SEMBLANZA SOBRE NARCISO IBAÑEZ SERRADOR

 

 

La televisión, para quienes la ven, es una costumbre. Por eso el valor máximo de cualquier profesional que trabaje en ella, reside en la capacidad que tenga o no para sorprender, para romper de manera agradable la rutina del telespectador. Preguntado en una ocasión Einstein por las claves necesarias para descubrir, contestó que las desconocía por completo, pero aconsejó a quien le interrogaba, que "dedicara todos los días media hora a pensar justo lo contrario que sus competidores". Alguien más relacionado con la televisión, como Brandon Tartikoff, declaró que trabajar contra las tendencias de moda en la televisión era uno de los elementos imprescindibles para acercarse al triunfo. No habiendo garantía que asegure éste, ni siendo lo nuevo sinónimo de éxito, si que cabe concluir que todo programa que triunfa en televisión tiene siempre algo de diferente frente a lo que anteriormente se había hecho.

La historia de la televisión, desde que en los años treinta del pasado siglo Zworykin comenzara a desarrollar en los laboratorios de la RCA pequeños ensayos que acabarían descubriendo lo que hoy conocemos por televisores, ha pasado por múltiples etapas de todo tipo, tanto en lo empresarial, como en lo referido a los contenidos, la manera de producirlos, de programarlos, de comercializarlos y hasta de crearlos. Y desde luego, en su transcurso ha habido y hay una mayoría de programas inspirados por ideas precedentes. Pero es difícil encontrar nuevos caminos asfaltando de nuevo los ya conocidos, por lo que casi todos los programas que de una u otra forma han hecho historia en televisión, ha nacido en el momento en que una serie de profesionales del medio se han propuesto sorprender de una u otra forma a los televidentes con algo inesperado para ellos, con algo diferente. Con lo contrario a lo que se esperaban.

Narciso Ibáñez Serrador con sus programas de televisión, con sus películas, con sus obras de teatro, nos ha hecho reír, pasar miedo, sentir emociones, divertirnos, porque en la base de todos sus trabajos, siempre ha existido el ánimo de sorprender con algo nuevo. Tras una trayectoria llena de éxitos, cuando uno habla con él, lejos de encontrarse con alguien sumido en la añoranza por otros tiempos, descubres a un espíritu joven, entusiasta, juguetón, abierto a lo nuevo en lo que tiene de diferente. De entre todos sus logros, éste espíritu eternamente joven es el más difícil de conseguir y él lo ha logrado en base a su capacidad para disfrutar inventando, imaginando travesuras, jugando a la televisión con entusiasmo. En demasiadas ocasiones, quienes tienen en sus manos el entretenimiento, son personas agobiadas por la búsqueda de rentabilidad empresarial, por las coyunturas políticas y por la tiranía de las audiencias. Siendo expertos en solucionar tantos problemas, acaban perdiendo la pasión y la alegría necesarias para ofrecer al público lo que más demanda: que le entretengan. "Chicho" Ibáñez Serrador disfruta buscando modos de entretener, de contar historias, de divertir, de jugar. Y lo hace con la pasión, la picardía y la inocencia de quien es feliz al hacerlo. Ese es su secreto, por eso es el mejor.

Nació el 4 de Julio de 1935 en Montevideo, en familia de artistas, puesto que su madre era Pepita Serrador y su padre Narciso Ibáñez Menta. En 1947 se trasladó con su madre a España, donde estudió el Bachillerato en Salamanca. Guiado por un talante aventurero que no le ha abandonado nunca, con tan solo 18 años se lanza al mundo enrolándose en un mercante turco, recorre el Mediterráneo y Oriente Medio. Trabajó como camarero, fotógrafo de prensa y hasta de presentador en un club nocturno de El Cairo. Pasado un tiempo, regresa a España e ingresa en la compañía de su madre, donde inicia un auténtico master en la profesión que le hará famoso. Hace de maquinista, de electricista, apuntador y regidor, hasta que en 1951 debuta como actor en un pequeño papel en "Filomena Maturano". A partir de ahí llega a estrenar en los siguientes tres años, treinta y cuatro títulos, lo que le dan una experiencia y un dominio del arte escénico nada común en la televisión de nuestros días.

De actor pasó a Director de teatro. Su primera obra fue "El Zoo de Cristal" de Tennessee Williams, en el Teatro "Windsor" de Barcelona. Escribe novelas para la radio y en 1957 estrena su primera comedia, un monograma titulado "Obsesión", lo firma con el que será el pseudónimo de toda su obra literaria: Luis Peñafiel. Y sigue viajando a los lugares más remotos. En 1958 arriba a Buenos Aires y estrena como actor "Ornifle" de Anouihl, y "El amor de los cuatro Coroneles", de Ustinov. Estamos en los primeros años de la televisión y atraído por sus posibilidades, comienza a trabajar para ella. Escribe y realiza "Los Premios Nobel"; "España y su teatro" (un ciclo en el que debutó en televisión Margarita Xirgu); "Obras Maestras del Terror"; "Cuentos para Mayores"; "Bécquer y su mundo" y varias Zarzuelas. Es curioso comprobar como en aquellos años iniciales de televisión se producían con asiduidad programas que hoy en día se consideran como prototipos de las televisiones cultas. Son años de trabajo intenso, loco, llegando en algunos momentos a estar al frente de hasta cuatro programas semanales en los que era Director, realizador y guionista.

En 1959 estrena como actor, autor y director "Aprobado en Inocencia", comedia que le depara la Medalla de Oro de la Sociedad Argentina de Autores, y el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes. Gracias a este éxito, sus comedias se irán representando en Alemania, Portugal, Israel, Bélgica, Brasil y la totalidad de los países de Hispanoamérica. No contento con ello, en 1962 decide hacer cine al trasladar a la gran pantalla uno de sus éxitos en televisión, "Obras Maestras del Terror". Entre 1958 y 1963, escribió, además de dirigir e interpretar en algunos casos, tres comedias, seis guiones de cine y más de ochocientos de televisión. Viajaba menos por el mundo, pero seguía haciéndolo intensamente por su imaginación.

En 1963 regresa a Madrid, donde estrena "Aprobado en Inocencia". Poco después comienza a trabajar en TVE. "Estudio 3"; "Mañana puede ser verdad"; "La Historia de San Michele" son algunas de sus primeras producciones, pero la que le consolidará como autor y realizador será "Historias para no dormir". Su afición por los viajes no le abandona y visita asiduamente Europa Occidental y Oriental, recorre África del Norte, India, Tailandia, Camboya, Birmania, reside una temporada en Hong Kong y realiza allí un documental para la BBC. Entra en China, es testigo en Saigón de la Guerra del Vietnam y llega hasta el Nepal donde durante un periodo de tiempo se queda a vivir con una congregación de lamas.

En 1968 es nombrado Director de Programas para el Exterior de TVE, pero lo que a él le gusta no es la tarea de los despachos y un año después dirige la película "La Residencia" con Lili Palmer al frente del reparto. Pasarán siete años hasta que vuelva a dirigir otra, "¿Quién puede matar a un niño?", la primera que tuvo una distribución mundial. En 1971, mientras estaba produciendo "Historias para no dormir", Salvador Pons le propone hacer un concurso, algo que le sorprende porque siendo él como era una persona con una trayectoria unida a la ficción fundamentalmente, la idea del entretenimiento en clave de competición era algo que inicialmente le parecía ajeno a él. Pero ya hemos dicho que a "Chicho" lo que le gusta es divertirse haciendo televisión y aquello era para él, sobre todo, un reto inesperado. Un nuevo viaje a un lugar desconocido. Y se embarcó en la aventura. Así comenzó a nacer el "1, 2, 3", el que años después (en 1977) en el festival internacional de Televisión de Barcelona sería elegido como uno de los diez programas más influyentes en la Historia de la Televisión.

Analizando los formatos clásicos de concurso, Ibáñez Serrador se dio cuenta que básicamente todos los "game-shows" desarrollaban una de estas tres vías: O eran de preguntas y respuestas; o la competición se establecía en torno a pruebas físicas; o alrededor de pruebas psicológicas. Y decidió crear el concurso de los concursos, un programa que aunara las tres tendencias, así nació lo del "1, 2, 3". Acostumbrado como estaba a realizar programas dramáticos, añadió en clave de comedia un personaje heredado de "Historia de la frivolidad" que protagonizara Irene Gutiérrez Caba y al que se llamó "Don Cicuta". La aparente frivolidad de este personaje que popularizaría Valentín Tornos, escondía una inteligentísima caricatura de la España negra, la de la envidia y la hipocresía, la del viejo régimen que entraba en sus últimos años. Aquel personaje vestido de negro y de larga barba grisácea, aparecía como el genuino representante de una España fosilizada y era una perfecta caricatura esperpéntica de los sectores más inmovilistas del antigua régimen. Pero todo demonio necesita de ángeles y "Chicho" los vistió con minifalda. Las azafatas, fueron consideradas inicialmente por los directivos de la televisión, como un elemento demasiado provocador para los tiempos que corrían, pero el creador del programa insistió en que lo que era normal en las calles, debía serlo también en las pantallas de la televisión y eran tiempos de faldas cortas y los primeros rayos de modernidad y nuevas costumbres comenzaban a atisbarse en una sociedad española que se encontraba a escasos años de la llegada de la democracia. En esto el programa supo contraponer al odiado y antiguo "Don Cicuta", con la sonrisa joven de las azafatas, convertidas en secretarias del programa para dar mejor imagen y para lo cual se les añadió unas enormes gafas que terminarían por ser una de sus más visibles características. Quien quiera analizar ello con el prisma de lo que hoy se considera "políticamente correcto", deberá recordar que eran tiempos donde la censura existía y se aplicaba de manera estricta, con lo que cualquier insinuación, y en este caso la había, debía tener un aire metafórico amable y en apariencia inocente. Pero el mensaje era claro y en el programa quedaba firmemente establecido quien representaba lo malo, lo patético, lo antiguo y quienes la alegría y lo nuevo.

El programa se estrenó y ninguno de los primeros ocho programas fue firmado por Narciso Ibáñez Serrador. Su padre le había criticado por dedicarse a hacer concursos y él mismo no tenía muy claro que aquello fuera el proyecto de su vida. Así que lo hizo de manera casi anónima. Cuando se llevaban escasas semanas, el crítico del periódico "ABC", Enrique del Corral, escribió un artículo titulado "Queremos ver al editor responsable" en referencia a un programa que desde el primer momento se convirtió en un éxito extraordinario. A partir del octavo programa, "Chicho" aparece ya como lo que era, el responsable absoluto del formato, la dirección, la realización y los guiones de un programa que a partir de entonces abandona la idea de concurso para convertirse en un Show global.

Las pruebas iniciales, de preguntas y respuestas, estaban basadas en un programa que él mismo había producido en Argentina y que se llamó "Un, dos, Nescafé". Para la segunda parte del programa, la dedicada a pruebas físicas, "Chicho" reconoce la inestimable ayuda de su aprendizaje con "Gaby, Miliki y Fofó", quienes le enseñaron el tipo de retos que usaban ellos en sus programas. La tercera parte, la de las pruebas psicológicas, venía orientada a encontrar engaños que hicieran dudar al concursante y participar al público desde sus casas.

Cada programa constaba de cerca de 80 folios de guión escritos por el propio Ibáñez Serrador, hasta su última temporada donde se sumarían Joaquín Oristrell, Fernando León de Aranoa, Salomé Blanco, Carlos Muriana, Carlos Asorey, Ignacio Aguinaga y Pedro Febrero. No fueron los únicos que comenzaron su trayectoria profesional en televisión gracias al programa. "Tricicle" o "La Trinca" tuvieron en las "1, 2, 3" apariciones que los popularizarían rápidamente y por supuesto la nómina de secretarias es abundante: Agata Lys, Victoria Abril, María Casal, Aurora Claramunt, Silvia Marsó, Lydia Bosch o Nina son algunas de ellas. Tras fallecer Valentín Tornos, que estaba acompañado por Nacho Pérez y Javier Pajares, fue sustituido por "Don Rácano" (Paco Cecilio), "Profesor Lápiz" (Pedro Sempson), que posteriormente fue reemplazado por "Don Menudillo" (Luis Lorenzo) y "Don Estrecho" (Juan Tamariz). Más tarde llegarían las Hermanas Hurtado como "Las Tacañonas".


Don Cicuta, Chicho, Kiko, Ruperta, Mayra y Las Tacañonas
 

El primer presentador, y ésta fue otra genialidad del creador del programa, fue un profesional peruano llamado Kiko Ledgard. Venía de presentar programas infantiles, era rápido y ágil y daba perfectamente la imagen familiar que se perseguía. En su juventud había sido campeón peruano de boxeo en los pesos medios y campeón sudamericano de natación en la prueba de relevos de 4x100. Tras trabajar en su país natal, en España presentó "Hoy también es fiesta" y en su trayectoria hay que incluir asimismo espacios como: "Todo es posible en domingo" y "300 Millones". Le sustituyó Mayra Gómez-Kemp, ex componente del trío musical "Acuario" y que había debutado en televisión participando en el "1, 2, 3".

Pero a la enorme nómina de personas que de una u otra forma pasaron por el programa y a sus muchos logros, hay que añadirle su papel pionero en el lanzamiento de lo que se conoce como "merchandising". La odiada "Calabaza"; el alegre y dicharachero "Chollo"; el malhumorado y malévolo "Antichollo"; los muñecos de algunos personajes y otras muchas figuras, fueron una importante fuente de ingresos para el creador del programa y es que TVE no quiso hacerse cargo de esta posibilidad comercial, totalmente pionera por aquel entonces y se la cedió a Ibáñez Serrador. Al éxito de audiencia, que en algunos momentos llegó a los 28,5 millones de telespectadores, se le unió pronto el reconocimiento unánime de la crítica, siendo el único programa que ganó un Ondas dos veces y con 15 años de diferencia entre la primera y la segunda ocasión. Anteriormente, en 1964 ganó un Ondas al mejor actor y en 1969 otro al mejor autor, pero no fueron los únicos ya que en años posteriores también lo obtendría por "Hablemos de sexo". Durante años acaparó todas las categorías posibles de los "TPs", además del "Quijote de Oro" y otros muchos más. Hacer una relación de todas las distinciones requeriría varias páginas, pero en su trayectoria única cabe destacar la Medalla de Oro de las Bellas Artes, que se le entregó en el 2002; el premio "Martín Fierro de Oro" a los diez mejores programas de la Historia de la Televisión Argentina por "Obras Maestras del Terror"; el Premio Nacional de Televisión al mejor realizador o la Medalla de Oro de la Sociedad Argentina de Autores.

Pero por encima de todo, para todos los españoles de más de veinticinco años, el "1, 2, 3" forma parte ya y para siempre de nuestras vidas. Esta mezcla de juego, show de variedades, humor, pruebas de todo tipo y espacios temáticos dramatizados, fue un programa que rompió moldes frente a cualquier concurso anterior. Era familiar y participativo, divertido, simpático y diferente. Además fue el primer programa español que salió de nuestras fronteras, alcanzando el éxito en muchos otros países. Uno de los primeros en producirlo fue Holanda. Quien lo hizo fue Jon Van den Ende, que creó una lotería en torno al programa y que con el dinero obtenido levantó unos estudios sobre los que basó su prosperidad posterior. Él fue quien puso en marcha el programa que entre nosotros conocimos como "¿Qué apostamos?", para el que propuso a Ibáñez Serrador como socio, pero éste desechó la oferta al estar involucrado en otros proyectos. De haberlo hecho quizás hoy sería socio de Endemol, la mayor productora europea y que surgió de la fusión entre las productores del mencionado Ende y Jon de Mol.

En 1989, después de varias etapas televisivas del "1, 2, 3", Chicho puso en marcha simultáneamente dos nuevos programas: "Waku Waku", sobre curiosidades animales, y "Hablemos de sexo", siendo la primera vez que una televisión europea realizaba un espacio que atendía y aclaraba temas relacionados con la educación sexual de manera científica. El primero de los espacios lanzó a Consuelo Berlanga y, en una edición posterior, a Nuria Roca; el segundo a la por entonces desconocido psicóloga, la Doctora Elena Ochoa.

En 1994 realiza un nuevo programa sobre temas de interés social, titulado "Luz Roja", espacio en el que se trataban cuestiones tan dispares como las drogas, maltratos, la depresión, anorexia, bulimia, etc. ... En 1995 puso en pantalla un programa que nada tenía en común con los anteriores: "El Semáforo", versión particular de un formato italiano, en el que personas anónimas participaban haciendo cualquier cosa, con la única condición de que era el público quien decidía por cuanto tiempo lo hacían. En 1997 volvió con nuevos episodios de "Waku Waku".

Como siempre intranquilo, activo e incansable, en Octubre del 2001 volvió a la escena teatral como autor, director y actor, al reponer su comedia "Aprobado en Castidad". Fue curioso ver a Narciso Ibáñez Serrador interpretando la mismo obra que hiciera a su llegada a los escenarios de Madrid muchos años antes. Y admirable ver como la mayor experiencia no había quitado nada del entusiasmo de aquel principiante. En Junio del 2002 se estrenó otra obra teatral "El Águila y la Niebla", con la que obtiene el Premio Lope de Vega de teatro y un clamoroso éxito de público y crítica.

La última vez que le vi, fue con motivo de entrevistarle, necesitaba ciertos datos de su trayectoria para un trabajo universitario. Acudió con una pequeña grabadora en la que traía previamente registradas las respuestas a las preguntas que deseaba hacerle, así, me dijo, "podremos comer tranquilamente". No lo hicimos, porque en el primer minuto de conversación se puso a idear un cuento relacionado con la botella de vino que nos habían traído para beber. Y fue difícil hacerlo sabiendo que aquella botella había adquirido a través de su imaginación, vida propia. Chicho es así, talento, creatividad y siempre sorprendente. Ha marcado estilo y de sus ideas se han nutrido innumerables programas de la televisión. Probablemente si fuéramos cogiendo lo mejor de todos ellos, armaríamos a manera de puzzle una versión del "1, 2, 3". Pero no es Chicho persona a la que le guste enfrentarse con el pasado, sigue siendo un chaval travieso al que le gusta jugar a la manera inocente de los pícaros más talentosos y de su amor por la vida, los viajes y la televisión, sólo cabe prepararse para nuevas sorpresas.

 

Escrito por el Sr. Mikel Lejarza