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ateología

Por qué soy ateo


Contenido:

Prólogo

Definiciones

Argumentos pro-teístas

Refutaciones

Dios y la ciencia

Argumentos de autoridad

Motivos para creer

Ver también:

El porqué de este sitio

Prólogo

Soy ateo. No creo que Dios exista. Jamás me atrevería a asegurarlo, claro está, de la misma manera que nadie debería asegurar que Dios existe, que lo conoce y que sabe cómo piensa; pero mi buen juicio me dice que no hay nada que merezca el nombre de Dios en este Universo.

Este documento quiere servir para varias cosas: una, como dice su título, explicar con claridad qué razones tengo para estar en desacuerdo con miles de millones de creyentes de distintas religiones, en un lenguaje accesible; dos, explicar qué cosas implica el ateísmo para mí, y qué cosas no tienen nada que ver con el ateísmo; tres, dar, quizá, a alguna persona, un motivo para dudar de la existencia de Dios (no para negarla, sólo para dudarla y molestarse en pensar seriamente sobre la cuestión).

Si el lector es un fanático religioso o un fanático ateo (los hay de ambos), este documento probablemente les resulte molesto y ofensivo; donde hable de mis sentimientos sobre el tema en esta página, será a modo de ejemplo, no de argumentación, porque lo que sentimos y deseamos de todo corazón desgraciadamente no suele tener nada que ver con la realidad.

Mis razones para ser ateo son personales. Otros ateos probablemente tengan razones parecidas, o quizá sean completamente distintas, pero el ateísmo no es una religión, ni tan siquiera un sistema filosófico que debamos respetar o rechazar en bloque; es únicamente la simple ausencia de una creencia en dioses. Por supuesto, esto no quiere decir que las razones expuestas sean completamente subjetivas, "mi verdad", como se dice en estos pobres tiempos posmodernos. En cuanto puedo, prefiero callarme "mis verdades" y hablar de la Verdad.

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Definiciones

"Cuando yo utilizo una palabra, significa exactamente lo que yo he elegido que signifique... ni más ni menos." (Humpty Dumpty, en "Alicia en el País de las Maravillas", de Lewis Carroll)

Dios: una entidad con poderes superiores a los de los seres humanos, a los que generalmente ordena que hagan o dejen de hacer cosas, o simplemente imparte conocimientos y preceptos; se considera una entidad sobrenatural porque sus poderes sobrepasan las leyes de la naturaleza, la cual, en algunas versiones del concepto, fue creada por él. Con mayúscula y sin artículo, se refiere a la deidad suprema de los judíos, cristianos y musulmanes, las tres religiones monoteístas mayores, pero en este documento se extiende el concepto para cubrir a los dioses de la religión hindú, de las antiguas religiones griega y romana, y otras.

Teísmo: (del griego theos, "dios") la creencia de que existe un dios personal (genéricamente "Dios"), que ha creado el mundo e interviene en él, a veces contactando con los seres humanos. Es un dios como el Dios judeocristiano tradicional.

Deísmo: (del latín deus, "dios") la creencia de que el mundo fue creado y "puesto en marcha" por un dios, personal o impersonal, indiferente, que no interviene en él sino que lo observa; es un "Dios-relojero" que arma el mecanismo y le da cuerda, el Dios en que creía Newton.

Ateísmo: (del griego a-, prefijo negativo, y teísmo) la no creencia en la existencia de Dios, o la creencia de que Dios no existe y no puede existir. Generalmente se asocia con un descreimiento en todo lo sobrenatural y en entidades personales por encima de los humanos.

El ateísmo tiene muy mala prensa. Todas las religiones están en último término en guerra unas contra otras (o en una tregua difícil), pero todas se unen para hablar mal del ateísmo, porque el ateísmo rechaza la fe ignorante que las sustenta a todas ellas. Veamos algunos malos entendidos difundidos por la religión.

El ateísmo es lo opuesto al teísmo, pero esto no significa que los ateos rechacen a Dios, como muchas autoridades religiosas (personas y documentos) dicen; el ateo promedio no afirma "Dios no existe" sino "no creo en ningún dios". Ésta es una distinción importante. El ateísmo (en su forma más común, conocida como "débil") no es una creencia en la inexistencia de Dios, sino un descreimiento. Como el ateo no cree en Dios, tampoco cree en sus acompañantes usuales (demonios, ángeles, santos, vírgenes) y todo lo anterior y lo que sigue se aplica a ellos.

Algunos teístas muy intolerantes dicen que Satanás nos engaña haciéndonos creer que Dios no existe, o que en realidad sabemos inconscientemente que Dios existe y experimentamos una "negación" psicológica para no reconocer esta verdad que nos obligaría a cambiar nuestras vidas. Esto es una tontería. En verdad, uno de los argumentos más interesantes en contra de la existencia de Dios es la cantidad de ateos que hay en el mundo (algunos dicen un 10%, otros un 1%; de todas maneras somos millones), y el hecho de que haya tantos dioses y versiones de Dios. Si un Dios existiese, razonamos, su presencia sería clara e inconfundible. Con todo su poder, con su mera gloria y esplendor, no dejaría lugar a dudas sobre su apariencia y propósitos, y mucho menos sobre su existencia.

Otros teístas dicen que negar la existencia de Dios es negar todo lo que es sagrado, todo lo que es bueno, lo sublime, lo que nos trasciende, lo que nos hace ser humanos. O sea, que somos pobres diablos desalmados e inmorales (o amorales). Esto es una tontería, como pueden decir muchos que tienen amigos ateos. Somos tan morales o tan inmorales como el promedio, y cuando hacemos una buena acción la hacemos porque es buena, no porque nos gane un lugar en el cielo; cuando dejamos de hacer algo malo, no lo hacemos porque nos dé culpa que Dios nos mire, sino porque es malo; y si cometemos una falta, no nos ponemos de rodillas a pedir perdón a las nubes, o a un sacerdote, sino que pasamos directo a reparar la falta y pedimos perdón a quien le corresponde, al afectado.

Tampoco es cierto que no haya cosas sagradas ni sublimes para nosotros. Algunos ateos serán más prosaicos que otros, algunos serán nihilistas o depresivos (le puede pasar a cualquiera), pero en general creo que todos amamos a nuestros padres, hermanos e hijos, a nuestras parejas sentimentales, a nuestros amigos; todos podemos apreciar una canción o una puesta de sol. No nos arrodillamos frente a altares de mármol ni crucifijos de madera, pero muchos sentimos reverencia y asombro ante una montaña o un tigre salvaje en todo su esplendor. Para los teístas estas cosas quizá sean prosaicas, o simples reflejos imperfectos de Dios, y así, no las respetan como debieran.

Otra cosa que se dice es que el ateísmo es una religión cuyo dogma es "Dios no existe, yo soy mi propio dios", y que tenemos tanto que demostrar como los teístas. Como ya se dijo, es falso que el ateo promedio esté tan seguro. Muchos ateos lo somos porque "Dios" es un concepto sin significado razonable para nosotros (nos llamamos no-cognotivistas), una entidad que, si existiese, sería demasiado grande para hablar de ella con algún sentido. Otros lo somos porque la única religión que hemos tenido se ha demostrado falsa. En todo caso, no porque tengamos absoluta seguridad de que Dios no exista, lo cual es imposible. El ateísmo es una actitud a la que uno llega, no una decisión que uno toma. Cuando uno no cree en Dios, a pesar de la presión social que muchas veces tiene que soportar, es generalmente porque no puede, y no desea forzarse a poder, o fingir que puede. En estas condiciones, uno no tiene que demostrarle nada a nadie. Repito, el ateo no tiene que demostrarle nada a nadie. Nadie va por ahí predicando que los duendes existen y que los que no creen en duendes deben demostrar su inexistencia; mientras no haya pruebas de que los duendes existen, no creer en ellos es de puro sentido común. En todo tipo de discusión sobre cosas hipotéticas y no obvias, el que debe aportar pruebas es el que afirma, no el que niega.

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Argumentos pro-teístas

Los creyentes de todas las épocas han sentido la necesidad de demostrar que su Dios existe, lo cual resulta desde ya sospechoso (un Dios como se debe, en mi humilde opinión, tendría que ser obvio, especialmente si es bueno y quiere que creamos en Él, y nos manda al infierno si no lo hacemos). He aquí algunos.

Las Cinco Vías: éstos son cinco argumentos lógicos que intentan probar la existencia de un Dios creador, anterior a todo el Universo, e infinitamente bueno. Las Cinco Vías fueron creadas por el teólogo Tomás de Aquino (a quien la Iglesia Católica proclama como santo, a pesar de que consideraba inferiores y deficientes a las mujeres y de que estaba a favor, no sólo de censurar o encarcelar, sino de ejecutar a los herejes). Algunas de las Cinco Vías tienen una gran fuerza argumental, y en su tiempo eran casi imbatibles, pero no pueden ser utilizadas seriamente como argumentos hoy en día.

Por ejemplo, un par de las Vías hablan de Dios como Primera Causa y Primer Motor. Todo lo que observamos es efecto de una causa que lo precede; nada en el Universo se causa a sí mismo, dice una de las Vías. Si retrocedemos en el tiempo, inevitablemente tenemos que llegar a una Causa que no tuvo antecesora, porque si no, tendríamos lo que se llama una regresión infinita. En la época de Tomás de Aquino esto no era tan obvio como parece, pero hoy sabemos que el Universo no puede ser eterno hacia el pasado, porque su entropía o desorden total tiende a aumentar (esto es una ley física indiscutible), de manera que al pasar el tiempo las diferencias de temperatura entre distintos puntos se achican y finalmente todo termina en equilibrio, sin movimiento posible más que el dado por el azar, a una temperatura uniforme. Si el Universo fuese eterno, la entropía habría llegado a su máximo hace una cantidad infinita de tiempo, y no existiríamos. Bien, como decía, Tomás de Aquino dice que debe haber una Primera Causa que no tuvo antecesora, y esa causa debe ser Dios. De la misma manera, habla de cosas que se mueven, y que no se mueven a menos que otra cosa las empuje; mecanismos que se ponen en marcha sólo cuando alguien los acciona. El Primer Motor, el que movió por primera vez al Universo, debe haber sido Dios.

A continuación Tomás de Aquino habla de seres necesarios y de seres contingentes. Estos últimos son cosas que existen sólo porque fueron creadas o son modificaciones o ensambles de otras cosas. Para Tomás, todo lo que hay en el Universo es contingente, según deduce de observar la naturaleza (los humanos nacemos de humanos, nuestra carne proviene de lo que comemos, las plantas crecen absorbiendo elementos del suelo, etc.), y por tanto nada es "necesario". Todo podría no existir, y existe sólo por alguna otra cosa. Por eso debe haber algo que lo causó todo, que permitió que todo lo contingente existiese, un Ser Necesario, que debe ser Dios.

Tomás habla también de las virtudes, y de que todo posee virtud en un cierto grado (la falta relativa de virtud es llamada vicio). La virtud de cada cosa y criatura puede ser puesta en una escala, desde lo más vicioso hasta lo más virtuoso, y eso para cada virtud. Por lo tanto, dice Tomás, debe haber un tope para esta escala, un infinito, y el ser que posee todas las virtudes en cantidad infinita es Dios.

Otro santo (San Anselmo) propuso otra demostración famosa de la existencia de Dios, de la cual no dispongo aquí, y que no citaré (no la entiendo, y no creo que a ningún lector convenza, suponiendo que él o ella si la entienda).

Una versión más resumida de algunos de los puntos de las Cinco Vías es el llamado Argumento Cosmológico, o Argumento Kalam (kalam es una palabra árabe, que según creo significa "comienzo").

  1. Si algo comienza, tiene una causa.
  2. El universo comenzó a existir.
  3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

(Queda, como a Tomás de Aquino, demostrar que la causa es Dios, y específicamente el Dios judeocristiano, pero ése es otro tema.)

Más cerca de nuestros tiempos, y de la mano del movimiento creacionista (propulsado por fundamentalistas, generalmente norteamericanos, que afirman que la Biblia debe ser leída literal y no figurativamente), tenemos el Argumento del Diseño. Los creacionistas creen que Dios creó el Universo y el hombre, aunque algunos están dispuestos a aceptar que no necesariamente fue una pareja en un jardín y en exactamente seis días, y creen sobre todo que Dios impuso un plan y una intencionalidad a la creación. Dicen que el Universo tiene leyes finamente ajustadas para la existencia de seres como nosotros, y que los seres vivos son muy complejos como para haber surgido de una evolución guiada por las fuerzas impersonales del azar y de la selección natural; por lo tanto, afirman que Dios impuso las leyes y el orden, guiando el desarrollo del Universo según Su Divino Plan.

Estos han sido los argumentos pro-teístas más conocidos. Procedo ahora a refutarlos.

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Refutaciones

Las Cinco Vías no son tan difíciles de refutar como parecen. La que habla de la escala de las virtudes lo hace como si las virtudes fueran objetos concretos que se pudieran pesar y medir, y asumiendo que el vicio es la mera ausencia de virtud. Esto es una base de la doctrina cristiana, pero ¿por qué no considerar a los vicios como objetos medibles también? (Eso crearía la necesidad de otro Dios, un Supremo Malvado, que no puede existir; incluso Satanás es una creatura de Dios, y no tiene Sus poderes, en la teología cristiana.) De todas maneras, no es lógico pensar que toda escala tiene que tener un límite infinito, o un límite de cualquier clase. Si yo ordeno un conjunto de personas por su altura y aplico ese razonamiento, tengo que decir que debe haber alguien infinitamente alto, lo cual es absurdo. El infinito es un concepto matemático que se usa con rigor sólo en matemáticas, y con mucho cuidado; no es un número, ni tampoco se encuentra en la realidad concreta.

El asunto del Primer Motor y la Primera Causa se reducen a un solo argumento, y la respuesta es la que dio el filósofo Bertrand Russell hace décadas:

"Si todo debe tener una causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, tanto podría ser el mundo como Dios, así que ese argumento no tiene validez." (Bertrand Russell, "Por Qué No Soy Cristiano")

El Argumento Cosmológico es muy parecido. Recordemos que la primera premisa es que, si algo comienza, tiene una causa, y que la segunda premisa es que el Universo tuvo un comienzo. Esto parece una obviedad, pero no lo es tanto, ahora.

Para empezar, la primera premisa es inválida. La física moderna sabe desde hace tiempo que, debido al llamado Principio de Incertidumbre (uno de los pilares de la mecánica cuántica), es posible que aparezcan pares de partículas literalmente de la nada, que se aniquilan y desaparecen en un tiempo demasiado corto para observarlas directamente, pero cuyos efectos pueden ser medidos. Esto no viola ninguna ley física, y de hecho ocurre todo el tiempo. El sonido que sale de un parlante, aun el más aislado de las interferencias, nunca es "puro"; siempre hay pequeños ruidos parásitos. Ese ruido imposible de eliminar es el ruido que producen partículas cargadas virtuales al aparecer, interfiriendo brevemente con los canales eléctricos que transportan el sonido, con los circuitos electrónicos que lo producen, y literalmente con todo lo que haya en medio. Por lo tanto, la premisa número 1 del Argumento Cosmológico es inválida: hay efectos sin causa. Sin causa a priori, se podría aclarar; la causa es evidente después de que ocurrió el suceso, pero antes es impredecible, y de hecho, por definición, no queda ningún registro posterior de ella.

Además, la segunda premisa parece que también es inválida. El Universo no tuvo un comienzo. Para que algo comience, debe haber un momento en el tiempo en que no hubiese comenzado, y un momento posterior en que estuviese en marcha. Pero si la teoría del Big Bang es verdadera, el espacio y el tiempo aparecieron juntos; no hubo nada antes del Universo porque el concepto de "antes" no estaba definido. (Incluso San Agustín afirmaba esto.) Otras teorías rivales (porque el Big Bang no está en absoluto probado) afirman que el espaciotiempo no tiene borde, sino que es como la superficie de una esfera, que sin ser infinita tampoco tiene un límite, sino que se curva sobre sí misma. En este caso tampoco hay un punto de comienzo, literal o figurativo. Finalmente, una teoría en boga hoy en día (y con méritos) afirma que el Universo (lo que nosotros llamamos así) surgió de una fluctuación del vacío de un universo "anterior", exactamente como surgen de la nada las partículas virtuales de las que hablábamos. Es teóricamente posible que nuestro propio Universo esté engendrando otros en este preciso instante.

Pero no nos enredamos con la cosmología. Lo importante es que el Argumento Cosmológico es en principio inválido, porque sus premisas fallan.

Cabe preguntarse qué pasa si estas teorías alocadas son simplemente eso que uno piensa, locuras. Bien, es perfectamente posible, pero un ser humano sensato debe resistir la tentación de poner a Dios en los lugares donde no llega su conocimiento. Por mi parte, estoy perfectamente conforme con decir "no sé" (difícil, pero desarma a cualquier adversario en una discusión).

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Dios y la ciencia

Esto que acabo de mencionar es un problema para muchos. Los ateos que lo lean dirán que es como abandonar el campo; los teístas dirán que efectivamente es un abandono del campo, y que la única solución para esta ignorancia, solución que no queremos aceptar, es Dios.

Sin embargo, esto proviene una confusión sobre el papel de la ciencia. Nadie dice que la ciencia tenga que ser una religión, o que deba tener todas las respuestas. La ciencia formula teorías. Una teoría no es, como dijo Isaac Asimov refiriéndose a lo que piensan los fundamentalistas, una idea que uno armó después de una noche de borrachera. Una teoría es una estructura formal que resume observaciones, plantea hipótesis y las explica tentativamente, haciendo predicciones que pueden ser testeadas. Karl Popper, un estudioso y filósofo de la ciencia, decía que una buena teoría debe ser falseable, o sea, que debe poder probarse falsa de alguna manera.

Por ejemplo, la teoría de Newton sobre las fuerzas y la gravedad explica los movimientos de los planetas y permite predecirlos. Si un planeta comenzara a moverse de una manera distinta a la predicha, entonces la teoría de Newton resultaría falseada. Newton, siendo un buen científico, no insistiría, no instituiría un dogma ni quemaría a sus "herejes" en una hoguera, sino que se pondría a corregir su teoría. Tal como resultaron las cosas, la teoría de Newton fue falseada por la de la relatividad, de Einstein, cuando se descubrió que el perihelio del planeta Mercurio (el punto en que está más cerca del Sol se desplazaba levemente en cada órbita. La pequeñísima desviación provenía de los efectos relativistas provocados por la inmensa masa del Sol y la elevada cercanía y velocidad orbital de Mercurio. Desde luego, la teoría de Newton sigue siendo válida (una muy buena aproximación) para todo el resto de los planetas, al igual que para los objetos en la Tierra; sólo hay que recurrir a la relatividad cuando se requieren medidas muy precisas, como las de un posicionador GPS.

Culpar a la ciencia de querer conformarnos con teorías en vez de con hechos ciertos es reflejo de una gran ignorancia, al igual que presentar teorías como hechos. Pero peor aún es pretender que, como la ciencia no da seguridades, debemos abandonarla y confiar en la religión, explicando lo desconocido o dudoso con un simple y generalizante "Dios lo hizo".

Incluso nuestro lenguaje refleja cómo en realidad sabemos que esto es ridículo. "Dios sabe" significa "no tengo idea". "Dios proveerá" significa "confío en que algo me sacará del lío". "Dios lo va a castigar" significa "va a salirse con la suya mientras viva". "Dios lo hizo" quiere decir que no sabemos cómo se hizo, y no nos importa saber; que confiamos tan poco en la inteligencia y la capacidad humanas que creemos firmemente que jamás habrá manera de saber.

Este Dios que ocupa los huecos de la ignorancia humana es conocido, apropiadamente, como "el Dios de los Huecos" (en inglés, "God of the Gaps"). Dado el avance de la ciencia en los últimos siglos y en particular durante el último, este Dios se ha estado encogiendo a un ritmo alarmante para muchos. Algunos se encierran en lo antiguo, como los fundamentalistas que obligan a sus hijos a abstenerse de leer y ver TV salvo para leer la Biblia y ver programas de adoctrinamiento. Otros, más astutamente, hacen como que aceptan a la ciencia, pero le adosan la fe como "complemento" (cuando en realidad la fe y la ciencia se contradicen en su misma base) y adornan las teorías científicas en boga con aditamentos teológicos. Éste ha sido el camino seguido por la Iglesia Católica.

Debe quedar claro que Dios y la ciencia no son incompatibles; sí es incompatible el método científico con los principios que llevan a los creyentes a estar seguros de que su Dios es el Único Dios Verdadero, o incluso que su Dios es todo lo que dicen que es. La fe es creer sin pruebas o a pesar de las pruebas; la ciencia es creer en las cosas que han resistido las pruebas con éxito, y guardar silencio sobre lo que no se sabe. Dicho con esas palabras, obviamente, la ciencia es en principio puro sentido común (aunque no siempre).

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Argumentos de autoridad

Supongamos que decidimos prescindir de la fe y de la ciencia. No lo recomiendo, pero en fin, ¿por qué creemos en algo, la mayoría de los seres humanos, antes de haber ido a la escuela? Creemos en lo que nos dicen nuestros padres, nuestros primeros maestros. Absorbemos lo que nos dicen y lo incorporamos a nuestra moral, a nuestra conducta, a veces para siempre. Estamos hechos así porque el ser humano nace relativamente muy "incompleto": no puede caminar solo, ni alimentarse por su cuenta, ni comunicar más que apetitos y deseos básicos. Físicamente, somos absolutamente desvalidos, y mentalmente, no somos más inteligentes que los otros animales. Obramos de manera instintiva, pero menos que un chimpancé, y mucho menos que un gatito o una cachorro de ardilla, ni hablar de un cocodrilo bebé. Tenemos mucho que aprender, y rápido, porque lo que hará de nosotros seres humanos y no meros animales medio torpes es nuestro cerebro. Por lo tanto, durante nuestros primeros años nuestro cerebro es como una esponja, que todo lo absorbe sin más; en esta época se crean nuestros hábitos y condicionamientos.

A veces las consecuencias de una "programación" errónea durante la niñez son terribles. Los traumas, las inhibiciones, todo queda grabado de manera indeleble o casi indeleble sobre nuestras mentes. Si mamá nos golpeó muchas veces, es casi seguro que nuestro cerebro infantil grabe el mensaje de "para obtener obediencia, hay que golpear", y que de adultos golpeemos a nuestros hijos.

La religión es una de esas cosas que heredamos, queriendo o no, de nuestros padres. Los creyentes no deben nunca olvidar que, en su mayoría, son miembros de la "verdadera" religión por pura casualidad, por haber nacido en un hogar y un país determinado, no por su fe o su buen juicio.

Otros factores influyen para que aceptemos nuestra religión. No sólo nuestros padres nos educaron en ella, sino que gente a la que admiramos la sigue también. Es aceptada en la sociedad. Sus sacerdotes son considerados gente especial, distinta, más cercana a Dios, y ellos predican esa religión. Algunas religiones, como el catolicismo, tienen figuras (vivas o muertas, reales o míticas) que hablan con toda autoridad de las bondades de la religión. ¿Cómo nos atrevemos los ateos a renegar de lo que nuestros padres nos enseñaron, de lo que dicen los sacerdotes (que literalmente estudiaron para ser intermediarios de Dios), de lo que dice un Papa, un Gran Rabino, un Swami, una Teresa de Calcuta, un Martin Luther King, un Mahatma Gandhi?

La verdad es que todas estas figuras y muchas más han dicho cosas inspiradoras y han jugado un papel importante en el mundo, pero todos ellos han sido humanos, con sus propios prejuicios y sus propios condicionamientos, y tan falibles como cualquiera. Con mayor o menor tolerancia, con fines transparentes u ocultos, han hablado de lo que está bien para ellos; nada hay que nos pruebe fehacientemente que hayan hablado de parte de Dios, o según la voluntad de Dios. Tampoco las sagradas escrituras en que pueden haberse basado, aunque tengan parte de verdad y de utilidad y de sentido moral, son inspiradas por Dios, a menos que creamos lo que ellas mismas proclaman (lo cual es una forma de argumentar en círculo).

Personalmente no creo en las instituciones que dicen conocer a Dios porque, si hubiera un Dios (el que no crea en ninguno no es un obstáculo para proponer hipótesis), Él probablemente sería una entidad muy compleja, y tengo la fuerte sensación de que no seríamos capaces de entenderLo si Lo encontrásemos. Los teístas generalmente están de acuerdo con esto último (excepto la parte condicional del final), pero sus autoridades tienden a olvidarse. Los clérigos y los teólogos hablan sobre Dios como si Él fuese un objeto concreto que han estudiado y una persona a la que han conocido íntimamente por años; esto estaría muy bien, y yo me sentiría inclinado a aceptar sus dichos, si pudieran al menos mostrarme pruebas de que este objeto o persona es real para empezar. De otra forma, todo puede ser un simple juego de la imaginación.

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Motivos para creer

"Yo digo que ambos somos ateos. Yo simplemente creo en un dios menos que tú. Cuando entiendas por qué descartas a todos los otros posibles dioses, entenderás por qué yo descarto al tuyo." (Stephen Roberts)

Mi lector creyente debe estar en este punto, y muy comprensiblemente, cansado de filosofía y argumentos. Estoy de acuerdo. No es por esto que no creo en Dios, en realidad. Éstas son las razones que puedo dar cuando la gente no entiende nada más, aunque suenen más bien como excusas complicadas.

La existencia de Dios es difícil (yo diría imposible) de probar. Dios es una hipótesis increíblemente complicada. Dios no puede percibirse con nuestros sentidos normales salvo cuando realiza un milagro, y entonces no podemos saber si en realidad fue un milagro. Es más sencillo (más económico, se dice en términos científicos) suspender la creencia en Dios, ya que es tan difícil de probar y aparentemente tan difícil de entender. Por lo tanto, los ateos estamos del lado bueno del argumento: como ya dije antes, no necesitamos probar nada. Esa carga descansa sobre el creyente.

Las explicaciones de mi descreimiento son sólo para clarificar, para poner las cosas en orden, y para exponerlas ante los que dudan y necesitan ayuda (como yo en un momento). No necesito ninguna de ellas, en realidad. No es que no crea en Dios porque haya estudiado estos complicados argumentos; ellos vinieron después. Así que ¿cuáles son mis motivos?

No creo en Dios por la misma razón por la que no creo en otras cosas que la gente común no cree, como Papá Noel o la generación espontánea. Papá Noel no existe; no puede existir en nuestro universo, por ciertas razones. Quiero preguntarle al creyente de qué manera es diferente Dios que Papá Noel. Después de haber logrado de alguna forma refutar los argumentos naturales y filosóficos, todavía se puede decir que uno "siente" a Dios "en su corazón", siente que no puede dejar de existir. Pero cuando uno era un chico, sentía a Papá Noel en el corazón, tarde, en la noche de Navidad... y eso no significa que haya sido verdad. Simplemente era un anhelo, un ideal infantil. Pero el mundo es mucho más duro que eso.

Esto no es blasfemia. No busques ofensa donde no se intenta ofender. Éstas son preguntas honestas. Yo ya las he respondido en lo que a mí respecta, después de mucho meditar. Hacé lo mismo, si podés (y contáme si querés).

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