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Actualmente es muy común oir a los padres comentarios tales como, mi
hijo es hiperactivo, no para ni un instante, es muy inquieto....
Tenemos mucha tendencia a catalogar a los niños impulsivos como
hiperactivos, pero no todos los niños activos son necesariamente
hiperactivos.
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un síndrome
neurobiológico que se caracteriza por un desarrollo inapropiado de los
mecanismos que regulan la actividad, la atención y la reflexividad.
El actual sistema de clasificación internacional DSM (Manual Estadístico
y Diagnóstico de los Trastornos Mentales) plantea la existencia de tres
subtipos de trastorno por déficit de atención con hiperactividad, un
subtipo predominantemente inatento , otro predominantemente hiperactivo/
impulsivo y un tercer tipo combinado, en el que se encuentran la mayoría
de los niños con este trastorno.
Aún, en el siglo XXI, no se conocen con certeza las causas inmediatas de
los problemas relacionados con los déficits en el control inhibitorio de
los niños hiperactivos.
Algunos estudios sugieren que los genes implicados en el trastorno de
hiperactividad son los genes encargados de dirigir la manera en la que el
cerbro utiliza la dopamina. Las personas con déficit de atención con
hiperactividad pueden sufrir alteraciones en el gen de los receptores de
la dopamina o en el gen de los transportadores de la dopamina. Así,
probablemente, como consecuencia de un deficiente desarrollo genético,
los niños con déficit de atención con hiperactividad manifiestan una
gran dificultad para guiar sus conductas mediante autoinstrucciones y para
frenar sus propias conductas inapropiadas.
Aunque las investigaciones recientes no apoyan las causas ambientales del
déficit de atención con hiperactividad, no puede olvidarse que las
interacciones que se dan entre los factores ambiertales y orgánicas,
tales como un bajo estatus socioeconómico, pobre ejercicio de las
obligaciones paternas, psicopatologías de los padres o estrés
psicosocial de la familia, tienen gran importancia en la modulación del
trastorno. Desafortunadamente nuestra sociedad ha experimentado en estas
últimas décadas cambios sociales radicales que han creado unas
condiciones sociales que intensifican los síntomas del trastorno por déficit
de atención con hiperactividad: las altas tasas de divorcio y familias no
normativas, el estrés que supone para las familias el ejercicio
profesional de ambos padres y la aplicación de pautas de disciplina
inconsistentes. La calidad de las relaciones familiares y la competencia
parental pueden jugar un importante papel en la severidad del problema, en
la respuesta de los niños al tratamiento y en el pronóstico.
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