

Se llama encuentro, una cabeza de frente; cebado, un animal con presa; engolado, cualquier objeto (la pieza banda, por lo común) asido en sus extremidades por dos cabezas que parecen devorarlo. Y como éstos, se usan otros muchos nombres en Heráldica, expresando las actitudes y posiciones de los animales.

La sombra del minotauro
El animal no piensa, dicen muchos. El hombre es el animal racional y superior. Lo dice el hombre, y nadie más puede hablar. Se cree que los sentimientos son sólo exclusiva propiedad del ser humano. Lo demás son sólo instintos, reacciones solamente a estímulos físicos sin nada eterno que los gobierne. “Y el ser humano es el único que piensa y ama en este mundo”. Pero a todas esas cualidades se le suman otras que hacen desaparecer las anteriores: el afán de destrucción y sometimiento al sufrimiento sobre su especie y todas las demás. Y recordamos a nuestro perro, que en los peores momentos está con nosotros sin apartarse de nuestro lado. Esta historia demostrará que esto es cierto
Las sirenas (en el original griego Σειρην, Seiren, de etimología incierta) son seres fabulosos, originarios de la mitología griega y ampliamente extendidos en las narraciones fantásticas de la literatura occidental. Aunque en su forma original el nombre designaba a seres híbridos de mujer y ave, la representación más común las describe como mujeres jóvenes con cola de pez.
Las primeras versiones del unicornio datan desde el año 400 adC se lo describía como un animal blanco con cuerpo de caballo, cabeza púrpura de ciervo, patas de elefante y cola de jabalí, con un cuerno en su frente. El cuerno era blanco en la base, rojo en la punta y negro en el medio. Sus ojos eran azules.
Se atribuían a su cuerno propiedades mágicas. Durante la Edad Media, simbolizaba la virginidad