Había una vez un León que estaba
durmiendo cuando un Ratoncito
empezó a
correr de arriba a abajo sobre él:
esto
despertó prontamente al León, quien puso su
enorme
garra sobre el Ratón y abrió sus grandes
mandíbulas para
tragárselo.
"Perdón, ¡ oh Rey!,"
lloriqueó el Ratoncito:
"perdóname por esta vez. :
Yo no me voy a olvidar nunca: ¿quién sabe si yo podría hacerte un favor, uno de estos días?"
La idea de que el Ratón pudiera
ayudarlo a él
divirtió tanto al León, que levantó
la garra y lo dejó ir.
Tiempo después, el León cayó en una
trampa y, los cazadores, que deseaban llevarlo vivo al Rey, lo ataron a un árbol, mientras ellos iban a buscar un vagón
para llevárselo. Sucedió que en ese momento, el Ratoncito pasaba por ahí y, viendo la triste circumstancia en que se
encontraba el León, se acercó a él para
roer prontamente las cuerdas que ataban al Rey de las Bestias.
"¿Acaso no tenía razón?" dijo el Ratoncito.
* * * * *
Moraleja:
"Los amigos pequeños pueden resultar grandes
amigos."
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