
En
la foto de arriba, se puede denotar una estatua del sol, al que
los originarios
adoraban simbólicamente en sus diferentes actos
rituales. Al lado, se ve una hoja de coca, que según la
leyenda, fue dado por el Dios Sol. Foto abajo: Estos seres,
varones y mujeres, que están sembrando haba en las pedregosas
tierras con la “higuana” milenaria, que aún siguen
utilizando hasta nuestros días, son también quienes
“acullican” la hoja milenaria en sus fatigosas y duras
faenas. Otayu: Salinas de G.M.- posan Juana (mamá) Evelín, Jesús,
Erik y Armando, son la familia de Epifanio Mamani.
•
BREVE LEYENDA
Un
viejo adivino, llamado Kjana Chuyma, que estaba por orden del inca, al
servicio del templo de la isla del Sol, había logrado huir antes de
la llegada de los blancos (españoles), a las inmediaciones del lago,
llevándose los tesoros sagrados del gran templo. Resuelto a impedir a
todo trance que tales riquezas llegaran a poder de los ambiciosos
conquistadores, lo había conseguido después de vencer muchas
dificultades y peligros, en varios viajes, poner a salvo, por lo menos
momentáneamente, el tesoro en un lugar oculto de la orilla oriental
del lago Titicaca.
Desde
aquel sitio no cesaba de escudriñar diariamente todos los caminos y
superficie del lago, para ver si se aproximaban las gentes de Pizarro.
Un
día los vio llegar. Traían precisamente la dirección hacia donde el
estaba. Rápidamente resolvió lo que debía hacer. Sin perder un
instante, arrojó todas las riquezas en el sitio más profundo de las
aguas.
Pero
cuando llegaron junto a él los españoles, que ya tenían
conocimiento de que Kjana Chuyma se había traído consigo los tesoros
del templo de la isla, con intención de resguardarla del alcance de
ellos; lo capturaron para arrancarle si fuera preciso, por la fuerza,
el ansiado secreto.
Kjana
Chuyma se negó desde el principio a decir una palabra de lo que
le preguntaban. Sufrió con entereza heroica los terribles
tormentos a lo que lo sometieron. Azotes, heridas, quemaduras, todo,
todo, soportó el viejo adivino sin revelar nada cuanto había hecho
con el tesoro.
Al
fin, los verdugos, cansados de atormentarlo inútilmente, lo
abandonaron en estado agónico. Esa noche, el desdichado Kjana Chuyma,
entre la fiebre de su dolorosa agonía, soñó que el Sol, Dios,
resplandeciente, aparecía por detrás de la montaña y le decía:
-Hijo mío. Tu abnegación en el sagrado deber que te has impuesto
voluntariamente, de resguardar mis objetos sagrados, merece una
recompensa. Pídeme lo que desees, que estoy dispuesto a concedértelo.
-Oh, Dios amado -respondió el viejo- ¿Qué otra cosa puedo pedirte
en esta hora de duelo y de derrota? - sino, la redención de mi raza y
el aniquilamiento de los infames invasores... Entonces y después de
escuchar muchas plegarias de Kjana Chuyma, el Dios Sol le escuchó y
dijo - Hijo Mío, he oído tu plegaria. ¿Quiéres dejar a tus tristes
hermanos un lenitivo para sus dolores y un reconfortante para las
terribles fatigas que les guarde en su terrible desamparo? - Sí.
quiero que tengan algo con que resistir la esclavitud angustiosa que
les aguarda. ¿Me lo concederás? Es la única gracia que te pido para
ellos, antes de morir.
-
Bien, respondió con dulce tristeza la voz. - Mira en torno tuyo, ¿Ves
esas pequeñas plantitas de hojas verdes y ovaladas? La he hecho
brotar por ti y para tus hermanos. Ellas realizarán el milagro de
sostener fatigas. Serán el talismán apreciable para los días
amargos. Dí a tus hermanos que, sin herir los tallos, arranquen las
hojas y, después de sacarlas, las mastiquen. El jugo de esas hojas
será lo mejor para la inmensa pena de sus almas. Después de recibir
varias otras instrucciones Kjana Chuyma, sintiendo que le quedaba
pocos instantes de vida, reunió a sus hermanos y les dijo:... Voy a
morir, pero antes quiero anunciarles lo que el Sol, nuestro Dios, ha
querido en su bondad concedernos por intermedio mío... subid al cerro
próximo. Encontraréis unas plantitas de hojas ovaladas.
Cuidadlas,
cultivadlas con esmero. Con ellos tendréis alimento y consuelo en las
duras fatigas que os impongan el despotismo de vuestros amos, mascad
esas hojas y tendréis nuevas fuerzas para el trabajo. En los
desamparados e interminables viajes a que les obligue el blanco-español,
mascad esas hojas y el camino os hará breve y pasajero. En el fondo
de las minas donde os entierre la inhumana ambición de los que vienen
a robar el tesoro de nuestras montañas, cuando os halléis bajo la
amenaza de las rocas, prontas a desplomarse sobre vosotros, el jugo de
esas hojas os ayudará a soportar esa vida de oscuridad y terror.
Estas y muchas cosas más les dijo Kjana Chuyma y al poco instante,
dobló su cabeza sobre el pecho y quedó sin vida. Entonces los
originarios lloraron inconsolablemente por la muerte de su venerable
yatiri durante tres días y sus noches. Al fin decidieron darle
sepultura en la cima de un cerro.
•
LA PLANTA DE COCA ES UN RECURSO NATURAL MILENARIO DE LOS ANDES QUE
SIRVIO EN MUCHOS ASPECTOS A LOS ORIGINARIOS
Más
allá de las leyendas, la planta de la coca, de donde sale la hoja de
coca es un recurso natural milenario, propio de las laderas de la
cordillera de los Andes, que ha cumplido y sigue cumpliendo una serie
de funciones biológicas, médicas, religiosas y rituales, que forman
parte de las identidades del mundo andino. Sus cualidades, ampliamente
documentadas en diversas investigaciones científicas, así como la
facilidad con la que dicha planta se desarrolla en la geografía de
los países andinos debe ser defendido para fines de industrialización
farmacéutica y otros productos lícitos que vayan al servicio de la
humanidad. Por tanto, no puede ser objeto de erradicación total de
esas plantas milenarias.
Las
hojas de coca que salen de los Yungas, desde hace miles de años, es más
apreciado por los hombres que viven en los Andes y es accesible a
quienes tienen una mísera posibilidad económica y, la coca chapareña
es la más “acullicada” y “pijcheada”, porque sencillamente es
más barata.
•
EL ACULLICU
La
hoja de coca no se come, como piensan la mayoría de la gente en las
ciudades, sino la coca se pijchéa y/o se llama también “aculliña”,
“acullt’aña” y el dicho más común es: “inalmama acullt’añani”,
“inalmama” acullt’asiphañani” y así se puede mencionar
muchas palabras de acuerdo al tiempo y espacio. El acto de acullicu se
realiza en diferentes eventos culturales, rituales religiosos, etc,
etc., y es infaltable en el “tari” o “wistalli” de los
habitantes que moran la inmensidad del altipampa andino, donde están
justamente bien taqueados la coca milenaria en hojas y
están ya desmenuzadas, también conocidas como
“llamp’u”, - “cacañaxay llampuquiwa”, suelen decir los
abuelos y abuelas, cuando se les está acabando su consuelo
inseparable. “En un país de alta cultura como Bolivia, no se puede
entender la guerra contra ella”.