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Nuestras Provincias


Tambos, apachetas y tapados de la época colonial

Los Tambos

El termino "Tambo", quiere decir "establo para animales". En el periodo de coloniaje ésta nominación estaba dentro el sistema caminero hábilmente establecidos para garantizar al viajero una expansión y seguridad en sus cotidianos y múltiples viajes que realizaban a lomo de bestia.

Los aymaras ya tenían una vinculación caminera que unía el llano y los valles con las zonas altiplánicas y estas a su vez con las costas marítimas del Océano Pacífico, las mismas vías con ligeras variaciones han sido utilizadas en el periodo incaico.

Los españoles en el periodo de la conquista y dominación española, como se llama históricamente desde el descubrimiento de la América producido un 12 de octubre de 1492 en las islas Guaraní, hasta la batalla de Junín producida el 6 de agosto de 1824, han ocupado por espacio de 332 años, tranquilamente los mismos "tambos" y caminos 

En la foto se puede denotar un "tambo"

 de la época colonial, donde los caminantes 

que iban desde la puna a los valles profundos 

a realizar trueques de sus productos como 

charque, grasa, sal y otros, con maíz, ají y 

etc, que son propios de los valles, 

pernoctaban en su larga caminata 

en estos canchones junto con sus animales

aymaras con ciertas modificaciones y ampliaciones adecuadas a su estilo.

Francisco Pizarro y Diego de Almagro en la invasión al Imperio Tahuantinsuyo, apresaron al Inca Atahuallpa en la localidad de Tumbes el 16 de noviembre de 1532, fecha con la que se inicia la conquista y el coloniaje español para terminar con la Batalla de Junín, comandado por el General Simón Bolívar, en agosto del 1824.

El periodo de la dominación española duró 292 años, es decir cerca de tres siglos.

En este periodo, con el afán de la explotación de la plata y el oro, los españoles casi sin otra alternativa, utilizaron los mismos caminos y los tambos, para la exportación de las riquezas extraídas del Alto Perú a las costas del Océano Pacífico y de allí a España.

Como las distancias que separaban de los centros mineros a las costas marítimas eran largas y escabrosas, entonces es que pensaron en establecer la vigencia de los Tambos, que ya habían sido creados por los aymaras y quechuas como lugares de descanso establecidos a cada cuatro leguas de recorrido, existiendo alguna variación a cinco leguas por razones de estar en la proximidad de las marcas.

El servicio de comunicaciones en la cultura aymara como en la quechua, eran cubiertos por un servicio obligatorio de los "chasquis", cuyo recorrido era comparado en velocidad con la carrera de las vicuñas, que cubrían las cuatro leguas que separan de tambo a tambo, allí esperaba listo al chasqui relevante, que después de cumplir con la entrega y recepción de los mensajes y correspondencia, "quipus" lo trasladaban al otro tambo en el recorrido de otras cuatro leguas; entonces el "tambo" era un lugar límite para el intercambio de la correspondencia aymara y al mismo tiempo, lugar de reposo o de descanso de los chasquis en servicio.

En el periodo colonial, los españoles utilizaban el mismo sistema para sus comunicaciones. Los tambos fueron llamados "postas" y los "chasquis" tomaron el nombre de "postillones", el sistema de recorrido y las obligaciones impuestas eran las mismas.

La obligatoriedad del servicio de postillones han sido impuestas por los españoles, de este modo las comunidades estaban obligadas a prestar este servicio anual en un sector regional. La nominación de "postas" no ha podido borrar el nombre tradicional de "tambo", que actualmente conocemos estos sitios con el nombre original de "Tambillo", "Tambo Quemado", "Marca Tambo", etc.

En el periodo de coloniaje como en la republicana, los "tambos" eran considerados como postas estratégicas de vital importancia para el desarrollo integral de los pueblos de estas regiones Andinas y como sitios de auxilio y de descanso para el viajero. En cada "tambo" prestaba servicio obligatorio un Alcalde, con su acémila, consistente en una mula de silla o aparejo para montar al animal, un postillón de servicio como personal encargado de las comunicaciones ordinarias; la atención del personal de los tambos al viajero eran sin horario.

En el camino internacional de herradura que une Huari con la República de Chile, existen los siguientes tambos: Quillacas, Agua Milagro, Cotimbora, Tambillo, Lakhata, Salinas de Garci Mendoza, que entonces era el centro minero comercial de la región; de allí hacia Chile están los tambos de Iswaya, Markhawi, Chiju, Calcalavaya, Santaile, Huasco, Tambillos, Pica.

LAS APACHETAS

En el camino internacional de Herraduras, que unía los centros mineros con las costas marítimas, se encuentran las grandes e históricas apachetas, cuya ubicación están en las abras de las montañas y cordilleras occidentales, con un cúmulo de toneladas de piedra amontonada.

Por su importancia, cuando estos caminos tuvieron una continua transitabilidad de grandes caravanas de arrieros que surcaban, unos de ida y otros de vuelta, transportando la carga de los minerales de las minas de Potosí y de otras minas, las grandes "apachetas" llevaban nombres originales de la cultura aymara tales como "La Mama Apacheta" "Taica Apacheta", "Quimsa Apacheta", etc.

Los apachetas han tenido su origen en la cultura aymara, posteriormente en la cultura quechua se han mantenido, como en el Coloniaje y en la República. Su existencia revela adoraciones rituales e históricas de las tradiciones Andinas, que hoy en día, podían ser consideradas como monumentos folklóricos de las antiguas vías camineras de herraduras internacionales.

Los arrieros, al pasar por una apacheta depositaban una o varias piedras con la advocación de dejar las penas, el cansancio, la desgracia, la mala suerte para que allí se queden sin vuelta alguna, al mismo tiempo dejaban la coca masticada; luego en un breve descanso hacían el nuevo acullico y la "phagua" con el derramado de hojas de coca.

Para mantener y hacer crecer la "Apacheta" cada persona viajera por espontanea voluntad estaba obligada en arrojar por lo menos una piedra sobre ella con lo que creían que estaban dejando allí su cansancio, su pena, la desgracia y todos los males que sentían ser acompañadas en el largo viaje, luego se consideraban espiritualmente libres de estos males.

Eran también destinados como lugares de descanso momentáneo, para que ese tiempo se tenga que hacer la ch‘alla con alcohol y el correspondiente acullico de rigor. Había que dejar arrojando a la apacheta la papilla de coca mascada con la que se ha llegado al lugar.

Las grandes "Apachetas" se encuentran en territorio chileno, entre Tambo de Huasco y Tambillo, sobre el camino regional de herradura llamado "Caña Cruz", muy próximo a la localidad de Pica.

Otra de las apachetas que ha tenido su importancia legendaria en esta vía internacional, es la que se encuentra entre Huari y Salinas de Garci Mendoza, en la abra de la colina de Tambillo, actualmente deteriorado, por manos de personas que desconocen su valor y tradición étnicas dentro de la historia Andina.

Conveniente es que las autoridades del ayllu al que corresponde o las de la Capital de Salinas de Garci Mendoza, dispongan su conservación, haciendo un retoque en su conformación estructural, para que sirva como sitio de investigación relatora de su pasado.

LOS TAPADOS

En este trayecto internacional de herraduras, existen tapados que algunos han descubierto, y se comenta de muchos existentes que no se dejan encontrar, porque se encuentran sumidos a las leyendas incario-coloniales del pasado.

El transporte de las cargas de plata labrada de Potosí y otros tesoros eran trasladados a lomo de bestia por el camino de herradura a los puertos del Pacífico para luego ser llevados a España, este viaje escabroso tardaba un mes y hasta tres mes de ida y otro de vuelta, en cuyo trayecto morían las llamas o equipos de carga. Al no disponer de animales de reserva, el cargamento de plata, a la muerte de su carguero, era enterrado en una cajuela subterránea bien tapada con piedras o otros objetos adecuados; para luego en un próximo viaje recogerlos y llevarlos a su destino. Como las travesías eran largas y con el tiempo, se perdían para el próximo viaje. Los tapados en su mayoría ya no eran reubicados en su búsqueda, de este modo estos tesoros han llegado a veces a las alucinaciones misteriosas.

Fuente: Investigación realizada por el escritor Donato Juanez Pérez.