Hasta el fin del mundo (Until the end of the world, 1991) 2002 Porque es una película diferente, al menos con respecto a las películas de ciencia ficción norteamericanas, Until the end of the world merece ser considerada entre las candidatas de la siguiente ocasión que visite su tienda de renta de video preferida. Empecemos por lo obvio: es una producción de Alemania y Francia de 1991, fue dirigida por Win Wenders, está hablada en inglés y fue filmada en locaciones de Europa, Asia, América y Oceanía. Es una historia de amor, de esperanza y también es una crítica del deterioro ambiental de nuestro planeta. El título da para pensar que se trata de una consigna de amor o una declaración de odio. O remite a uno de los libros de Rius (que trata justamente de la depredación industrial y consumista de nuestra sociedad) o a una novela del chileno Luis Sepúlveda (en cuya trama se habla de un célebre barco llamado “Cacafuego”). Pero no. Se trata de una historia situada en un ficticio 1999 (recordemos que fue estrenada en 1991), cuando el mundo se encuentra amenazado ante la posibilidad de que un satélite nuclear indiano caiga sobre la tierra y produzca una catástrofe que serviría de prolegómeno al fin del mundo. Un tipo (William Hurt) anda huyendo de un país a otro registrando imágenes en un curioso artefacto (que parece más binocular que videocámara). La bellísima Solveig Dommartin decide unírsele en la odisea, huyendo de unos agentes, hasta los áridos paisajes de Australia. Su admirador frustrado (Sam Neill, del Parque Jurásico), un escritor que busca empedernidamente recuperarla, los sigue hasta Australia, hasta una caverna donde el papá de Hurt (Max von Sydow) tiene montado un laboratorio. Ahí descubrimos que el aparatejo con el que se registraban imágenes tiene el noble propósito de regresarle la vista a la mamá de Hurt (Jeanne Moreau). Ella puede observar todo lo que Hurt recogió en su accidentada odisea por el mundo, incluyendo imágenes de familiares y lugares. Pero la historia no termina ahí. Resulta que el satélite nuclear indiano que tenía en ciernes a todo mundo finalmente cae. El efecto que padecen los personajes se manifiesta cuando todo artefacto eléctrico deja de funcionar. Por otro lado, el laboratorio, que está en una caverna, nos remite a aquella teoría evolucionista que anticipa que el hombre hipertecnificado acabará de nuevo en donde inició: en cuevas. Es un buen chiste. Pero, aguarden, lo que sigue es un cambio inusitado en la trama. Si bien el caos ambiental, político y económico parecía ser el punto de referencia de la historia, de pronto todo se repliega hacia un conflicto de naturaleza más bien intrapersonal. Sucede que el aparatejo que regresaba la vista también sirve, según se descubrió imprevistamente, para registrar los sueños de quien lo utilizara mientras dormía. Los personajes sucumben ante el hechizo de su introspección abisal, intrigados por el significado de sus sueños y sus correspondencias (deseos frustrados, tristezas ocultas, en fin). Sólo el escritor (Sam Neill) parece inmune a la tentación y consigue salvar a la bella Dommartin de aquel delirio; al final la chavala consigue un envidiable trabajo en Greenpeace como inspectora ambientalista (examinando desde el espacio a la tierra, lo que contrapuntea al terrorífico satélite indiano). La historia es una odisea moderna, como la de Homero, en la que subyace el propósito de una reconciliación espiritual entre el obsesionado científico y su hijo desertor. Y más allá de las incidencias de la trama, también es una reflexión entorno al hecho cinematográfico que, de una u otra manera, ha estado presente a lo largo de su obra. Como en Historia de Lisboa (Lisbon Story, 1994), Wenders procura responder las preguntas ¿qué es la imagen? ¿para qué sirve? ¿por qué? La producción es soberbia y consiguió un gran éxito comercial por muchos motivos. Entre ellos, porque el elenco es de primer nivel, las locaciones son exactas y, por si fuera poco, la música corrió por cuenta de los destacados U2, Talking Heads, Lou Reed, Peter Gabriel, Elvis Costello, R.E.M., Depeche Mode, Nick Cave and the Bad Sedes, entre otros. Más información: http://www.wim-wenders.com/movies/movies_spec/untiltheendoftheworld/untiltheendoftheworld.htm