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Editorial
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Una información registrada en la primera página de este mismo matutino, días atrás, señala concretamente que la brigada parlamentaria trabaja contra el tiempo, para lograr la aprobación de cuatro leyes mineras, considerando ese asunto de "vida o muerte", porque deberían estar vigentes para el próximo 10 de febrero, como un homenaje a la gesta revolucionaria orureña. Realmente sería una buena ocasión para que el Parlamento Nacional apruebe una suerte de medidas en favor de nuestra región, como lo hace con otros distritos cuando aquellos celebran efemérides. Hace mucho que no se han dictado leyes para movilizar el desarrollo de Oruro y esa situación negativa debe atribuirse necesariamente a la pésima labor de nuestros parlamentarios, senadores y diputados, exceptuando muy contados que por supuesto no pueden hacer nada por falta de apoyo y coordinación entre los integrantes de la propia brigada parlamentaria. Pero, ahora se presenta una brillante oportunidad para que los muy tranquilos parlamentarios (por Oruro) demuestren algo de acción y se ocupen de cumplir, por lo menos un buen lobby con sus colegas del interior para lograr la aprobación de cuatro leyes determinantes; tres para encarar la reactivación minera y una cuarta para establecer un arancel diferenciado para importaciones. Se trata de aplicar una estrategia política de alto nivel, de manera que poco antes del aniversario cívico, diputados y senadores de las diferentes bancadas, hayan sido convenientemente motivados para aprobar las leyes planteadas por Oruro, como: La restitución en el esquema gubernativo de un Ministerio de Minería, la creación de un fondo financiero de apoyo a la actividad minera y la obtención de recursos "frescos" para incentivar la exploración y explotación minera con tecnología de punta. Además, la ley de arancel diferenciado que facilitará la importación de productos de la línea blanca y otros de consumo masivo. Existen observaciones por parte de algunos ministros del área económica que advirtieron un desfase en las medidas vigentes que se encuadran en el modelo neoliberal, sin comprender que el sistema en sí ya fue perforado, por las propias exigencias reales y naturales de varias comunidades que no pueden seguir viviendo en la extrema pobreza, mientras muy pocos se enriquecen diariamente usufructuando del poder. Por esas innegables razones hay urgencia de reformular el esquema y otorgar a los más necesitados lo que en justicia les corresponde, como el caso de Oruro que tiene todo el derecho de superar la crisis para encarar un verdadero proceso de desarrollo sostenible. Esa aprobación en el parlamento constituiría un solidario reconocimiento a la constancia y la paciencia de un pueblo que no postergará en adelante su derecho a vivir con dignidad y justicia. Los parlamentarios tienen directa responsabilidad en el cumplimiento de este último objetivo.
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Opinión |
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Síndrome de año nuevo Por: Ramiro Luján Chávez S. |
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Con la llegada de un nuevo año, muchas veces en forma mecánica y en medio de abrazos nos deseamos, los unos a los otros, lo mejor para la nueva gestión que comienza. Esa actitud pone en mi mente a la conocidísima Mafalda y sus por demás conocidos razonamientos que son una grata invitación a la reflexión, sin importar el tiempo transcurrido desde que fueron escritos y el momento presente. Ante los deseos de que el nuevo año sea mejor y nos traiga muchas bendiciones, Mafalda pensaba que por su parte el año nuevo debe esperar que seamos nosotros los que debamos mejorar. Con ello, en su característica modo, ponía al desnudo el deseo que no sé si llamarlo "natural" que tenemos todos los mortales, de considerar que lo que necesitamos para lograr la felicidad es que todo lo demás cambie excepto, por supuesto, nosotros mismos. La llegada de este nuevo año no nos hará mejores y no va a cambiar nuestras vidas, simplemente con su llegada y, porque se trata de un año nuevo. Los minutos las horas, los días, semanas, meses y años no cambiarán nada si no cambiamos los seres humanos. La única forma de que logremos un cambio, es aceptar el reto de cambiar nosotros mismos en primer lugar, para luego, con el ejemplo, transmitirlos al "resto del mundo" y nunca a la inversa. Es cierto que cuando abrazamos a alguien, le deseamos que el año nuevo que comienza sea mejor que los anteriores, nunca decimos que esperamos que la persona cambie el año que comienza -por supuesto, sería completamente descortés hacerlo- y a lo máximo que llegamos es a desear que todos su deseos se hagan realidad. Pero estaremos definitivamente equivocados si esperamos que con la llegada de un nuevo año, nos llegue la felicidad y todo sea mejor para nosotros sin esforzarnos en ser mejores por nuestra parte. Peor aún, si dejamos que nuestra felicidad dependa del cambio que se opere en "otras personas". Sin la menor duda, absolutamente todos, unos más, otros menos, tenemos la costumbre, buena o mala, de hacer planes por demás bien intencionados a la llegada de un nuevo año; pero que, lamentablemente, los abandonamos rápidamente porque no los acompañamos de ningún cambio interior; estas buenas intenciones, en el mejor de los casos, nos duran unos cuantos días después de los cuales, volvemos a la misma rutina, esperando la llegada de otro fin de año y, nuevamente, repitamos la misma u otra más actualizada, retahíla de promesas bien intencionadas, pero que no cumpliremos si seguimos esperando que la felicidad nos llegue mágicamente con el año nuevo y sin el menor esfuerzo. Conocemos la historia de aquella persona que quería un mundo mejor donde vivir y se dispuso a colaborar en la mejora de los individuos que vivían en su país. Después de cierto tiempo, al ver que no había conseguido ningún cambio, pensó que el trabajo que se había impuesto era demasiado pesado y ambicioso, y se dijo que era menester reducir sus actos y tratar de cambiar simplemente a los habitantes de su ciudad. Nuevamente después de transcurrido otro lapso de tiempo sin observar mejora alguna, decidió la persona de nuestra historia, ayudar en la mejora de las personas que componían su familia. Al cabo de otro período de tiempo y no habiendo logrado ninguno de sus objetivos iniciales, con mucha pena, se dio cuenta que se había equivocado en el método para cambiar el mundo y lo que importaba era cambiar uno mismo, para que con el ejemplo se consiga mejorar el mundo. Cuántos de nosotros no nos equivocamos de igual forma, suponiendo que cambiando a los demás, nuestra vida cambiará. Pero, no basta saber que toda mejora debe partir de nosotros mismos, sino que es tanto o más importante ponernos en acción inmediatamente. ¿Quién ante la detección de un problema y el conocimiento de su solución, no se dijo "desde el próximo lunes empiezo mi cambio" o "desde el próximo mes seré una persona diferente" o, en el peor de los casos, "desde el próximo año seré un hombre nuevo"? Cualquier buena intención, se queda simplemente en eso si no la condimentamos con la acción. tanto o más importante que el diagnóstico y la planificación, es la ejecución.
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Michelle, el huracán que se ensañó con Cuba Por: 0nofre Guevara López (*) E-Mail: serviex@prensa-latina.cu |
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Managua.- Al cuarto día del mes de noviembre recién pasado, la naturaleza se ensañó, principalmente, en el centro del territorio cubano con la fuerza destructora del huracán Michelle, no vista en la isla en los últimos 50 años. Para imaginar la magnitud del desastre, ahí están algunas cifras. 25 mil toneladas de cítricos perdidas, 35 mil casas destruidas, daños multimillonarios en la infraestructura -incluida la azucarera- y la producción agropecuaria en general. Con igual asombro que por los daños causados en la base material de la economía cubana, el mundo ha observado -desde un ángulo positivo en medio de la tragedia-, la muerte de sólo seis personas. Irremediable ha sido pasar del asombro a la confirmación del eficiente sistema de la prevención de vidas humanas, pese al tremendo poder destructor del fenómeno natural. Otros pueblos, desgraciadamente como el nuestro, ante cataclismos menos graves ha sufrido mayores daños humanos, como testimonio trágico de la indiferencia por la persona humana y el abandono a su suerte de parte de las máximas autoridades nacionales. Y luego se habla -cínicamente tenía que ser-, de que en la isla bella y heroica los derechos humanos son desconocidos. Incluso uno de los auto-abanderados de esos derechos en Cuba, nuestro flamante jefe de Estado, es el mismo que no hizo caso de los primeros llamados de auxilio de la alcaldesa de Posoltega, cuando el deslave del volcán Casita durante el huracán Mitch, sepultó a centenares de personas. Pero si este hecho es de por sí, de gran interés humano, lo es también en lo político, porque la naturaleza política de un Estado tiene mucho que ver con la vocación protectora en lo social o con el desprecio por los seres humanos. Y del gobierno de Cuba, junto a Fidel, su presidente, se sabe de las inmediatas medidas para paliar los graves efectos del huracán Michelle. La atención a las victimas de un desastre no depende tanto de los recursos, como de la vocación humanitaria. Como es sabido, en Cuba -igual que todos los paises del tercer mundo- hay escasez de recursos materiales, pero no existe en el mundo (del primero al último lugar) ninguno que, como ese país antillano, enfrente un bloqueo económico y comercial con la sevicia con qué se lo aplican y durante un tiempo (!cuarenta años!) jamás experimentado por ningún pueblo en ninguna época de la historia. Es dentro de esta singular situación cuando, de nuevo, el pueblo cubano revela ante el mundo los elevados valores humanitarios que le han permitido sobrevivir y crecer en solidaridad para consigo mismo y para con todos los pueblos. Pero la ayuda solidaria efectiva, oportuna y hasta bien publicitada proveniente de naciones económicamente desarrolladas hacia pueblos en desgracia, apenas se ha hecho presente en Cuba. Y lo que raya en lo cavernícola: del gobierno de nuestro país, que ha recibido de Cuba pronta e importante ayuda y colaboración mas allá del momento en que nos ha ocurrido un desastre, que se sepa, ni siquiera le ha enviado condolencias diplomáticas. Digo ni siquiera, porque materialmente Nicaragua no está en capacidad de reciprocar la solidaridad cubana con medicinas, médicos, condonaciones millonarias, becas para estudios de medicina para jóvenes de las zonas afectadas por los fenómenos naturales, etcétera. Ante las muestras, lamentables de falta de solidaridad, Cuba sigue ofreciendo ejemplos de dignidad y decoro al mundo: cuando el gobierno estadounidense -forzando la estrechez política que mantiene el bloqueo contra Cuba- ofreció donarle alimentos para los damnificados del huracán Michelle, el gobierno cubano respondió dándole las gracias, y, en vez de recibirle la ayuda, propuso comprarle los productos necesarios para cubrir sus reservas de alimentos. Y, para satisfacción de Cuba y de los productores estadounidenses, ya comenzaron a llegar productos agrícolas comprados por la suma de veinte millones de dólares. La actitud digna de Cuba fue recompensada, al menos, por los presidentes iberoamericanos reunidos en la Cumbre de Lima, quienes suscribieron un llamado al gobierno de los Estados Unidos para que levante el bloqueo a la isla. Es revelador que ese pronunciamiento de los presidentes iberoamericanos no fue causado por ninguna presión política o moral que pudiera haberse derivado de la presencia del presidente Fidel Castro, quien faltó por primera vez a la cita, precisamente por no desatender la situación en que dejó a su país el desastre natural. Aunque todo el mundo reconoce que, hasta ausente, Fidel fue noticia en la Cumbre.
(*) El autor es periodista nicaragüense. Colaborador de Prensa Latina.
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La generosidad política Por: Humberto Guzmán Hurtado |
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Es sorprendente cómo cambia la gente, cuando de sacar provecho se trata; ojalá que la generosidad de la que hacen gala, no se manifestara únicamente en períodos electorales, porque estamos seguros que sus posibilidades económicas son suficientes como para alimentar un regimiento durante todo el año. De ahí que los que gastan en algunos juguetitos es como sacarles un pelo a un gato. La clase política es la que saborea la torta de la democracia y es lógico pensar que después de todo tienen aún una brizna de generosidad con aquellos que no alcanzan a consumir ni las migajas de ésa torta. Este es el tiempo, en que los adinerados comprendan que la mortaja no tiene bolsillos y que la mejor manera de aspirar al paraíso es mostrarse solidario con las angustias y vicisitudes de tantísimos niños que están como están, porque sus padres ganan salarios de hambre y, lo que es peor, muchos de ellos pasaron una Navidad, como si fueran entenados de Dios. La ciudadanía en general lamentó profundamente que algunos niños quedaron heridos ante una avalancha que se produjo en el reparto de juguetes y fue cuando nos dimos cuenta de la injusticia imperante en el mundo entero, que un niño sufra magulladuras y lesiones por recibir un juguetito usado, es la peor injusticia; en tanto que otros niños nacidos en cuna de oro, tuvieron juguetes electrónicos y altamente sofisticados. Quizá por eso, se haya dicho que son las fiestas de Navidad y Año Nuevo, las que muestran al desnudo, la lacerante división de la Sociedad entre los acaudalados y los muy pobres, que son la mayoría del pueblo boliviano. Por supuesto que los que tienen mucho, tienen la oportunidad de mostrar que todavía les queda algo de sensibilidad y si creen en Dios, no hay mejor manera de agradar al Divino Hacedor, llevando adelante acciones sociales que ciertamente tienen una significación bíblica. Si proceden a la inversa y siguen siendo tacaños empedernidos, que Dios se apiade de sus almas. El discurso Navideño no tiene que ser circunstancial ni efímero, tiene que ser una vocación de servicio perenne y desinteresado.
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Apuntes..... |
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Con nuevos ítems para educar reforzamos la Educación ojalá el acto pueda durar; para, ¡¡provecho de la Nación!! ZACARIAS |