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Editorial
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Otro año más, castigados |
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Total que Oruro, resulta el distrito castigado por el Gobierno, como si tuviese la culpa de todo lo malo que sucede en el país. Como al hijo maleducado, se le quita el regalo y la fiesta de cumpleaños, así por varios años, los orureños estamos castigados y sin regalo, pero lo peor es sin saber por qué. ¿Qué es lo que hicimos, para que nos traten tan mal? El pasado 10 de Febrero, que cumplimos otro aniversario de nuestra revolución libertaria (221 años), los orureños estuvimos esperando algunas novedades importantes, de las cuales el Primer Mandatario sería portador. Sin embargo, en el momento de la celebración, que además este año tuvo que adelantarse cinco días, el Señor Presidente, simple y llanamente nos trajo un cordial saludo, su presencia y la confirmación de algo que ya se supo oficialmente sobre la licitación del tramo caminero Toledo-Ancaravi. Claro que existieron otras promesas, sumadas a las muchas del gobierno, configuraron lo que debemos señalar con mucha claridad: Un engaño y un nuevo desaire a la tierra orureña y sus habitantes. Estamos realmente castigados, nadie se conduele por los graves problemas que se confrontan en esta región. Oruro es el departamento más olvidado, pues hace mucho tiempo que no se disponen medidas oficiales para incentivar su desarrollo, menos para reactivar su economía, tampoco se hace nada por rehabilitar su minería, aún a sabiendas de su potencial con ingentes reservas mineralógicas. Nada de nada, tampoco en materia de agropecuaria, conociendo que existen los mayores índices de producción de quinua o de crianza de camélidos y que ambos productos son requeridos con desesperación en mercados de Europa y EE.UU. Tenemos todas las condiciones para convertirnos en un distrito pujante, añadiendo además ese todavía lírico componente de constituirnos en el "Puerto Seco de Bolivia" o más prácticamente en el "nexo integrador de los corredores bioceánicos" una vez que se concluya el anhelado proyecto de la carretera asfaltada entre la ciudad de Oruro y la localidad de Pisiga, fronteriza con Chile. Está todo dispuesto para convertirse en realidad, empero fuerzas extrañas conspiran contra las ansiedades de los orureños y como si fuera poco, nuestros gobernantes se suman a esa corriente maligna, olvidando sus obligaciones y postergando una solución pragmática para revertir la penosa situación actual, por otra que comience en la disponibilidad de suficientes recursos económicos para emprender proyectos de reactivación que en breve tiempo, permitirán recuperar inversiones y aprovechar las utilidades. En Oruro se necesitan recursos financieros con urgencia. El Gobierno tiene la obligación de dotarnos de esos fondos, porque ya no podemos seguir viviendo como ilusos, pensando que, por lo menos, en la celebración cívica se acordarán de nosotros y no pasa nada. Una cosa parece más evidente que todo. Se está castigando a este Departamento, y lo que nos gustaría saber a todos el por qué de esa actitud, pues no creemos que el motivo sea reclamar lo que en justicia nos corresponde y además hacerlos en los términos más enérgicos y con las medidas más contundentes. Tenemos derecho a vivir con dignidad, ¿no les parece?
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Opinión ... |
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La caída del águila Por: Juan Manuel Fajardo (*) |
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El Ocaso de Awancay, novela histórica de Vicente González-Aramayo Zuleta (Latinas Editores-2000), se inscribe en la saga de "La conquista de las rutas oceánicas" de Carlos Pereyra; "La raza" de Julián Sorel o "Maluco" de Napoleón Baccino Ponce de León, encerrando en sus páginas, hechos indispensables para el conocimiento de la gran revolución geográfica y de conquista, preparada desde el siglo XIII, realizada el XIV. El autor resume y condensa con método expositivo, materia histórica rica y compleja en forma novelada, apelando por fuerza a la intervención del episodio dramático, algunas veces, como en el capítulo XIII, que narra el final de 120 hombres cargados de oro destinado al rescate de Atahuallpa, encerrado en las entrañas de una montaña para siempre, así como la muerte de dos amantes Qacha Ocllo y Toco Mamani, en un escenario de grandeza espiritual. Recurre a la anécdota, residuo legendario para la exposición de la verdad, que en historia no se dá frecuentemente, sino cuando lucha y se impone contra el elemento de la fábula, con las armas de la amenidad; prescinde de la cita o documentación comprobatoria, estimo para no robar espacio al texto, para que el relato vaya por un cauce recto, suave, sin tortuosidades ni cascadas, apelando a la confianza del lector, sin ofrecer pruebas de lo que afirma o discute. Hay con todo, una serie de referencias a las fuentes originales, que sirven de punto de apoyo para aclarar o entender noticias, acerca de algún tópico. Los actores, en medio los cuales discurre el autor, Atahuallpa, Huáscar, los Pizarro, Almagro, el cura de Valverde, los aborígenes de hermosos cuerpos y nombres, acuden al drama como personas de carne y hueso, como seres comunes y corrientes, susceptibles de todas las debilidades, que rinden su testimonio con gracia y oportunidad, dejando al lector el beneficio íntegro de la persuasión o de la duda. Como H. Rider Haggard, nos brinda González-Aramayo, una nueva expresión de su fecundidad, grato placer literario y la posibilidad de ampliar nuestros conocimientos con el relato de las costumbres y la organización política del gran estado incaico, que en lo hechos nunca se sometió del todo a la Corona Española, sobreviviendo sus ancestrales ritos a través de los siglos. Vicente González-Aramayo Zuleta, escribe sobre los incas y su imperio, como nación soberana, mostrando como fueron: sabios, feroces y leales. La mezquindad estaba lejos de aquellos que continuamente hacían frente a las grandes cuestiones finales como la vida y la muerte. Hoy todo ha cambiado sin duda, los descendientes de los súbditos de semejante imperio, vuelven a sus hogares en las ciudades, campo o las minas, atontados algunos por el alcohol, grotescos con ropas de desecho, escondiendo entre sus mantas el pasado, para cerrar luego sus ojos hundidos y recordar los regimientos de penachos de plumas que hacían temblar el terreno, al lanzarse con un trueno de aclamaciones, fila tras fila, compañía tras compañía a la batalla. Es la historia de la conquista del Perú o Birú, tierra de oro y pedrería, de palacios y grandes señores, realizada por un subalterno de Vasco Núñez de Balboa, un hombre llamado Pizarro y un puñado de desesperados. El Ocaso de Awancay una obra que con alto vuelo imaginativo, recrea toda una época, digna de tenerse en cuenta. (*) Abogado, crítico de cine y literatura
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En una de mis fiestas carnavaleras, una mascarita inteligente y además guapa, me dijo en un breve descanso: "las elecciones deberían realizarse durante los días del carnaval", asombrándome su insólita opinión y continuando la alegre bailarina: "es que ambas son fiestas de disfraces". Deseoso de continuar la conversación le dije con rara astucia que si ambas celebraciones le parecían similares podíamos entrar al cuarto oscuro para llegar a la verdad, respondiendo la enmascarada: "de ninguna manera porque al cuarto oscuro la votante entra sola porque su voto es secreto". Entonces me di cuenta de que muchas mujeres saben diferenciar entre un cuarto oscuro y otro y que no todas son fácilmente engañadas por la astucia masculina y que por lo tanto podía continuar mi diálogo con la interfecta a la que adiviné perfecta engañado por el disfraz que llevábamos ambos, ella disfrazada de bella y yo de joven conquistador. Le pregunté continuando con el tema: "¿Te parecería justo comparar a los Partidos Políticos con las Comparsas del Carnaval como las que hemos visto en Oruro, Santa Cruz, Cochabamba y La Paz y también en otras ciudades y pueblos??" La mascarita se rió, y con filosofía de carnestolendas me dijo al observarla: si ha reído despreocupada, eso quiere decir que la pregunta fue seria y que anda pensando para darme una respuesta interesante. En efecto, luego de algunos instantes, la señora disfrazada me dijo pausadamente: "Los partidos se parecen a las comparsas aunque no son exactamente iguales, porque los primeros se organizan con propósitos muy serios y acaban carnavaleando cuando llegan al poder, mientras que las comparsas se organizan con el ánimo declarado de divertirse y alegrarse y se convierten en grupos serios a la hora de pagar sus deudas al concluir el carnaval. Su respuesta me convenció a medias y ella agregó: "ambas organizaciones se parecen en que todos sus integrantes llevan disfraces iguales y visten a sus militantes con los mismos colores para bailar juntos al son de una misma musiquilla y haciendo flamear sus banderas y banderines. Y además: Partidos y Comparsas tienen sus bandas o banditas, los partidos suelen tener bandas de ladrones y las comparsas bailan con sus bandas de música". Le pregunté por los disfraces que más le habían impactado en partidos y comparsas, y ella -que ya estaba chispeadita- me dijo: "casi todos los partidos se disfrazan de revolucionarios y casi todas las comparsas se disfrazan de alegres. Jamás verás en estos tiempos un partido que no se disfrace de revolucionario ni una comparsa que se llame: "los bolastristes del carnaval". Y en vez de irnos cantando aquéllo de "carnaval alegre quién inventaría", salimos del baile carnavalero cantando algo que decía: "elecciones libres quién inventaría, etc. etc".
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En rojo y negro Balance de dos mil horas de trabajo Por: Lupe Cajías |
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Hace algunos meses escribí convencida que a Jorge Quiroga Ramírez lo distinguían tres características, casi antagónicas de las de su antecesor Hugo Banzer: la preparación académica y la proyección intelectual, el esfuerzo por luchar contra los mecanismos de la corrupción oficial, y el tener las manos limpias de sangre ajena. Pensé que el nuevo ocupante del Palacio de Gobierno sería un Vladimir Paniagua, es decir una autoridad serena, con muchas dificultades para solucionar el descalabro heredado, sobre todo en el área de la economía, pero cuidadoso para cumplir con las tareas más inmediatas. Entre éstas, dos eran las más complejas por lo que había tensionado los meses antes del 6 de Agosto del 2001: organizar unas elecciones pulcras y confiables; y administrar los conflictos con pleno respeto de los Derechos Humanos. Quiroga prometió 10 horas de trabajo diario, siete días a la semana para llevar al país a buen puerto. Medio año después del cambio cancerígeno que nos salvó de la caída en picada, los hechos protagonizados por el Presidente Quiroga nos permiten ensayar un balance de aquella primera impresión y de sus promesas. "Tuto", como se apoda informalmente al Primer Mandatario boliviano, mostró un comportamiento que pocos políticos tienen: austeridad. Ese es quizá el primer logro porque Bolivia necesita ahorro, empezando por casa, para encarar cualquier modelo de desarrollo. Es lugar común escuchar comentarios favorables al desempeño del ingeniero cochabambino en diferentes foros internacionales, en inauguraciones y clausuras, en entrevistas periodísticas. Los más escépticos dirán que le favorecen las chambonadas de Banzer, pero creo justo destacar que el Presidente Quiroga conoce las reformas estructurales, el rumbo de las tendencias mundiales, la discusión de los temas de la agenda política local, y tiene cultura propia. En la lucha contra la corrupción, las señales han sido inequívocas. Se conoce la voluntad política para encarcelar a parlamentarios acusados de corrupción, para desbaratar una banda de la mafia incrustrada en su propio partido político, para mostrar con transparencia sus bienes y rentas. Y aunque el proceso electoral anda a tropezones, nada permite pensar que Quiroga favorecerá a un delfín. En cambio, el Presidente actual mostró una inmensa incapacidad para administrar los conflictos y se dejó enredar en la red de su propio fundamentalismo anticocalero y las presiones extranjeras para responder con absoluta violencia a las demandas de pobladores bolivianos. Es difícil entender por qué Quiroga no escuchó a tiempo a la Defensora del Pueblo, Ana María Campero, una persona apegada a la justicia y al bien común, ajena a todo radicalismo y muy lejos de cualquier alianza con la delincuencia. Ana María, mujer entrenada en el periodismo católico que tanto enseña a defender a los pobres y lidiar con el poder, alertó al Presidente cuando todavía era posible evitar la matanza. La Defensoría del Pueblo se ha convertido en la única trinchera estatal de defensa de los Derechos Humanos, después de que el Ministerio de Justicia cayera en manos poco sacras. Intuitiva, mostró a los políticos, a los parlamentarios, que el complejo tema del circuito coca cocaína debería discutirse entre bolivianos y para beneficio de los bolivianos. El Presidente Quiroga ha aceptado la solución militarista a los conflictos sociales y balear a los campesinos. Pudo evitar al país el llanto de las familias, de las viudas y de los huérfanos, el clima permanente de tensión social, la incertidumbre que crea en los ciudadanos comunes cada bloqueo, y el terrible daño económico a los productores. Evo Morales ha derrotado la ceguera oficial, ha ganado políticamente. Pero, los problemas están lejos de una solución pacífica.
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Crónica de un caminante Por: Rómulo Quintana Soza |
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Era el sábado, víspera del último convite del Carnaval de Oruro. Salimos de Llallagua alrededor del mediodía. En el retén, la tranca de hierro estaba asegurada con un candado cuya llave la tenían los propios policías, los que además vieron impasibles, cómo un grupo de campesinos hacían una zanja al costado del camino, para que no pasara ningún tipo de movilidad. Asimismo bloqueaba el camino, paradójicamente un bus de la Flota "Bustillo" que no permitía el paso de los taxis que, al principio del bloqueo campesino, llevaban a los pasajeros hasta el río de "Aguas Calientes", desde donde había que caminar hasta "Piedras Blancas" la Cumbre, para tomar alguna movilidad con destino a Oruro. Dirigentes de la flota, así como algunas autoridades habían ido a dialogar con los campesinos, en la posibilidad de suspender el bloqueo. Los ocupantes de una movilidad que volvía del lugar dijeron que el paso era imposible, por lo que muchas personas prefirieron retornar a Llallagua. Otras en cambio, nos arriesgamos a ver qué pasaba en el camino con el bloqueo. La tormenta de la noche anterior y el gran torrente del río (que vadeamos con la ayuda de otras personas, ya que no se podía pasar solo) iban parejas con la violencia de los campesinos que ocupaban la quebrada, donde se encontraban alrededor de 25 movilidades de diferente tipo, que estaban detenidas ya hacia cuatro días. Los choferes detenidos nos dijeron: "que ya no tenían qué comer, que los pollos ya están hediendo, los hemos tenido que botar. Ojalá nos ayuden, se arregle la situación y podamos pasar". Más allá, silencio..., sólo roto por el sonido de la lluvia, del río y de las piedras que caían, empujadas por barrenos, amenazando al camino, a las movilidades y a las personas que trataban de llegar a su destino. Piedras que en su caída iban acompañadas por los gritos de los campesinos: "corra c..." "apúrese m..." Caminando hacia la Cumbre, veíamos cómo caía el agua limpia, pura y cristalina por la varias y hermosas cascadas, yendo a regar los campos para dar vida a los frutos de la Madre Tierra, contrastando con las rocas que caían a los caminos, para destruir. Llegando al lugar, cerca de las 19 horas, vimos que estaba, con suerte un bus de la Flota "15 de Agosto" cuyo chofer nos dijo que estaba arriesgándose por llevar pasajeros. Le preguntamos si había más bloqueos. "Más arriba también hay campesinos, pero ya estamos charlando con ellos para que nos dejen pasar, pero van a cerrar las cortinas, para que no crean que hay muchos pasajeros". La movilidad avanzó un trecho, luego se detuvo y apagó el motor, se sentía una tensa calma entre los pasajeros. Fueron unas personas a dialogar. Una estudiante universitaria, mientras se secaba los mojados pies decía: "Ha sido una inolvidable Odisea... ". Los bloqueadores nos dejaron pasar, mojados hasta los huesos, esperaban instrucciones de los dirigentes, que les dieran mejores posibilidades de vida. Esperanza, pareja del campesino en la danza triste y amarga del sufrimiento... En el camino, se rompió el tubo de conducto de diesel, deteniendo nuestro viaje otra vez, El hábil mecánico improvisó un nuevo conducto, usando como tanque un bidón de plástico, hasta llegar a Huanuni. Una vez allí, repararon el desperfecto. Mientras tanto, llegó un camión llevando una banda de músicos jóvenes, que iban de Llallagua a Oruro, para amenizar la entrada del último convite, los que se trasladaron al bus para continuar el viaje. "Nosotros también caminamos, cargando nuestros instrumentos por los cerros para pasar; lo más fregado era el bombo". Llegamos a Oruro, alrededor de las 23 horas. Cansados, mojados, asombrados, decepcionados y con la esperanza de días mejores.
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Apuntes ..... |
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El "Mallku" sigue fregando y perjudica al turismo, preguntamos ahora mismo: indignados, ¿hasta cuándo? ZACARIAS |