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Editorial  


Contaminación por ruidos

Ninguna autoridad ha logrado frenar el atentando que diariamente se produce contra la salud de la población, con el excesivo uso de bocinas en diferentes vehículos y en todas las calles o la estridencia de altoparlantes en algunos negocios próximos a los mercados y finalmente las calles saturadas con altavoces móviles instalados en motorizados para anunciar toda suerte de espectáculos, ventas y hasta actividades políticas. Es decir, todo un caos que afecta a la gran mayoría de personas que deben transitar por las calles orureñas.

No hace mucho el Comité de Ecología de Mesa Redonda Panamericana de Oruro, culminó una campaña para evitar todas las arbitrariedades que se producen de manera permanente y que alteran la salud de las personas, en un daño paulatino que en muchos casos deriva en la sordera, enfermedad que aparentemente tiene otros orígenes y que, sin embargo, es el resultado del desmedido ataque al medio ambiente que ocasionan los ruidos malsanos de la ciudad.

Frente a esa irregular acción, producida por irresponsables conductores de motorizados públicos y particulares, además de los distribuidores de gas y los que se alquilan para propaganda móvil, queda la gran duda sobre la acción de las autoridades, especialmente las municipales y las especializadas en la oficina de Tránsito, encargadas todas estas en el cuidado de la salud y seguridad de la población. Duda porque ni siquiera un plan impulsado por una entidad como Mesa Redonda Panamericana pudo ser respaldado.

Se han hecho algunos intentos y lamentablemente no hay quien haga prevalecer su autoridad para disminuir primero y eliminar luego todos esos ruidos altisonantes que hacen mucho daño y que se mantienen en una ya casi acostumbrada población a esa estridencia, conformándose con la actitud prepotente de choferes y comerciantes que han olvidado el cumplimiento de disposiciones vigentes.

Hace algunos años atrás en la Oficialía Mayor de Cultura del Municipio se emitió una ordenanza prohibiendo el uso abusivo de bocinas y reglamentando la utilización de parlantes en comercios y en movilidades, disponiendo a la vez fuertes sanciones pecuniarias e inclusive el arresto de conductores de motorizados y comerciantes infractores, con ayuda sostenida de las autoridades policiales que junto a funcionarios de esa dependencia cumplían un control diario que permitió disminuir ostensiblemente la contaminación por ruidos.

En la actualidad debería reponerse ese instrumento municipal, para proceder a la sanción de todos los infractores, única manera de cuidar la salud de la ciudadanía, eliminando la contaminación por ruidos para vivir sin sobresaltos, con tranquilidad en todas las labores cotidianas, al margen del bullicio que significa simultáneamente bocinas, música estridente, parlantes, sirenas e inclusive motores y gritería. La autoridad municipal tiene la palabra.

 


Opinión


En balsa de totora, por el Mediterráneo

Por: Ramón Katari

En la isla de Suriqui, a más o menos 5 kilómetros del puerto de Huatajata, sobre el lago Titicaca, las curtidas y hábiles manos de José Limachi y de otros 20 hombres y mujeres, trenzan las finas hebras de Totora que conformarán la estructura (el casco, para decirlo en términos marineros) de una balsa de aproximadamente 50 metros de largo por 25 de ancho.

La embarcación está siendo construida en el improvisado "astillero" de Suriqui por encargo especial de un grupo de científicos alemanes. Estará destinada a surcar las aguas del Mar Mediterráneo en un futuro muy próximo, para emular las travesías de navegantes en un pasado remoto. Se trata de ver qué relación pudo existir entre los hombres de ese pasado del viejo mundo y los de este continente, antes de la llegada de los conquistadores. Arqueólogos de aquí y de allá, han encontrado ya pruebas físicas de que, muchos siglos antes del "descubrimiento" de Cristóbal Colón, las civilizaciones antiguas de ambos lados del océano estuvieron en contacto.

Conocedores a fondo de los secretos del uso de la totora, los constructores de Suriqui saben muy bien cómo garantizar larga vida a la embarcación que construyen. Pero la dirección técnica sobre el diseño mismo de la embarcación, desde el punto de vista estructural, está a cargo de quienes la encargaron.

"Con el científico alemán, que ahorita se encuentra en Alemania, nosotros nos comunicamos por Internet, para recibir instrucciones para la construcción de la balsa), dice Limachi.

La familia Limachi tiene larga experiencia en este tipo de trabajos. "Esa experiencia viene de nuestros padres, abuelos y tatarabuelos..." recuerda. Ya en 1970, ellos participaron en la construcción de la RAM II, encargada por un científico noruego, que navegó por el Pacífico. Las naves construidas en el pasado, sin embargo, estuvieron diseñadas para navegar a favor de las corrientes. Con el proyecto Abora 2, al que estará destinada la nave en construcción, se trata de demostrar que las naves de totora son suficientemente resistentes e idóneas para navegar con éxito también contra las corrientes marítimas.

Limachi es uno de los centenares de artesanos bolivianos que hasta hace apenas cinco años, para comunicarse no sólo con el exterior, sino también con La Paz u otras ciudades del interior, debía navegar en su balsa de totora hasta el puerto más cercano en busca de una línea telefónica. Hoy, como muchos de los habitantes de Suriqui y de otras poblaciones vecinas al lago Titicaca, Limachi es también un hábil navegante del mundo, gracias a Internet.

Y como la gente de Suriqui otros miles de artesanos bolivianos, se valen también de Internet para hacer negocios con el resto del mundo. Ellos han superado las enormes distancias de un país de difícil topografía y escasos y precarios caminos, gracias a las telecomunicaciones.

El Proyecto de Desarrollo Artesanal financiado por el BID y la Corporación Andina de Fomento, por ejemplo, abrirá el 15 de febrero próximo, su primera tienda virtual, dentro del dominio www.artesaníasdebolivia.com. Será el punto culminante de un proyecto que comprendió cursos de capacitación y diseño de productos artesanales para ser ofrecidos al mundo.

"Mediante Internet, nosotros enviaremos información completa de los productos, con imágenes y todo lo que el comprador necesita saber para tomar un decisión segura", explica Peter McFarren, presidente de la Fundación Quipus, que forma parte del proyecto.

Y es que las telecomunicaciones le están cambiando la vida a miles de habitantes de pequeños pueblos diseminados por el extenso territorio nacional, casi todos con precarios caminos de acceso y muchos de ellos sin los elementales servicios básicos de agua potable o energía eléctrica.

"Nosotros estamos contentos, porque nos comunicamos con nuestros familiares que están en la Argentina. Tengo una hija y un hijo. Ellos trabajan en la industria de la confección. Están hace tres años allí. Sabemos cómo están, qué está pasando allí", dice Santiago Cuariti, vecino del cantón Suncachi, un pequeño poblado de apenas 400 habitantes, vecino del lago Titicaca. "Antes, como no teníamos teléfono, teníamos que ir hasta Huatajata o Chúa. Este teléfono sirve también a nuestros vecinos de Corpachilaya y Lacachi", añade.

Más allá de satisfacer las necesidades de comunicación de la gente, el teléfono se ha constituido también en un valioso elemento de apoyo a las personas encargadas de preservar la soberanía nacional, en las regiones fronterizas.

"El pueblo tiene unas 100 familias. Mucha gente viene a conversar con sus parientes, sobre todo los que viven en Argentina, Perú y Chile. Mucha gente se comunica también con Beni, Pando, Santa Cruz o Cochabamba. Yo me comunico con Caranavi, donde viven mis padres y con Santa Cruz, donde viven mis hermanos, porque yo no soy de Chúa Cocani", informa el suboficial Cruz Quiñones, de la unidad naval que tiene su destacamento en Chúa.

En muchos de los pueblos vecinos no existen servicios básicos como energía eléctrica o agua potable. El servicio de telefonía rural instalado por Entel, funciona mediante dos sistemas. El primero, es en base a pequeñas estaciones satelitales (VSAT). La señal emitida desde una estación central ubicada en La Paz llega a y se recibe de cada uno de los pueblos en que se instaló el servicio mediante los satélites de la constelación Intelsat. El otro sistema conocido como Multiacceso Rural (MAR) que funciona mediante estaciones repetidoras que se enlazan mediante microondas.

La ausencia de energía eléctrica se suple con paneles solares que recargan las baterías y el control se hace en forma directa mediante las centrales telefónicas instaladas en las principales ciudades. Lilian Catari, vecina de Sunchachi, encontró así auxilio para salvar la vida de su hijo en gestación. "Me puse mal y tuvimos que llamar de aquí, por teléfono, pidiendo ayuda. Entonces, la enfermera vino y me ayudó", declara Lilian, mientras revuelve la comida que está cocinando en una ennegrecida olla de barro sobre un fogón que alimenta con leña y vigila a su hija mayor, de apenas seis años, que transporta agua de una vertiente cercana en un pequeño balde.

Hasta 1995, la red de telefonía rural de Entel, comprendía 327 poblaciones. En la actualidad llega a 2.075 poblaciones de más de 350 habitantes, distribuidas en todo el territorio nacional.

La instalación de la red implicó también, además de la aplicación de tecnología especial, un novedoso esfuerzo conjunto entre Entel y los pobladores de las localidades beneficiadas con el servicio. Toda vez que se trata de poblaciones alejadas de los centros urbanos, los pobladores de cada una de estas comunidades asumieron, por cuenta propia, la responsabilidad del cuidado de los equipos. El mantenimiento técnico, obviamente, está a cargo de Entel.

"Bueno, como estamos empezando, no estamos dejando acercar a gente extraña, ya sea de día o de noche, porque pueden hurgar los equipos, pueden destrozarlos o sabotear. Nosotros los estamos cuidando como si fuera oro... más que si fueran de nosotros, porque sabemos que un pueblo sin comunicación es un pueblo muerto", afirma Roberto Condori, a quien sus vecinos de Chúa Vislaya le nombraron "custodio de la estación satelital".

 

 

Guerra santa en Sacaba

PAULOVICH

 

El lunes recibí una llamada telefónica cuando me encontraba reposando en mi santo lecho conyugal y reconocí inmediatamente la voz de Evo Morales quien me dijo con aires de misterio: "te habla Osamadito bin Morales, te pido, por favor, que te dirijas a Sacaba para ser testigo del comienzo de nuestra guerra santa". Y colgó el aparato.

Esa oportunidad periodística de asistir a la inauguración de una guerra no era para desperdiciarla y me dirigí a Sacaba, pintoresco pueblo situado sólo a 14 kilómetros de la ciudad de Cochabamba y donde muchas veces rocié mi alma con la chicha del lugar y alegré a mi estómago con unos chicharrones de película.

Al llegar fui recibido por el comandante cocalero Andrés Checa quien me dijo que el Osamadito Morales le había hecho conocer la invitación que me hizo para atestiguar la inauguración de la Guerra Santa en Sacaba. Checa me dijo en su estilacho tan boliviano: "no vamos a permitir el cierre del mercado porque la coca es sagrada y los infieles quieren erradicarla, lo que no permitiremos jamás aunque nos bañen en sangre", palabras que me conmovieron y al mismo tiempo me convencieron de que la guerra santa anunciada era de verdad y no de mentirijillas.

Como antes de comenzar una batalla no hay nada mejor que un poco de chicha, según aconsejan los comandantes quechuas, me invitaron el embriagante líquido que yo rechacé con la hipócrita excusa de "nunca bebo antes de la iniciación de una sangrienta batalla", siendo la verdad otra: la chicha me hace mover las tripas.

Me trasladé al campo de batalla anticipándome en algunos minutos a los combatientes para comprobar si se trataba de un campo reglamentario en sus dimensiones y si existían sistemas de desagüe para que la sangre pudiera discurrir sin inundar la cancha. Todo marchaba bien.

No me sorprendió ver a las fuerzas policiales dotadas de armamento y dije al comandante de la Dirección General de la Coca que tuvieran consideración con los cocaleros a los que supuse inermes; el policía me dijo: "Sé que están armados hasta los dientes y que además de armas de fuego disponen de gran cantidad de dinamita pues muchos cocaleros fueron mineros y conocen su manejo". Sus declaraciones me emocionaron y me recordaron a Colombia, donde la guerra de las FARC comenzaron así y con los mismos ingredientes de izquierdismo y de cocaína.

La batalla fue terrible y yo me encontraba en medio de los cocaleros para evitar que algún dinamitazo pudiera lastimarme el trasero que es la parte más vulnerable para las explosiones dinamiteras. En medio del fragor del combate vi a cocaleros y policías heridos. Fueron quemados unos veinte camiones y tres del ellos explotaron.

Quise hablar con el cocalero Checa para decirle que la ley prohibe la venta de hojas de coca destinadas a la fabricación de cocaína y al subsiguiente tráfico de drogas, pero me dijeron que estaba sordo y renuncié a verlo pensando en mi dicho de "no hay peor sordo que el que no quiere ver".

 

Los cinco sentidos: Una ventana al mundo

Por: Carmen Moreno (*) E-MAIL:cmh@prensa-latina.cu

La Habana.- Tan importantes son los cinco sentidos para los humanos que los científicos lo consideran la única ventana al mundo.

Vista, olfato, tacto, paladar y audición conforman el grupo mágico que nos hacen saber que estamos vivos. Sin embargo, el secreto de esos privilegios no depende de unos ojos azules o una nariz perfilada.

La ciencia empieza a develar sus más íntimos engranajes y hoy se conoce que realmente no vemos con los ojos ni olemos con la nariz, no escuchamos con los oídos ni sentimos el tacto con las manos, ni siquiera reconocemos el sabor con la lengua.

El secreto esta en el cerebro. Incluso, cuanto más rica es la experiencia sensorial, tanto mas fértil es el trabajo de la materia gris.

Y viceversa: las circunstancias que afectan al órgano pensante tienen reflejo en los sentidos. Una persona que sufre determinada enfermedad psíquica puede mostrar alteración de su paladar u olfato y mantener en cambio su propia fisonomía.

Aunque el mecanismo exacto de muchas de las sensaciones todavía es un misterio, los neurólogos han descubierto algunas de las claves fundamentales. Por ejemplo, se sabe que lo que provoca la atención en muchos casos es el cambio.

El cerebro está sintonizado para percibir variaciones en el ambiente. Las cosas estáticas se mimetizan con el entorno y pueden no ser percibidas.

Sucede así que los sonidos que son cotidianos para alguien llega un momento en que no se escuchan, en tanto la ropa que diariamente roza nuestro cuerpo es imperceptible. Pero cuando algo cambia a nuestro alrededor se enciende la señal de alarma.

Si alguien nos toca inesperadamente, los receptores del tacto envían un mensaje que fluye por la espina dorsal hasta el cerebro, donde se activaran unas células nerviosas situadas en un punto del mapa sensorial del organismo.

Una luz en medio de la oscuridad estimulara la retina, y las células nerviosas del órgano sensorial en cuestión convertirá el estimulo en una señal eléctrica enviada al cerebro.

En la parte superior del cuerpo, casi todas las señales van a parar, primero, al tálamo y después pasan a las áreas sensoriales primarias dentro del cortex.

Un mensaje enviado por el cerebro a cualquier parte del organismo puede alcanzar una velocidad de 360 kilómetros por hora. De este modo, un impulso nervioso tardara dos décimas de segundo en llegar de la cabeza a los pies.

Cada sentido tiene su área donde el impulso se modula y viaja hacia zonas cerebrales superiores. En algún lugar del camino, el órgano pensante interpreta la información y la conoce.

Los neurólogos no se equivocan al afirmar que el cerebro humano es la más compleja, ordenada y fascinante estructura de materia conocida del universo.

Durante siglos, los aproximadamente mil 400 gramos de materia que conforman nuestra masa pensante han permanecido recluidos dentro de las paredes de la caja craneal, impenetrables para los ojos de la ciencia hasta la llegada de los modernos sistemas de exploración.

Estos permiten a los científicos zambullirse en el interior de la mente sin necesidad de levantar la tapa de los sesos.

Ahora los expertos saben que en la cabeza albergamos entre 10 mil millones y 100 mil millones de neuronas, las células nerviosas indispensables en todos los procesos de aprendizaje e insustituibles para la memoria. Cada una, aseguran, establece entre cinco mil y 50 mil conexiones con sus células vecinas y establecen una red.

La tecnología también ha puesto en manos de los neurólogos la capacidad de fotografiar el cerebro en el momento en el que se producen las sensaciones.

Con el estudio y exploración de este órgano, los científicos han podido llegar también a la esencia de la visión, el olfato y la audición, e incluso de crear versiones artificiales de estos tres sentidos para beneficiar a las personas discapacitadas.

Hace mas de 70 años los expertos aplicaron por primera vez electrodos a la superficie del cerebro humano para estudiar las entonces llamadas "respuestas evocadas", los ritmos cambiantes en su actividad como reacción a estímulos específicos de luz o de sonido.

Desde entonces, estos tres sentidos se convirtieron en las joyas de la corona de la investigación sensorial, que son hoy por hoy las más conocidas ventanas al mundo, y motivo de desvelo de no pocos científicos que ya han dado los primeros pasos hacia la creación de auténticos ojos, oídos y narices.

El tacto y el gusto son otra cosa, y su investigación aún se encuentra en panales. No obstante, el más reciente hallazgo revela, por ejemplo, que la lengua humana parece un paisaje lunar agujereado por miles de cráteres -entre ocho mil y 10 mil- que son las papilas gustativas.

Cada una de ellas está equipada con moléculas receptoras cuya vida es muy efímera y se renueva cada diez días, más o menos. Se ha confirmado que cada una envía información a través de varios circuitos nerviosos.

Finalmente, los expertos incluyen en este tema al llamado "sexto sentido", definido como el conocimiento propio-ceptivo, o sea la sensación que tenemos de nuestro propio cuerpo en movimiento.

Saber qué posición ocupamos en el espacio, cómo se mueven nuestros miembros y en qué momento estamos en situación de peligro, es la última de las virtudes que regalan los sentidos a los humanos, y justo para su bien.

 

(*) La autora es periodista de la redacción de ciencia y tecnología de Prensa Latina

 

Lo que se quiere contar y lo que se debe contar

Por: Ing. Juan García Dávila

"La ética es un valor intrínseco, que debe merodear en la mente del periodista".

La Constitución Política del Estado reconoce y protege los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. Sería esta la parte emisora de la libertad de expresión y la parte receptora se recoge en la libertad para comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

Dentro el criterio de la ciudadanía en este mismo artículo de los derechos y deberes fundamentales de Bolivia se debería especificar que: "el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa. Sólo se podrá acordar el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial. "Es cierto que este supuesto último se ha producido en muy pocos casos desde que se aprobó la Carta Magna.

Estas circunstancias ¿significan que apenas se ha vulnerado este derecho, y que los profesionales de la información "se han pasado poco de la raya"?.

La restricción que hay que tener en cuenta, la encontramos en la mismo Constitución Política, donde estas libertades tienen su límite en el respecto a los derechos reconocidos, sobre todo en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud o la infancia. Este artículo, estudiado y analizado en todas las facultades del periodismo de Bolivia, establece el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

Este es el eterno dilema en el caso boliviano, pero trasladable a cualquier lugar del planeta civilizado y democrático, donde el equilibrio entre unos y otros derechos son siempre valorables desde un punto de vista objetivo; evidentemente no falta una cierta carga de subjetividad en esta balanza. El derecho a la expresión es mucho más amplio que el derecho a la información. Es un derecho, el de expresión, ilimitado siempre que no vulnere o colisione con otros.

Podemos inventar, crear o incluso llegar a fantasear o mentir sin afectar a terceros, así es el derecho a la libertad de expresión frente a la de información que tienen unas pautas.

Además, interviene lo que se ha denominado la ética periodística, en el de información, donde el redactor deberá entender de forma personal, que está bien o mal dentro de su oficio, desde la perspectiva profesional, pero contando con la opinión de los responsables del medio de comunicación en última instancia y en caso de duda.

La ética es un valor intrínseco, que debe merodear en la mente del periodista, y no deja rienda suelta en su pluma al informador cuando redacta una noticia. Se podría definir como la primera "autocensura" que se impone el periodista. La restricción y el código de la ética es personal. No suele merodear en las redacciones de los medios de comunicación como las noticias. Lo que se impone en los mas media son "unas normas de cumplimiento" que establecen los responsables de las televisiones, radios, periódicos, agencias, sobre las pautas informativas, algo muy similar al "denominado sentido común". Como en cualquier profesión, la ética debe ser la primera pauta, pero no deja de ser algo discutible, opinable y cuestionable desde cualquier ángulo periodístico. De todas formas la información veraz ha de ser cierta aunque no sea precisa.

Acusar a alguien de la comisión de un delito, sabiendo que es mentira, o hacerlo con temerario desprecio de la verdad es una conducta delictiva recogida en los códigos penales de cualquier país. Pero, si el autor es un periodista, obligado por "ética y deber" a contar la verdad en sus noticias, ¿cómo denominaríamos esta actitud? Y si el periodista atenta contra la dignidad de alguna persona, ¿cómo se contemplaría la injuria? Estas conductas delictivas previstas en los Códigos penales con diversas penas, son y deben ser conocidas por los informadores.

El periodista debe informar, comprobar su noticia, dar información veraz, pero sabemos que incluso con evidencia y pruebas no todas las noticias son publicables, porque rebasaríamos la raya de lo ético en algunos casos y llegaríamos a la parte legal.

Aparece entonces la figura jurídica y las leyes plasmadas en los artículos de un código penal para poner orden en el posible desequilibrio del derecho al honor, la intimidad y la libertad de expresión. Desestabilizar el peso hacia el lado del posible perjudicado, pondría al periodista incluso en el banquillo.

En esta difícil posición del informador, entre lo que quiere contar y lo que debe contar, no deja al final de ser una cuestión personal y de conciencia. Aunque a los periodistas les duela en su espíritu como notarios de la realidad: "toda la verdad no es publicable" por los diversos motivos que existan. ¿Qué ocurriría si un periodista tuviera la información de que sólo queda gasolina para 5 años?. Ante esta hecatombe y cataclismo mundial ¿debería dar la noticia, o consultar con los expertos antes de difundirla para que la sociedad no sufra un pánico colectivo? No deja de ser a veces un problema de conciencia en el límite de la ética y lo legal.

 


Apuntes.....


No se habla sólo de codicia

cuando se refieren a "Blas";

sino de toda inmundicia,

que, ¡¡nos salpica por demás!!

ZACARIAS