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Editorial
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Entre los planes estratégicos del desarrollo sostenible de la región, no puede descartarse la construcción de un nuevo aeropuerto, con todos los adelantos para la operabilidad de cualquier tipo de aviones, convirtiéndose en un centro de recepción y de distribución, particularmente de carga, pero además de vinculación internacional y contacto con algunos importantes distritos del país. Se ha incidido mucho en la ubicación geopolítica del Departamento de Oruro y son innegables sus ventajas, para convertirse efectivamente en el "Puerto Seco" que tanta falta le hace al país, como centro de acción que consolide además la ruta transoceánica, no sólo por carretera, sino también por vía aérea. El aeropuerto con que contamos actualmente y al que se le añadió una franja asfáltica especial, para posibilitar el aterrizaje de naves pequeñas, tiene que convertirse en determinado tiempo en una zona recreacional, como se planificó con mucho acierto en los planes de expansión de la ciudad y la complementación de áreas verdes. Consiguientemente su uso debe ser limitado al tiempo en que se habilite el nuevo y verdadero aeropuerto de Oruro. Para concretar el proyecto del nuevo aeropuerto local, la ex Cordeor contaba ya con un estudio muy adelantado en el que inclusive participó AASANA, cuyos técnicos debían completar detalles mínimos como "el eje de la pista" en función a la corriente de vientos y otros detalles de la ubicación final que se marcó en la extensa planicie entre la ciudad y Caracollo, lado oeste, tras la baja serranía existente. En ese lugar no existían problemas de ningún tipo y las exigencias se limitaban tan sólo a las de tipo financiero. De no concretarse ese proyecto ya adelantado, existe otra opción que igualmente tiene interesantes perspectivas y radica en la complementación de obras en el aeropuerto construido por la Empresa Inti Raymi y que actualmente es operable inclusive para aviones de gran envergadura (tipo Hércules). En esta segunda posibilidad, las cosas pueden simplificarse porque existe el mejor criterio de los empresarios mineros para transferir bajo ciertas condiciones esa incipiente estructura, de manera que la misma sea la base de un futuro aeropuerto internacional (como soñó su visionario impulsor Dn. Mario Mercado Vaca Guzmán) que permitiría ampliar las operaciones comerciales de importaciones y exportaciones que se traducirán en efectivos ingresos económicos para todo el Departamento. En este caso, la construcción de ese aeropuerto, exigirá además el asfaltado de la carretera que une la ciudad de Oruro y la zona minera de Inti Raymi, generando un marcado desarrollo en todas las poblaciones de esa ruta, multiplicándose el efecto de progreso sostenible, pero sobre todo, convirtiendo en realidad la definición de Oruro como el Puerto Seco de Bolivia. Las autoridades departamentales, la dirigencia cívica y los parlamentarios, no deben perder de vista el proyecto del nuevo aeropuerto de Oruro, que necesariamente debe ser considerado como otra prioritaria obra del desarrollo regional.
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Opinión |
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En rojo y negro Margarita Diéguez Armas Por: Lupe Cajías |
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En los últimos días, las páginas sociales de los principales periódicos del país han registrado las despedidas a Margarita Diéguez Armas; para algunos lectores es posible que el dato se sume a otros similares relacionados con la conclusión de una gestión diplomática en nuestro país. En cambio, para los bolivianos que saben de quién se trata, el adiós es un melancólico abrazo fraterno: el gobierno boliviano, la Cancillería boliviana, los periodistas, los escritores, los poetas, las pintoras, los artesanos, los hacedores de cultura, porque conocen el significado de Margarita en la historia de las relaciones entre su país, México y Bolivia. Ella fue hasta este diciembre Embajadora de México en Bolivia, pero a veces parecía que era representante boliviana ante los herederos de Benito Juárez. De hecho, se esparció la noticia, hace cuatro años, de todo lo que ella empujó para ser designada en La Paz, pues su amor por Bolivia y los bolivianos tiene larga historia. Margarita Diéguez Armas era la diplomática encargada por su país para encabezar las difíciles negociaciones sobre estupefacientes en la Convención de Viena, a mitad de la década de los ochenta. Era una de las pocas mujeres responsables de lograr hacer sentir la voz de América Latina, muy distinta a la de Estados Unidos e inclusive Europa, en relación al tema de las drogas. Recordemos que era un momento de marea alta en la diplomacia latinoamericana, más libre y fortalecida después de la caída en dominó de las distintas dictaduras militares que entonces auspiciaba el propio Departamento de Estado. Bolivia acababa de salir de dos experiencias complejas: el régimen narcoparamilitar del ex General Luis García Meza y la difícil gestión del primer gobierno democrático presidido por Hernán Siles. En 1985 entró al gobierno el hábil Víctor Paz Estenssoro e instruyó a la Cancillería nacional preparar una formidable participación boliviana en Viena con el eje de la "responsabilidad compartida", de la cual nadie hablaba todavía, y la defensa honrada del uso tradicional de la hoja de coca. Al equipo de diplomáticos profesionales se unió el criminólogo y periodista Huáscar Cajías. México y Bolivia consiguieron juntos introducir en el texto surgido de Viena las posturas que defendía Latinoamérica. Años más tarde, Margarita representó a México como coordinadora ante el Grupo de Río, en 1996, cuando gobernaba Gonzalo Sánchez de Lozada y el país fue anfitrión de seis cumbres internacionales, tres de ellas a nivel presidencial. Margarita respaldó las iniciativas bolivianas, tanto en el tema narcóticos como en otras posturas. Hizo alianza con el destacado diplomático boliviano, Jaime Aparicio Otero, hoy secretario al más alto nivel en la Organización de Estados Americanos, OEA. Ambos eran un eje binacional que motivaba a otras diplomacias, como la colombiana y la brasileña. América Latina tuvo esos años en el Grupo de Río a un interlocutor válido para el resto del mundo, con sus posturas diferenciadas de los países poderosos. Durante meses, ella visitó casi todo el territorio nacional, inclusive de vacaciones. También estuvo presente cuando México apoyó la idea de algunos periodistas latinoamericanos que queríamos generar pensamiento propio y redes de integración. Cuando logró ser Embajadora mexicana en Bolivia no tuvo pausa ni respiro y le deja tarea muy difícil a su sucesor, que inevitablemente será comparado. Propició viajes de intelectuales bolivianos a México, trajo cantidad de escritores con el pretexto de las ferias del libro. Coauspició decenas de encuentros fraternos, coloquios como el de Elena Poniatowska, tertulias en su casa, exposiciones con pintores tan consagrados como José Luis Cuevas, convites como los famosos altares para el Día de los Muertos. Margarita estaba en las negociaciones empresariales relacionadas con los acuerdos económicos entre Bolivia y México, asistía a las conferencias sobre las reformas estructurales aplicadas en el país, conocía a sus historiadores, invitaba frecuentemente a los líderes de opinión. Ahora ha partido después de cumplir su misión. El gobierno presidido por Jorge Quiroga ve alejarse una importante aliada. Sin embargo, dada la fidelidad de las mexicanas es posible que en pocos años escuchemos otra vez hablar de Margarita Diéguez Armas y de alguna de sus hazañas para dar una mano a su segunda patria.
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Como la fiesta de navidad en generalmente celebrada en familia no sabemos cómo la celebraron algunos políticos famosos de nuestro país, y algunos curiosos me llamaron por teléfono para inquirir sobre ese tema en la creencia de que estoy enterado de todo, lo cual es una ilusión porque soy bastante despistado. Para no decepcionar a éstos tuve que imaginar algunos hechos navideños. La navidad en la casa presidencial tuvo mucha influencia estadounidense porque la que manda (en estas cosas) es Ginger, nacida en Texas. Se levantó un hermoso árbol navideño, se cantó Navidad Blanca y cantó como invitado Bing Corsby aunque no faltaron villancicos cochabambinos. Hubo platos de ambos países y fue muy aplaudida la picana cochabambina que preparó la mamá del presidente. Algunos coladores, que dijeron ser colaboradores del señor Jorge Quiroga, quisieron adorar al niño Jorge pero él no admitió tal cosa y dijo que ya era muy grande para echarse en el "nacimiento". Cuando me preguntaron sobre las navidades del señor Jaime Paz Zamora dije a los preguntones que seguramente pasó la fiesta en El Picacho con su entorno tarijeño hecho de parientes y seguidores íntimos. El principal adorno pascual fue el gallo pues toda la sala estaba decorada con gallos y es posible imaginar que después de la fiesta algunos muebles quedaron como palo de gallinero. Fue una fiesta alegre, como todas las que hace Jaime, y los más jalabolas de sus partidarios también quisieron adorarlo como si fuera el niño Jesús y cuando lo pusieron peladito alguien dijo "esas bolas no son de niño" y desistieron de echarlo en el pesebre, continuando la feliz fiesta, prometiendo Jaimito a sus amigos que la próxima navidad sería celebrada en la casa presidencial, de acuerdo a sus presentimientos. La navidad en casa del señor Goni Sánchez de Lozada Sánchez Bustamante de Iturralde y Monje Postigo a pesar de ser estrictamente familiar fue multitudinaria y estuvo a punto de celebrarse en el Coliseo Cerrado para contener a tantos parientes ilustres y algunos cholos coladores pertenecientes al glorioso Movimiento Nacionalista Revolucionario que cantaron esas hermosas estrofas de "viva el Movimiento, gloria a Villarroel, y a Paz Estenssoro entregó el Poder, chachachacah, chachachachan, viva Moira Paz". Muchas cholas me llamaron para saber algo de las navidades de mi amigo Evo Morales y tuve que decirles: Evito pasó la navidad en el Chapare aunque no sé si en Sinahota o Ivirgarzama por razones de seguridad. Sus adeptos más fanáticos le prepararon un pesebre para adorarlo como si fuera el niño dios y el aceptó con su modestia habitual; de esa manera, cholitas y cholitos cocaleros le cantaron villancicos y coronaron su cabeza con una guirnalda hecha de hojas de coca. Después alguien dijo: "Hay que condenarlo a pesebre perpetuo" y la fiesta continuó.
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La ciudad, memoria histórica y desarrollo Por Ana María Luna Yañez - Arquitecta y Master en Restauración de Monumentos |
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Empezar a mirar con curiosidad y aprecio aquello que encierra la ciudad, como en un texto histórico a partir de la escritura que constituyen sus edificaciones y el trazado de sus calles, intentar oir los ecos que reverberan de los diálogos intensos que sostiene el centro histórico con los últimos asentamientos de la periferie, desde un tiempo originario hasta la actualidad contemporánea, es empezar a mirarnos en la grafía de nuestras ciudades es también empezar a hablar, debatir y cuestionar lo que contiene y representa. Gran parte de la memoria urbana se materializa en su arquitectura y traza urbana, donde se registran desde las aspiraciones y voluntades de una sociedad en determinados tiempos históricos, hasta las fluctuaciones económicas, políticas, sociales y productivas. Una revisión visual a los testimonios materiales del pasado nos permite acercarnos a una somera interpretación de determinados períodos de bonanza o de carestía económica, y a partir de la identificación de las tecnologías y los materiales constructivos de la arquitectura podemos identificar las influencias culturales y tecnológicas, o comprender el origen de los gustos de determinadas sociedades del pasado que se vieron reflejadas en una estética temporal cuya identificación se tradujo en el empleo de ciertos recursos estilísticos en el diseño de las edificaciones. De igual forma, la revisión del trazado de las calles de una ciudad nos permite acercarnos a la interpretación de los hábitos y costumbres de una sociedad en determinado tiempo y su evolución en el área de la comunicación, Partiendo de la observación de su dimensionamiento ya sea desde las estrechas callejas antiguas que nos hablan de lentos carromatos tirados por fuerza animal o humana y que en reducido número circulaban por estos espacios, o ya las calles amplias que hablan de la necesidad de albergar mayor cantidad de vehículos y las avenidas que se nos presentan como espacios previstos para vehículos que alcanzan considerable capacidad de transporte y albergan un mayor tráfico, o espacios que se amplían aún más, como los grandes viaductos que nos remiten sobre todo a una otra escala que nos habla de lo público y lo masivo en cuanto a capacidad de transporte y a velocidad. Es así cómo la ciudad lleva incisa la historia de su paulatina evolución, así como hacen los anillos de un caracol a la datación del tiempo de existencia de este organismo, o como las sucesivas capas de un tronco describen la datación de un árbol. Las ciudades registran en si mismas y sus construcciones los tiempos de las sociedades. Esta concepción naturalista invita a empezar a mirar allí donde se encuentran dramáticamente los tiempos del pasado con los sucesivos presentes tejiendo ese rico tejido compuesto por trama y urdimbre de tiempo y espacio. La utilidad de este enfoque de la percepción de la ciudad como organismo vivo, que además nos permite acceder a los registros que inscribe el tiempo en los espacios construidos por las sociedades, radica en la posibilidad que nos brinda de constatar la magnitud de evolución y desarrollo que hubiéramos logrado o no en una actualidad respecto al pasado. Por lo tanto no sólo nos permite retrotraernos románticamente en el tiempo, sino, y sobre todo, nos permite mirarnos a nosotros mismos al mirar un pasado que se materializó, mediante una voluntad por insertarse a las corrientes tecnológicas y culturales de los presentes del pasado, con o sin demasiado acierto, pero con voluntad por afirmarse ante las contingencias que trae consigo toda actualidad histórica. Y, si la revisión del pasado no respondiera a nuestras actuales visiones y aspiraciones, la aproximación a la comprensión de los aciertos y desaciertos bajo una mirada crítica de ese pasado debería constituir, mínimamente, condición de motivador de futuro, interpretado como lección aprendida de voluntad de cambio y superación, antes que simplemente recordatorio de viejos logros y fracasos. Retos que nos lega el pasado y que la actualidad contemporánea, teñida de una envidia profunda, debería tender a superar. ¿En qué medida estos referentes materiales del pasado, que se inscriben en "la imagen de lo urbano", constituyen un componente indispensable para el desarrollo de una ciudad y sobre todo de una sociedad?, se impone la necesidad de exponer los significados actuales del concepto de desarrollo de una sociedad para comprender el sentido del patrimonio en este ámbito conceptual. Entendiendo por desarrollo la potenciación de las relaciones vitales de toda sociedad como son la economía, el medio ambiente y lo socio-cultural, relaciones que bajo ciertos criterios y acciones generan una tendencia al enriquecimiento de los aspectos socioculturales, a la sostenibilidad del medio ambiente natural y a la viabilidad de la economía. Los aspectos socioculturales no sólo comprenden las manifestaciones de expresión y producción cultural y los niveles de calidad de vida, sino que, implícitamente contemplan la necesidad del rescate y la puesta en valor de la memoria histórica de los pueblos, la cual constituye trama y sustancia de una sociedad, el soporte socio-cultural, y se traduce en los referentes históricos, indispensables para la formación de las identidades de los individuos y los grupos sociales. Como anteriormente mencionamos, parte de la memoria social está registrada en el espacio urbano, en su traza, su arquitectura y en su producción artística, componentes todos de la dinámica vital de toda sociedad, los cuales, con el paso del tiempo, constituyen la herencia o legado de las sociedades del pasado.Estos componentes conforman el patrimonio cultural. En los términos de desarrollo, el patrimonio construido y el patrimonio de arte constituyen recursos no renovables, son producto de la espiritualidad temporal de una sociedad histórica, modos de pensar y de relacionarse con el mundo a partir de imaginarios temporales, de ahí su condición de no renovables con la imposibilidad de ser re-creados. Por lo tanto, y en relación al patrimonio cultural, para una acertada aplicación del concepto de desarrollo, es necesario generar en los actores políticos la toma de conciencia de la necesidad de la sostenibilidad del desarrollo a partir de un aprovechamiento positivo de los recursos renovables y no renovables, para lo cual, citando a Hanna B. Hoffmann en su artículo orientado hacia la sostenibilidad del turismo en el cambio de siglo (1), rescato la validez y universalidad de los conceptos vertidos por Hoffmann, en los que se plantea la necesidad de generar una gestión de los recursos con un alto grado de sensibilidad y sobre todo de sentido común que implique "una visión a largo plazo, un enfoque visionario, preventivo y anticipador para la planificación, gestión y evaluación." de los recursos. Se pone en evidencia la importancia de ingresar al campo de la gestión cultural como una medida imprescindible para alcanzar el desarrollo en su acepción convencional y en lo referente a lo socio-cultural. Valga la oportunidad para dejar claro que quedan desprovistos de relevancia los conceptos excluyentes que otorgaban validez o no a determinados momentos de un pasado, sino que, por el contrario, se hace necesario incrementar la tendencia a poner en valor las diversas facetas y temporalidades de una sociedad, puesto que forman parte de un proceso en constante cambio, como producto de su misma evolución vital, donde todas las experiencias y materialización de éstas son válidos componentes de su historia, aisladamente de cualquier juicio de valor. Patrimonio urbano y desarrollo están lejos de ser antagonistas. Para desarrollar no había sido necesario negar un componente del pasado, sino imbricar, unir los hilos y las tramas de los tiempos históricos para conformar un cuerpo denso que sirva de soporte para encarar los retos del presente y del futuro con intrépida actitud visionaria, oteando el porvenir a partir de nuevos mecanismos sociales y políticos desde los cuales es posible generar una plataforma para el diálogo. Allí, la misma sociedad organizada podrá debatir acerca de las formas de expresión de sus aspiraciones a tiempo de revitalizar su espacio histórico, con acciones que constituyan puntos de encuentro y de este modo poder recorrer los caminos de la innovación tecnológica y las nuevas formas de construir el espacio en equilibrio con los de la memoria y la toma de posesión de un pasado vivificante. ----- *El presente artículo constituye una consecuencia del Foro debate en defensa del Patrimonio Construido que se abrió en diciembre del año pasado a raíz de la destrucción del edificio del antiguo Hotel Edén ubicado en la Plaza Principal de la ciudad de Oruro. (1) Desafíos para el sector turístico en el cambio de siglo: la importancia de la sostenibilidad, Hanna B. Hoffmann, IPTS Report, Nº 28 Oct. 1998
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Azucena Villaflor, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo Por: Enrique Arrosagaray (*) e-mail:serviex@prensa-latina.cu |
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Buenos Aires.- Hace 24 años secuestraban en la esquina de su casa, a la señora Azucena Villaflor, creadora del movimiento Madres de Plaza de Mayo, de Argentina. Los militares de la dictadura que gobernaba a Argentina por entonces, la mantuvieron durante algunos días presa clandestinamente en una dependencia de la Marina, desaparecida de la luz pública, y todo indica que la asesinaron luego, escondiendo su cadáver vaya a saber dónde. Azucena Villaflor tenía 53 años, había sido telefonista toda una década en una gran fábrica metalúrgica y ahora era ama de casa, tenía cuatro hijos y una vida desvinculada de la actividad política. Bastante tenía con críar y cuidar a tres varones jóvenes y a una hija adolescente. El 30 de noviembre de 1976 un comando del Ejercito secuestró a su hijo Néstor en el domicilio de su novia. También a la muchacha, Raquel Mangín. Desde ese día Azucena movió cielo y tierra para encontrar rastros de su hijo. Visitó comisarias, regimientos, morgues, oficinas de gobierno, hasta que comprendió que no era razonable pedir información a los propios captores. Les propuso a otras madres que estaban pasando calvarios similares, reunirse en la Plaza de Mayo, centro histórico y político de Buenos Aires, para que se enterara el país y el mundo, la tragedia que estaban viviendo. Con mucho miedo y con coraje, aquel sábado 30 de abril del 1977 fue el "bautismo" de fuego en las propias barbas del general Videla. Primero fueron catorce y poco después fueron cientos. Semanas más adelante las descubrieron corresponsales de varios paises y comenzaron a enviar despachos sobre ellas a los principales diarios del mundo e imágenes a las televisoras. Los medios de prensa de Buenos Aires no decían nada. La dictadura se propuso entonces destruir ese movimiento comenzando por la persona que lo motorizaba. El secuestro de Azucena fue encaminado a partir de tareas de inteligencia que desarrolló un joven oficial de la Marina -por orden de sus jefes- que se hizo pasar por una víctima más de la dictadura. Su nombre verdadero era Alfredo Astiz, se hacía llamar Gustavo Nino. Es el mismo marino que tuvo que ver con el secuestro de la joven sueca Dagmar Hagelin y de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Douquet, entre decenas de casos. Astiz logró hacerse amigo y protegido de Azucena y de otras madres que confiaron en él. La secuestraron en la esquina de su casa el sábado 10 de diciembre de 1977, poco después de las ocho de la mañana, cuando salió a hacer las compras para el almuerzo. Iba a cocinar pescado porque su hija Cecilia, desde la cama y medio dormida todavía, se lo había pedido. La rodearon, la golpearon y la ingresaron a un coche sin matrícula. La recluyeron en la Escuela de Mecánica de la Armada y la alojaron en "capuchita", uno de los rincones de esa "cárcel". Durante el primer día de su secuestro Azucena estaba lucida y segura de que quedaría libre y por eso pidió el nombre de otros secuestrados para informar a sus familiares en cuanto pudiera. Tenía un vestido de mangas cortas, a lunares. Al día siguiente fue llevada a la sala de torturas, en el sótano de ese campo de concentración y todo indica que ya no recupero sus facultades. Según testimonios, Azucena fue "trasladada" -conducida a la muerte- junto a las monjas francesas y a otros secuestrados a la semana del secuestro.
(*) El autor es periodista, escritor e investigador argentino. Colaborador de Prensa Latina
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Apuntes..... |
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Hay una cosa muy urgente de Diputados, el Presidente dice que mucho han trabajado ¡¡qué mentiroso rematado!! ZACARIAS |