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Editorial
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En los últimos tres años, las condiciones de vida de la gran mayoría de los bolivianos se ha deteriorado a tal extremo que, los expertos vaticinan, se está gestando una peligrosa inestabilidad social que podría desembocar en explosivas e imprevisibles consecuencias. Mientras el gobierno y sus expertos se concentran en difundir las grandes cifras de la macroeconomía amparados en un crecimiento del sector de hidrocarburos y de las telecomunicaciones, se olvidan de la industria nacional sumida en la recesión. Y también se olvidan del componente principal de cualquier sociedad: el hombre. De acuerdo a cifras oficiales, hasta el tercer trimestre del pasado año 2001, el sector hidrocarburos creció en 31,7 por ciento, mientras que las telecomunicaciones tuvieron un incremento del 9,8 por ciento. Este notable crecimiento beneficia sólo a las empresas transnacionales que operan ambos sectores y tienen muy poco impacto en la generación de empleo y de ingresos para las arcas nacionales. En el mismo periodo, la industria manufacturera cayó en 1,6 por ciento, la construcción en 17,2 por ciento, el comercio disminuyó en 5,7 por ciento, la minería en 3,4 por ciento y los servicios financieros bajaron en 3,4 por ciento. Los otros sectores presentan un virtual estancamiento. La crisis que afecta a la mayoría del pueblo boliviano, es de tal magnitud, que si no se toman medidas urgentes, se vaticina una explosión social con características similares a la producida en el vecino país de Argentina. La crisis es de tal profundidad, que el año pasado, los ingresos reales de la población se volvieron a reducir, aumentó el desempleo junto con la creciente desconfianza de la población en el modelo económico en vigencia. Los síntomas parecen similares a los argentinos. El pueblo ya no cree en promesas de reactivación porque cada día ve su realidad, es decir, ve que sus condiciones de vida empeoran, lo que está creando peligrosas condiciones para la estabilidad económica, política y social del país. Siempre de acuerdo a cifras oficiales, durante el año pasado, el empleo abierto se duplicó, el ingreso per cápita cayó en 1,5 por ciento, la informalidad creció, la clase media se empobrece cada vez más y una gran mayoría de pobres se volvieron miserables. Según el ministerio de Hacienda, a fines del año 2000 existían 180.000 desocupados con ingreso cero, un año más tarde, esa cifra superó los 300.000 bolivianos desempleados. El Plan Nacional de Empleo, no logra revertir esta situación ya que el mismo ofrece empleos precarios y mal remunerados. Para este año se espera que la cifra de desempleados siga creciendo ya que cada año 100.000 jóvenes pugnan por ingresar al mercado del trabajo. Esta realidad es la que los tecnócratas del gobierno se niegan a ver y admitir. Prefieren seguir dócilmente, directivas de los organismos financieros internacionales, ignorando el creciente malestar social que se gesta y que podría hacer explosión en cualquier momento con consecuencias imprevisibles.
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Apuntes..... |
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No es una maldición cochina que trae la crisis argentina; sobre nuestro país los efectos, ya son ¡¡perjuicios directos!! ZACARIAS |