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Nuestras Provincias


¿La hoja de coca es un legado de los dioses tutelares de los Andes, cuando llegaron los españoles?

Por:  Oscar Villca Yapari.

En la foto de arriba, se puede denotar una estatua del sol, al que los originarios  adoraban simbólicamente en sus diferentes actos rituales. Al lado, se ve una hoja de coca, que según la leyenda, fue dado por el Dios Sol. Foto abajo: Estos seres, varones y mujeres, que están sembrando haba en las pedregosas tierras con la “higuana” milenaria, que aún siguen utilizando hasta nuestros días, son también quienes “acullican” la hoja milenaria en sus fatigosas y duras faenas. Otayu: Salinas de G.M.- posan Juana (mamá) Evelín, Jesús, Erik y Armando, son la familia de Epifanio Mamani.

 

• BREVE LEYENDA

Un viejo adivino, llamado Kjana Chuyma, que estaba por orden del inca, al servicio del templo de la isla del Sol, había logrado huir antes de la llegada de los blancos (españoles), a las inmediaciones del lago, llevándose los tesoros sagrados del gran templo. Resuelto a impedir a todo trance que tales riquezas llegaran a poder de los ambiciosos conquistadores, lo había conseguido después de vencer muchas dificultades y peligros, en varios viajes, poner a salvo, por lo menos momentáneamente, el tesoro en un lugar oculto de la orilla oriental del lago Titicaca.

Desde aquel sitio no cesaba de escudriñar diariamente todos los caminos y superficie del lago, para ver si se aproximaban las gentes de Pizarro.

Un día los vio llegar. Traían precisamente la dirección hacia donde el estaba. Rápidamente resolvió lo que debía hacer. Sin perder un instante, arrojó todas las riquezas en el sitio más profundo de las aguas.

Pero cuando llegaron junto a él los españoles, que ya tenían conocimiento de que Kjana Chuyma se había traído consigo los tesoros del templo de la isla, con intención de resguardarla del alcance de ellos; lo capturaron para arrancarle si fuera preciso, por la fuerza, el ansiado secreto.

Kjana Chuyma se negó desde el principio a decir una palabra de lo que  le preguntaban. Sufrió con entereza heroica los terribles tormentos a lo que lo sometieron. Azotes, heridas, quemaduras, todo, todo, soportó el viejo adivino sin revelar nada cuanto había hecho con el tesoro.

Al fin, los verdugos, cansados de atormentarlo inútilmente, lo abandonaron en estado agónico. Esa noche, el desdichado Kjana Chuyma, entre la fiebre de su dolorosa agonía, soñó que el Sol, Dios, resplandeciente, aparecía por detrás de la montaña y le decía: -Hijo mío. Tu abnegación en el sagrado deber que te has impuesto voluntariamente, de resguardar mis objetos sagrados, merece una recompensa. Pídeme lo que desees, que estoy dispuesto a concedértelo. -Oh, Dios amado -respondió el viejo- ¿Qué otra cosa puedo pedirte en esta hora de duelo y de derrota? - sino, la redención de mi raza y el aniquilamiento de los infames invasores... Entonces y después de escuchar muchas plegarias de Kjana Chuyma, el Dios Sol le escuchó y dijo - Hijo Mío, he oído tu plegaria. ¿Quiéres dejar a tus tristes hermanos un lenitivo para sus dolores y un reconfortante para las terribles fatigas que les guarde en su terrible desamparo? - Sí. quiero que tengan algo con que resistir la esclavitud angustiosa que les aguarda. ¿Me lo concederás? Es la única gracia que te pido para ellos, antes de morir.

- Bien, respondió con dulce tristeza la voz. - Mira en torno tuyo, ¿Ves esas pequeñas plantitas de hojas verdes y ovaladas? La he hecho brotar por ti y para tus hermanos. Ellas realizarán el milagro de sostener fatigas. Serán el talismán apreciable para los días amargos. Dí a tus hermanos que, sin herir los tallos, arranquen las hojas y, después de sacarlas, las mastiquen. El jugo de esas hojas será lo mejor para la inmensa pena de sus almas. Después de recibir varias otras instrucciones Kjana Chuyma, sintiendo que le quedaba pocos instantes de vida, reunió a sus hermanos y les dijo:... Voy a morir, pero antes quiero anunciarles lo que el Sol, nuestro Dios, ha querido en su bondad concedernos por intermedio mío... subid al cerro próximo. Encontraréis unas plantitas de hojas ovaladas.

Cuidadlas, cultivadlas con esmero. Con ellos tendréis alimento y consuelo en las duras fatigas que os impongan el despotismo de vuestros amos, mascad esas hojas y tendréis nuevas fuerzas para el trabajo. En los desamparados e interminables viajes a que les obligue el blanco-español, mascad esas hojas y el camino os hará breve y pasajero. En el fondo de las minas donde os entierre la inhumana ambición de los que vienen a robar el tesoro de nuestras montañas, cuando os halléis bajo la amenaza de las rocas, prontas a desplomarse sobre vosotros, el jugo de esas hojas os ayudará a soportar esa vida de oscuridad y terror. Estas y muchas cosas más les dijo Kjana Chuyma y al poco instante, dobló su cabeza sobre el pecho y quedó sin vida. Entonces los originarios lloraron inconsolablemente por la muerte de su venerable yatiri durante tres días y sus noches. Al fin decidieron darle sepultura en la cima de un cerro.

• LA PLANTA DE COCA ES UN RECURSO NATURAL MILENARIO DE LOS ANDES QUE SIRVIO EN MUCHOS ASPECTOS A LOS ORIGINARIOS

Más allá de las leyendas, la planta de la coca, de donde sale la hoja de coca es un recurso natural milenario, propio de las laderas de la cordillera de los Andes, que ha cumplido y sigue cumpliendo una serie de funciones biológicas, médicas, religiosas y rituales, que forman parte de las identidades del mundo andino. Sus cualidades, ampliamente documentadas en diversas investigaciones científicas, así como la facilidad con la que dicha planta se desarrolla en la geografía de los países andinos debe ser defendido para fines de industrialización farmacéutica y otros productos lícitos que vayan al servicio de la humanidad. Por tanto, no puede ser objeto de erradicación total de esas plantas milenarias.

Las hojas de coca que salen de los Yungas, desde hace miles de años, es más apreciado por los hombres que viven en los Andes y es accesible a quienes tienen una mísera posibilidad económica y, la coca chapareña es la más “acullicada” y “pijcheada”, porque sencillamente es más barata.

• EL ACULLICU

La hoja de coca no se come, como piensan la mayoría de la gente en las ciudades, sino la coca se pijchéa y/o se llama también “aculliña”, “acullt’aña” y el dicho más común es: “inalmama acullt’añani”, “inalmama” acullt’asiphañani” y así se puede mencionar muchas palabras de acuerdo al tiempo y espacio. El acto de acullicu se realiza en diferentes eventos culturales, rituales religiosos, etc, etc., y es infaltable en el “tari” o “wistalli” de los habitantes que moran la inmensidad del altipampa andino, donde están justamente bien taqueados la coca milenaria en hojas y  están ya desmenuzadas, también conocidas como “llamp’u”, - “cacañaxay llampuquiwa”, suelen decir los abuelos y abuelas, cuando se les está acabando su consuelo inseparable. “En un país de alta cultura como Bolivia, no se puede entender la guerra contra ella”.