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El Lenguaje Académico
, hablado o escrito, tiene tres rasgos muy notables.
El primero de ellos es el rigor. Los universitarios se enorgullecen porque su modo de transmitir las ideas es el más riguroso que existe, comparado, desde luego, con otros lenguajes, como el lenguaje político, el literario, el religioso, el mágico y el artístico. El rigor del lenguaje significa que es un modo de transmitir las ideas altamente cuidado en su forma y en su contenido. Los académicos tendemos a tomar muchas precauciones cuando hablamos y escribimos. Seleccionamos bien los términos que usamos, ordenamos las ideas con mucho detalle, respetamos tradiciones formales de elaboración de los escritos.

El Lenguaje Académico además posee una segunda característica distintiva: es un lenguaje especializado. En ello va la identidad de cada disciplina. Los médicos aprenden un lenguaje, los abogados, otro, los ingenieros poseen su propia manera de designar las cosas, y así sucesivamente para cada profesión o disciplina científica. Un lenguaje especializado es una especie de sublengua que solamente la comprenden bien aquellos y aquellas que ya han sido iniciados. La formación universitaria es, en gran parte, la iniciación a ese sublenguaje propio de los diseñadores, de los ingenieros, de los especialistas en ciencias de la comunicación o de la educación. A cada área, su propio lenguaje.

A pesar de esta variedad de lenguajes, todas las disciplinas universitarias poseen elementos comunes, por eso se dice que otro de los rasgos propios de los lenguajes académicos, como una tercera característica,  es que son muy tradicionales. Hay formatos, cauces, lineamientos que las tradiciones universitarias marcan para transmitir las ideas por escrito.

Siempre procede a leer con atención  los textos que se te asignen realizando una lectura activa, interrogativa, inquisitiva. Subrayando, anotando tus impresiones, escribiendo tus preguntas y cosultando todos aquellos conceptos y  frases que no sean  fácilmente comprensible para ti en un buen diccionario. Esto no debe de desanimar, por el contrario, las dificultades que encuentres en la lectura puede ser una motivación para ser más interrogativo, para que así puedas comprender con exactitud lo que el autor del texto plantea. Utiliza esos textos para  la discusión y reflexión.

Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua

Diccionario de Sociología

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