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Historia del Tren a las Nubes

Por Luis Borelli

 

Los primeros estudios del terreno estuvieron a cargo del ingeniero Abd El Kader, en el año 1889, y las conclusiones fueron archivadas por los organismos técnicos de la época. Estos estudios fueron realizados 26 años después de que el presidente Bartolomé Mitre afirmara en Rosario de Santa Fe -en oportunidad de iniciarse los trabajos del Ferrocarril Central Argentino que iba a Córdoba- que "irá el ferrocarril y trepará la Cordillera de los Andes por el Norte Argentino, para ser más tarde, el Ferrocarril Americano". Trece años más tarde, el entonces presidente Nicolás Avellaneda, dijo en oportunidad de la llegada de los rieles del Central Norte Argentino a Tucumán, que "el primero y grande esfuerzo está realizado, la locomotora se encuentra al pie de los Andes".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las primeras leyes que se promulgaron para llevar adelante la construcción del tren a Huaytiquina son de 1905. La primera (Nº 4.683), del 18 de setiembre, manda a realizar los estudios necesarios para el trazado de un ferrocarril, y la segunda (Nº 4.813) es la que da el primer paso para que la construcción se inicie, ya que autoriza al Poder Ejecutivo Nacional a construir el tramo Cerrillos-Rosario de Lerma. En 1906, en tanto, recomenzaron los relevamientos sobre el río Rosario, esta vez a cargo de los ingenieros José Rauch y Emilio Candini, los cuales concluyen con consideraciones que hablan de una gradiente del 35 al 40 por mil desde Río Blanco hasta Puerta de Tastil. Finalmente, el ingeniero Rauch aconsejó estudiar dos posibilidades para salir a la Puna: una por la Quebrada de Humahuaca y la otra por la Quebrada del Toro.

 

Otro que estudia la Quebrada del Toro, es el ingeniero Schneidwin, quien concluye desaconsejando esta quebrada y aceptando la de Humahuaca.

 

El año 1906 termina con un cuarto estudios, el del ingeniero Cassaffousth, quien aconseja por la Quebrada del Toro, para lo cual -dice- "debe utilizarse cremallera para vencer la fuerte pendiente".

 Guerra de intereses por el "trasandino"

 

Con el triunfo de Hipólito Yrigoyen en 1916, renace la ilusión de la construcción del Trasandino del Norte, cuando dice que esta obra debe romper "la forma primitiva del solar colonial. Puerta al frente con larguísimo fondo ciego detrás".

 

Se da entonces una dura lucha en el Congreso Nacional donde hay una indisimulada guerra de intereses, entre los que defienden el otorgamiento de nuevas concesiones a capitales ingleses y los que dicen que el Estado Nacional está en condiciones de llevar adelante la obra.

 

En 1920 los técnicos Ferrocarriles del Estado no sólo aseguran la factibilidad del tren a Huaytiquina, sino que aconseja su inmediata iniciación, razón por la cual el ingeniero Domingo Fernández Beschtadt, administrador del ente, toma la iniciativa de convocar a un grupo de profesionales entre los que está el ingeniero Ricardo Maury, a quien concede la jefatura de la obra; los otros profesionales participantes fueron G.H. Johns, como jefe de estudios; Alberto Pasquini en la sección construcciones; Nicanor Alurralde y Héctor Pastorini en sección estudios; Hermann Pfister, jefe administrativo; Salvador Rossi, ayudante; Marcelo Pujol, jefe administrativo; Julio Velarde, calculista; y Luis Villar, escribiente. Como ingeniero Nº 2 se incorpora luego Juan Burgoyne.

 

Golpe, paralización, y retiro de Maury

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llega 1930, y en setiembre el golpe militar que derroca a Yrigoyen, lo que trae graves consecuencias para la obra más importante que en ese momento se ejecutaba en el país.

 

Salvo la habilitación del viaducto La Polvorilla, a 20 kilómetros de San Antonio, todo se paralizó por seis años, y, para colmo de males, el Ing. Maury, que se encontraba trabajando en las inmediaciones de Abra Chorrillo, el punto más alto del ramal (4.300 metros sobre el nivel del mar), es separado por un interventor militar del ferrocarril, el cual le instruye un sumario.

 

En 1936 los trabajos se reanudan, y en 1941 la enrieladura llega a Olacapato, mientras que el tren lo hará en 1943. A Unquillal lo hará en 1944 y al año siguiente a Tolar Grande.

 

Ultimo impulso

 

Luego de casi dos años de paralización, a mediados de 1946 llegó el último impulso político y económico. Por otra parte, el trazado, por razones técnicas, cambia el paso de Huaytiquina por el de Socompa. Finalmente, el 17 de enero de 1948, los rieles argentinos se unen a los chilenos en Socompa, y se elige la fecha del 20 de febrero como día de inauguración de la obra por la cual se había comenzado a trabajar 59 años antes, con los estudios de Abd El Kader, en 1889.

 

El Tren a las Nubes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este emprendimiento ferroturístico, hoy de renombre mundial, nace por iniciativa de las autoridades del Ferrocarril General Belgrano, quienes en noviembre de 1971, resuelven hacer correr un tren experimental con funcionarios y periodistas.

 

El 16 de julio de 1972 -hace 29 años- se realiza el primer viaje oficial turístico, lo que se mantendrá por 18 años, hasta 1990, cuando los ferrocarriles del Estado son privatizados. Desde 1991, el emprendimiento turístico "Tren a las Nubes" permanece en manos de capitales privados salteños.

 

Origen del nombre

 

El nombre de "Tren a las Nubes" se debe a un filme en colores, realizado por dos camarógrafos tucumanos -estudiantes de la Universidad Nacional-, en los primeros años de la década del '60, que hicieron el tramo Salta-Socompa a bordo del tren internacional de pasajeros, que en esos tiempos corría traccionado por máquinas a vapor, -las famosas "1300"-, y salía de la Estación Salta los días jueves a horas 11.05. Los camarógrafos apalabraron al maquinista, para que cuando la formación llegara al viaducto La Polvorilla, la máquina hiciera una descarga lateral de vapor, de forma tal que ellos pudieran filmarlo desde las ventanillas de los vagones. Así ocurrió, y el vapor liberado por la máquina, a consecuencia de la baja temperatura del lugar, no se disipó rápidamente y quedó flotando por unos momentos en el firmamento puneño, lo que facilitó la filmación. El trabajo posteriormente fue ofrecido al Ferrocarril, quien luego de adquirirlo lo cedió al periodista del diario Clarín, Emilio Petcoff, a los fines que hiciera el guión del documental. Petcoff, al observar la filmación, se vió atraido por el chorro de vapor que la máquina exhaló en La Polvorilla y tituló al trabajo "Tren a las Nubes". Posteriormente Ferrocarriles Argentinos adoptó este nombre para el único emprendimiento turístico que en ese momento tenía en el país, y que recorría 240 kilómetros sobre el Ramal C 14, Salta Antofagasta.

 

MUSEOS Y ESPACIOS

Museo de Bellas Artes "Casa de Arias Rengel"
Jefe del Departamento: Sr. D. Alberto Elicetche (a/c)
La Florida 20 Tel 54-3087- 214714

Funcionaen una casa construída en el Siglo XVIII que perteneció al conquistador del Chaco, el General Arias Rangel. En la planta baja se realizan exposiciones temporarias de artistas de Salta y de otros lugares.
En la planta alta se encuentra la sala de arte colonial, con obras de los Siglos XVIII Y XIX y la colección de obras de artístas de Salta, en los comienzos del Siglo XX hasta nuestros días. Entre los más destacados se pueden mencionar una escultura en madera tallada de laAsunción de la Vírgen  , proveniente de las misiones jesuíticas del Chaco salteño, Un retrato de Francisco Uriburu realizado
por el español Joaquín Sorolla, Una visión de la ciudad de Salta realizada por el italiano Carlo Penutti que nos muestra una interesante vista de la ciudad en 1874 en la qu
e se puede observar  el convento de San Bernardo y la iglesiade San Francisco, aún sin la torre.

Museo de la Ciudad "Casa de Hernández"
Florida 91 Tel: 54-3087-319443

Funciona en la casa construida por el capitán Juan Hernández y Enriquez en 1870.
En el museo pueden apreciarse distintos elementos que tienen que ver con los usos y costumbres antiguos de la ciudad de Salta. En la planta baja esta la sala Guemes, ambientada con mobiliario de los siglos XVIII y XIX y presidida por la obra de Guemes de Lorenzo Gigli y la sala profesora María Teresa Cadena de Hessling en la que se realizan exposiciones extraordinarias. En la planta alta hay óleos y fotografías pertenecientes a ex intendentes desde 1857, mobiliario, cámaras fotográficas, elementos de la vida cotidiana, planos, fotografías que permiten ver la evolución edilicia de salta y fotografías y textos informativos sobre los edificios públicos.


Museo de Arte Popular Iberoamericana de la Fundación Maíz
Manuela G. de Todd 602
Tel 54-3087-213729 Concertar entrevista

Este museo es único en su genero en Sudamérica y fue fundado en Cafayate en 1953 para trasladarse a la ciudad de Salta en 1985. Las colecciones están compuestas por 3800 piezas y entre ellas se destacan la de los "Nacimientos" y la de las "Palomas Artesanales".

Museo Histórico "José Evaristo Uriburu"
Caseros 417 
Teléfono: 0387 – 4215340/4218174.

Forma parte del Complejo Museológico del Norte, ubicado en una sencilla vivienda edificada en la segunda mitad del siglo XVIII. La característica mas sobresaliente es su entrada directa desde la calle al patio principal. Pueden apreciarse documentos y objetos del General Alvarez de Arenales, de los presidentes José Evaristo Uriburu y José Félix Uriburu. Se exhibe en forma permanente la muestra de usos y costumbres que relata el devenir de la vida cotidiana de días pasados.
Horario de visitas: Martes a domingos de 9:30 a 13:30 y de 15:30 a 20:30 horas. Lunes cerrado.

Museo de la Iglesia San Francisco
Caseros esquina Córdoba
Teléfono: 0387- 4310830/ 213789.

Funciona en el interior de la Iglesia San Francisco, uno de los edificios simbólicos de la ciudad de Salta. Posee una biblioteca de 40.000 volúmenes con incunables de 1488. El museo se encuentra en la Sacristía de la congregación y allí pueden apreciarse imágenes del siglo XVII, una talla de San Francisco de Asís realizada por el español Francisco de Rivera, una Virgen de Madera policromada del siglo XVII, un Niño Dios cuzqueño de la misma época, ornamentos litúrgicos, imágenes de Cristo, petacas, cómodas, sillones fraileros y otros muebles de los siglos XVIII y XIX en jacarandá y roble.
Horario de visitas: Martes a viernes de 10:30 a 12:30 y de 16:30 a 18:30 horas. Sábados de 10:30 a 12:30 horas.

Museo de Antropología de Salta "Juan Martin Leguizamon"
Ejército del Norte y Polo Sur 
Teléfono: 0387- 4222960.

Posee colecciones arqueológicas de los períodos temprano, medio y tardío; etnográficas de grupos matacos, chiriguanos, chanés y folklore del Noroeste. Cuenta con una sala dedicada a la ciudad precolombina de Tastil, con importantes piezas de cerámica, madera, metal y objetos líticos, además de una sala de Alta Montaña en la que se expone una momia hallada en la cumbre de la cordillera de los Andes, en la región de Atacama. Además cuenta con una muestra etnográfica de la cultura del pueblo wichi.
Horarios de visita: Lunes a viernes de 8:00 a 18:00 horas / Sábados y domingos de 9:00 a 13:00 horas

Museo Catedralicio " Monseñor Carlos María Perez"
Belgrano 587 
Teléfono: 0387 – 4318206

El museo forma parte de la Catedral de Salta, un lugar digno de visitar por su riqueza y belleza arquitectónica. En su interior pueden apreciarse pinturas de representaciones de la Virgen María y los santos pertenecientes a autores italianos, españoles, altoperuanos y salteños de los siglos XVIII y XIX; tallas policromadas de tela encolada que tienen su origen en el Perú, Alto Perú, las misiones jesuíticas y Salta. Se pueden apreciar en él piezas de orfebrería destinadas al culto como cálices, candeleros, inciensarios, custodias de artistas mestizos del siglo XVIII y XIX. También hay elementos de mobiliario, libros e impresos, vestiduras y ornamentos.
Horarios de visita: Martes a viernes de 10:30 a 12:30 horas y de 16:30 a 18:30 horas. Sábados de 10:30 a 12:30 horas.

Cafayate

Museo de arte Sacro
Camila Quintana Del Nino Sin Numero continuación de San Martín
Tel parroquia Nuestra Señora del Rosario Tel: 54-3868-21227
(se abre por pedido)

Funciona en un edificio centenario y posee una sala y un patio su pieza más valiosa es un San Ignacio de Loyola realizado en madera policromada bañada en oro, de la escuela castellana del siglo XVII también se encuentran las bulas de erección de la parroquia del Papa León XIII, libros antiguos de canto Gregoriano y un Cristo Rey en madera tallada del siglo XVIII.

Animaná

Museo de Artes Visuales "Carlos Luis García Bes"
Benito Quinquela Martín sin numero

Posee una importante colección de pintura y esculturas de pintores salteños y fundamentalmente, de la zona. A sufrido grandes depredaciones y actualmente se encuentra cerrado. Posee una sala y una biblioteca.

Rosario de la Frontera

Museo Municipal de Bellas Artes
Casa de la Cultura Lavalle y Guemes


Este museo fue creado en 1996 gracias a la donación de las obras que hizo el profesor Amelio Ronco Cerutti escultor egresado de la academia de bellas artes. Fue el fundador de la Escuela de Bellas Artes "Quinquela Martin" de Rosario de la Frontera. La coleccione que dio pie al museo esta integrada por dibujos, óleos, aguafuertes, yesos y bronces, todos originales, de autores nacionales.

Museo y Escuela de Bellas Artes "Benito Quinquela Martín"
San Martín 456

La Candelaria

Casa Natal de Lola Mora
por ruta nacional numero 9 en la localidad de El Jardín a 2 kilómetros de El Tala
Tel 54-3876 -92046
(aun no esta habilitado)

Fue la primera escultora argentina, una pionera de la minería, una investigadora, urbanista y escritora. La casa fue adquirida por el padre de Lola Mora en 1969. Es una típica casa colonial con techo de teja, gruesas paredes y galería. Este solar es la prueba irrefutable que tienen los salteños sobre el nacimiento de la escultora que muchos lo sitúan en la provincia de Tucumán.

ver en Artesur: Lola Mora / English


Tartagal


Museo Artesanal "Eva Peron"
casa de la cultura
San Martín 354
Tel 54-3-0875 -21263

Fue inaugurado en 1991 y se congregan aquí animales de la fauna autóctona del departamento de San Martín del Chaco Salteño y artesanías de los grupos aborígenes Matácos y Chanes. Entre las artesanías hay mascaras rituales realizadas en palo borracho, canastas, sillones, vasijas, yerbateros y tapices tejidos con lanas de oveja. También hay piezas talladas en madera de palo santo, como mates, huevos, platos, imágenes religiosas y fósiles.

 

 

 

Las Corrientes Colonizadoras

Cuando los españoles ingresaron al territorio de la actual Argentina entraron en contacto con grupos indígenas que tenían diversos grados de desarrollo.

Luego del descubrimiento de América en 1492 se inició la conquista y colonización de vastos territorios.

Sus objetivos eran obtener metales preciosos y expandir la fe católica.

A pesar de ser inferiores en número, los españoles alcanzaron un éxito rotundo gracias a sus armas de fuego, los caballos y armaduras.

Otros factores que contribuyeron a la victoria española fueron la sorpresa que provocaron entre los indígenas que los tomaron por Dioses.


1) Corriente Colonizadora del Norte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El primero en ingresar al norte de nuestro país fue Diego de Almagro en 1536, pero no realizó ninguna fundación ya que ese no era su objetivo.

Luego de algunos problemas políticos fue encomendado en la región Juan Nuñez de Prado, que fundó junto a ochenta hombres una ciudad denominada "Del Barco" (Tucumán). Nuevos conflictos entre los conquistadores españoles, provocaron el desplazamiento de la aldea hasta las orillas del Río Dulce fundándose Santiago del Estero en 1553, quedando bajo la jurisdicción de la audiencia de Charcas.

Posteriormente, Diego de Villaroel fundó la ciudad de San Miguel de Tucumán en 1565, emplazándose en forma definitiva en 1585.

Por otra parte en 1573, Luis de Cabrera instaló La ciudad de Córdoba del Tucumán. El siguiente gobernador de la zona, Gonzalo de Abreu no fundó ciudades, siendo reemplazado por Hernando de Lerma que en el 1582 fundó la ciudad de San Felipe de Lerma, en el valle de Salta.

El 20 de mayo de 1591, Juan Ramirez de Velazco, con la finalidad de establecer un asiento estratégico para combatir a los indígenas, funda Todos los Santos de la Nueva Rioja (actual La Rioja); dos años después, por orden suya, Francisco Argañaras erigió San Salvador de Jujuy el 19 de Abril de 1593.


2) Corriente Colonizadora del Oeste.

 

La región de Cuyo fue explorada por Francisco Villagra, sin embargo, años mas tarde, el capitán Pedro del Castillo fundó la ciudad de Mendoza, el 2 de Marzo de 1561.

Al año siguiente, Juán Jufré comprobó la deficiente localización de la Aldea fundada y la trasladó a la ubicación actual, denominándola "Resurrección", este mismo comisionado, el 13 de Junio de 1562, fundó San Juán de la Frontera.

A fines de este siglo, la llegada de Luis Jufré de Loaysa produce la fundación de San Luis de la Punta en 1596.

Cabe señalar, que las fundaciones mencionadas se realizaron en forma pacífica, constituyéndose la Región en una zona próspera por su producción y actividad comercial.


3) La corriente Colonizadora del Este

 

La colonización llevada a cabo en el este de nuestro país quizas sea la más conocida, tanto por los lugares fundados como así también por los conquistadores que la realizaron.

La primera expedición que llegó al Río de la Plata fue la de Juan Díaz de Solis en Enero en 1516, que desembarcó en las costas de Uruguay. Luego de esta instalación, Solis es atacado y muerto por los indios de la zona.

Cuatro años más tarde, la flota de Hernando de Magallanes costea el litoral de la provincia de Bs. As. y descubre el estrecho de Todos los Santos el 21 de Octubre de 1520.

Pero recién, en Junio de 1527, Sebastián Caboto, se interna en el Río Paraná y funda el Fuerte Sancti Spiritus; luego regresa en 1530 a España, llevando consigo la leyenda de "La sierra de Plata y las tierras del Rey Blanco".

Esta leyenda fue la que indujo a Carlos I a financiar la expedición ultramarina de Pedro de Mendoza en 1536. En el mes de Febrero cerca del actual Parque Lezama, fundó un asentamiento que denominó Nuestra Señora del Buen Aire, nombre escogido en honor a la virgen del Santuario de Cagliari, patrona de los navegantes. Instalado en este lugar, comenzó la exploración de los alrededores y fundó antes de su regreso a España, a causa de una enfermedad, el fuerte de Buena Esperanza.

Tras la ausencia de Mendoza; Juan de Ayolas continuó con las fun19/07/97daciones de fuertes como Candelaria y Asunción, ambos en 1537. Ante este panorama, Buenos Aires había sido despoblada y destruída en 1541.

El personaje central de la última parte del siglo XVI fue Juan de Garay que fundó en 1573, la ciudad de Santa Fé de La Veracruz y en 1580 realizó la nueva fundación de la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires en la actual Plaza de Mayo. Tres años después, fue sorprendido y muerto en las cercanías del Río Carcarañá.

El gobernador de Asunción del Paraguay, Juan Torres de Vera y Aragón fundó la ciudad de Vera, actual Corrientes, en 1588.

Todas estas fundaciones e instalaciones españolas pusieron de manifiesto el interés colonial de la corona en cuanto a la explotación socioeconómica de la época, los intereses en América, como así también el circuito comercial considerando las redes de comercialización de mercancías.

 

Historia de Salta

Origen y antecedentes de la Fundación de Salta

Por: Atilio Cornejo

 

1.- No se trata de un acontecimiento aislado la fundación de nuestra ciudad. En efecto, después de la expedición de Almagro a Chile - en 1536 - que siguiera las huellas del inca Tupac Yupanqui; de las de Diego de Rojas en 1543 y de Núñez de Prado en 1550 al Tucumán y de las posteriores de Francisco de Villagra (1551), Juan Pérez de Zurita (1558), Francisco de Aguirre (1553), Diego Pacheco y otros, el valle de Salta, actualmente llamado Valle de Lerma, fué considerado por las autoridades del Virreynato del Perú y de la Real Audiencia de Charcas como un punto de trascendental importancia estratégica y comercial.

Fué, sin duda, Francisco de Aguirre quién proyectó fundar una ciudad en el valle de Salta, de acuerdo a su vasto plan trazado respecto del actual territorio argentino. De ahí que el Virrey don Francisco de Toledo en los nombramientos de Gobernadores del Tucumán a favor de Gerónimo Luis de Cabrera (1571), Gonzalo de Abreu y Figueroa (1575) y Hernando de Lerma (1577) los extendiera ``con la condición de fundar una ciudad en el valle de Salta'', y en el sitio que mejor les pareciere, para contener a los indios chiriguanos y calchaquíes. El mismo Toledo autorizó a Pedro de Zárate en 1575 para fundar una ciudad `` en cualquiera de los tres valles, Salta, Jujuy o Calchaquí'', fundándola seguramente en Campo Santo, bajo el nombre de San Francisco de Alava siendo luego destruída por los salvajes. El oidor de la Audiencia, Juan Matienzo, en 1556, ya se refería al valle de Salta en su obra ``Gobierno del Perú''.

Cabrera no cumplió con su compromiso, pero fundó la ciudad de Córdoba; Abreu y Figueroa fundó dos veces la ciudad del Valle de Salta en el valle de Salta, bajo el nombre de San Clemente de la Nueva Sevilla, más o menos a la entrada de la quebrada de Escoipe, por Peñaflor, en el actual Departamento de Chicoana, según lo comprueban documentos irrefutables que obran en nuestro poder. Con anterioridad, Abreu fundó San Clemente en el valle Calchaquí, reedificando la población que en ese punto hizo Zorita en 1559 bajo el nombre de Córdoba de Calchaquí, próxima a la segunda ciudad del Barco fundada en 1551 por Núñez de Prado y más o menos cerca del actual pueblo de San Carlos. La primera fundación de Abreu en Calchaquí fué destruída por los naturales y reedificada en 1631 por el Gobernador Albornoz, bajo el nombre de N. S. de Guadalupe. La segunda y tercera, asentadas en Chicoana, también fueron destruídas.

Con anterioridad, en 1566, se echaron las bases de una ciudad en Esteco y en 1567 la mandó fundar Diego Pacheco bajo el nombre de N. S. de Talavera a 45 leguas al norte y a la misma altitud de S. del Estero. En 1592 Ramírez y Velazco fundó Madrid de las Juntas, en la unión de los ríos Piedras y Pasaje a 22 leguas de Talavera y 22 de Salta y en 1609 el Gobernador Rivera despobló Talavera y Madrid de las Juntas y pobló la ciudad de Talavera de Madrid a 3 leguas de Madrid, 25 de Talavera y 28 de Jujuy, ciudad que comunmente es conocida por Esteco, en atención al paraje o provincia en donde estaba situada y que, como es sabido fué destruída por los terremotos de 1692.

Recién en Junio de 1580 llegó Hernando de Lerma a Santiago del Estero, como gobernador del Tucumán nombrado por el Rey en noviembre de 1577, con instrucciones del Virrey Toledo y de la Audiencia, dadas en 1579 y con la ``la obligación de fundar un pueblo en Salta''.

Después de algunas expediciones, Hernando de Lerma por fin, fundó la Ciudad de San Felipe de Lerma en el Valle de Salta el 16 de Abril de 1582 y en el mismo sitio donde se halla actualmente.

En 1587 se intentó trasladarla bajo el nombre de San Felipe de la Nueva Rioja y en 1588 se trató de su mudanza al río Siancas, pero sin resultado.

Con el tiempo, se la conoce simplemente por Salta. En 1792 se la declaró capital de la Intendencia de Salta del Tucumán y después de la Revolución de Mayo pasó a ser la capital de la provincia de argentina del mismo nombre.

Bien merecen recordarse, así como a Lerma, los nombres del Virrey Toledo, de Francisco de Aguirre y de Gonzalo de Abreu, precursores de la fundación de Salta.

2.- Como se verá, el nombre de Salta existía mucho antes de su fundación y antes de la llegada de los conquistadores. No es una palabra española, sino indígena, que indicaba el nombre del lugar y, posiblemente, de una tribu. Es aventurado, entonces, afirmar en sentido absoluto cual sea el verdadero significado de la palabra Salta, como lo hicieran algunos al creer que viene de aquello de Salta para que no te ahogues (Zorroguieta; M. Solá; Zinny); o de Sagta, que hermoso! (A. L. Dávalos; B. Frías); etc., siendo en cambio un hecho comprobado que, en casi todo el norte argentino y debido seguramente a la circunstancia del arraigo de los elementos aborígenes y nativos, se conservaron los nombres de los parajes respectivos en que fueron fundadas las ciudades por los españoles y nó la denominación que les dieron sus respectivos fundadores. Tal sucede con San Felipe de Lerma en el valle de Salta; Talavera de Madrid de Esteco; San Fernando de Catamarca; San Miguel de Tucumán; San Salvador de Velazco en el valle de Jujuy; etc.

  

La Fundación de Salta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Rafael Gutierrez

LA CONQUISTA DE LA GOBERNACIÓN DEL TUCUMÁN

            La fundación de ciudades en el actual territorio argentino comenzó por el norte, en el extenso territorio llamado del Tucumán, con la intención de consolidar los dominios españoles en la zona y proveer de hombres, mercancías y animales de carga para la explotación minera de Potosí.

            La primera ciudad que se estable en el Tucumán fue Santiago del Estero, fundada en 1533 por Francisco de Aguirre, quien la reclamó para la jurisdicción de Chile, pero, finalmente, una Real Cédula la puso bajo la autoridad de la Audiencia de Charcas.

            Jerónimo Luis de Cabrera recibió órdenes del Virrey Francisco de Toledo de fundar una ciudad en el Valle de Salta para garantizar la pacificación de la zona, pero el conquistador se fue muy al Sur y fundó Córdoba, convencido de que con ello ampliaba el control sobre el territorio y se aproximaba a un puerto sobre el Atlántico que aún no se había construido, la futura ciudad de Buenos Aires.

LLEGA LERMA AL TUCUMÁN

            En 1577 el Rey Felipe II designó al Licenciado Hernando de Lerma Gobernador de la Provincia de Tucumán; cargo que tardó dos años en asumir porque el flamante gobernador no disponía de medios para costearse la larga travesía hasta su destino, tal es así que en Potosí los oficiales reales le dieron un préstamo para que pudiera llegar a la ciudad de Santiago del Estero.

            El nuevo gobernador llegó a la sede de su gobierno el 16 de junio de 1580 y, tan pronto lo hizo, mandó encarcelar a su predecesor, Gonzalo de Abreu, sospechado de apoderarse de tierras, y su familia. No conforme con ello procedió a torturarlo hasta que murió en 1581.

            El Obispo de entonces, fray Francisco Victoria, envió al Deán Francisco de Salcedo para que se hiciera cargo de la iglesia en Santiago. A su llegada fue bien recibido por el gobernador que lo albergó en su propia casa, hasta que comenzaron a enfrentarse por motivo de la validez de sus respectivos títulos, el uno de Deán, el otro de Licenciado.

            La disputa llegó a tal extremo que se formaron bandos entre los ciudadanos, hasta que Lerma ganó la contienda ocasionando que Francisco de Salcedo se decidiera a regresar al Perú, pero fue detenido en Talavera y encarcelado humillantemente junto a criminales comunes.

            Nadie se atrevía a contradecir ni enfrentar a Lerma porque quienes lo hacían padecían apremios legales hábilmente preparados por el gobernador, con los que los despojaba de bienes, libertad y hasta de la vida.

            La soberbia y la impunidad de Lerma fueron en crecimiento, a tal punto que no vacilaba en vejar a funcionarios, clérigos y civiles, ya que, lejos de las altas autoridades del Perú, no podían hacer llegar las quejas por su despotismo.

            EL VIRREY ORDENA FUNDAR UNA NUEVA CIUDAD

            Cuándo el Virrey Toledo ordenó a Lerma la fundación de una ciudad al Norte de Santiago, que asegurara las comunicaciones en la gobernación del Tucumán, los pobladores se sintieron aliviados porque sabían que esa obligación lo distraería.

            Apelando a su poder, el Gobernador convocó a los encomenderos de la zona para que costearan la empresa con bienes e indios y lo acompañaran en la nueva fundación.

            El 3 de abril de 1582 setenta españoles, acompañados por indios pacificados, llegaron al paraje de Siancas y lo estudiaron en su situación estratégica en relación con el valle Calchaquí. Finalmente decidieron que el valle de Salta era más propicio para la fundación porque permitiría controlar a los calchaquíes y a los homahuacas que amenazaban los caminos de la zona.

            El 16 de abril de 1582, el Licenciado Don Hernando de Lerma, en nombre de la Santísima Trinidad, de la Virgen Santa María, del Apóstol Santiago y de Su Majestad el Rey de España, fundó la ciudad de Lerma en el valle de Salta, distribuyendo los solares para el Cabildo, la Catedral y los primeros vecinos, entre quienes se encontraba Ruy Díaz de Guzmán, autor de La Argentina manuscrita.

           

 No se estableció Santo Patrón el día de la fundación sino que fue elegido después en un sorteo realizado el 30 de setiembre, en el que la niña Petronita de Bobadilla sacó el nombre de San Bernardo Abad, aunque cayó en el olvido y se lo relegó a un segundo plano a favor de San Felipe Apóstol, por lo que la ciudad pasó a ser reconocida como San Felipe de Lerma, valle de Salta.

            Luego de realizar el acto de fundación, Lerma dejó a cargo a su maestre de campo Lope Bravo de Zamora. Actitud que sorprende, ya que tratándose de una fundación estratégica el gobernador debería haberle prestado mayor importancia pero estaba más preocupado por mantener el control sobre los pobladores de las ciudades ya existentes. Tal es así que tan pronto como regresó a Santiago mandó a encarcelar a todos aquellos de quienes sospechaba.

          

 LUGAR INSALUBRE

            En una reunión celebrada el 6 de abril de 1587 se trató la necesidad de trasladar la ciudad a un emplazamiento menos insalubre, ya que el sitio estaba sitiado de ciénagas o pantanos, que el fundador había considerado de importancia estratégica para la defensa de la población, ya que funcionaban a manera de fosos que facilitaban contener el ataque de los indígenas que asediaban la ciudad permanentemente.

            El tema del traslado fue tratado nuevamente en el Cabildo Abierto de 18 de marzo de 1588, proponiéndose como nueva locación  las costas del río Vaqueros, sin embargo no se hizo lugar a la moción porque el río no tenía un caudal permanente todo el año y amenazaba con dejar a los pobladores sin agua durante el invierno.

            Finalmente prevaleció la actitud de conservar el emplazamiento ordenado por Lerma y tratar de mejorarlo con trabajos de ingeniería.

          

 LA CAÍDA DEL DÉSPOTA

            La ciudad de Lerma se encontró durante mucho tiempo sin asistencia espiritual porque la actitud de su fundador enfrentándose con los clérigos ocasionó que ningún religioso quisiera aventurarse por sus dominios.

            Cuando estuvieron designados Fray Francisco Vázquez y Francisco Solís como administradores de la Catedral, sus prédicas molestaron al Licenciado de Lerma, quien comenzó a amenazarlos, a tal punto que los feligreses temían entrar a la iglesia. No conforme con ello mandó prenderlos, pero los clérigos se refugiaron en la Catedral acogiéndose al seguro de asilo. Por lo que el Gobernador se ensañó con los amigos de los sacerdotes dándoles cárcel.

            Finalmente las quejas llegaron a la Audiencia de Charcas, autoridad por encima de la gobernación del Tucumán que designó el 6 de noviembre de 1583 al Capitán Francisco Arévalo Briceño alguacil mayor de la Real Audiencia para que se encargara de atender las denuncias y en 1584 detuvo en Santiago del Estero al Licenciado Hernando de Lerma. El pueblo manifestó públicamente su regocijo cuando el déspota fue detenido y procesado.

            El juicio fue iniciado en Chuquisaca, pero el Licenciado apeló al Real Supremo Consejo de Indias y fue a dar a Madrid, donde fue encarcelado y murió muy pobre antes de recibir la última sentencia definitiva en su causa.

            El gobierno quedó interinamente a cargo del Capitán Alonso de Cepeda, quien se mantuvo en el cargo hasta 1586 cuando asumió el nuevo gobernador designado por el rey, Juan Ramírez de Velasco.

            En 1587, luego de cinco años sin la asistencia de los Sacramentos, la ciudad de Lerma recibió al Licenciado Pedro López de Barrasa para que se hiciese cargo de la Catedral y del consuelo espiritual de los salteños.

         

  EL NOMBRE DE SALTA

            Debido a los procederes del Gobernador del Tucumán y Fundador de Salta, sus contemporáneos juzgaron que lo único bueno que había hecho fue acatar la orden del Virrey Toledo de fundar una nueva ciudad, pero nadie quería recordar sus abusos y ni siquiera su nombre. Ya en Documentos no muy posteriores a la destitución de Lerma, la ciudad comienza a ser llamada San Felipe el Real o Ciudad de Salta.

            El nombre del paraje, valle de Salta, era muy anterior a la fundación de la ciudad y puede provenir del nombre de los indios saltas; o salla ta “peñas-lugar”; o sagta “muy hermoso”; o sagtay “reunión de lo sobresaliente”.

            Acepciones que no se contraponen sino que enriquecen semánticamente el nombre del lugar que ha sido asiento de muchas poblaciones nativas antes de la llegada de los españoles, un lugar ubicado entre montañas, un valle hermoso que se prestó para ser reunión de importantes transacciones comerciales y hechos históricos.

          

 OTRA VERSIÓN

            Esta terrible historia que aparentemente explica el actual nombre de la ciudad de Salta tiene sin embargo otra versión. Por esta otra historia el Licenciado don Hernando de Lerma fue uno de los pocos hombres ilustrados que llegó a las colonias, poseía un titulo universitario, era licenciado en leyes; muy diferente en eso a los aventureros segundones y otra clase de gente de dudosa reputación que pobló América.

Según algunos, don Hernando de Lerma enfrentó el poder de la Iglesia con su poder temporal porque tal vez fue un marrano, o judío converso, y trató de proteger a otros como él en suelo americano. Su conocimiento de leyes lo hizo un adversario temible, por lo que la Iglesia se confabuló en su contra creando versiones terribles sobre su persona. Las historias sobre su despotismo y herejía se difundieron entre sus contemporáneos y en las cortes de justicia hasta lograr su condena. Esas versiones fueron las que llegaron hasta nuestros días.

 

 

 

 

Don. Hernando de Lerma

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nacido el 1 de Noviembre de 1541 en el Ayuntamiento de Lerma pueblo ubicado sobre las margenes del Río Arlanza al sur de Burgos, y ostentaba el titulo de Licenciado fué nombrado Gobernador de Tucumán por Felipe II el 13 de Noviembre de 1577.

Las crónicas de la época hablan del Licenciado Lerma como una persona de altiva entereza, dice Paul Goussac en su Ensayo Historico sobre el Tucumán que "... la administración de Lerma no fué sinó una serie de criminales atentados". También Groussac dice que se había ensañado con el delegado del Obispo Victoria, y cuantos salieron en su defensa. Esto colmó la medida y la Audiencia de Charcas decretó su prisión. Anteriormente había tenido otro problema con el Dean Don Francisco Salcedo quien había levantado la Catedral de Santiago del Estero (que es considerada la Madre de Ciudades, ya que es la 1er. Fundación en lo que sería después la Rep. Argentina.

Salcedo y sus partidarios fueron perseguidos, se les confiscaron bienes, mató y envió a prisión a sus seguidores y Salcedo que se había retirado a Esteco ( ciudad desaparecida ), estando enfermo en el Convento de Mercedarios de Esteco fué sacado violentamente de la cama y despachado preso a la Audiencia de Charcas.

El Historiador riojano ( de nacimiento ), Armando Bazán en su libro de Historía de La Rioja dice: " Hernando de Lerma maligno como la peste, que abusó de vidas y haciendo ajenas, mal avenido con la Audiencia y el Obispo Victoria pero reinvicó su nombre con la fundación de Lerma en el Valle de Salta, designación esta que finalmente perdurariá ".

Por la abundancia de tierras fértiles para estancias y sementeras (para sembrar)", Hernando de Lerma eligió las márgenes del río Arenales para fundar Salta, en abril de 1582, según sus propias palabras. Sevillano, temperamental, licenciado en Leyes, de 37 años, el enviado español veía ventajas inmediatas y tangibles. Podía contar con algunos "indios amigos" y aprovechar las ventajas de esa localización para crear defensas naturales en torno del pequeño caseríos, asediado por los aborígenes hostiles. Lerma no tenía dudas de que consolidando un pueblo en Salta, la relación de esta región con el Perú sería más fluida; también con Chile, "para proveer de cosas desde España por la navegación a través del Río de la Plata". En esta estimación no estaba ausente la poderosa economía minera de Potosí, devoradora de mano de obra y de productos de la Gobernación del Tucumán. Haciendo pie en este acogedor valle, Lerma aprovechó las vías de comunicación insinuadas por la naturaleza y seguidas por los primitivos habitantes aborígenes, y así fortalecer los dispersos, débiles y escasos núcleos de la población española. Conseguido este objetivo, se podía formar una red de circulación de hombres, animales, mercancías y noticias que, con eje en Potosí, permitiría la comunicación entre los puertos El Callao (Perú) y el de la recién fundada Buenos Aires. Pero nada resultó tan fácil como suponía el fundador de Salta. "La ciudad de Lerma en el Valle de Salta - tal la primera denominación que recibió la actual Capital de la Provincia- se vio agitada por feroces rencillas entre codiciosos conquistadores, amenazada por la resistencia indígena de los Valles y de la zona chaqueña, debilitada por las hambrunas, diezmada por las pestes y sobresaltada por los temblores de tierra".

Transcurridos los primeros veinte años, Salta tendía a reducirse antes que a crecer. Fueron los indios calchaquíes los que con más crudeza se enfrentaron a los españoles, entre 1630 y 1640. Pero también hicieron lo suyo los indios quilmes y los indios mocovíes, muchos erradicados de la zona y otros muertos o expulsados hacia otras fronteras. El equilibrio entre los puertos El Callao (hoy Perú) y Buenos Aires (actualmente Argentina) era difícil e inestable durante la colonia española. En 1776, se estableció el Virreynato del Río de la Plata y en 1784 surgió una nueva Intendencia con capital en Salta. Y la ciudad comenzó a crecer recién cuando llegó la pacificación de la frontera oriental, sellada entre el gobernador español y el cacique de los mocovíes. Salta empezó a recibir recursos vía pago de impuestos por cada cabeza de ganado en tránsito al Alto Perú; se diversificó la economía y la arquitectura colonial -casas de dos plantas con típicas rejas y balcones volados- empezó a expandirse. Pero a esa generación de españoles que ya estaba afincada aquí, las cosas tampoco le resultados fáciles; la sociedad se hizo más compleja, las necesidades cambiaron y las expectativas de riquezas y de consumo superaron a la vida austera del comienzo.

Dice Goussac " Arrestado en 1584, con inequívocas muestras de júbilo de parte de todo el pueblo, fué condenado en el Juicio de residencia, como resultado de su apelación al Supremo Consejo de Indias, trasladado a la Carcel de Corte en España donde murió ", ahora bién no se sabe si murió ese año o después.

 

El Poncho Salteño

 

 

"Había en Salta un cura de apellido Zerda, activo y convencido realista que resolvió crear un escuadrón o unidad de milicias en defensa de la corona. Este personaje armó, uniformó y sostuvo esta unidad a su costa, y la llamó LOS ANGELICOS, por considerarlos como los ángeles defensores de una justa causa.

 

Güemes retrucó la iniciativa creando el Regimiento de LOS INFERNALES, a quienes uniformó de color rojo, tal como hasta hoy los conocemos. Güemes, alegaba que con los infernales vencería a estos falsos ángeles en aras de una causa aún más justa que la de los Angélicos."

 

(Aporte del Dr. Darío Arias) 

Un Poncho con Luto

 

En un artículo publicado por la Revista "Nuestra" en 1.999 y

firmado por Jesús Rodríguez se lee: “Güemes sabía que,

a causa de su hemofilia, una herida cortante en su cuerpo

 podía conducirlo a la muerte. Su médico de cabecera, el escocés

 Read Head se lo advertía continuamente.

A los 14 años Güemes inició su carrera militar. El 6 de Mayo de

 1.815 fue elegido gobernador de la Provincia de Salta, que desde

 el 8 de octubre de 1.814 estaba integrada por Salta, Jujuy, Tarija y

 Orán, más los distritos rurales. Por entonces, el poncho rojo punzó

o grana era vestido por Los Infernales, la escolta principal de Güemes,

considerada cuerpo de elite.

En 1.921, durante la conmemoración del Centenario de la muerte del Héroe Gaucho, el gobernador salteño, Joaquín Castellanos hizo incorporar un par de lonjas negras al poncho rojo punzó como señal de luto. Hoy se lo conoce como poncho de Güemes, aunque el color fue desvirtuado, explicó Antonio Sorich”.

 

La Historia del Carnaval

 

Por Angel López Cantos

Doctor en Historia de América. Autor de "Juegos, fiestas y diversiones en la América española". Colección Mapfre, Madrid, 1992.

 

Los carnavales en la América española:

 

¿Cuándo comenzó a festejarse el carnaval entre nosotros? ¿Acaso a finales del siglo XIX? ¿Tal vez hacia comienzos de esa centuria?, al estar por referencias de "La Revista de Salta" (1824). Muchos autores no se atreven a arriesgar fechas. Según otros, los festejos de la carne están entremezclados con la llegada de los españoles. Angel López Cantos aborda aquí el menos conocido carnaval en América durante la época colonial.

 

Como casi la totalidad de las manifestaciones lúdicas que llegaron a América, el carnaval lo hizo vía España. Es cierto que siendo esta diversión parte de la cultura europea, no pudo librarse de sus influencias, pero no es menos cierto que allí echará raíces el modelo que, con elementos propios y postizos, había cristalizado en la península. A su arribo a América se enriquecerá con algunas modificaciones autóctonas, aunque en el fondo podemos afirmar que simplemente constituyeron unas variantes más del carnaval hispánico.

 

En el momento del descubrimiento esta diversión había adquirido ya en España unas formas estables y una gran aceptación entre sus habitantes. Cruzaría el océano con los conquistadores y colonizadores sin perder un ápice de popularidad y de fuerza. La llevarían a todos los lugares donde se establecieron.

 

Los principios básicos en que se basaban los regocijos de carnestolendas eran las máscaras y los disfraces, aunque también es cierto que no había necesidad de estar en el carnaval para utilizarlos. Infinidad de ocasiones los indianos echaron mano a ambos recursos, sobre todo en las conmemoraciones patronales, en la del apóstol Santiago y en algunas súbitas.

 

 

Triunfa Doña Cuaresma

 

No obstante, se estableció una distinción, pequeña en apariencia, pero sustancial en el fondo: mientras que en carnaval constituían los únicos trajes, siendo en realidad el uniforme de las fiestas, en las mascaradas su empleo sólo era ocasional, como parte de un conjunto de diversiones.

 

Otra nota permanente era la práctica de arrojar agua y algunos objetos, casi nunca contundentes, a los viandantes, a los espectadores, a los curiosos que se asomaban a las ventanas o balcones y a los integrantes de las comparsas, propias y ajenas.

 

Y la última señal de identidad la constituía la ceremonia del entierro y muerte del carnaval. La victoria de Doña Cuaresma sobre Don Carnal. Bajo la excusa del final de una fiesta alegre y desenfadada se daba sepultura a la efigie de una persona, animal u objeto, que representaba a un individuo, institución o situación, aprovechando el acto para criticarlos y hasta zaherirlos con auténtica virulencia.

 

El carnaval en Indias:

 

No hubo un solo lugar en aquellas tierras que no celebrara las fiestas de carnaval con verdadero entusiasmo. En plena conquista ya disfrutaron con esta diversión. Las ordenanzas dadas por Hernán Cortés para que por ellas se "gobiernen los vecinos, moradores y estantes y habitantes de las villas pobladas y además que en adelante se poblaran", disponían las posturas que debían tomarse para el abasto de carne entre Navidad y carnestolendas. Daba por sentado que pasado ese período había que guardar vigilia. Y si citaba tales fiestas era porque las practicaban en los lugares recién fundados y preveía que en los nuevos también lo harían.

 

En todas partes se cubrían los rostros con diferentes máscaras; con caretas típicas e inconfundibles, creaciones propias, como en Colombia, Santo Domingo, Puerto Rico o Bolivia, o simplemente improvisando con pinturas y telas. Durante las fiestas tanto el hombre como la mujer gozaban de la misma libertad pues sus artificios estaban tan logrados que difícilmente podía distinguirse el sexo a que pertenecían. Un viajero que contempló el carnaval a principios del siglo XIX escribió: "Todo el mundo se disfraza, siendo imposible para los hombres reconocer sus propios hermanos y hermanas".

 

 

Tiempo para criticar

 

Actuaban casi siempre en grupos bastante numerosos, formando comparsas, dotados de una gran movilidad que les proporcionaban caballos con los que recorrían las calles. Con dificultad se encontraba una máscara a pie.

 

El disfraz, el considerable número de los componentes de los grupos, nunca menos de 20, y la facilidad para desplazarse de un lugar a otro, les ayudaban a emitir toda clase de críticas, siempre hirientes y malintencionadas, y de las que nadie quedaba libre. El vecindario estaba expuesto a ellas, sin que se salvara ninguno, ni siquiera los más altos cargos de la administración.

 

 

Sólo la Iglesia y sus ministros quedaron al margen. El miedo de tocar el dogma y la inviolabilidad de los eclesiásticos los hacían prudentes. La Inquisición nunca tuvo sentido del humor y sus representantes siempre se mostraron celosos en preservar la pureza de la fe e inflexibles ante cualquier crítica, sin importarles el modo o la procedencia.

 

Apoyándose en las comparsas y en la libertad de movimientos, gozaron de total impunidad, que emplearon en arrojar objetos livianos a mirones y a otros comparsistas. Los líquidos y, sobre todo, el agua constituyeron la base de los productos que se lanzaban unos a otros. Las aguas, por lo general, podían ser claras y nunca faltaron las perfumadas, pero casi siempre eran coloreadas, sucias y malolientes.

 

Tampoco olvidaron las confituras, flores, papelillos de colores, cenizas y en ocasiones naranjas. Sin embargo, los líquidos fueron los que tuvieron mayor aceptación. Lo que importaba, hacía gracia y divertía, era mojar al contrario y si quedaba empapado, mucho mejor.

 

La modalidad más común empleada fueron los cascarones de huevos, que, o bien vaciaban su contenido ex profeso, practicándoles dos agujeritos en los extremos, que taparían luego con cera tras haberlos rellenado con líquidos, o bien guardaban los que consumían durante los meses inmediatos a las fiestas.

 

También usaron como recipientes las vejigas de los animales que sacrificaban durante el año para su consumo, en particular las de los cerdos. Limpias y saladas las conservaban para utilizarlas en su momento. Las atiborraban de agua o de confituras, y como bombas, aunque poco disuasorias, las empleaban contra unos supuestos enemigos.

 

En ciertas ocasiones y lugares usaron otro procedimiento, las llamadas "alcancías". Consistían en bolas de barro huecas y de pequeño tamaño cocidas al sol y que luego rellenaban con los objetos tradicionales. Con estas "bombas" sí se corría el peligro de ocasionar daños físicos a quienes alcanzaban.

 

Combates de comparsas

 

Por ello, raramente las destinaron a los viandantes y a los indefensos espectadores, sino a las comparsas enemigas. Entre ellas organizaban verdaderas batallas en las que la integridad física de los contendientes corría auténtico peligro si eran alcanzados en pleno, sobre todo en el rostro.

 

Aconteció con bastante frecuencia que las cañas se convirtieron en lanzas, cuando empleaban estos enfrentamientos jocosos como excusas en rencillas que llevaban tiempo larvadas. Lo que había comenzado como un simple pasatiempo, terminaba en una verdadera batalla campal. Martínez Vela, cronista de Potosí, escribió en 1656: "Sus malditas carnestolendas más son para calladas que para declaradas por venganzas que en ellas hacían unos y otros, además de jugarse toros y otras invenciones y diversiones, armaban escuadrones de barrios unos contra otros".

 

Las armas preferentemente usadas para estos enfrentamientos fueron las alcancías. Cuando las agotaban, pasaban a las armas blancas. El Miércoles de Ceniza los resultados producían pavor: "Lo que se veía -añade- era cincuenta o cien personas sin vida, así hombres como mujeres". No obstante, situaciones como ésta no eran frecuentes, y normalmente no pasaban de algunas magulladuras o de un resfriado.

 

 

En realidad, los días de carnaval se convertían en una continuada batalla, en la que el agua lo inundaba todo. Desde las primeras horas del domingo hasta el comienzo de la cuaresma, pasear por cualquier población suponía una aventura poco recomendable. Aquel que la emprendía sabía con certeza que a los pocos minutos iba a quedar empapado de arriba a bajo y en el mejor de los casos de agua limpia. Lo normal era que recibiera una auténtica de cascarones o vejigas con productos menos inocuos.

 

 

Licencias y excesos:

 

En los hogares más permisivos, de la contemplación se pasaba a la acción, pero de forma controlada. De siempre las fiestas carnestolendas han sido la llave maestra que durante unas fechas encerraba a buen recaudo todos los tabúes. Y si aquella sociedad tuvo que soportar alguno con carácter general, era el relacionado con el sexo. Ni aún en carnaval estuvo libre.

 

Acorraladas las jóvenes y rotas las laberínticas barreras para la aproximación de hombres y mujeres y ayudados, unos y otros, por la excitación de la lucha y la abundancia de las bebidas, se producía el contacto, pero era preciso disfrazarlo también de juego.

 

En 1747, el padre comendador de la Merced de la ciudad de La Paz, después de presenciar una de estas batallas, escribió: "El carnaval del diablo ha sido muy pecaminoso, los hombres, con pretexto de untarles con harina la cara y los pechos a las hembras, cometían tratamientos que conducen al pecado.

 

¡Jesús! He visto a casi seis mocetones apoderarse de una mujer, embadurnarla hasta el extremo de dejarla pura harina y que otras quedan muy contentas y satisfechas".

 

ESCUDO de la CIUDAD de SALTA

En 1596 Felipe II legisla sobre una ley que titula “que las ciudades, villas y lugares de las Indias tengan los escudos de armas que hubieren concedido”. Muchas ciudades eligieron sus armas y divisas sin aprobación real como sucedió con la de San Felipe de Lerma en el valle de Salta, que desde su fundación en 1582 fue el primer baluarte de la conquista del Gran Chaco.

En 1789, se acuño una medalla para conmemorar la proclamación de Carlos IV y al mismo tiempo la creación de la Intendencia de Salta del Tucumán. José Joaquín de Araujo en 1803 dice que la ciudad eligió por armas un escudo que comprende un río que la ameniza, un cerro que la fortalece, unos árboles que la hermosean y los símbolos de valor (el hombre) y de la fidelidad (el perro) que la distinguen.

En 1934, durante la Intendencia Municipal de Juan Esteban Cornejo Arias y la Presidencia del Concejo Deliberante del Sr. Alejandro Bonari se sanciona la Ordenanza Nº 239/34 estableciendo el actual escudo de la ciudad de Salta que constituye un ejemplo destacado de la heráldica americana.


 

 

El Edificio

Debió ser un edificio sencillo aunque de dos plantas. Debido a los materiales frágiles con que construía y posiblemente una deficiente mano de obra, que exigía del arreglo permanente  y hasta su reedificación completamente en diversas oportunidades. Es así que hacia fines del siglo XVIII tenía al frente corredores o recova con columnas de madera, al igual que las barandas de planta alta, techo de torta de barro , muros de adobe y no tenía torre.

           

 En 1789 se inició una reforma de consideración, fundamentalmente en el frente, por cuanto se construyó la recova con los pórticos con arcadas de mampostería, se colocaron los techos de tejas, se construyó el magnífico balcón cuyas ménsulas  están talladas con figuras antropomorfas, agregándose además las barandas de hierro de planta alta, Se colocaron lajas en las veredas y se construyó una nueva escalera para subir a planta alta, interviniendo en las obras el Arquitecto y Alarife Felipe González, el Maestro Herrero Don José Marzan y Montes y el carpintero Francisco Torán. Se inauguró en noviembre de 1789 con motivo de al coronación del Rey Carlos IV. En esa oportunidad se encargó también la construcción de un sillón y un  cojín de terciopelo  bordado en hilos de oro para el gobernador, además  de una alfombra y escaños.

            En 1797, ante la necesidad de colocar en lugar visible el reloj público  que se había sacado de la Iglesia de la Compañía de Jesús, se construyó la torre del Cabildo. La misma mantiene una estructura independiente dado que los muros no podían soportar su peso. Su terminación muestra mayor elaboración, remarcada por pilastras toscanas de doble capitel, cornisas muy salientes, ornamentación con cuatro pináculos de cerámica esmaltada de color verde al igual que el extradós y revestimiento del chapitel realizado con piezas cuadradas de cerámica esmaltada de color verde y marrón.

            Como terminación del chapitel se colocó una veleta de hierro forjado y chapa recortada que representa un pajecillo y que actualmente la tradición popular conoce como "el Diablito del Cabildo". La construcción independiente de la torre explica que no se encuentre perfectamente centrada con respecto al eje de simetría del edificio.

            Entre 1807 y 1808 el gobernador interino Tomás Arrigúnaga y Archondo encaró nuevas obras que se suponen podrían tratarse de la galería aporticada con arcos carpaneles del patio principal que contiene el acceso a planta alta, ocupándose para su construcción a los presos de la cárcel.

            Cuando el Cabildo dejó de cumplir sus funciones oficiales, aproximadamente hacia 1821, continuó funcionando en sus locales la policía y la sede de la Casa de Gobierno hasta 1880. Nueve años después, durante el gobierno del Dr. Martín G. Güemes, fue vendido en pública subasta a particulares, siendo ocupado por propietarios, inquilinos, locales de negocios y hotel.

 

           

 En los primeros años del siglo XX se demolió el ángulo noroeste del cabildo para la construcción de una vivienda en planta alta y locales comerciales en planta baja, donde actualmente se encuentra emplazada la plazoleta IV Siglos; perdiéndose con ello la Sala Capitular y parte de la recova, de tal modo que de los diecisiete arcos que tenía en planta baja y diecinueve en la planta alta, solo quedaron catorce y quince respectivamente.

 

      

     

En 1936 la oportuna intervención del Senador Nacional Dr. Carlos Serrey hizo que el gobierno nacional lo recuperara para su posterior restauración, declarándose Monumento Histórico Nacional, bajo la dependencia de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos por Ley N° 12.345.

 

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 En 1942 se encaró su restauración bajo la dirección del Arquitecto Mario Buschiazzo, abriendo sus puertas como Museo Histórico en agosto de 1949. En oportunidad de su restauración se reconstruyeron todos los corredores que rodean al patio mayor, salvo los tres arcos del ángulo suroeste que aún se mantenían en pie. También se reconstruyeron las habitaciones del sector noroeste, que se encontraban muy deterioradas, y se colocó

Iglesia y Convento San Francisco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Basílica Menor y Convento San Francisco, construidos en el mismo lugar que el fundador de Salta, don Hernando de Lerma le asignó en el Acta de Fundación, el 16 de abril de 1582.

Junto al Convento San Bernardo, la casa de Uriburu y el Cabildo, integran el corredor histórico más importante de la ciudad, y que antes se prolongaba hasta la ya derruida Iglesia y Convento de los Mercedarios (esquina de las calles 20 de Febrero y Caseros).

Su función original fue la de ser Iglesia y Convento de San Diego de Alcalá. La primitiva construcción se erigió en el siglo XVI, por los años de la fundación, la que se mantuvo a lo largo del siglo XVII y hasta mediado del siglo XVIII, cuando fray Vicente Muñoz construyó un templo, que con modificaciones y remodelaciones, subsiste hasta la actualidad. A los dos años de esta nueva construcción, (1761) sufre un grave incendio, pero es rehabilitado en 1767. El fuego nuevamente da por tierra con el nuevo templo cinco años después, en 1772, obligando a los franciscanos a trasladarse temporariamente al templo de los expatriados jesuitas, ubicado frente a la Plaza M a y o r . La obra de recuperación pudo completarse lentamente a fines del siglo XVIII, no obstante la muerte de fray Vicente Muñoz y los errores de construcción advertidos por esos años.

En la primera mitad del siglo XIX, como consecuencia de la decadencia económica de Salta por la Guerra de la Independencia y las pugnas internas, se detuvo el progreso de las obras y por ende la de San Francisco. Así las cosas hasta que el padre Isidoro Fernández volvió de Roma con los 14 religiosos de la Congregación de Propaganda Fide en 1857, los que luego encaminaron definitivamente la terminación del convento y la iglesia .

En cuanto al convento, este fue finalizado por fray Ugolino Cingolari, y ocho años más tarde "ya se había concluido el refactorio y el cuerpo de celdas" según dice la documentación existente.

La llegada del padre fray Luis Girgi impulsó un nuevo gusto en la arquitectura salteña, proceso en el cual colaboraron varios arquitectos y constructores italianos, en cuyas manos estuvo la construcción de importantes edificios. Algunos de esos itálicos fueron, los hermanos Cánepa, los hermanos Macchi y Francisco Righetti.

Así es que la llegada de los franciscanos italianos a Salta, dio nuevo impulso al embellecimiento de la iglesia y a la terminación de las instalaciones conventuales de San Francisco. La remodelación de la iglesia se inauguró en 1870, y dos años más tarde la nueva fachada que hubo de rehacerse debido a fallas constructivas.

La intervención de Francisco Righetti se dio a partir de 1877, y en 1881 hizo el contrato por la construcción de la torre campanario, la que fue realizada en cuatro cuerpos superpuestos que se aligeran hacia arriba y culminan en un remate.

La iglesia es de una sola nave angosta y larga, y las paredes son de piedra, ladrillos gruesos y dobles. La bóveda es real y media naranja. Muchos de los retablos eran de mampostería y otros de madera pintada y dorada.

Templo y Convento San Francisco se ubica sobre una línea municipal en calle Caseros y retrocede sobre calle Córdoba, creando una plazoleta donde está el Monumento a San Francisco, erigido en 1926 al cumplirse un nuevo centenario de su muerte, y el que estaba enrejado hasta hace unos años.

En su interior descansan los restos de don Francisco de Gurruchaga, creador de la Armada Nacional, Pachi Gorriti, coronel de las tropas gauchas, y la señora madre del general Martín Miguel de Güemes, doña María Magdalena Goyechea.

El 14 de julio de 1941, Iglesia Y Convento San Francisco fueron declarados Monumento Histórico Nacionales y el 4 de agosto de 1992 fue declarada Basílica Menor por la Santa Sede.


 

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