencia de esa tribu; pero muchos indios, además de los que hemos mencionados, están sinceramente convencidos de que los Sasquatchs -o al menos algunos de ellos- viven actualmente en las vastas e inexploradas regiones interiores de la Colombia Británica.

Y, como mis indios, en los cuales confío, yo también lo creo.

FUENTE: Publicado en la revista BOHEMIA de Cuba en el año 1958

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