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Editorial  


Un cereal milagroso

Algunas personas afirman que en estos tiempos de neoliberalismo, cuando se ha perdido la solidaridad y todo gira en torno al dinero, ya no existen los milagros.

Nada más falso, por lo menos, en el caso de Oruro, región productora de un cereal milagroso: la quinua.

Este cereal por sus excepcionales condiciones alimenticias, por su alto valor nutritivo, es el llamado a superar parte de las actuales condiciones de miseria y malnutrición de más de 5 millones de bolivianos.

No en vano, la agencia espacial de los Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés), lo escogió como alimento para sus astronautas.

Pero no sólo por su condición de alimento privilegiado, sino, por su elevado precio en el mercado internacional, se vislumbra como una importante solución para elevar los ingresos departamentales y el nivel de vida de los habitantes, especialmente, de la provincia Ladislao Cabrera, donde se produce.

De acuerdo a informes del Sistema de Ventanilla Unica de Exportaciones (SIVEX) Oruro, la exportación del cereal milagroso, también conocido como el grano de oro, puede generar ingresos por un valor de 27.6 millones de dólares.

El valor de una tonelada de quinua en el mercado internacional durante el año 2000, fue de 1.250 dólares.

Tomando en cuenta este precio, la extensión de terreno apto para su cultivo, y el rendimiento por hectárea que es de 1.104 kilogramos, es que el SIVEX concluye en que Oruro, puede obtener durante esta gestión, esos 27.6 millones de dólares.

Hasta ahora, las ventas de quinua alcanzaron la cifra récord de 2.726.555 dólares, en 1999. Este valor fue 43.6 por ciento más que el obtenido el año anterior (1998), cuando las exportaciones sumaron 1.989.778 dólares.

En 1996, se vendió quinua por un valor de 1.863.058 dólares, un año después, el valor subió a 2.185.868 dólares, para luego bajar a 1.800.038, en el año 2000.

Estas cifras muestran de por sí, el gran valor que tiene la producción de la quinua.

Sin dejar de lado la tradicional explotación minera en el departamento, que se dice, tendrá mejores días, parece haber llegado la hora de volver los ojos al sector agrícola y agropecuario para generar fuentes de empleo, un alimento de extraordinarios valores nutritivos y divisas.

El mercado está abierto. Los países que integran la Unión Europea, están sedientos de alimentos ecológicos como es la quinua.

Urge diseñar y ejecutar una política de incentivo a los productores del cereal milagroso, capacitarlos en técnicas de mercadeo, hacer el esfuerzo para dar al grano valor agregado, para que su precio sea mayor y no se continúe cometiendo el histórico error de exportar sólo materia prima.

La quinua puede ser parte de la solución que la región espera para superar sus actuales condiciones de atraso y miseria. Los milagros todavía ocurren.

 


Opinión


"Bolivia en el siglo XX: Hoy su incierto futuro"

Por: Luis Yucra Alejo (*)

Hace cien años, luego de la llamada Guerra Federal se encumbra en el poder el partido liberal, después de la derrota de las fuerzas constitucionales en Paria, y la huida a Antofagasta del Presidente Severo Fernández Alonzo, por ferrocarril, protegido por fuerzas revolucionarias, previo acuerdo de los bandos al temor del alzamiento indígena (dicen muchos artículos y estudiosos) y lo único que se consigue es trasladar la sede de gobierno a la ciudad de La Paz, permaneciendo el Poder Judicial en Sucre. Los liberales empezando por José Manuel Pando, Ismael Montes, Villazón, José Gutiérrez Guerra, en el auge de la explotación del estaño, venden el Acre al Brasil por miles de libras esterlinas y reciben de Chile ingentes sumas de la misma moneda luego del tratado de Paz de 20 de octubre de 1904; dineros con los que construyen lineas férreas, fomentan la instrucción pública, obras viales y construcción de edificios públicos; pero siguen sometiendo a la servidumbre a la clase indígena; de los que se sirvieron para derrotar al ejército del sur llamado constitucionalista. En el poder de cargos importantes, ministerios, embajadas, Prefecturas y otros, están siempre los mismos y más sobresalientes, abogados políticos, industriales, tanto liberales, conservadoras y otros que luego serían los republicanos; no importa cambiarse la chaqueta, pero servirse del poder; el Dr. Alonso era representante diplomático del liberalismo en Chile y más tarde Presidente del Congreso y Canciller de la República del Republicano Bautista Saavedra; hechos que en esta época es aún más corriente esta clase de políticos que los conocemos, que por estar en el poder político juran a diversos partidos; pero que siguen viviendo del erario nacional. Los que sirvieron en pequeños cargos al liberalismo luego de agrupar masas, fundan el Republicano; pero los serviles siguen en el poder, sin importarles el interés nacional; porque la oligarquía minero feudal sigue gobernando el país con otros hombres pero con los mismos principios de seguir sirviéndose de las mayorías nacionales; y para disimular dictando algunas medidas laborales para mineros, ferroviarios y otros. Los gobernantes, desde el Presidente, ministros, prefectos, alcaldes, diputados, senadores y otros cargos subalternos, son latifundistas, dueños de haciendas y colonos, o empresarios mineros o comerciantes, militares o policías; como ocurre en el presente con la secuela de corrupción y latrocinio que dá lástima leer en los periódicos. Los liberales y los republicanos nos llevan a la guerra con el Paraguay y Bolivia, pierden al Chaco Boreal por la incapacidad de nuestros militares y políticos, cuyas consecuencias el pueblo Boliviano sigue sufriendo. Los generales de dicha contienda se encumbran en el poder y no hacen nada útil y lo único que consiguen en saciar su sed de mando como ocurre en nuestra época; donde el anterior Presidente Militar está siendo buscado por la justicia con mandamiento por la INTERPOL. La Revolución del 9 de abril de 1952. Si bien consigue algunas medidas revolucionarias, como el Voto Universal, Reforma Agraria, pero también es traicionada en sus objetivos y se vuelve al neoliberalismo con el 21060 de Paz Estenssoro, y en la actualidad existe miseria, hambre y desocupación. La minería en crisis, y con la riqueza gacífera que interesa a las transnacionales, los políticos de toda laya buscan subir al poder; no importa el medio, siguiendo los dictados de Maquiavelo "El fin justifica los medios".

Ciudadanos de mi Patria, no nos dejemos engañar por políticos y partidos caducos; sino busquemos el porvenir de Bolivia; DANDO EL VOTO a un frente popular de masas, que presente a hombres capaces y probos a los cargos de Presidente, Vice presidente, Senadores y Diputados.

(*) Abogado

 

 

Banderita boliviana en altamar

PAULOVICH

 

Soy un viejo colla sin mar y en mi nostalgia de sal le propuse a mi esposa la adquisición de un colchón de agua para nuestro lecho conyugal, idea a la que se opuso con el argumento de que en el nuevo colchón no podríamos guardar los dólares que atesoramos, replicándole que tal problema no existiría porque los guardaríamos en una bolsa impermeable.

Vencida su resistencia nos acostamos sobre el novísimo colchón disfrutando de la maravilla de navegar dormidos sobre una masa líquida que acariciaba nuestros cuerpecitos. Mi ambición marinera me llevó a colocar una bandera boliviana en la proa del colchón con lo cual me sentí más boliviano, comencé a soñar.

De mi colchón de agua pasamos a un barco de gran calado que nos llevó por los siete mares que algunas veces nos parecen más porque las mismas aguas cambian de nombre al bordear territorios distintos. La verdad es que con la maravilla de los sueños pasamos del Mediterráneo del Este hasta el Caribe, viéndonos de pronto frente a las playas de Miami.

El afán de shopping que tienen las mujeres nos obligó a desembarcar y en un rincón divisé un barco carguero con la bandera tricolor. Alborozado le grité a mi mujer en la oreja: "¡mira mi bandera en aquel barco que debe ser parte de la flota mercante boliviana" obligándola a acompañarme para saludar a la tripulación en la cual habrían seguramente algunos marineros cochabambinos.

Con mi bandera en alto me acerqué al navío mientras gritaba entusiasmado: "¡hola compañeros, I come from Bolivia, yo soy boliviano, y vengo a darles un abrazo porque me siento emocionado al ver nuestra gloriosa tricolor ondeando en los mares del mundo, y viva Bolivia, carajo!"

Unos policías portuarios con caras de pocos amigos me miraron indiferentes y uno de ellos me preguntó qué deseaba y a qué se debía mi entusiasmo, respondiéndole: "Yo ser boliviano, barco también llevar la bandera boliviana, yo querer saludar al capitán del barco y a sus tripulantes donde seguramente haber algunos marineros from Cochabamba".

Un policía me dijo sin inmutarse: "Sabe, señor, es mejor que usted y su esposa se alejen del barco porque éste no es boliviano y sólo lleva alquilada la bandera de Bolivia y actualmente el barco está detenido junto a sus tripulantes porque hemos encontrado en uno de su compartimentos protegido por planchas de acero un cargamento de 171 kilogramos de cocaína, ¿no será que usted es el dueño de la droga incautada? porque lleva usted la misma bandera que el barco".

El alma se me cayó al suelo, mi mujer la levantó y nos alejamos del lugar pensando en que es una barbaridad alquilar nuestra bandera a cualquier traficante extranjero.

 

Racistas y antirracistas

Por: Etienne Balibar (*) E-mail:serviex@prensa-latina.cu

Paris.- ¿Dónde, cuándo y cómo se formó el concepto de racismo? Se cree que partió de un libro, publicado en 1933-1934, en el que Magnus Hirschfeld describía la "teoría racial" que iba a servir de base a la concepción hitleriana de la guerra de las razas.

La palabra habría nacido entonces en Alemania, del propio contacto con su primer "objeto": el racismo de estado nazi, primordialmente antijudío, pero dirigido también contra otros pueblos y poblaciones de "subhombres" y elaborado en nombre del mito de la raza aria.

Ya en 1938 el término aparece en la traducción inglesa ("racism") del libro de Hirschfeld. Desde ese momento, a través de varias contribuciones teóricas, termina por adquirir su sentido oficial e internacional de presunción de la desigualdad congénita de los grupos humanos.

Un filósofo francés interesado en el asunto, Pierre-Andre Taguieff, señala dos "apariciones inconmensurables" de la palabra "racismo" en Francia.

La primera, relativamente episódica (1895-1897), corresponde a la constitución de la Action Francaise y a la creación del periódico del "nacionalismo integral" de la extrema derecha francesa, La Libre Parole.

Los adeptos a esa corriente de pensamiento, propagadora activa del antisemitismo en Francia pero que mantiene también estrechos lazos con los medios colonialistas, se califican a sí mismos de "racistas" como representantes de una "raza francesa" que es necesario preservar de la degeneración.

Luego, entre 1925 y 1935, los términos "racismo" y "racista" reaparecen, pero con un sentido más amplio, para designar esta vez la doctrina del fascismo alemán, al traducir su adjetivo clave "volkisch".

Es esta segunda acepción del término la que, bajo el traumatismo de la Segunda Guerra Mundial, adoptara el uso anglosajón. Pero la referencia nacionalista francesa seguirá siendo decisiva: el discurso que estigmatiza el "racismo" a la alemana se articula totalmente en torno a la diferencia que lo separa del "nacionalismo" a la francesa.

Este pretende ser "universalista" y reivindica un fundamento "cultural" totalmente ajeno a la tradición "naturalista" germánica, apoyada en una seudo rigidez biológica de las "razas". Por consiguiente, en la base del antirracismo en Francia habrá una ideología xenófoba y esencialista.

Este argumento, que he simplificado aquí al máximo, dejó al descubierto la ambivalencia que, en cierta medida, puede caracterizar tanto el planteamiento racista como el antirracista.

Esta ambivalencia reside en el hecho de que se basa a la vez en la idealización de sí mismo ("raza de amos") y en la desvalorización del otro ("degenerado", "subhombre", "primitivo"). Pero aparece también en la relación que el racismo mantiene con el universalismo.

Al exacerbar de manera casi mística la ilusión de la singularidad absoluta y la superioridad definitiva de una nación o de un conjunto de naciones que se creen "elegidas", el racismo coincide paradójicamente con el universalismo, puesto que aspira a inscribir esta supremacía en un esquema de historia universal o de evolución natural de toda la humanidad.

No es de extrañar, entonces, que el propio antirracismo, atrapado a su vez en el campo del nacionalismo -la ideología de Estado que ha dominado nuestro tiempo- manifieste a veces una ambivalencia semejante.

Lo que vale para la denuncia francesa del "racismo alemán" en un clima de revancha nacionalista se aplica también a la denuncia del racismo por ciertos vencedores de la Segunda Guerra Mundial, así como al rechazo del racismo colonial por ciertos nacionalismos de liberación.

Es la noción de "raza" la que, a causa de su extraordinaria polisemia, permite pasar de una coyuntura racista a otra, de una estrategia antirracista a otra.

Las "razas" no existen, pero el significante "raza" ha sido, durante toda una época, el eje de una visión de la historia y de un enfrentamiento entre concepciones del mundo.

Cualesquiera que hayan sido los cambios de significado de ciertas palabras según las circunstancias históricas, esos cambios no dejan de implicar un mismo interrogante sobre las relaciones históricas entre herencia biológica y especificad cultural que connota el termino "raza".

Es justamente este interrogante el que hoy día parece haber desaparecido cuando en realidad se plantea en otros términos.

La historia y la critica del "racismo" han perdido su inocencia: sabiendo que están determinadas histórica e ideológicamente, se ven obligadas a afrontar los efectos de retorsión y de ocultación del propio lenguaje que emplean.

A la vez que se cristalizaba una definición estándar de racismo, se desarrollaban paralelamente dos grandes debates, uno sobre las relaciones entre "racismo" y "antisemitismo" y otro sobre las circunstancias de la aparición del "racismo" específicamente moderno.

Si bien el primero dista mucho de haberse agotado, frente al segundo existe un relativo consenso para situar esa aparición a fines del siglo XV, en el momento del "descubrimiento" de América.

Es en efecto el punto de partida de la "europeización" del mundo, pero también de la constitución de las monarquías absolutas (embriones de los Estados nacionales), de la secularización del antisemitismo y de la domesticación de las aristocracias que van a desarrollar la ideología de la "pureza de la sangre".

En cuanto al debate actual en torno a la noción de "racismo" no puedo resistir la tentación de extraer una lección de método. Históricamente no existe un racismo que haya aparecido en occidente en un momento dado y que deba desaparecer en otro.

Hay varias configuraciones ideológicas sucesivas, estrechamente vinculadas a conflictos culturales y a la práctica de la violencia (en particular de la violencia de Estado).

Cada una de esas configuraciones expresan las tensiones y los antagonismos internos de una vasta empresa de dominación universal: el Imperio Romano, la Cristiandad, la expansión europea, los nacionalismos, el mercado mundial, mañana tal vez el "nuevo orden internacional".

Cada una deja una huella que entra en la composición de un nuevo "racismo", que por lo mismo es siempre un "neorracismo". Así se ha pasado, por ejemplo, del antijudaísmo teológico al antisemitismo laico, del racismo biológico al cultural, de la violencia colonial a la discriminación postcolonial respecto a los habitantes del Sur.

Nos guste o no, lo más probable es que ello se deba a que los esquemas de dominación y discriminación, así como los de exclusión interna, son poderosos instrumentos de identificación de uno mismo y de los demás y, por consiguiente, de memoria histórica y colectiva.

Por último, es evidente que las ambivalencias y las debilidades del racismo no alteran para nada su necesidad.

Así como las fluctuaciones de las posturas racistas, que legitiman las discriminaciones y segregaciones, no pueden disimular la analogía de todas esas prácticas, la continuidad del antirracismo se basa, en cada época, en la percepción de la intolerable denegación de humanidad que supone el racismo y en la comprobación de que es incompatible con la libertad.

 

(*) El autor es profesor de filosofía moral y política en la Universidad de Paris X-Nanterre

 


Apuntes.....


La tremenda crisis Argentina

con sus productos nos preocupa;

la invasión es repentina,

para verlo ¡¡no uses "lupa"!!

ZACARIAS