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Editorial
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A principios de esta semana una empresa biotecnológica de Worcester, en el estado de Massachusetts, Estados Unidos, anunció la clonación de embriones humanos con fines "estrictamente terapéuticos". De acuerdo a un comunicado de esta empresa, la clonación no busca crear un ser humano sino la obtención de células, que puedan revolucionar el campo de los transplantes y ayudar en la curación de varias enfermedades. Tras el espectacular anuncio, el Papa Juan Pablo II, manifestó su preocupación al afirmar: "Hoy día surge una nueva tentación: la de arrogarse el derecho de fijar, de determinar el umbral de humanidad de una existencia singular". La visión del Sumo Pontífice es diametralmente opuesta a los científicos que consideran al embrión clonado no como un nuevo ser humano sino como células madres que ayudarán a curar enfermedades como el mal de Parkinson. En cambio, Juan Pablo II afirma que cuando la ciencia experimenta con embriones humanos o cuando los "produce" por clonación, está manejando el destino de personas humanas. Desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo, dijo el Obispo de Roma. "Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces". La Oficina de Prensa de la Santa Sede, emitió el pasado 27 de noviembre, un comunicado que fija la posición de la Iglesia sobre la clonación de embriones humanos. En partes salientes denuncia la "gravedad" del acto que se ha llevado a cabo, y reafirma la posición del Papa al afirmar que: "Este hecho nos lleva por lo tanto a reafirmar con fuerza que el principio de la vida humana no puede fijarse por convención en un estadio determinado del desarrollo del embrión; se sitúa, en realidad, ya en el primer instante de la existencia del embrión mismo". Esto se percibe con más facilidad en la modalidad "humana" de la fecundación entre óvulo y espermatozoide, pero tenemos que aprender a reconocerlo también frente a una modalidad "inhumana" como la de la reprogramación de un núcleo somático en una célula huevo; también con esta modalidad se puede dar origen a una vida nueva -como desgraciadamente el experimento anunciado ha demostrado- vida que conserva, de cualquier forma, su dignidad como la de toda vida humana a la que se da la existencia". El debate se centra en, qué es ético y qué no lo es, en la ciencia de la biogenética que hasta hora, sólo había experimentado con animales. Después del anuncio de Worcester, podemos estar seguros que los científicos de los llamados países altamente desarrollados, ¿no han clonado ya a un ser humano? ¿Es ético, en nombre de la ciencia, arrogarse el poder de "crear", de "armar" un ser humano con características genéticas a escoger? ¿O, de crear un embrión y luego destruirlo?. Interrogantes que surgen y que llevan a pensar que la ciencia ficción ya se hizo realidad y que el hombre sobrepasó un peligroso umbral cuyo desenlace final, nos es completamente desconocido.
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Opinión |
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¿Dulce hogar? Por: Freddy Ontiveros Cabrera - Pastoral Social |
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Nada más terrible que ese entorno supuestamente cálido, acogedor y protector llamado "hogar", resulte ser tan parecido al infierno. Pero, como confirman los medios de comunicación, a diario los hogares resultan ser para demasiadas niñas y niños verdaderos antros del terror, donde lejos de recibir lo necesario para la vida, a duras penas sobreviven. Por ejemplo, no puede considerar un simple "maltrato" que una criatura sea quemada con agua hirviendo, herida con cuchillo, colgada de una viga hasta casi morir, golpeada con garrote, violada o abusada de modo indescriptible, en fin, sometida a semejante clase de tormentos como parte del "trato familiar" rutinario. El delito familiar es mucho peor que el que se comete en las calles, porque el ámbito privado está sirviendo para encubrirlo, y también porque el "temor al que dirán" empuja a los parientes a convertirse en cómplices, minimizando la tragedia que viven a diario tantos niños. Los padres que son detenidos por torturar a sus hijos no son, una excepción. Esos casos trascienden gracias a la salvadora intervención de algunas personas, sensibilizadas quizás por sus propias experiencias, porque de acuerdo a investigaciones realizadas una mayoría de mujeres fueron maltratadas y abusadas en su infancia. Algo muy grave está pasando en la institución familiar, cuando con tanta frecuencia se pretende educar con golpes, gritos e insultos que destruyen el cuerpo y la autoestima de los niños y niñas provocando heridas tan hondas que tomarán, en el mejor de los casos, toda una vida para curarse. Por eso, es tan valiosa la cobertura que últimamente dan los medios de comunicación a este tipo de delitos, como también las permanentes denuncias del pueblo y de organismos que protegen a la niñez. De algún modo la sociedad se moviliza contra este flagelo. No obstante, es necesario ir más allá de las denuncias y las estadísticas para profundizar sobre las causas y consecuencias de la violencia intrafamiliar, en el esfuerzo por encontrar los mejores modos de prevenirla. En nuestra experiencia vemos cada vez más clara la relación directa entre violencia doméstica y las mentalidad que sustentan las relaciones autoritarias en la familia entre hombres y mujeres, como entre adultos, jóvenes y niños, mentalidad que se trasladan luego a la escuela y al resto de la sociedad. Eso de imponer la voluntad y las ideas en base al temor y a la fuerza, es la base de la incomunicación y el camino más seguro hacia la violencia. La violencia surge cuando se cierran los espacios a la comunicación, y por el contrario, termina cuando la gente aprende a comunicarse, a escuchar y valorar las opiniones ajenas. El autoritarismo está ligado al estereotipo del machismo y a las alteraciones en la personalidad que produce el hecho de vincular la identidad masculina, con la fuerza, la intransigencia y la agresividad. Esta mentalidad daña las relaciones de pareja, destruye la posibilidad de una buena relación entre padres e hijos, acerca el peligro de la violencia física y de abusos sexuales, y ocasiona, sobre todo, el tremendo sufrimiento a los miembros del grupo familiar. Este problema jamás de solucionará echando presos a los padres y madres agresores, aunque todos comprendemos que las leyes deben aplicarse. Simplemente no hay cárceles para encerrar a los millares de hombres y mujeres que se ensañan a diario contra niños y niñas en sus hogares, como no las hubo para hacerlo contra los progenitores de ellos mismos cuando los maltrataron en su infancia. Porque la violencia doméstica no es un hecho extraordinario cometido por personas enajenadas, sino que deriva de los modelos de crianza tradicionales. Proviene de comportamientos aprendidos en la escuela familiar que se reproducen una y otra vez, como una cadena terrible de transmisión generacional sostenida por la fuerza de los lazos familiares. Si le preguntamos al padre detenido qué le ocurrió en su infancia, posiblemente diría que a él le hacían lo mismo e incluso trataría de justificarlo. Esto es lo que vemos constantemente en nuestro contacto con los medios de comunicación que reflejan que no se trata de acciones conscientes y deliberadas. Muchos padre y madres no están claros de la forma en que "pasan la factura" a sus hijos por lo que ellos mismos sufrieron y al comprenderlo cambian notablemente, modificando sus actitudes violentas con sus hijos o pareja. Los especialistas creen que es importante impulsar una labor cultural, educativa y social amplia que induzca a la reflexión colectiva sobre el problema a fin de cortar esa cadena de transmisión generacional. Por ejemplo, mediante una cobertura diferente de estos temas en los medios de comunicación, introduciendo nuevos contenido en los programas escolares, promoviendo reflexiones sobre un nuevo tipo de relaciones familiares. "Un aspecto prioritario es enseñar a niños y niñas, como también a sus familiares, la importancia de educación basada en el estímulo y no en el castigo, en la importancia de una comunicación sincera, basada en el afecto y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás". La prevención de la violencia exige también la urgente respuesta en marcha de los mecanismos de capacitación que prevé la Ley Contra la Violencia Intra-familiar, aprobada hace años y aplaudida por la sociedad civil, para que no queden engavetadas las medidas que, de ejecutarse prontamente, protegerán las vidas y sentimientos de tantas niñas y niños que hoy sufren silenciosamente en sus hogares.
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Gran parte de las actividades en todo el país se vieron perjudicadas por el paro general, determinado por el poderoso gremio de los transportistas agremiados nacionalmente y que no permitieron el trabajo del transporte libre al que amenazaron con la pena de chicotazos en la vía pública, o en los caminos. Nuestras leyes no contemplan esas sanciones de castigo corporal a ningún ciudadano pero los choferes castigan así a quienes se oponen a sus designios sindicales y vi hace algunos meses la ejecución de esa pena que estuvo vigente en los tiempos bíblicos para luego ser adoptada en las sociedades musulmanas y por algunas comunidades indígenas de Africa y América. Con el ejemplo de choferes no sería raro ver aparecer cualquier día de éstos a un reformador del código penal que incluya entre las sanciones penales los azotes en el trasero, importante parte del cuerpo humano pero considerado como la mejor para sufrir castigos que van desde "una patada en el culo" hasta otras sanciones peores y más ostentosas como los chicotazos que tanto gustan a los trabajadores del volante. Está visto que las multas como sanción han perdido su eficacia, sobre todo en esta época de crisis donde nadie tiene un peso para purgarlas; la sustitución de la multa por unos chicotazos en el trasero, y a la vista del público, no me parece tan mala, pero que sean propinados por una autoridad legítima y no por sindicalistas abusivos que no tienen ningún derecho a prohibir el trabajo de los transportistas libres ni a perjudicar las actividades productivas en todo el país. Tal vez no estaría mal que las autoridades del Tránsito incluyan en sus códigos y reglamentos la pena de los chicotazos para los choferes infractores y que aquella sea ejecutada en la Avenida Santa Cruz, ante un público delirante de júbilo que sería testigo de la ejecución de esa pena, más humillante que la guillotina. Conducir un taxi o un camión en estado de ebriedad debería ser sancionado con 500 chicotazos; el acoso sexual a cholitas pasajeras 300 chicotazos, ausencia de higiene personal que ofende a los pasajeros tendría una sanción de 100 chicotazos; y circulación en contra ruta también podría ser sancionada con 500 chicotazos en el trasero propinados por autoridades de buen físico. Si los choferes estuvieran de acuerdo se podría proceder a reformar nuevamente nuestro código penal sustituyendo las multas pecuniarias por los chicotazos en el trasero de los infractores. Tal vez el cambio sería beneficioso para todos porque muchas gente desconoce el destino de las multas cobradas a los choferes y conductores que infringen las leyes de Tránsito. Para terminar, quiero recordar a mis lectores la célebre frase de un taxista: "Con chicote o sin chicote, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley".
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Entre líneas Los sabelotodo Por: Modesto Franco |
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Cuando se trata de emitir opiniones, aprovechando los medios de comunicación, hay un buen número de personajes que se anotan en la lista de los "sabelotodo" y que sin ningún empacho están en condiciones de formular denuncias, con una dosis de excesivo conocimiento de ciertas materias, asombrando con sus detalles o su locuacidad a lectores, oyentes y televidentes. Sin embargo, tras la euforia de hacer declaraciones y después de lograr un supuesto objetivo de crear zozobra, de alterar la continuidad del algún proyecto o simplemente defenestrar a un individuo, los sabelotodos se enfrentan a ciertas realidades, producto de aclaraciones, explicaciones y demostraciones, lo que generalmente hecha por tierra con los argumentos de los "super-expertos". De esos temas hay muchos para tomarlos como ejemplos, como las observaciones que hacen ciudadanos profanos en medicina y que critican a profesionales médicos, o profesionales teóricos en ingeniería, que todavía no pusieron un ladrillo sobre otro y pretenden saber más que sus colegas que con bastante experiencia en construir casas o caminos, saben por qué utilizaron uno u otro material y en qué condiciones, etc, etc. Pero, se impone casi siempre el egocentrismo, defecto natural de los humanos, con alguna prevalencia en ciertos círculos de la comunidad, donde cada quien quiere pasar a mejor posición sin importarle a cuántos atropella en su intención, pero lograr su malicioso deseo de hacer daño para subir. Así son los "sabelotodo", personas que, lamentablemente sorprenden en su buena fe algún comunicador social para entregar su bagaje, generalmente teórico y sin mayor responsabilidad, complicando además la credibilidad de un medio de comunicación. En la práctica, las cosas son diferentes, como sucedió recientemente con los trabajos de asfaltado de la franja de aterrizaje recientemente concluida en el Aeropuerto Juan Mendoza. Se mencionaron muchas fallas, desde ondulaciones en la franja, agregados que se retiraban a sola presión del pie, en fin, las cosas parecían muy malas. La verdad que unos ingenieros con experiencia y otros meramente teóricos se explayaron en sus apreciaciones y saben que, al margen de esas opiniones habían otras dos, la del administrador del aeropuerto que recibió la opinión directa de un piloto que ya utilizó la flamante pista asfaltada y que mostró su plena conformidad con el trabajo. Quien mejor que el piloto, verdad. Al final es la persona cuyo criterio debe ser admitido como autorizado, pues se juega al alma bajando desde centenares de metros en el cielo, para asentarse en una linda franja sin mayor problema y con mucha seguridad. Lo contrario habría significado que ese piloto, no cuente el cuento y aún así los impugnadores de los trabajos en el aeropuerto seguirían enfrascados en un torneo de teoría versus experiencia, cuando en realidad lo que vale es la práctica -del piloto- a no dudarlo.
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Apuntes..... |
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Te preguntan: ¿Qué te parece? todo conflicto crece y crece. El Gobierno en nada atina ¡¡parece vivir en la cantina!! ZACARIAS |