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Editorial  


Un millón de dólares

La Contraloría General de la República ha determinado que la adquisición del avión presidencial Beechcraft tuvo un sobreprecio de más de un millón de dólares. Los auditores encontraron como principales responsables de la ilegal operación al ex Ministro de Defensa, Fernando Kieffer, y su asesor, Gonzalo Araníbar Lorini, y liberaron de culpa al ex presidente de la República, Hugo Banzer Suárez.

Los dos involucrados, en los plazos que establece la ley, deben presentar sus descargos, si es que aún les quedan algunos documentos, donde puedan probar su inocencia, porque de lo contrario, tendrán que preocuparse de devolver al Estado el sobreprecio del millón de dólares.

Sin embargo, la investigación no sólo debería quedarse en el informe de la Contraloría, sino ir más al fondo del problema, para saber quién o quiénes se aprovecharon de esos recursos y si fue con certeza Kieffer o Lorini, y a través de qué mecanismo. Debe existir alguna prueba bancaria, donde se haya depositado el dinero, porque tratándose de un millón, nadie se animaría a manejar esos recursos en un maletín o de distribuirlo personalmente a otros.

La cantidad de dinero es enorme. El daño a las arcas del Tesoro General de la Nación es grande y, por eso, no es posible que la Contraloría de la República se haya equivocado en su trabajo, encontrando únicamente indicios de responsabilidad civil y administrativa. Supone esto que Kieffer no cometió delito y tendría que estar tranquilo, libre e incluso gozando de las prerrogativas que le da el puesto de parlamentario. ¿Kieffer podrá devolver el millón de dólares, si insiste en ser inocente?

¿La Contraloría no habrá fallado en el dictamen?, porque, si el parlamentario es responsable de un daño semejante al Estado, no puede ser considerado sólo como un daño civil y administrativo. De por medio, hay un delito. Se compró un avión que no tenía el valor legalmente establecido. Había premeditación para favorecerse de una adquisición semejante, para desviar una parte del dinero.

Por eso, el caso del avión presidencial no ha concluido con el informe de la Contraloría. La investigación debe continuar para establecer la verdad de ese ingrato caso que ha generado protestas en todo nivel. El millón de dólares podía servir para atender a miles de personas que perdieron sus viviendas en el terremoto de Aiquile y Mizque. Ese dinero podía servir para la alimentación de los niños, jóvenes y adultos de esa región. El millón podía ser utilizado para proyectos de infraestructura de esa región.

Los mismos parlamentarios, que tienen la voluntad de limpiar la imagen dañada por la impunidad y la corrupción, debían ser los primeros en utilizar ese informe primicial de la Contraloría, para llegar hasta el final de la investigación, sin proteger a nadie, porque de lo contrario, las buenas intenciones de la comisión de ética quedará como un simple sueño, pero no se habrá dado muestras evidentes de luchar contra las manías del enriquecimiento ilícito y corrupto, cuando se llega al poder.

 


Opinión


Un héroe orureño y la historia

Dr. Alfonso Gamarra Durana

No son patrimonio exclusivo de las ciencias de la salud los postulados de la Historia de la Medicina, porque ella involucra el desarrollo y la aparición de conocimientos y procedimientos, pero al mismo tiempo, el acontecimiento permanente del progreso de la humanidad, como si fuera un escenario gigante donde se desarrolla el drama de la medicina. La evolución presta a esa ciencia sus métodos y descubrimientos, los hombres que son el suceso mismo y que actúan movidos por los hilos invisibles de las enfermedades o padecimientos, y, finalmente, las agresiones que pueden determinar su muerte.

Los núcleos de población han tomado distintos rumbos por una acción fatalista de la historia, en que los acaecimientos se originaban como si el hado o el azar los indujera íntimamente. A la luz de los razonamientos, la historia ha sido producida por los males orgánicos; y, a la recíproca, los progresos del raciocinio humano, llevaron a obtener desde las construcciones llamadas hospitales hasta los adelantos no soñados como los antibióticos o los trasplantes de órganos.

Abrir el imaginario libro de la historia significa hallar la sorpresa en el primer plano, y deleitarse a continuación con las obras portentosas que ha efectuado el hombre, en cualquier época y en cualquier latitud del globo terráqueo. Si se delimita el área de análisis a lo ocurrido con relación a los hechos conjuncionados con enfermos y muertes, combates y victoria, heridas y descalabros, estamos inmersos en el suceso íntimo de la medicina, recorremos, sin embargo, los capítulos de los anales de un país o las biografías de grandes hombres que no sólo enfrentaron con su pecho al enemigo, hicieron flamear estandartes o doblegaron al enemigo, sino que practicaron su sagrada misión de calmar el dolor al sufriente y de restañarles las lesiones producidas por las armas.

En el sentido que damos a nuestros anteriores párrafos se debe considerar las guerras no como mapas tácticos, entorchados, correajes, corceles, sino como intervención de humanos que afrontan marchas y contramarchas, que sufren enfermedades corrientes en sus desplazamientos, y además, las acciones traumáticas de la pólvora o de las armas blancas. Aceptar que, al final, ese hombre tiene que desangrar y morir.

Un ejemplo enorme de abnegación humana y de valor civil constituye la disposición de la Sanidad Militar en la Guerra del Pacífico. La traicionera invasión chilena comenzó el 14 de febrero de 1879 en Antofagasta. Luego se desarrolló la acción espartana de Calama dispuesta por don Ladislao Cabrera y, seguido de cerca, el médico Gregorio Saavedra que improvisó los puestos de socorro para los heridos.

Como consecuencia del pacto perúboliviano, ambos ejércitos se trasladaron a Tacna. El Presidente Hilarión Daza organizó el ejército de línea en su territorio, pero entre sus numerosas indicaciones nombró como Director del Servicio Sanitario al Dr. Donato Doria Medina. Las tropas desde La Paz tardaron catorce días de marcha hasta el lugar del encuentro; como había disciplina y salud, el número colosal de soldados, por fortuna, no ofrecía dificultad ni en caminos ni en poblaciones, y los alimentos no eran escasos. Serapio Reyes Ortiz, secretario general del Capitán General del Ejército, escribía: "...dirigir una circular a todas la autoridades departamentales... para que haciendo un llamamiento a la piedad pública, se creen cajas destinadas a recolectar hilas, vendas, para proveer botiquines..." La improvisación y la estreches del erario nacional se incrementaron en los días de la contienda y era difícil ordenar un régimen sanitario para atender al ejército por el sistema de ambulancias.

No obstante de que el Estado Mayor del ejército boliviano comprendía la importancia de este ramo, se vio impotente para reglamentarlo y proveerlo por deficiencia de las cajas militares. Daza pedía que bajo cualquier fundamento se buscaran recursos para que los cirujanos fueran provistos de botiquines, especies medicinales e instrumental quirúrgico.

Las rabonas, que acompañaban a las tropas, atendían a los heridos en las acciones de Iquique, Pisagua, San Francisco y Tarapacá. Posteriormente, el grueso del ejército boliviano estacionado en Tacna sufría de fiebres tíficas, neumonías, diarreas, erisipela y reumatismos.

El Dr. Zenón Dalence, como Cirujano Mayor en situación de guerra, se constituyó en el creador de la futura Sanidad Militar al redactar el "Reglamento Orgánico para el servicio sanitario general del ejército boliviano de operaciones en el Perú". La denominación de ambulancia se refería a los hospitales de campaña y a los sitios sanitarios temporales que se movían junto con las tropas en los campos de combate.

Antes de la batalla de la Alianza presentó su revista de comisaría nominando a todo el personal que atendería las emergencias de la lucha, donde la Plana Mayor estaba encabezada por el orureño magistral, el ínclito personaje en la paz como en la guerra, el Dr. Zenón Dalence como Primer Jefe y Director General, y el Dr. Abelardo Rodríguez como Jefe Inspector General, le seguía un listado largo de médicos, capellanes, 80 camilleros y otro personal, entre los que se contaban inválidos del combate de Tarapacá.

El 26 de mayo de 1880 el Dr. Dalence se movilizó personalmente con la Primera Compañía y estableció su vivac muy cercanamente al Estado Mayor General, en una altura para ser advertido por los compatriotas pero protegido por unas lomas para evitar los proyectiles enemigos. Dispuso una ambulancia volante en Tonchaca, que se desdoblaba por necesidad hasta la meseta de la Alianza, y una ambulancia sedentaria en la ciudad de Tacna. Recibió infatigablemente la llegada de los heridos, su destreza manual le ayudó en la rapidez de las intervenciones, al mismo tiempo controlaba las acciones de sus subordinados, y aun vio la destrucción de las ambulancias peruanas por parte de las embrutecidas jaurías. El 27 seguía recogiendo heridos de los tres países beligerantes y sepultando cadáveres. El 31 terminó su compasiva labor, y regresó a Tacna junto con sus colaboradores y heridos sólo para encontrar a mujeres y niños víctimas de los atropellos del ejército chileno, reafirmando así los abusos cometidos el 26 de mayo con el General Camacho, comandante en Jefe de nuestro ejército.

Dalence siguió en su sacrificada tarea de retornar con su caravana de heridos, efectuando la evacuación por la vía de Tacora; el avance de sus incapacitados era lento y con increíbles dificultades arribaron a Arequipa, desde allí a Puno por tren, y, por último, sobre el lago Titicaca hasta uno de sus puertos y La Paz, donde fueron recibidos el 16 de septiembre de 1880 por ciudadanos conmovidos al extremo. Así se cumplió la obra del Servicio Sanitario del ejército boliviano en el Perú, que materializó su cerradura con la repatriación de su última sección de heridos. Este único episodio bastaría para engrandecer al facultativo orureño que fue modelo de generaciones con su civismo y caridad médica.

Este ejemplo de nuestra historia nos hace ver que ningún gremio puede estar privilegiado para conocerlo exclusivamente. Es parte del acontecer boliviano, y que muestra cómo se desenvuelve aquél que tiene por mística el cuidado del hombre enfermo, del ser sufriente, del que lucha contra la muerte por consecuencia de las guerras destructoras de existencias.

(Del 22 al 24 de noviembre se efectuará en Oruro la Segunda Jornada Nacional de Historia de la Medicina. Las personas cultas no pueden faltar).

 

 

Un congreso al que no fui

PAULOVICH

Me alistaba para escribir una crónica dominguera que disipara mis angustias causadas por la guerra en Afganistán cuando llegó uno de mis nietos y me dijo: "pensé que habías viajado a Cancún donde se desarrolla un importante congreso", palabras que me sorprendieron pues hace rato que no visito ese paraíso mejicano.

Pregunté al niño de qué cónclave mundial se trataba y él me respondió con todo desparpajo: "¿Es qué no fuiste invitado a participar en la XVIII Convención Mundial del Condón que se realiza en Cancún?" y farfullando le dije: "no hables tan alto que te puede oír tu abuela" para luego decirle en la oreja que había recibido una invitación pero la decliné porque el horno no está para bollos.

El chaval muy enterado me manifestó que era una lástima que no hubiera viajado a Méjico porque allí están reunidos especialistas de Estados Unidos, Méjico, Canadá, Francia, Brasil, Malasia, Corea, Alemania, Grecia, y otros países, y que habría sido interesante la presencia de Bolivia, o de Cochabamba, en ese concierto de naciones interesadas en el condón.

Ese momento llegó mi esposa e interrumpió el diálogo para preguntar: "¿de qué estabais hablando...?" mientras yo miraba al techo y me frotaba las uñas en las solapas. Respondiendo a su pregunta le dije con una sonrisa hipócrita: "de nada serio, hablábamos sólo de la guerra contra los talibanes", interrumpiéndome el crío para decirle a su abuela desenfadadamente: "Mentira, abuela, hablábamos de la convención mundial del condón que se realiza en Cancún".

Ella me lanzó una mirada con puñales incorporados y dijo con voz recriminatoria: "me parece mentira que un viejo como tú se halle conversando con su nieto sobre un tema tan escabroso; además, ¿qué sabes tú de condones si hace veinte años me anunciaste que habías llegado a la edad feliz de la impotencia cuando las ansiedades son pocas y los requerimientos ninguno?"

Para no discutir delante del crío le respondí que se lo había dicho en broma, y ella preguntó de que tratarían los expertos en la convención mundial del condón, respondiendo el nieto: "pues conversarán cinco días para establecer estándares de preservativos que se ajusten a las normas internacionales de calidad y garanticen la prevención de enfermedades y embarazos no deseados".

Cuando le dije que en esa reunión están representantes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que yo había sido invitado a ella, me preguntó por qué no fui, respondiéndole: "no fui por atender a mis obligaciones familiares y profesionales pero envié un trabajo acerca de las intenciones de los terroristas árabes de lanzar a los mercados internacionales preservativos pinchados", otra expresión del terror de la que tendremos que defendernos. Mi mujer dijo: "cada día estás más loco".

 

Radiografía de un cretino

Por: Humberto Guzmán Hurtado

Dentro un razonamiento científico, lastimosamente la sociedad no está conformada sólo por seres equilibrados e inteligentes, sino también por aquel mundo de oligofrénicos, donde están los idiotas, los imbéciles, los morones y los cretinos, que tampoco son seres irrecuperables, aunque su rehabilitación es muy dificultosa.

El problema radica en que no todos esos seres sometidos a un tratamiento de rehabilitación, puesto que hay muchos que están cumpliendo tareas de empleados públicos, de taxistas o hasta de deportistas y es desconcertante chocar con uno de éstos sujetos, que ciertamente deberían estar en otro lugar y no como Servidores Públicos.

Así por ejemplo en la Administración Pública hay empleados casi siempre con el ceño fruncido y con la cara avinagrada, que no tienen un ápice de educación y buenos modales y tratan al ciudadano que acude a una de las ventanillas como si se tratara del causante de todos sus infortunios y malestares, incluyendo los malestares de tipo fisiológico. Estos sujetos son déspotas, atrevidos y malcriados por naturaleza, se molestan por todo y por nada, son fieras que muestran sus reacciones hormonales de la manera más insólita.

Entre quienes cumplen tareas de servicios a la colectividad están también conductores de vehículos motorizados, caracterizados por lo greñudos que son y portadores de atuendos sucios y mal olientes que hacen jugo con su vocabulario, que se asemeja al "coba" y que es proferida sin considerar que entre los pasajeros del vehículo motorizado que conducen, hay menores y personas mayores que se merecen respeto, son alevosos y desconsiderados y desprestigian a otros trabajadores del volante que son verdaderos "caballeros" y que por sus buenos modales uno es capaz de decirles, "quédese con el cambio maestrito".

Y por si fuera poco, también hay deportistas cretinos, que son groseros, buscapleitos y que llegan al extremo de hacer ademanes y gesticulaciones obscenas, tal cual aconteció con un cuidapalos, que se desesperaba por buscar camorra a como dé lugar. Puede ser el mejor deportista del mundo, empero con sus actitudes, no pasa de ser un marrano con atuendo de jugador. Desde ser este punto de vista, hay necesidad de educar a los deportistas, que no pueden desbordarse en sus pasiones y comprender que el cretinismo no contribuye a la fama de un deportista. Como puede verse, la Medicina, la Psiquiatría, la Patología Social tienen mucho que hacer todavía, hay sujetos deficientes, que tienen s¡que ser marginados hasta que moderen su comportamiento y respeten a la ciudadanía, que pueden ser heridos con los dardos de la indecencia y el cretinismo de ciertos sujetos.

 


Apuntes.....


El desempleo es una espada

que le planta su estocada

de los pobres a la panza;

y ¡¡aún espera una alabanza!!

ZACARIAS