Site hosted by Angelfire.com: Build your free website today!

Portada


En menos de 4 años, renunciaron cuarto comandantes acusados de corrupción 

Gral. Wálter Carrasco Garret, es 

el nuevo comandante de la Policía

"No tengan miedo, al que le toca le vamos a dar lo que realmente le toca", dijo el nuevo jefe policial

 

La Paz, 06  LA PATRIA

Wálter Carrasco Garret, un ex seminarista que dejó los hábitos para convertirse en policía hasta ascender al grado de general, es desde ayer el nuevo Comandante de la Policía Nacional. Reemplaza a su camarada Wálter Osinaga, un otro general que se vio obligado a renunciar al cargo por denuncias que lo implicaron con una banda internacional de criminales 

Carrasco llega   -  Osinaga se va 

peruanos y bolivianos presuntamente liderizada por dos jefes policiales que fueron dados de baja recientemente.

Después de prestar juramento, Carrasco agradeció la confianza depositada por el presidente de la República e hizo un llamado a sus subalternos para depurar las filas de la Policía y "hacer un renunciamiento" en favor de la ciudadanía.

"Se que todos tenemos ambiciones personales, pero por esta vez les pido hacer un renunciamiento personal. Por esta vez dejemos a cada uno lo que le toca", dijo.

Carrasco reconoció que la institución del orden pasa por "momentos sumamente difíciles".

"La honestidad es el punto más flaco", agregó.

Carrasco, que hasta ayer era comandante de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN), es el quinto Comandante de la Policía durante la gestión Banzer-Quiroga, iniciada el 6 de agosto de 1997.

Los comandantes que le precedieron renunciaron o fueron alejados del cargo por denuncias de corrupción flagrante que hasta el día de hoy no han sido esclarecidas.

El primer comandante en "caer" después de perder la confianza del Presidente y la ciudadanía, fue el Gral. Ivar Narváez que presentó renuncia forzada después de haber sido sorprendido entregando como regalo de cumpleaños al entonces presidente Hugo Banzer, un elefante de oro.

Narváez no explicó claramente las razones del regalo ni el origen del dinero para comprar esa exquisitez.

Narváez también se comprometió a esclarecer el caso Bustillos, un hecho de robo de aproximadamente $us 180.000, en el cual aparecen involucrados dos coroneles. Narváez prometió que una investigación a cargo de una comisión de alto nivel iba a esclarecer responsabilidades para devolver el dinero al ciudadano Diógenes Bustillos, pero el caso sigue pendiente. Un coronel de apellido Farfán y su camarada Javier Gómez se acusaron mutuamente de haber colaborado con "el Angelo" un delincuente que supuestamente salió de la PTJ para perpetrar el atraco, en la casa de Bustillos.

Narváez fue reemplazado por José Luis Medina quien además de "no tener don de mando", según autoridades del Ministerio de Gobierno fue acusado de haber estafado a sus camaradas de menor graduación en la compra de terrenos.

Medina no duró mucho en el cargo y fue procesado por estafa junto a varios otros policías.

El tercer comandante fue el Gral. Roberto Pérez, quien renunció al cargo después de que camaradas suyos denunciaran a los medios de comunicación que había patrocinado ilegalmente el ascenso irregular de una mujer en la policía hasta un grado de oficial. Pérez negó esas denuncias, pero no pudo demostrar su inocencia y se alejó del Comando General.

Walter Osinaga sucedió a Pérez y tropezó con dificultades desde el primer momento. En su primera ronda de reconocimiento, unos 30 subalternos de una guarnición policial en El Alto no le respondieron el saludo de rigor durante un acto oficial. Osinaga fue acusado de haber "acomodado" a sus familiares en puestos de trabajo administrativo de la policía. También fue involucrado en la extraña muerte del sargento de Róstico Gutiérrez, quien "se suicidó" con cuatro impactos de bala en el cuello. Gutiérrez, según camaradas de Osinaga que denunciaron la versión en condición de anonimato, recolectada dinero de varias reparticiones para ser entregado a Osinaga.

Pero el último caso de un atraco a mano armada con saldo de tres muertos (dos policías y un civil) perpetrado en diciembre por una banda internacional de criminales peruanos, bolivianos, venezolanos y chilenos al mando de dos jefes policiales, representó el final del mandato de Osinaga.

Aunque una serie de operativos, coordinados para la cobertura de algunos medios de comunicación, escogidos por Osinaga y otros jefes policiales, dieron por resultado la captura de una parte de la banda, el ex comandante no pudo evitar una serie de acusaciones en su contra.

El Cnl. Gómez y otros jefes policiales lo acusaron de haber actuado con negligencia en el atraco de diciembre pese a haber sido alertado sobre la participación de policías en la banda.

REESTRUCTURACION

Carrasco pidió el apoyo del Presidente, el Ministerio de Gobierno y la sociedad en su conjunto para limpiar la corrupción de las filas de la policía.

El presidente Quiroga comprometió su apoyo a la institución del orden, adelantó las fases de la reestructuración y lamentó que cada fin de año "policías que han estudiado juntos se vuelvan enemigos y se ataquen con denuncias antes de los ascensos a general".

Dijo que la policía debe "despartidizarse, institucionalizarse y seguir trabajando" en busca de su transparencia.

El proceso de despartidización debe alejar la influencia política sobre la policía a través de las reformas en la Constitución Política del Estado. Quiroga presentó como ejemplo las decisiones de otros países donde los policías en servicio activo están impedidos de votar. "Eso limitaría la tentación de formar células políticas en la institución",dijo.

Para el proceso de institucionalización se recurrirá al apoyo financiero externo que permitirá una mejor profesionalización de la institución del orden.

La policía debe seguir investigando los casos de corrupción al interior de esa institución y seguir esclareciendo otros crímenes, como el atentado con un coche bomba en Santa Cruz, que han conmovido a la población.

"La ciudadanía quiere tener seguridad todos los días", dijo.

Al acto asistieron los comandantes de las Fuerzas Armadas y jefes departamentales de la policía. El gabinete de ministros, la familia de Carrasco y unos 40 hombres y mujeres de prensa también presenciaron el acto de mediodía.

"No tengan miedo, al que le toca le vamos a dar lo que realmente le toca", dijo el flamante comandante de la policía.

 

El Chiru Chiru - Nina Nina y

la morena Virgen del Socavón

Por José L. Zabalaga Mendoza (*)

 

Tres versiones refieren el inicio del culto a la Virgen del Socavón, en los que se involucra a un ladrón que tenía la virtud de robar a los ricos para entregar el producto de sus correrías a los pobres. Hombre que actuaba de noche y que tenía fervoroso culto por una imagen de la Virgen de la Candelaria.

 

El Chiru - Chiru, en dos versiones y el Nina - Nina en una, refieren este culto.

El padre Emeterio Villarroel, compuso una Novena cristiana, que refiere el culto a la Virgen del Socavón, en la que interviene el Nina Nina.

El Chiru Chiru, otra leyenda que también refiere a un ladrón, tiene origen en la pluma del vate orureño don  José Víctor Zaconeta.

Don Adolfo de la Quintana (Q.E.P.D.), el recordado periodista contemporáneo, el autor de la columna satírica humorística “Banderillazos” de  LA PATRIA con el seudónimo de “Manolete”,  hizo

Virgen de la Candelaria

volar su imaginación respecto de lo que aconteció con el Chiru - Chiru y escribió un interesante artículo con el título de “Así fue...”.

MODESTO INICIO

El culto a la Virgen del Socavón , entonces, constituye el sustento, el pilar fundamental donde radica la realización de la fiesta en honor de la Virgen del Socavón, que en sus comienzos fue modesto en todo sentido.

 El año 1789 es cuando se sitúa el inicio, masivo, a este culto en el que se involucra, directamente, la leyenda del Chiru - Chiru o  Nina - Nina .

Con el correr de los años, la fiesta continuaba pequeña y hasta “contagió” a las comunidades rurales aledañas a la ciudad, donde se practicaba mucho más, o por lo menos se daba mayor importancia .

Nótese que 1789 es un año poco después de la fundación de la Villa de San Felipe de Austria ocurrida en 1781 “lo cual nos remite inmediatamente a considerar la estructura de la Villa plasmada en una pintura que retrata la época. Refiere el relato que Nina Nina, un hombre de mediana estatura, se encaminaba cuidadosamente al lugar donde se hallaba la santa imagen que adoraba, para mas señas, las inmediaciones del cerro Pie de Gallo”, refiere Zenobio Calizaya Velásquez, en su obra “Vida y Milagros de la Villa de San Felipe de Austria”.

Años después, a comienzos del siglo pasado, la fiesta no debía ingresar a la Plaza de Armas de Oruro, porque los concejales consideraban, despectivamente, que era una fiesta de pueblo: indigna de ser tomada en cuenta y menos de entrar a una plaza principal de la ciudad.

EL NINA NINA

Del Nina Nina, el relato se sitúa el sábado de carnaval de 1789 (mención del relato de Julia Elena Fortún entre otros autores que describen la novena de Emeterio Villarroel).

Un hombre de mediana estatura caminaba por la calle Andalucía; tenía aspecto de honrado artesano, quien al llegar a la esquina de la Cruz Verde, se dirigió hacia el cerro Pie de Gallo. Era Anselmo Belarmino, apodado el Nina Nina, que llegó a un estrecho recinto donde encendió una vela, se arrodilló y oró ante la imagen de la Virgen de la Candelaria “pintada con notables rasgos y coloridos artísticos en la pared de aquel solar abandonado y casi destruido”.

El relato incluye al comerciante Sebastián Choquiamo, quien, pocos días antes del Carnaval de ese año, desahució rotundamente las pretensiones de matrimonio que había manifestado un novio de su hermosa hija, la india Lorenza Choquiamo.

Esa noche, del sábado de Carnaval, Lorenza Choquiamo atendía la tienda de su padre, ubicada en el barrio de Conchupata.

Un apuesto joven de unos 26 años, con la mano apoyada en una lujosa daga, entró a la tienda, donde gustó de aguardiente contemplando a la hermosa joven Lorenza. Era su novio que llevaba barba postiza, la que se arrancó para descubrir su identidad ante su amada.

Por aquellos días, en la Villa de San Felipe de Austria sembraba el terror y, pánico el famoso bandido Nina Nina, que perpetraba robos con la mayor audacia. Asesino que no pudo ser aprehendido.

Al promediar las 19:30 horas de ese sábado de Carnaval, Lorenzo Choquiamo se recogía a su domicilio. Media cuadra antes de llegar a su casa, tropezó con una pareja ; Sebastián cedió el paso por la vereda , en ese preciso momento se escuchó un ahogado “mi padre”, que hizo retroceder a Sebastián quien comprendió que su hija fugaba con su pretendiente y allí mismo entabló una lucha desesperada. La lucha terminó con un ¡¡Ayyy¡¡ mortal que salió de la garganta de Sebastián Choquiamo, que cayó muerto.

Anselmo Belarmino salió herido. Poco después, una joven hermosa vestida de negro, golpeaba la puerta del Hospital; llevaba a un joven malherido; encargó que llamaran al cura, le dio la bendición al agonizante, le habló al oído y desapareció súbitamente.

“Don Carlos Borromeo Mantilla, párroco de Oruro en 1789, recibió la confesión del paciente, quien en esos supremos momentos de agonía y teniendo clavada en su garganta su propia daga, expuso que él era devoto de una Virgen de Candelaria que existía en un solar abandonado de la ciudad , y a cuya imagen dedicaba todos los sábados una vela; que él era Anselmo Belarmino alias el Nina Nina y estando próximo a expirar sin confesión en manos de Sebastián Choquiamo, había sido auxiliado por la misma Virgen a quien veneraba”.

CHIRU CHIRU

Otra leyenda refiere la existencia del Chiru Chiru, apodo que se le dio a este personaje, por el cabello revuelto y desgreñado “que recordaba el nido de cierto pajarillo altiplánico”

Chiru Chiru era un ladrón de horas nocturnas, que compartía el producto de sus robos con los pobres de la Villa; tenía su guarida en un socavón en una de las minas del cerro Pie de Gallo.

 Sobre la cabecera de su camastro tenía la imagen de la Virgen de la Candelaria de la que era ferviente devoto.

En cierta oportunidad, Chiru Chiru intentó robar a un pobre obrero que creía ser una presa fácil, pero no fue así, porque el agredido hizo resistencia y el Chiru Chiru resultó mortalmente herido por una estocada de su propio cuchillo.

La Virgen  recogió a su protegido y lo llevó a su morada, donde poco después falleció

Los vecinos buscaron al Chiru Chiru y al tercer día de la búsqueda, lo encontraron muerto. Comprendieron el desenlace y la protección que en vida tenía de la Santa Imagen.

Los vecinos, compuestos en su mayoría por mineros, determinaron, entonces:

Que la mina de plata llamada Pie de Gallo, se denominaría en lo sucesivo, Socavón de la Virgen.

 Que todos los años se celebraría con gran pompa la fiesta de la Virgen, tratando de hacer coincidir con el sábado de carnaval, porque pocos días antes ocurrió el desenlace del Chiru Chiru y porque era la única ocasión en que los mineros tenían tres días libres de trabajo.

Que para honrar a la Virgen, los mineros se disfrazarían de diablos “para realizar la fiesta y conservar tradiciones antiguas de la minería en que concurrían elementos del bien y del mal”

ASI FUE

Por la década de 1970, don Adolfo de la Quintana, intelectual, propietario de minas, periodista, en el marco de su  obra literaria, relata lo acontecido con el Chiru Chiru, que una noche de esas, en una de sus correrías, en una calle escuchó el chirriar  de carreta, “un carretón de fuego infernal le pasó casi rosando sus calandrajos de miseria y subió lleno de furia endiablada hacia el Socavón.

“Ante el dantesco espectáculo, el Chiru Chiru sintió por primera vez miedo, terror, quizá pánico y pudo, arrastrando sus pies, llegar a la iglesia que se alzaba en una extensión libre, espacio en el que dormían las llamas que desde el amanecer transportaban “llampus” y mineral, haciendo el progreso minero de Oruro que fue su definitivo trabajo, en incesante afán de mejora.

“El Chiru Chiru temblaba y cogiendo el aldabón eclesiástico de la puerta de la iglesia, lo golpeó con inusitada violencia”

El autor relata, luego, que Chiru Chiru vio al diablo, pero el padre comprendió que quería confesar sus fechorías y le dijo que volviera porque era tarde de la noche para ello, pero otro padre llegaba al recinto e instó al Chiru Chiru a arrepentirse de sus fechorías.

Absorto en sus pensamientos por lo que vio, el Chiru Chiru entró a su madriguera, pijchó coca; al fondo de su morada se encontraba el Tinini, un delincuente que la única razón de su existencia era matar. Se  produjo la pelea; el Chiri Chiru hirió al Tinini, éste se repuso y le asió de la garganta dejándolo en agonía; salió de la cueva;  llovía, un rayo partió el cerro en  dos mitades. Huyó el Tinini.

En la cueva, el Chiru Chiru acezaba. “A la mañana siguiente, una extraña sensación le prestó fuerzas para alzarlos y contempló atónito la cueva transformada por el cataclismo, mientras que allá en el hueco de una roca, una mujer morena sonreía, suave, misteriosamente. El Chiru quizo asirse de su manto, pero era algo inalcanzable, pues estando allá, estaba lejana, y el Chiru en su homenaje le brindó su aliento, le entregó su vida”.

Concluye este relato señalando: “La Villa se transformó en ciudad, y sus habitantes devotos y penitentes desde un antruejo lejano se indumentan como el diablo aquel que corría la Ranchería, Conchupata y el Altillo y se perdía en las oquedades del barrio del Socavón”.