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FRACTURA DE RADIO

O TE CASAS, O TE ARREO


 

Dice nuestro senil alcalde que en las parejas de hecho se producen más malos tratos a las mujeres que en los santos matrimonios, basándose en vaya usted a saber qué estadísticas. Y le da por sacar como conclusión que el antídoto contra la violencia ejercida sobre las mujeres es el matrimonio y los valores tradicionales. Y se queda tan ancho. Y no me extraña que tan ancho se quede porque, desde luego, en un país donde el fútbol y el gran hermano ocupan buena parte de las preocupaciones de una mayoría domesticada, tamañas memeces, como las del munícipe en cuestión, acaban convenciendo a unos cuantos. El más elemental sentido de la lógica y la inteligencia parece que se está perdiendo del todo.

 

Pero desde aquí nos resistimos a que eso ocurra. La inteligencia popular sigue viva, y, desde luego, no concuerda con lo que dicen las mayorías sometidas y adoctrinadas. La inteligencia del pueblo no se deja domeñar, ni se manifiesta por los conductos amañados y engañosos de la llamada democracia. De hecho, la inteligencia de la gente sabe que eso de la democracia no puede ser, que el pueblo no puede detentar ningún poder, como de hecho no ocurre en ningún lugar del planeta y bajo ningún régimen. ¿O es que piensan ustedes que el pueblo aquí es el que manda? Pues si la respuesta es afirmativa, ya me dirán lo que pintamos y lo que cuentan con nosotros para cualquier decisión que afecte sobre nuestras vidas y que siempre se dictan desde arriba, atendiendo a los intereses que priman y que no son otros que los del Dinero y su perpetua expansión, los mismos que los del Poder y sus ansias de perpetuarse.

 

Y en el caso de que el pueblo mandase, ¿sobre quién lo haría?, ¿a quién mandaría? Desde luego, no sobre las instituciones del Estado, diseñadas para funcionar jerárquicamente, dirigiendo las órdenes de arriba abajo, desde la cúpula hasta los súbditos, y que no admiten que ese se le pueda dar la vuelta a ese proceso y que la cosa funcione de abajo arriba. Esas ya no serían instituciones de ningún Estado, sino algo más parecido a una práctica asamblearia, totalmente ajena a la organización estatal, siempre basada en la autoridad y la violencia administrada de arriba abajo, sobre la gente (lo que ellos llaman facultad coercitiva del Estado, o sea, su capacidad para prohibir y castigar). En el caso de una organización auténticamente asamblearia, tal y como se propugna desde los movimientos libertarios o anarquistas, no se podría hablar de que exista poder, ya que la capacidad de decisión correspondería a todos y todas por igual, sin que haya nadie que mande o dirija, nadie que pueda hacer valer su autoridad sobre los demás y que, por tanto, deba imponerse por medio de la violencia de cualquier tipo. El poder no flota en el vacío, sino que siempre se ejerce sobre alguien: y ese alguien que sufre la autoridad y la violencia del Poder es lo que llamamos pueblo, gente, o, en fin: cualquiera de nosotros. Es absurdo pensar que sea el propio pueblo quien ejerza y, a la vez, sufra la imposición del poder. El poder y el pueblo siempre están separados y enfrentados y, por tanto, "demo-cracia" (literalmente, "poder del pueblo") es una palabra engañosa e imposible.

 

Volvemos al tema de la inteligencia popular, que es precisamente la voz del pueblo y de la gente, es decir, la que se expresa cuando no se produce un adoctrinamiento y un sometimiento desde arriba. La que puede expresarse, por ejemplo, en una organización de verdad asamblearia. En definitiva, la que no está condicionada ni distorsionada por ningún otro interés que no sea aplicar la razón común y decir la verdad. Eso que precisamente es el primer impulso de cualquiera que se ponga a hablar.

 

Bueno, pues intentado aplicar eso de la inteligencia popular y la razón común a las declaraciones de nuestro querido alcalde, vemos que no hay que rebuscar ni enrevesarse mucho para encontrar graves contradicciones. Atento, Sr. Álvarez del Manzano, que me parece que no va a poder usted quedarse tan ancho ni pancho. Resulta que usted propone el matrimonio y los valores tradicionales para evitar los malos ratos. ¿Qué representan esos valores familiares tradicionales? Pues, en primer lugar, el sometimiento de la mujer a la voluntad del marido, que es el cabeza de familia y el que lleva los pantalones. Y el sometimiento sólo se puede imponer desde la violencia: violencia física, violencia social, represión, educación para la sumisión… O sea, que volvemos a lo de antes, a lo del poder: alguien manda sobre otro, o lo que es lo mismo, alguien ejerce la violencia sobre otro. La violencia física o cualquiera de sus derivados más elaborados, invisibles y sutiles: el control social, la ideología y la mentalidad inculcada, etc. El hecho de que a una mujer se la eduque y se la mentalice para la humillación es un acto de violencia sumamente efectivo, puesto que facilita todos los atropellos posteriores.

 

Y bueno, si este sombrío alcalde recomienda el matrimonio como remedio a la violencia doméstica, ¿qué es lo que propone exactamente? ¿qué si una mujer sufre agresiones de su pareja, se case inmediatamente con ella? Bueno, muy probablemente este triste alcalde nos respondería, en caso de que no le patinase en ese momento su única y desfallecida neurona, que no, que no se trata de que se casen con sus agresores, pero que está comprobado estadísticamente que es la falta de valores lo que conduce a la violencia ésta y a la descomposición de la sociedad y a las drogas y a los jóvenes alcoholizados y gamberros y bla bla bla bla…

 

En fin, una vez que conseguimos refrenar al Sr. Manzano y su expectorante retahíla, caemos en la cuenta…: pérdida de valores, claro, ahí está la clave del engaño. Pretende el Sr. Manzano que todos los desastres de la sociedad son fruto de la pérdida de valores, cuando precisamente vivimos en una época de valores bien asentados, descarnados y tiranos: el autoritarismo, el culto al dinero, la jerarquización. A lo mejor se refiere nuestro primer edil a que antes todo estaba más claro y se sabía quién mandaba y quién obedecía. Eso era así toda la vida y no había dudas ni preguntas. Hoy en día, todos pretenden mandar, tener pasta y poder, todos quieren pisotear al de al lado... Pero bueno, Sr. Alcalde, eso se llama competitividad, libre mercado. Eso es lo que propugna su partido, ¿no?. Y eso no es crisis de valores, sino afianzamiento, perfeccionamiento y evolución de los funestos valores clásicos de Orden y Autoridad. Claro, todo es mucho más caótico y descabalado, pero así son el Orden y la Autoridad de nuestros tiempos globalizados y flexibilizados. Todos quieren el poder y en función de quién lo detenta, se organiza la sociedad: por un lado aprovechados, por otro excluidos y en medio unos cuantos que intentan ir tirando. Un caos que nada tiene que ver con la anarquía, dicho sea de paso, a pesar que los defensores de este caótico (des)orden neoliberal suelan asociar maliciosamente ambas palabras. Como decía creo que fue Enrico Malatesta, "la anarquía es la máxima expresión del orden". Y como decía una colega, "prefiero la anarquía al caos".

 

En fin, que resulta que tenemos a un alcalde que, para evitar la violencia, recomienda que se retomen con entusiasmo prácticas y valores violentos y autoritarios. Los valores tradicionales y clásicos de sumisión de las mujeres, cuya vigencia en nuestros días siguen impulsando los actos de violencia sobre las mujeres dentro y fuera del santo sacramento del matrimonio. Señor alcalde y demás señores autoritarios y violentos: la violencia contra las mujeres, como cualquier otra violencia generada por este sistema basado en el poder y la imposición, sólo tienen remedio luchando contra las verdaderas causas de esa violencia, contra una cultura autoritaria que ustedes se encargan de reforzar a cada momento, contra una sociedad basada en la desigualdad y el dinero y que se mantiene con la amenaza y el miedo, cuando no la agresión directa contra quienes intentan oponer resistencia. Señores del Poder que intentan hacernos creer que quieren resolver problemas como éste: ustedes son parte del problema.


 
Este texto se emitió por primera vez en la primavera del 2000

 

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