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MADRE

 

 

Meses antes de fallecer, el cardenal Pironio, explicaba a Zenit; «Si tuviera que hablar de mi vida, comenzaría con mi familia y, en particular, con mi madre, que fue una mujer sencilla pero de fe profunda --reveló--. Yo soy el vigésimo segundo hijo, el último nacido, y tengo que reconocer que en esta historia hay algo de milagroso. Mis padres eran italianos. Llegaron a Argentina nada más casarse. Cuando nació el primer hijo, mi madre tan sólo tenía 18 años y se enfermó gravemente. Durante seis meses estuvo en cama, sin poder moverse. Cuando se recuperó los médicos le dijeron que no podría tener más hijos, pues, de lo contrario, su vida correría un grave riesgo».

Al no saber qué hacer, la mamá fue a consultar al obispo auxiliar de La Plata, quien la tranquilizó y celebró una misa pidiendo protección.

«Más tarde dio a luz a 21 hijos, yo soy el último, y vivió hasta los 82 años», recordaba con emoción.

«Pero lo mejor no acaba aquí --añadía--, pues, después fui nombrado obispo auxiliar de La Plata, precisamente en el cargo de aquel que había bendecido a mi madre. El día de mi ordenación episcopal el arzobispo me regaló la cruz pectoral de aquel obispo, sin saber la historia que había detrás. Cuando le revelé al arzobispo que debía la vida al propietario de aquella cruz, lloró».

El cardenal Pironio tenía una profunda amistad con sor Lucía, una de los tres videntes de Fátima.