|
Portada |
|
En menos de 4 años, renunciaron cuarto comandantes acusados de corrupción Gral. Wálter Carrasco Garret, es el nuevo comandante de la Policía |
||
peruanos
y bolivianos presuntamente liderizada por dos jefes policiales que
fueron dados de baja recientemente. Después
de prestar juramento, Carrasco agradeció la confianza depositada por
el presidente de la República e hizo un llamado a sus subalternos
para depurar las filas de la Policía y "hacer un
renunciamiento" en favor de la ciudadanía. "Se
que todos tenemos ambiciones personales, pero por esta vez les pido
hacer un renunciamiento personal. Por esta vez dejemos a cada uno lo
que le toca", dijo. Carrasco
reconoció que la institución del orden pasa por "momentos
sumamente difíciles". "La
honestidad es el punto más flaco", agregó. Carrasco,
que hasta ayer era comandante de la Fuerza Especial de Lucha Contra el
Narcotráfico (FELCN), es el quinto Comandante de la Policía durante
la gestión Banzer-Quiroga, iniciada el 6 de agosto de 1997. Los
comandantes que le precedieron renunciaron o fueron alejados del cargo
por denuncias de corrupción flagrante que hasta el día de hoy no han
sido esclarecidas. El
primer comandante en "caer" después de perder la confianza
del Presidente y la ciudadanía, fue el Gral. Ivar Narváez que
presentó renuncia forzada después de haber sido sorprendido
entregando como regalo de cumpleaños al entonces presidente Hugo
Banzer, un elefante de oro. Narváez
no explicó claramente las razones del regalo ni el origen del dinero
para comprar esa exquisitez. Narváez
también se comprometió a esclarecer el caso Bustillos, un hecho de
robo de aproximadamente $us 180.000, en el cual aparecen involucrados
dos coroneles. Narváez prometió que una investigación a cargo de
una comisión de alto nivel iba a esclarecer responsabilidades para
devolver el dinero al ciudadano Diógenes Bustillos, pero el caso
sigue pendiente. Un coronel de apellido Farfán y su camarada Javier Gómez
se acusaron mutuamente de haber colaborado con "el Angelo"
un delincuente que supuestamente salió de la PTJ para perpetrar el
atraco, en la casa de Bustillos. Narváez
fue reemplazado por José Luis Medina quien además de "no tener
don de mando", según autoridades del Ministerio de Gobierno fue
acusado de haber estafado a sus camaradas de menor graduación en la
compra de terrenos. Medina
no duró mucho en el cargo y fue procesado por estafa junto a varios
otros policías. El
tercer comandante fue el Gral. Roberto Pérez, quien renunció al
cargo después de que camaradas suyos denunciaran a los medios de
comunicación que había patrocinado ilegalmente el ascenso irregular
de una mujer en la policía hasta un grado de oficial. Pérez negó
esas denuncias, pero no pudo demostrar su inocencia y se alejó del
Comando General. Walter
Osinaga sucedió a Pérez y tropezó con dificultades desde el primer
momento. En su primera ronda de reconocimiento, unos 30 subalternos de
una guarnición policial en El Alto no le respondieron el saludo de
rigor durante un acto oficial. Osinaga fue acusado de haber
"acomodado" a sus familiares en puestos de trabajo
administrativo de la policía. También fue involucrado en la extraña
muerte del sargento de Róstico Gutiérrez, quien "se suicidó"
con cuatro impactos de bala en el cuello. Gutiérrez, según camaradas
de Osinaga que denunciaron la versión en condición de anonimato,
recolectada dinero de varias reparticiones para ser entregado a
Osinaga. Pero
el último caso de un atraco a mano armada con saldo de tres muertos
(dos policías y un civil) perpetrado en diciembre por una banda
internacional de criminales peruanos, bolivianos, venezolanos y
chilenos al mando de dos jefes policiales, representó el final del
mandato de Osinaga. Aunque
una serie de operativos, coordinados para la cobertura de algunos
medios de comunicación, escogidos por Osinaga y otros jefes
policiales, dieron por resultado la captura de una parte de la banda,
el ex comandante no pudo evitar una serie de acusaciones en su contra.
El
Cnl. Gómez y otros jefes policiales lo acusaron de haber actuado con
negligencia en el atraco de diciembre pese a haber sido alertado sobre
la participación de policías en la banda. REESTRUCTURACION
Carrasco
pidió el apoyo del Presidente, el Ministerio de Gobierno y la
sociedad en su conjunto para limpiar la corrupción de las filas de la
policía. El
presidente Quiroga comprometió su apoyo a la institución del orden,
adelantó las fases de la reestructuración y lamentó que cada fin de
año "policías que han estudiado juntos se vuelvan enemigos y se
ataquen con denuncias antes de los ascensos a general". Dijo
que la policía debe "despartidizarse, institucionalizarse y
seguir trabajando" en busca de su transparencia. El
proceso de despartidización debe alejar la influencia política sobre
la policía a través de las reformas en la Constitución Política
del Estado. Quiroga presentó como ejemplo las decisiones de otros países
donde los policías en servicio activo están impedidos de votar.
"Eso limitaría la tentación de formar células políticas en la
institución",dijo. Para
el proceso de institucionalización se recurrirá al apoyo financiero
externo que permitirá una mejor profesionalización de la institución
del orden. La
policía debe seguir investigando los casos de corrupción al interior
de esa institución y seguir esclareciendo otros crímenes, como el
atentado con un coche bomba en Santa Cruz, que han conmovido a la
población. "La
ciudadanía quiere tener seguridad todos los días", dijo. Al
acto asistieron los comandantes de las Fuerzas Armadas y jefes
departamentales de la policía. El gabinete de ministros, la familia
de Carrasco y unos 40 hombres y mujeres de prensa también
presenciaron el acto de mediodía. "No tengan miedo, al que le toca le vamos a dar lo que realmente le toca", dijo el flamante comandante de la policía.
|
||
|
El Chiru Chiru - Nina Nina y la morena Virgen del Socavón |
||
volar
su imaginación respecto de lo que aconteció con el Chiru - Chiru y
escribió un interesante artículo con el título de “Así fue...”. MODESTO
INICIO El
culto a la Virgen del Socavón , entonces, constituye el sustento, el
pilar fundamental donde radica la realización de la fiesta en honor de
la Virgen del Socavón, que en sus comienzos fue modesto en todo
sentido. El
año 1789 es cuando se sitúa el inicio, masivo, a este culto en el que
se involucra, directamente, la leyenda del Chiru - Chiru o
Nina - Nina . Con
el correr de los años, la fiesta continuaba pequeña y hasta “contagió”
a las comunidades rurales aledañas a la ciudad, donde se practicaba
mucho más, o por lo menos se daba mayor importancia . Nótese
que 1789 es un año poco después de la fundación de la Villa de San
Felipe de Austria ocurrida en 1781 “lo cual nos remite inmediatamente
a considerar la estructura de la Villa plasmada en una pintura que
retrata la época. Refiere el relato que Nina Nina, un hombre de mediana
estatura, se encaminaba cuidadosamente al lugar donde se hallaba la
santa imagen que adoraba, para mas señas, las inmediaciones del cerro
Pie de Gallo”, refiere Zenobio Calizaya Velásquez, en su obra “Vida
y Milagros de la Villa de San Felipe de Austria”. Años
después, a comienzos del siglo pasado, la fiesta no debía ingresar a
la Plaza de Armas de Oruro, porque los concejales consideraban,
despectivamente, que era una fiesta de pueblo: indigna de ser tomada en
cuenta y menos de entrar a una plaza principal de la ciudad. EL
NINA NINA Del
Nina Nina, el relato se sitúa el sábado de carnaval de 1789 (mención
del relato de Julia Elena Fortún entre otros autores que describen la
novena de Emeterio Villarroel). Un
hombre de mediana estatura caminaba por la calle Andalucía; tenía
aspecto de honrado artesano, quien al llegar a la esquina de la Cruz
Verde, se dirigió hacia el cerro Pie de Gallo. Era Anselmo Belarmino,
apodado el Nina Nina, que llegó a un estrecho recinto donde encendió
una vela, se arrodilló y oró ante la imagen de la Virgen de la
Candelaria “pintada con notables rasgos y coloridos artísticos en la
pared de aquel solar abandonado y casi destruido”. El
relato incluye al comerciante Sebastián Choquiamo, quien, pocos días
antes del Carnaval de ese año, desahució rotundamente las pretensiones
de matrimonio que había manifestado un novio de su hermosa hija, la
india Lorenza Choquiamo. Esa
noche, del sábado de Carnaval, Lorenza Choquiamo atendía la tienda de
su padre, ubicada en el barrio de Conchupata. Un
apuesto joven de unos 26 años, con la mano apoyada en una lujosa daga,
entró a la tienda, donde gustó de aguardiente contemplando a la
hermosa joven Lorenza. Era su novio que llevaba barba postiza, la que se
arrancó para descubrir su identidad ante su amada. Por
aquellos días, en la Villa de San Felipe de Austria sembraba el terror
y, pánico el famoso bandido Nina Nina, que perpetraba robos con la
mayor audacia. Asesino que no pudo ser aprehendido. Al
promediar las 19:30 horas de ese sábado de Carnaval, Lorenzo Choquiamo
se recogía a su domicilio. Media cuadra antes de llegar a su casa,
tropezó con una pareja ; Sebastián cedió el paso por la vereda , en
ese preciso momento se escuchó un ahogado “mi padre”, que hizo
retroceder a Sebastián quien comprendió que su hija fugaba con su
pretendiente y allí mismo entabló una lucha desesperada. La lucha
terminó con un ¡¡Ayyy¡¡ mortal que salió de la garganta de Sebastián
Choquiamo, que cayó muerto. Anselmo
Belarmino salió herido. Poco después, una joven hermosa vestida de
negro, golpeaba la puerta del Hospital; llevaba a un joven malherido;
encargó que llamaran al cura, le dio la bendición al agonizante, le
habló al oído y desapareció súbitamente. “Don
Carlos Borromeo Mantilla, párroco de Oruro en 1789, recibió la confesión
del paciente, quien en esos supremos momentos de agonía y teniendo
clavada en su garganta su propia daga, expuso que él era devoto de una
Virgen de Candelaria que existía en un solar abandonado de la ciudad ,
y a cuya imagen dedicaba todos los sábados una vela; que él era
Anselmo Belarmino alias el Nina Nina y estando próximo a expirar sin
confesión en manos de Sebastián Choquiamo, había sido auxiliado por
la misma Virgen a quien veneraba”. CHIRU
CHIRU Otra
leyenda refiere la existencia del Chiru Chiru, apodo que se le dio a
este personaje, por el cabello revuelto y desgreñado “que recordaba
el nido de cierto pajarillo altiplánico” Chiru
Chiru era un ladrón de horas nocturnas, que compartía el producto de
sus robos con los pobres de la Villa; tenía su guarida en un socavón
en una de las minas del cerro Pie de Gallo. Sobre
la cabecera de su camastro tenía la imagen de la Virgen de la
Candelaria de la que era ferviente devoto. En
cierta oportunidad, Chiru Chiru intentó robar a un pobre obrero que creía
ser una presa fácil, pero no fue así, porque el agredido hizo
resistencia y el Chiru Chiru resultó mortalmente herido por una
estocada de su propio cuchillo. La
Virgen recogió a su
protegido y lo llevó a su morada, donde poco después falleció Los
vecinos buscaron al Chiru Chiru y al tercer día de la búsqueda, lo
encontraron muerto. Comprendieron el desenlace y la protección que en
vida tenía de la Santa Imagen. Los
vecinos, compuestos en su mayoría por mineros, determinaron, entonces: Que
la mina de plata llamada Pie de Gallo, se denominaría en lo sucesivo,
Socavón de la Virgen. Que
todos los años se celebraría con gran pompa la fiesta de la Virgen,
tratando de hacer coincidir con el sábado de carnaval, porque pocos días
antes ocurrió el desenlace del Chiru Chiru y porque era la única ocasión
en que los mineros tenían tres días libres de trabajo. Que
para honrar a la Virgen, los mineros se disfrazarían de diablos “para
realizar la fiesta y conservar tradiciones antiguas de la minería en
que concurrían elementos del bien y del mal” ASI
FUE Por
la década de 1970, don Adolfo de la Quintana, intelectual, propietario
de minas, periodista, en el marco de su
obra literaria, relata lo acontecido con el Chiru Chiru, que una
noche de esas, en una de sus correrías, en una calle escuchó el
chirriar de carreta, “un
carretón de fuego infernal le pasó casi rosando sus calandrajos de
miseria y subió lleno de furia endiablada hacia el Socavón. “Ante
el dantesco espectáculo, el Chiru Chiru sintió por primera vez miedo,
terror, quizá pánico y pudo, arrastrando sus pies, llegar a la iglesia
que se alzaba en una extensión libre, espacio en el que dormían las
llamas que desde el amanecer transportaban “llampus” y mineral,
haciendo el progreso minero de Oruro que fue su definitivo trabajo, en
incesante afán de mejora. “El
Chiru Chiru temblaba y cogiendo el aldabón eclesiástico de la puerta
de la iglesia, lo golpeó con inusitada violencia” El
autor relata, luego, que Chiru Chiru vio al diablo, pero el padre
comprendió que quería confesar sus fechorías y le dijo que volviera
porque era tarde de la noche para ello, pero otro padre llegaba al
recinto e instó al Chiru Chiru a arrepentirse de sus fechorías. Absorto
en sus pensamientos por lo que vio, el Chiru Chiru entró a su
madriguera, pijchó coca; al fondo de su morada se encontraba el Tinini,
un delincuente que la única razón de su existencia era matar. Se
produjo la pelea; el Chiri Chiru hirió al Tinini, éste se
repuso y le asió de la garganta dejándolo en agonía; salió de la
cueva; llovía, un rayo
partió el cerro en dos
mitades. Huyó el Tinini. En
la cueva, el Chiru Chiru acezaba. “A la mañana siguiente, una extraña
sensación le prestó fuerzas para alzarlos y contempló atónito la
cueva transformada por el cataclismo, mientras que allá en el hueco de
una roca, una mujer morena sonreía, suave, misteriosamente. El Chiru
quizo asirse de su manto, pero era algo inalcanzable, pues estando allá,
estaba lejana, y el Chiru en su homenaje le brindó su aliento, le
entregó su vida”. Concluye este relato señalando: “La Villa se transformó en ciudad, y sus habitantes devotos y penitentes desde un antruejo lejano se indumentan como el diablo aquel que corría la Ranchería, Conchupata y el Altillo y se perdía en las oquedades del barrio del Socavón”. |