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6° Cruzada

Sección 1

1ª parte

2ª parte

3ª parte

4ª parte

Sección 2

1ª parte

2ª parte

3ª parte

Sección 3

1ª parte

2ª parte

3ª parte

4ª parte

 

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SEXTA CRUZADA

 

 

El emperador de Sicilia Federico II Hohenstaufen (1194-1250) hablaba seis idiomas, entre ellos el árabe, y había estudiado el Corán así como numerosos tratados de sabios musulmanes. Por sus simpatías hacia el Islam fue excomulgado tres veces (1227, 1239 y 1245) por los pontífices Gregorio IX e Inocencio IV bajo los cargos de «islamófilo y arabizante». En 1224 fundó la Universidad de Nápoles. Hizo traducir a Averroes y consultaba a los sabios musulmanes de Oriente y Occidente. «La túnica con la cual fue sepultado, estaba bordada en oro con inscripciones arábigas» (cfr. Emir Emin Arslan: Los Arabes, Sopena, Buenos Aires, 1943, pág. 102).

Al producirse la sexta cruzada, Federico marchó a Tierra Santa en junio de 1228. El sultán Malik al-Kamil (m. 1238), sobrino de Saladino, asombrado de hallar un monarca europeo que entendía el árabe y apreciaba la literatura, ciencia y filosofía islámicas, hizo una paz favorable con Federico, y el 18 de febrero de 1229 Jerusalén fue entregado al cuidado del emperador germánico.

Al mismo tiempo, el papa proclamó otra cruzada, esta vez contra Federico; reclutó un ejército y procedió a atacar las posesiones italianas del emperador. Federico regresó a Europa en mayo de 1229 para hacer frente a esta amenaza y derrotó al ejército papal.

Un contemporáneo de Federico y uno de los más célebres Minnesänger (trovadores) alemanes, el caballero Wolfram von Eschenbach (1165-1220), en su historia épica Willehalm, describe a los musulmanes que luchan contra los cruzados bajo el signo de una humanidad entendida generosamente (cfr. Pierre Ponsoye: El Islam y el Grial. Estudio sobre el esoterismo del Parzival de Wolfram von Eschenback, Olañeta, Palma de Mallorca, 1998).

 

Los mamelucos salvan el Islam: las hazañas de Baibars

Mamluk es una palabra árabe que significa «poseído», «gobernado», es decir esclavo de origen no-musulmán. Los mamelucos, que al principio constituían una milicia de esclavos provenientes de Turquía y Grecia (unos doce mil), fueron traídos a Egipto en el siglo XIII por el sultán ayubita As-Salih, que hizo de ellos una especie de guardia pretoriana, que ayudó a combatir eficazmente a los cruzados en Palestina.(12)

El famoso héroe Ruknuddín Baibars (1223-1277), apodado al-Bundukdarí ("El Ballestero"), que luego sería sultán y derrotaría en repetidas ocasiones a los francos, sería el primer comandante y organizador de la formación militar de los mamelucos.

Su carrera militar no tiene igual en ninguna época islámica anterior o posterior. Solamente durante sus diecisiete años de sultanato (1260-1277) realizó treinta y ocho campañas durante las cuales recorrió cuarenta mil kilómetros (cfr Robert Irwin: The Middle East in the Middle Ages: The Early Mamluk Sultanate, 1250-1382, Southern Illinois University Press, Illinois, 1986.

Nueve veces luchó contra los mongoles, cinco contra los armenios y tres contra los hashashiyyín ("los Asesinos"). Sólo contra los francos luchó en 21 ocasiones, y salió vencedor en todas. A los cruzados les logró capturar baluartes considerados inexpugnables, como los castillos de Safed (mar de Galilea), en 1266, Beaufort de los templarios (a orillas del Litani, sur del Líbano), en 1268, y el famoso Krak de los Caballeros (al oeste de Homs, en Siria), en 1271. Además conquistó las ciudades de Arsuf, Cesárea, Jaffa, Haifa,Torón y Antioquía. En 1270 envió a la flota mameluca a atacar el puerto chipriota de Limassol en represalia por la ayuda constante de la dinastía Lusignan (1191-1489) a los baluartes cruzados de Palestina y Siria. En 1273 destruyó el castillo de los Asesinos en Masyaf (cerca de Hamah, en Siria), donde residía Sinán (m. 1192), el llamado «Viejo de la Montaña» (Sheij al-Ÿabal), y su siniestra organización.(13)

Su victoria más importante, sin embargo, fue en el oasis de dunas de Ain Ÿalut ("La fuente de Goliat"), en la actual localidad palestina de Ein Harod (a mitad de camino entre Afula y Bet She'an), el 3 de septiembre de 1260. Ese día, el general Baibars y el sultán Qutuz (g.1259-1260) derrotaron a un poderosísimo ejército mongol de cincuenta mil hombres y diez mil jinetes enviado por Hulagú (el nieto de Gengis Jan) al mando de Ketbogha. La estrategia de los mamelucos fue una copia casi exacta del ardid por el cual el general cartaginés Aníbal Barca venció a los romanos en Cannas (agosto, 216 a.C.). La infantería musulmana (unos veinte mil) al mando del sultán Qutuz Ibn Abdullah aguardó fuera de la vista del enemigo mientras Baibars y sus doce mil jinetes fingieron hacer un ataque masivo y luego retrocedieron. Los mongoles persiguieron a lo que se retiraban, sin percatarse por la rapidez de la acción y la polvareda reinante que eran conducidos al centro de una pinza que se cerró inexorablemente en el momento preciso, mientras la caballería mameluca giraba en redondo y contraatacaba. Ketbogha sucumbió en el combate. Esa finta de Baibars consiguió el triunfo.

Esta batalla fue una de las más importantes de la historia, comparable a la de Gaugamela (1 de octubre, 331 a.C.), por la que Alejandro conquistó el Imperio persa, a la de Hastings (14 de octubre, 1066), por la que Inglaterra pasó a manos de los normandos, a la de Waterloo (18 de junio, 1815), por la que Napoléon fue definitivamente vencido, o a la del Alamein (23 de octubre-4 de noviembre, 1942), por la que el Afrika Korps de Rommel fue frenado y desbandado a las puertas de El Cairo. Dice el medievalista británico Steven Runciman: «La victoria mameluca salvó al Islam de la amenaza más peligrosa con que se había enfrentado nunca. Si los mongoles hubieran penetrado en Egipto no habría quedado ningún estado musulmán importante en el mundo al este de Marruecos» (S. Runciman: Historia de las cruzadas, Alianza, Madrid, 1997, vol. III: "El Reino de Acre y las últimas cruzadas", pág. 289).

Es lícito especular acerca de lo que pudo pasar en Ain Ÿalut si hubieran resultado los mongoles victoriosos, y sobre todo cómo habría cambiado la historia del Mediterráneo, y con ella la civilización del Islam, la cual hubiera prácticamente desaparecido. Recordemos que ya en ese año crucial de 1260, grandes ciudades musulmanas como Bujará, Samarcanda, Gazni, Herat, Merv, Nishabur, Hamadán, Tabriz, Mosul, Alepo, Damasco habían sido saqueadas, casi destruidas y sus habitantes pasados a cuchillo o violados.

Los sabios del Islam con sus universidades (madrasas). bibliotecas, observatorios, laboratorios y miles de descubrimientos invalorables atesorados en seis siglos se perdieron para siempre y fueron barridos del mapa. Solamente en Bagdad (tomada el 10 de febrero de 1258), los mongoles mataron a no menos de un millón de musulmanes árabes y persas en cuarenta días, o sea la mitad de la población: «Un mongol encontró en una calle lateral a cuarenta niños recién nacidos, cuyas madres estaban muertas. Como acto de clemencia, los mató, pues pensó que no podrían sobrevivir sin nadie que los amamantase» (Steven Runciman, Historia de las Cruzadas. O. cit. Vol. III, págs. 280-281). «Algunos mongoles —aseguran testigos oculares—, destripaban cadáveres, los llenaban hasta el tope con alhajas saqueadas y así desaparecían cabalgando, llevando delante suyo sobre la montura, atravesados, estos espantosos recipientes para el transporte...El conquistador recién se retiró un rato cuando se hizo insoportable el olor de los cadáveres al bajar el fresco invernal... Sólo quedaron intactos los cristianos y las iglesias cristianas. No únicamente porque las primeras mujeres de Hulagú eran cristianas. Hulagú había entrado en una gran coalición con los cruzados, por medio del rey (cristiano) de Armenia, que era suegro del príncipe cruzado Bohemond de Antioquía» (Rolf Palm, Los árabes. La epopeya del Islam, Javier Vergara, Buenos Aires, 1980, pág. 331).

Paradójicamente, a partir del jan Mahmud Ghazán (g. 1295-1304) —restaurador del Islam en Irán—, los mongoles se harán paulatinamente musulmanes y tendrán sabios y científicos de la talla de Ulug Beg (1394-1449) —astrónomo, historiador, teólogo, poeta y mecenas de las artes—, y políticos y guerreros como Zahiruddín Muhammad Babur (1483-1530) —fundador de la dinastía mogol de la India musulmana (1526-1858), que revitalizarán y consolidarán el Islam en el Lejano Oriente.

Baibars también se destacó como renovador religioso y estadista. Prohibió la prostitución y las bebidas alcohólicas bajo pena de muerte. En el campamento de turno y en el palacio de El Cairo o Damasco denunciaba con su voz potente e imperturbable los males de la época y recomendaba las soluciones apropiadas. Hizo construir escuelas, hospitales, un estadio de tamaño olímpico, embalses y canales en el valle del Nilo, cocinas populares, distribución anual de diez mil bolsas de cereal para beneficencia, e implementó un servicio postal de cuatro días para una carta de El Cairo hasta Damasco; eficiencia que hoy día rara vez se alcanza. La lista de sus obras sociales es casi tan larga como aquélla de sus empresas militares.

Los mamelucos llevaban siempre encima dos o tres arcos con sus correspondientes cuerdas, y eran tan estupendos arqueros que cuando tiraban flechas de espaldas, es decir, al retirarse, éstas eran tan mortales como las que tiraban por delante (cfr.G. Rex Smith: Medieval Muslim Horsemanship, The British Library, 1979).

El famoso historiador musulmán tunecino Ibn Jaldún (1332-1406) describe con precisión uno de los secretos tácticos de estos guerreros temerarios: «Oímos decir que la técnica de combate de las naciones turcas contemporáneas [se refiere a potencias militares como los mamelucos egipcios y sirios, y los epígonos turcomanos de los mongoles en Irak y Persia] se basa en disparar flechas. Su orden de batalla consiste en una formación en líneas sucesivas. Desmontan de sus caballos, vacían sus carcajs en tierra ante sus pies y van disparando las flechas arrodillados o a gachas. Cada línea protege a la delantera contra los ataques del enemigo, hasta que uno de los lados alcanza la victoria. Este tipo de orden de batalla es verdaderamente notable» (cfr. Ibn Jaldún: Introducción a la historia universal. Al-Muqaddimah, FCE, México, 1977).

Gracias a estas pericias y a una perfeccionada estrategia y disciplina militar, los mamelucos en menos de treinta años vencieron la doble y terrible amenaza de cruzados y mongoles. El sultán mameluco Qalawún al-Alfi, que gobernó entre 1279-90, emprendió una primera ofensiva contra los cristianos, tomando la fortaleza de Montreal (al-Shawbak). En 1289 logró reconquistar la importante plaza fuerte de Trípoli, donde perdieron la vida siete mil soldados francos. Qalawún fue un gran constructor y mandó restaurar las ciudades de Alepo, Damasco y Baalbak, dañadas por los cruzados. Su hijo y sucesor al-Jalil (que gobernó entre 1290-93) coronó la obra de sus antecesores con la toma de la fortaleza de Acre en 1291, después de un asedio de mes y medio, luchando a brazo partido con los caballeros templarios que la ocupaban. Guillermo de Clermont, gran maestre de la orden de San Juan, encontró la muerte cuando luchaba por su hospital. La gran torre de los templarios fue socavada y se desplomó, enterrando a los que la defendían. Los cuatro últimos puertos, Tiro, Sidón, Beirut y Tortosa, fueron evacuados sin combate por los francos, lo cual significó el fin de las cruzadas.

En 1300, los mongoles ocuparon Damasco y penetraron profundamente en Palestina. Cuando ya habían llegado a Gaza, puerto de la frontera egipcia, los mamelucos se recobraron, pasaron a la ofensiva, y en 1303 derrotaron a los invasores en dos batallas, en Marsh al-Suffar, al sur de la capital siria, y cerca de Homs, en el valle de Orontes.

Es justo y necesario reivindicar el papel que cupo a los mamelucos en salvaguardar el territorio de los musulmanes. Sin ellos, el avance de los mongoles (que ya había destruido el califato de Bagdad en 1258) hubiera sido incontenible y Egipto, Siria y Palestina hubieran sido totalmente arrasados. Por otra parte, los mamelucos fueron notables arquitectos. Sus mezquitas y santuarios embellecieron El Cairo y fijaron un estilo arquitectónico islámico con características originales que hoy sorprenden gratamente a los estudiosos (cfr. Henri y Ann Stierlin: Splendours of an Islamic Civilization. The Eventful Reign of the Mamluks, Tauris Parke Books, Londres/Nueva York, 1997; Henri Stierlin: Islam. Volume II: From the Mamluks of Cairo to the Nasrids of Granada, Taschen, Köln, 1998.

12Los esclavos que componían la institución mameluca dominante habían llegado a Egipto y Siria en calidad de paganos, llevados por venecianos y genoveses y otros mercaderes para ser vendidos allí. El apodo del sultán Qala'ún al-Alfi (g. 1279-1290) suele interpretarse por el hecho de que había costado mil (alf) dinares, mientras que el gran Baibars, azote de cruzados y mongoles, sólo se pagaron cuarenta dinares, porque tenía un defecto en un ojo. Los jóvenes mamelucos que compraban los sultanes ayubíes recibían una concienzuda educación islámica y buena preparación militar en colegios especiales de El Cairo, y cuando, al cabo de de varios años, salían de ellos completamente transformados, se enrolaban en el cuerpo de los mamelucos reales y recibían la libertad, caballos y el equipamiento debido, además de una tenencia de tierra que les permitía vivir independientemente. En su mejor momento, el soldado mameluco de caballería era notable por su pericia ecuestre y por su habilidad en el manejo de las armas, en particular el arco y la lanza. Las tropas mamelucas mantenían su alto nivel de manejo de armas con prácticas, entrenamientos y ejercicios en varios terrenos especialmente acotados que había en torno a el Cairo, y la literatura que ha llegado hasta nosotros sobre estos «ejercicios caballerescos» (furusiyya) nos da descripciones detalladas de los procedimientos a seguir, junto con útiles ilustraciones del equipamiento a usar. Había ejercicios coordinados de caballería y juego de polo y esgrima, de lucha libre y de arquería. Conviene también mencionar en este punto la importancia que tuvieron los períodos ayubí y mameluco en el desarrollo de la heráldica. Durante estos períodos, los grandes emires usaban blasones que el sultán les había concedido a título individual. Las palabras árabes con que se designaban estos blasones eran rank (derivada de una palabra persa: rang, que significa "color" y que originó el término "rango" como expresión de jerarquía —en inglés se dice rank) y shi'ar, que quiere decir «emblema». Estas divisas parecen tener origen en los cargos de la casa o la administración del sultán que ostentaban esos emires; así, por ejemplo, el maestre de polo ostentaba palos de polo, etc. A mediados del siglo XIV, un monje irlandés viajero, émulo de San Brendan (486-578), presenció en El Cairo un gigantesco partido de polo jugado por seiscientos caballeros mamelucos (trescientos por bando) que era muy similar al (hurling) que «jugaban los pastores en los países cristianos con una bola y un palo curvo, excepto que el sultán y sus nobles nunca golpeaban la bola a menos que estuvieran montados a caballo... Esto provocaba que muchos caballos y caballeros quedasen incapacitados para el servicio activo en el futuro». El sultán Aibak (g. 1250-1257), esposo de Shaÿar ad-Durr (1217-1257), era un entusiasta y formidable jugador de polo.

13 Los nizaríes fueron una rama de la secta ismailí. Partidarios de Nizar, uno de los hijos del califa fatimí al-Mustansir (g.1038-1094) se convirtieron en disidentes y enemigos de los fatimíes, ayubíes y mamelucos. Tuvieron cierto desarrollo en Egipto, Siria e Irán entre los siglos XI y XIII. De su seno surgió un movimiento conocido en Occidente como los «Asesinos» (en árabe hashashíyyín "drogados de hachís"), que tomarían dos fortalezas convirtiéndolas en sus bases operacionales, una en Alamut, en las montañas del norte de Irán, en 1090, y otra en Masyaf, cerca de Hamah, Siria, en el siglo XII. Su objetivo era eliminar a las principales personalidades religiosas, militares y políticas musulmanas o conseguir dinero de ellas a cambio de «protección». Esta verdadera maffia fue combatiza tenazmente por el sultán Saladino y sus sucesores. Alamut fue conquistada por los mongoles de Hulagú en 1256 quienes, paradójicamente, liberaron al gran sabio y astrónomo Nasiruddín at-Tusí (1201-1274) de la escuela shií que se hallaba prisionero en las mazmorras de esos criminales. No confundirlos con los nusairíes, otro grupo sincrético escindido del ismailismo, fundado en Irak por Muhammad Ibn Nusair en 859.

“El único deber que tenemos con la Historia es el de escribirla de nuevo”

Oscar Wilde

 

Última actualización: 7/Abril/2003