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"Proyecto Nacional o FMI"
Primer Certamen Internacional de Ensayo Breve "Jauretche" 2002

 

   

Soberanía y horizontalidad en la sociedad global.

-A propósito de Michael Hardt y las polémicas del Foro Social Mundial-

  

 

AUTOR: Mauro Emiliozzi

email: emilio221@hotmail.com

 

§ Introducción.

§ La política y el Estado contemporáneo.

§ La falsa dicotomía entre horizontalidad global y participación soberana.

§ La soberanía popular como requisito para la integración.

§ Bibliografía (Obras citadas por orden alfabético de autor).

El FSM es un espacio ultraheterogéneo que nuclea a la mayoría de las organizaciones sociales y políticas que buscan una salida a la crisis, generada a escala mundial por la aplicación de las políticas neoliberales.

En este espacio conviven a su vez, una multiplicidad de sectores y experiencias que van desde lo más novedoso hasta lo más tradicional del abanico político-social, ubicado desde la izquierda al centroizquierda a nivel mundial.

Lo que Hardt trae a colación es una vieja polémica -fundamentalmente gestada en la izquierda, en torno al internacionalismo, la liberación nacional y el socialismo en un solo país- que vuelve a tomar fuerza en tanto renacen las expresiones que intentan encontrar una salida alternativa a la propuesta de un mundo unipolar.

Esta polémica se refiere básicamente al carácter nacional o mundial de una alternativa a la globalización neoliberal.

De más está decir que es impensable en estos tiempos una sociedad organizada sin Estado. Quien sostenga esto no puede afirmar a la vez que busca una salida a la crisis, ya que la primer cualidad que debe demostrar una solución de este tipo -ya sea nacional, ya sea global- es la posibilidad cierta de ser aplicada: "La verdad es una plural comprobación existencial del pueblo. Es verdadero lo que produce más liberación, lo que resuelve más problemas, lo que satisface las necesidades colectivas del pueblo al modo como el pueblo quiere (...)" (1) Por otra parte, esta aplicación debe concretarse por lo menos en el mediano plazo, ya que las urgencias por las que atraviesan los denominados perdedores del modelo son impostergables (2).

Las complejidades alcanzadas por las sociedades contemporáneas hacen imposible prescindir de algún sistema representativo. Lo que hay que reformular en todo caso son sus mecanismos. Es impensable una sociedad donde -al estilo de la Grecia antigua- el pueblo entero legisle sin la intermediación de representantes. Sin embargo para convalidar un nuevo mecanismo de representación es imprescindible establecer criterios de horizontalidad en las estructuras de base e intermedias, para liberar así las energías creativas del pueblo organizado. En este sentido, la afirmación de la soberanía como derecho de los pueblos no se contrapone con la necesidad de democratización de las relaciones políticas y sociales. Por el contrario, ambas se retroalimentan en un circuito de interdependencia.

En principio, es necesario aclarar que en el artículo de Hardt se mezclan como contrapuestos tres conceptos que pueden -como veremos- ser perfectamente compatibles: soberanía, globalidad y horizontalidad.

Dice Hardt: "De hecho, la misma estructura centralizada de la soberanía del Estado se opone a la forma de red horizontal que han desarrollado los movimientos [antiglobalización]." (3) En primer lugar el antónimo de horizontal no es central, sino vertical. Las redes pueden tener variadas formas, pero si nos remitimos a la observación de la naturaleza, veremos que las arañas construyen su red orientada hacia un centro.

Por otro lado, el reclamo de las sociedades -como la nuestra- hastiadas de las consecuencias del neoliberalismo no refiere principalmente al carácter horizontal, vertical o centralizado de los mecanismos, sino más bien al rol del sujeto dentro del entramado social. Es decir, se reclama ante todo participación y protagonismo dentro de estructuras que pueden resultar variadas -de acuerdo a las diversas experiencias- sin que el proceso de búsqueda se entrampe en el vicio de "descubrir" modelos para transplantarlos.

¿La horizontalidad es una forma de garantizar la participación y el protagonismo? Tal vez el reclamo de horizontalidad pueda resultar estéril, precisamente si quienes participan y protagonizan no son a la vez soberanos. Soberano significa tener el poder de decidir. Si no hay poder de decisión no hay ni participación ni protagonismo, por más horizontal que sea la articulación de los espacios. La trampa electoral tendida luego de la dictadura '76-'83 es un claro ejemplo: un ciudadano vale un voto, sin embargo se elige pero no se decide, y mucho menos se gobierna.

Esta polémica planteada por Hardt, se asemeja por otra parte, a la vieja controversia entre libertad política (positiva) y libertad individual (negativa). Con el desarrollo extremo del neoliberalismo a escala global, queda claro que quien no posea autosuficiencia económica carece de libertad individual: la libertad individual de circular supone el dinero necesario para costear el transporte, etc. La experiencia demuestra que quienes se hallan privados de su libertad política -o soberanía- no tienen chances de acceder a la autonomía económica que les posibilite el goce de las libertades individuales. Al respecto, Norberto Bobbio dice: "En la historia del Estado moderno las dos libertades [política e individual] están estrechamente ligadas y en conexión, así que allí donde cae la una cae la otra (...) Mientras las libertades civiles son una condición necesaria para el ejercicio de la libertad política, ésta, es decir el control popular del poder político, es una condición necesaria para la consecución, primero, y para la conservación después, de las libertades civiles." (4)

Si ubicamos entonces correctamente el eje del reclamo, en tanto se verifica un déficit de participación y protagonismo -aceptando el carácter imprescindible del Estado y de un sistema representativo- estaremos en condiciones de encontrar respuestas que nos permitan avanzar.

¿Cómo se pueden articular canales democráticos de participación que fortalezcan nuevas instituciones soberanas frente a los enemigos naturales de los pueblos? Veamos algunos ejemplos:

Los hechos ocurridos en Venezuela el 11 de Abril de 2002 (5) muestran a las claras cómo un pueblo soberano y organizado participa y protagoniza un suceso histórico, a partir del cual afirma su voluntad por sobre los intereses de las minorías nativas asociadas a los intereses del capital transnacional.

Los denominados Círculos Bolivarianos constituyen un ejemplo a tener en cuenta. Los Círculos Bolivarianos adoptan el sistema de redes como modo organizativo y ponen como eje de su construcción el protagonismo y la participación en base al abordaje de las problemáticas concretas. Estas organizaciones de base fueron decisivas a la hora de generar la respuesta popular al golpe de Estado contra el presidente Chávez:

"-¿Cómo se va construyendo la base social del proceso?

-La verdadera base popular del proceso, el tejido social, se hace a través de redes sociales y en este momento, a través de los círculos bolivarianos. Esas formaciones se dieron de modo acelerado a partir del 11 de abril, ya que saltaron de unos 70 mil a más de 200 mil.

-¿Qué son concretamente los círculos bolivarianos, a los que no pocos comparan con los Comités de Defensa de la Revolución cubanos?

-Son pequeños grupos conformados por entre 7 y 11 personas, que participan en todo lo que es la cotidianeidad de su entorno, del barrio: construir una escalera, propiciar las campañas de vacunación, organizarse para el tema de la seguridad, etcétera, tendiendo todas las redes comunitarias y de solidaridad que se establecen a nivel de base.

-¿Qué sucede con el resto de las clases sociales?

-Algo similar: la clase media, los intelectuales y los profesionales se conforman de acuerdo a sus intereses. Porque se parte de que tanto los círculos bolivarianos como las organizaciones de base, actúen directamente relacionados con sus necesidades naturales y ámbitos de acción.

-¿Existe una coordinación a nivel nacional?

-Estamos en la etapa de organizar las coordinaciones parroquiales (llamamos parroquias a los estratos de base), pasaremos a las coordinaciones regionales y luego a la nacional. Eso traerá implícita una pérdida de poder real de los dirigentes a favor de las organizaciones, por lo que finalmente vamos para conformar el gran tejido social del país que serviría de blindaje al proceso evitando una anarquización." (6)

De seguro, Michael Hardt no desconoce lo que fueron las luchas que durante los años '60 y '70, tuvieron como eje la liberación nacional en el Tercer Mundo. Sin embargo, y como es lógico, no alcanza a ver la importancia primordial que este concepto tiene para los países dependientes. Así es como afirma que "(...) los diversos movimientos que han realizado protestas desde Seattle hasta Génova en general se orientan hacia soluciones no nacionales." (7) Hablar de Seattle a Génova implica infinidad de omisiones. Mirando el problema con ojos latinoamericanos podríamos hablar de Chiapas a Cutral-Có.

El vicio eurocéntrico persiste inclusive entre los intelectuales progresistas. Es que para los europeos la liberación nacional no es más que un tópico de interés a la hora de filosofar sobre el Tercer Mundo, ya que no es una problemática que atraviese a sus sociedades. Los países centrales enfrentan desde otro sitio la lucha contra el capitalismo global: se trata de Estados soberanos que miden fuerzas con la potencia hegemónica (EE.UU.). Las izquierdas europeas por lo general abordan el debate ideológico con la derecha, a partir de cuestiones acordes a países con bajos niveles de pobreza y desigualdad social (como por ejemplo la despenalización del aborto, la unión entre parejas del mismo sexo, la legalización de determinadas drogas, etc.).

Los países de nuestra América se enfrentan a otro tipo de disputa que requiere de un primer paso de afirmación de una identidad propia como pueblos, es decir la conquista de la soberanía.

Hardt se aventura luego, en un análisis del convulsionado proceso político argentino, al cual pone erróneamente como ejemplo para sustentar su aval a la postura global - no nacional: "(...) los movimientos argentinos que han surgido en torno a la presente crisis financiera, organizados en asambleas barriales y de delegados de ciudades, también se muestran hostiles a las propuestas de soberanía nacional." (8) Nada más alejado de la realidad. Quienes hayan participado de las jornadas del 19 y 20 de Diciembre de 2001, y hayan seguido el proceso posterior, pueden dar cuenta del incuestionable contenido patriótico de las luchas. Precisamente el "que se vayan todos" abre un lugar de protagonismo a los símbolos nacionales, que son los que aglutinan la diversidad de reclamos y a la diversidad de individuos que han quedado fuera de los espacios tradicionales de representación política. La bandera celeste y blanca y el Himno Nacional se anteponen a las identidades sectoriales. Viejas consignas vuelven en coro masivo: "Patria si, colonia no". Como ejemplo podemos citar la gran movilización convocada el 9 de Julio -entre otros por las asambleas barriales a las que Hardt hace referencia- para reclamar la "Segunda Independencia".

Los ejemplos podrían eslabonarse en un tedioso recuento. Pero en todo caso, resultan la mejor prueba de que la profundidad de la crisis ha puesto de manifiesto el problema de fondo de nuestro país: la dependencia, es decir la falta de soberanía.

Sin embargo, así como no nacional no significa necesariamente antinacional, lo nacional en los países dependientes no excluye la visión global de una necesaria integración, en particular con los pueblos víctimas de la misma problemática. Para ejercer la soberanía no es necesario cerrar las fronteras y exponer una actitud hostil ante la comunidad internacional. El primer paso para fortalecer una política alternativa al predominio de las potencias centrales es precisamente la integración. Las experiencias que en Latinoamérica a lo largo de la historia han tenido como eje la independencia, nunca han perdido de vista la necesidad de una integración, en principio continental: La Patria Grande de Bolívar y San Martín en el siglo XIX; los distintos movimientos nacionales aparecidos en Latinoamérica a mediados del siglo XX, que fomentaron la solidaridad recíproca; las experiencias revolucionarias de los años '60 y '70, que definidas en su mayoría como de liberación nacional, se nutrieron del apoyo de los pueblos de América y del mundo.

La Revolución Cubana es un paradigma en este sentido. Durante los años en que el neoliberalismo se extendió por el mundo, luego de la caída del muro de Berlín, Cuba fue un faro en la tormenta para quienes se negaban a aceptar la lógica del pensamiento único. En Cuba, la revolución se forjó en base a la consigna "Patria o Muerte". Sin embargo, quien haga una observación precisa de las relaciones exteriores cubanas, verá que el supuesto aislamiento de la pequeña isla se debe al bloqueo impuesto por EE. UU. y no por una decisión del gobierno de Fidel Castro. Innumerables son los ejemplos del intento de integración mundial por parte de Cuba (congresos de profesionales en leyes, pedagogos, médicos, etc., brigadas de solidaridad en países arrasados por catástrofes climáticas como Haití, becas para estudiantes de todo el mundo que se forman en el prestigioso sistema educativo cubano, etc.). Al mismo tiempo es verificable la solidaridad de los pueblos frente al aislamiento impuesto por EE.UU. Está claro que una postura patriótica de defensa de los propios intereses no sólo es posible, sino necesaria para encarar una integración global y horizontal con el mundo.

Volviendo a la experiencia venezolana, ésta es valiosa en el mismo sentido. la Revolución Bolivariana nace y se mantiene en medio de la vigencia del modelo neoliberal a escala mundial. Si bien es producto de su crisis no es consecuencia de su caída.

Uno de los ejes principales de la política de Hugo Chávez es precisamente la soberanía, es decir el derecho que tienen los venezolanos a decidir sobre su propio sistema y su propio destino, tomándolo en sus propias manos (9). Tampoco Venezuela es ejemplo de una falta de visión integradora. Una de las principales políticas del gobierno de Chávez fue el reflote de la OPEP, que volvió a integrar a Venezuela con los países de Medio Oriente, teniendo como eje compartido la defensa -soberana- de los intereses petroleros nacionales. Por otra parte el proyecto bolivariano se proyecta a escala continental y las gestiones para lograr la unidad política, comercial y cultural de Latinoamérica y el Caribe se extienden a lo largo de todos nuestros países. Ejemplo de esto es la periódica convocatoria a los Congresos Anfictiónicos Bolivarianos en toda América.

Nadie puede tomar como serio un intento de integración comercial, cultural, económico o de cualquier otro tipo cuando previamente existe el condicionamiento de la dependencia nacional. Si no hay soberanía ante todo, no existe la más mínima posibilidad de articular la ni la horizontalidad, ni la participación, ni el protagonismo.

El verdadero eje de la cuestión se centra en definir si el soberano es el gobierno de turno, o si la soberanía -es decir la autonomía para decidir sobre el presente y el futuro- recae sobre el pueblo organizado.

NOTAS

1. Cirigliano, Gustavo. Universidad y pueblo. p. 39. Edit. Librería del Colegio, Bs. As., 1973.

2. Torcuato S. Di Tella, -en un artículo aparecido en el diario Página/12, el 8/9/02- propone seguir el camino recorrido por Lula Da Silva, quién -según el mismo Di Tella afirma- tardó veinte años en construir una fuerza política con posibilidades de acceder al gobierno en el Brasil. Cabe advertir que en la Argentina, dentro de veinte años, la cifra de niños muertos por causas perfectamente evitables ascendería a los 750.000.

3. Hardt, Michael. "Esquirlas enloquecidas de viejos disparos". Suplemento Radar Libros, Página/12, 18/08/2002.

4. Bobbio, Norberto. Igualdad y libertad. p. 117. Edit. Paidós.

5. Donde en 48 hs. fue restituido el presidente Hugo Chávez luego de una revuelta combinada entre los comandos leales y el levantamiento popular masivo y organizado. Chávez había sido depuesto y arrestado luego del golpe de Estado perpetrado por una fracción de las FF. AA., la burocracia sindical, la organización empresarial Fedecámaras y la vieja partidocracia, en complot con la embajada norteamericana.

6. Ferrer, Germán en Raña, Horacio, "Cómo son las organizaciones de base del chavismo." Correos para la emancipación. Año IV, Nº 158, 8/7/2002. www.geogities.com/proyectoemancipacion. Los subrayados son míos.

7. Hardt, Michael. Op. Cit.

8. Ibid.

9. Durante los sucesos del 11 de Abril, el pueblo venezolano salió a las calles con la Constitución Bolivariana en sus manos. La reforma de la Carta magna había sido avalada por el 90% del electorado.