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Editorial
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Los conflictos sociales se agudizan. En la región cocalera del Chapare ya se produjeron enfrentamientos con el saldo de heridos. Lo mismo ocurrió en La Paz, en choques entre policías y mineros. En Oruro, una combativa marcha de la Central Obrera Departamental, hizo estremecer el centro citadino. No más engaños y promesas del gobierno, advirtieron los trabajadores, cansados de enfrentarse día a día, con la angustia del cierre de operaciones de los centros mineros y con la incertidumbre creciente por llevar alimento a sus hijos. Los conflictos sociales se agudizan. El movimiento cívico de Oruro, aguardó, pacientemente, durante dos años, que el gobierno genere un proceso de soluciones a las justas demandas regionales. Los voceros y enviados gubernamentales repitieron la vieja receta: hicieron promesas y firmaron papeles de compromisos que nunca se cumplieron. Los conflictos sociales se agudizan. Cada día aumenta el número de desempleados. Las industrias orureñas languidecen. Los empresarios manifestaron su decisión de continuar operaciones y esperan hasta ahora, en vano, que la ley FERE comience a funcionar. Los conflictos sociales se agudizan. La región del Chapare se ha convertido en una zona de guerra. Miles de militares y policías controlan la principal carretera de Bolivia que une el occidente con el oriente y es el principal corredor para las exportaciones hacia el Pacífico. Los conflictos sociales se agudizan. Si bien el bloqueo cocalero no es perceptible tal como ocurrió en ocasiones anteriores, la carretera está intransitable y paralizada por los bloqueos relámpago, por el regado de "miguelitos" que no son otra cosa que clavos para perforar las llantas de los vehículos, porque los transportistas no se arriesgan a quedarse en el camino y porque los militares lo ocupan todo. Los conflictos sociales se agudizan. Los campesinos, a través de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), advirtieron al gobierno que bloquearán todas las carreteras del país si es que en el plazo de cinco días, no retira las tropas de la región cocalera. Todos los campesinos tienen el mismo problema: la pobreza. Los conflictos sociales se agudizan. La Coordinadora del Agua de Cochabamba anunció su apoyo a los cocaleros. Los conflictos sociales se agudizan. Porque los departamentos mineros de Oruro, La Paz y Potosí, no encuentran solución a su demanda de declaratoria de zona de desastre, por la estrepitosa caída del precio de los minerales en el mercado internacional. Porque el gobierno no responde a sus pedidos de reactivación efectiva de la minería y a garantizar las fuentes de empleo. Porque parece que la lógica gubernamental responde a una política de dilación y de cansancio. Los conflictos sociales se agudizan y pueden generar una eclosión social de impredecibles consecuencias.
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Opinión |
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Las iniquidades de la clase política Por: Humberto Guzmán Hurtado |
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La ciudadanía con sobrada razón siente aversión por los políticos, particularmente por aquellos que ya tienen su propio Cartel y son la noticia de todos los días, pero no por el trabajo positivo que hubieran realizado sino por el descaro y las fechorías ininterrumpidas que cometen; la ciudadanía no los soporta a esos que a nombre de la democracia se han enriquecido de la noche a la mañana y lo que es peor su angurria llega a extremos inverosímiles; se aferran a los cargos públicos y pretenden seguir succionando los recursos del Tesoro General de la Nación y, cuando son sorprendidos en sus malos manejos, ponen en funcionamiento su influencia y frente a ello la ley, es sencillamente inoperante. No hay un sólo día que la prensa oral y escrita que no se refieran a hechos de corrupción, cuyos protagonistas son militantes de tal o cual partido político y no podemos soportar lanzar una carcajada, cuando se dice que: caiga quien caiga, los autores serán sancionados drásticamente. Todos esos ofrecimientos son una especie de soporíferos que sólo sirven para adormecer a los incautos, porque los que se dedican a la política se las saben todas y conocen de mil argucias y triquiñuelas para seguir haciendo de las suyas, ante la ira contenida de la ciudadanía, que no alcanza a comprender cuál el poder inexpugnable de los mafiosos que siguen ocupando cargos jerárquicos y, por si fuera poco, son nombrados miembros de Comisiones de Etica. Es como si confiáramos al tiburón para que cuide las sardinas. Una buena parte de las instituciones están en descomposición, por la saturación política de las mismas, ha desaparecido el manejo técnico científico de instituciones, donde los intereses del pueblo están comprometidos, de ahí que causa pánico el que un político sea administrador de recursos económicos que como por arte de magia se esfuman o van a engrosar el patrimonio del jerarca, que cuantas veces sin tener "oficio ni beneficio" se hacen llamar "Licenciados" y hasta dicen tener un "status", que con más propiedad debiera llamarse "prontuario". Cuánta razón tenía Nikita Kruschev, cuando dijo que los políticos son los mismos en todas partes: "Ofrecen construir puentes, donde no hay ríos". Siendo así, nos preguntamos: Y ahora, ¿quién podrá defendernos de esta especie de epidemia?
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Nunca había imaginado que a mis años bailaría el cha-cha-chá de la dinamita abrazado de una chola y en una de las calles céntricas de esta ciudad que irónicamente se llama La Paz cuando debería llamarse Kabul, la capital de los Talibanes. Salí del templo de San Agustín donde dije mis oraciones de la tarde, dirigiéndome a la Pérez Velasco sin darme cuenta de la presencia de una multitud de manifestantes que vociferaban contra el gobierno y el neoliberalismo, preguntando a un ciudadano quiénes eran esos ciudadanos tan bulliciosos. La respuesta fue: "son mineros que han venido de Potosí y Oruro, ¿es que no ve que llevan guardatojos en la cabeza?"; expliqué a mi interlocutor que efectivamente llevaban unos cascos para protegerse de los rayos solares, comentando el vecino: "este señor, además de viejo es un cojudo". Otro señor más amable y comprensivo me dijo: "estos trabajadores del subsuelo han venido a protestar contra el gobierno porque la cotización del estaño ha caído en el mercado internacional", lo que me produjo mucha rabia, aunque pensé que la manifestación debería haberse realizado en New York o Londres. Me acerqué a uno de los manifestantes y le pregunté el motivo de su malhumor, respondiéndome: "tengo mis motivos, carajo, además estoy en una manifestación de protesta y ¿cuándo ha visto usted que alguien proteste con la sonrisa a flor de labios?". Y me dio las espaldas sin darme oportunidad para contarle que fui amigo del señor Juan Lechín que era muy macho pero solía sonreír. Como vi que muchos mineros cargaban dinamita, pregunté a uno de ellos dónde compraba ese maravilloso explosivo y así colaborarle en su noble protesta, contestándome el individuo: "esta dinamita pertenece a la empresa pero como hay poco trabajo hoy servirá para aterrorizar a los paceños y para que el gobierno suba los precios de nuestros minerales en el exterior". Me alejé del dinamitero y pude ver cómo éste encendía un cachorro de dinamita y lo arrojó cerca de mí; al verlo a pocos metros comencé a correr agarrándome de mi trasero mientras gritaba: "¡socorro, socorro que me va a explotar en mi poto!"; abrazándome a una chola a quien le pedí que bailara conmigo el cha-cha-chá de la dinamita, obligándola a cantar unas estrofas que dicen: "abrázame con fuerza, mi chola, y bailemos juntos por última vez, que la dinamita, mita, mita, está a punto de explotar". La chola se meneaba de lo lindo cuando vio que otro cachorro de dinamita se hallaba cerca de sus polleras y sin perder el ritmo me llevó al mingitorio de la Avenida Montes pues el miedo me había vencido y es que con la dinamita no hay forma de hacerse el macho. Desde el baño público grité: "¡Ya no aceptemos más actos de terrorismo!".
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Ayuda y bombas Freddy Ontiveros Cabrera |
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Asistimos al recrudecimiento de la fase militar del castigo llamado "Libertad Duradera" dirigida por los Estados Unidos contra Afganistán, con el ya consabido desfile de imágenes oscuras, plagadas de explosiones, que nada muestran y nada cuentan. Renacen los "ataques quirúrgicos" a los que ya hemos visto causar numerosos "daños colaterales" en Belgrado, Bagdad y Afganistán. Comienza también la guerra de cifras y mentiras sobre el número de muertos y objetivos alcanzados. El presidente norteamericano prometió al mundo que "el oprimido pueblo de Afganistán conocerá la generosidad de América y sus aliados. Al tiempo que bombardeamos objetivos militares, también lanzaremos comida, medicamentos y provisiones a los hambrientos y atormentados hombres, mujeres y niños de Afganistán". Se trata de una generosidad envenenada que no comprende que arrojar comida no es lo mejor que puede hacer por los desesperados afganos. Sería mucho más generoso no matarles, no bombardear las instalaciones militares, ministerios o centros de comunicaciones, sin duda vacíos desde hace semanas pero que están justo al lado de las casas de adobe de los civiles. Los lanzamientos aéreos de material humanitario para ser efectivos deberían ser hechos a baja altura y sobre zonas muy precisas a las que la población tenga acceso garantizado, o no pintar con el mismo color de las bolsas de alimentos a las mortíferas bombas "racimo" que están matando niños, mujeres y ancianos por centenares, pero son premisas imposibles de cumplir en este caso. Los embalajes de ayuda humanitaria hieren e incluso matan a las víctimas que se pretende ayudar. Por si fuera poco, "arrojar comida en un país como Afganistán, sembrado con 10 millones de minas", es obligar a la población a correr un riesgo increíble. Durante este conflicto en el que los civiles tienen restringida la libertad de movimientos, la comida venida del cielo favorece a las facciones armadas y a los especuladores que luego la venden en el mercado. Aun así, lo peor del caso es que asistimos, una vez más, a una manipulación inadmisible de la ayuda humanitaria. No se lanza comida para ayudar a la población, se lanza comida para "humanizar" las bombas, para hacer el ataque más aceptable sólo porque aquellos que sobrevivan tendrán después la oportunidad de arriesgar sus vidas saliendo en busca de algún paquete venido de las alturas. Se prostituye el concepto de la ayuda humanitaria despojándola de todo principio ético para convertirla en un accesorio militar. Lanzar misiles y comida al mismo tiempo no es ser generoso, como pretenden los gringos, es ser cínico. La perversa política de estos agitados principios de siglo quiere resolverlo todo desde las nubes. Desde el cielo se quiere acabar con los talibán, con el terrorismo internacional y ahora con el hambre de los afganos. ¿Acción humanitaria sin humanitarios? ¿solidaridad sin ética? ¿y cuándo, un imperio sin prepotencia?
(En base a un diálogo entre un ex-prefecto, dos dirigentes de la COD y el escribidor de la Pastoral)
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Apuntes..... |
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Ahora hay cosas concretas: Concejales aumentan sus dietas y descuidan a los niños del P.A.N. claro, ¡¡bien los criticarán!! ZACARIAS |