|
Editorial
|
Varios hechos de sangre estremecieron a los bolivianos en el curso de las últimas horas, poniendo en tela de juicio la tal mentada y publicitada seguridad ciudadana. El asalto, en La Paz, a un vehículo de una compañía de seguros que transportaba una importante cantidad de dinero, costó la vida de tres personas y heridas a otras tres. Alarma la forma fría y calculada en que fue ejecutado este asalto. Los maleantes, muy seguros de sí, dispararon decenas de balas contra los policías que no vestían chalecos antibalas y transportaban más de 700.000 dólares en una vehículo del tipo combi y no en un blindado como debería ser. Dejaron a sus víctimas atrás y emprendieron veloz huida. La policía, como siempre, investiga el hecho. En Cochabamba, la policía intentó ingresar al mercado La Pampa, para detener a un equipo de guardias privados que los comerciantes contrataron para poner a raya a los "polillas" (menores delincuentes) y otros malhechores que causan pánico entre los compradores. Los comerciantes se opusieron a este extremo ya que la policía privada, les brinda seguridad lo que redundó en una mayor afluencia de compradores. Se produjo un enfrentamiento que dio como resultado la muerte de un ciudadano por el impacto directo de una granada de gas, disparada por un efectivo del Grupo Especial de Seguridad (GES). Los comerciantes acusan a los uniformados de ser cómplices de los maleantes y de los polillas los que dicen, les entregan las carteras que roban para continuar delinquiendo. Por estos antecedentes, los comerciantes insisten en contar con la protección de la empresa privada de seguridad lo que la policía no acepta. Tras estos sucesos, los dirigentes de los comerciantes reciben constantes amenazas de muerte a través de llamadas telefónicas anónimas. También en Cochabamba, un concejal del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), fue asesinado con cuatro tiros cuando, casi pasadas las 11 de la noche del pasado jueves 13, llegaba a su domicilio. El hecho fue calificado como un crimen político. Causa miedo la forma en que el concejal fue victimado. Primero, recibió tres impactos por la espalda, logró correr y pedir auxilio, llegó hasta la puerta de su hogar, pero, allí, sus asesinos, le pegaron un tiro en la frente. El concejal había sido amenazado de muerte por denunciar varios casos de corrupción en Morochata. Los asaltos a mano armada y a taxistas en la noche son ya cosa de todos los días. La ciudadanía se siente desvalida y sin protección. La policía reitera una y otra vez, que estos hechos son investigados aunque siempre sin resultados. La institución del orden, como se hace llamar, pasa por una crisis interna con permanentes denuncias de corrupción que llegan a sus más altos jefes. Parece ser que llegó el momento para que el gobierno inicie un proceso de depuración para restablecer el orden interno en la policía y para que los ciudadanos vuelvan a confiar en su policía y no sentir, como hoy, temor frente a su presencia.
|
|
Apuntes..... |
|
Aquí no hay nada nuevo que afecte al señor "Evo": lo único muy verdadero, ¡¡le aplicarán el desafuero!! ZACARIAS |