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Editorial  


La hora de la Policía

Ayer, desde las 6 de la mañana, se realizó, en La Paz, una crucial reunión de los mandos policiales.

El objetivo: efectuar un análisis sobre la situación de la llamada institución del orden, que en los últimos tiempos, no tuvo nada de orden y más bien, su descrédito llegó al extremo que la población boliviana, en su generalidad, ya no confía en sus miembros.

Las causas, son muy bien conocidas y entre las principales se puede citar una acelerada corrupción en sus filas, la crónica falta de profesionalismo en la resolución de los delitos y en la búsqueda de los malhechores.

Durante la gestión que terminó, se produjeron en el país, casi 30 asaltos a mano armada, ninguno fue solucionado, (a excepción de uno)

La sociedad sabe que en no pocos casos, es mejor no acudir a la policía, porque el mal puede ser mayor. El más común es el robo en domicilios. A los afectados, se les pide identificar a los autores del robo y además, dinero para las investigaciones las que no terminan nunca pero se reiteran los pedidos de más dinero.

Este es uno de los muchos ejemplos que se pueden dar, que la población conoce perfectamente y que contribuye al descrédito policial.

El cruento asalto ocurrido en la avenida Kantutani de la sede de gobierno, fue la gota que colmó el vaso.

La forma fría y sanguinaria con que se procedió para asesinar a dos humildes policías y al cajero de una empresa de seguros, hizo que el propio presidente de la República, Jorge Quiroga, instruya al comandante de la Policía Boliviana, Gral. Wálter Osinaga, extreme recursos para dar con los autores de tremendo hecho criminal.

Como nunca había sucedido, luego de poco más de 100 horas, lo dijo el Primer Mandatario, la policía dio con la banda que tenía como jefes, nada menos que a dos oficiales de alta graduación de la policía, un coronel y un mayor.

Esto hizo recordar a la ciudadanía el también cruento asalto llamado de Calamarca, ocurrido a principios de la década de los años 60s que lamentablemente, tuvo también como protagonistas a uniformados de la policía.

Al comenzar el año 2002, parece ser que la hora de la Policía Boliviana ha llegado.

La reunión efectuada en La Paz, tuvo como resultado la organización de una decena de comisiones, que estudiarán, se dijo, una reestructuración.

Se sabe que durante la citada reunión surgieron duras críticas a los mandos superiores policiales por no actuar a tiempo y evitar que la institución sea manchada con el estigma de la corrupción.

Lo cierto es que los hechos están ahí, la ciudadanía los conoce y clama por una pronta y profunda reforma de la estructura misma de la policía.

Las decisiones tomadas durante la cita efectuada además, en la Academia Nacional de Policías, donde se forman los oficiales, no debe quedar para la anécdota, es urgente una pronta toma de decisiones.

No todos los policías son malos, es la hora de separar a las manzanas podridas para evitar que toda la institución, termine contaminada, es la hora de la policía.

 


Opinión


Como luces de bengala

Por: Humberto Guzmán Hurtado

El afán de figuración es innato en la mayoría de los políticos, que se desesperan por el flash de las cámaras fotográficas y sonríen ante las cámaras de televisión, en cuanto a las declaraciones siempre están a la órden del día, y les gusta opinar hasta sobre lo que ignoran, de manera que los farsantes y megalómanos no pierden la menor oportunidad para "mostrarse" ante gil y mil.

Conocemos algunos de estos singulares sujetos que cuando hay desfiles se filtran por cualquier resquicio para aparecer en primera fila, junto a las autoridades y grotescamente levantan las manos, como si estuvieran respondiendo a saludos y aplausos que no están dirigidas precisamente a ellos. No se puede negar que a veces inspiran lástima.

Hay autoridades que para tener cierto protagonismo lo han tomado como un hobby el inaugurar obras cortando cintillos de todo color y a veces más eufóricos hasta hacer añicos una botella champan. No está mal inaugurar obras, pero está mal comenzar y nunca terminar, por eso los aplausos y los homenajes deben darse al final de la jornada y nunca al principio. Al respecto viene a la memoria la inauguración del Mercado Bolívar hacen muchos años atrás, fue en ese entonces que se hicieron algunos parchecitos en el Canchón, mal llamado Mercado y los técnicos de la Alcaldía de ese entonces fueron homenajeados por vecinos y comerciantes y hasta recibieron medallas y pergaminos. Lastimosamente tal trabajo de pacotilla quedó al desnudo con las primera precipitaciones pluviales cuando el Mercado Bolívar se convirtió en una laguna porque el trabajo en cuestión no era sino un bateón. Comerciantes y vecinos pidieron que los homenajeados devuelvan las medallas que recibieron, Y la cosa no pasó a mayores.

Algo parecido podrá ocurrir con el flamante alcantarillado y serán las lluvias que se avecinan que podrían calificar la clase de trabajo que se hizo y que ojalá no sea "gato por liebre". Los orureños siempre fuimos víctimas de malos trabajos que en un principio nos deslumbraron y después vino la decepción y la frustración, porque las obras sólo fueron luces de bengala.

 

 

El negocio de la adivinación

PAULOVICH

Siento un gran respeto por los adivinadores, aquellos seres privilegiados que poseen atributos mentales como para predecir el futuro de las personas y mi admiración por aquellos se acentúan conforme avanza mi ceguera que me niega ver más allá de mis narices.

Al concluir un año e iniciarse otro, mucha gente siente la ansiedad de conocer por adelantado cómo será éste y qué podrán depararle los días venideros, que es lo que me sucedió y por lo cual acudí a un yatiri que vive en una de las laderas de La Paz y que goza de gran fama entre los habitantes de la zona.

Cuando me vio adivinó que llevaba en el bolsillo algo de dinero y me saludó con cordialidad, preguntándome "qué hay de nuevo" a lo que respondí que eso mismo le preguntaba yo respecto a mi futuro. El yatiri inteligente me interrogó acerca de mi profesión, estado civil, partido al que pertenezco, y estado de mis cuentas bancarias, negándome a responderle porque son cosas que él debería adivinar.

"Por tu cara de gil -me dijo- me parece que eres periodista", admirándome por su clarividencia y pidiéndole mayores detalles acerca de su método para adivinar, agregando el brujo: "todos los periodistas tienen la misma cara de giles y se creen muy listos, como tú, aunque viven en el despiste más asombroso, y hasta creen que algún campesino saldrá presidente en las próximas elecciones y hay algunos que sostiene que será un ex-juez, fíjate qué despiste.

El yatiri adivinó mi estado civil y me dijo: "tú eres casado hace muchos años aunque no llevas el aro matrimonial porque lo tienes empeñado". No se necesita ser brujo para adivinar tal cosas y le pregunté si mi estado civil cambiaría durante el año 2002, a lo que me respondió: "si pones en mi delante 100 pesos te digo que tu mujer viajará a España, y si no los pones te cuidará amorosamente todo el año". Le dije que solamente tenía billetes de 200, y él guardó el billete ávidamente.

Aproveché para que me adelantara algunas noticias que sucederían el 2002 y con gran sabiduría me dijo: "Este año se realizarán elecciones en nuestro país pero nadie quedará contento con ellas pues varios candidatos se considerarán vencedores por lo cual se producirán graves conflictos que perjudicarán a la nación". Le insistí para que me dijera algo acerca del ganador y él me pidió otros 200 Bolivianos para decirme el nombre, motivo que me obligó a retirar mi pregunta.

Después, el yatiri me propuso una sesión de pedomancia y le dije que me parecía una cochinada, aclarándome el brujo que pedomancia no significaba lo que yo pensaba sino que es el arte de leer la suerte en las líneas de las plantas de los pies. Al conocer el sentido de la palabreja, me descalce y me reí mucho cuando el pedomántico me hacía cosquillas en los pies. Aprenderé los secretos de la pedomancia y la practicaré este año.

 

En rojo y negro

Consumir lo nuestro

Por: Lupe Cajías

Este fin de año, junto con mi familia, decidimos conmemorar las fiestas tradicionales de la Navidad y del Año Nuevo, cumpliendo o intentando cumplir con la consigna urgente de "consumir lo nuestro".

Era un desafío, simple pero incierto. Se trataba de seguir en la práctica aquello que escribimos y que, sobre todo, tanto sale en las conversaciones casuales, en las tertulias que pretenden analizar la situación del país; en nuestras continuas quejas porque las cosas son de un modo y no de otro. En aquella tentación permanente que nos conduce a compararnos con otras sociedades, otros países. Allá es todo así, asá; aquí siempre estamos mal.

Es verdad que por muchas noticias nos sentimos en la estacada y que más de un día nos parece duro vivir, seguir vivos, tener hijos, tener patria.

Por ello no queríamos hacer concesiones, comprar lo boliviano por comprar "lo nuestro", sencillamente, sino que el desafío era comprobar las otras noticias. Queríamos conocer la calidad de las inversiones en Bolivia y preferir en lo posible gastar el aguinaldo en un objeto o en un servicio que signifique respaldo a alguien con fe en el país.

El resultado, me adelanto a contarlo, fue por demás satisfactorio, casi increíble, y en verdad que hay esperanzas.

En primer lugar: los regalos. Salvo un electrodoméstico (adquirido en negocio legal del Shoping Norte), los otros objetos comprados fueron bolivianos. Un conjunto deportivo para una muchacha y dos poleras para las amigas en Batt; un pijama para el ahijado en Punto Blanco; botines quinceañeros en Bata (que nos costaron la mitad de lo que nos pidieron por otros argentinos); tacitas de café de artesanía cochabambina; manteles de Navidad bordados por amas de casa; chamarra de cuero, industria alteña; sillas para escritorio, confección de Caracato; forros para muebles, confección casera. Trencito de madera y trajecitos para muñecas, Made in Bolivia; pero en juguetes había poca oferta nacional.

Después: la comida. Para la chocolateada escogimos tabletas Breik, con cacao del norte de La Paz. Adquirimos las nueces de Tarija, pasas y ciruelas de Cinti, dulces de leche y melcochas procedentes de Cochabamba, en un anaquel de la calle Colón. Buñuelos con ingredientes bolivianos, inclusive la miel de caña cruceña en vez de los jarabes importados.

En los vinos no solamente había una marca, sino varias posibilidades para las diferentes ocasiones. Inclusive compramos un vino de altura Concepción, primorosamente empacado, que intercambiamos con un amigo italiano catador de finas bebidas.

Pavo "Santa Rosa" para las vísperas, y después una delicia de carnes de todo tipo. Destacamos el chorizo español de Dillman para la picada, y la actitud del Supermercado "Himermaxi" que tuvo una política de ofrecer especialmente carne cruceña y otros productos bolivianos. Ojalá los demás también destaquen en sus vitrinas esa competencia. Lastimosamente en otro local, en pleno centro paceño, no existían palmitos ni espárragos bolivianos.

Igual para el Año Nuevo: lechones de granjas yungueñas; hierbas de carpas altiplánicas; papas y choclos (maíz) de todo tipo (qué privilegiados somos los bolivianos); plátanos, camotes, verduras desde las más corrientes hasta las más exóticas. Sin embargo, todavía poca gente consume berenjenas, zapallitos italianos, lechuga suiza, jengibres y brócolis, que ofertan los agricultores. ¿Tendremos que esperar a que falten para lamentarnos? Los precios eran casi un insulto, por pocos centavos se tienen manojos de quilquiña, huacatalla, hinojo, hierba buena.

Un recorrido por los mercados, desde el Cementerio General, hasta las ferias en el Sur, nos mostró que había precios para todos los bolsillos, incluso regalos o remates al final del domingo.

Los hoteleros han mantenido sus ofertas y son muchas las garantizadas. Hace poco hemos conocido el nuevo refugio de Magri Turismo en la Isla del Sol, una inversión ecológica, que une la belleza del lugar con la buena comida y el uso de todos los materiales lugareños (inclusive para mantener calientes las cabañas, sin necesidad de estufa). En Coroico, faltaron camas para la cantidad de turistas internos que decidieron correr la aventura, a pesar del descuidado camino.

El año nuevo no parece halagüeño, pero podemos mejorarlo con un poco de esfuerzo, de responsabilidad compartida entre autoridades, empresarios, ciudadanos.

 

El cambio de actitud es importante para avanzar

Por: María Beatriz Olmos Pinto

"Si no cambias, te extingues", es una de sus frases de Spencer Johnson, en su obra "Quién se ha llevado mi queso", que al empezar el relato dice: "Erase una vez que cuatro personajes, dos ratoncitos Oli y Corri, más dos personitas del tamaño de los ratoncitos llamadas Kif y Kof, vivían en un laberinto y dependían del queso para alimentarse y ser felices, como habían encontrado una habitación repleta de queso, vivieron un tiempo muy contentos, sin preocupaciones, se hallaban en una posición cómoda; pero, un buen día el queso desapareció, los ratoncitos inmediatamente decidieron cambiar y se pusieron en marcha a buscar el queso nuevo; las personitas se enojaron como es habitual en los seres humanos y no quisieron admitir que el queso había cambiado de lugar y que era importante cambiar de actitud e ir en busca de queso nuevo".

Esta fábula simple e ingeniosa, nos demuestra que todo CAMBIA, sus enseñanzas se aplican a todos los ámbitos de la vida, el "queso" del relato representa cualquier cosa que queramos alcanzar, por ejemplo: la felicidad, el trabajo, una profesión, el dinero, el amor, etc., y el "laberinto" es el mundo real en el que vivimos, con zonas desconocidas y peligrosas, callejones sin salida, oscuros recovecos y habitaciones llenas de queso.

La oportunidad de contribuir a la formación de nuevos líderes empresariales, es lo que le motivó al autor para escribir este libro, Johnson predice que nos guste o no, en el siglo XXI, todos estaremos expuestos al CAMBIO, sobre todo si la economía mundial se vuelve más volátil, la actitud de las personas será un factor determinante. De donde podemos colegir que:

• El cambio es un hecho, el queso de mueve constantemente.

• Prevé el cambio, permanece alerta a los movimientos del queso.

• Controla el cambio, huele el queso a menudo para saber si se está enmoheciendo.

• Adáptate rápidamente al cambio, cuanto antes se olvida el queso viejo, antes se disfruta del nuevo.

• Cambia, muévete cuando se mueva el queso, tu cambio de actitud es importante.

• Disfruta del cambio, saborea la aventura y disfruta del nuevo queso.

• Prepárate para cambiar rápidamente y disfrutar otra vez, el queso se mueve constantemente.

• Si pierdes el miedo, eres libre, para avanzar con actitudes nuevas.

El mensaje de la obra, no permite visualizar que el mundo está cambiando. Los hechos del 11 de septiembre hicieron que el planeta reflexiones sobre esta realidad de cambio, al que debemos adecuarnos con creatividad, responsabilidad, competitividad, diversificación, pragmatismo, antes que la ortodoxia y así avanzar hasta la meta deseada.

 


Apuntes.....


Es una noticia que arde.

Juez argentino, quiere preso al General

¡¡llega demasiado tarde!!

Y a todos: ¡¡nos parece genial!!

ZACARIAS