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VESTIRSE PARA EL SEXO

 

 

La ropa es una extensión del vocabulario visual del amor. Y vestirse provocativamente puede ser tan importante para la relación sexual como el desnudarse.

 
    V
estirse para el sexo es algo que la mayoría de nosotros hacemos de un modo subconsciente, pero raramente le dedicamos el tiempo y la atención que verdaderamente merece. Es una lástima porque, en un mundo en el que se juzga por las apariencias, las ropas son el vocabulario visual del amor si aprendes a hablar su lenguaje, tu pareja se sentará y escuchará. A su vez esto significa una mejor, más excitante y satisfactoria relación sexual para el ambos.
    Vestirse como estratagema para transmitir poderosas señales sexuales es algo conocido desde la antigüedad. La historia está llena de atuendos sexualmente atractivos. Se cree que fue una cortesana china del siglo VIII la inventora del sujetador, no como un medio de sostener y elevar sus pechos sino para ocultarlos con el objetivo de tentar y desconcertar a su amante.
    La Europa medieval fue testigo del desarrollo del uso de la coquillera, una prenda que originalmente era un pequeño protector de los genitales masculinos, pero que en el siglo XV había tomado una forma de proporciones tan monstruosamente fálicas que hacía que los que la usaban fueran tan incapaces en el dormitorio como la armadura los hacía en el campo de batalla.
    Hasta los pudorosos victorianos, famosos por sus desvanecimientos ante la sola mención de un muslo blanco como la leche, idearon prendas como los pantalones ceñidos para los hombres y los vestidos que elevaban los pechos o el talle de avispa para las mujeres.
    La idea de vestir de manera provocativa públicamente no se limita exclusivamente a las civilizaciones desarrolladas. El poder de la ropa para excitar y provocar es un universal y consagrado por el tiempo un hecho que incitó a un jefe africano del siglo XIX a prohibir que se llevara este tipo de atuendos, en un esfuerzo por desalentar los pensamientos licenciosos entre los de su tribu.

   
EXHIBICIÓN, ESTIMULACIÓN Y FANTASÍA:
   
Inspirándose en muchos ejemplos de hombres y mujeres vestidos más que desnudos, algunos teóricos del siglo XX han concretado tres áreas clave en las que las ropas realizan un importante función sexual.
    Primero, usamos ropas como «plumaje» para atraer y excitar al compañero de manera muy parecida a la del pavo real cuando exhibe su cola de plumas. La atracción está relacionada principalmente con el lenguaje del cuerpo y con el hecho de que al adornar nuestro cuerpo con ropas llamativas podemos hacer que ciertas partes «hablen» más elocuentemente.
    Segundo, las ropas pueden resultar sexualmente estimulantes en un sentido puramente físico, quizá porque imitan e incluso exageran las texturas y sensaciones del cuerpo que asociamos a las caricias sexuales. Hay claros paralelismos de atracción entre la flexible y ligeramente húmeda sensación del látex o el caucho y la suave sudoración precoital de la piel humana. Menos obviamente, un abrigo de piel puede intensificar las cualidades táctiles en virtud de su extremado contraste de color y textura, como puede hacerlo una sencilla camiseta blanca sobre un pecho peludo.
    Pero en la tercera función de la ropa, como manifestación física de la fantasía sexual, la que ofrece las más amplias posibilidades de experimentación. Los actores y actrices, «se visten para el papel» para hacer sus personajes más creíbles, de la misma manera podemos vestirnos para dar una expresión física a la más erótica de las facultades humanas: la imaginación. Y en una época en la que la imagen es una industria multimillonaria, y la mayoría de nosotros podemos permitirnos ocasionalmente derrochar en nuestro ropero, la importancia de la ropa sexy es mayor que nunca.

   
VESTIRSE PARA ATRAER:
   
Cuando alguien pregunta porque se gastan fortunas en ropa que en apariencia no tiene una finalidad práctica, o se pierden muchas horas frente al espejo ajustándose un molesto dobladillo, la mayoría de las personas replican que quieren «tener un buen aspecto». Pero, ¿qué significa realmente un buen aspecto? En casi todos los casos es una refinada manera de decir: «Quiero atraer a una pareja».
    Los jóvenes, solteros y libres, empiezan vistiéndose para atraer de una manera indecisa y a veces tristemente desconcertados al principio de la pubertad. Durante esta fase temprana de exploración, generalmente la idea es copiar a los amigos, acuciados por el sentimiento de que, si no te visten como ellos, los dejarán fuera.
    La tímida joven de 13 años que un día cambia su uniforme escolar por un sujetador y una blusa que acentúan sus desarrollado pechos no está afirmando automáticamente su deseo de encontrar un compañero de cama. Simplemente expresa su deseo de que sus amigos la encuentren aceptable y «atractiva».
    La cuestión es que estas definiciones adolescentes de lo que significa «ser atractivo» son exactamente aquellas por las que los hombres la juzgaran en los años venideros. Este deseo de vestirse de una manera atractiva y socialmente aceptable no desaparece en la edad adulta. Si oyeras comentar a tus compañeros de trabajo de tu mismo sexo que tu aspecto es desastroso, lo más normal sería que te preocuparas. Y ello porque implicaría que resultas poco atractivo a los miembros del sexo opuesto, algo que la mayoría de nosotros intenta evitar.
    Vestirse para atraer es, por lo tanto, una necesidad humana básica, pero que va más allá del simple deseo de seducir y atrapar a una pareja. Del mismo modo, si eres feliz y te encuentras seguro en una relación, llevar ropas que atraigan al sexo opuesto sigue siendo una ocupación sumamente necesaria, aunque sólo sea porque parecer atractivo te haga sentir deseable.
    Todo esto no sólo obrará maravillas para con tu autoestima, sino que también actuará como fuerza positiva en tu relación sexual.

   
¿QUÉ ES LA ROPA ATRACTIVA?
   
Las ropas sexualmente atractivas son aquellas que acentúan las partes del cuerpo que encontramos más atractivas al otro una forma «ideal», masculina o femenina.
    Esta forma «ideal» varía ampliamente no sólo de cultura a cultura sino de generación, acorde con los dictados de la moda. En consecuencia, es igualmente improbable que un tonganés se enamore del tipo de modelo esbelta, como que su homólogo europeo lo haga de una rolliza princesa polinesia. (En Tonga, donde las modas cambian a un ritmo mucho más lento que en la Kings Road de Londres, la obesidad en una mujer se considera el aspecto más deseable). A pesar de las variaciones, una mirada a la historia de la ropa sexy en todo el mundo y a través de las diferentes épocas revela sorprendentemente un modelo universal, en el que las mismas combinaciones se repiten una y otra vez trascendiendo el tiempo y la cultura.
    En la mujer, las ropas que acentúan sus pechos (especialmente el escote), estrechan la cintura y realzan a forma de las caderas y los glúteos aparecen repetidamente; del mismo modo que las prendas que ofrecen una insinuación al observador del posible acceso a estas importantes áreas.
    Las piernas también constituyen un rasgo «excitante». El vestido desempeña a la vez un papel revelador por ejemplo, la minifalda y realzador de la figura tacones altos, la falda en forma de tubo o unos pantalones ajustados.
    Entre los hombres, el acento está en las prendas que hacen que los hombros y la espalda parezcan más anchos, el cuello y el pecho más fuertes y las caderas y glúteos pequeños y de músculos firmes. Considerad, por ejemplo, la casi continua popularidad en la sociedad occidental de las chaquetas cortas con hombreras y los pantalones ajustados. También los hombres han usado un tipo de vestuario que acentúa las ya mencionadas características a la vez que disfraza aquellos efectos de la edad menos deseables: la laxitud de los músculos y la barriga. Ahora ya sabes por qué el jefe insiste tanto en la fantasía, las prendas de reconocidos modistos que son signo de riqueza, estilo y lo más importante poder, pueden resultar tan «excitantes» para la mente del que las usa como lo son unos tejanos muy ceñidos que resaltan cada curva o una ajustada camiseta cortada por la cintura.

   
EXPRESAR TU PROPIA SEXUALIDAD:
   
El modo en que utilices tu vestuario como elemento de seducción depende tanto del tipo de pareja al que quieras atraer (o te guste pensar que atraes) como de qué manera te sientes más atractivo. Vístete como una prostituta o como un monje y probablemente te tratarán como tal. Pero entre estos dos extremos se extiende un vasto campo donde expresar tu sexualidad a través del vestir. Para encontrar tu propia forma de vestir para la seducción, los puntos siguientes pueden ser una ayuda.
    Primero, no te sujetes a ninguna moda. El hecho de que las curvas no estén de moda no quiere decir que una mujer con mucho pecho tenga que utilizar vestidos sin entallar o sujetadores muy apretados como los que solían usar nuestras abuelas.
    Saca el mayor provecho de tus curvas dentro de los límites de la moda y los admiradores decidirán. Recuerda: hay tantos devotos de las figuras redondeadas como admiradores de las constituciones más estilizadas.
    Segundo, saca el mayor partido de lo que tu cuerpo puede ofrecer y sé realista en cuanto a las partes que ya no son lo que fueron o como te hubiera gustado de que fueran. Como mujer, no pierdas tiempo intentando embutirte en un pantalón muy estrecho cuando unos pantalones amplios y bien confeccionados pueden transformar el problema anterior en una ventaja. Asimismo, como hombre medianamente barrigón, sería aconsejable que ahorraras el dinero que gastas en camisetas y lo invirtieras en la habilidad de un buen sastre.
    Tercero, piensa detenidamente en la imagen sexual que quieres proyectar y vístete en consecuencia. Un vestido escotado sería apropiado para excitar a los albañiles, pero si sueñas con un hombre sensible y sofisticado que aprecie a las mujeres atraerás a la persona equivocada.
    Recuerda, sobre todo, que vestirse atractivamente no significa parecer un modelo o ajustarse a unas reglas fijas. Se trata de sacar el mayor provecho de tu cuerpo y vestir con gracia y estilo más que de seguir la moda que se lleva, te siente bien o no.

   
ROPA DE DORMITORIO:
   
Si te decides a acabar con la rutina en tu dormitorio, el potencial del vestuario para excitar o realizar el ritual de la relación sexual será progresivamente evidente. Las mismas normas de «vestirse para atraer» son aplicables, pero en el dormitorio se produce un cambio sutil del papel de la ropa que ya no es sólo un recurso de atracción sino que se convierte en un estimulante físico y un soporte para la fantasía.
    Vestirse para el dormitorio es parecido a presentarte a tu pareja como si fuera un regalo de Navidad cuidadosamente envuelto. El contenido ya lo conoce, pero será mucho más excitante cuando más escondido esté bajo un envoltorio atractivo y más expectativas creará en el que recibe respecto al premio que le espera al fina. La excitación sexual está en función de las expectativas: de lo «oculto» y de lo imaginado. Aquellos pálidos camisones de algodón, de cuello alto y que se abrochaban hasta los pies no han perdido su atractivo, e incluso el más pasivo de los amantes se pondrá al rojo vivo (si esta es la reacción deseada) cuando lo haya desabrochado hasta la rodilla.
    
   
POTENCIAL ERÓTICO:
   
Las ropas, en toda su variedad, os presenta oportunidades casi ilimitadas para explorar este poderoso mundo erótico.
    La diferencia entre la ropa de dormitorio y la ropa para atraer está en que la primera es algo más personal y que, respecto a aquélla, las preferencias y gustos de tu pareja tienen prioridad frente a tus ideas preconcebidas de lo que es la ropa provocativa.
    Esto implica que hay que dedicar tiempo y esfuerzo para averiguarlos: no caigas en el error demasiado común de perder horas vistiéndote con un sedoso salto de cama que sólo será recibido con una camiseta deportiva y un aspecto natural de «pequeña viciosa».
    No puedes permitirte revelar tu secreto al mundo entero.
    Intenta por todos los medios vestir como una prostituta c como un macho si eso es lo que excita a tu pareja, pero no en público, pues corres el riesgo de que se malinterprete tu cuidadosamente preparado vestido como un descarado intento de atraer a otro compañero.

   
OBSERVA, ESCUCHA Y APRENDE:
   
Para tener éxito con tu ropa de dormitorio, debes convertirte en un buen detective. Empieza por aprender a reconocer aquellas pequeñas pistas por las que todos revelamos nuestros deseos sexuales. Cuando tu pareja te diga que te encuentra «guapa», haz una lista de lo que llevas puesto e intenta averiguar con más exactitud qué ha sido lo que ha incitado esa reacción particular.
    Toma buena nota en tu memoria cuando se le vayan los ojos ante los trajes de las estrellas de cine o televisión. Intenta concretar dónde se sitúa la atracción y qué ropas en particular excitan su fantasía.
    Una vez que hayas completado tu orientación básica, vuélvete más osado llevando la conversación al tema de la ropa sexy. Las revistas y videos pueden ser de gran ayuda en este aspecto ya que proporcionan un punto de partida. Muchas veces puedes aprender bastante de una respuesta negativa si ante tu exclamación «¡qué va!», al menos sabrás lo que a tu pareja no le gusta, y pronto lograrás hacerte una idea de lo que le gusta.
    Bajo ningún concepto adoptes el comportamiento de un elefante en una tienda de porcelana y le digas directamente: «quiero vestirme sexy para ti, ¿qué es lo que te gusta?». Actuando así romperás el encanto de la fantasía inesperada en el que reside realmente la magia de la ropa sexy.
    Cuando hayas recogido suficiente información, pon en práctica tus planes y ten en cuenta que vestirse para ir a la cama empieza mucho antes de entrar en el tocador. Recuerda siempre que estás jugando en el terreno de la fantasía y de la emoción de lo inesperado, y que ambas se han de crear con el halago y la seducción. Igual que en la relación sexual en sí misma, prepara lentamente el clímax, a través de insinuaciones discretas, que anuncien lo que vendrá.

   
VESTIRSE PAR ÉL:
   
Como mujer, los siguientes guiones te proporcionarán al menos algunas ideas sobre cómo prepararte para vestirte atractivamente.
    Antes de salir a cenar con los amigos, «olvida» ponerte bragas y en su lugar ponte medias y ligas bajo un vestido provocativo que te permita ofrecer fugazmente una tentadora visión del muslo.
    Cuando los dos estéis solos, menciona casualmente cuánto calor tienes  y qué surte que has olvidado cierto detalle al vestirte. Más tarde, en otro momento en que estéis en privado, encuentra una excusa para precipitar las cosas revelándole el detalle del liguero, después de lo cual actúa como si nada hubiera pasado.
    Una vez en casa, tómatelo con calma y pídele que te ayude a quitarte el vestido. Si en ese momento todavía no sientes que la pasión recorre vuestras manos, es que no has hecho los deberes correctamente, o que él ha bebido demasiado.

   
VESTIRSE PARA ELLA:
   
Como hombre, vestirse de manera sexy para irse a la cama muchas veces significa empezar la tarde llevando el traje que más te favorezca algo elegante o quizá una prenda informal. Pero esto en sí mismo no es una garantía de éxito. Si la personalidad no está a la altura del atuendo, toda la ilusión podría romperse. Y luego, cuando, con suerte, pases al dormitorio, no lo estropees desnudándote como si fueras un payaso.
    Recuerda que, en lo que a ella se refiere, estás materializando una fantasía que debe mantenerse hasta el final.
    El efecto global será completamente desastroso si te quitas toda la ropa excepto los calcetines. Quítate siempre los calcetines antes que los pantalones, a no ser que quieras causar un efecto cómico.

   
VESTIRSE DE MANERA SEXY ES DIVERTIDO:
   
Una vez que hayas roto las barreras y abandonado los mitos de que vestirse de manera sexy es «estúpido» o «pervertido», la forma más efectiva de conseguir lo mejor que los diversos atuendos pueden ofrecer a vuestra vida sexual es inventar «juegos» en los que los dos tengáis un papel. Desconéctate completamente de tu «yo» habitual, empieza a actuar e inmediatamente deja a un lado la vergüenza que a menudo inhibe la expresión de los deseos a través del vestido.
    En poco tiempo os encontraréis vistiendo con tanto desenfreno como vuestras fantasías os permitan. Y el arte de excitar al compañero con el vestuario, no es un mal objetivo para una pareja.

  
VESTIRSE PARA DESNUDARSE:

  
ELLA PARA ÉL:
    La complicada ropa interior antigua que combinaba media, ligas, sujetador de encaje con exóticas bragas todavía es un excitante clásico para muchos hombres. Pero podría s sacar más provecho de tu encanto sexual siendo consciente de cómo perciben ellos las posibles variantes.
    Blanca y con adornos sugiere una personalidad inocente, esencialmente femenina y quizá incluso sumisa.
    El negro es «pícaro», más «de mujerzuela», o, si la ropa es de alta calidad, sofisticado y de mujer de mundo.
    La piel ajustada y el látex con cremalleras indican dominación femenina, especialmente cuando se usan junto con cadenas y puntiagudos tacones de aguja.
    La «colegiala sexy» es otro de los modelos preferidos, particularmente cuando se combina ropa interior de mujer adulta. Lo principal es que el vestido sea ceñido y provocativo.
    El aspecto de chica con la cara limpia y «poco femenina» cada vez es más popular. El aspecto natural: el pelo recién lavado y sin arreglar y la ausencia de maquillaje son imprescindibles. Los camisones cortos, deportivos y algunas tallas demasiado grandes son el atuendo estándar, aunque unas medias blancas pueden aportar un toque de descarada picardía.
    La apariencia de «mujer profesional» estricta, aleccionadora y agresiva mujer de negocios es estimulante para los hombres por lo emocionante que resulta seducir lo intocable. Para ello usa trajes serios y lusas pasadas de moda sobre la ropa interior más atrevida que puedas encontrar.
    La apariencia de «mujer sirvienta» atrae a los hombres dominadores de la cama. Los uniformes de enfermera y de criada son ejemplos clásicos.
    El aspecto de «seductora francesa» es sexy; a veces licencioso. Medias de mallas, corpiño, camisola de tul y falda de tubo son algunas de las prendas favoritas, como las botas hasta los muslos y de tacón de aguja, de denominadora.
    La apariencia de femme fatale puede basarse en cualquiera de las anteriores, pero en este caso debe atemperarse con una gran elegancia: traje y unos complementos sutilmente sofisticados. La ropa interior es atrevida, pero también lo son los escotes, las espaldas descubiertas y sumo buen gusto.

  
ÉL PARA ELLA:
   
Los siguientes estereotipos son esencialmente para antes del dormitorio, pero si se cumplen las previsiones su presencia se hará sentir aún después de haberse desnudado.
    El macho. Chaqueta de piel, vaqueros ajustados, camisa blanca o a cuadros ligeramente abierta y camiseta blanca. El clásico «chico rebelde» parece estar ejemplificado por Marlon Brando en la película On the Waterfront.
    El deportista. Traje amplio y deportivo que de algún modo consigue exhibir los bien formados músculos. Calzoncillo de boxeador o traje de baño de nadador para cuando la cosa se pone caliente.
    El Latin Lover. Esmoquin blano o ropa informal cara de colores vivos, pantalones ajustados pero de buena confección y zapatos caros.
    El poeta sensible. Tejanos descoloridos y harapientos y camisetas amplias una palidez mortal es imprescindible para completar la imagen.
    La estrella de rock. Aquí las posibilidades son ilimitadas. Vístete utilizando al máximo tu imaginación siempre que tu presupuesto te lo permita, pero presta atención para saber qué tipo de música está escuchando ella te dará la espalda.
    El «dandy». Esmoquin, pajarita, faja; a veces sombrero de copa y capa. Todo de corte clásico, hecho a medida, bien planchado y vestido cuidando cada detalle.