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EL ANTIGUO TESTAMENTO

 

Sólo para uso interno y didáctico del Seminario

 

Obra dirigida por el Rvdo. P. Protopresbítero Manuel Lasanta

 

Hacia el conocimiento

de la Biblia

Libros del Antiguo Testamento

Obispo Alejandro (Mileant)

 

Contenido:

Hacia el conocimiento

de la Biblia.

Libros del Antiguo Testamento

Obispo Alejandro (Mileant).

Nociones Preliminares.

Por qué nos son valiosas las Sagradas Escrituras. Nociones sobre las Sagradas Escrituras. La Divina Inspiración. Las Lenguas de las Sagradas Escrituras. Historia del Origen de los Libros del Antiguo Testamento. Diferents traducciones de las Escrituras. Cómo leer la Biblia.

Los cinco libros de Moisés.

Resumen de los cinco primeros libros de la Biblia. El profeta Moisés. Génesis. Éxodo. Libros Levítico y Números. Deuteronomio. Profecías sobre el Mesías en los libros de Moisés. Relato bíblico sobre la aparición del mundo y el hombre.

Los libros históricos del Antiguo Testamento.

Breve reseña de los libros históricos de la Biblia. El significado de los profetas del Antiguo Testamento. El libro de Josué. El libro de los Jueces. El libro de Samuel y de los Reyes. El libro de Esdras. Los libros de Nehemías. El libro de Ester. Judit. Tobías. Los libros Macabeos. Ultimos años anteriores a Cristo.

Libros de enseñanzas.

El libro de Job. El Salterio. El Libro de los Proverbios. El Libro del Eclesiastés. Cantar de los Cantares (Canto de Salomón). El libro de la Sabiduría. Libro de la Sabiduría de Jesús hijo de Sira (Eclesiástico).

Instrucciones selectas.

Libros de los Profetas.

Importancia y significado de las profecías. La época de los profetas. La importancia de los profetas. Acusación y consolación. Revisión de los libros en orden cronológico. El profeta Joel. Libro del profeta Jonás. Libro del profeta Amós. Libro de Oseas. Libro del profeta Isaías. Libro del profeta Miqueas.

Profetas del segundo período.

El profeta Sofonías. El libro del profeta Nahum. Libro del profeta Habacuc. Libro del profeta Jeremías. Libro del profeta Abdías. Libro del profeta Ezequiel. Libro del profeta Daniel. Libro del profeta Ageo. Libro del profeta Zacarías. Libro del profeta Malaquías. Lista de las principales profecías y temas. Conclusión y resumen.

Testimonios del Antiguo Testamento acerca del M e s í a s.

Introducción. Resumen de las profecías mesiánicas. Las más antiguas profecías mesiánicas. Profecías del rey David. Profecías de Isaías. Vaticinios referentes a la Pasión y Resurrección del Mesías. Profecías de Daniel. Las Profecías de los Profetas "Menores." Espera del advenimiento de Mesías. Cumplimiento de las profecías Mesiánicas. Conceptos tergiversados acerca del Mesías. Profecías referentes a las épocas novotestamentarias. Relación entre las Pascuas del Antiguo y el Nuevo Testamentos. Profecías referentes a la conversión a Cristo del pueblo judío. La enumeración de las profecías mesiánicas.

Antiguo Testamento en la Iglesia del Nuevo Testamento. Protopresbitero Miguel Pomazansky

Introducción. Según el mandamiento del Salvador. El grado de usanza del A.T. Entiendes lo que estas leyendo? Porque hay que conocer al A.T.? Bajo la dirección de la Iglesia. La inspiración Divina de las Escrituras. La creación del mundo. El amanecer de la humanidad. La caída en el pecado. El problema del mal. La historia bíblica y la arqueología. La sabiduría del Antiguo Testamento. La oración y el cántico del A.T. Annunciadores del Nuevo Testamento. La propiedad imprescriptible de la Iglesia.

 

 

 

Nociones Preliminares.

Por qué nos son valiosas las Sagradas Escrituras.

La finalidad de este y de los subsiguientes folletos sobre la Biblia, es dar al lector ortodoxo los conocimientos básicos sobre cómo, por quién y cuándo fueron escritos los libros de las Sagradas Escrituras y asimismo presentar en forma resumida su contenido.

Para nosotros los ortodoxos, las Sagradas Escrituras nos son valiosas ya que contienen las bases de nuestra Fe. Pero hay que reconocer que mientras los otros cristianos se esmeran en el estudio de la Biblia, los ortodoxos, con raras excepciones, la leen poco, sobre todo el Antiguo Testamento. Es verdad que milenios nos separan del tiempo cuando fueron escritos los sagrados libros de la Biblia y no es fácil para el lector actual trasladarse al medio ambiente de aquel tiempo. Sin embargo, cuando se toma el conocimiento de la época, de los designios de profetas, y de la particularidad de la lengua de la Biblia, el lector comienza a entender profundamente su riqueza espiritual. Se le torna clara la unión íntima entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Simultáneamente el lector comienza a percibir los conflictos religiosos y éticos que inquietan a la sociedad contemporánea, ya no los problemas específicos de por ejemplo el siglo 20, sino los conflictos intrínsecos entre el bien y el mal, entre la fe y su ausencia, que siempre caracterizaron a la sociedad humana.

Las páginas históricas de la Biblia son valiosas para nosotros porque ellas no sólo cuentan los sucesos del pasado, en forma verídica, sino que también los colocan en una correcta perspectiva religiosa. En esto, con la Biblia, no puede ser comparado ningún otro libro antiguo, ni contemporáneo. Esto ocurre porque la evaluación de los hechos descritos en la Biblia, no es dada por el hombre sino por Dios. Así, en la Luz de la Palabra Divina, los errores o aciertos en la resolución de los problemas morales de las generaciones pasadas, pueden servir de guía para resolver los problemas tanto personales como sociales de la humanidad actual. Tomando conocimiento de los contenidos e importancia de los libros sagrados, el lector, paulatinamente comienza a amar las Sagradas Escrituras, encontrando en cada nueva lectura, nuevas perlas de la Sabiduría Divina. Por eso las Sagradas Escrituras son la enseñanza para toda la vida no sólo para un estudiante adolescente, sino también para el más grande teólogo, no sólo para un laico que se inicia en el tema , sino también para un sacerdote o un sabio anciano.

Dios indica a Josué Navin: "Que este libro de la ley no se separe de tu boca, estúdialo día y noche" (Josué 1:8). El apóstol Pablo escribe a su discípulo Timoteo: "Desde la infancia tu conoces las Sagradas Escrituras que te proporcionan la sabiduría para la salvación" (2 Tim. 3:15).

Así, a continuación presentamos los conocimientos básicos sobre la Biblia y sus autores.

 

Nociones sobre las Sagradas Escrituras.

El conjunto de libros escritos por los profetas y apóstoles, bajo la inspiración del Espíritu Santo, se llama las Sagradas Escrituras o Biblia. La palabra "Biblia" (ta Biblía) en griego significa "libros."

El tema principal de las Sagradas Escrituras es la salvación de la humanidad por el Mesías, quien es el Hijo de Dios encarnado, Nuestro Señor Jesucristo.

En el Antiguo Testamento se habla de la salvación en forma de símbolos y profecías acerca del Mesías y el Reino de Dios. En el Nuevo Testamento, se presenta la realidad de nuestra salvación a través de la encarnación, la vida y las enseñanzas de Dios-Hombre, sellada por Su muerte en la Cruz y la Resurrección.

Según el tiempo cuando fueron escritos, los libros se dividen en los del Antiguo Testamento y los del Nuevo Testamento. Los primeros contienen lo que Dios reveló a los hombres a través de los profetas divinamente inspirados antes de la llegada del Salvador a la tierra. Los segundos contienen lo que reveló y enseñó en la tierra nuestro Salvador y sus Apóstoles.

 

La Divina Inspiración.

Nosotros creemos que los profetas y los apóstoles escribían no por su entendimiento humano sino por la inspiración de Dios. El purificaba sus almas, esclarecía su mente y abría los misterios del futuro, inalcanzables por conocimiento natural. Por eso sus escritos se llaman inspirados por Dios. "Ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación; Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo," según el testimonio del Apóstol Pedro (2 Ped. 1:21). Apóstol Pablo llama a las Escrituras "Teo-inspiradas" (Tim. 3:16).

La imagen de la Revelación Divina a los profetas se puede ejemplificar con Moisés y Aaron. A Moisés, quien era tartamudo, Dios dio de intermediario a Aaron. Cuando Moisés expresa su extrañeza sobre cómo podrá él transmitir al pueblo la voluntad de Dios siendo tartamudo, el Señor dijo: "Tu Moisés hablarás a Aaron y pondrás Mis palabras en su boca. Mientras yo estaré cerca de tu boca y de la de él y les enseñare qué tienen que hacer, y hablará él en lugar tuyo al pueblo. Así él será tu boca y tu serás para él en lugar de Dios" (Ex.4:15-16).

Creyendo en la Teoinspiración de los libros de la Biblia es importante recordar que la Biblia es un libro de la Iglesia. Por el plano Divino los humanos están llamados a salvarse no individualmente sino en una sociedad, que es dirigida y donde vive el Señor. Esta sociedad es la Iglesia. Históricamente la Iglesia se subdivide en la del Antiguo Testamento, a la cual pertenecía el pueblo hebreo y la del Nuevo Testamento, a la cual pertenecemos nosotros los cristianos ortodoxos. La Iglesia del N.T. heredó la riqueza espiritual de la del A.T., la palabra de Dios.

La Iglesia no sólo conserva la letra de la palabra Divina sino que posee también la interpretación correcta de la misma. Esto es la consecuencia de la presencia del Espíritu Santo, quien habló a través de los Profetas y Apóstoles y continúa viviendo en la Iglesia y dirigiéndola. Por eso la Iglesia nos da una segura guía sobre cómo usar su riqueza escrita que es lo más importante y actual y que, por el contrario, tiene sólo un valor histórico y no es aplicable en el tiempo del N.T.

Las Lenguas de las Sagradas Escrituras.

La Biblia, en efecto, no es un libro cualquiera; es "el libro" por excelencia, el primero entre todos, único. A diferencia de los demás libros, la Biblia tiene un doble origen, humano y divino. La Biblia es un libro humano, hecho por hombres, en el lenguaje de los hombres. Es, además y sobre todo, un libro divino, hecho por Dios para transmitir a los hombres un mensaje de salvación.

Al ser un libro humano, que reclama el primer puesto en la historia de la cultura, debe ser abordado por los caminos normales del saber humano. La lectura de este libro singular, que comenzó a escribirse hace unos tres mil años, que se escribió a lo largo de un milenio y que pretende ser desde el principio normativa de convivencia humana, requiere un esfuerzo intelectual y una atención profunda.

Decenas de autores escribieron estos libros. Unos son conocidos, otros permanecen en el anonimato. Unos libros se deben a un solo autor, otros fueron escritos en colaboración, otros son el resultado de textos antiguos agrupados y recopilados posteriormente. La diversidad de autores, cada cual con su estiló propio; el marco religioso, político y social en que estos escritos nacieron y se abrieron camino; los problemas y la personalidad de los destinatarios, pertenecientes a distintas épocas y culturas, han dejado en la Biblia la impronta pluriforme de una incomparable riqueza literaria manifestada en los distintos géneros literarios de la antigüedad.

Pero la Biblia es, sobre todo, un libro divino, escrito por Dios, no para enseñarnos las leyes matemáticas y físicas por las que se gobierna el mundo, ni siquiera para enseñarnos las ciencias históricas en su más amplio y riguroso sentido, sino para manifestarnos la voluntad de Dios, para enseñarnos el camino de nuestra salvación. Por eso, la Biblia es el libro válido para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los espacios.

Los 73 libros, escritos en hebreo, en arameo, o en griego, se dividen en dos grandes bloques: Antiguo Testamento (46 libros) y Nuevo Testamento (27 libros). La palabra "testamento" ha reemplazado actualmente a otra palabra más antigua, "alianza." Se trata, en efecto, de dos alianzas o pactos. En los inicios del pueblo hebreo, como pueblo independiente y libre, hacia el año 1200 antes de Jesucristo, tuvo lugar la "alianza" que Dios hizo con el pueblo por medio de Moisés. El pueblo hebreo sometió su existencia a las estipulaciones de esta alianza y a las leyes que posteriormente la desarrollaron.

Los libros del Antiguo Testamento nacieron en la comunidad judía, el pueblo de Dios, y pertenecen a la época en que estuvo vigente ese pacto o esa "antigua alianza." Pero en la culminación de los tiempos tuvo lugar, por el ministerio de Jesucristo, otro pacto, otra "alianza," la definitiva y "nueva alianza." Los libros que pertenecen a esta "nueva alianza," que suplanta a la "antigua" y que habla de la persona y del mensaje de Jesucristo, nacieron en la comunidad cristiana y constituyen el Nuevo Testamento. Para los cristianos, la historia del pueblo de Dios encuentra su plenitud en Jesucristo, el cual, por medio de esta "nueva alianza" sellada con su propia sangre, convoca a todos los pueblos de la tierra a constituir una comunidad universal, el verdadero pueblo de Dios.

 

Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo. Los libros posteriores y coetáneos con la esclavitud babilónica, contienen numerosas palabras y expresiones idiomáticas asirias y babilónicas. En cuanto a los libros escritos durante la dominación griega (libros "deutero-canónicos") fueron escritos en griego y el tercer libro de Ezdra fué escrito en latín.

Los libros de las Sagradas Escrituras salieron de las manos de sus autores no en la forma como los vemos ahora. Al principio estaban escritos sobre el pergamino (cuero de oveja especialmente preparado) o sobre el papiro (una especie de papel confeccionado con los tallos floriferos de Cyperus papiros que crece en Egipto e Israel hasta nuestros tiempos). Estaban escritos con tinta por medio de un tallito agudizado. En verdad no se trataba de libros como los vemos ahora sino de unas largas y anchas cintas de pergamino o papiro que se enrollaban sobre un cilindro de madera. Se escribió de un solo lado. Más tarde estos materiales (pergamino y papiro) fueron cosidos en forma de libros para facilitar su uso. El texto de los rollos antiguos estaba escrito con letras iguales y mayúsculas. Cada letra se escribía por separado pero las palabras no se separaban, así, un renglón parecía una sola palabra. El lector debía dividir este renglón en palabras y a menudo lo hacía erróneamente. Faltaban, asimismo, los signos de puntuación y los acentos y aspiraciones. En el hebreo antiguo se escribían sólo las consonantes faltando todas las vocales.

La separación de las palabras en los libros santos, la introdujo en el siglo 5, Eulalio, el diácono de la Iglesia de Alejandría. Así, paulatinamente, la Biblia tomaba su aspecto actual. En la forma moderna, la separación de la Biblia en capítulos y versículos, su lectura y la búsqueda de partes se tornó fácil.

Historia del Origen de los Libros del Antiguo Testamento.

No inmediatamente, los libros sagrados aparecieron en su actual plenitud. El tiempo desde Moisés (1550 a J. C.) hasta Samuel (1050 a J.C.) se puede llamar el primer período de la formación de las Sagradas Escrituras. El Teoinspirado Moisés, que anotó sus revelaciones, leyes y descripciones dio la siguiente orden a los levitas que llevaban el Arca de la Alianza del Señor: "tomen este libro de la ley y colóquenlo a la derecha del Arca de la Alianza del Señor Dios nuestro" (Deuteronomio 31:26). Los escritores sagrados subsiguientes continuaban agregando sus obras a los 5 libros de Moisés con la orden de guardarlos junto con aquellos, como un solo libro. Así, leemos sobre Josué Navin que el "escribió palabras de él, en el libro de Dios" o sea en el libro de Moisés (Josue 24:26). Así mismo, se dice de Samuel, profeta y Juez, quien vivió al principio del período de Reyes, que él explicó al pueblo los derechos del reino e inscribió en el libro (aparentemente conocido para todos y previamente existente) y lo colocó delante del Señor" o sea al lado del Arca de la Alianza del Señor, donde estaban los libros de Moisés (1 Reinos 10:25). Durante el tiempo desde Samuel hasta la esclavitud babilonica (589 a J. C.). los colectores y guardianes de los libros del A.T., eran los ancianos y profetas del pueblo hebreo. Sobre estos últimos, como principales autores de la escritura hebrea, a menudo se menciona en los libros de Paralipomenon.

Hay que recordar aquí el testimonio extraordinario del historiador hebreo José Flavio. El menciona la costumbre de los antiguos hebreos de revisar los textos existentes de las Sagradas Escrituras después de situaciones conflictivas como por ejemplo guerras prolongadas. Se trataba como una nueva edición de Sagradas Escrituras — edición permitida solamente a los hombres Teo-inspirados — o profetas, que recordaban los hechos o acontecimientos muy antiguos y escribían la historia de su pueblo con máxima exactitud.

Es digna de mencionar una antigua tradición hebrea sobre el piadoso rey Exekia (710 a J.C.), que junto con ancianos escogidos edito los libros de Isaías, Parábola de Solomon, Cantar de los Cantares y Eclesiastas.

El tiempo desde la esclavitud Babilonica hasta la época de la Gran Sinagoga, en el reinado de Ezdra y Nehemías (400 a J.C.), es el periodo de la culminación definitiva de la escritura de los libros Sagrados del A.T. (el canono).

El trabajo principal en esta obra pertenece al sacerdote (Ezd. 7:12) con la colaboración del sabio Nehemías, quien formó una amplia biblioteca y recogió los relatos sobre los reyes, profetas y David, y las cartas de los reyes sobre los sagrados aportes (2 Marco 2:13). Ezdra revisó cuidadosamente y editó en un conjunto todos los escritos Teoinspirados. Incluyó en esta edición el libro de Nehemías y su propio libro. En aquel entonces todavía vivían los profetas Ageo, Zacarías y Malaquias, ellos sin duda colaboraron con Ezdra incluyéndose sus obras en la lista de libros reunidos por Ezdra. Desde el tiempo de Ezdra no aparecen más profetas Teoinspirados en el pueblo hebreo, y los libros que aparecen ya no se incluyen en la lista de libros Sagrados. Así, el libro de Jesús hijo de Sirá, escrito en hebreo y a pesar de su valor eclesiástico, no entró ya en el canono sagrado.

La antigüedad de los libros del A.T. se nota por su contenido. Los libros de Moisés cuentan vívidamente la vida del hombre de tiempos remotos, pintan nítidamente las tradiciones patriarcales que coinciden con las tradiciones de aquellos pueblos. El lector llega a la conclusión que el autor estaba cerca de los tiempos que describe.

Según las referencias de los conocedores de la lengua hebrea, el estilo mismo de los libros de Moisés tiene un sello de gran antigüedad. Así, los meses del año todavía no tienen sus nombres propios sino solo números. Los libros mismos carecen de títulos y se llaman directamente por la primera palabra de cada uno. Así, Bereshit significa "en el comienzo" — el libro de Génesis; Ve Elle Shemot "y estos son los nombres" — Exodo, etc. Esto es una demostración clara de que no existía ningún otro libro para que sea menester de distinguirlos uno del otro. Una marcada coincidencia con el espíritu y carácter de los tiempos y pueblos antiguos se nota en las obras de los escritores sagrados posteriores a Moisés.

Las Escrituras Sagradas del Antiguo Testamento constan de los siguientes libros:

·         Libros del profeta Moisés o Tora, contienen las bases de la fe del Antiguo Testamento y son: Génesis, Exodo, Levitico, Números, Deuteronomio.

·         Libros históricos: Libro de Josué, libro de Jueces, Libro de Ruth, Libros de Samuel 1 y 2, Libros de Reyes 1, 2. Libro de Nehemías, Segundo libro de Esther.

·         Libros para la enseñanza: libro de Job, Salmos, Parábolas de Solomon, Eclesiastés y Cantar de los Cantares.

·         Libros proféticos: (generalmente de contenido profético), Libro de Isaías, de Jeremías, de Ezekiel, del profeta Daniel, 12 libros de profetas menores: de Osia, Joil, Amos, Avdeo, Jonas, Mikhes, Naum, Avvacum, Sofonio, Aggeo, Zacarias y Malaqueo.

Además de estos libros de la lista del A.T., en la Biblia se encuentran otros 9 libros que se llaman "deutero canónicos": de Tovita, de Judith, Sabiduría de Solomon, de Jesús hijo de Sirá, segundo y tercero de Ezdra, 3 libros de Macabeos. Se llaman todos estos libros "deutero canónicos" porque fueron escritos después que se concluyo la lista (el canono) de los libros sagrados.

Algunas ediciones contemporáneas de la Biblia no incluyen a los libros "deutero canónicos." En la edición rusa, sin embargo, están presentes. Los títulos arriba mencionados de los libros sagrados, están tomados de la traducción griega de 70 traductores. En la Biblia hebrea y en algunas traducciones actuales de la Biblia varían los títulos de algunos libros del A.T.

Diferents traducciones de las Escrituras.

La traducción griega por 70 traductores es la más cercana al texto original de las Escrituras del V.T., fue hecha en Alejandría. Se inició por orden del rey de Egipto Ptolomeo Filadelfo, en el año 271 a J.C.. Este soberano, ávido del saber, deseaba tener en su biblioteca los libros sagrados de la ley hebrea. El ordenó a su bibliotecario Demetrio, ocuparse para adquirir esos libros y hacerlo traducir al griego, en aquel tiempo la lengua más ampliamente usada y conocida. Se eligieron 6 hombres instruidos de cada tribu de Israel y se los envío a Alejandría con el ejemplar más exacto de la Biblia hebrea. Los traductores fueron alojados en la isla de Faros en las cercanías de Alejandría. Terminaron la traducción en tiempo relativamente corto. La Iglesia ortodoxa desde los tiempos apostólicos usó y usa los libros sagrados según la traducción de los 70.

Traducción latina Vulgata.

Hasta el siglo cuarto de nuestra era existían varias traducciones latinas de la Biblia. Entre ellas era más usada la traducción italiana antigua, hecha a partir de la traducción griega de los 70. Presentaba una gran claridad y coincidencia con el texto original hebreo. Pero después que el Bienaventurado Jerónimo, uno de los más sabios padres de la Iglesia del siglo cuarto, publicó en el año 384 su traducción latina de las Sagradas Escrituras, hecha directamente del original hebreo, la Iglesia de Occidente fue dejando la traducción italiana antigua y usando la del Jerónimo. En el siglo 14, el Concilio de Tridente introdujo oficialmente el uso de la traducción de Jerónimo para la Iglesia Católica Romana, bajo el nombre de Vulgata, lo que significa "de uso general."

Traducción de la Biblia al eslavo antiguo.

Se hizo según el texto de los 70 por los santos hermanos Cirillo y Methodio de Solun, en la mitad de siglo 9, durante su apostolado en tierras eslavas. El príncipe Rostislav de Moravia, no satisfecho con los misioneros alemanes, pidió al emperador Miguel enviar a Moravia buenos instructores en la Fe cristiana. El emperador envió, para esta magna obra, a los santos Cirillo y Methodio. Ellos ya conocían la lengua eslava y todavía en Grecia, comenzaron la traducción de las Sagradas Escrituras a este idioma. En su camino hacia Moravia los santos Hermanos se quedaron algún tiempo en Bulgaria, que fue también instruida por ellos. Allí, ellos continuaron su traducción eslava de los libros sagrados igual que en Moravia, donde arribaron cerca del año 863. La traducción fue concluida después de la muerte de Cirillo por su hermano Methodio, en Panonia, bajo la protección del piadoso príncipe Koxela. San Methodio se tuvo que refugiar allí a consecuencia de luchas internas en Moravia. Cuando el cristianismo llegó a Rusia en 988 por obra de San Vladimiro, junto con él llegó la Biblia traducida por Stos. Cirilo y Methodio.

Traducción al ruso.

La lengua eslava y rusa paulatinamente comenzaron a diferenciarse cada vez más. La lectura de las Sagradas Escrituras en eslavo, para muchos se hacia difícil. Comenzó la traducción de los santos libros al ruso contemporáneo. Primero, por orden del Emperador Alejandro primero y con la bendición del Santo Sínodo, fue editado en 1815 el Nuevo Testamento. Pagó la traducción la Sociedad Bíblica rusa. De los libros del Antiguo Testamento fue traducido el Salterio (Salmos de David), como el más usado en la liturgia ortodoxa. Luego, durante el reinado de Alejandro segundo, en 1860 apareció una edición más exacta del Nuevo Testamento y la siguió la edición de los libros del A.T. (canónicamente aceptados) en 1868. Al año siguiente el Sto. Sínodo bendijo la edición de los libros históricos del A.T. y en 1872 de los libros de enseñanza. Mientras tanto, en las revistas teológicas aparecían las traducciones rusas de algunos libros del A.T.. Así, por fin vimos la Biblia completa en ruso en 1877. No todos los lectores aceptaban la traducción rusa, prefiriendo la eslava-litúrgica. Aprobaban la traducción al ruso San Tijon Zadonski, el mitropolita Filaret de Moscú y más tarde el obispo Feofan el Ermita, el patriarca Tijon y otros destacados jerarcas de la iglesia rusa.

Otras traducciones de la Biblia.

Al francés fue traducida en 1160 por Pedro Valda. La primera traducción alemana apareció en 1460. Martín Luther volvió a traducir la Biblia al alemán en 1522-32. La primera traducción de la Biblia al ingles fue hecha por el honorable Beda, quien vivía en la primera mitad del siglo octavo. La traducción moderna de la Biblia al ingles fue hecha durante el reinado de Jacobo en 1603 y editada en 1611. En Rusia la Biblia fue traducida a varias lenguas indígenas. Así, el metropolitano Inocencio la tradujo al aleutiano, la Academia de Kazan, al tártaro y otros. Los avances en la traducción y difusión de la Biblia en distintos idiomas y lugares se deben a las Sociedades Bíblicas, Británica y Americana. Actualmente la Biblia esta traducida a más de 1200 lenguas.

Al finalizar este párrafo sobre las traducciones hay que decir que cada traducción tiene sus virtudes y defectos. Así, las traducciones que se ciñen más exactamente al texto original son pesados y a veces difíciles de entender. Por otro lado, las traducciones que tratan de dar las ideas generales de la Biblia en forma accesible y fácil presentan grandes inexactitudes con respecto al texto original. La traducción rusa al Sínodo evitó ambos extremos y suma la máxima coincidencia con el original a la claridad del lenguaje.

En nuestros folletos misioneros sobre la Biblia se seguirá el siguiente orden:

·         Nociones preliminares

Cómo leer la Biblia.

Leer la Biblia es leer la palabra de Dios. Pero ¿cómo hay que leer esta palabra? — He aquí unas claves orientadoras para una lectura inteligente y provechosa, claves que, por supuesto, no son, ni mucho menos, exhaustivas, dada la inmensa, la infinita riqueza de la Biblia.

Lectura en clave cristiana

Como dijimos, Jesucristo es la figura central de la Biblia, situado en el vértice mismo donde culminan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Los dos Testamentos tienen en él explicación cumplida. Porque, en definitiva, uno y otro se refieren a él únicamente. Todo el Antiguo Testamento hace referencia al Nuevo. No se puede entender en plenitud el Antiguo sin la luz del Nuevo. Y si se ignora el Antiguo, no se podrá entender verdaderamente el Nuevo.

La Biblia entera, desde sus primeras páginas hasta las últimas, nos habla, de múltiples maneras y de forma variada, de Jesucristo, el Señor. Por eso, bien decía Jerónimo "que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. Pero, dando a la frase un sentido positivo, bien podemos decir que "conocer las Escrituras es conocer a Cristo."

La lectura de la Biblia debe tener, como norma suprema, la consideración de que la Biblia es un todo concordante, una unidad indisoluble, que gravita sobre un tema central: Jesucristo, Palabra única de Dios, la primera y la última, plenitud de la revelación divina.

La Biblia se realiza a sí misma, adquiere su verdadera dimensión, sólo en Jesucristo; tiene como última razón de ser la persona de Jesucristo. Toda la Biblia tiene unidad en Cristo. Esto significa que la lectura de la Biblia tiene que ser una lectura cristiana, es decir, una lectura que descubra la presencia de Cristo en todas sus partes. Bien podemos decir que la Biblia es Cristo, que toda ella es fundamentalmente una cristología. Se ha llegado a decir que en la Biblia sólo hay una cosa revelada: Jesucristo, su persona y su obra.

Lectura en clave de salvación

La palabra de Dios nos enseña el camino de la salvación. Nos habla de nuestro origen y de nuestro destino, de la redención realizada objetivamente por Jesucristo y del modo de conseguir subjetivamente la redención definitiva y final de nuestras personas. Ella misma es fuerza salvadora, la salvación misma, palabra de verdad, buena nueva de salvación, "palabra que puede salvar vuestras almas" (Sant 1:21).

La Biblia es la historia de las continuadas intervenciones de Dios en la historia del hombre para sacar al hombre de un estado de sufrimiento y de dolor, de persecución y de esclavitud, de enfermedad y de muerte, a un estado de bienestar y de alegría, de paz y de libertad, de salud y de vida? En la historia bíblica han intervenido muchos salvadores; pero detrás de ellos, dándoles fuerzas, estaba él, el único salvador. La salvación, que se producía siempre en graves y hasta arriesgadas circunstancias políticas y sociales, era siempre generadora de esperanza. Porque esta salvación, que Dios ejerció siempre en el pasado y que seguirá ejerciendo en el futuro, es la garantía de nuestra esperanza y de nuestra fe, de nuestra salvación final: "Jesucristo no ha venido a condenar, sino a salvar" (Jn 12:47) La Biblia es la revelación y la realización del misterio de la salvación realizado en Cristo. Todo en la Biblia está ordenado y referido directa o indirectamente a este misterio salvífico.

Lectura en clave de amor

La Biblia revela que "Dios es amor" (1 Jn 4:8). Y así lo confirman todas las intervenciones de Dios en la historia humana, hechas siempre por amor. Dios elige al pueblo de Israel por puro amor (Dt 7:7-8). Las relaciones de Dios con su pueblo están descritas bajo el símbolo del matrimonio, en el que Dios es el esposo y el pueblo la esposa (Os 2:16). La época áurea de estas relaciones amorosas es la estadia en el desierto en tiempo de Moisés. La infidelidad de la esposa y la reconciliación en el amor están patéticamente narradas en Os 2:4-23. Dios está siempre con los brazos abiertos para acoger a esta infiel esposa, "su querida" (Jer 11:15), "la amada de su alma" (Jer 12,7), porque su amor es inquebrantable: "Te amo con un amor eterno" (Jer 31:3).

La prueba más definitiva del amor de Dios al mundo está en que le dio a su Hijo único, el cual, a su vez, nos manifestó el más grande amor muriendo por nosotros (Jn 15:13).

A este amor de Dios, el hombre debe responder con amor a Dios y al hombre, pues en esta doble respuesta está resumida toda la Ley (Mc 12:28-31; Rom 13:8). El amor a Dios debe ser radical, en plenitud. Dios no admite propinas de amor. Lo quiere todo. Hay que amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma (Dt 6:5). Y con esa misma fuerza hay que amar a los hombres (Mt 22:39). Es más, amar al prójimo es ya amar a Dios; y sin amar al hombre, no es posible amar a Dios (1 Jn 3:14-22;4:20). Hay que amar a todos, incluso a los enemigos (Mt 5:44-48). Todo esto lo concretó Jesucristo en el mandamiento nuevo: "Amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 13:34). Por eso el distintivo del cristiano es el amor (Jn 13:35). Sin el amor no hay valor espiritual alguno; el amor, aparte de dar valor a todo, es el mayor de todos los bienes (1 Crón 13:1-13). La Biblia nos dice que las relaciones de unos con otros y de todos con Dios se tienen que centrar en el amor.

Por esto la Biblia debe ser el libro de lectura diaria, el libro de cabecera y de oración, el libro de texto de todos los miembros del pueblo de Dios.

La Biblia habla al alma. Para que así sea, el lector debe ponerse bajo la acción del Espíritu Santo, que actuó en otros tiempos como fuerza inspiradora de la Biblia y que sigue actuando en nuestro tiempo para darnos a conocer la plenitud de la verdad bíblica.

La lectura de la Biblia no debe quedarse en la esfera de la inteligencia, tiene que centrarse en el área del corazón. Se trata de conocer el mensaje bíblico y de encarnarlo en nuestra vida.

 

 

Los cinco libros de Moisés.

Resumen de los cinco primeros libros de la Biblia.

Los cinco primeros libros de la Biblia, suelen recibir el nombre genérico de Pentateuco, y fueron escritos por el Profeta Moisés, durante los 40 años deambular los hebreos por el desierto de Sinaí. Inicialmente todos los escritos de Moisés constituían una sola compilación de Revelaciones Divinas, un libro que se conocía entre los hebreos como "Tora," lo que significa la Ley, o bajo el nombre del "libro de Moisés" (Esdra 6:18). Las cinco partes de esta obra única de Moisés, en la antigüedad se llamaban por la primera palabra de cada parte. Luego, cada libro recibió el nombre según su contenido: "Génesis," "Éxodo," "Levítico," "Números" y "Deuteronomio." El conjunto se comenzó a llamar el Pentateuco.

En la tradición judía estos libros se denominan Tora porque contienen instrucciones en la ley. En la cristiana a veces se designan como libros históricos. Ambas tradiciones tienen su fundamento, pues tanto la historia como la ley se entrelazan en los libros del Pentateuco, formando una vasta composición. La línea histórica abarca desde la creación del cosmos y del hombre hasta la muerte de Moisés, ocurrida en el momento en que Israel está apunto de cruzar el Jordán y de conquistar la tierra prometida.

La concepción de la historia en estos libros no se corresponde con la de los historiadores modernos. Los autores sagrados interpretan la historia de Israel como la historia de su encuentro con Dios. Más que de una exposición histórica en sentido estricto, se trata de un relato de las gestas de Dios tal como el pueblo las vivió a lo largo de su historia. La historia narrada en el Pentateuco está totalmente impregnada de la experiencia de Dios. Es una historia de salvación, en la que se pueden distinguir seis etapas: 1. Historia de los orígenes (Gn 1-11); 2. Historias patriarcales (Gn 12-50); 3. La historia del éxodo (Ex 1-15); 4. Sinaí (Ex 19-24), 5. La marcha a través del desierto (Ex 16-18, Nm 10-20); 6. Conquista de la tierra (Nm 20-36). El libro del Deuteronomio se presenta como el discurso de despedida de Moisés con el pueblo de Israel en los umbrales de la tierra prometida.

En estas coordenadas históricas se insertan las secciones legales. Las leyes del pueblo de Dios aparecen todas conexas con el Sinaí. No sólo el decálogo (Ex 20) y el código de la alianza (Ex 21-23), sino también la legislación sacerdotal y la ley de santidad (Ex 25; Nm 10) se colocan a los pies de la montaña santa. En el Sinaí Israel recibió la ley y selló una alianza con el Señor, el Dios que se reveló allí mismo a Moisés con vistas a liberar a su pueblo de Egipto. Estos acontecimientos históricos encuadran y dan sentido a la ley. A la acción del Señor, que salva, corresponde el compromiso del pueblo, que observa la ley de Dios. La ley es el signo de la nueva vida de los hombres liberados, la expresión de la alianza entre Dios y el pueblo.

El Deuteronomio, parte actual del Pentateuco, goza de una cierta independencia. En él se combinan también las secciones históricas con las legales, unas y otras ligadas a los eventos del Horeb (nombre de la montaña santa en este libro). La historia fundamenta la ley, una ley predicada, invitando apremiantemente a Israel a su observancia.

En la tradición judía y cristiana, el Pentateuco se ha atribuido íntegramente a Moisés. Resulta claro, sin embargo, que numerosos elementos no pueden remontarse hasta él. Así, el c. 34 del Deuteronomio, por citar sólo un ejemplo, narra cómo murió y fue enterrado Moisés. ¿Sería Moisés autor de semejante relato? Por esto, la atribución del Pentateuco a Moisés significa que los libros del Pentateuco derivan su autoridad de la obra de Moisés. Él es la figura central en estos libros: como líder de Israel, desde la salida de Egipto hasta la entrada en la tierra, y como mediador por excelencia de la alianza y de la ley de Dios.

El profeta Moisés.

El nombre moisés, en hebreo Moshe, aparentemente significa "rescatado del agua." Así lo nombró la princesa egipcia que lo encontró al borde del río. El libro Exodo nos cuenta sobre este tema. Abram y Jojoveda, de la tribu de Leví, tuvieron un hermoso niño. Había una orden faraónica de matar a todo niño hebreo. La madre tratando de salvarle la vida lo colocó en un canasto embreado y dejó el canasto entre los juncos al borde del Nilo. Allí lo encontró la princesa egipcia que vino a bañarse. Como ella no tenía hijo, lo adoptó. Moisés, como hijo de la princesa, recibió una brillante educación en la corte faraónica. Aquel tiempo era el auge de la cultura egipcia.

Ya adulto, Moisés defendió a un hebreo y sin querer mató al guardián egipcio, muy cruel con los esclavos hebreos. Moisés tuvo que huir de Egipto. Se afincó en la península de Sinaí y vivió allí 40 años como pastor del sacerdote Jetró cuya hija desposó. Al pie del monte Horeb el Señor se presento a Moisés en forma de zarza ardiente y le ordenó ir y ver al faraón egipcio y liberar al pueblo hebreo de su pesada esclavitud. Obedeciendo a Dios, Moisés fue junto con su hermano Aarón, a ver al faraón y le pidió de liberar al pueblo hebreo. El faraón no quiso escucharlo y esto provoco las 10 plagas egipcias que azotaron al país. La ultima plaga consistió en que el Ángel del Señor mató a todos los primogénitos egipcios. Los primogénitos hebreos no sufrieron ya que los dinteles de las puertas de los hogares hebreos, fueron por orden de Moisés pintados con sangre de cordero. Desde entonces los hebreos en el día 14 del mes de Nisán (primer mes) — este día coincide con el plenilunio del equinoccio de primavera — festejan la Pascua. La palabra "Pascua" significa "pasar de largo," ya que el Ángel pasaba de largo por los hogares hebreos. Después de esto, los hebreos salieron de Egipto, cruzaron el Mar Rojo, que se separó en dos por la fuerza Divina. En cambio, el ejercito egipcio, que perseguía a los hebreos, fue ahogado en el mar al unirse las aguas.

Sobre el monte Sinaí, Moisés recibió los 10 mandamientos inscriptos sobre las tablas de piedra. Estos mandamientos, junto con otras leyes, tanto religiosas como civiles, anotados por Moisés, constituyeron la base de la vida del pueblo hebreo.

Moisés dirigió al pueblo hebreo durante sus 40 años de deambulación por el desierto de la península de Sinaí. Durante ese tiempo Dios alimentaba a los hebreos con maná, una especie de cereal blanco que juntaban cada mañana de la tierra. El hermano de Moisés, Aarón, fue ungido sumo sacerdote y otros miembros de la tribu de Leví, como sacerdotes y levitas (diáconos). Desde ese tiempo los hebreos comenzaron a oficiar servicios religiosos regularmente y a sacrificar a los animales. Moisés no entró en la Tierra Prometida, él murió a la edad de 120 años sobre el monte Nebo, en la orilla oriental del Jordán.

Después de Moisés el pueblo hebreo, espiritualmente renovado en el desierto, fue dirigido por Josué Navin, quien los llevó a la Tierra Prometida.

Moisés fue el más grande Profeta de todos los tiempos. Con él, según la expresión bíblica, "Dios hablaba cara a cara como un hombre habla con su amigo." Por esa cercanía a Dios el rostro de Moisés resplandecía. Pero Moisés siendo muy modesto, lo cubría con su capa. Por su carácter, Moisés era dulce y benévolo y desde su infancia era tartamudo. Su vida está descripta en los libros: Éxodo, Números y Deuteronomio.

 

Génesis.

En las sagradas escrituras el primer libro de Moisés se llama por su palabra inicial "Bereshit" que significa "al comienzo." El nombre griego de este libro "Génesis" indica su contenido.

La historia de los orígenes plantea una serie de interrogantes fundamentales para el hombre: ¿cómo se originó el mundo? ¿qué relación existe entre el cielo y la tierra, entre Dios y el hombre? ¿cuál es el sentido de la existencia humana? ¿cómo y por qué ha entrado el mal en el mundo? Los once primeros capítulos del Génesis responden a estas y otras cuestiones elementales de la vida. La descripción de la creación del mundo persigue la finalidad religiosa y no científica: mostrar que Dios es la causa primordial de todo lo existente. El mundo y todo lo que constituye el mismo, aparecido no casualmente sino por la voluntad del creador. El hombre no es sólo un animal, él lleva en sí el soplo Divino, su alma inmortal, a la semejanza de Dios. El hombre esta creado para designios superiores, el perfeccionamiento en la virtud. El diablo es el causante de la caída del hombre y la fuente del mal en el mundo. Dios siempre se preocupa por el hombre y dirige su vida hacia el bien.

El libro fue escrito para dar al hombre la idea del origen del mundo, el comienzo de la historia humana, ya que las tradiciones orales tienden a olvidarse, y además para conservar en toda su pureza, las profecías primordiales sobre el Divino Salvador del género humano, el Mesías.

En el libro del Génesis se puede percibir aún el eco de distintas voces. Son las voces de varias generaciones: una larga tradición oral, que más tarde fue fijada por escrito, dando como resultado el texto actual del libro. El lector atento puede descubrir en sus páginas las huellas de diferentes autores y redactores. Puede ser éste un ejercicio interesante; pero lo que más interesa es captar el mensaje de fe y esperanza en Dios, tal como lo vivió y experimentó el antiguo pueblo de Dios. Fe y esperanza en un Dios que modela al hombre a su imagen y semejanza; un Dios fiel a sus promesas, cuyo plan de salvación abarca desde el principio hasta el final de los tiempos.

Todos los relatos del Génesis contenidos en 50 capítulos, pueden ser divididos en 3 partes: la primera cuenta el origen del mundo y la caída del hombre, la segunda relata la historia de la humanidad antes y después del diluvio universal y la vida de Noé (4-11 cap.). La tercera contiene la historia de los tiempos patriarcales. De todos los pueblos de la tierra, Dios eligió una familia, un hombre: Abrahán para hacer de él su propio pueblo, en el que serían benditas todas las familias de la tierra (Gn 12-50) contiene la historia de esta familia en tres generaciones: Abrahán, Isaac y Jacob. Estas historias muestran la actuación de Dios: cómo ha ido preparando a su pueblo en orden a la salvación del mundo. Los patriarcas testimonian la fe en este Dios, que acompaña, guía y salva al hombre en su caminar.

Éxodo.

El segundo libro de moisés, en las Sagradas Escrituras, se llama por sus palabras iniciales: Elle Shemot = "estos son los nombres" de los hijo de Israel, quienes en el tiempo de José se mudaron a Egipto. El nombre griego es Exodo, ya que relata principalmente el éxodo de israelíes de Egipto en el tiempo del profeta Moisés.

La verificación histórica de este acontecimiento es confirmada por los antiguos testimonios y nuevas investigaciones y descubrimientos en Egipto. El periodo de tiempo que abarca el libro Éxodo se cuenta en varios centenares de años desde la muerte de José hasta el nacimiento de Moisés. Moisés condujo al pueblo hebreo de Egipto, cuando tenía 80 años. Al año siguiente él organizó el tabernáculo (una especie de tienda de campaña que servía como templo portátil). Con este hecho termina el libro éxodo.

Es importante agregar aquí algunos datos históricos relacionados con el libro Éxodo. José, fue vendido por sus hermanos a Egipto, cuando allí reinaba la dinastía de los Hicsos o pastores (aproximadamente 2000 años antes de Cristo). Egipto se encontraba en la cúspide del desarrollo y poder. El faraón reinante era probablemente Apofis. El encumbró a José, quien salvó a los egipcios del hambre y también mostró una gran benevolencia hacia la familia de José. Pero los principales nacionales egipcios se reunieron en Tebas y paulatinamente expulsaron a los Hicsos. Luego reinó la 18° dinastía con Amosis primero. Los nuevos gobernantes cambiaron su relación con los hebreos. Comenzaron las persecuciones que luego se transformó en una pesada esclavitud. Los nuevos faraones obligaron a los hebreos, como esclavos, a construir ciudades. Al mismo tiempo existía el temor de que los hebreos se unan a las tribus nómades, fronterizas, y arrebataran el poder a Egipto. El éxodo de hebreos corresponde al periodo 1500-1400 a de Cristo. Probablemente reinaba entonces el faraón Totmes cuarto.

El libro Éxodo fue escrito por Moisés en el desierto de Arabia (península de Sinaí) después de recibir de Dios las leyes religiosas y civiles. Se escribió a medida que Moisés recibía las revelaciones Divinas. El libro tiene dos partes: histórica y legislativa. En su parte histórica cuenta los sufrimientos del pueblo hebreo en la esclavitud de Egipto (cap. 1), luego se relatan los caminos de la providencia Divina en la vida de Moisés, llamado por el Señor, para salvar al pueblo hebreo (cap. 2-4). Más adelante se cuenta cómo el Señor preparaba a los hebreos para su liberación (cap. 5-11), su éxodo de Egipto y la deambulación en el desierto hasta el monte Sinaí (cap. 12-18).

En la parte legislativa se dan las bases de la ley Sinaí (cap. 19) y también la lista de las leyes religiosas y civiles reforzadas por la entrada de los hebreos en la Alianza con Dios (cap. 20-25).

Israel descubrió a Dios en los acontecimientos históricos. Toda la exposición de su historia está recorrida por la experiencia de Dios, a quien se considera motor de la historia. Para Israel, el Señor es, ante todo, el Dios que le sacó de Egipto. La salida de Egipto no es el resultado de una mera concatenación de circunstancias naturales, más o menos extraordinarias, sino más bien la consecuencia de la intervención poderosa del Señor. La liberación de Egipto es presentada como la gran acción del Señor. La alianza y la ley se comprenden a la luz de estos acontecimientos histórico-salvíficos. A la acción del Señor que salva ha de corresponder el compromiso de la alianza. La ley del Señor es signo y expresión de la nueva vida de los liberados.

En el centro de esta historia, justo entre el Señor y el pueblo de Israel, destaca la figura de Moisés. A la salida de Egipto, Moisés actúa como caudillo, siguiendo fielmente el plan de salvación del Señor, para el que ha sido llamado. En la ratificación de la alianza y en la transmisión de la ley, Moisés hace de mediador entre Dios y el pueblo. El mensaje del Exodo sigue siendo vivo y actual para el nuevo pueblo de Dios, el pueblo de la nueva alianza; un pueblo libre, en marcha hacia la ciudad futura y permanente (cf He 13:14).

A pesar de los milenios que pasaron desde entonces, las leyes religiosas y morales del libro Éxodo, no perdieron su fuerza. Por el contrario, Nuestro Señor Jesucristo, en Su Sermón de la Montaña, nos enseña a comprenderlos más plena y profundamente. Las leyes civiles y litúrgicas del Exodo y otros libros de Moisés, en el tiempo de Nuevo Testamento, perdieron su obligatoriedad y fueron cancelados por los Apóstoles en el Concilio de Jerusalén (cap. 15 de Hechos).

Libros Levítico y Números.

El tercer libro de moisés fue intitulado en tiempos antiguos con la palabra "Vaiikra," que significa, "y llamó" Dios a Moisés al Tabernáculo para que reciba las leyes levíticas. El nombre griego de este libro es "libro levítico" ya que contiene la serie de leyes sobre los servicios de los descendientes de Leví (uno de los hijos de Jacob) en el templo del Antiguo Testamento.

El culto israelita, es la expresión de su fe en el Dios que ha sacado a Israel de Egipto y qué ha entablado con él una alianza en el Sinaí. El Señor libró a Israel de las ataduras del Faraón para hacer de él un pueblo consagrado a su servicio. De una servidumbre, forzada, a un servicio libre. En la alianza, Israel pasa a ser el pueblo de Dios, un pueblo separado y apartado de los demás, para que pueda entrar más fácilmente en comunión con el Señor. En la óptica del Levítico, el culto se presenta como la forma más apropiada para entrar en contacto con él Señor, para vivir en comunión con él.

La comunión con el Señor debe ser la meta de toda celebración litúrgica. Los diversos tipos de sacrificios (cc. 1-7) ofrecidos por los sacerdotes levitas (cc. 8-10) son siempre un intento del hombre por entrar en relación más estrecha con la divinidad. Dado que el Levítico se escribe en un momento en, que Israel toma, clara conciencia de sus pecados, se explica su particular insistencia en el valor reconciliador de los sacrificios. En este sentido, la celebración más importante es la del Yom kippur, o gran día dé la expiación, y del perdón (c. 16), en el que el pueblo se reconciliaba plenamente con e1 Señor. Las leyes sobre la pureza-impureza (cc. 11-15) cobran sentido a la luz de la misma concepción básica. Se ha de evitar cualquier impureza que comprometa las relaciones del hombre con Dios. La ley de santidad (cc. 17-27) gira sobre el mismo quicio. Puesto, que el Señor es santo, el pueblo por él escogido ha de ser santo. La santidad exige separación de todo lo profano y consagración al servicio del Señor.

Esto implica el cumplimiento fiel de la voluntad divina, evitando todo lo que física o moralmente pueda alejar al pueblo de Dios.

Con su forma de entender el pecado y la reconciliación mediante el sacrificio, el libro del Levítico pone las bases para asentar y comprender la obra de Cristo, sumo sacerdote, quien con el sacrificio de sí mismo asegura al hombre el acceso a Dios, la definitiva comunión con él.

El cuarto libro de Moisés se intitulaba con la palabra inicial "Via-edavver" = "y dijo" el Señor a Moisés sobre el recuento del pueblo israelí. Los griegos llamaron a este libro "Números," ya que este comienza con el recuento del pueblo hebreo. Además del valor histórico del relato de ambulación de hebreos en el desierto, el libro "Números" contiene numerosas leyes parcialmente nuevas y en parte ya conocidas de los libros del Éxodo y Levítico, pero reiteradas por necesidad. Estas leyes y ceremonias ya perdieron su importancia en los tiempo del Nuevo Testamento. Como explica el apóstol Pablo en su Epístola a los Hebreos, los sacrificios del A.T. son símbolos del Sacrificio Salvador de Gólgota de Nuestro Señor Jesucristo. Sobre este tema escribe Isaías en el capítulo 54 de su libro.

Las historias expuestas en el libro de los Números pertenecen a un período del desierto en el que se pueden distinguir tres estaciones principales, correspondientes a cada una de las tres secciones del libro. La historia comienza en el desierto del Sinaí, con una serie de disposiciones y medidas antes de partir (cc. 1:1-10). La segunda sección (cc. 10:11-20:13) tiene como punto neurálgico Cades, donde el pueblo pasó gran parte de su estancia en el desierto. Finalmente, los cc. 20:14-36:13 se desenvuelven en las cercanías de la tierra prometida, al este del Jordán.

La estancia en el desierto ha significado para Israel una experiencia religiosa extraordinaria, rica en lecciones no sólo para sus protagonistas, sino también, para las sucesivas generaciones. En su marcha por el desierto, Dios acompaña y guía a su pueblo, pero sin privarle de la búsqueda, sin coartar la libertad y la iniciativa humana. En cada momento, Israel tiene que decidir responsablemente. La actitud del pueblo contrasta continuamente, con la del Señor. Israel se niega a caminar, se enfrenta a sus jefes y ofrece resistencia al plan salvífico de Dios. El Señor castiga a los rebeldes, pero nunca abandona a su pueblo ni deja en su plan de salvación.

El período del desierto es un tiempo de purificación y de maduración. La experiencia del desierto educa y forma al pueblo, ayudándole a crecer y preparándole para la etapa definitiva, que orienta y da sentido a su marcha: la vida en la tierra prometida. En su avance hacia esta meta, el pueblo tiene que superar muchas tentaciones. Son las mismas que frenan a cada hombre en su ascensión hacia la meta final. También el hombre de hoy puede verse reflejado en esta experiencia histórica del pueblo de Dios.

Deuteronomio.

El quinto libro de moisés se intitulaba, en tiempos antiguos con la palabras: "Elle-gaddebarim" = "estas son las palabras." En griego se llaman, según su contenido, Deuteronomio, ya que en forma abreviada repite la lista de leyes del Antiguo Testamento. Además, este libro agrega algunos detalles a los acontecimientos relatados en los libros anteriores.

En el primer capítulo del Deuteronomio se cuenta cómo Moisés comenzó a explicar la ley de Dios en la tierra Moavita, al otro lado de Jordán, en la planicie en frente a Suf. La distancia era de 11 días de camino desde Horeb. Acontecía esto en el primer día del décimo primer mes, a los 40 años del éxodo de Egipto.

Hacia el final de la vida de Moisés, casi no quedaba nadie de los que escucharon la ley Divina en el Sinaí y en la Tierra Prometida debía entrar la nueva generación, nacida en el desierto. Moisés, velando por la conservación de la verdadera adoración de Dios en el pueblo israelí, antes de su muerte resolvió reunir la Ley de Dios en un libro. En este libro, Moisés, con amenazas y promesas de recompensas, quería fijar lo más profundamente en los corazones de la nueva generación israelí la decisión de seguir por el camino de servicio de Dios.

Desde el punto de vista teológico, el Deuteronomio es uno de los libros más ricos del Antiguo Testamento. Cinco grandes temas se dan cita en él: un Dios, un pueblo, una tierra, una ley, un santuario. Éstos, a su vez, atraen a otros: elección, alianza, bendición, maldición, etcétera.

La idea de un Dios se da la mano con la de un pueblo. El Señor es el Dios de Israel, y éste, el pueblo de Dios. La unidad de Dios, solemnemente proclamada desde el principio, constituye el dogma principal (6:4). De entre todos los pueblos, el Señor eligió a Israel como pueblo de su propiedad (7:6). Tal elección crea lazos especiales entre los dos. Israel tiene que amar al Señor, alabarle y reconocerle como a su Dios. Se exige de Israel un amor total y exclusivo, que implica una separación de las otras naciones Israel no puede portarse como ellas, pues es un pueblo santo y consagrado al Señor. Los israelitas son hijos de Dios y hermanos entre sí.

De Dios le vienen a Israel los bienes que posee. La tierra figura como el más importante. Tanto su conquista como la fuerza para trabajarla y adquirir sus riquezas proceden del Señor, no de Israel ni de los otros dioses o pueblos. Por esto, Israel no ha de vanagloriarse; pero tampoco ha de temer, sino tan sólo confiar en el Señor. La tierra de Canaán es una tierra buena (8:7 ss). Contrasta con la de Egipto y con el desierto. Egipto era una tierra de servidumbre; la de Canaán es de señorío (6:10-11:10). El desierto era un sequedal, sin una gota de agua, mientras que en Canaán abundan las fuentes y veneros. La tierra prometida es, en fin, "una tierra que mana leche y miel." Asentado en esta tierra, el pueblo necesita una ley para vivir en sociedad. Ser fieles a la ley equivale a ser fieles al Señor. Observar los mandamientos es tanto como temer al Señor, amarle y servirle (10:12 ss). Del cumplimiento de las leyes depende la vida y la bendición del pueblo (c. 28).

La unidad de Dios lleva, en última instancia, a la unidad del santuario (c. 12). La centralización del culto forma parte del capital más valioso y original del libro del Deuteronomio. Se pide a Israel que destruya los lugares de culto y que adore al Señor en el lugar que él eligiere para hacer habitar allí su nombre.

Profecías sobre el Mesías en los libros de Moisés.

En los libros de Moisés se encuentran las siguientes e importantes profecías sobre el Mesías (Cristo).

·         Sobre la semilla de la mujer que destruirá la cabeza de la serpiente-diablo (Gn 3:15).

Relato bíblico sobre la aparición del mundo y el hombre.

"Creo en el único Dios Padre que todo lo sostiene, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible," decimos en nuestra oración cotidiana en casa o en el templo. De esta manera, para nosotros, el mundo es no sólo objeto de conocimiento científico sino también objeto de la fe.

Aunque la ciencia descubra muchas incógnitas en física, química, geología, biología, cosmología, etc, para el hombre quedan no resueltos los problemas principales: ¿de dónde surgieron las leyes naturales y partículas de las cuales se forma el mundo? ¿Cuál es la finalidad de lo que nos rodea y de la vida del hombre? La ciencia no sólo es impotente de contestar estas inquietantes preguntas, sino que en realidad, ellas salen de los límites de la ciencia.

Estas preguntas contesta la Teoinspirada Biblia.

Moisés, el que contempló a Dios, en los primeros capítulos del Génesis, puso el relato de la creación del mundo y del hombre por el Dios. La ciencia, hasta la actualidad, no pudo decir nada convincente sobre la aparición del mundo.

Sólo en el siglo 20, gracias a los éxitos en el campo de la astronomía, geología, y paleontología, la historia del surgimiento del mundo comenzó a ser científicamente investigada. ¡Y que sorpresa! — resulta que el mundo surgió en la misma secuencia como lo describió el Profeta Moisés.

A pesar de que Moisés no se planteaba la meta de describir científicamente la aparición del mundo, su relato se adelantó en muchos milenios a los descubrimientos científicos contemporáneos. Su descripción, por primera vez, atestiguó que el mundo no es eterno y que apareció en el tiempo y en el orden de paulatina evolución. A la conclusión de que el Universo no existía siempre, llegaron también los astrónomos cuando vieron que el Universo se expande sin cesar, como un globo que se infla. 15-20 mil millones de años atrás, todo el Universo estaba condensado en un punto microscópico, el cual, como consecuencia de una explosión comenzó a expandirse en todas las direcciones formando paulatinamente nuestro mundo visible.

La creación del mundo por Dios, Moisés la dividió en 7 períodos, que simbólicamente llamó "días." Durante 6 días Dios organizó al mundo y en el 7mo día descansó de Su tarea. Cuanto duraban estos "días," Moisés no especificó. El 7mo, en cuyo transcurso se desenvuelve la historia de la humanidad, dura ya muchos milenios. El número 7 se usa en escrituras en sentido simbólico y no cuantitativo. Este numero significa la plenitud, la conclusión.

"Al principio creó Dios el cielo y la tierra," en estas palabras la Biblia incluye todo lo que creo Dios: nuestro mundo material visible y mundo espiritual Angélico, que se encuentra fuera de nuestra percepción física. La palabra "creó" nos dice que el mundo es creado por Dios de la nada. A esta misma conclusión llegan muchos científicos contemporáneos. Cuanto más profundamente penetra la física nuclear en las bases de la materia, tanto más encuentra su vacío e inmaterialidad. Aparentemente hasta los quarks, de los cuales están formados los protones, no son partículas elementales sólidas. Resulta que la materia es una inexplicable condición de la energía.

Leyendo la descripción bíblica del surgimiento del mundo vemos que en realidad y en rasgos generales, coincide con lo que dice sobre este tema la ciencia actual. Dejando de lado los detalles de la formación de las galaxias, después de "el principio," el relato de Moisés se centra en la formación de nuestra tierra y de aquello que la llena. Así, en el primer "día," "y dijo Dios que se haga la luz." Estas palabras seguramente indican el momento cuando los gases y polvo interestelar, de los cuales se formo el sistema solar, se condensaron tanto, bajo la influencia del campo gravitacional, que en el centro de esta esfera gaseosa comenzó la reacción termonuclear (transformación del hidrogeno en helio), con la emisión de la luz. Así apareció el sol. La luz es el factor que más tarde hizo posible la aparición de la vida en la tierra.

De los mismos gases y polvo de los cuales se hizo el sol, se formaron los cometas, meteoritos, asteroides, proto-planetas etc. Toda esta masa de gases, polvo y cuerpos sólidos que giraba y se movía en el espacio, fue llamado por Moisés "el agua." Bajo la influencia de gravitación mutua ella, con tiempo, formó los planetas. Esto es la separación del agua que se encuentra sobre lo sólido, del agua que está debajo del sólido. Segundo día de la creación. Así, el sistema solar o según la Biblia "cielo," tomó su forma acabada.

Al principio, la tierra, como otros planetas, estaba incandescente. Cuando la superficie se enfrió lo suficiente, el agua comenzó a precipitarse en forma de lluvia y se formaron océanos y continentes. Luego, gracias a la presencia del agua y la luz solar, en la tierra aparecieron las plantas. Esto es el tercer "día" de la Creación.

Primero, plantas verdes microorganismos acuáticos, y luego las plantas gigantescas de tierra firme, comenzaron a limpiar la atmósfera terrestre del anhídrido carbónico y a emitir el oxígeno. Hasta este tiempo si alguien mirara al cielo, desde la superficie terrestre, no podría ver el sol, la luna ni las estrellas ya que la tierra estaba envuelta en una atmósfera densa y no transparente. El ejemplo actual de este tipo de atmósfera lo tenemos en nuestro planeta vecino-Venus. Por eso la aparición del sol, la luna y las estrellas, Moisés llama al "día" de la aparición de los planetas, o sea el cuarto día. No conociendo este hecho, los ateos-materialistas al principio del siglo 20, se reían del relato bíblico sobre la creación del sol después de las plantas. Según la Biblia la luz del sol en forma difusa llegaba a la superficie de la tierra, desde el primer "día" de la creación, pero no se veían los contornos del sol.

La presencia del oxígeno en la atmósfera y en cantidad suficiente, hizo posible la aparición de las formas de vida complejas como peces y aves (en el quinto "día"), luego de los animales y al fin el hombre (en el sexto "día"). Con esta secuencia de aparición de los seres vivos coincide la ciencia actual. En el relato bíblico, muchos detalles interesantes para la ciencia sobre la aparición de los seres vivos, están omitidos por Moisés. Pero se debe recordar que la finalidad de su relato no era la lista de detalles, sino la demostración de la causa primaria de la existencia del mundo y la sabiduría del Creador. Concluye Moisés su relato de la creación del mundo con las siguientes palabras: "Y vio Dios que todo lo que El creó, era muy bueno." En otras palabras, El Creador tenía una particular finalidad en la creación del mundo: que todo debía servir y llevar al bien. La naturaleza conserva, hasta ahora, el sello de bien testimonia no solo la sabiduría, sino también la benevolencia de Su Creador.

Según el libro del Génesis, el último creado fue el hombre. La ciencia contemporánea también considera que el hombre apareció relativamente hace poco tiempo, después de los otros grupos de organismos vivientes. En el problema de la aparición del hombre, la diferencia fundamental entre la ciencia y la Biblia reside en el método y la finalidad. La ciencia trata de encontrar los detalles de la formación de la parte física del hombre, su cuerpo. La Biblia, en cambio, habla del hombre en su forma completa que posee, además del cuerpo, un alma inteligente y semejante a Dios. Sin embargo, la Biblia afirma que el cuerpo del hombre está hecho de la "tierra" o sea de elementos como los cuerpos de los demás animales. Este hecho es importante ya que la Biblia afirma la proximidad física entre el mundo animal y el hombre. Pero la Biblia subraya la situación única del hombre en el mundo animal, como de un portador del "aliento Divino," su alma inmortal. Gracia a la presencia del alma semejante a Dios, el hombre posee un particular sentido espiritual de distinguir el bien del mal. Este sentido espiritual lleva al hombre hacia Dios y el mundo espiritual y hacia el perfeccionamiento moral. En realidad los placeres terrenales solos no pueden nunca satisfacer la sed espiritual del hombre. Estos hechos demuestran el testimonio bíblico que el hombre no es simplemente el peldaño más alto de la evolución del mundo animal sino que es representante de dos mundos físico y espiritual. El descubrimiento de este misterio ayuda al hombre a encontrar su lugar en el mundo y ver su vocación de hacer el bien y dirigirse a Dios.

Como conclusión de nuestro breve resumen del relato bíblico sobre la creación del mundo por Dios, hay que decir que en este relato, igual que en el siguiente, sobre la vida de nuestros ancestros en el Paraíso y su caída, hay además de los acontecimientos accesibles a nuestra comprensión, muchos símbolos y metáforas, cuyo significado no nos es dado de entender plenamente. La importancia de los símbolos está en que ellos dan la posibilidad al hombre, dejando de lado los detalles difíciles de entender, de captar lo que Dios abre a nuestra mente, en este caso la causa del mal, de los sufrimientos y la muerte.

La ciencia continúa esforzadamente estudiando al mundo. Descubre muchas cosas nuevas e interesantes que ayudan al hombre a entender la Biblia más profunda y plenamente. Pero a menudo ocurre como en el proverbio: "por los árboles no ves al bosque." Por eso, para el hombre debe ser más importante la comprensión de los principios que el conocimiento de los detalles. El valor de la Biblia consiste en que ella nos muestra los principios de nuestro ser. Por eso ella tiene una importancia imperecedera.

Mas detalles sobre este tema encontrará en mi artículo "Aparición del mundo y del hombre."

 

Los libros históricos del

Antiguo Testamento.

Breve reseña de los libros históricos de la Biblia.

Los libros históricos del A.T. abarcan la vida del pueblo hebreo desde el momento de su entrada a la Tierra prometida en el tiempo de Josué (1451 a.C). hasta el período de los Macabeos (150 antes del nacimiento de Cristo).

Los libros de Josué, y de los Jueces en particular, abarcan el período temprano de la vida del pueblo hebreo, cuando las tribus hebreas, que habitaban la tierra prometida, no habían sido reunidos en un Estado, sino que vivían mas o manos separados unos de otros.

Los libros de Samuel, de los Reyes y de Paralipómenos abarcan el período monárquico de los hebreos, alrededor de 500 años. Este período concluye con la caída del reino Judío y el cautiverio en Babilonia 586 años antes de Cristo.

Los libros de Esdras, Nehemías, Judit y Ester, relatan los acontecimientos posteriores al cautiverio babilónico y la reconstrucción de Jerusalén. Los libros de los Macabeos abarcan el fin del último período de la historia Hebrea del A.T. y los períodos de lucha por la independencia, que precedieron varias centurias al nacimiento de Cristo.

A través de los siglos, en el trascurso de su historia, el pueblo judío atravesó muchas fases del desarrollo físico y espiritual. Dios eligió al pueblo Hebreo para traer mediante él la salvación a todos los pueblos de la tierra. Según los planes Divinos, del pueblo judío tenía que surgir el Salvador del mundo — Cristo, y a su vez los primeros ciudadanos del Reino de Dios y los propagadores de la fe cristiana. Los profetas del A.T., enviados por Dios, preparaban el terreno espiritual en el pueblo judío, para la creación del Reino Divino entre los hombres. El camino de la evolución espiritual del pueblo judío no era llano, tuvo períodos de auge espiritual y florecimiento, y períodos de enfriamiento religioso e incluso retrocesos (apostasy).

Por supuesto, todo lo escrito en los libros sagrados, no tiene para nosotros el mismo significado. No hay que olvidar, leyendo la historia del A.T., que ahí está descripto el tiempo previo al cristianismo. Los altos principios cristianos de amor hacia los enemigos, perdón total y abstención, hubieron sido desconocidos y prácticamente inalcanzables para los habitantes de aquel lejano tiempo, sin la gracia Divina. Los hebreos vivían rodeados de pueblos idólatras y agresivos — cananeos, moabitas, idumeos (edomites), amonitas, filisteos y luego sirios, asirios, babilonios y otros, los que con sus creencias supersticiosas y las brutales costumbres paganas arrastraban a los hebreos en el plano espiritual. No había de quien aprender la bondad.

Teniendo la mínima oportunidad, estos idólatras esclavizaban inclementemente a los hebreos. La lucha por la conservación de la pureza de la fe y existencia física atraviesa a toda la historia del pueblo judío. Para entender correctamente esta historia hay que leerla en el contexto de las costumbres y caracteres de aquel tiempo. En los libros históricos de la Biblia se aprecian la verdad y objetividad de este libro sagrado. La misma no idealiza a las personas o acontecimientos, sino evalúa estricta o imparcialmente inclusive a grandes héroes nacionales, por lo cual ayuda al lector a aprender de los ejemplos positivos, como también de los negativos, que hay que hacer y que no hay que hacer.

Pero a pesar de las condiciones externas no propicias, muchos hijos hebreos alcanzaban gran altura espiritual y dejaron ejemplos dignos de imitación, para todos los tiempos. Aunque los hebreos no solían pecar menos que los pueblos vecinos paganos, sin embargo sabían arrepentirse sinceramente. Por estas, sus cualidades, consideramos, que fueron dignos de la elección Divina. Según la palabra del Evangelio, se les concedió mucho, por lo cual se exigía mucho de ellos.

Los libros históricos de la Biblia son valiosos también por mostrar claramente, que no es la mera casualidad, sino Dios, quien dirige el destino de cada hombre y de cada nación. La Biblia cita claros ejemplos de la providencia Divina, mostrando como El eleva y recompensa a los justos por sus virtudes, perdona a los pecadores arrepentidos y simultáneamente, como un Juez justo, castiga a los reincidentes sin ley. En los sucesos cotidianos concretos de la Biblia, el lector ve las cualidades del Gran Dios cuya misericordia es inagotable, la sabiduría inalcanzable, la fuerza infinita, la justicia inevitable. Ningún libro histórico, solamente la Biblia, puede trasmitir tal perspectiva espiritual de los acontecimientos vitales.

La historia puede considerarse como el sacramento de la religión de Israel. A través de la historia, Israel ve la faz de Dios y continúa viéndole aún cuando es invisible. No seria justo detenerse en las múltiples intrigas humanas que entretejen la historia de Israel, recogida en estos libros. Más allá o por encima de los intereses creados de los personajes históricos, se revela Dios como el verdadero motor de la historia.

 

El significado de los profetas del Antiguo Testamento.

Antes de abordar las narraciones históricas de la Biblia, diremos algunas palabras acerca del significado de los profetas en la vida del pueblo judío. Aunque la ley de Moisés (Lv 10:10) obligaba a los sacerdotes a enseñar al pueblo la devoción, esta prescripción, en realidad, se cumplía raramente. La mayoría de los sacerdotes se limitaban a hacer ofrendas en el templo, y no se preocupaban por educar al pueblo. Por esta razón, el pueblo permanecía en la ignorancia espiritual. La idolatría de los pueblos vecinos paganos, sus costumbres bárbaras y amorales eran adaptados con facilidad por los hebreos y conducían a la apostasía de la fe en Dios. Los reyes hebreos y gobernantes, con raras excepciones, frecuentemente ofrecían el mal ejemplo. Para instruir al pueblo en la fe verdadera, Dios enviaba con frecuencia a sus profetas. Los profetas tenían una influencia enorme sobre la fe del pueblo y no raras veces salvaban a los hebreos de la catástrofe espiritual.

En aquel tiempo, el sacerdocio entre los hebreos se trasmitía por herencia; para el servicio profético la gente era convocada por Dios individualmente. Los profetas procedían de todos los estratos de la población. Había entre ellos campesinos iletrados y pastores, había también personas de linaje real y gran instrucción. El objetivo principal de los profetas era indicar a la gente sus infracciones religiosas y morales, y restablecer la devoción. Enseñando al pueblo la fe, los profetas, no pocas veces, predecían el futuro relativo a los sucesos del pueblo y el estado del venidero Salvador del mundo, el Mesías y del fin del mundo. Con frecuencia los profetas atraían cantidades significativas de admiradores y alumnos permanentes. Estos alumnos permanentes se asociaban en hermandades o escuelas de los profetas o ayudaban a los profetas en su labor espiritual. Las hermandades proféticas obtuvieron un desarrollo especial desde el tiempo del profeta Samuel, dándoles una organización armoniosa, haciendo de ellos una fuente del renacimiento popular de lo espiritual y moral. De esta manera los profetas eran los guías espirituales (ancianos) de sus hermandades. Los miembros de las hermandades vivían con una disciplina y un orden determinados. Allí estudiaban las Escrituras, oraban a Dios, copiaban los libros, escribían las crónicas, las cuales sirvieron luego de material para la composición de los libros históricos de la Biblia. Sucedía, que los discípulos mas talentosos de las hermandades proféticas eran llamados por Dios para el servicio profético y continuaban la obra de su maestro-profeta.

De entre las comunidades proféticas salieron acusadores intrépidos de la idolatría, indoblegables custodios y difusores de la Fe en Dios, hombres templados, que no temían decirles a los reyes y a los poderosos de este mundo la verdad en la cara. Por esto, no pocas veces los profetas se exponían a persecuciones y terminaban su vida con el martirio. Desde el tiempo de Samuel, los profetas siguen sin interrupción a través de la historia del A.T. El profesar alcanzó gran auge en el tiempo de Elías y Eliseo y más tarde en los tiempos de Isaías, Jeremías y Daniel. Con los siglos se estableció entre los hebreos la imagen de un profeta verdadero en contraposición a los profetas falsos: el profeta verdadero se distinguía por un desinterés absoluto, obediencia a Dios, el intrépido cumplimiento de su deber, humildad profunda y amor hacia los hombres, severidad hacia si mismos y pureza de sus vidas.

 

El libro de Josué.

Los libros de Moisés (Exodo, Números y Deuteronomio) terminan su narración con el final de la deambulación hebrea de 40 años por el desierto de la península de Sinaí. En este desierto, el pueblo judío se renovó y fortaleció espiritualmente en la fe en Dios. Le llego el tiempo a los hebreos de heredar la tierra prometida por Dios, a sus antepasados piadosos — Abraham, Isaac y Jacobo. El libro de Josué relata como los hebreos bajo la conducción de Josué, el alumno del profeta Moisés, conquistaron la Tierra Prometida. Hasta aquel tiempo poblaban esta tierra los cananeos, descendientes de Can, por lo cual su tierra se llamaba Canaán.

En el libro de Josué se manifiesta vivamente la permanente ayuda Divina al pueblo hebreo en su conquista de la Tierra Prometida. Esta ayuda se revelaba por verdaderos milagros, por ejemplo, cuando en el mismo comienzo de la conquista, ante el cruce inminente del Río Jordán, las aguas se dividieron y los hebreos pudieron cruzar por el lecho seco (3er capitulo); luego durante la conquista de la ciudad Cananea, fronteriza del Jericó, después de rodear los hebreos la ciudad, el sonido de las trompetas sagradas hizo caer los muros de la ciudad (cap. 6). A propósito, en el lugar del Jericó antiguo, se efectúan actualmente interesantes excavaciones arqueológicas que clarifican antiguos hechos históricos, descriptos en el libro de Josué. La ayuda de Dios en la conquista de la tierra de Canaán se manifestó al detener el sol, durante la batalla de Gabaón (cap. 10).

Luego de la conquista, la Tierra Prometida se dividió entre las 12 tribus hebreas. La tribu de Judá pobló la parte del sur de esta tierra. Solamente la tribu de Leví no recibió su parcela de tierra, ya que los descendientes de Leví tenían que ejercer las obligaciones sacerdotales para los habitantes de todo el país. En cambio, los levitas obtuvieron la posesión de algunas ciudades, esparcidas en distintos lugares de la Tierra Prometida.

La figura central de esta historia es Josué, designado por el Señor como sucesor de Moisés para introducir a su pueblo en la tierra prometida. El nombre de Josué significa "el Señor salva." Los judíos de lengua griega transforman este nombre en Jesús, "el Salvador." La tradición cristiana verá a Josué como un tipo de Jesús. Ambos, aunque en maneras diferentes, han salvado al pueblo de Dios, introduciéndole en la tierra de la promesa.

Después de la muerte de Josué, en la vida del pueblo hebreo empieza el periodo de los llamados "Jueces." Con este nombre se designa a los líderes-gobernadores, a los que Dios tomaba entre los hebreos, para salvar a este pueblo de los vecinos opresores. El periodo de 400 años, durante el cual los hebreos vivían en tribus, no teniendo gobernadores estables, está descripto en el libro de los "Jueces."

El libro de los Jueces.

Este libro contiene la historia del pueblo elegido a partir de la muerte de Josué hasta el juez Sansón (1425-1150 a.C.). Estableciéndose en la tierra de los cananeos, los hebreos comenzaron a acercarse a ellos, confraternizando y adoptando la idolatría y las abominables costumbres paganas. Dios castigaba a los hebreos por estos pecados paganos. Permitía a las tribus ajenas, vecinas — amonitas, filisteos, moabitas y otros — esclavizar y oprimir a los hebreos. Angustiados por la opresión de los enemigos, los israelitas se arrepentían y volvían a Dios. Entonces El, caritativo, les mandaba a los hebreos a sus elegidos en la persona de los "jueces." Los jueces organizaban un ejército y con la ayuda de Dios expulsaban a los opresores. Dentro de un tiempo determinado los israelitas se olvidaban de Dios, empezaban a servir a los ídolos y a pecar, y otra vez caían bajo el yugo extranjero. Entonces se arrepentían nuevamente, y de nuevo Dios les enviaba al juez libertador. De este modo Israel sucumbía bajo el yugo extranjero y seis veces Dios los liberó por intermedio de los jueces.

En el libro de los jueces se revela claramente el hecho cuando se desiste de la ley de Dios, viene la esclavitud y después el arrepentimiento — liberación. Con esto, la ayuda de Dios llega de una manera milagrosa: aquí la cantidad de guerreros, armas y otras ventajas militares no tienen significado para el término de los sucesos. La actividad del juez Gedeón claramente pinta esta realidad. El, con 300 guerreros batió a un ejercito madianita y derrocó su pesado yugo (cap. 6-7). Es también extraordinaria la vida de Sansón. Recibiendo de Dios una fuerza física singular, reiteradamente causó considerables derrotas a los filisteos, los que aquel tiempo oprimían a los hebreos (cap. 13-16). Su vida llena de aventuras, el casamiento con la pérfida Dalila y la heroica muerte en el cautiverio sirvió como tema para una opera y películas.

 

El libro de Samuel y de los Reyes.

Los libros siguientes de la Biblia, llamados Libros de Samuel, de los Reyes y Crónicas, narran los acontecimientos monárquicos en la vida del pueblo hebreo. Después de Sansón, el juez fue el profeta Samuel. En su tiempo, las tribus israelitas decidieron unirse en un estado bajo el cetro del rey. Samuel ungió a Saúl rey sobre Israel. Después de Saúl primero reinó David y después su hijo Salomón. En tiempos del hijo de Salomón, Roboám, el único se dividió en dos: judío en el sur e israelita en el norte de la Tierra Santa. Los libros de los reinos describen el período de 500 años: del nacimiento de Samuel (1100 a. C), hasta la liberación del rey Econias de la prisión (en 567 a.C.).

En la Biblia hebrea, el Libro de los Reinos está dividido en dos partes bajo el nombre "Libro de Samuel" y "Libro de los Reyes." En la Biblia de los 70 intérpretes (traducción griega) y en la Biblia Rusa, el libro de Samuel está dividido en dos partes: "1" y "2" Libro de los Reinos. El segundo libro de la Biblia hebrea —Libro de los Reyes, también está dividido en dos partes: "3" y "4" Libro de los Reinos. El profeta Samuel escribió la 1ra parte del 1er Libro de los Reinos, y los profetas Natán y Gad escribieron el final del mismo e íntegramente el 2do. El 3er y 4to libro fue escrito por varios profetas.

Los libros de Crónicas parcialmente repiten y completan los libros de Reinos. En la Biblia hebrea ellas componen un sólo libro ("Anales"). Los setenta los llamaron Paralipomenon (de lo omitido) o Crónicas y lo dividieron en dos libros. Los hechos más importantes en los libros de Reinos son los siguientes:

El primer libro de Samuel. El comienzo narra el nacimiento de Samuel. Ana, devota pero estéril, suplicando a Dios, obtuvo un hijo, lo llamó Samuel, y según la promesa hecha, lo consagró a servir a Dios al lado del sumo sacerdote Elías. El canto de loas de Ana por la ocasión del nacimiento del hijo (cap. 2) formó la base de algunos cánticos (irmoses) que se ejecutan en las vísperas. En la vida del profeta Samuel (cap. 1-4) hay mucho de interesante e instructivo. Por ejemplo acerca de la importancia de la educación de los hijos (ya que el linaje del bueno pero débil de carácter sumo sacerdote Elías, había sido rechazado por Dios por las arbitrariedades de sus hijos). Cuando Samuel envejeció, depuso su grado de juez y ungió a Saúl de la tribu de Benjamín como rey (cap.5-12). Mas adelante el libro narra sobre el reinado de Saúl. Al principio Saúl obedecía a Dios, pero luego se enorgulleció y menospreció la voluntad de Dios. Por esta razón, por la indicación de Dios, Samuel ungió a David, adolescente de Belén de la tribu de Judá, como rey sobre Israel (13-16). En aquel tiempo comenzó la guerra de los hebreos con los filisteos, y el adolescente David con la ayuda de Dios, venció al gigante filisteo Goliat (cap. 17). La derrota de Goliat trajo a los hebreos la victoria sobre los filisteos y gloria a David, lo que a su vez despertó la envidia de Saúl. Después de esto, hasta el fin de sus días, Saúl persiguió a David, tratando de asesinarlo (18-24). El libro de los Reinos termina con visita de Saúl a la hechicera de Endor, desventurada guerra contra los filisteos y la muerte de Saúl (25-31). David ha grabado en sus salmos inmortales, sus desventuras por la injusta persecución.

El segundo libro de Samuel narra el reinado de David de 4 décadas. Los primeros años fueron exitosos, porque Dios le ayudaba en todo. David les quitó a los Jebuseos su fuerte Jerusalén haciéndolo su capital. Aquí transportó el Arca del Testamento, y quiso edificar el Templo verdadero en lugar de la tienda-templo. Pero Dios le comunicó a través del profeta, que el Templo lo edificara su hijo (cap. 1-10). La Segunda mitad del reino de David se ensombreció con la caída en pecado con la casada Betsabé y por las siguientes conmociones familiares y estatales. Mucha tristeza le trajo a David la rebelión de su hijo Absalón y la guerra desencadenada (cap. 11-24). David lloró amargamente su pecado de adulterio en el salmo 51 de arrepentimiento.

Para un cristiano hay en la vida del rey David mucha enseñanza: su profunda fe en Dios y esperanza en su ayuda, compasión con los débiles y oprimidos, la capacidad de ver sus propios defectos y enmendarlos. Los apóstoles hablan de David con gran respeto. Los santos padres en sus enseñanzas citaban con frecuencia ejemplos de la vida del rey David. Sus inspirados salmos son un monumento inmortal de la poesía religiosa y formaron la base del oficio divino. En el 2do libro de los Reinos hay una profecía sobre el reino eterno del Mesías- Cristo. Esta profecía esta dada a David a través del profeta Natán (2 Rey. 7:12-16, comp. Mt. 22:42 y Lc. 1:32-33).

1-er libro de los Reyes describe el reino de Salomón, a quien Dios por su fe y modestia, dotó de gran sabiduría. Salomón edificó en Jerusalén el templo, que por su riqueza y belleza superaba a todos los palacios y templos paganos contemporáneos. En tiempos de Salomón, Israel alcanzó el apogeo de su bienestar y fama (cap. 1-11). Por otra parte, los altos impuestos y los trabajos de construcción pasados, resultaron ser una carga pesada para el pueblo y provocaron su descontento. Su fama de regente sabio, la ha oscurecido Salomón con su poligamia y cantidad de templos paganos, cercanos a Jerusalén. El descontento con Salomón llevó a que después de su muerte, bajo su hijo, Roboam (cap. 12), el Reino de Israel se dividió en dos: Judá, con reyes de casa de la David en Jerusalén, e Israelita, con reyes de distintas dinastías con la ciudad capital Samaría (980 a.C.). Después de Roboam, el 1er y 2do libros narran paralelamente los acontecimientos en los reinos de Judea e Israel: los hechos de los reyes, de las hazañas de los profetas, guerras, y estado religioso de estos reinos.

Los reyes de Israel, temiendo que sus súbditos al frecuentar el templo de Jerusalén, quisieran volver bajo el cetro del rey de Judea, comenzaron a edificar en distintas partes de Israel, templos paganos y persuadir al pueblo, que adoraran a los ídolos. Su política favoreció la apostasía de Dios del pueblo de Israel. En este tiempo decadente para la religión, Dios envió a Israel a varios profetas extraordinarios, que detuvieron el proceso de decadencia espiritual. Entre estos mensajeros de Dios se destacan especialmente los profetas Elías y su discípulo Eliseo.

El profeta Elías ha sido (900 a.C). uno de los más fogosos luchadores por la devoción y la fe verdadera (cap. 17-21). Afligiéndose por la perdición espiritual de su pueblo, Elías ha sido categórico y severo en el castigo de la arbitrariedad. Elías fue convocado por Dios para el servicio profético en el tiempo del impío rey Acab. La sanguinaria esposa de Acab, hija del sacerdote de Sidón, Jezabel, mató a muchos profetas israelitas y llenó a Israel con sacerdotes de Baal. Para hacer comprender a Acab y al pueblo de Israel, Elías afligió la tierra con una sequía de tres años. El mismo se escondió cerca del riachuelo Querit, donde un cuervo le traía el alimento. Cuando se secó el riachuelo, el profeta se mudó a lo de la viuda Sarepta, donde, por la oración del profeta, en los recipientes no mermó la harina ni el aceite de la viuda. Cuando murió el único hijo de la viuda, Elías con el rezo lo resucitó de los muertes. Al final del tercer año de la sequía, Elías reunió en el monte Carmelo al rey, sacerdotes paganos y al pueblo israelita. Aquí, por la plegaria de Elías, el fuego en la forma de rayó cayó del cielo y quemó ante los ojos de todos la ofrenda, hecha por Elías y todos a su derredor. Viendo este milagro fulminante, el pueblo creyó en Dios y ahí mismo se arrepintió con lágrimas de su idolatría. Los sacerdotes de Baal fueron capturados y aniquilados; después de esto, comenzó a llover y se acabó el hambre.

Por su vida santa y ardiente amor a Dios, el profeta Elías fue ascendido vivo al cielo, sobre un carro ardiente. Con este suceso comienza el 2 libro de los Reinos.

El profeta Eliseo fue discípulo del profeta Elías y durante su ascensión obtuvo su capa y el don profético. Eliseo se desempeñó 65 años, en el trascurso de 6 reyes de Israel (desde Acab hasta Joás). Sin inmutarse decía la verdad a los reyes impíos inculpándolos de su impiedad. Fue profundamente venerado por el pueblo de Israel, se distinguía por su fuerza de espíritu, una fe firme y claravidencia. Hacia su tiempo, en el reino de Israel, las hermandades proféticas alcanzan el máximo desarrollo. A sus milagros más gloriosos pertenece la resurrección del adolescente, la transformación del agua salada de una fuente en agua dulce y la sanación del jefe de ejército Naamán de la lepra. Aparte, con su claravidencia y sabios consejos, el profeta Eliseo les trajo la victoria a los reyes de Israel. Eliseo falleció siendo muy anciano en Samaria durante el reino de Joás. Jesucristo mencionó varias veces a los profetas Eliseo y Elías. A cada creyente le conviene conocer sus vidas y hazañas.

A pesar de los esfuerzos del profeta Elías, Eliseo y otros, la idolatría y otras costumbres paganas abominables quebrantaron la base espiritual del pueblo israelita. Por el pecado de la apostasía, Dios permitió la destrucción del reino de Israel. Después de varias derrotas por los ejércitos asirios, en el año 722 a.C., cayo el reino de Israel (cap. 17). Después de esto, muchos israelitas fueron desplazados a Asiria, y a su vez, algunos asirios fueron trasladados a Israel. De los israelitas mezclados con los asirios se han formado los samarios.

El siguiente relato del 4to libro de los Reinos se centra en el reino de Judá. De los reyes de Judá conviene recordar al devoto Ezequías. Subiendo al trono después de la muerte de su impío padre, Ezequías se propuso llevar al orden en lo posible a la Judea debilitada. Ante todo su mirada se dirigió al estado interior del país — la religión se debilitó hacia este tiempo. Bajo la influencia de los vecinos paganos, los judíos paulatinamente empezaron a olvidar al Dios verdadero, y comenzar a levantar altares a los dioses paganos, a veces al lado del templo. Ezequías intervino valientemente, destruyendo los templos del los ídolos, talando los bosques y todo lo que hiciera recordar al pueblo a los ídolos. Con estas medidas restableció la fe verdadera entre los judíos. De los sucesos de su reino el más extraordinario fue la victoria milagrosa, obtenida por el ángel, sobre el ejercito de 185 mil asirios, que sitiaban a Jerusalén, bajo la conducción de Senaquerib (cap. 18). También es aleccionadora la curación milagrosa de Ezequías al que le tocaba morir, pero fue perdonado por Dios por su fe y buenas acciones. Ezequías dejó un recuerdo luminoso en el pueblo, como los reyes piados David y Josías (cap. 22-23). En el tiempo de Ezequías vivía el profeta Isaías, uno de los más grandes profetas de todos los tiempos. Siendo un hombre profundamente iletrado y poeta, el profeta Isaías escribió un libro extraordinario, abundando en profecías acerca del Mesías y de su bendito reino. A Isaías lo llaman evangelista del Antiguo Testamento.

Los sucesores de Ezequías fomentaban la idolatría, perseguían a los profetas y los mataban. Así en el tiempo del hijo de Ezequías, Manasés, el anciano profeta Isaías fue serruchado con una sierra de madera. También sufrió mucho el profeta Jeremías. El reino de Judá, como en el otro tiempo el reino de Israel, se llenó de ilegalidad. A pesar de la alianza con los egipcios, el reino de Judá después de sufrir varias derrotas por parte del rey de Babilonia Nabucodonosor, cayó por fin. El magnifico templo de Jerusalén fue destruido hasta los cimientos. Los habitantes fueron muertos o llevados en cautiverio a Babilonia (586 a.C. cap. 19-25). El cautiverio de Babilonia duró 70 años (empezando desde el primer cautiverio en el 605 a.C.). Terminó en el tercer año del sometimiento de Babilonia al rey Ciro. Los profetas Ezequiel y Daniel le prestaban apoyo espiritual a los hebreos cautivos.

De los libros de Reyes surge claramente la ley inmutable y espiritual: la fe en Dios y la piedad aumenta el bienestar del país y la impiedad lleva hacia la perdición. La fuerza militar, la diplomacia hábil y otras ventajas externas, tiene solamente ventajas secundarias para el bienestar del país. El efecto de esta ley se puede seguir a través de la historia de muchas naciones.

 

El libro de Esdras.

El libro de Esdras relata los acontecimientos del final del cautiverio de Babilonia. En la Biblia hebrea cabe solamente un libro de Esdras, que se llama simplemente "Esdras." En la Biblia griega de los 70 comentaristas, y en la eslava, hay dos libros no canónicos de Esdras, tres en total. El principal contenido de este libro es el retorno de los hebreos del cautiverio de Babilonia. El primer retorno siguió al decreto de Ciro (536 a.C.), bajo el mando de Zorobabel y el sumo sacerdote Josué. En este entonces empezó la reconstrucción del templo. El segundo retorno fue bajo el mando de Esdras en la época de Artajerjes Longimano.

Esdras, el nieto del sumo sacerdote Azarías, asesinado por Nabucodonosor, se aproximó a la corte del rey persa como educador de Artajerjes. Artajerjes, en el séptimo año de su reinado (457 a.C). emitió un edicto, según el cual se le concedía a Esdras retornar con los judíos que lo desearan a Jerusalén y allí dedicarse a la construcción de la ciudad y la construcción religiosa de la sociedad judía.

Al cabo de 14 años de gobernar al pueblo, Esdras transmitió todo el poder a Nehemías. El mismo concentró su actividad en la enseñanza al pueblo de la ley Divina, en la recopilación en el Código de los libros de la Sagrada Escritura. Fundó la "Gran Sinagoga" — sociedad, con la ayuda de la cual, bajo la conducción de los últimos profetas Ageo, Zacarías y Malaquías, realizó la revisión y corrección de la Escritura Sagrada, reuniéndolos en una obra. De esta manera terminó la composición del canon de los libros del Antiguo Testamento. Los libros, escritos después de Esdras, no entraron en la lista de los libros sagrados y por esto se llaman "no canónicos," aunque gozan de gran estima y se hallan en muchas traducciones de la Biblia. La mayoría de estos libros han sido escritos en griego, entonces de uso general.

Los libros de Nehemías.

Nehemías procedía de la tribu de Judá y probablemente de linaje real. Ocupaba un alto cargo de catador de vino en la corte de los reyes persas. En el vigésimo año del reinado de Artajerjes (446 a.C.), Nehemías supo por los compatriotas, arribados de palestina, de la situación deplorable de Jerusalén. Suplicó al rey y éste mandó a Nehemías a la patria en calidad de regidor con amplios poderes. Aquí edificó la ciudad y erigió alrededor unas murallas a pesar de la resistencia de los samarios. Al construir la ciudad, la pobló y santificó las murallas. Nehemías junto con Esdras se dedicaron a enseñar al pueblo y a regular su vida moral y social. Ha sido leída la ley de Moisés, festejado las fiestas de los "Toldos." Los ricos perdonaron las deudas a los pobres. Ha sido renovado el testamento con Dios, después de lo cual, Nehemías volvió con Artajerjes, pero más tarde retornó a Jerusalén y se dedicó a la erradicación de distintos crímenes entre el pueblo. Así, en el transcurso de 30 años hasta su deceso, Nehemías trabajó para la reconstrucción de Jerusalén y el fortalecimiento en el pueblo de la fe.

Así como la actividad de uno, ha sido la continuación de la actividad de Esdras, así también el libro del primero resulta ser la continuación del segundo. Esdras describe el comienzo de la reconstrucción de Jerusalén, del Templo y de la educación moral y espiritual, y Nehemías — la construcción de las murallas, la población y reconstrucción de la ciudad, organización cívica en principios religiosos. El fin de aquel y del otro libro es continuar la historia del pueblo de Dios para mostrar los caminos de los cuidados de Dios, con los cuales ha sido salvado y preparado el pueblo a la espera del Mesías prometido.

El mandato de Artajerjes, dado a Nehemías en el año 446 a.C., tiene un significado especial, ya que con él comienza el cálculo de las séptimas de Daniel, relativo a la llegada del Mesías (Dn 9:22-27). Citando un monumento histórico de la benevolencia Divina con el pueblo elegido, el libro de Nehemías tiene un significado aleccionador muy elevado. El amor abnegado de Nehemías a su pueblo y a su patria, por los cuales, a semejanza de Moisés, menospreció la vida lujosa en la corte real, su labor ininterrumpido y desinteresado para el beneficio de la patria, es digno ejemplo para imitar.

 

El libro de Ester.

El libro obtuvo su nombre por el principal personaje actuando en él, llamado Ester, lo que significa "estrella." Debido a su belleza, la huérfana hebrea Hadasa llegó a ser esposa del rey persa Asuero y recibió el nombre de Ester. Ella había sido educada por su tío Mardoqueo, el que trabajaba como portero en la corte real. Unos años antes Mardoqueo salvó la vida del rey, al que querían matar unos conspiradores. El mérito de Mardoqueo ha sido mencionado en los documentos persas.

Algún tiempo después de que Ester se convirtiera en reina, el omnipotente ministro del rey, el orgulloso Amán, odiando a los judíos, se decidió exterminarlos hasta el confín del imperio persa. Con este fin, como si fuera en nombre del rey, escribió una orden pertinente y empezó a buscar una ocasión conveniente para entregársela al rey para su firma. Por providencia Divina, Mardoqueo supo del plan de Amán. Convencido del éxito de su conspiración odiando a Mardoqueo, Amán se apuró a preparar un patíbulo para él, pero los acontecimientos se desarrollaron de otra manera. Durante el banquete, Ester valientemente descubrió la conspiración de Amán y que éste se preparaba a ahorcar a su tío, al que el rey le debía la vida. Enterándose el rey de las intenciones de Amán, el rey enojado destruyó el decreto preparado y ordenó colgar a Amán en la misma horca, preparada para Mardoqueo. En recuerdo a la salvación del plan de Amán, fue establecida la fiesta "Purim" (sorteo en hebreo).

 

Judit.

La acción de este libro narrativo se sitúa durante el reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia (605-562 a.C.), que en un momento determinado decide atacar a Arfaxad, rey de Media. Varios pueblos no acuden a la petición de ayuda hecha por Nabucodonosor, el cual, tras vencer a Arfaxad, decide castigarlos. Entre ellos está Judea, cuyos hombres se hacen fuertes en Betulia, cerca de la llanura de Esdrelón, donde son cercados por hambre y sed. Una débil mujer, Judit, será el instrumento de Dios para vencer al gran rey y liberar a su pueblo. Toda la obra se puede dividir así en tres actos del drama: amenaza del ejército de Nabucodonosor a Judea y campaña de Holofernes (1-7), la heroína Judit (8-12), liberación del pueblo y victoria de Judá mediante Judit (13-16).

La obra, compuesta quizá originariamente en hebreo, nos ha llegado sobre todo en traducciones griegas bastante diferentes. Quizá por eso no fuese aceptada en el canon hebreo, y en consecuencia en el protestante, mientras que la Iglesia católica lo recibió en el suyo a través de la traducción griega de los Setenta desde muy pronto. Las muchas incongruencias históricas y geográficas que contiene el relato han convencido a los críticos de que no estamos ante una narración estrictamente histórica, sino más bien ante una obra en la que hechos y personajes históricos, pertenecientes a épocas muy diversas, se combinan hábilmente con una finalidad preferentemente edificante. De hecho, toda una serie de datos concretos nos inclinan a situar la composición del libro de Judit en la época macabea, en el s. II, cuando el pueblo judío era asediado por la campaña de helenización que promovía Antíoco IV Epífanes (175-164 a.C.), con claro peligro para la identidad judía, tanto política como religiosa y cultural. Su autor habría sido un judío palestino, buen conocedor de la Escritura y hábil narrador, que intentaba animar la esperanza de sus contemporáneos presentando a Dios como protector de los más débiles.

De hecho, la enseñanza teológica fundamental del libro se contiene en 9:11:Dios protege a los humildes, venga a los desheredados, salva a los que carecen de esperanza humana, es decir, al pueblo de Israel. Estamos pues, ante una enseñanza tradicional en la Biblia, que estaba arraigada en los judíos piadosos desde los tiempos del éxodo y que se prolongará en el NT: Dios humilla a los soberbios, que confían en su fuerza, y enaltece a los pequeños, que ponen su confianza en Dios y guardan su ley. Junto a esta enseñanza fundamental, podemos destacar también sus apreciaciones sobre Dios como Señor de la historia, que protege a su pueblo; un cierto universalismo, ejemplificado en la figura del pagano Ajior; una gran apreciación de la viudez, y una presentación notablemente racional de las intervenciones de Dios, que actúa siempre por medio de las personas y los acontecimientos, sin intervenciones milagrosas. Notemos, finalmente, que la liturgia cristiana usa acomodaticiamente el himno del c. 15, especialmente 15:9, para alabar a María como "gloria de Jerusalén, gloria de Israel y orgullo de nuestra raza."

Después de una vida piadosa, Judit, rodeada de estima, falleció ya muy anciana, teniendo 105 años.

 

Tobías.

El libro de Tobías ("bondad del Señor," en hebreo) o, según la versión griega, Tobit, narra la historia de un judío de la tribu de Neftalí, exiliado en Nínive, fiel a la ley del Señor y, sin embargo, asediado por la desgracia. En tiempos fue agente comercial del rey asirio Salmanasar y tuvo ocasión de depositar unos sacos con trescientos cuarenta kilos de plata en casa de Gabael, en Ragués de Media. Ahora, en momentos más difíciles, encarga a su hijo que vaya a recuperar el dinero. Este, acompañado por el ángel Rafael, llevará a buen término su viaje, sé casará con Sara, una joven poseída por el demonio Asmodeo, y traerá la solución a las desgracias de su padre.

El libro se presenta como una narración histórica, situada en tiempos de los reyes asirios, antes de la destrucción de Jerusalén; pero numerosas inexactitudes históricas, así como otros detalles, han llevado a concluir que se trata en realidad de una narración imaginaria de estilo sapiencial con una finalidad principalmente didáctica. El autor usa tanto fuentes bíblicas, como extrabíblicas. Entre las primeras hay que notar la utilización de leyes y normas del Pentateuco, así como ciertas influencias proféticas, especialmente de Isaías y Jeremías, y muchos rasgos, sobre todo en las plegarias, de los libros sapienciales y del salterio. Acerca de las segundas, el autor parece conocer la "Historia o Sabiduría de Ajicar," personaje al que nombra cuatro veces, protagonista de una narración de sabor sapiencial muy extendida en Oriente. Así pues, el autor debe ser un judío conocedor de las Escrituras y apegado a las prácticas religiosas tradicionales. Por diversos indicios, parece que compone su obra después de la destrucción de Jerusalén, quizá hacia finales del s. III.

No conocemos el original completo de Tobías, que debió ser compuesto en hebreo o arameo. A nosotros ha llegado en traducción griega y en distintas versiones, según los manuscritos. Quizá por eso no fue, recibido en el canon judío de las Escrituras, aunque siempre fue muy apreciado. Los cristianos lo recibieron y aceptaron en su canon a través de la traducción griega de los LXX, aunque no figura en el canon de las biblias protestantes, por no hallarse en la hebrea. Es, pues, uno de los libros llamados deuterocanónicos.

La enseñanza central de Tobías es la doctrina tradicional sobre la retribución en esta vida: Dios nunca abandona al justo. Esta justicia consiste en la práctica de las buenas obras, especialmente la limosna, la piedad para con los difuntos y la castidad matrimonial. Se pone en él claramente de relieve la trascendencia de Dios y nos ofrece un primer esbozo de angelología: los ángeles son intermediarios entre Dios y los hombres. Tobías se abre hacia un futuro que parece ir más allá de la misma historia, previendo la reunificación del pueblo de Dios y la conversión de los paganos. Por otra parte, en la Iglesia Tobías ha sido siempre leído con gusto. Algunos de sus pasajes son usados en el leccionario del sacramento del matrimonio, y la figura del ángel Rafael, de la que se hace memoria en la liturgia, ha acompañado con frecuencia la piedad popular de peregrinos y viajeros cristianos.

La historia de Tobit, inserta en un cuadro histórico convencional, arranca con su genealogía, cuenta su piedad durante el tiempo anterior al destierro asirio, su fidelidad a la ley en Nínive, durante el reinado de Salmanasar V (727-722) y sus desgracias en tiempos de Senaquerib (704-681). El estilo en primera persona nos recuerda las memorias de Nehemías. Entre las virtudes practicadas, se subrayan una serie de Actitudes alabadas en Dt. 26:12-13, el amor al santuario central de Jerusalén (Dt. 14:22-29), el matrimonio dentro de la tribu (Nm. 36:7), la observancia de la pureza alimentaria (Lv. 11) y el cuidado de enterrar a los difuntos (cf Is. 14:19, Jr. 8:1-2).

 

Los libros Macabeos.

El nombre del libro se debe a los héroes, cuyas obras están ahí descriptas. Se relatan los acontecimientos de los años 330-130 a.C. En reemplazo del imperio persa llegó el griego, fundado por Alejandro Magno. Su enorme imperio existió brevemente y después de la muerte del emperador, se dividió en cuatro imperios, dos de los cuales, el Egipcio y el Sirio tuvieron un significado muy importante en la historia del los judíos. En el transcurso de sucesivas guerras, Palestina resultó ser la manzana de discordia entre los gobernantes de estos dos países. En el año 203 a.C. El poder sobre Judea pasó a las manos de los reyes sirios y desde entonces comenzó un periodo muy grave para los judíos, ya que estos reyes intentaron implantar en Judea el paganismo. El perseguidor, extremamente cruel con los creyentes en el Dios Unico, resultó ser el rey Antíoco IV Epífanes (175-164 a.C.). En su tiempo, el culto griego había sido declarado la religión del estado. Las personas que se negaban a aceptar el paganismo, fueron perseguidas y las mataban. El Templo de Dios fue profanado.

[Traducir al español: Antiochus claimed the honor due to God and called himself Epiphanes, which means the appearance of God. For his cruel persecution of believers, he became a type of the coming last persecutor of the faith — the Antichrist. When writing about the Antichrist, Apostle Paul predicted that he would sit in the temple of God, claiming to be God. (2 Thes. 2:4), thus reminding about a similar situation involving Antiochus. When Jesus Christ was talking about the abomination of desolation in the sanctuary of God’s temple (which was predicted by the prophet Daniel in Dan. 9:27, cf. Matt. 24:15), He reminded of the condition of the temple in Jerusalem under Antiochus Epiphanes. Antiochus was struck by a terrible disease and died, being devoured alive by worms].

El primer libro de Macabeos, mencionando las conquistas de Alejandro Magno y la división de su reino por los generales (330-310), pasa a la historia de las persecuciones por Antíoco Epífanes a los judíos (175 a.C). y representa sus horrores. En defensa de la fe salió el sacerdote Matatías y sus 5 hijos, nominados por los Macabeos "martillos" por su lucha exitosa contra los propagadores del paganismo. De los hijos de Matatías fueron especialmente célebres Judas, Jonatán y Simón.

El segundo libro completa el libro anterior, contando los pormenores de la lucha de los hebreos de Palestina contra la vejación de la religión por parte de los reyes sirios, comenzando con Heliodoro, mandado por el rey Seleuco Filopator a despojar el Templo de Jerusalén, antes de la victoria de Judas Macabeo sobre Nicanor, que fue general de Demetrio Seleuco. En la época de persecuciones de Antíoco Epífanes fueron víctimas: nonagenario sacerdote Eleazar, luego siete hermanos y muchos otros, los cuales al cabo de crueles sufrimientos fueron aniquilados en el año 166 a.C. (cap. 6-7). Estos mártires por la fe más tarde fueron llamados los "mártires Macabeos" y son recordados por la Iglesia el 14 de agosto.

El tercer libro relata las persecuciones más tempranas a los hebreos en Egipto por Ptolomeo IV Filopater, que comenzaron en el año 216 a.C., es decir 50 años antes de Judas Macabeo. El motivo de la persecución fue el enojo del rey Ptolomeo que no fue admitido por Dios en lugar Santísimo del Templo de Jerusalén, por ruego del sumo sacerdote Simón. Mas adelante el libro describe como el rey Ptolomeo ideó exterminar a los judíos: atrayéndolos al hipódromo y aplastarlos por los elefantes. Debido al ruego del sumo sacerdote, Dios mando a dos Angeles que espantaron a los elefantes y los judíos fueron salvados.

Haciendo el balance, hay que decir que los libros Macabeos abundan en relatos acerca de hazañas por la fe en Dios y ejemplos de valor. En el tiempo de las persecuciones paganas, los cristianos sacaban de los libros Macabeos ejemplos de paciencia y firmeza el la fe.

Ultimos años anteriores a Cristo.

Los sucesos ulteriores en la vida del pueblo judío no entraron a la Biblia. En el año 63 a.C. La Tierra Santa fue conquistada por el jefe del ejercito romano Pompeyo. Desde entonces la Palestina con sus cuatro regiones fue sometida por Roma y pagaba el tributo. Poco tiempo después el poder se centralizó en las manos del astuto idumeo, llamado Antípatro, quien supo conquistar la confianza de Roma. De Antípatro el poder paso a su cruel hijo Herodes el Grande, quien en el año 37 a.C. Se declaro "rey judío." El fue el primer rey que se dominó judío no siendo de procedencia judía. En su tiempo, nació en una pequeña ciudad Belén el verdadero Rey y Salvador del mundo — Jesucristo.

Así se cumplió la profecía del patriarca Jacobo, dicha 2000 años antes del nacimiento de Cristo: "No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregaran los pueblos" (Gn. 49:10).

Notas:

1.      Jerusalén ha sido la ciudad de Canaán "Ushalim" (fundado por dios Shalem). Es conocido por los documentos de Acadia del siglo 14. La tradición Bíblica ve en ella a la ciudad de Melquisedec, el contemporáneo de Abraham (Gen. 14:18) e identifican su ubicación por el monte Moria, donde Abraham ofrecía sus sacrificios.

2.      Según las profecías, a Elías le tocara volver de nuevo antes del fin del mundo para desenmascarar la falsedad del anticristo. Entonces sufrirá una muerte de mártir.

La enumeración de sucesos más importantes de los reyes y profetas (antes de Cristo).

Reyes de Israel

Reyes de Judá

Los profetas

Los acontecimientos

Ajab 875-853

Ocozías 853-851

Jorán 851-842

Jehú 842-814

Joacaz 814-797

Joás 797- 781

Jeroboán II 782-740

Zacarías 753

Salún 753-752

Menajés 752-741

Pecajías 741-740

Pecaj 740-731

Manahim 740-737

Taceo 737-733

Oseas 733-725

Josafat 876-851

Jorán 851-842

Ocozías 843-842

Atalía 842-836

Joás 836-796

Amasías 796-782

Azarías 782-737

Ozías 767-739

 

Jotán 737-735

Ajaz 735-725

Ezequías 725-696

Manasés 696-641

Amón 641-639

Josías 639-597

Joacaz 609

Joaquín 608-599

Jeconías 597

Sedecías 597-587

Elías

Eliseo 850-790

 

Joel

Jonás

Amós

Oseas

 

 

 

Isaías 730-690

Miqueas, Nahum

 

Sofonías, Habacuc

Jeremías

Abdías

 

Ezequiel, Daniel,

Ageo, Zacarías

 

 

Malaquías 475

Crecimiento de Fenicia

Crecimiento de Asiria

Fundación de Roma 750

Caída de Israel 722. Sitio de Jerusalén 700

Persecución de los profetas

 

 

 

Caída de Nínive 606

 

Primera deportación a Babilonia 597

 

 

 

Caída de Jerusalén 586 587. Segunda deportación a Babilonia

Ciro conquista Babilonia 539.

Ciro rey de Persia 559-529

Retorno del cautiverio 536

Decreto Artajerjes 446

Esdras reúne Las Escrituras Sagradas 450-25

Dario I Reconstrucción del templo

Las séptimas de Daniel

 

 

 

Libros de enseñanzas.

"Porque el Señor concede la sabiduría y de su boca brotan el saber y la prudencia" (Prov. 2:6).

En la Biblia hay libros de contenido moral y aleccionador, a los que se acostumbra llamar "sapienciales" (didácticos o poéticos). En comparación con los libros de Moisés que contienen mandatos divinos, directos y obligatorios, los libros didácticos están escritos con el fin de predisponer y alentar al hombre a un modo de vivir piadoso. Enseñan al hombre a construir su vida de tal modo que sea bendecida por Dios y para que le traigan prosperidad y paz espiritual. En este grupo entran los Libros de Job, Salterio, las parábolas de Salomón, Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, las Sabidurías de Salomón, y las Sabidurías de Jesús, hijo de Sira.

Según su forma, la mayoría de los libros sapienciales del Antiguo Testamento, son creaciones poéticas, escritas originalmente en hebreo y en verso. La particularidad de la versificación hebrea se manifiesta en las traducciones a otras lenguas, es evidente aún su paralelismo poético. Consiste en que la idea del escritor no se expresa inmediatamente en una oración, sino en varias, mayormente en dos, las que descubren la idea mediante la comparación, contraposición o argumentación. Es el así llamado paralelismo sinonímico antitético y sintético. En calidad de ejemplos de distintos paralelismos versificadores se pueden citar los siguientes pasajes del Salterio:

"Cuando Israel salió de Egipto, la familia de Jacob de un pueblo bárbaro, Judá se convirtió en su santuario, Israel en su dominio" (Paralelismo sinonímico, Salmo 114:1-2).

"Unos confían en los carros, otros en los caballos, nosotros confiamos en el nombre del Señor, nuestro Dios. Ellos tambalean y caen, nosotros nos mantenemos en pie" (Paralelismo antitético, Salmo 20:8-9).

"La ley del Señor es perfecta; da consuelo al hombre; el mandato es verdadero; da sabiduría al ignorante; los preceptos del Señor son rectos; dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro; da luz a los ojos. El temor del Señor es puro; permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad; todos justos por igual" (Paralelismo sintético. Salmo 19:8-10).

Entre los hebreos los libros sapienciales, con algunos históricos (Ruth, Esther, Esdras, Nehemías, 1º y 2º Paralipómenos, y con los libros proféticos (El llanto de Jeremías, libro de Daniel) se conocen con el nombre de Quet-tubin (en hebreo Hagiógrafos), es decir "escrituras sagradas."

 

El libro de Job.

Este libro recibió su nombre de su personaje principal — Job. Job vivió en los tiempos patriarcales, mucho tiempo antes de Moisés, no lejos de la Tierra Santa. El fue un hombre muy rico, prolífico y muy feliz. Pero la riqueza no lo enorgullecía y no lo transformó en egoísta, al contrario, todos los que lo conocían lo querían por su bondad, sabiduría y compasión hacia los pobres. Muchos acudían a él para recibir consejos y consideraban un honor visitarlo.

El diablo envidiaba la vida virtuosa de Job y quiso vengarse. Dios, con el fin de descubrir ante todos la gran paciencia y virtud de Job no se opuso a que el diablo le causara pena. Y el diablo, en el transcurso de un tiempo muy breve lo cubrió de desgracias. Job perdió todo lo que tenía — familia, gran riqueza, inclusive la salud. Al enfermarse de lepra, no pudo permanecer en la compañía de gente sana y tuvo que instalarse lejos del límite de su ciudad. Aquí lo visitaban sus amigos. Job desahogaba su pena tratando de encontrar la explicación a sus desgracias. Nadie pudo ayudarlo o calmarlo. No obstante, Job estaba lejos de quejarse de Dios. Sufriendo física y moralmente sorprendía a sus amigos con su paciencia ilimitada cuando decía: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo regresé allí. El Señor me lo dio, el Señor me lo quito. ¡Bendito sea el nombre del Señor! ... Si aceptamos de Dios el bien ¿no vamos a aceptar también el mal? (Job 1:21, 2:10).

Los sufrimientos de Job continuaron probablemente alrededor de un año. Dios les mostró a todos la gran fe de Job, se decidió a avergonzar al diablo y le devolvió a Job lo que el diablo le quitó. Milagrosamente Job se curó de la incurable lepra, rápidamente se enriqueció de nuevo y formó una familia nueva. Después de esto Job vivió muchos años, disfrutando de un amor y estima aún mayores. Murió a la edad de ciento cuarenta años, viendo a los descendientes de la cuarta generación.

La vida de Job transcurrió en el país de Uz, el que, se supone, se encontraba al oriente del Jordán y al sur de Damasco, en el antiguo Basán. Este país recibió su nombre de Uz, hijo de Aram descendiente de Sem (Gn. 10:22-23). Job era arameo, y sus amigos mencionados en el libro, idumeos, y eran también descendientes de Abraham.

Se supone que el mismo Job ha sido el escritor originario del libro de Job, cuya intención ha expresado en el versículo 23 y 24 del capítulo 19. El contenido mismo del libro dice que solamente podía haberlo escrito una persona local, el copartícipe de los sucesos descriptos. Este relato originario ha sido reelaborado luego en un poema artístico por un escritor inspirado por Dios de descendencia hebrea. De otro modo no pudo haber entrado en la lista de los libros sagrados. El libro de Job está escrito en un idioma hebreo puro. Más tarde los hebreos encontraron la anotación original acerca de Job, durante la conquista de Basán y la transcribieron en la compilación como "El Libro del Justo" mencionado en el Libro de Josué (10:13). Probablemente el rey Salomón lo llevó a su estado actual, porque en el Libro de Job hay muchas semejanzas con otros libros de Salomón — los "Proverbios" y el "Eclesiastés."

A Job se lo menciona en algunos libros de las Escrituras Sagradas como a un gran justiciero. Así, por ejemplo, en el libro del profeta Ezequiel ponen a Job a la altura del patriarca Noé y del profeta Daniel (Ez. 14:14-20). El apóstol Santiago menciona a Job en calidad de ejemplo de paciencia: "No en vano proclamamos dichosos a los que han dado ejemplo de paciencia. En concreto han oído hablar de la paciencia de Job y conocieron el desenlace al que le condujo el Señor, porque el Señor es compasivo y misericordioso" (Sant. 5:11).

El objeto del Libro de Job es demostrar que la felicidad terrenal no siempre corresponde a la vida piadosa del hombre. A veces las desgracias están mandadas a los piadosos para su mayor confirmación en la bondad, para vergüenza de las provocaciones del diablo y glorificación de la verdad divina. En una palabra, los libros de Job tocan un tema profundo, difícilmente comprensible entre la beatitud y el premio, maldad y castigo. Además, el libro de Job posee muy altos valores literarios.

Durante su enfermedad Job hizo una predicción importante sobre el Salvador y acerca de la resurrección de los muertos: "Pero yo se que mi defensor vive, y que él, al final, triunfará sobre el polvo; y cuando mi piel recubra estas llagas, en mi propia carne contemplaré a Dios. Yo mismo lo contemplaré, mis ojos lo verán ya no como un extraño; entonces reposará mi espíritu" (19:25-27).

El Salterio.

Sin exageración, se puede decir que para un cristiano el Salterio resulta ser el libro más precioso del Antiguo Testamento. Es el libro de oraciones para todas las ocasiones, en la tristeza, en el sentimiento de desesperanza o enfermedad, en las desgracias, en las lágrimas de contrición, en la alegría después del consuelo obtenido, en la necesidad de agradecimiento y para elevar la alabanza pura al Creador. San Ambrosio de Milán escribe: "De todas las escrituras emana el bienestar divino, pero en la dulce canción de los Salmos lo hace preferentemente."

El Salterio recibió su nombre de la palabra griega "psalos," lo que significa tañir las cuerdas, tocar. El rey David fue el primero que empezó a acompañar las oraciones inspiradas por Dios tocando en un instrumento musical que se llamaba "psaltírion," parecido a un arpa. Para los hebreos el libro de los Salmos se llama Tehillim, lo que significa "alabanza."

El Salterio fue compuesto a lo largo de 8 siglos — desde Moisés (1500 a.C.) hasta Esdras-Nehemías (400 a.C.), y contiene 150 Salmos. El rey David dio comienzo a este libro componiendo la mayor cantidad de salmos (más de 80). Ademas de sus salmos el libro contiene un salmo de Moisés (90°) — tres de Salomón (72°, 127° y 132°), uno del vidente Asaf y de sus descendientes, uno de Hemán (88°), otro de Etán (89), y de los hijos de Coré — once. Los demás Salmos pertenecen a escritores desconocidos. Los Salmos están compuestos según las reglas de poesía hebrea, y frecuentemente alcanzan una belleza y fuerza asombrosa.

A menudo, al comienzo del Salmo, se encuentran inscripciones que indican su contenido, por ejemplo, "la oración" (salmo implorante), "la alabanza" (salmo de alabanza), "la enseñanza" (salmo instructivo), o el modo de "escritura de mesa," es decir, epigramático. Otras inscripciones indican el modo de interpretación, por ejemplo, el "Salmo" — es decir, con el acompañamiento de un instrumento musical, salterio, "canción" — es decir, interpretación con voz, vocal; otros, "instrumentos de cuerdas," "de ocho cuerdas," o en la Biblia rusa, con alternancia de instrumentos. Sobre algunos salmos están sobrescritas las palabras de las canciones según el modo como tiene que ejecutarse dicho salmo, algo como los "símiles" en los servicios vespertinos y matutinos.

El contenido de los salmos está íntimamente vinculado con la vida del rey David. David nació mil años antes del nacimiento de Jesucristo en Belén y fue el hijo menor de un prolífico y pobre pastor, que se llamaba Jesé. Entronándose en Jerusalén, después de la muerte de Saúl, el rey David fue el rey más destacado que haya gobernado alguna vez a Israel. Reunía muchas cualidades preciosas de un buen rey: el amor hacia su pueblo, justicia, sabiduría, hombría y lo más importante: una fe intensa en Dios. Frecuentemente David mismo presidía las fiestas religiosas, haciendo sacrificios a Dios por el pueblo hebreo y cantando Salmos.

Por su belleza poética y la profundidad del sentimiento religioso, los Salmos de David inspiraban a imitación a muchos compositores de salmos. Por lo cual, aunque muchos de ellos no hayan sido escritos por David, es justo el nombre que se aplica al libro de Salmos: "El Salterio del rey David."

Significado del Salterio en los oficios divinos.

En el Salterio hay muchas meditaciones, invocaciones a la propia alma, muchas instrucciones y palabras de consuelo. Por eso no es extraño el amplio uso del Salterio en la oración. Ningún oficio de Dios, desde los tiempos del Antiguo Testamento, prescindía de los salmos. Los Salmos empezaron a usarse durante los sacrificios diarios, los sábados y días de fiesta. David introdujo, mientras se cantaban los salmos, el uso de instrumentos musicales: de cuerda, de viento y de percusión, violas, tímpanos, salterios, címbalos, tubas y otros. Jesucristo rezó con las palabras de los Salmos, por ejemplo, después de la Ultima Cena, "Y después de cantar los himnos, salieron hacia el Monte de los Olivos" (Mt. 26:30). En la Iglesia de los primeros siglos de la cristiandad el Salterio se usaba con frecuencia para la oración imitando a Jesucristo y a los apóstoles (Ef. 5:19, Col. 3:16, 1 Cor. 14:26). En el siglo IV, para comodidad, la lectura del Salterio en los oficios fue dividida en veinte partes "kathismas" (la palabra Kathizo significa en griego estar sentado).

Actualmente el Salterio está cristianizado en el pleno sentido de la palabra. Lo que significa que la Iglesia impone en todas las expresiones un significado cristiano, y el elemento del Antiguo Testamento pasa al plano posterior. Las palabras de los Salmos: "levanta," "resucita Señor," lleva nuestro pensamiento hacia la Resurrección de Cristo, las palabras acerca del cautiverio se entienden en el sentido del cautiverio del pecado. Los nombres de los pueblos enemigos de Israel — en el sentido de enemigos espirituales- y el nombre de Israel — en el sentido de pueblo de la Iglesia; la llamada a la exterminación de los enemigos — como la llamada a la lucha contra las pasiones; la salvación de Egipto y Babilonia — como la salvación en Cristo. He aquí los Salmos que se usan en el oficio religioso:

Los matutinos: Al principio: 20, 21, Hexa-salmo: 3, 38, 63, 88, 103, 143. Previo al Canon: 51. Los salmos de alabanza: 148, 149, 150.

Las horas: Primera: 5, 90, 101. Tercera: 17, 25, 51. Sexta: 54, 55, 91. Novena: 84, 85, 86.

Los vespertinos: El salmo inicial 104, "Dichoso el hombre": 1, "Señor, te llamo": 141, 142, 130, 117, al final del oficio vespertino: 34.

En la liturgia: 103 y 146.

Para ayudar al lector a encontrar los Salmos que responden a su estado oratorio, les ofrecemos aquí la nómina de salmos según su contenido.

·         De agradecimiento y loas: 34, 66, 67, 92, 96, 97, 103, 104, 117, 146, 149, 150.

El Libro de los Proverbios.

El autor principal de los "Proverbios" fue Salomón, hijo de David, que reinó en Israel mil años antes del nacimiento de Cristo. Aunque algunas partes de este Libro han sido escritas por otros autores, puede considerarse a Salomón como el principal autor de los Proverbios, como David del Salterio.

Cuando Salomón, comenzando su reinado, elevó a Dios sus plegarias y sacrificios (ofrendas, que se quemaban), Dios se le apareció en sueños durante la noche, y le dijo: "Pídeme lo que quieras, que yo te lo daré" (1 Re. 3:5) Salomón rezó y pidió a Dios solamente la sabiduría para gobernar al pueblo de Dios. Y le dijo Dios a Salomón: "Ya que me has pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar con justicia, te concederé lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente como no ha habido antes de ti ni lo habrá después. Pero además te añado lo que no me has pedido: riquezas y gloria en tal grado, que no habrá en tus días rey alguno como tú" (1Re. 3:11-13). Y en verdad, Salomón se glorificó por su sabiduría de tal modo que la gente de muchos países concurría para escucharlo. Muchas expresiones de Salomón se han incluido en el Libro de Proverbios.

En la Biblia Hebrea el Libro de Proverbios se llama "Mishle Shlomo," y los setenta traductores (la traducción griega de la Biblia del 3er siglo a.C.), Paremia, en la Biblia eslava — "Los Proverbios de Salomón." Los Santos Padres la llaman "Pan Bretos Sofía (the wisdom of all virtue)," la sabiduría de cualquier virtud. El libro de Proverbios está escrito en forma de paralelismo versificado.

El Libro de Proverbios está lleno de recomendaciones prácticas acerca de cómo edificar la vida sabiamente en el temor a Dios, en la verdad, la honestidad, el trabajo y la abstención.

Estas instrucciones son sumamente veraces, certeras. Son ricas en imágenes, vivacidad y agudeza de la mente.

Los Libros de Proverbios se tuvieron siempre en gran estima y muchos escritores de otros libros sagrados los mencionaban como ejemplo: "Dios se enfrenta a los soberbios, pero concede su favor a los humildes" (Prov. 3:34 y Sant. 4:6). "Si el hombre recto recibe en la tierra lo que merece, ¡cuánto más el malvado y el pecador!" (Prov. 11:31 y 1 Pedro 4:18). "Hijo mío! No desprecies la corrección del Señor, ni te desalientes cuando él te reprenda; porque el Señor corrige a quien ama, y castiga a quien recibe como hijo" (Prov. 3:11-12 y Heb. 12:5-6).

El libro de los Proverbios dedica mucha atención a la adquisición de la sabiduría y a la descripción de sus ventajas ante todas las riquezas del mundo.

"Feliz el que encuentra sabiduría, el que logra inteligencia, pues es más rentable que la plata, más provechosa que el oro. Es más preciada que las perlas, todas tus joyas no se le comparan. Su mano derecha otorga larga vida, y la izquierda, riquezas y honor. Sus caminos son pura delicia, todos sus senderos son de paz. Es árbol de vida para quienes la retienen, dichosos quienes se aferran a ella (Prov. 3:13-18).

Más adelante, el pensamiento del autor de los Proverbios se transporta hacia las fuentes de la sabiduría, hacia Dios y describe la sabiduría divina con estas inspiradas palabras.

"El Señor me creó al principio de sus tareas, antes de sus obras más antiguas. Fui formada en un pasado lejano, antes de los orígenes de la tierra. Cuando aún no había océanos, fui engendrada, cuando aún no existían los manantiales ricos en agua; antes que las montañas fueran cimentadas, antes que las colinas fui engendrada. No había hecho aún la tierra ni los campos, ni los primeros terrores del obre. Cuando consolidaba los cielos, allí estaba yo, cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando fijaba las fuentes del océano, cuando señalaba al mar su límite para que las aguas no rebasaran sus orillas, cuando establecía los cimientos de la tierra, a su lado estaba yo, como confidente, día tras día lo alegraba y jugaba sin cesaren su presencia; jugaba con el orbe de la tierra, y mi alegría era estar con los hombres. ... Quien me encuentra, encuentra la vida y alcanza el fervor del Señor" (Prov. 8:22-31; 35, ver también 1:20-33; 9:1-11).

Lo extraordinario es que la sabiduría está representada como una imagen particular como si fuera un ser divino. Semejante imagen de la sabiduría, incomprensible para el hombre del Antiguo Testamento, se aclara en la luz de la enseñanza del Nuevo Testamento, acerca del Hijo de Dios — Jesucristo, El se llama también La Palabra. El, como lo atestigua el evangelista Juan el Teólogo, creó todo: "Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios. Ya al principio ella estaba junto a Dios. Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuando llegó a existir" (Jn. 1:1-3). El apóstol Pablo directamente llama a Jesús "... que es fuerza y sabiduría de Dios" (1 Cor. 1:24).

De esta manera la enseñanza del Libro de Proverbios acerca de la sabiduría hipostática de Dios preparaba el terreno en el pueblo judío para la fe en un único hijo de Dios.

 

El Libro del Eclesiastés.

La palabra griega "Eclesiastés" proviene de Eclesia—Iglesia y significa "predicador de iglesia." En hebreo se la llama "qohélet" (Koheleth), derivado de "Kagal" (kahal) — asamblea. De este modo el libro resulta ser la recopilación de las palabras del predicador eclesiástico.

Como se observa del mismo libro Eclesiastés es un seudónimo con el que se nombró al hijo de David, que reinó en Jerusalén. Esta circunstancia indica a Salomón como el autor del Eclesiastés. A esto corresponde la ulterior descripción de su sabiduría, riqueza, gloria, lujo (ver Ecl. 1:12-18 y 1Reyes 4:29 y siguientes).

Al principal objetivo del libro del Eclesiastés le sirve la representación de la agitación y la vacuidad de todo lo terrenal — trabajo, conocimiento, riqueza, lujo y placeres, sin la fe en Dios y la vida de ultratumba. Los libros enseñan acerca del temor a Dios, conservación de sus mandamientos como condiciones de la felicidad probable en el mundo agitado. Lo valioso es que el autor ofrece esta enseñanza en base a su experiencia, larga y personal y de un análisis profundo. En el libro se siente la gran sabiduría del autor iluminado por la revelación divina.

En los comienzos de sus razonamientos, el Eclesiastés explica en qué consiste propiamente la futilidad de los hechos humanos. La tierra y todo los fenómenos que surgen de ella giran en círculo y de toda su obra nada se agrega ni en la cantidad de materia ni en la cantidad de fuerzas actuantes. La primera aspiración del hombre es el conocer. Por eso el Eclesiastés trató de adquirir conocimientos como ningún otro. Pero como resultado de la adquisición de conocimientos resultó el languidecimiento del espíritu, ya que con los conocimientos no se rellena lo faltante, no se corrige la voluntad pervertida por el pecado. De hecho, con la multiplicación de los conocimientos, se multiplica la tristeza. Otra aspiración — hacia la suficiencia y el goce. Con este fin el Eclesiastés adquiriría riquezas y se entregaría a goces sensuales, pero todo eso resultaba ser fútil porque la acumulación de bienes está acompañada de un trabajo duro y cuidado, y el gozarlos no depende del hombre sino de Dios, en Cuyas manos está la vida misma.

Más adelante el Eclesiastés presenta la futilidad en la esfera de la vida humana. Sin Dios, todas los sucesos de la vida terrenal están limitados por el tiempo y también como en la naturaleza sin alma se representan los ciclos: el nacimiento y la muerte, la alegría y la tristeza, la verdad y la mentira, el amor y el odio. Pero el anhelo del hombre en la vida hacia la verdad, bondad y belleza, están impuestos por el Creador en el espíritu del hombre. De ahí es indudable que El satisfará sus anhelos allí — más allá de la tumba. La satisfacción de estos hechos aquí no tiene esperanzas por los ciclos de las contradicciones, el hombre en la tierra tiene que creer en Dios con humildad y ser sumiso a sus órdenes, tiene que cumplir con esfuerzo sus deberes religiosos y morales y no ser seducido por los bienes engañosos de este mundo. Solamente con este ánimo el hombre obtendrá paz.

De ahí el Eclesiastés saca la conclusión que los objetivos de la vida humana consisten en: educación moral para la vida de ultratumba, donde será decidida la relación entre la suerte de la dignidad moral del hombre.

El Eclesiastés termina sus observaciones con la exposición de la enseñanza acerca de la vida terrena del hombre para la preparación hacia la futura: disfrutando mesuradamente de los bienes terrenales, hay que ocuparse del cumplimiento de las buenas acciones. Para esto Dios creó al hombre.

El tiempo en que se escribió el Eclesiastés se relaciona con los últimos años del reinado de Salomón, cuando él ya había experimentado mucho, entendido mucho, e hizo contrición ante Dios, conociendo la futilidad de los goces físicos. El libro del Eclesiastés está lleno de pensamientos profundos, que el lector no experimentado en la comprensión de lo abstracto, no es capaz de entender y apreciar inmediatamente.

Cantar de los Cantares (Canto de Salomón).

Este libro está escrito por Salomón en los mejores años de su reinado, inmediatamente a la finalización de la construcción del templo. En su forma representa una composición dramática, consistente en diálogos entre el Amado y la Amada.

En su primera lectura puede imaginarse como una canción antigua y lírica: así la interpretan muchos interpretadores libres, no vinculándose con la voz de la Iglesia. Hay que pasar a la lectura de los profetas para ver que en el Antiguo Testamento la imagen del Amado y la Amada se utiliza en el sentido elevado del vínculo de amor entre Dios y los creyentes.

Si este libro entró en el Códice de los libros sagrados judíos lo ha hecho porque las tradiciones del Antiguo Testamento así, de ese modo en el elevado sentido simbólico, lo entendía y prescribía leer en el feriado de Pascuas .

En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo usa el mismo símbolo, sin aplicar la forma poética cuando, hablando del amor del esposo hacia la esposa, comparaba con ella el amor de Cristo con la Iglesia (Ef. 5:22-32). Con frecuencia se escucha en los cánticos eclesiásticos el tema del novio y la novia como el símbolo de amor fogoso del alma cristiana hacia el Salvador. Ese mismo arranque de amor del alma hacia Cristo se halla en las escrituras de los cristianos devotos. Es aleccionador comparar el siguiente fragmento del libro "Cantar de los cantares" con una imagen parecida de amor en San Pablo.

"Grábame como sello en tu corazón, como sello en tu brazo; porque el amor es más fuerte que la muerte, la pasión más cruel que el Abismo. Sus llamas son flechas de fuego, intensas llamaradas. Los océanos no podrán apagar el amor, ni los ríos extinguirlo. Quien quiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, sería despreciable" (Cant. 8:6-7).

"¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? ... Pero Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas. Porque estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni el ángel, ni otras fuerzas sobrenaturales , ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes de cualquier clase, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro" (Rom. 8:35-39, también 1 Cor cap. 13).

 

El libro de la Sabiduría.

Este libro se refiere a la Sabiduría Divina. Está escrito bajo la influencia del libro de Proverbios de Salomón, por eso lleva su nombre. Sin embargo, el libro de la "Sabiduría" apareció en el mundo muchos siglos después de la muerte de Salomón. Además, está escrito en lengua griega y no aparece en la Biblia hebrea. El autor del libro de la "Sabiduría" tenía conocimiento de las enseñanzas filosóficas y de las costumbres griegas del tercer siglo antes de Cristo. El principal tema del libro es la enseñanza de la religión verdadera y divinamente sincera, como la manifestación de la Sabiduría divina, y la enseñanza de la idolatría pagana como la manifestación de la mente humana errada y pecadora.

El fin principal del libro — mostrar por un lado la Supremacía de la Sabiduría Divina conservada por los judíos en su religión sincerada con Dios — por otro lado, la incongruencia de la idolatría.

El autor del libro de la "Sabiduría" representa al comienzo las creencias contemporáneas y costumbres de los Hebreos, los que, siendo admiradores del Dios verdadero y beatos, padecieron las persecuciones de los paganos (1-3). En los capítulos siguientes habla de la certeza de la compensación a los beatos mártires y del inevitable castigo a los paganos perseguidores, si no acá en la tierra, entonces en la ultratumba — indudablemente. Dios no creó la muerte — dice él — su causa es el pecado del hombre. El hombre está creado para ser imperecedero. Por eso, aunque el piadoso muera, estará en paz y su alma está en la mano de Dios; el sufrimiento y la muerte tienen para él un significado expiatorio. De manera que los sufrimientos atroces y su fin prematuro sirven para afirmarnos en la veracidad de su glorificación inminente.

En conclusión, el autor del libro expone elevadas propiedades y las ventajas de la sabiduría que manda Dios.

Libro de la Sabiduría de Jesús hijo de Sira (Eclesiástico).

El autor del libro se llama a sí mismo Jesús, hijo de Sira (Jesús Ben Sira), originario de Jerusalén, erudito — coleccionista, versado en la Ley, los Profetas y libros de los Sabios. Fue uno de los últimos representantes de la Magna Sinagoga. Para adquirir conocimientos, viajaba mucho por países extranjeros y sufrió no pocos infortunios y persecuciones. Recopiló sus pensamientos, observaciones y apuntes de viajes, en un libro que concluyó en los tiempos del Sumo Sacerdote Eleazario (287-265 a.C.). Este Eleazario mandó a Alejandría a 72 intérpretes para la traducción a la lengua griega de las Sagradas Escrituras. Entre los enviados se encontraba Jesús, cuyo nombre se encuentra en la lista de traductores de Aristeo .

El libro de Jesús Sira llegó a nosotros en su traducción griega. El original hebreo se consideraba perdido. Hace poco, relativamente, en una revista bíblica apareció la información que se había encontrado el original hebreo de este libro.

En el libro de Jesús se habla de la gran virtud de la Sabiduría proveniente de Dios (1). Después siguen instrucciones acerca de otras virtudes: la paciencia en los sufrimientos y esperanza en Dios (2), el respeto hacia los padres y humildad (3), la ayuda a los pobres y autosuficiencia (4), la relación con la enseñanza (7), la relación con los ricos y fuertes (8), el trato con las mujeres (9), el orgullo, ebriedad, etc. A partir de los capítulos 24 a 33, hay una sección extensa, donde en nombre de la Sabiduría Divina se ofrecen breves consejos sobre cómo permanecer en la beatitud, educar a los hijos y hacer abstención.

En los capítulos 42-43 Jesús glorifica la grandeza Divina, que se refleja con tanta evidencia en la armonía general y racionalidad de la naturaleza. Jesús hijo de Sira concluye su libro con esta oración de agradecimiento:

"Te doy gracias, Rey y Señor, a ti te alabo, oh Dios Salvador mío, doy gracias a tu nombre. Tu fuiste mi protector y mi apoyo, y libraste mi cuerpo de la ruina, del lazo de la lengua venenosa y de los labios que traman la mentira. ... Alabaré tu nombre sin cesar y te daré gracias con cánticos. Y fue escuchada mi plegaria; me salvaste de la ruina y me liberaste del momento difícil. Por eso te daré las gracias y te alabaré, y bendeciré el nombre del Señor" (Capítulo 51).

En el libro de Jesús hijo de Sira, además de consejos útiles y observaciones certeras, se siente el soplo de la Sabiduría Divina, la que constantemente imploraba a Dios. He aquí porqué siempre disfrutaba de una atención y amor intenso de los cristianos ortodoxos.

 

Instrucciones selectas.

Sobre los siguientes temas: La Amistad. Arrepentimiento y perdón de las ofensas. Castidad. Conciencia, vergüenza. Consejo. Consejo. Ebriedad. Esperanza en Dios. Familia, educación de los hijos. Humildad y orgullo. La ira, iracundia. Laboriosidad, pereza. Mujer virtuosa. Moderación. La oración. Paciencia, dificultades. Parientes. La sabiduría. Salud y tratamiento. Los sueños. Verbosidad. Verdad, mentira y lisonja.

La Amistad: "Puedes relacionarte con muchos, pero amigos de verdad, uno entre mil" (Eclo. 6.6). Un amigo fiel, es apoyo seguro, el que lo encuentra, encuentra un Tesoro" (Eclo. 6:14). No abandones a un viejo amigo, porque el nuevo no valdrá lo que él" (Eclo. 9:10). "No se conoce al amigo en la prosperidad, ni en la adversidad se oculta el enemigo" (Eclo. 12:8). Ver también: Eclo. 4:9-12; 10:8; Eclo. 7:3; 33:6.

Arrepentimiento y perdón de las ofensas: "Para que supieran que con lo que uno peca, con eso mismo es castigado" (Sab. 11:16). "Si el hombre recibe en la tierra lo que merece, ¡cuánto más el malvado y el pecador!" (Prov. 11:31). "Pues el justo cae siete veces y se levanta, pero los malvados se hunden en la desgracia" (Prov. 24:16).

"No tardes en convertirte a Dios, no lo dejes de un día para otro, porque la ira de Dios estalla de repente, y en el día del castigo serás aniquilado" (Eclo. 5:7). "En todo lo que hagas ten presente tu final, y así nunca pecarás" (Eclo. 7:36).

"No injuries al pecador arrepentido, recuerda que todos somos culpables" (Eclo. 8:5). (Eclo 15:11). "El pecador huye de la corrección y encuentra excusas para hacer lo que le place" (Eclo. 32:17).

"No en la tierra nadie tan recto que haga el bien sin pecar nunca. Tampoco pongas atención a todas las cosas que se dicen, ni hagas caso que se dice, ni hagas caso a tu siervo cuando te maldice, porque bien sabes que tú también has maldecido a otros muchas veces" (Ecl.7:20-22).

Castidad: (en la conservación de la fidelidad matrimonial): "Anillo de oro en hocico de puerco, es la mujer hermosa pero sin inteligencia" (Prov. 11:22).

"Si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia, si la buscas como al dinero y la desentierras como un tesoro, entonces, comprenderás el temor del Señor . ... Te liberará de la mujer extraña, de la desconocida que seduce, que fue infiel al amigo de su juventud y olvidó la alianza de su Dios. Su casa se inclina hacia la muerte y sus sendas hacia las sombras. Los que entren allí no regresan, no alcanzan las sendas de la vida" (Prov. 2:3-22; 5:1-23).

"¿Puede un hombre meter fuego en el pecho sin que se queme su ropa ? ¿Puede un hombre andar sobre las brasas sin que se quemen sus pies? Pues lo mismo el que se acueste con la mujer del prójimo; no quedará sin castigo el que la tocare" (Prov. 6:24-35). "Trampa peligrosa es la boca de la mujer ajena, en ella caerá quien rechaza al Señor. Aparta tus ojos de la mujer hermosa y no te fijes en su belleza ajena. Muchos se extraviaron por la belleza de una mujer, por ella el amor se inflama como el fuego. No te sientes jamás junto a una mujer casada ni bebas vino con ella en los banquetes, no sea que tu corazón se incline por ella, y tu pasión llegue a perderte " (Prov. 22:14; Eclo. 9:8-9).

Conciencia, vergüenza: "Por encima de todo vigila tus intenciones, pues de ellas brota la vida" (Prov. 4:23). "Porque hay una vergüenza que conduce al pecado y hay otra vergüenza que produce honor y gracia" (Eclo. 4:21).

Consejo: "Donde no se consulta, fracasan los planes, pero si hay consejeros, se llevan a efecto" (Prov. 15:22).

Consejo: "Honra al Señor con t0us riqueza, con las primicias de tus ganancias; así tus graneros se colmarán de grano y tus bodegas estarán llenas de vino" (Prov. 3:9-10; 3:27-28). "Hay quien es generoso y se enriquece, hay quien ahorra demasiado y se empobrecen" (Prov. 11:24-26). "Amor y fidelidad expían el pecado, el temor del Señor evita el mal" (Prov. 16:6). "Presta al Señor quien compadece al pobre, él le pagará su buena acción" (Prov. 19:17).

"El agua apagará la llama, la limosna consigue el perdón de los pecados" (Eclo. 3:30). "No rehuyas visitar a los enfermos, porque así te ganarás su afecto" (Eclo. 7:35). "No desprecies al anciano, pues también nosotros nos haremos viejos" (Eclo. 8:6). Ver también: Prov. 21:13; Eclo. 4:1-8; 4:31; 7:33; 18:15; 34:18-19; 38:16.

Ebriedad: "¿De quién lo quejidos? ¿De quién los lamentos? ¿De quien las peleas? ¿De quién los pleitos? ¿De quién las heridas sin motivo? ¿De quién la mirada mal intencionada? De los que se divierten bebiendo vino, los que andan saboreando mezclas. No mires al vino: ¡ Qué rojo está! ¡ Cómo brilla en la copa! ¡Qué suavemente pasa! Al final muere como serpiente, pica como víbora. Tus ojos verán alucinaciones, y de tu interior surgirán incoherencias. Te sentirás como viajero en alta mar, como sentado la punta de un mástil. (Prov. 23:29-34). "Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino" (Eclo. 31:25).

Esperanza en Dios: "No dejes que se retiren de ti el amor y la fidelidad; átalas a tu cuello, grábalas en tu corazón; así tendrás aceptación y éxito ante Dios y ante los hombres. Confía en el Señor con todo tu corazón y no te fíes de tu inteligencia. Cuenta con él en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas. No te des de sabio, respeta al Señor y evita el mal; será salud para tu cuerpo y medicina para tus huesos" (Prov. 3:5-8). "No te gloríes del día de mañana, pues no sabes lo que un día puede traer" (Prov. 27:1).

"Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes de que muera: aleja de mí falsedad y mentira, no me des ni pobreza ni riqueza dame sólo el aliento necesario; no sea que me saciado, te niegue y diga: ¿Quién es Dios? o que siendo pobre me ponga a robar y profane el nombre de mi Dios" (Prov. 30:7-9).

"Como el barro en manos del alfarero que lo moldea según su voluntad, así están los hombres en manos de su hacedor; el dará a cada uno según su justo juicio" (Eclo. 33:13). "La mente del hombre traza su camino, pero Dios dirige sus pasos" (Prov. 16:9). "Ver también: Prov. 16:3; Ecl. 12:14; Eclo. 5:1; 16:13; 20:9.

Familia, educación de los hijos: (Prov. 13:25). "Si instruyes al muchacho en el buen camino, ni de viejo se apartará de él" (Prov. 22:6). "No ahorres la corrección al joven, no morirá porque lo castigues. Corrígelo con dureza, y liberarás su vida del abismo" (Prov. 23:13-14).

Humildad y orgullo: "Puede burlarse de los soberbios, pero concede su favor a los humildes" (Prov. 3:34). "Presagio de ruina es la soberbia, presagio de caída, el orgulloso" (Prov. 16:18). "La soberbia conduce a la ruina, y la humildad al triunfo" (Prov. 18:12). "Cuánto más grande seas, más te debes humillar, y así obtendrás el favor del Señor" (Eclo. 3:17-18). "¿De qué se gloria el que es polvo y ceniza, si ya en vida su vientre es podredumbre? (Eclo 10:9). "El Señor sacó de raíz a los soberbios y plantó en su lugar a los humildes" (Eclo. 10:15). Ver también Eclo. 3:21; 4:7; 13:1; 20:11.

La ira, iracundia: "El necio manifiesta al instante su ira, el prudente disimula la ofensa" (Prov. 12:16). "El hombre sensato refrena su ira, su honor está en olvidar las ofensas" (Prov. 19:11). "Ciudad abierta y sin murallas es el hombre sin dominio de sí" (Prov. 25:28). "Si soplas a una brasa, se enciende; si escupes sobre ella, se apaga; ambas cosas salen de tu boca" (Eclo. 28:12). Ver también: Prov. 17:27; 19:19.

Laboriosidad, pereza: "La pereza produce modorra, el holgazán pasará hambre" (Prov. 19:15). Ver también Prov. 6:6-11; 24:30-34; Eclo. 40:1.

Mujer virtuosa: Prov. 21:9; 31:10-31.

Moderación: "Más vale poco con temor del Señor, que un gran tesoro con preocupación. Más vale ración de verduras con amor, que carne de vaca con rencor" (Prov. 15:16-17). Ver también Eclo. 31:19; 37:30-31.

La oración: "Cuando lleves un asunto ante Dios;, no te precipites en hablar ni se acelere tu corazón porque Dios está en el cielo y tú sobre la tierra. Procura no hablar mucho, pues con las muchas ocupaciones viene el sueño, y con la abundancia de palabras el consejo del necio" (Ecl. 5:1-2). "Antes de prometer algo a Dios, piénsalo bien, no seas como hombre que tienta al Señor" (Eclo. 18:23). "La oración del humilde atraviesa las nubes y no para hasta alcanzar su destino" (Eclo. 35:17).

Paciencia, dificultades: "Hijo mío, no rechaces la instrucción del Señor ni te enojes por su corrección, pues el Señor corrige a quien ama, como un padre a su hijo predilecto" (Prov. 3:11-12).

"Más vale ser paciente que valiente, más vale dominarse que conquistar ciudades" (Prov. 16:32). "Mejor es la tristeza que la risa, pues la seriedad hace bien al corazón" (Ecl. 7:3).

"Hijo, si te acercas a servir al Señor, prepárate para la prueba; ... Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación" (Eclo. 2:1-5). "Abandonémonos en brazos del Señor, y no en brazos de los hombres, porque su misericordia es como su grandeza " (Eclo. 2:11-18).

Parientes: "Porque la bendición del padre asegura las casas de sus hijos, y la maldición de la madre arranca de raíz sus cimientos" (Eclo. 3:9). "No confíes en que vivan mucho ni pongas tu esperanza en su número, pues más vale uno que mil, y morir sin hijos, que tenerlos impíos (Eclo. 16:3). Ver también: 3:12-13; 33:20-21.

La sabiduría: "El principio de la sabiduría es el temor del Señor; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción" (Prov. 1:7). "Si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia, si la buscas como al dinero y la desentierras como un tesoros, entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor concede la sabiduría y de su boca brotan el saber y la prudencia. El atesora sensatez para el hombre recto, es escudo para el de conducta recta" (Prov. 2:3-16).

"Donde abunda la sabiduría, abunda el sufrimiento, y a más ciencia, más dolor" (Ecl. 1:18). "Reconozco que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a la oscuridad" (Ecl. 2:13). "¿Quién como el Sabio? ¿Quién sabe resolver un problema? La sabiduría del hombre ilumina su rostro y transforma la dureza de su semblante" (Ecl. 8:1). "Una mosca muerta echa a perder un frasco de aceite perfumado; un poco de necesidad pesa más que mucha sabiduría y honor" (Ecl.10:1).

"Vale más poca inteligencia y temer a Dios, que mucha prudencia y transgredir la ley" (Eclo. 19:24). Ver también: Prov. 3:13-26; 4:5-9; 15:33; Eclo. 6:18; 6:34; 21:15; 38:24; 39:1-9.

Salud y tratamiento: Eclo. 30:16; 38:1-12.

Los sueños: "Atrapar sombras y perseguir viento, es hacer caso de los sueños" (Eclo. 34:2).

Verbosidad: "Manzana de oro con adornos de plata es la palabra dicha a su tiempo " (Prov. 25:11). "El chismoso hiere como una espada, la lengua de los sabios es medicina" (Prov. 12:18). "Todo esfuerzo tiene recompensa, el mucho hablar lleva a la miseria" (Prov. 14:23). "El necio que calla es tenido por sabio, por inteligente, el que no abre su boca" (Prov. 17:28). "Más se puede esperar de un necio, que de uno que habla sin pensar" (Prov. 29:20).

"¿Has oído algo? Sepúltalo dentro de ti; no temas, no reventarás" (Eclo. 19:10). "Muchos han caído por la espada, pero muchos más han perecido por la lengua" (Eclo. 28:18). "Resume tu discurso, di mucho en pocas palabras; se como quien sabe y al mismo tiempo callar" (Eclo. 32:8). Ver también Prov. 13:3; 4:33; 5:13; 6:5; 8:20; 32:9; 19:11; 20:5; 20:6; 27:16.

Verdad, mentira y lisonja: "Más vale ladrón que mentiroso, aunque uno y otro heredarán la perdición" (Eclo. 20:25). "En boca de pecador no es oportuna la alabanza, porque el Señor no se la ha concedido" (Eclo. 15:9). "Lucha por la verdad hasta la muerte, y el Señor Dios combatirá en tu fervor" (Eclo. 4:28). "Sé firme en tu criterio y sea una tu palabra" (Eclo. 5:10).

 

 

Libros de los Profetas.

Importancia y significado de las profecías.

El río de los tiempos lleva raudamente nuestro bote de la vida hacia el ilimitado océano de la eternidad. Nadie sabe qué le espera al hombre en el futuro — ni los hombres, ni los demonios, ni siquiera los ángeles, sino tan sólo Dios. Algunos tratan de penetrar en el misterioso futuro consultando horóscopos, adivinos, brujerías, datos supersticiosos y otros métodos pecaminosos y vanos prohibidos por las Sagradas Escrituras (Lv. 19:31; 20:6; Dt. 18:10-13; Jer. 27:9-10). Lo que nos es indispensable saber acerca de nuestro futuro, Dios ya lo reveló a través de su Hijo Unigénito y de Sus Profetas y Apóstoles elegidos.

Todos los libros de las Sagradas Escrituras en alguna medida contienen profecías. Pero algunos libros hablan sobre todo del futuro y por ello, son llamados proféticos. En el Antiguo Testamento podemos encontrar dieciséis libros proféticos y uno en el Nuevo Testamento: el Apocalipsis. Los profetas del A.T. son: los cuatro Mayores — Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y los doce Menores — Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías. Ellos son llamados profetas Mayores porque sus libros son de mayor volumen que los de los doce profetas Menores. Al libro de Jeremías, hay que agregarle 2 más: las Lamentaciones y el libro de Baruc. Los profetas a veces escribían personalmente sus prédicas y otras veces lo hacían sus discípulos. Muchas profecías de estos libros ya se han cumplido, como por ejemplo, sobre los destinos de los pueblos antiguos, la llegada del Mesías y tiempos del Nuevo Testamento. Las profecías sobre los últimos tiempos del mundo — el reino del anticristo, la segunda llegada de Jesucristo, la resurrección universal de los muertos y el Juicio Final, esperan su cumplimiento. Pero los signos del acercamiento de estos últimos acontecimientos en la historia de la humanidad, ya comienzan a cumplirse. Las profecías, al igual que los milagros, dan testimonio de la elección de Dios de los profetas y de la inspiración Divina de sus libros.

La fe cristiana nos enseña que el futuro de cada hombre por separado y el de toda la humanidad en conjunto no es el resultado de una cantidad casual de causas ni del "destino." Los acontecimientos en la naturaleza inanimada (la que carece de alma) se encuentran enteramente bajo el control del Creador. En referencia a los actos de los hombres, Dios le deja la libertad de actuar a su libre albedrío pero le ayuda, sin embargo, a cumplir sus buenos designios. Toda la Sagrada historia, las vidas de los santos y una observación profunda de nuestra vida nos convencen que Dios se preocupa del bienestar humano y dirige su vida hacia la salvación.

Si los actos humanos se definen por su propio deseo, ¿cómo puede saber Dios qué decidirá hacer el hombre? Cuando nos ocupamos de este problema debemos considerar que los conceptos de pasado y futuro son conceptos humanos. Dios vive fuera y por encima del tiempo: para Él todo es presente. Todos los acontecimientos grandes y pequeños en la vida de cada ser humano, sus pensamientos secretos y sus deseos, lo que acontece en la vida de la sociedad humana, en el pasado, presente y futuro, todo lo que ocurre en los rincones más lejanos del universo, en los mundos de los ángeles y del infierno, es decir todo es visible para Su ojo Divino hasta en los más ínfimos detalles.

¿Por qué Dios nos esconde algunos hechos futuros y nos muestra otros? Lo hace por el bien de nuestras almas. A partir del momento trágico cuando el primer hombre escuchó al diablo y quebró la ley Divina, comenzó en el mundo una tensa guerra por el alma humana. El hombre se encuentra en el centro de esta batalla. Sus defensores y ayudantes son el Señor, los Angeles y los Santos que llegaron a la perfección. Sus enemigos son los demonios y los hombres que se alinean con el mal. Para ayudar al hombre creyente a entender esta guerra tan compleja y así poder vencer en ella, Dios le muestra adonde lo conducen sus distintos actos, qué redes le prepara el diablo y qué hará el Señor para ayudar a sus fieles. Por otro lado, al esconderle al hombre algunos datos, como por ej., el día de su muerte, Dios lo obliga a que no cese en su dedicación.

Cuando es necesario, las predicciones de los profetas suenan muy concretas y describen los detalles de acontecimientos futuros, nombrando los países, ciudades, hombres y hasta indicando los tiempos. Pero más a menudo, los profetas reúnen hechos de distintos siglos pero similares en el plano espiritual en una única imagen. Esta unión de hechos diferentes en una visión es posible ya que los acontecimientos separados no son tan importantes como lo son los procesos espirituales que transcurren en el fondo de los corazones humanos. Por eso, las profecías generalmente hablan de la situación moral de los hombres y muestran la secuencia entre ésta y los hechos futuros. Además, las profecías demuestran con gran claridad la preocupación paternal Divina por todos los hombres; Su mano guiadora en la vida de cada ser humano, cada país y en los destinos de todo el mundo; Su infinito amor y paciencia hacia aquellos que tienden hacia el bien y la ira de Su juicio hacia aquellos que persisten en sus pecados y colaboran con el diablo.

La finalidad de este trabajo sobre los libros proféticos es hacer conocer al lector el contenido de ellos. En el folleto anterior, "El Antiguo Testamento sobre el Mesías," se mencionan las profecías sobre la llegada del Mismo, Su personalidad, Sus hechos y Sus milagros. Para no repetirlo en este folleto nos referiremos a otras predicciones y prédicas de los antiguos profetas.

 

La época de los profetas.

Es más fácil entender los libros proféticos si se conoce el panorama histórico en el que ellos fueron escritos. Por eso nos referiremos a los acontecimientos más importantes de aquellos tiempos.

Durante el reinado del hijo de Salomón, el rey Roboam (931- 914 a.C.), el reino de Israel se dividió en dos: el de Judá y el de Israel. En el de Judá, que ocupaba la parte sur de la Tierra Santa, reinaban los descendientes del rey David. Su capital era Jerusalén, donde sobre la colina del Sión se encontraba el majestuoso Templo construido por Salomón. La ley le permitía a los hebreos sólo un templo, el cual servía de centro espiritual para su pueblo. El reino de Judá estaba formado por dos tribus, las descendientes de Judá y de Benjamín. Las restantes diez tribus entraron en el reino de Israel, en la parte norte de la Tierra Santa. Su capital era Samaría, donde reinaban monarcas de distintas dinastías.

Los reyes de Israel, temiendo que sus súbditos al visitar el templo de Jerusalén quisieran pasarse al reino de Judá, prohibieron el peregrinaje a Jerusalén y levantaron templos paganos con ídolos para las necesidades espirituales del pueblo, induciéndolo a la idolatría. La tentación de la idolatría era grande ya que los pueblos que rodeaban a Israel adoraban a diferentes deidades. Particularmente popular era el dios fenicio Baal. Junto con la idolatría pasaban a los hebreos las costumbres brutas e inmorales de los paganos.

En este tiempo difícil para la religión, Dios envió a Israel a Sus profetas quienes trataban de parar el proceso de decaimiento espiritual y reconstruir en el pueblo la devoción por Dios. Los primeros profetas fueron Elías y Eliseo que vivieron durante el reinado de los reyes Ajab 874, Jehú 841 y Joacaz 813. No dejaron escritos de sus prédicas pero sus milagros y algunas de sus enseñanzas se encuentran en los libros Primero y Segundo de "Reyes."

Durante el largo reinado de Jeroboam II (782-753 a.C.), el reino de Israel llegó a la cumbre del bienestar. Los reinos vecinos debilitados, como Siria, Fenicia, Moab, Amón y Edom, no molestaban a los hebreos. La ampliación de las fronteras de Israel fue acompañada por paz y seguridad. Fue tiempo de florecimiento de las artes y del comercio. Aunque simultáneamente comenzó a decaer rápidamente la moral. Los ricos oprimían a los pobres, los jueces se corrompían, y la decadencia de las costumbres se expandía entre el pueblo supersticioso. Contra todos estos males se armaron los profetas Joel, Amós y Oseas.

Una posición especial entre los profetas ocupó Jonás, quien no predicaba entre los hebreos sino en Nínive, la capital de Asiria. Luego de su prédica y de la penitencia de los habitantes de Nínive, el reino asirio comenzó a fortalecerse y a crecer transformándose en una poderosa fuerza militar. Durante dos siglos el imperio asirio se extendió a territorios actualmente ocupados por Irán, Irak, Siria, Jordania e Israel. El rey de Israel, en el año 738 a.C. tuvo que pagarle al rey de Asiria Teglatfalasar un enorme tributo. Ante el aumento de exigencias de Asiria, los reyes de Israel tenían que buscar aliados entre los reinos vecinos. Así, el rey de Israel Peka junto con Rezín de Siria trató por la fuerza de hacer entrar también al rey de Judea Acaz en una alianza contra Asiria. Pero Acaz muy asustado le pidió ayuda al rey de Asiria Teglatfalasar III, quien en el 734 a.C. nuevamente invadió Israel, anexó a su reino a Galilea y Damasco y se llevó a numerosos israelitas como prisioneros.

Durante la vida de Teglatfalasar III, el rey de Israel, Oseas le pagaba sumisamente el tributo a Asiria. Luego de su muerte se firmó un pacto con Egipto y entonces el rey de Asiria Salmanasar V invadió Israel y la destruyó. Luego su heredero Sargón II en el 722 a.C. tomó la capital de Israel, Samaría, y la destruyó. Los israelitas fueron trasladados a distintas partes del imperio asirio y en su lugar fueron traídos los pueblos vecinos. Así concluyó la existencia de Israel y en su lugar apareció el pueblo samaritano, descendiente de israelitas mezclados con paganos. Los profetas Joel, Amós y Oseas predijeron los desastres que esperaban a Israel. Ellos veían la única posibilidad de salvación para el pueblo hebreo en un pedido penitente de ayuda a Dios.

Luego de la caída de Israel, el reinado de Judá existió por más de cien años. Durante la caída de Samaría en Judá reinaba el piadoso rey Ezequías (727-698) que, siguiendo la política de su padre Acaz, mantuvo la alianza con Asiria. Sin embargo después de la muerte de Sargón, Ezequías se unió a la coalición de los reinos vecinos deseosos de liberarse del yugo asirio. En el 701 el ejército asirio bajo el mando del rey Senaquerib entró en Judá y destruyó algunas ciudades. Ezequías pagó un alto tributo para salvar a su país. Poco tiempo después, Senaquerib atacó nuevamente Judá con el fin de recibir un mayor tributo necesario para mantener su poderío militar y amenazó con destruir Jerusalén. Confiando en la ayuda de Dios, Ezequías decidió defenderse en Jerusalén. Entonces el profeta Isaías predijo que los planes de Senaquerib no se cumplirían y que Dios salvaría a los Judíos.

La noche siguiente un Ángel del Señor aniquiló al ejercito Asirio compuesto por 185.000 hombres. Senaquerib volvió avergonzado a Asiria, donde poco después fue asesinado por los conspiradores (2 Reino cap. 19). Isaías representa el florecimiento del don profético y su libro es un extraordinario monumento de la escritura profética. Sobre ella hablaremos en detalle más adelante. Asimismo, durante la misma época profetizaban Miqueas y Nahum.

El hijo de Ezequías, el impío Manasés (698-643) era completamente opuesto a su piadoso y buen padre. Su reinado fue el período más sombrío en la historia del pueblo hebreo. Era el tiempo de las persecuciones a los profetas y de destrucción de la fe. Manasés firmó una alianza con Asiria y se puso como meta principal hacer de la idolatría la religión principal de su país. A los defensores de la fe los destruía sin piedad. Durante su reinado murió como mártir el gran Isaías. El reinado de Manasés duró cerca de cincuenta años y le trajo a la fe un perjuicio imborrable. Los pocos profetas que se salvaron entraron en la clandestinidad y poco se ha sabido de su actividad. Ya anciano, Manasés trató de independizarse de Asiria pero pagó muy caro ese intento. Al final llegó a comprender sus faltas ante Dios y se arrepintió, pero ni él ni sus herederos pudieron regenerar la fe en el pueblo.

Luego de Manasés continuó el piadoso rey Josías (640-609). Deseando regenerar la fe del pueblo en Dios se ocupó con esmero de la reforma religiosa. En el Templo recomenzaron los servicios religiosos regulares. Pero el éxito de sus reformas era superficial ya que las costumbres paganas y las supersticiones formaron raíces profundas en el pueblo. La alta sociedad estaba mortalmente degenerada. A pesar de esto, los profetas Nahum, Sofonías, Habacuc y especialmente Jeremías trataron de despertar en el pueblo el sentimiento del arrepentimiento y así poder regenerar la fe en Dios. En el año 609 el ejército egipcio del rey Necao, en su guerra con Asiria, pasó a través de Judá. Josías, por su lealtad hacia Asiria, le presentó batalla a Necao, pero fue vencido en Meguido (Armagedón). Por un corto lapso Judá pasó a ser súbdita de Egipto.

Estos eran tiempos de debilitamiento en Asiria y fortalecimiento en Babilonia. El ejército unido de Nabopolasar de Babilonia (rey de los caldeos) y (Ciasares) Xerxes de Media destruyeron Níníve en el 606 a.C. Así fue aniquilado el militarizado imperio asirio que tanto horror causaba y destruía a los países vecinos durante 150 años. El heredero de Nabopolasar, Nabucodonosor, en su victoriosa campaña contra Egipto invadió Judá, y el rey Joaquín en el año 604 se hizo súbdito de Babilonia. A pesar de las advertencias del profeta Jeremías, Jeconías, el hijo de Joaquín, hizo su levantamiento contra Babilonia pero fue derrotado y llevado prisionero a Babilonia junto a sus súbditos (597, primer cautiverio babilónico).

Entre los prisioneros se encontraba el profeta Ezequiel. En el año 588, durante el reinado de Sedequías, Judá nuevamente volvió a levantarse contra Babilonia, y en el 586 Jerusalén fue sitiada y tomada. El templo fue quemado y la ciudad destruida. El rey enceguecido fue llevado junto a sus súbditos prisionero a Babilonia. Así comenzó el segundo cautiverio babilonio. Los hebreos pasaron 70 años bajo el poder de Babilonia (597-536).

Cronología (siempre a.C.)

Reyes de Israel

Reyes de Judá

Profetas

Acont. histórico

Ajab 874-853

Josafat 870-848

Elías

Crecimiento de Fenicia

Ocozías 853-852

Jorán 848-841

 

 

Jorán 852-841

Ocozías 843-841

Eliseo 850-790

 

Jehú 841-813

Atalía 841-835

 

 

Joacaz 813-797

Joás 835-796

Joel

Crecimiento de Asiria

Joás 797-782

Amasías 796-767

Jonás

 

Jeroboam II 782-753

Azarías/Ozías/Uzías 767-739

Amós

Fundación de Roma 750

Zacarías 753

 

 

 

Salún 753

 

Oseas

 

Menajén 752-741

 

 

 

Peka/Pecajías 741-740

Jotán 739-734

 

Caída de Israel 722

Pecaj 740-731

Acaz/Ajaz 734-727

Isaías 730-690

 

Oseas 731-722

Ezequías 727-698

Miqueas, Nahum

Sitio de Jerusalén 700

 

Manasés 698-643

 

 

 

Amón 643-640

Sofonías, Habacuc

 

 

Josías 640-609

Joacáz 609

Jeremías

Persecución de profetas

 

Joaquín 609-598

Abdías

 

 

Jeconías 597598-597

 

Caída de Nínive 606

 

Sedequías/Sedecías 597-867

Ezequiel

 

 

 

Daniel

 

 

 

Ageo

 

 

 

Zacarías

Caída de Jerusalén 587

 

 

 

Cautiverio de Babilonia

 

 

 

Caída de Babilonia 539

 

 

Malaquías 475

 

 

 

Orden de Artajerjes sobre la restauración de Jerusalén 446

Ciro de Persia 549-29.

Vuelta del cautiverio 538

 

 

Esdras reúne las Sagradas Escrituras 450-25

Darío 1 (522-486), reconstrucción de Templo 534-16

 

 

 

Comienzo de las "séptimas" de Daniel.

 

La importancia de los profetas.

En el tiempo del Antiguo Testamento los sacerdotes se limitaban a los sacrificios indicados por la ley. Ellos no se ocupaban de la moral del pueblo. Ellos eran sacerdotes, no pastores. Mientras tanto, el pueblo hebreo permanecía en una oscuridad espiritual y aprendía fácilmente las supersticiones y los vicios paganos. Por eso, la función principal de los profetas era enseñarle al pueblo a vivir y a creer en Dios correctamente. Viendo el abandono de la ley de Dios, los profetas acusaban severamente a todos los pecadores, tanto de la clase alta como de la baja, a gente del pueblo y a príncipes, a jueces y a sacerdotes, a reyes y a esclavos. Su inspirada palabra tenía una gran fuerza para despertar la penitencia y el deseo de servir a Dios. Los profetas eran la conciencia del pueblo y la guía para los que anhelaban una dirección espiritual. Sólo gracias a los profetas, la verdadera fe se mantuvo entre los hebreos hasta el tiempo del nacimiento de Cristo. Los primeros discípulos de Cristo fueron alumnos del último profeta del Antiguo Testamento: San Juan el Bautista.

El sacerdocio se trasmitía por herencia; en cambio los profetas eran llamados por Dios individualmente. Ellos provenían de distintas clases sociales: eran aldeanos y pastores, como Oseas y Amós o gente de la alta sociedad como Isaías, Sofonías y Daniel. También había profetas de origen, sacerdotal como Ezequiel y Habacuc. El Señor elegía a los profetas no por su origen sino por sus cualidades espirituales.

Con el correr de los siglos, se formó entre los hebreos la imagen de un verdadero profeta de Dios: un hombre desinteresado, totalmente fiel a Dios, con un gran coraje para defender sus ideas ante los poderosos del mundo y al mismo tiempo, profundamente humilde, exigente consigo mismo y tan misericordioso y atento como un padre de familia. Muchos débiles y postergados del pueblo encontraban en los profetas a sus grandes defensores.

Acusación y consolación.

Los profetas sufrían en el alma cuando veían las transgresiones a la justicia y a la piedad. Ellos entendían que la infracción a la ley de Dios por la minoría servía como ejemplo nefasto y como tentación para la mayoría. Ellos veían cómo la licencia moral llevaba al país a una catástrofe física y espiritual. Por eso los profetas acusaban con palabras severas e implacable sinceridad a los pecadores y le anunciaban abiertamente cuán duros serían los castigos por sus faltas.

Daremos acá como ejemplo algunas frases acusadoras, características de los profetas Isaías y Jeremías: "¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué queréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite" "No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día del reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir: son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas... Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (Is. 1:4-6, 13-18).

Son temibles las palabras de Dios dichas por la boca del profeta Jeremías poco antes de la caída de Jerusalén:

"No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es éste" (Jer. 7:4).

"¿Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que yo lo veo, dice Jehová" (Jer. 7:9-11)

Viendo la maldad de su pueblo, el profeta con profunda congoja lloró sobre su perdición en estas palabras:

"¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! ¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores. Hicieron que su lengua lanzara mentira como un arco, y no se fortalecieron para la verdad en la tierra; porque de mal en mal procedieron, y me han desconocido, dice Jehová. Guárdese cada uno de su compañero, ni en ningún hermano tenga confianza; porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda calumniando. Y cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla verdad; acostumbraron su lengua a hablar mentira, se ocupan de actuar perversamente… ¿No los he de castigar por estas cosas? dice Jehová. De tal nación, ¿no se vengará mi alma? Por los montes levantaré lloro y lamentación, y llanto por los pastizales del desierto; porque fueron desolados hasta no quedar quien pase, ni oírse bramido de ganado; desde las aves del cielo y hasta las bestias de la tierra huyeron, y se fueron. Reduciré a Jerusalén a un montón de ruinas, morada de chacales; y convertiré las ciudades de Judá en desolación en que no quede morador" (Jer. 9:1-5, 9-11).

Pero los profetas no sólo acusaban. Cuando sucedían catástrofes y desastres sociales, ellos se apresuraban a consolar a los que se arrepentían con la esperanza en la misericordia Divina y prometían a la gente la ayuda superior y un futuro mejor. "Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados… Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas" (Is. 40:1-2, 9-11).

 

Revisión de los libros en orden cronológico.

Para mayor claridad veremos los libros proféticos en orden cronológico. Comenzaremos por los profetas que vivieron entre el siglo IX y el VI a.C.: Joel, Jonás, Amós, Oseas, Isaías y Miqueas. En el centro de este período se encuentra Isaías, cuyo libro es considerado cumbre del don profético. Los ojos de los profetas de este periodo se dirigían a la caída del Reino de Israel que aconteció en el año 722 a.C. Ese período finalizó con persecuciones y matanzas de profetas a cargo del rey Manasés.

 

El profeta Joel.

Joel es el primer profeta que dejó anotaciones de sus prédicas. Él profetizaba en Judá, durante los reinados de Joás y Amasías unos 800 años antes de Cristo. Joel se llamó a sí mismo hijo de Petuel. Aquellos eran años de bastante tranquilidad y bienestar. Jerusalén, el Sión, el Templo y los servicios religiosos estaban permanentemente en boca del profeta. Pero en los desastres que sufrió Judá (una sequía y sobre todo un terrible ataque de langostas) el profeta vio el comienzo del juicio de Dios al pueblo judío y a toda su gente.

El vicio principal que atacó el profeta fue el cumplimiento mecánico y sin sentimientos genuinos de las ceremonias de la ley. En aquel tiempo, el piadoso rey Joás trató de reimplantar la religión en Judá pero logró solamente un éxito superficial. El profeta vio en el futuro un aumento de las supersticiones paganas y el subsiguiente castigo Divino, y llamó a los hebreos a un sincero arrepentimiento diciendo: "Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertios a Mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertios a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo" (Jl. 2:12-13).

A menudo en una misma visión profética de Joel se aúnan acontecimientos de distintos siglos pero cercanos en el plano religioso. Así, por ejemplo el juicio Divino sobre el pueblo judío en su visión se junta con el juicio universal correspondiente al fin del mundo: "Despiértense las naciones, y suban al valle de Josafat; porque allí me sentaré para juzgar a las naciones de alrededor. Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno, rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos. Muchos pueblos en el valle de la decisión, porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión. El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. Y Jehová rugirá desde Sión, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel. Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sión, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella. Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim" (Jl. 3:12-18).

Pero antes del juicio final deberá producirse el descenso del Espíritu Santo y la renovación espiritual del pueblo de Dios: "Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual Él habrá llamado" (Jl. 2:28-32). El Apóstol Pedro recordó esta profecía en el día del descenso del Espíritu Santo, durante la festividad de Pentecostés.

El profeta Joel hablaba sobre los siguientes temas: el ataque de las langostas (1:2-20), el acercamiento del día del Señor (2:1-11), el llamado al arrepentimiento (2:12-17), la misericordia Divina (2:18-27), la renovación espiritual (2:28-32), la predicación del juicio sobre todos los pueblos (3:1-17) y la bendición Divina por venir (3:18-21).

 

Libro del profeta Jonás.

El profeta Jonás, hijo de Amitay, nació en Gathherpher de Galilea (cerca del futuro Nazaret). Profetizó en la segunda mitad del siglo VIII a.C. en Nínive, la capital de Asiria. Se supone que fue un contemporáneo más joven y un alumno de Eliseo. El sepulcro de Jonás se encuentra en una aldea de El-Meshad (El-Meshkhad, una aldea construida donde antes estaba el antiguo Gefajover).

Su libro no contiene las prédicas habituales dirigidas a los hebreos, pero nos cuenta la misión de Jonás en la Nínive pagana. Al principio, él no quería ir a predicar a los extranjeros paganos adonde lo enviaba Dios y tomó por su cuenta un barco en Jope (Jaffa) que se dirigía a Tarsis (en España). El Señor, para hacer entrar en razón al profeta, mandó una terrible tormenta en el mar. El barco comenzó a hundirse y los marinos asustados, al enterarse que la causa de la tormenta era la desobediencia de Jonás, lo tiraron por la borda deseando aplacar la ira de Dios. Efectivamente la tormenta cesó y Jonás fue tragado por un enorme pez. (Este hecho, extraordinariamente raro, es sin embargo posible. Hay ballenas, llamadas en ingles "Fin-Buck," que alcanzan 88 pies de largo. En el estómago tienen de cuatro a seis compartimentos, en cada uno de los cuales cabrían varios hombres. Las ballenas tienen respiración aérea y en su cabeza tienen cámara de reserva de mucho aire (686 pies cúbicos). Se encontraron en los estómagos de las ballenas restos de animales y hasta hombres vivos. La ballena–tiburón, de 70 pies de largo, también puede contener a un hombre sin dañarlo físicamente). Jonás pasó tres días dentro de este pez y se arrepintió profundamente de su desobediencia y le rogó a Dios que lo perdonara. Entonces el Señor le ordenó al pez que soltara al profeta sobre la costa cerca de Beirut. Jonás, obediente esta vez, fue a Nínive con la prédica acusatoria y profetizando severos castigos sobre la ciudad. Los habitantes le creyeron al profeta e hicieron ayuno junto a sus animales domésticos y se arrepintieron sinceramente. Entonces el Señor se apiadó y le levantó el castigo a Nínive. Así se salvaron de la destrucción más de un cuarto de millón de habitantes. Con el tiempo Nínive se hizo la capital de un país poderoso y guerrero.

El libro de Jonás claramente demuestra el amor de Dios a todos los hombres independientemente de sus nacionalidades. Nuestro Señor Jesucristo les hacía recordar a los hebreos el milagro del profeta Jonás y les recriminaba que, a diferencia de los niniveos que se arrepintieron luego de la prédica de Jonás, ellos no querían hacerlo a pesar de tener entre ellos un Profeta más grande que Jonás. El milagro de la estadía de Jonás durante tres días y tres noches en el estómago de la ballena fue señalado por El Señor como modelo para "Su sepultura de tres días y la posterior Resurrección" (Mt. 12:39-41).

La oración del profeta Jonás en el estomago de la ballena que encontramos en el capítulo 2 su libro sirve de modelo para el irmos del sexto canto del servicio matutino. Esta oración comienza con las palabras: "Invoqué en mi angustia a Jehová, y Él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste" (Jon. 2:2-9).

 

Libro del profeta Amós.

Amós era de origen pobre y nació en Tecoa, que se encuentra entre el Mar Muerto y Belén. Al ser llamado a profetizar respondió: "No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel" (Am. 7:14-15). Amós predicaba en Betel y otras ciudades de Israel durante el reinado de Jeroboam II. Fue contemporáneo de los profetas Oseas, Miqueas e Isaías. Aquellos eran años de relativa tranquilidad y bienestar. Pastor de origen, sufría por la opresión de los pobres, por la retención del salario de los trabajadores, por las injusticias, por la corrupción de los jueces, por la amoralidad de los gobernantes y por la falta de dedicación de los sacerdotes. En la regeneración de la justicia el profeta vio la primera condición para evitar el castigo de Dios. Por sus acusaciones, el profeta fue perseguido y por la influencia del sacerdote pagano Amasías de Betel fue expulsado de la ciudad.

En aquel tiempo, los países y ciudades paganas tenían sus propios dioses-protectores. De manera similar algunos hebreos veían en Dios — Jehová su deidad local, y Lo comparaban con el ídolo fenicio Baal y con otras deidades paganas. El profeta Amós decía a los hebreos que el poder Divino se extendía no sólo a los pueblos elegidos sino a todo el universo y que las deidades paganas no eran nada. No sólo los hebreos sino todos los pueblos son responsables ante Dios por sus actos y serán castigados por sus faltas. Así, la prédica de Amós se extendía lejos de las fronteras de Israel y se dirigía a los idumeos (edomitas), amonitas y moabitas y a ciudades capitales como Damasco, Gaza y Tiro. Llamando a la Fe al pueblo hebreo el Señor les dio una gracia especial. Por eso los hebreos debían mostrarle un buen ejemplo a los pueblos vecinos y en el juicio se le exigirá más que a los otros. "Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así: A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades" (Am. 3:1-2).

El profeta veía que, por las faltas de los hombres se acercaría un hambre espiritual que sería peor que el físico: "He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra; no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán" (Am. 8:11-12). Esta profecía se cumple ante nuestros ojos en los países del ateísmo militante donde hubo que buscar la palabra de Dios a veces en las citas de propaganda antirreligiosa.

Resumiendo, el contenido del libro del profeta Amós es el siguiente: la acusación por sus pecados a Israel y a los pueblos vecinos (caps. 1 y 2), la acusación a los poderosos de este mundo y el llamado a la justicia (caps. 3-5), profecía sobre el Juicio de Dios (5:18-26 27). Los últimos capítulos (6-9) contienen cinco visiones del Juicio Divino. Como conclusión el profeta predice el renacimiento espiritual de los hombres.

 

Libro de Oseas.

El profeta Oseas, hijo de Beeri (Berí) de la tribu de Isacar, vivió y predicó en el reino de Israel en el tiempo cercano a su destrucción. El comienzo de su servicio profético corresponde al final del reinado de Jeroboam II (782-752), aproximadamente en el 750 a.C. y continua hasta la caída de Samaría en 722. Eran tiempos de decaimiento espiritual del pueblo de Israel, de aumento de la idolatría y de disolución moral. La presión de la Asiria guerrera provocaba la inestabilidad política de Israel y frecuentes golpes palaciegos.

El profeta Oseas acusaba enérgicamente a sus contemporáneos por sus vicios, y en particular, por las repelentes costumbres paganas copiadas de los pueblos vecinos. Oseas profetizaba los desastres futuros. De su vida personal se sabe que se casó con Gomer, que le era abiertamente infiel. El profeta tuvo que divorciarse formalmente de ella pero continuó amándola y sentía pena por ella. Este drama personal le mostró al profeta cuán pesada era la traición espiritual del pueblo de Israel a Dios después de los Mandamientos del monte Sinaí. Los hebreos quebraron esta Alianza, la profanaron y cayeron en libertinaje espiritual. Por eso el Señor predijo a través de Su profeta que los hebreos serán rechazados y los paganos serán llamados al Reino de Dios: Me compadeceré de la No-compadecida, y diré a No Mi pueblo: tú eres Mi pueblo, y él dirá: "¡Tú eres Mi Dios!" (Os. 2:18-23).

El profeta acusó a los sacerdotes aduciendo que ellos redujeron la fe en Dios a meras ceremonias sin sentimientos y que no instruyeron a la gente sobre la ley de Dios: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí; también yo cambiaré su honra en afrenta. Del pecado de mi pueblo comen, y en su maldad levantan su alma. Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras" (Os. 4:6-9).

Más adelante el profeta llama a los que todavía son capaces de atender a su prédica: "Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra" (Os. 6:1-3). He aquí lo que es valioso para Dios en los actos humanos: "Por esta causa los corté por medio de los profetas, con las palabras de mi boca los maté; y tus juicios serán como luz que sale. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos" (Os. 6:5-6).

Ante la proximidad de la destrucción de Israel el profeta usó todas sus fuerzas para despertar el sentimiento de arrepentimiento. Pero él vio también lo que vendrá después de los desastres y lo referido al final de los tiempos, cuando se va a producir la renovación completa del pueblo de Dios, cuando todos los desastres y la misma muerte sean aniquilados: "De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (Os. 13:14). Algunas frases de Oseas están citadas a veces en el N.T.: Os. 11:1, Mt. 2:15; Os. 6:6, Mt. 9:13; Os. 2:23, 1 Pedro 2:10; Os. 13:14, 1Co. 15:55; Os. 10:8, Lc. 23:30; y otros.

El contenido del libro del profeta Oseas es el siguiente: sobre la esposa infiel y la infidelidad de Israel (1-2), sobra la fidelidad Divina (3), acusación a Israel (4-7), juicio de Dios sobre Israel (8-10), una serie de prédicas cortas sobre los temas arriba mencionados (11-14). Termina el libro con la promesa de la salvación de los justos (14).

 

Libro del profeta Isaías.

En la primera mitad del siglo VIII a.C. vivió Isaías, uno de los máximos profetas de todos los tiempos. Investido por Dios con altos dones espirituales, Isaías pertenecía a la alta sociedad de la capital y tenía libre entrada en la casa real. El profeta poseía un amplio criterio de estadista y un notable talento poético. La conjunción de estas cualidades hace de su libro un caso único en la literatura antigua. Su libro abunda de predicaciones sobre el Mesías y Su Reino de Gracia y sobre los tiempos del Nuevo Testamento. Por eso al profeta Isaías lo llaman "el Evangelista del Antiguo Testamento."

Isaías, hijo de Amós, nació en Jerusalén alrededor de 765 a.C. (Isaías significa: "El Señor nos salva"). Al servicio profético fue llamado a los 20 años por una especial visión Divina. Él vio a Dios Sabaoth sentado en el Trono y rodeado de ángeles (Is. cap.6). Su servicio profético transcurría durante los reinados de Azarías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Se sabe que tuvo esposa y dos hijos. Su actividad profética terminó en el octavo año de Manasés martirizado al ser serruchado con un serrucho de madera (Heb. 11:37). Además del libro de profecías describió los reinados de Uzías y Ezequías (aunque estos escritos no llegaron a nosotros). También puso en orden a los siete capítulos de las los "Proverbios de Salomón" (Prov. 25:1).

Durante los reinados de los reyes Azarías y Jotam, el pueblo judío profesaba la idolatría, que aumentó aun más en el reinado de Acaz. Este rey hasta hizo estatuas de metal de Baal y hacía pasar a sus hijos por el fuego (2 Cor. 28:1-4). Contra Acaz hicieron guerra los reyes Peka de Israel y Rezín de Siria. Acaz mando unos valiosos regalos al rey de Asiria Teglatfalasar y éste venció a Peka y a Rezín y le exigió un alto tributo de Acaz. El profeta Isaías animaba al pueblo durante el ataque de los enemigos y le predijo al rey la victoria en su profecía sobre el nacimiento del Mesías de la Virgen (Is. 7:14). Pero el profeta le reprochaba a Acaz su pedido de ayuda al rey de Asiria.

El hijo de Acaz, el rey Ezequías era piadoso. Pero la moral cayó tanto en los urbanos habitantes que el profeta los comparaba con los paganos impíos destruidos antes por Dios: "La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí" (Is. 3:9-11).

El profeta criticaba severamente sobre todo a los jueces y a la gente del gobierno, cuya obligación era defender a los inocentes y preocuparse por la justicia. "¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida; los que justifican al impío mediante cohechos, y al justo quitan su derecho!. ¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; por despojar a las viudas, y robar a los huérfanos!" (Is. 5:20-23; 10:1-2).

Por estas lamentables (crying) injusticias, el profeta decía que: "Y Jehová cortará de Israel cabeza y cola, rama y caña en un mismo día. El anciano y venerable de rostro es la cabeza; el profeta que enseña mentira, es la cola" (Is. 9:14-15).

Tampoco eran inocentes los servidores del templo y los parroquianos, a los cuales el profeta acusaba por el cumplimiento hipócrita y sin sentimientos profundos de las ceremonias: "Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se me acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado" (Is. 29:13).

La congoja del profeta se manifestó en la siguiente oración: "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades. Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. No te enojes sobremanera, Jehová, ni tengas perpetua memoria de la iniquidad; he aquí, mira ahora, pueblo tuyo somos todos nosotros" (Is. 64:6-9).

Pero el profeta cree en la fuerza del arrepentimiento y en que no hay pecado que sobrepase la misericordia de Dios: "Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho" (Is. 1:16-20).

En el 14° año de Ezequías, el rey de Asiria Senaquerib atacó a Jerusalén. Pero por las oraciones del rey y del profeta el ejército asirio de 185 mil hombres fue destruido por un Angel de Dios y la ciudad fue salvada (Is. cap. 36-37). Poco tiempo después, el rey Ezequías se enfermó de muerte, pero por las oraciones del profeta se curó milagrosamente (Is. cap. 38-39).

Los vecinos de los israelitas eran los sirios, asirios, babilonios, egipcios y edomitas (idumeos). Ellos amenazaban continuamente con invadir Judá, y los hebreos tenían que luchar contra ellos o pagarles tributo. Los reyes de Judá por sus continuos choques con los vecinos necesitaban un líder seguro y les fue enviado por Dios Isaías, quien les advertía a los reyes y al pueblo del peligro, les daba ánimo y predecía el destino del pueblo hebreo y de los países vecinos y la futura salvación por medio del Mesías. Un lugar especial ocupan las profecías acerca de Babilonia, que el profeta identifica con el reino del mal de los últimos tiempos y a su rey con el anticristo, el antimesías. Por esto muchos elementos de las profecías sobre Babilonia todavía esperan su cumplimiento (ver caps. 14; 21; 46-47 y comparar con Apocalipsis, cap.16-17). En los capítulos 24-25 Isaías habla sobre el Juicio Universal.

Las profecías de Isaías se destacan por su extraordinaria claridad y poesía. La predicción de los sufrimientos del Salvador (cap. 53) tiene tanto realismo que da la impresión que el profeta se halla ante la cruz. Las profecías más claras se refieren al nacimiento de Enmanuel de una Virgen (7:14), a los numerosos milagros que hará el Mesías (35:5-6), a Su dulzura y modestia (42:1-4) y a otras actividades de Él. Este tema esta contado más detalladamente en el folleto "El Antiguo Testamento sobre el Mesías." Es extraordinaria por su exactitud la profecía de Isaías sobre el rey Ciro, que se llegó a conocerlo doscientos años después (Is. 44:27-28; 45:1-3; Esdras 1:1-3).

El profeta Isaías decía que el pueblo elegido, como conjunto, será rechazado por Dios por su iniquidad, se salvará solamente "la simiente santa" (Is. 6:13). En el Reino del Mesías, el lugar de los judíos rechazados será ocupado por los paganos creyentes (Is. 11:1-10; 49:6; 54:1-5; 65;1-3).

Encontramos la extraordinariamente profunda descripción de Isaías acerca de la gloria y la grandeza de Dios: Su sabiduría, Su bondad y Su omnipotencia. Comparadas con las perfecciones del Creador, las divinidades de los paganos aparecen como ínfimas y despreciables: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié" (Is. 55:8-11).

A menudo el profeta atestigua sobre la misericordia Divina a los penitentes y humildes: "Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra" (Is. 66:1-2). "Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán" (Is. 40:29-31).

"Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad de gentes robustas. Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro. Como el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los extraños; y como calor debajo de nube harás marchitar el pimpollo de los robustos. Y Jehová de los ejércitos hará en este monte (el Reino de Dios) a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos, y de vinos purificados. Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones...Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dio, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación" (Is. 25:3-9).

Los últimos veintisiete capítulos del libro de Isaías (40-66) contienen muchas predicciones consoladoras que se refieren a los tiempos del Nuevo Testamento y a la renovación del mundo después del juicio universal. Así, la visión de la Nueva Jerusalén (la Iglesia), elevándose sobre el monte santo: "Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza. El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria. No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados. Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme" (Is. 60:18-21).

La lista de las temas de Isaías con indicación de los capítulos: Acusación de los pecados de Judá (1), Juicio Divino sobre el mundo y el advenimiento del Reino de Dios (2-3), sobre la salvación del resto del pueblo y sobre el Mesías (4), canto del Viñedo (5), la visión de Dios Sabaoth [=Dios de los Ejércitos] (6), conflicto con Siria y sobre el nacimiento de Enmanuel (7), sobre el milagroso Niño (8-9), discurso sobre Asiria (10), el Mesías y Su Reino (11), un canto de alabanza a Dios (12), profecías sobre los reinos paganos, Babilonia y anticristo (13-14), sobre Moab (15), sobre Samaría y Damasco (17), discurso sobre Etiopía y Egipto (18-20), predicción de la caída de Babilonia (21), profecía sobre el ataque a Judá (22), sobre Tiro (23), juicio universal y renovación del mundo (24-25), resurrección de los muertos (26), continuación del canto de Viñedo (27), sobre Samaría y Jerusalén (28-29), Egipto (30-31), sobre los tiempos del Nuevo Test. (32), profecía sobre Asiria (33), juicio sobre el pueblo y gracia Divina (34-35), parte histórica (36-39), predicción sobre el cautiverio babilónico y sobre Juan Bautista (40-48), profecía sobre el rey Ciro (41 y 45), el Siervo del Señor (42), consolación para los cautivos de Babilonia (43-44), la caída de Babilonia (46-47), sobre el Mesías (49-50), regeneración del Sión (51-52), el Mesías sufriente (53), llamamiento de los paganos al Reino del Mesías (54-55), tiempos del Nuevo Testamento (56-57), el verdadero ayuno (58-59), la gloria de la Nueva Jerusalén (60), el Mesías y el Nuevo Testamento (61-63), oración del profeta por su pueblo (64), llamado de los paganos a la fe (65), victoria de la Iglesia y juicio definitivo sobre los apóstatas (66).

Al pesar de su antigüedad, el libro del profeta Isaías suena como si hubiera sido escrito ayer. El libro es tan sustancioso, consolador y poético que cada cristiano debería tenerlo como libro de lectura habitual.

 

Libro del profeta Miqueas.

El profeta Miqueas fue originario de la tribu de Judá y nació en Moreset, pequeño pueblo al sur de Jerusalén. Él fue un joven contemporáneo de Isaías, y profetizó durante cincuenta años sobre los destinos de Samaría y Jerusalén, en el reinado del rey Ezequías y en la primera mitad del reinado de Manasés. Sobre Miqueas se habla en el libro del profeta Jeremías (Jer. 26:18), cuando lo quisieron matar a Jeremías por sus predicciones sobre la destrucción de Jerusalén, algunos líderes lo defendieron diciendo que Miqueas predecía lo mismo en el tiempo del rey Ezequías sin ser perseguido por eso. Se observa que sólo una parte de los discursos de Miqueas se conservó mientras que el resto fue destruido posiblemente durante las persecuciones de profetas por Manasés.

El pensamiento principal del profeta Miqueas es que el Señor, fiel a Su compromiso con el pueblo elegido, lo purifica mediante los desastres y el arrepentimiento, y lo hará entrar (y a través de él también a los paganos) en el Reino de Mesías. El libro contiene las profecías sobre la destrucción de Samaría y el aniquilamiento de Jerusalén, la promesa de la salvación de Israel a través del Líder de Belén y la indicación del camino hacia la salvación. Miqueas defiende a los pobres y desdichados de su pueblo y acusa de crueldad y orgullo a los ricos. "Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano. Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman. El mejor de ellos es como el espino; el más recto, como zarzal; el día de tu castigo viene, el que anunciaron tus atalayas; ahora será su confusión" (Miq. 7:2-4).

Esto es lo que el Señor espera del hombre: "Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios" (Miq. 6:8). El profeta termina su libro, dirigiéndose a Dios: "¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados" (Miq. 7:18-19).

El contenido del libro de Miqueas: la destrucción de Jerusalén y Samaría (1-2), pecado de los habitantes de Judá (3), el Reino del Mesías (4), el nacimiento de Cristo en Belén (5), el juicio sobre los pueblos (6) y la misericordia hacia los fieles (7).

 

Profetas del segundo período.

Los acontecimientos principales del segundo período profético, que comenzó después del rey Manasés (siglo VI-IV a.C.) fueron: la reforma religiosa del rey Josías (640-609 a.C.), aumento del poder de Babilonia, la destrucción de Jerusalén (586 a.C.) y el envío de prisioneros judíos a Babilonia, el arrepentimiento de los judíos y su vuelta a la patria (536 a.C.) y la reconstrucción del Templo de Jerusalén (475 a.C.). Después de estos profetas y hasta el mismo tiempo del nacimiento de Cristo se hace más tensa la espera de la llegada del Mesías — Salvador.

 

El profeta Sofonías.

El prolongado reinado del impío rey Manasés (698-643 a.C.) provocó que casi todos los profetas de Judá fueron aniquilados o vivieran en la clandestinidad. Es posible que Sofonías haya sido el primer profeta que levantó su voz después de medio siglo de silencio de los enviados Divinos. Sofonías predicó durante el reinado del piadoso Josías, rey de Judá (640-609 a.C.), unos 20 años antes de la destrucción de Jerusalén. Los antepasados de Sofonías eran de noble origen. Se supone que el rey comenzó su reforma religiosa inducido por el profeta. Pero la reforma pudo hacer poco pues era difícil reconstruir las bases religiosas severamente dañadas por Manasés. Sofonías, con dolor, observaba la creciente pérdida de espiritualidad de la gente y su adicción a las creencias paganas.

A pesar de esto, el profeta acusa severamente a los dirigentes de la vida del pueblo (príncipes, jueces y sacerdotes) de no darle un buen ejemplo: "¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora! No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios. Sus príncipes en medio de ella son leones rugientes; sus jueces, lobos nocturnos que no dejan hueso para la mañana. Sus profetas son livianos, hombres prevaricadores; sus sacerdotes contaminaron el santuario, falsearon la ley. Jehová en medio de ella es justo, no hará iniquidad; de mañana sacará a luz su juicio, nunca faltará; pero el perverso no conoce vergüenza" (Sof. 3:1-5).

Sin duda, el fin de estas severas censuras era el de prevenir los desastres que amenazaban a los judíos. Predice Sofonías el castigo de Dios a los pueblos vecinos: a los moabitas y amonitas al este, asirios al norte y a los etíopes al sur. El objetivo de estos castigos no era destruir a estos pueblos, sino hacerles entrar en razón y llevarlos a la fe verdadera. Termina Sofonías su libro con la descripción de los tiempos del Mesías y la regeneración espiritual del mundo: "En aquel tiempo devolveré Yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento" (Sof. 3:9).

El contenido del libro de Sofonías es el siguiente: Juicio Divino sobre Jerusalén (1-2:3), Juicio sobre los pueblos vecinos (2:4-15), otra vez sobre el juicio de Jerusalén (3:1-8), el Mesías y la salvación del mundo (3:9-20).

 

El libro del profeta Nahum.

Al profeta Nahum lo llamaban Elcosiano (en hebreo "elgoshi") lo que probablemente indica el nombre de su padre. La familia de Nahum era originaria de una aldea, que más tarde fue nominada en su honor. En el Evangelio se la menciona como Capernaum (aldea de Nahum) y se encontraba en la orilla norte del lago de Galilea. Después de la destrucción del reino israelita por asirios (722 a.C.) los ancestros de Nahum se mudaron a Judá. Allí Nahum realizó su servicio profético al comienzo del siglo VII a.C.

En el tercer capítulo de su libro, Nahum habla principalmente del castigo de Nínive, la capital de Asiria. En el pasado Nínive sirvió en las manos de Dios como medio de castigo y para hacer entrar en razón al pueblo hebreo. Por eso Isaías llamaba a Asiria "Oh Asiria, vara y báculo de mi furor, en su mano ha puesto mi ira" (Is. 10:5-15). Nahum describe en imágenes muy reales el castigo de hebreos por los asirios: "Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha entre la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies. Él amenaza al mar, y lo hace secar, y agosta todos los ríos; Basán fue destruido, y el Carmelo, y la flor del Líbano fue destruida. Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿Y quién quedará en pié en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas. Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían" (Nah. 1:3-7).

Unos doscientos años antes, en tiempos del profeta Jonás, Nínive —la capital de Asiria, fue perdonada por Dios por la penitencia de sus habitantes. Después de esto, Asiria empezó a crecer y a potenciarse rápidamente. Embriagados por sus victorias, los asirios se tornaron muy arrogantes y crueles con los pueblos vecinos. En su libro, Nahum describe muy exactamente la situación moral de la Nínive contemporánea a él, como una ciudad de sangre y traición. En el futuro castigo, el profeta ve una justa retribución a esta ciudad por toda la inocente sangre derramada. Efectivamente, la hasta entonces invencible Nínive fue pronto sometida por Nabopolasar de Babilonia en el 612 a.C. Su destrucción y siguiente aniquilamiento están bien descriptos por Heródoto, Dióscoro de Sicilia, Xenofonto y otros escritores griegos.

Además, como lo predijo Nahum, Nínive después de su destrucción desapareció totalmente de la faz de la tierra. El profeta sorprendido pregunta: "¿Qué es de la guarida de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león y la leona, y los cachorros del león, y no había quien los espantase? El león arrebataba en abundancia para sus cachorros, y ahogaba para sus leonas, y llenaba de presa sus cavernas, y de robo sus guaridas" (Nah. 2:11-12). Efectivamente, durante dos mil años se olvidó hasta del lugar donde estuvo Nínive y recién en el siglo XIX se encontró dicho sitio gracias a las excavaciones de Rawlinson y otros. Estos descubrimientos arqueológicos subrayan la verdad y la sorprendente exactitud de las profecías de Nahum.

 

Libro del profeta Habacuc.

Habacuc era levita (los descendientes de Leví eran sacerdotes y servidores del Templo en Jerusalén). Vivió poco antes de la destrucción de Jerusalén y era contemporáneo del profeta Jeremías. Su libro se destaca por un lenguaje puro, elevado y poético. Los conocedores de las Sagradas Escrituras alaban su libro por la sencillez, brevedad y por la profundidad de las imágenes.

El profeta Habacuc enseñaba que el impío e injusto irá a la perdición, mientras que el piadoso será salvado por su fe. Este pensamiento se vislumbra al comienzo en forma de conversación ente Dios y el profeta sobre la perdición de los impíos y luego sigue como un himno - cántico que describe el juicio Divino, cuyo resultado será la perdición de los impíos y la salvación de los justos. "Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, yen mis alturas me hace andar" (Hab. 3:17-19).

Habacuc predijo sobre la salvación por la fe en el Reino del Mesías: "He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá" (Hab. 2:4; ver: Gal. 3:11 y Heb. 10:38).

Los capítulo 2 y 3 sirven de modelo para los irmos del cuarto cántico de los cánones del servicio matutino. En algunos irmos se repiten textualmente expresiones de estos capítulos, como p. Ej.: "Estaré en mi guardia…" (canon Pascual); o "Señor, escuché la noticia sobre Ti, y me asusté… Su grandeza cubrió el cielo…" y otros. Estas frases los santos Padres la relacionan con el Mesías.

El profeta Habacuc veía aquel lejano futuro cuando: "Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar" (Hab. 2:14). El contenido de su libro es el siguiente: el profeta se sorprende como prosperan los injustos (1:1-4), respuesta del Señor (1:5-11), otra vez sorpresa del profeta (1:12-17) y contestación del Señor (2:1-5), la predicción de las penurias de los caldeos por su rapiñas (2:6-20) e himno a Dios (cap. 3).

 

Libro del profeta Jeremías.

El profeta Jeremías (en hebreo "el elevado por Dios") provenía de una familia sacerdotal y nació en Anatot, a 4 km. al NE de Jerusalén. Al servicio profético fue llamado en el reinado de Josías y predicaba con los reyes Josías, Joacaz, Joaquín, Jeconías y Sedequías. El Señor le reveló a Jeremías que decidió hacerlo profeta antes de su nacimiento: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones" (Jer. 1:5). Poniendo a Jeremías al servicio profético, el Señor extendió Su mano y tocó su boca, diciendo: "Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar" (Jer. 1:9-10).

Desde este momento y por unos cuarenta años sin interrupción, Jeremías predice enseñándole a la gente fe y piedad. Jeremías habla en nombre de Dios: "Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová" (Jer. 9:23-24).

En el reinado del piadoso rey Josías, Jeremías enseñaba sin trabas. La religiosidad del pueblo se expresaba principalmente en el cumplimiento formal de las ceremonias pero espiritualmente se alejaba cada vez más de Dios: "Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua" (Jer. 2:13).

Con el tiempo la prédica verdadera de Jeremías empezó a despertar en los oyentes cada vez mayor desagrado. A partir del reinado de Joaquín, el profeta fue sometido a continuas persecuciones, inclusive por miembros de su propia familia. Finalmente Joaquín condenó a muerte a Jeremías quien tuvo que esconderse. Pero Jeremías le dictaba sus acusaciones a su discípulo Baruc quien las proclamaba al rey y al pueblo. Joaquín llegó a quemar uno de esos discursos para ocultárselo al pueblo. Jeremías, sabiendo que es inútil luchar contra los babilonios, y trataba de convencer al heredero del rey Joaquín y último rey de Judá, Sedequías, a someterse a Nabucodonosor. Como castigo, como supuesto enemigo de la patria, a Jeremías lo encarcelaron y lo tiraron más tarde a un hoyo con estiércol.

En general, los años precedentes a la caída del reino de Judá fueron tiempos de una completa desesperación espiritual y cegamiento del pueblo hebreo. Por ello, el servicio profético de Jeremías resulto ser uno de los más difíciles y amargos. Con el tiempo, el sufrimiento y la congoja deprimieron hasta tal punto a Jeremías que perdió las ganas de seguir viviendo: "¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado ni tomado en préstamo, y todos me maldicen. ¡Sea así, oh Jehová, si no te he rogado por su bien, si no he suplicado ante ti a favor del enemigo en tiempo de aflicción y en época de angustia!, Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí" (Jer. 15:10-11, 20:7).

Al final, Jeremías decidió dejar de predicar. Pero luego no pudo esconder su don profético: "Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escario cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude" (20:8-9).

En comparación con otros libros proféticos, el de Jeremías abunda en notas autobiográficas, hecho que lo hace muy valioso para entender el don profético y la interrelación entre Dios y Sus elegidos.

Ante la proximidad de la catástrofe, las acusaciones de Jeremías caían con gran fuerza sobre las cabezas de los principales responsables del embrutecimiento espiritual del pueblo sencillo: los ricos y los hombres cercanos al poder: "¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo! Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y salas airosas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón. ¿Reinarás, porque te rodeas de cedro? ¿No comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien? Él juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová" (Jer. 22:13-16).

Pero la crueldad espiritual de los dirigentes de la sociedad ya era incurable: "El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares" (17:1). Hay que decir que la debilidad espiritual en el tiempo de Jeremías, al igual que la de los judíos de los años setenta de nuestra era, (cuando Jerusalén fue destruida por segunda vez), caracteriza en muchos aspectos la decadencia moral de la gente de los últimos tiempos previos a la segunda venida de Cristo. Por eso la primera y la segunda destrucción de Jerusalén, según los profetas, sirven de modelo del fin del mundo y se unen en una sola imagen profética (Mt. cap. 24).

En el libro de Jeremías encontramos frecuentes menciones de sus choques con los falsos profetas, quienes, en oposición a Jeremías, tranquilizaban a la gente diciendo que nada malo iba a ocurrir y que todo seguiría bien. Con esto ellos adormecían la conciencia popular y de hecho aceleraban el proceso de decaimiento espiritual. Es útil aquí hacer recordar las palabras del Salvador, que la aparición de una gran cantidad de falsos profetas será un signo de la cercanía del fin del mundo: "Porque vendrán muchos en Mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán…Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos" (Mt. 24:5,11). De esta manera, las acusaciones del profeta Jeremías gozan de actualidad para nuestros días.

Finalmente en el reinado de Sedequías, en el 587 a.C., pasó lo que predecían Jeremías y otros profetas. Los ejércitos de Nabucodonosor rodearon a Jerusalén, la tomaron y destruyeron al templo y a la ciudad. Los habitantes que sobrevivieron fueron llevados como prisioneros al cautiverio, que según Jeremías debía durar setenta años (Jer. 25:11). Durante la toma de Jerusalén, Jeremías también fue atado y llevado junto con los demás prisioneros, pero en el camino fue liberado por orden de Nabucodonosor. Poco tiempo después, los refugiados de Jerusalén encontraron al profeta y lo llevaron a Egipto donde continuó su servicio profético por unos años más.

En el segundo libro de Macabeos (cap.2: 4-5) se cita que Jeremías durante la destrucción del Templo escondió en una cueva del monte Nebo el Arca de Alianza con las tablas de piedra de los Diez Mandamientos y el altar de incensario. Los esfuerzos siguientes por encontrar estos objetos no tuvieron éxito. Se conserva la creencia de que Jeremías fue apedreado en Daphne por su profecía sobre la ocupación de Egipto por Nabucodonosor. Alejandro Magno (336-323 a.C.) sepultó con honores los restos del profeta Jeremías en un rico sepulcro en Alejandría.

La idea principal del libro de Jeremías es hacer ver que Dios a través de los babilonios juzga a los hebreos y a los paganos con el fin de purificarlos de la idolatría y de la impiedad pagana. Después de su cautiverio, los hebreos volvieran a su tierra y el Señor, en la persona del Mesías, Rey y Pastor, reinstalará el trono del rey David (en un sentido espiritual) y hará una Nueva Alianza (Nuevo Testamento). Jeremías tenía una personalidad lírica, lo que se siente en sus discursos y que hace de su libro un destacado monumento de poesía antigua.

En resumen: el libro habla de su llamado al servicio profético (1), profecías en el tiempo de los reyes Josías (2-6) y Joaquín (7-20), acusación a reyes y falsos profetas (21-25:14), predicciones sobre los pueblos vecinos (25:15 -38; 46-51), sobre la destrucción y la restauración de Jerusalén (25-33), Jeremías y los últimos días de Jerusalén (34-45), agregado histórico (52).

La "Lamentación de Jeremías" se escribió poco después de la destrucción de Jerusalén . Lo constituyen cinco capítulos en los cuales se describe con gran claridad los aspectos lastimosos del templo destruido y de la ciudad, y las desdichas de los judíos. El original de este libro está escrito en versos con acrósticos, es decir con las primeras letras de cada línea dispuestas en el orden alfabético del idioma hebreo, de modo similar al que están escritos los salmos 37(36) y 119(118). De parte de la ciudad Jerusalén, Jeremías se dirige a todos los que pasan y les desea que eviten semejante destino, explica por qué acontecieron los hechos y pide compasión. Termina el libro con una oración: "Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; Renueva nuestros días como al principio" (Lam. 5:21).

El siguiente libro, vinculado con los libros del profeta Jeremías, es el libro del profeta Baruc, el hijo de Nerías. La mención de sus ancestros hasta la quinta generación habla de su alta alcurnia. Efectivamente, su hermano Serayas, en el reinado de Sedequías, dirigía el fisco y participó en la embajada enviada a Nabucodonosor (Jer. 51:59). El profeta Baruc era el discípulo y ayudante de Jeremías. Junto con su maestro, sufrió las persecuciones de los contemporáneos (Jer. 36:19-26; 43:3; 45:2-3). Después de la destrucción de Jerusalén, Baruc fue a Egipto con Jeremías donde se quedó hasta la muerte de su maestro. Luego Baruc se mudó a Babilonia donde, según se cree, murió en el duodécimo año después de la destrucción de Jerusalén.

La razón de escribir el libro de Baruc, era el deseo de los judíos de Babilonia de consolar a sus hermanos que quedaron en la destruida Judá y enviarles las donaciones junto con la correspondencia. El mensaje de los cautivos lo escribió el mismo Baruc. Primeramente se lo leyó al rey prisionero Jeconías y a los judíos de Babilonia y luego lo mandó a Judá al Sumo Sacerdote Joaquín.

En su mensaje Baruc explica a los judíos, que los desastres que les pasaron no significan que ellos están definitivamente rechazados, sino que, están temporalmente castigados por sus pecados. Por ello el pueblo no debe lamentarse tanto por su cautiverio cuanto por sus pecados. A su tiempo, el Señor los liberará del cautiverio, y llegaran tiempos gloriosos para Jerusalén cuando se encarnará la Personalidad de la Sabiduría Divina (el Hijo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad es llamada en el libro de proverbios "Sabiduría Divina," Prov. 8:22-30; Bar. 3:36-4:4). El libro del profeta Baruc muestra efectos beneficiosos que las penurias tuvieron para los judíos: muchos de ellos comprendieron sus faltas, se arrepintieron y se tornaron más humildes y obedientes a Dios.

 

Libro del profeta Abdías.

El libro del profeta Abdías constituye la obra literaria más corta del Antiguo Testamento ya que consta sólo de veintiún versículos. Su contenido es la visión sobre Edom, país al SE de Judá, cuyos habitantes tenían parentesco sanguíneo con los judíos. Sobre el profeta Abdías no se encuentran datos ni en su libro ni en otras obras bíblicas. Su libro está escrito poco tiempo después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor. Cuando los edomitas, en lugar de ayudar y compadecerse de sus hermanos de sangre, se alegraban de los desastres sucedidos y aprobaban el saqueo de la ciudad. La amargura de los judíos por este comportamiento de Edom se expresa en el salmo 137(136): "Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén; Cuando decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos" (137:7). Abdías con su mirada profética ve el castigo de Edom por su crueldad. Predice asimismo la vuelta de los judíos de su cautiverio.

 

Libro del profeta Ezequiel.

El profeta Ezequiel era hijo del sacerdote Buzi y nació en Judá. Junto con el rey Jeconías y 10.000 judíos fue llevado como prisionero a Babilonia en el 597 a.C. y ubicado en la Mesopotamia sobre el río Quebar, un afluente del río Tigris.

Al servicio profético Ezequiel fue llamado cuando tenia treinta años con una "visión de la gloria de Dios." Esto aconteció en el quinto año del cautiverio de Jeconías y desde aquel tiempo empezó a llevar adelante su servicio entre los habitantes de la Tel-Aviv mesopotámica durante veintidós años (592-570 a.C.). La descripción de su visión de cuatro seres vivientes con caras humanas, un león, un buey, un águila y un hombre, sirvió más adelante como símbolo de los cuatro Evangelistas (Ez. 1:10). Ezequiel predicaba no sólo a los prisioneros judíos, sino también a la "rebelde casa de Israel," es decir a los colonos de Israel que fueron transferidos aquí después de la destrucción de su reino por los asirios en el 722 a.C. Estos israelitas se embrutecieron moralmente por no tener en el exilio a líderes espirituales.

Llamando a Ezequiel al servicio profético el Señor le dijo: "Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos. Y tú, hijo del hombre, no temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde. Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes" "He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes. Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque es casa rebelde" (Ez. 2:3-7; 3:8-9).

Más adelante el Señor le reveló a Ezequiel en qué consistía su misión y responsabilidad como profeta: "Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares, ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma. Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma" (Ez. 3:17-21).

Obedeciendo a Dios, el profeta Ezequiel acusaba con toda severidad a los israelíes por su afición a las costumbres paganas y por su insinceridad y desobediencia. Sin embargo, para que no se desesperaran, Ezequiel predecía la finalización del cautiverio y la reconstrucción del templo y de Jerusalén.

A pesar de vivir lejos de Judá, Ezequiel se trasladaba a Jerusalén con su espíritu profético (Ez. 8:1-3) y veía desde la Mesopotamia todos los detalles del sitio de Jerusalén (Ez. 4:1-17), al rey Sedequías hecho prisionero y la destrucción de la ciudad y del templo. El profeta les trasmitía sus visiones a los israelíes que se interesaban por el destino de su país. El profeta tenía esposa, que murió en el cuarto año de su servicio profético, como símbolo de las desdichas de los judíos y tal como le fue revelado a Ezequiel un día antes. (Ez. 24:15-24).

Según la Tradición Ezequiel era "juez" de los prisioneros, es decir, su líder espiritual. Una vez salvó a un grupo de prisioneros de los bandidos y otra vez, en tiempo de malas cosechas, con su oración aumentó la cantidad de alimentos. Por acusar a los líderes israelíes de idolatría Ezequiel murió martirizado.

El lenguaje y el contenido del libro del profeta Ezequiel se distingue por la abundancia de visiones simbólicas, de acciones, parábolas y alegorías. En este sentido, su libro puede ser comparado con el Apocalipsis de San Juan el Teólogo. La visión de la gloria del Señor descrita en los tres primeros capítulos es tan extraordinaria que es hasta difícil de imaginar. En general, las imágenes y el simbolismo del discurso del profeta, hacen su libro difícil de entender, hecho del que se quejaban incluso conocedores de la Biblia y del idioma hebreo tales como el piadoso Jerónimo. En este libro se encuentran hasta unos nombres especiales de Dios: Adonaí - Sabaoth o sea "Señor de los ejércitos celestiales," "Saddai" es Todopoderoso, el pueblo es Israel que significa "el que lucha con Dios." A menudo el profeta se llama a sí mismo "hijo del hombre" dando a entender su situación humilde y disminuida al ser el profeta de un pueblo cautivo.

Es muy significativa la visión de Ezequiel, donde un Ángel de Dios hacía un signo especial sobre la frente de los habitantes de Jerusalén, de los "apenados y los que suspiran por todo lo inmundo, que se hacía en esta ciudad" Las personas marcadas por el Ángel se salvaron del triste destino de los demás, que perecieron a manos del enemigo durante la toma de la ciudad. Según la visión el castigo de los impíos debía comenzar por los servidores del templo (Ez. 9:1-7). Esta visión es muy parecida a la que tubo San Juan el Teólogo (Apoc. 7:1-4) y señala que la gracia de Dios marca como un sello y protege a los hombres que aman a Dios del destino de los impíos.

Según la predicción de Ezequiel, los creyentes en el futuro Reino de Mesías cumplirán la ley de Dios no sólo exteriormente como lo hacían los mejores de los antiguos judíos, sino que, serán completamente diferentes por su contenido espiritual: "Y les daré un corazón, y espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne; Para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios" "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne [= corazón blando, bondadoso]. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra" (Ez. 11:19-20; 36:26-27).

Resumiendo, el contenido del libro de Ezequiel es el siguiente: Visión de la gloria Divina y el llamado de Ezequiel al servicio profético (1-3), trece discursos acusatorios contra judíos y acciones simbólicas, que representan la caída de Jerusalén (4-24), discurso en contra de los paganos: los vecinos de Judá (25), habitantes de Tiro (26-28). Los versículos 13-19 del cap. 28 se refieren al diablo, cuya personificación era el rey de Tiro (ver en Isaías un semejante discurso sobre el anticristo 14:5-20). Profecía sobre los egipcios (29-32); las nuevas obligaciones del profeta después de la caída de Jerusalén: consolar y fortalecer (33); el Señor — Pastor del Israel regenerado (34); el castigo de Edom (35); la regeneración de Israel (36); la visión de los huesos secos — profecía de la resurrección de los muertos (37); profecías apocalípticas sobre los enemigos de la Iglesia y la aniquilación de los ejércitos de Gog (38-39), (comparar con Apoc. 20:7 sobre los ejércitos de Gog y Magog); sobre el eterno Reino Divino y el nuevo Templo (40-48, ver Apoc. cap. 21). Los últimos catorce capítulos se refieren a los últimos tiempos y tienen rasgos comunes con las misteriosas visiones del profeta Daniel y el Apocalipsis, que todavía no se cumplieron. Hay que ser cautelosos para interpretarlas, pues hay que tener en cuenta que contienen muchas imágenes simbólicas.

Libro del profeta Daniel.

El profeta Daniel era aristócrata y posiblemente de familia real. En el cuarto año del reinado de Joaquín, durante la primera conquista de Jerusalén por Nabucodonosor (605 a.C.) el muy joven Daniel cayó prisionero en Babilonia. Con otros adolescente de alto origen fue enviado a una escuela de preparación para el servicio en la corte del rey cuando tenía entre catorce y diecisiete años.

En la escuela estudiaban con él tres amigos: Ananías, Azarías y Misael. Durante varios años debieron aprender la lengua local y diversas ciencias caldeas. A estos alumnos judíos les cambiaron sus nombres por los de: Daniel, Beltsasar; Ananás, Sadrac; Misael, Mesac y a Azarías, Abed-nego. Pero, a pesar de los nombres paganos, los jóvenes no cambiaron la fe de sus padres. Temiendo profanarse con la comida pagana le pidieron a su educador no recibir alimentos de la mesa del rey (que era salpicada por la sangre de los sacrificios) y poder consumir sólo una comida sencilla compuesta de vegetales. El educador accedió temporalmente y durante diez días los jóvenes comieron sólo alimentos de origen vegetal. Al final de la prueba se vio que ellos resultaron estar más sanos que sus compañeros que comían de la mesa del rey. Desde entonces se les permitió continuar su régimen vegetal. El Señor recompensó a los piadosos jóvenes con progresos en las ciencias, y el rey durante los exámenes descubrió que ellos eran más sabios que los magos babilonios.

Después de terminar sus estudios, Daniel y sus tres amigos fueron designados para servir en la corte del rey. Daniel quedó como cortesano durante los reinados de Nabucodonosor y el de cinco de sus herederos. Después de la derrota de Babilonia quedó como consejero del rey Darío de Media y del rey persa Ciro (Dn. 6:28)

Dios le otorgó a Daniel la capacidad de interpretar visiones y sueños. Daniel la dio a conocer al explicar dos sueños de Nabucodonosor (caps. 2 y 4). En el primer sueño el rey vio un enorme y temible ídolo que fue destruido por una piedra que cayó de una montaña. Daniel explicó que el ídolo simbolizaba a cuatro reinos paganos que sucederán, entre los cuales el primero era el babilonio y el último el romano. La piedra que romperá al ídolo simboliza al Mesías y la montaña a Su Reino Eterno. Daniel termina así su explicación del sueño: "Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen.…de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano (nacimiento del Salvador sin la participación de un padre terrenal), e hirió a la imagen … y todo fue desmenuzado…y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra… Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamas destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre..." (Dn. 2:31-45).

Este sueño resultó ser una visión profética acerca de la Iglesia. Efectivamente, la fe cristiana que apareció en el imperio romano se dispersó por todo el mundo y continuará existiendo hasta el fin del mundo, mientras los grandes reinos paganos desaparecieron sin dejar rastros.

En el tercer capitulo de su libro, Daniel cuenta la hazaña de sus tres amigos, quienes se negaron a adorar el ídolo de oro (Marduk) por lo que fueron arrojados a un horno prendido. Pero un Ángel de Dios los conservó intactos en el fuego. La oración de agradecimiento de los tres jóvenes sirve de modelo para los irmos de los cánticos octavo y noveno del canon del servicio matutino.

Sobre la actividad de Daniel durante los siete años del reinado de los tres herederos de Nabucodonosor (Evil-Merodac, Neriglisor y Lavosoadac) no se conoce nada. El asesino de Lavosoardac, Nabonid cogobernó con su hijo Belsasar. En el primer año de Belsasar, Daniel tuvo una visión sobre los cuatro reinos, que se trasformó en la visión del cielo y de Dios en la imagen del "Anciano" y del "Hijo del Hombre" (o sea el Hijo de Dios que tenía que encarnarse (Dn. cap.7). Como sabemos de los Evangelios el Salvador se llamaba a sí mismo a menudo "Hijo del Hombre," haciéndole recordar a los judíos la profecía de Daniel. Durante el juicio del Sinedrión, cuando el sumo sacerdote Le preguntó a Jesucristo si Él era el prometido Mesías, el Señor indicó directamente la visión de Daniel y le recordó sobre la gloria celestial del Hijo del Hombre (Dn. cap. 7; Mt. 26:64). La parte más importante de la visión de Daniel se refiere a los tiempos precedentes al fin del mundo y al Juicio final. Pero algunos rasgos de esta profecía predicen las persecuciones de Antíoco Epífanes en el III siglo a.C. y las persecuciones a la Iglesia en los tiempos del anticristo.

La visión siguiente, anotada en el tercer año de Belsasar sobre dos monarquías bajo el aspecto de un macho cabrío y de un carnero también se refiere al fin del mundo. Estas visiones tienen caracteres comunes con visiones del Apocalipsis de San Juan el Teólogo (Dn. cap. 7-8; Ap., cap. 11-12 y 17).

Babilonia fue tomada por el rey Darío de Media, en el decimoséptimo año del reinado de Belsasar (539 a.C.). Belsasar fue asesinado durante la conquista de la ciudad, tal como le fue profetizado por una mano misteriosa que escribió sobre una pared: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN (tú eres insignificante y tu reino será dividido por Medos y Persas (Dn 5:25-31). Daniel le interpretó esta inscripción a Belsasar. Anteriormente, la caída de Babilonia fue predicha por los profetas Isaías y Jeremías (Is. caps. 13-14 y 21; Jer. cap. 50-51). En el libro del Apocalipsis Babilonia representa al reino del mal mundial (Apoc. 16-19).

En el reinado Darío de Media, Daniel era uno de los tres principales dignatarios del reino. Los cortesanos paganos calumniaron a Daniel ante el rey por envidia y con astucia lograron que Daniel fuera tirado a un pozo con leones. Pero Dios conservó su profeta intacto (Dn. cap. 6). Más tarde Daniel recibió una revelación sobre las "setenta séptimas" (70 por 7 = 490 años) en la que se señala la época de la llegada del Mesías. (Dn. cap. 9, ver la explicación de esta visión en el folleto "El Antiguo Testamento sobre el Mesías").

Daniel fue prosperando durante el reinado de Darío, y durante el reinado de Ciro, Persa. No sin su influencia Ciro dictó el decreto (536 a.C.) sobre la liberación de los hebreos del cautiverio. Según la tradición el profeta Daniel le mostró a Ciro la profecía de Isaías sobre él (Is. 44:28-45: 13). Sorprendido por esta profecía a cerca de sí mismo, el rey reconoció el poder de Jehová y le ordenó a los hebreos construir el templo de Jerusalén en Su honor (1 Esdras cap. 1). En este reinado, Daniel por segunda vez fue milagrosamente salvado de los leones tras haber matado al dragón venerado por los paganos (Dn. cap. 14). En el tercer año del reinado de Ciro en Babilonia, Daniel tuvo una revelación sobre el futuro destino del pueblo de Dios con relación a la historia de los países paganos (Dn. caps. 10-12). Las predicciones sobre las persecuciones a la fe hacen referencia tanto a las de Antíoco Epífanes como a las del anticristo.

Citamos aquí dos textos de las profecías apocalípticas de Daniel: "En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, y todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad" (Dn. 12:1-3; comparar con Mt. 13:43. Miguel: el arcángel Miguel, el Libro de la vida: el conocimiento por Dios de las obras de bien del hombre, ver Apoc. 13:8; 20:12).

"Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán" (Dn. 12:9-10).

Los tres años y medio en los que crecerán las persecuciones contra los creyentes son interpretadas por algunos como la duración del reinado del anticristo. Además, Jesucristo predicó durante tres y medio años. De todas maneras la duración de los tiempos del Apocalipsis podría tener un significado simbólico.

Sobre el siguiente destino de Daniel poco se sabe. Murió muy anciano con una edad cercana a los novena años probablemente en Suzac (Ekbatana). Su libro comprende catorce capítulos y los primeros seis constituyen una reseña histórica. En ellos se relata como la gloria de Dios se difundía durante el cautiverio tanto entre los judíos como entre los paganos. Los capítulos del siete al doce son proféticos y contienen las visiones sobre el futuro destino de los pueblos paganos entre los que vivían los judíos y sobre el destino del Reino de Dios, es decir, la Iglesia. Algunos críticos contemporáneos ponen en duda la autenticidad del libro de Daniel. Pero para nosotros, los creyentes, es suficiente testimonio de su autenticidad el hecho de que Nuestro Señor Jesucristo citó en dos ocasiones profecías contenidas en el libro de Daniel. Es sorprendente la exactitud con la que Daniel profetizó la cronología de la llegada del Mesías y del comienzo del Nuevo Testamento. Esta profecía sobre las "séptimas" es desagradable para aquellos hebreos que no reconocen a Cristo y que todavía esperan al nuevo "mesías."

Libro del profeta Ageo.

El profeta Ageo profetizaba en Judá, en los tiempos del rey persa Darío I (Gistapsa, 522-486 a.C.). En aquel tiempo muchos judíos bajo el liderazgo de Zorobabel volvieron del cautiverio babilonio a Judá. El sumo sacerdote se llamaba Josué. En el segundo año después del regreso del cautiverio de Babilonia, los judíos comenzaron a reconstruir en Jerusalén un Templo en el mismo lugar del destruido Templo de Salomón. Pero debido al desacuerdo con samaritanos y otros opositores la construcción se interrumpió por quince años hasta que el rey Darío ordenó volver a la construcción.

El pueblo era pobre pero tenía la idea de que el nuevo templo no debía ser menos magnífico que el de Salomón destruido por Nabucodonosor. Por eso, algunos trataban de convencer que el tiempo para la reconstrucción del nuevo Templo todavía no había llegado. Todo esto enfriaba el entusiasmo de los constructores. Para animar al pueblo y terminar la obra del segundo templo, Dios envió a Ageo, cuyo servicio profético duro cerca de un año.

El profeta Ageo trataba de convencer a la gente de continuar la construcción del templo: "Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no os quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová. Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa. Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos"(Ag. 1:6-10).

En el folleto "El Antiguo Testamento sobre el Mesías," se menciona, la promesa de Ageo sobre la venida del Mesías a este nuevo Templo. Esta visita de Nuestro Señor al nuevo Templo, le dará mayor gloria que la gloria del primero, que estuvo adornado con tanta riqueza (Ag. 2:5-9). El libro de Ageo consta de dos capítulos que incluyen cuatro discursos, dirigidos a encaminar la construcción del Templo.

Libro del profeta Zacarías.

El profeta Zacarías es llamado "el que vio la hoz," a causa de un rollo que vio doblado en forma de hoz (Zac. 5:1-4). Zacarías provenía de una familia sacerdotal y era hijo de Berequías y nieto de Iddo . Al servicio profético fue llamado a temprana edad y lo comenzó durante el segundo año del reinado de Darío I (520 a.C.). Fue coetáneo del profeta Ageo y también inducía al pueblo a terminar la construcción del Templo. Terminó su libro profético ya después de la consagración del Templo en el 516 a.C. El libro de Zacarías, como el del profeta Ezequiel, se destaca por la abundancia de visiones simbólicas y tiene además detalladas predicciones sobre los últimos días del Salvador, éste contiene detalles de Su vida que no se encuentran en las obras de otros profetas. Por ejemplo: la entrada del Señor a Jerusalén montado sobre un asno, la traición de que fue objeto por treinta denarios (moneda de plata), la herida de Su costilla en la cruz y la huida de los apóstoles del jardín de Getsemaní.

Con la voz de Zacarías Dios llamaba a los hebreos a la sincera piedad diciendo: "Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Zac. 1:3). "Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová" (Zac. 8:16-17).

El contenido de su libro es el siguiente: Llamado a la penitencia (1:1-6); la visión de un ángel entre los mirtos (un árbol subtropical perenne con hojas blancas y perfumadas) (1:7-17); la visión de los cuatro jinetes (1:18-21); la visión del Ángel con cuerda para medir la tierra (2); la visión del Sumo Sacerdote Josué y el Mesías (3); la visión de una lámpara de oro (4); la visión de un rollo que vuela y de una efa ephah measure for bulk granular materials(medida de capacidad, 5); la visión de los cuatro carros y el Mesías como Sumo Sacerdote (6); discursos proféticos sobre los tiempos de Nuevo Testamento (7-8); predicciones mesiánicas (9-11); sobre los dones de gracia otorgados a los creyentes (12) y la profecía sobre el Mesías y la redención de Jerusalén (13-14).

Libro del profeta Malaquías.

El profeta Malaquías (en hebreo "mensajero") era él más joven colaborador de Esdras y Nehemías y provenía de la tribu de Zabulón. Como último profeta del Antiguo Testamento es llamado "el sello de los profetas." Profetizaba 475 años antes la llegada de Jesucristo.

De su libro se ve que en su época el Templo ya había sido reconstruido y que en él se realizaban los servicios religiosos pero no siempre con la debida reverencia. Hablando en nombre de Dios el profeta acusa a los sacerdotes de poca dedicación: "El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿donde está mi honra? Y si soy Señor, ¿dónde está mi temor? Dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?" (Mal. 1:6). En los tiempos del Nuevo Testamento los sacerdotes judíos serán sustituidos por hombres reverentes hacia Dios: "Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos" (Mal. 1:11).

Más adelante, el profeta acusa a los judíos de casarse con mujeres de otros pueblos, por la incompleta entrega del diezmos, por ofrecer sacrificios de animales con defectos, por hacer ceremonias superficiales y sin sentimientos y por quejarse de una supuesta tardanza de Dios en cumplir Sus promesas acerca de la llegada del Mesías. Pero ya no los acusa de idolatría porque después de las pasadas penurias relacionadas con el cautiverio de Babilonia los judíos dejaron por completo estas supersticiones.

Malaquías predice sobre el profeta y precursor San Juan Bautista, quien deberá venir para preparar a los hombres al recibimiento de Cristo: "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores" (Mal. 3:1-2; ver Mc 1:1, Mt. 11-14 y 17:12). Su siguiente profecía es semejante a la primera, habla del precursor de Cristo y evidentemente se refiere a Su Segunda venida: "He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición" (Mal. 4:5-6, ver Ap. 11:3-6).

El contenido del libro de Malaquías es el siguiente: el aumento de la piedad en el pueblo (1:6-14), y en los sacerdotes (2:1-9); crueldad y apostasía de la ley de Dios (2:10-16); el desdén a las promesas y a las leyes de Dios (2:17; 3:6); el no pago de los diezmos (3:7-12); el Juicio de Dios (3:13-4:3) y un último llamado al arrepentimiento (4:4-6).

Todas las profecías de los profetas, a excepción de las referidas a los últimos tiempos, se cumplieron (muy frecuentemente con asombrosas precisiones). Nos resultan especialmente valiosas las predicciones sobre el Salvador del mundo, la Iglesia y la gracia de Dios que reciben los creyentes. Es consolador saber además que, en los libros de los profetas, el mal a pesar de sus temporales victorias, será totalmente destruido por Dios y que triunfará la verdad. ¡La vida y la felicidad eternas son el destino de los creyentes!

Lista de las principales profecías y temas.

Sobre Dios

Dios es Todopoderoso y la grandeza divina: Is. 6:1-4, 55:8-11, 64:1-3; Jer. 10:12, 16:21; Ez. cap. 1-2; Dn. 2:20, 7:9-11; Nah 1:3-7. La misericordia Divina: Is. 55:6, 54:10, 64:5; Lm. 3:22-28; Miq. 7:18-19. La justicia Divina: Is. 1:27-30, 30:18, 33:1-5, 59:16-19; Jer. 9:23-24; Ez. 18:20-24; Dn. 9:7. Omnisciencia Divina: Jer. 17:9-10. La santidad de Dios: Is. 6:3, 57:15; Os. 11:9. Dios es eterno: Is. 43:10.

Sobre el Reino de Dios

Sobre el Nuevo Testamento: Is. 55:3, 59:20-21; Jer.31:31-34; Dn. 9:24-27, (ver Hch. 13:34). El llamado de los paganos a la Iglesia: Is. 2:2, 11:1-10, 42:1-12, 49:6, 54:12-14, 65:1-2, (ver Gal. 4:27, 1:9 y 2:23). Sobre la renovación interior: Is. 44:3; Zac. 12;10-13:1, 14:5-9; Is. 35:1-7,55:10-11, 12:3-5; Jl 2:28-32. Unidad de corazón y espíritu nuevo: Ez. 11:19-20, 36:24-27. El Reino de Dios en la imagen de una montaña Divina: Is. 2:2-3, 11:1-10, (ver Rom. 15:12); Dn. 2:34, Joel 3:17; Abd. 17; Zac. 8:3.

Sobre las virtudes

Veneración de Dios: Mal. 4:2, 3:16-18. La fe: Hab. 2:4. La esperanza en Dios: Is. 8:9-14, caps. 25-27, 26:2-12, 30:7, 30:15, 40:29-31, 51:7-8, 51:12-14, 54:10; Jer. 9:23-24, 15:20-21, 17:7-8; Ez. 34:14-16; Miq. 7:7-19; Hab.3:17-19. El conocimiento de Dios: Is. 2:2-3, 11:1-10, 54:13; Jer. 9:23-24, 31:31-34; Os. 6:3. Modestia: Is. 57:15-16, 66:1-2; Miq. 6:8; Tendencia hacia la virtud: Is. 1:17, 33:14-16, 55:6-7; Bar. 4:4; Zac. 7:9-10, 8:16-17. La Justicia: Is. 1:27; Miq. 6:8. La Misericordia: Is. 1:17, 58:2-12; Os. 6:6.

Llamado al arrepentimiento

Discursos acusadores: Is. 1:3-6, 3:9-11, 5:20-23, 10:1-2, 19:13, 30:1, 42:18-20, 45:9-10, 57:20-21, 59:1-4, Jer. 2:13, 5:1-5, cap. 7, 8:9-11, 9:8, 15:1-2, 17:1, 17:5, 22:13-17, 44:4-6, 48:10; Miq. 7:1-6; Sof. 3:1-5; Mal. 1:6. Llamado al arrepentimiento: Is. 1:16-20, 64:6-9; Jer. 8:4-5; Ez. 18:30-32; Os. 6:1-3; Joel. 2:11-17; Zac.1:3-4; Mal. 1:9.

Sobre los últimos tiempos:

El hambre espiritual: Am. 8:11. Sobre los falsos profetas: Is. 9:15; Jer. 14:14-16, 23:15-17, 23:26-28; Ez. 13:3-16, 14:9-11; Sof. 3:4; Miq. 3:5-7. Los pastores buenos: Jer. 3:15. Pastores malos: Is.56:10-11; Jer. 10:21, 23:1-6; Ez. 34:1-6; Zac. 11:16-17. El anticristo: Is. 14:4-20, Ez. 28:13-19; Dn. 11:35-40, 12:9-13. El Juicio a los pueblos: Is. 2:10-21, 13:6-15, 24:4-23, 63:1-6, 66:15-16; Jer. 46:10, 50:31-32; Ez. 9:4-8 (Ap. 7:3), 30:2-3, 38:20-23; Dn. 7:9-12 (Ap. 4:2, 5:11, 20:12); Jl. 2:1-10, 3:2-17; Am 5:18-20; Sof. 1:14-18, 3:8-9; Nah. 1:3-7; Abd. 15; Mal. 4:5 (Ap. 11:3-6). La destrucción del mal y de los sufrimientos: Nm. 24:17; Is. 11:1-10. La alegría eterna: Is.42:1-12, 54:12-14, 60:1-5, 61:1-4. La resurrección del cuerpo (Job 19:25) y la supresión de la muerte: Is. cap. 26, 42:1-12, 61:1-4; Zac. 9:9-11; Os. 13:14. El triunfo de la verdad y justicia: Is. 9:6-7, 11:1-10, cap. 26; Jer. 23:5. La gloria de la Iglesia triunfante: Is. cap. 26-27, 52:1-2, 60:1-5, 61:10-11, 62:1-5. La renovación del mundo: Is. 4:2-6, 11:1-10, 44:22-24, 49:13-15, 52:1-9, 60:1-21, 61:10, 62:11-12, 65:17-20, 65:25, 66:22-24; Jer. 32:39-41, 33:6-9, 33:15-16; Bar. 5:9; Dn. 12:1-3; Os. 3:4-5, 13:14; Hab. 2:14; Sof. 3:9; Zac. 8:3.

Conclusión y resumen.

Ante la decadencia moral de los hombres del Antiguo Testamento y la ausencia de guías espirituales sobre los profetas recayó la difícil tarea de enseñar a los hombres la fe en Dios, alejarlos de los vicios y de llevarlos a la vida justa. Es natural que en las palabras de los profetas dominaran las acusaciones. Para despertar la conciencia de los destinatarios las acusaciones tomaban un tono muy insistente y a veces incluso áspero. Esto le da a estos libros un tinte duro y severo para los lectores contemporáneos. Según la acertada comparación del Salvador los antiguos profetas removían la tierra de los corazones endurecidos y la preparaba para recibir las semillas de la prédica de los Apóstoles (Jn. 4:37-38). Si algún predicador o escritor de nuestros tiempos usara los epítetos en relación a los hebreos que llenan los libros de los profetas sin duda sería acusado de antisemitismo.

Es verdad que los profetas hablaban también de la gloria de Israel, de su cualidad de pueblo elegido de Dios y de la derrota de los paganos. No hay que confundir éstos términos con un extremismo nacionalista. Para los profetas "Israel," "Sión," "Pueblo elegido" y otros conceptos no son conceptos nacionales sino espirituales. Ellos usaban estos nombres refiriéndose al Reino de Dios en el cual entrará gente de muchos pueblos. Sin duda los hebreos fueron llamados primeros al Reino pero los profetas previeron el alejamiento de la fe de la mayoría del pueblo hebreo y el llamado de otros pueblos al Reino (ver en la lista de profecías sobre el llamado de paganos al Reino de Dios). Nuestra Iglesia también usa en el mismo sentido espiritual en las misas los términos de Sión, Jerusalén e Israel como sinónimos de la palabra "Iglesia."

En los tiempos del Nuevo Testamento las profecías acerca del llamado de los paganos a la fe empujaban a los apóstoles a predicar sin miedo entre los paganos. Por ejemplo el Apóstol Pablo escribía: "A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo" (Ef. 3:8).

Como lideres espirituales de su pueblo los profetas a menudo eran los únicos que defendían a todos los débiles y postergados. Al hacerlo debían acusar implacablemente la corrupción de los jueces, la avidez y crueldad de los príncipes, la falta de sinceridad y el descuido de sus deberes de los sacerdotes y las mentiras de los falsos profetas. Por decir las verdades los profetas sufrían duras persecuciones. Muy pocos de ellos han muerto de causas naturales. Sin embargo el pueblo sencillo los apreciaba, los quería y seguía sus enseñanzas.

En tiempos de desastres y conmociones nacionales los profetas eran los únicos consoladores de los apenados. Ellos le hacían ver las cualidades del Dios Único: Su omnipotencia, Su omnisciencia, Su estricta justicia para los no arrepentidos y Su infinita misericordia hacia los humildes. En sus profecías le mostraban a los hombres los inescrutables caminos de los designios Divinos con los Él dirige hacia el bien los destinos de la humanidad. Los profetas asimismo gustaban hablar de la llegada de los tiempos del Nuevo Testamento , de la renovación espiritual y del triunfo definitivo de la verdad y la justicia. En esto en el foco de sus miradas se encontraba siempre el Mesías-Salvador que estaba por venir. Fundamentalmente lo que hacían los profetas era anunciar a Jesús y a Su obra (ver el folleto "El Antiguo Testamento sobre el Mesías").

Llamando a la virtud, los profetas enseñaban a los hombres a creer sinceramente en Dios y servirle sin hipocresía, a reconocer sus pecados y arrepentirse de ellos y a ser mansos, justos y misericordiosos hacia todos los necesitados.

Dios le revelaba a Sus elegidos los acontecimientos tanto del futuro cercano como lejano y no sólo de la vida de su pueblo sino también la de los pueblos vecinos y la de toda la humanidad. Sus predicciones siempre se cumplían exactamente, con lo que se demuestra que fueron elegidos e inspirados por Dios. Los profetas siempre explicaban la causa moral de los sucesos. Pues nada es azaroso (ni lo bueno ni lo malo). Todo lo bueno es enviado como premio a la virtud a la vez que los sufrimientos son enviados como castigo por los pecados ( pero no como una venganza sino como medio para enseñar y para corregir a los pecadores). Sólo desde el plano moral se puede entender porque las profecías a menudo reúnen elementos de distintas épocas. Por ej.: se une la antigua Babilonia con el reinado del mal de los últimos tiempos, las persecuciones de Antíoco Epífanes con las del anticristo, los ejércitos enemigos paganos con los enemigos de la Iglesia en su camino histórico, el juicio sobre los pueblos del Antiguo Testamento con el Juicio Final sobre el universo y la renovación espiritual de la Iglesia del nuevo Testamento con la total renovación del mundo después de la resurrección universal. Estos acontecimientos paralelos en la vida de la humanidad están espiritualmente emparentados y por eso están mencionados por los profetas en imágenes proféticas en común. Para el creyente que sabe qué visiones proféticas se cumplieron le es mas fácil entender las que todavía no. Es indudable también que el Apocalipsis de San Juan habla de los últimos sucesos del mundo usando imágenes proféticas extraídas de los libros del Antiguo Testamento.

De esta manera el conocimiento de los libros proféticos le ayuda al cristiano a entender los procesos morales y religiosos contemporáneos y a ver adonde conducen. Estos libros se deben leer con humildad y con ánimo de oración y hay que recordar que "entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:20-21).

 

Testimonios del Antiguo Testamento

acerca del M e s í a s.

 

Introducción.

El tema central de los libros Sagrados del Antiguo Testamento constituye el advenimiento del Mesías y el establecimiento del Reino de Dios entre los hombres. Hemos reunido aquí las principales profecías del Antiguo Testamento referentes al Mesías, el Salvador del mundo, con el fin de platicar acerca de su contenido y para demostrar cómo las mismas se han cumplido en la Persona de nuestro Señor Jesucristo.

A pesar de su remota antigüedad, las profecías del Antiguo Testamento no han perdido su importancia en la actualidad. Al hombre creyente le permiten comprender con más profundidad el sentido de su fe; en cuanto a un incrédulo, le sirven de prueba de la existencia de Dios y de Su participación en la vida humana. El propio hecho de que las profecías estaban en condiciones para vaticinar el futuro a centenares y hasta millares de años con tanto lujo de detalles, atestigua que por medio de ellas habló Dios. Esperamos que este folleto ayudará a comprender mejor las Escrituras de sus gloriosos antepasados y ver claramente en Él al tan esperando Rey y Salvador.

A parte de eso, como luego veremos, el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento en el caso de nuestro Señor Jesucristo, excluye la posibilidad de la venida de cualquier otro mesías. El verdadero Mesías puede ser uno solo, Quien ya ha llegado. Todos los otros pretendientes, del pasado y del futuro, para este título serán usurpadores y tramposos — "lobos en piel de oveja." El último falso mesías que llegará hacia el fin del mundo será el anticristo. Conforme con las predicciones de los antiguos profetas y apóstoles mucha gente creerá en él como un líder genial y "salvador" de la humanidad. Sin embargo, sólo traerá desgracias y destrucción al mundo.

 

Resumen de las profecías mesiánicas.

Como luego veremos, los libros del Antiguo Testamento están saturados con profecías referentes al Mesías y a Su Reino de bienaventuranza. El objetivo de las antiguas profecías consistía en preparar a los judíos, y por medio de ellos a la humanidad entera para el advenimiento del Salvador del mundo, para que cuando Éste llegara, fuera reconocible y digno de confianza. Sin embargo, la tarea de los profetas no era fácil debido a varias razones. Primeramente, el Mesías no solamente debería ser un gran hombre, sino simultáneamente Dios, o sea, Dios-Hombre. Por lo tanto, los profetas tenían que revelar la naturaleza Divina del Mesías, pero formulando sus explicaciones de tal manera que no se diera motivo para el politeísmo, cuya tendencia tenían tanto los pueblos de la antigüedad, inclusive los hebreos.

Por otro lado, los profetas tenían que advertir que la tarea del Mesías no solamente consistiría en el mejoramiento de las condiciones exteriores de vida (tales como pudieran ser: la supresión de las enfermedades, la muerte, la pobreza, la desigualdad social, los crímenes, etc.). La meta de Su llegada al mundo ante todo residiría en Su auxilio a los seres humanos para que se liberen de los males interiores — el pecado y las pasiones; y para indicarles el camino hacia Dios. En efecto, el mal físico sólo es una consecuencia del mal moral, de la corrupción pecaminosa. Tampoco la herida podrá estar curada aplicando a la misma una piel sana: ante todo tendrá que eliminarse el pus. Por consiguiente, el Mesías tuvo que comenzar Su misión de salvación del género humano desarraigando el mal del alma humana. Sin este proceder ningunos cambios de vida podrían producir felicidad al hombre.

Pero el renacimiento espiritual es imposible sin la voluntaria y activa participación del propio hombre. De ahí se desprende la dificultad de la misión del Mesías: se precisa salvar al hombre con su propia participación. Pero por cuanto al hombre se le ofrece la selección libre entre el bien y el mal, resulta que la felicidad universal es irrealizable mientras vivan conjuntamente justos y pecadores. Al fin de cuentas tendrá que ocurrir la selección de unos y otros. Sólo después de la intervención Divina en la suerte humana el juicio y la selección podrá tener lugar el comienzo de la nueva vida en la que reinará la alegría, la paz, la inmortalidad y otras bendiciones. Las profecías del Antiguo Testamento abarcan todo los aspectos de este largo complejo proceso físico-espiritual relacionado con el advenimiento del Mesías.

Naturalmente, no cualquier hombre de la época del Antiguo Testamento pudo elevarse hasta comprender con claridad la meta de la llegada del Mesías. Por eso Dios por medio de los profetas ponía de manifiesto a los hombres la personalidad del Mesías y la organización de Su Reino paso a paso para que ellos, al utilizar la experiencia de las generaciones anteriores pudieran alcanzar un nivel espiritual mas alto. El período de las profecías mesiánicas abarca muchos millones de años, partiendo de nuestros antecesores Adán y Eva y extendiéndose hasta la época próxima a la llegada del Señor Jesucristo al principio de nuestra era.

En los libros del Antiguo Testamento se pueden hallar varios centenares de profecías referentes al Mesías y a Su Reino de bienaventuranza. Están difundidos en casi todos esos libros, comenzando con el Pentateuco de Moisés y finalizando en los últimos profetas, Zacarías y Malaquías. Entre los que más escribieron sobre el Mesías están el profeta Moisés, el rey David y los profetas Isaías, Daniel y Zacarías. Aquí sólo vamos a prestar atención a las principales profecías y al mismo tiempo recalcaremos las ideas fundamentales que las mismas contienen. Presentando estas profecías principalmente en orden cronológico, veremos cómo las mismas revelaban a los hebreos cada vez nuevos datos acerca del venidero Mesías, de Su naturaleza humana y divina, acerca de Su carácter, Su modo de actuar y otras particularidades de Su vida. A veces las profecías mesiánicas incluyen símbolos y alegorías. Vamos a considerarlos al estudiar las correspondientes profecías.

Frecuentemente los profetas yuxtaponen en sus visiones dentro del cuadro, acontecimientos que distan entre sí varios siglos y hasta millones de años. El lector de los escritos proféticos debe acostumbrarse a mirar los sucesos dentro de una perspectiva de muchos siglos, la cual enseña simultáneamente el principio, la parte media y el fin de un proceso espiritual largo y complicado.

La palabra "mesías" (meshia) es hebrea y significa "ungido," o sea impregnado por el Espíritu Santo. Una vez traducida al idioma griego, se escribió "Cristo." En la antigüedad se denominaban ungidos los reyes, profetas y sumos sacerdotes, porque al consagrarlos sobre su cabeza se vertía el sagrado óleo, el símbolo de la gracia del Espíritu Santo, la cual recibían para poder realizar exitosamente su alto servicio. En calidad de nombre propio con la palabra "Mesías" los profetas se referían siempre a un determinado ser ungido, el Salvador del mundo. Vamos a aplicar los nombres de Mesías, Cristo y Salvador alternativamente siempre refiriéndonos a la misma Persona.

Las más antiguas profecías mesiánicas.

El profeta Moisés, que vivió 1500 años a.C., ha registrado en sus libros las más antiguas profecías del Salvador del mundo, las cuales se conservaron durante miles de años en las tradiciones orales del pueblo hebreo. Adán y Eva escucharon la primera profecía mesiánica en el Edén, inmediatamente después de probar el fruto prohibido. En aquella ocasión Dios dijo al diablo que tomó aspecto de una serpiente: "Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; este te aplastará la cabeza, y tu le morderás el calcañal (Gen. 3:15). Con estas palabras el Señor condenó al diablo y consoló a nuestros antepasados prometiendo que posteriormente un Descendiente de la mujer aplastará la propia "cabeza" de la serpiete-diablo que lo ha seducido. Pero al mismo tiempo el propio Descendiente sufrirá a causa de la serpiente que Le "morderá el calcañal," es decir que Le causará padecimientos físicos. En esta primera profecía es también notable la denominación del Mesías como "linaje (simiente) de la mujer," lo que subraya Su extraordinario nacimiento de la Mujer, la cual concibió al Mesías sin participación del hombre. La ausencia del padre físico se desprende de la antigua costumbre de llamar a los descendientes según el padre y no la madre. Esta profecía relacionada con el nacimiento sobrenatural del Mesías se confirma más aún por una posterior profecía de Isaías (Is. 7:14), la cual vamos a considerar más adelante. Conforme con el testimonio de los antiguos comentadores de los libros de Moisés Onkelos y Jonafan, los hebreos siempre asociaban la idea del "linaje de mujer" con el Mesías. Dicha profecía resultó cumplida por completo cuando nuestro Señor Jesucristo, después de padecer Su pasión sobre la cruz con Su cuerpo físico "aplastó" al diablo, esta "antigua serpiente," o sea, le quitó todo el poder sobre el hombre.

La segunda profecía mesiánica también figura en el libro de Génesis, y habla acerca de la bendición que se extenderá por Él sobre todos los hombres. Esta profecía fue pronunciada a Abraham, cuando éste al estar listo para sacrificar a su único hijo Isaac, demostró su excepcional fidelidad y obediencia a Dios. Luego Dios, por medio de Su Ángel prometió a Abraham: "En tu descendencia (simiente) se bendecirán todos los pueblos de la tierra, por haberme tú obedecido" (Gen. 22:1).

En el texto original de esta profecía la palabra "simiente" (descendencia) está en singular, demostrando de esta manera que se trata de un solo Descendiente y no de varios, Cuya bendición se extiende sobre todos los pueblos. Los hebreos siempre referían esta profecía al Mesías, aunque preferían interpretar la bendición como difundida entre el pueblo elegido. En su sacrificio Abraham representaba a Dios Padre, y su hijo Isaac a Dios Hijo que debía padecer sobre la cruz. Este paralelo también está presentado en el Evangelio, donde está escrito: "Tanto amó Dios al mundo, que le dio Su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn. 3:16). La trascendencia de la profecía referente a la bendición de todos los pueblos por el Descendiente de Abraham se hace evidente al recordar que Dios ha confirmado Su promesa con un juramento.

La tercera profecía acerca del Mesías la pronunció el nieto de Abraham, el patriarca Jacob, al bendecir un poco antes de morir a sus 12 hijos y vaticinando la futura suerte de sus descendientes. A Judá predijo: "No faltará de Judá el cetro, ni de entre sus hijos el báculo, hasta que venga el Consolador, y a Él darán obediencia los pueblos" (Gen. 49:10). Conforme con la versión de los Setenta, esta profecía tiene la siguiente variante: "Hasta que venga Aquel que deberá venir, y Él será la esperanza de los pueblos." El sentido de esta profecía es que los descendientes de Judá tendrán sus propios gobernadores y legisladores hasta que venga el Mesías, Quien aquí se llama Consolador. Este término pone de manifiesto un nuevo rasgo en Su carácter: Suprimirá la enemistad surgida entre Dios y los hombres debido al pecado. Nota: En estos mismos términos cantaban también los Ángeles en la natividad de Cristo: "Gloria a Dios en las alturas, y Paz en la tierra a los hombres buena voluntad" (Luc. 2:14). El patriarca Jacob vivió 2000 años a.C.

El primer conductor de la tribu de Judá fue el rey David, descendiente de Judá quien vivió 1000 años a.C. A partir de él, la tribu de Judá tuvo sus propios reyes, y luego, después del cautiverio de Babilonia, también sus dirigentes hasta la época de Herodes el Grande, quien se hizo rey de Judea en el año 47 a.C. Por su origen Herodes era un idumeo, y bajo él los gobernadores populares de la tribu de Judá perdieron por completo cualquier poder. En cuanto al Señor Jesucristo, nació en los últimos años del reinado de Herodes.

Aquí sería oportuno citar una leyenda que figura en el Medrash, una parte antigua del Talmud, donde se relata que los miembros del Sanedrín, cuando perdieron el derecho al juzgado criminal, alrededor de 40 años de la destrucción del Templo (año 30 de J. C.), se vestían de silicio, arrancaban su cabello y vociferaban: "Ay de nosotros, ay de nosotros, porque hace mucho no aparece un rey de Judá, mientras que el prometido Mesías aún no ha venido." Naturalmente, se expresaban así porque no reconocieron en Jesucristo al Consolador (Pacificador), de Quien habló el patriarca Jacob.

Se ha de observar que por cuanto ya hacía mas de dos mil años la tribu de Judá había perdido cualquier poder cívico y que sus representantes se habían mezclado con otras tribus, sería imposible aplicar esta profecía de Jacob a los nuevos candidatos de la dignidad mesiánica. La próxima profecía acerca del Mesías bajo aspecto de "la estrella que se alza" de Jacob fue pronunciada por el profeta Balam (oráculo) que vivió a 1500 a.C. siendo contemporáneo de Moisés. Los príncipes de Moab invitaron al profeta Balam para que maldiga al pueblo hebreo, el cual amenazaba con la invasión de su territorio. Esperaban que la maldición les ayudará a alcanzar la victoria sobre los israelitas. El profeta Balam, mirando desde un monte vio al pueblo israelita que se aproximaba y en su visión profética divisó al lejano Descendiente de este pueblo. En éxtasis espiritual en vez de pronunciar la maldición exclamó: "Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca. Álzase de Jacob una estrella, surge de Israel un cetro, que quebrantará las dos sienes de Moab y socavará a los hijos de Set" (la versión española dice "hijos de tumulto" N. del T; Núm. 24:17). Los nombres alegóricos del Mesías, estrella y cetro, subrayan Su importancia de dirigente. Balam predice la derrota de los príncipes de Moab y de la destrucción de la potencia del mal acampada contra el Reino del Mesías. Ahora bien, la presente profecía de Balam completa la más antigua profecía referente al hecho de "aplastar la cabeza" de la serpiente (Gen. 3:15); Él aniquilará a la "serpiente" y sus servidores.

La profecía de Balam referente a la Estrella de la tribu de Judá, puso principio a la creencia de los israelitas al igual que la de los persas, de parte de los cuales llegaron los magos evangélicos, que antes del advenimiento del Mesías aparecerá sobre el cielo una brillante estrella. Como ya sabemos, en efecto una estrella extraordinariamente brillante resplandeció en el celo un poco antes de la Natividad de Cristo.

La última profecía del Pentateuco fue dada por Dios a Moisés cuando la vida terrenal de este gran líder y legislador del pueblo judío se aproximaba a su fin. El Señor prometió a Moisés enviarle al pueblo israelita a su debido tiempo otro Profeta similar por Su importancia y poder espiritual, y que El mismo (Dios) hablará por Sus labios: "Yo les suscitaré de en medio de sus hermanos un Profeta, como tú, pondré en Su boca Mis palabras, y Él les comunicará todo cuanto Yo le mande. A quien no escuchará las palabras que Él dirá en Mi nombre, Yo le pediré cuenta" (Deut. 18:18-19).

El añadido (postdata) incorporado en la parte final del libro del Deuteronomio por los contemporáneos de Esdras a 450 a.C., atestiguan que entre los numerosos profetas, tan abundantes en la prolongada historia del pueblo hebreo, no se ha encontrado ningún profeta comparable con Moisés. Por consiguiente, el pueblo judío desde la época de Moisés esperaba encontrar en la Persona del Mesías al grandísimo Profeta y Legislador.

Resumiendo las profecías registradas por Moisés observamos que mucho antes de que se formara la nación judía, en los tiempos remotos patriarcales, los antiguos hebreos ya poseían una sustancial y valiosa información acerca de Mesías: que Éste vencerá al diablo y a sus servidores, traerá bendición para los pueblos; que será un Reconciliador y Caudillo, y que Su Reino no tendrá fin. Estos datos pasaron de los hebreos a numerosos pueblos gentiles: los hindúes, persas, chinos y finalmente, a los griegos. Se difundían bajo la forma de tradición oral y leyendas. Pero, a decir verdad, con el correr de los tiempos el concepto del Salvador del mundo palideció entre los pueblos paganos y fue desfigurado, aunque la unidad de su origen permaneció indudable.

 

Profecías del rey David.

Después de la muerte del profeta Moisés y de la ocupación de la Tierra Prometida por los hebreos, las profecías mesiánicas cesaron por mucho siglos. Una nueva serie de profecías referentes al Mesías surgió durante el reinado de David, descendiente de Abraham, Jacob y Judá, quien reinó sobre el pueblo judío a mil años a.C. En estas nuevas profecías se revela la dignidad real y divina de Cristo. El Señor promete por boca del profeta Nathan establecer por la persona de este Descendiente el Reino de la Eternidad: "Él edificará casa a Mi nombre, y Yo estableceré un trono por siempre" (2 Sam. 7:13).

Esta profecía referente al reinado eterno del Mesías tiene una serie de profecías paralelas, que merecen ser estudiadas con mas detalle. Para comprender y apreciar la importancia de ellas, se precisa conocer aunque sucintamente la vida del rey David, porque éste siendo rey ungido por Dios y profeta representaba la figura del supremo Rey y Profeta, Cristo.

David era el hijo menor de los numerosos hijos del pobre pastor Isaí. Cuando el profeta Samuel, enviado por Dios, entró en la casa de Isaí, para ungir al rey para Israel, creyó que debía ungir a uno de los hijos mayores. Pero el Señor reveló al profeta que el hijo menor David, todavía no más que un adolescente era el elegido por Él para este elevado servicio. Luego, obedeciendo a Dios, Samuel vertió sobre la cabeza del hijo menor el sagrado óleo, ungiéndolo para el reinado. Desde aquel momento David se convirtió en el Ungido de Dios, un Mesías. Pero David no comenzó a reinar efectivamente enseguida. Ante él estaba el largo camino de pruebas e injustas persecuciones de parte del rey que reinaba en aquel entonces, Saúl, quien odiaba a David.

La causa de este odio residía en la envidia, porque el joven David con ayuda de una pequeña piedra mató al gigante filisteo Goliat, invencible hasta aquel momento. Esto condujo a la victoria del ejército judío. Luego la gente decía: "Saúl venció a miles, y David a decenas de miles." Solamente la potente fe en Dios Protector ayudó a David a aguantar muchas persecuciones y numerosos peligros durante casi 15 años. A menudo, vagando por el salvaje e impenetrable desierto durante meses enteros David se desahogaba ante Dios con su tristeza causada por la tribulación, componiendo inspirados salmos. Con el tiempo estos salmos se convirtieron en una parte inseparable y el adorno primero de los divinos servicios del Antiguo Testamento y luego de los novotestamentarios.

Después de subir al trono en Jerusalén cuando falleció Saúl, el rey David resultó ser el más sobresaliente monarca que alguna vez reinara en Israel. Combinó en su persona numerosas cualidades valiosas, tales como el amor al pueblo, la justicia y, lo que es principal, la firme fe en Dios, además de la sabiduría y valentía. Antes de tratar de solucionar cualquier problema de estado, el rey David rezaba ardientemente a Dios, rogando por Su inspiración. El Señor asistía en todo a David y bendijo su reinado de 40 años con grandes éxitos en la política interior al igual que la exterior.

Pero David no pudo evitar numerosas pruebas. Su mayor aflicción fue causada por la sublevación militar encabezada por su propio hijo Absalóm, quien quería apoderarse del trono prematuramente. En este caso David experimentó toda la amargura de la negra ingratitud y la traición de muchos súbditos suyos. Pero al igual que antes, en el tiempo de Saúl, la fe y la esperanza en Dios ayudaron a David. Absalóm pereció ignominiosamente, aunque David hizo todo lo posible para salvarlo. Los otros sediciosos fueron todos indultados. Esta insensata y pérfida sublevación de sus enemigos fue representada luego por David vivamente en sus salmos mesiánicos.

Cuidando el bienestar material de su pueblo, David prestaba también suma atención a su vida espiritual. A menudo encabezaba las fiestas religiosas, presentando ofrendas por el pueblo judío y componiendo sus inspirados himnos religiosos, los salmos. Siendo rey y profeta, y hasta cierto punto sacerdote, el rey David se hizo el prototipo del grandísimo Rey, Profeta y Sumo Sacerdote, Cristo Salvador el Descendiente de David. La experiencia personal y el don poético del rey David le permitieron representar la personalidad y la hazaña del venidero Mesías con inimaginable viveza y talento en una serie de hermosísimos salmos. Asimismo en su segundo salmo David vaticina la enemistad y sublevación contra el Mesías de parte de Sus enemigos. Este salmo está escrito en forma de una plática entre tres personas: David, Dios Padre y el Hijo de Dios, ungido por el Padre para el Reino. He aquí los principales pasajes de este magnífico salmo:

— Rey David: "por qué se amotinan las gentes, y los pueblos meditaran cosas vanas? Se reúnen los reyes de la tierra y a una se confabulan los príncipes, contra el Señor y contra Su Ungido."

— Dios Padre: "Yo he ungido a Mi Rey sobre Sión, Mi monte santo."

— Hijo de Dios: "Voy a promulgar Su decreto; el Señor Me ha dicho: Tú eres Mi Hijo, hoy Te he engendrado Yo."

— Rey David: "Honrad al Hijo, para que no se enoje y perezcáis en vuestro camino" (versículos: 1-2, 6-7 y 12).

La más notable parte de este salmo es la verdad, revelada por primera vez, que el Mesías es el Hijo de Dios. El monte Sión, sobre el cual estaba situada la ciudad Jerusalén con su templo, simbolizaba el Reino de Mesías – la Iglesia.

Acerca de la divinidad del Mesías escribe algo más David en los salmos siguientes. Por ejemplo, en el salmo 44 David se dirige al venidero Mesías, diciendo: "Tu trono, oh Dios! Es por los siglos eterno, y cetro de equidad es el cetro de Tu Reino. Amaste la verdad y aborreciste la iniquidad; por eso Dios, Tu Dios, Te ha ungido con el óleo de alegría más que a Tus compañeros" (vers. 7-8).

Revelando la diferencia entre las Divinas Personas, entre Dios que unge y Dios ungido, la profecía en cuestión preparaba el fundamento para la creencia en el Dios Tri-hipostático. Salmo que habla del Dios Trino.

El salmo 40 indica la insuficiencia de los sacrificios del Antiguo Testamento para la redención (para lavar los pecados de la humanidad), y atestigua acerca de la prevista Pasión del Mesías. En este salmo el propio Mesías dice por boca de David:

"No deseas Tú (Dios Padre) el sacrificio y la ofrenda, pero Me has dado el cuerpo. No buscas el holocausto y el sacrificio expiatorio. Luego Me dije: He aquí que vengo, en el rollo de la ley (eternos designados de Dios) se escribió para Mí que haga Yo TU voluntad. Oh Dios! Yo quiero cumplir Tu voluntad, y dentro de Mi corazón está Tu ley" (Sal. 40:6-10).

Al sacrificio redentor del Mesías esta dedicado un capítulo especial. Acá sólo vamos a mencionar que conforme con el salmo 110, el Mesías no solamente es la Víctima, sino también el Sacerdote que ofrece el sacrificio de Sí mismo. En el salmo 110 se repiten las ideas fundamentales del salmo 2 referentes a la divinidad del Mesías y la enemistad levantada contra Él. Pero también se anticipa cierta nueva información, relacionada con la natividad del Mesías, Hijo de Dios, que se presenta como acontecimiento sempiterno. Cristo existe en la eternidad al igual que Su Padre.

"Dijo el Señor (Dios Padre) a Mi Señor (Mesías): Siéntate a Mi diestra, en tanto que pongo a Tus enemigos por escabel de Tus pies... es semejante al rocío Tu nacimiento de las entrañas precedido por la estrella. Ha jurado Dios y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec" (Apóstol Pablo explica que Melquisedec mencionado (Génesis 14:18) era prototipo del Hijo de Dios, Sacerdote Eterno; véase al 7 capítulo de su epístola a los Hebreos).

En el salmo citado las palabras "de las entrañas" no significan que Dios posee órganos algunos similares a los "órganos humanos, sino que el Hijo de Dios tiene la misma naturaleza que es la de Dios. La expresión "de las entrañas" debería cortar la interpretación alegórica del título de Cristo como Hijo de Dios.

El salmo 72 es un himno de alabanzas al Mesías. En el mismo podemos ver al Mesías en la plenitud de Su gloria. Esta gloria deberá tener lugar hacia el fin del tiempo, cuando el Reino Mesiánico triunfará y el mal será aniquilado. A continuación presentamos varios versículos pertenecientes a este salmo.

"Prostraránse ante Él todos los reyes y Le sirvieron todos los pueblos, porque protegerá al desvalido que implora y al oprimido que no tiene quien le ayude... Será eterno Su nombre, durará mientras dura el sol, y Le bendecirán todas las gentes, todas las naciones Le aclamarán bienaventurado" (Sal. 72:10-17).

Acerca del Reino del Mesías se relatará detalladamente mas adelante. Pero ahora, para que el lector tenga idea cuán amplias y llenas de pormenores son las profecías referentes al Mesías contenidas en los salmos, vamos a enumerarlas conforme con el orden de su material: acerca del advenimiento del Mesías, los salmos 18,50, 68, 95-98; acerca del Reino del Mesías 2, 18, 20, 21, 45, 66, 72, 110, 132; acerca del sacerdocio del Mesías 109; acerca de la Pasión, Muerte y Resurrección del Mesías 16, 22, 31, 40, 41, 66, 69, 99. En los salmos 40, 54, y 108 se trata de Judas el traidor; de la ascensión de Cristo al cielo habla el salmo 68; Cristo como fundador de la iglesia 118; de la gloria del Mesías 8; del juicio final 97; y de la herencia del eterno reposo para los justos, el salmo 95.

Para comprender correctamente los salmos proféticos se precisa recordar que David, al igual que otros justos del Antiguo Testamento, representaban los prototipos de Cristo. Por esto es comprensible por que él se expresa en primera persona – como si se tratase de él mismo – cuando habla por ejemplo de los padecimientos (salmo 22) o de la gloria v. gr. De la resurrección (salmo 16), los cuales, lógicamente, no se refieren personalmente al rey David, sino a Cristo. Vamos a estudiar más detalladamente los salmos 16 y 22 en el proximo capitulo.

Ahora bien: las profecías mesiánicas de David, registradas en sus salmos inspirados por Dios, prepararon el fundamento para la fe en Mesías como el verdadero y único Hijo de Dios, el Rey, el Sumo Sacerdote y el Redentor de la entera humanidad. El influjo de los salmos sobre la fe de los hebreos del Antiguo Testamento fue particularmente grande debido al uso amplio de los mismos en la práctica privada y en las ceremonias religiosas de este pueblo.

Profecías de Isaías.

Como ya hemos dicho, los profetas del Antiguo Testamento tenían la ingente tarea de retener el pueblo hebreo dentro de la fe en el Dios Único y preparar el terreno para que crean en el venidero Mesías como Persona que además de la naturaleza humana tendrá también la divina. Acerca de la divinidad de Cristo los profetas tenían que hablar con los judíos en términos que excluyeran la comprensión gentil, o politeísta, de la idea. Por consiguiente, los profetas revelaban el misterio de la Divinidad del Mesías gradualmente a medida que se afirmaba en el seno del pueblo judío la fe en el Dios Único.

El rey David fue el primero que habló de la Divinidad de Cristo. Después de su reinado vino un intervalo de 250 años en las profecías, y solo el profeta Isaías, que vivió a siete siglos antes de Jesucristo continuó una nueva serie de profecía referentes al Mesías, en las cuales Su naturaleza divina se ponía de manifiesto cada vez con mayor evidencia.

Isaías es un de los más eminentes profetas del Antiguo Testamento. El libro por él escrito contiene una cantidad tan grande de profecías referentes a Cristo, que hacen llamarlo por muchos el Evangelista del Antiguo Testamento. Isaías profetizó en Jerusalén, en la época de los reyes de Judas: Oseas, Achaz, Ezechías y Manases. En la era de Isaías tuvo lugar la derrota del reino Israelita, en el año 722 a.C., por el rey asirio Sargón, quien cautivó al pueblo hebreo que habitaba en el país de Israel. Después de esa tragedia el reino israelita existió 135 años más. El profeta Isaías murió como mártir en el reinado de Manases. Su cuerpo fue cortado en dos mitades con una sierra de madera. El libro del profeta Isaías se destaca por la elegancia de su lengua hebrea y posee altas cualidades literarias, lo que no escapa ni en sus versiones extranjeras.

El profeta Isaías escribió también acerca de la naturaleza humana de Cristo, y de él aprendemos que Cristo debería nacer de una manera milagrosa de una Doncella (Virgen): "El Señor mismo os dará la señal: He aquí que la Virgen estará grávida dando a luz un Hijo Que se llamará Emmanuel" (lo que quiere decir "Dios está con nosotros" (Is. 7:14). Esta profecía fue pronunciada ante el rey Achaz con el fin de asegurarle que su casa no será exterminada por los reyes sirios e israelitas. Por el contrario, la treta de los enemigos no se cumplirá, ya que uno de los descendientes de Achaz será el prometido Mesías, que nacerá milagrosamente de una Virgen. Por cuanto al propio Achaz era un descendiente del rey David, esta profecía confirma todas las profecías anteriores de que el Mesías procederá de la casa del rey David.

En las subsiguientes profecías Isaías revela nuevos pormenores referentes al maravilloso Niño que nacerá de la Doncella. Por ejemplo, en el capítulo octavo de su libro, Isaías escribe que el pueblo de Dios no debe temer las confabulaciones de sus enemigos, porque sus ardides no se realizarán en la práctica: Que sepan los pueblos y obedezcan, porque Dios esta con nosotros (Emmanuel)." En el próximo capítulo habla de las características del Niño: "Nos ha nacido un Niño, nos ha sido dado un Hijo, que tiene sobre su hombro la soberanía, y que se llamará Maravilloso Consejero, Dios Fuerte, Padre Sempiterno, Príncipe de la paz..." (Is. 9:6-7). El nombre Emmanuel, al igual que todos los otros nombres conferidos aquí al Niño, naturalmente no son nombres propios, sino sólo indican los caracteres de Su divina naturaleza.

También predijo Isaías acerca de la predicación del Mesías en la parte septentrional de la Tierra Santa dentro de los límites pertenecientes a las tribus de Zabulón y Naftalí, llamada Galilea: "El pueblo que andaba en tinieblas vio una luz grande; sobre los que habitaban en la tierra de sombras de muerte resplandeció una brillante luz" (Is. 9:1-2). El Evangelista Mateo cita esta vacilación cuando describe la predicación de Jesucristo en esta parte de la Tierra Santa, que se destacaba por su particular ignorancia (Mat. 4:16). En las Sagradas Escrituras la luz es el símbolo del conocimiento religioso, de la verdad.

En las profecías posteriores Isaías nombra a menudo al Mesías también por otro nombre: "Retoño" o "Brote." Este nombre es simbólico confirman las profecías anteriores referentes al extraordinario y milagroso nacimiento del Mesías, el cual, precisamente, ocurrirá sin participación del hombre, a la manera de un retoño que germina sin semilla directamente de la raíz de una planta: "Y brotará una vara del tronco de Isaí [padre del rey David] y retoñará de sus raíces un vástago (brote), sobre el que reposará el Espíritu de Dios, Espíritu de inteligencia, consejo y fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Dios" (Is. 11:1). Aquí Isaías profetiza la unción de Cristo con los siete dones del Espíritu Santo, o sea, con la plenitud de la gracia del Espíritu Santo, lo que fue manifestado en la Epifanía, es decir el bautismo en el río Jordán.

En otras profecías Isaías habla de los actos de Cristo y de Sus cualidades; particularmente, de Su misericordia y mansedumbre. A continuación se presenta la profecía que cita las palabras del Dios Padre: "He aquí Mi Mancebo a Quien sostengo yo, Mi elegido a Quien se complace Mi alma. He puesto Mi espíritu sobre Él, y Él dará la ley a las naciones. No gritará, no hablará recio, no alzará Su voz...no romperá la caña cascada ni apagará la mecha humeante" (Is. 42:1-3). Estas últimas palabras hablan acerca de la gran paciencia y la benevolencia a la debilidad humana, con las cuales Cristo se referirá a los penitentes y desamparados. Una profecía similar pronunció algo mas tarde Isaías hablando de parte del propio Mesías al decir: "El Espíritu del Señor Dios descansa sobre Mí, pues Dios me ha ungido y Me ha enviado para predicar la buena nueva a los abatidos y sanar a los de quebrantado corazón, para anunciar la libertad a los cautivos y la liberación a los encarcelados" (Is. 61:1-2). Estas palabras determinaron con precisión la meta de llegada del Mesías: curar las dolencias espirituales de los hombres.

Además de las dolencias del alma, el Mesías se ocupó de sanar también las enfermedades físicas, como lo predijo Isaías: "Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, se abrirán los oídos de los sordos. Entonces saltará el cojo como un ciervo, y la lengua de los mudos cantará gozosa, porque brotará agua en le desierto y correrán arroyos por la estepa" (Is. 35:5-6). Esta profecía se cumplió cuando el Señor Jesucristo al predicar el Evangelio curaba miles de enfermos de toda clase, ciegos de nacimiento y poseídos. Por medio de Sus milagros testimonió la verdad de Su doctrina y Su unidad con Dios Padre.

Conforme con el Divino plan de salvación de los hombres, ésta se llevará a cabo en el Reino del Mesías. Este reino de bienaventuranza designado para los creyentes a veces se comparaba por los profetas con un esbelto edificio (véase el apéndice referente al Reino de Mesías). El Mesías, siendo por un lado fundador del Reino de Dios, y por otro el constructor de la verdadera fe, es denominado por el profeta PIEDRA, es decir la base sobre la cual se edifica el Reino de los Cielos. Por eso dice el Señor Dios: Yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, piedra angular , valiosa y sólidamente asentada. El que en ella se apoye no titubeará (Is. 28:16). Como ya hemos dicho Sión era el monte sobre el cuál se ubicaba Jerusalén con su templo.

Es notable que esta profecía por primera vez recalca la importancia de la FE en el Mesías: "El que en ella (FE) se apoya no titubeará (no se avergonzará)." En el salmo 118 también figura dicha Piedra: "La Piedra que rechazaron los constructores ha sido puesta por piedra angular" (Sal. 118:22-23; véase también Mat. 21:42). Es decir que no obstante, de ser rechazada esta piedra, Dios la puso como cimiento del edificio de la Iglesia.

La profecía siguiente completa las anteriores, en las cuales se habla del Mesías como conciliador y manantial de bendiciones, no solamente para judíos, sino para todos los pueblos del mundo: "Poco es para Mí ser Tú Mi Siervo para restablecer las tribus de Jacob y reconducir los salvados de Israel. Yo te hago luz de las gentes, para llevar Mi salvación hasta los confines de la tierra" (Is. 49:60).

Pero independientemente de la grandeza de la luz espiritual emanada por el Mesías, Isaías auguró que no todos los judíos divisarán esta luz debido a su embrutecimiento espiritual. El profeta escribe lo siguiente relacionado con esta circunstancia: "Oiréis y no entenderéis, veréis no conoceréis pues esta endurecido el corazón de este pueblo, tapa sus oídos, cierra sus ojos; que no vea con sus ojos ni oiga con sus oídos, ni entienda su corazón para que no se convierta y esté sanado" (Is. 6:9-10). A causa de la tendencia solo hacia del bienestar terrenal, no todos los judíos reconocieron en la Persona de Jesucristo a su Salvador prometido por los profetas. Como si tuviese previsto la desconfianza de los judíos, el rey David en uno de sus salmos les llama con las siguientes palabras: "Porque Él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo que él apacienta y el rebaño que Él guía. Si hoy oyereis de Él estas palabras: no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como el día de tentación en el desierto" (Sal. 95:7-8) Es decir: Al escuchar la predicación del Mesías, creed en su palabra. No seáis obstinados como vuestros antecesores en la época de Moisés en el desierto, quienes tentaban a Dios y murmuraban contra Él (véase Ex. 17:1-7; Meriba quiere decir reproche).

Vaticinios referentes a la Pasión y Resurrección del Mesías.

Pasión del Mesías.

Los sacrificios de purificación ocupaban la posición central en la vida religiosa del pueblo judío. Cada devoto judío ya sabía desde su niñez que el pecado sólo podría borrarse por medio de un sacrificio cruento. Todas las grandes fiestas y acontecimientos familiares se acompañaban de sacrificios. Los profetas no explicaban en que consistía el poder purificador de los sacrificios. Sin embargo, sus profecías relacionadas con la Pasión demuestran que los sacrificios del Antiguo Testamento anticipaban el gran sacrificio redentor del Mesías, el cual Él tuvo que ofrecer para la purificación de los pecados del mundo entero. De este gran sacrificio tomaban fuerzas y trascendencia las ofrendas del Antiguo Testamento. La relación íntima entre el pecado y los subsiguientes sufrimientos, al igual que entre los padecimientos voluntarios y la subsiguiente salvación del hombre, no está bien comprendida aún hasta hoy día. No vamos a tratar de explicar esta relación interior, sino sólo nos detendremos aquí sobre las propias profecías referentes a la prevista Pasión redentora del Mesías.

La más sobresaliente y detallada profecía relacionada con venideros sufrimientos del Mesías es la de Isaías que ocupa uno y medio capítulo de su libro (cap. 52-53). Esta profecía incluye tantos pormenores sobre los padecimientos de Cristo que el lector tiene la impresión de que el profeta Isaías escribía al propio pie del Gólgota, aunque sabemos con seguridad que el profeta vivió siete siglos antes de Cristo. A continuación presentamos la profecía en cuestión:

"¿Quién ha creído á nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Y subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca: no hay parecer en él, ni hermosura: verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. De la cárcel y del juicio fue quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y dispúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo á muchos, y él llevará las iniquidades de ellos. Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores."

La frase introductora de esta profecía: "¿Quién creerá lo que hemos oído?" atestigua acerca del carácter excepcional de los acontecimientos descritos, los cuales exigen un esfuerzo de voluntad de parte del lector para creerlos. En efecto, las profecías anteriores de Isaías hablan de la magnificencia y gloria del Mesías, mientras que la presente expone Su voluntaria humillación, padecimientos y muerte. El Mesías, estando completamente limpio de pecados personales y santísimo, soporta todos estos sufrimientos con el fin de purificar al género humano de sus iniquidades.

También describió vivamente la pasión de la cruz del Salvador el rey David en su salmo 22. Pero aunque en este salmo el texto se desarrolla en primera persona, naturalmente el rey David no pudo escribir de sí mismo, pues no soportó dichos padecimientos. Sólo figura como un prototipo del Mesías, refiriendo proféticamente a su propia persona lo que en realidad pertenecía a su Descendiente Cristo. Es notable que algunas palabras de este salmo fueron pronunciadas literalmente por Cristo crucificado. A continuación vamos a presentar algunas frases del salmo 22, y paralelamente los correspondientes contextos Evangélicos.

Versículo 7: "Todos los que me ven, escarnecen de mí," y Marc.15:29.

Versículo 17: "Horadaron mis manos y mis pies," Luc. 23:33.

Versículo 18: "Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes," y Mat. 27:35.

Versículo 8: "Remítese á Jehová, líbrelo; Sálvele, puesto que en él se complacía." Esta frase fue repetida literalmente por los sumos sacerdotes y escribas, Mat. 27:43.

Versículo 2: Así exclamó el Señor antes de morir: "Dios mío, clamo de día, y no oyes."

Aparte de eso, el profeta Isaías había registrado los siguientes detalles referentes a los padecimientos del Mesías, que se han cumplido literalmente (expresados en primera persona: "El Señor Jehová me dio lengua de sabios, para saber hablar en sazón palabra al cansado... Di mi cuerpo á los heridores, y mis mejillas á los que me mesaban el cabello: no escondí mi rostro de las injurias y esputos. Porque el Señor Jehová me ayudará; por tanto no me avergoncé: por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cercano está de mí el que me justifica; ¿quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? Acérquese á mí. He aquí que el Señor Jehová me ayudará; ¿quién hay que me condene? He aquí que todos ellos como ropa de vestir se envejecerán, los comerá polilla. ¿Quién hay entre vosotros que teme á Jehová, y oye la voz de su siervo? el que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y estáis cercados de centellas: andad á la luz de vuestro fuego, y á las centellas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados" (Is. 50:4-11; compárese con Mat. 26:67).

Bajo la luz de estas profecías se hace comprensible la misteriosa profecía del patriarca Jacob destinada a su hijo Judá, una parte de la cual ya hemos presentado en el capítulo 2 de este folleto. Profecía completa: "Cachorro de león Judá: De la presa subiste, hijo mío: Encorvase, echóse como león, Así como león viejo; ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, Y el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Shiloh; Y á él se congregarán los pueblos" (Gen. 49:9-11).

En esta profecía el León por su poder y majestad simboliza al Mesías, Quien deberá nacer de la tribu de Judá. La pregunta del patriarca acerca de quien pudiera levantar al dormido león habla alegóricamente de la muerte del Mesías, que se denomina por la Sagrada Escritura "El león de la tribu de Judá" (Apoc. 5:5). Acerca de la muerte del Mesías hablan también las palabras proféticas finales de lavar los vestidos en el zumo de uvas. La uva es símbolo de la sangre. Las palabras referentes a la asna y el pollino resultaron cumplidas cuando el Señor Jesucristo, antes de su Pasión en la cruz, entró (triunfalmente) a Jerusalén. En el capítulo siguiente veremos la predicción del profeta Daniel acerca del tiempo cuando tuvo que padecer el Mesías.

A estos antiguos testimonios referentes al sufrimiento del Mesías se ha de añadir la no menos determinada profecía de Zacarías, quien vivió dos siglos después de Isaías (500 a.C.). El profeta Zacarías describe en el capítulo 3 de su libro la visión del sumo sacerdote Josué, vestido del primero con el vestido ensangrentado y luego luminoso. El vestido del sumo sacerdote Josué simboliza el estado moral del pueblo: al principio pecaminoso y luego justo. En la descrita visión existen numerosos detalles referentes al misterio de la redención, pero aquí sólo vamos a citar las conclusivas palabras de Dios Padre:

"He aquí, yo traigo á mi siervo, el Pimpollo. Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos: he aquí, yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día... Y mirarán á mí, á quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito... En aquel tiempo habrá manantial abierto para la casa de David y para los moradores de Jerusalén, para el pecado y la inmundicia" (Zac. 3:3-9; 12:10; 13:1).

Hemos encontrado también el término "Retoño" en el libro de Isaías. Se refiere a Mesías de la misma manera como Su denominación "piedra angular." Es notable que conforme con la profecía la purificación de los pecados del pueblo tendrá lugar en un día. En otras palabras, un solo Sacrificio realizará la purificación de los pecados. La segunda parte de la profecía, que ocupa el capítulo 12, habla de la pasión en la cruz del Mesías, de Su traspaso por una lanza y del arrepentimiento del pueblo. Todos estos acontecimientos ocurrieron así y están descritos en el Evangelio.

No obstante, de las dificultades que tenía el hombre del Antiguo Testamento para creer en la necesidad del sufrimiento redentor del Mesías, una serie de antiguos escritores comprendieron correctamente la profecía del capítulo 53 del libro de Isaías. Vamos a citar aquí las valiosas ideas referentes a esta peculiaridad en los antiguos libros hebreos: "¿Cuál es el nombre de Mesías?" pregunta el Talmud, y contesta: "El Enfermizo, conforme con lo escrito: Este lleva nuestros pecados y padece por nosotros." En otra parte del Talmud figura: "Mesías toma sobre Sí mismo todos los padecimientos y sufrimientos de los israelitas. Si no aceptase estas torturas, ningún hombre podría soportar los castigos que siguen a la infracción de la ley." También el rabino Moche Goddarshan escribe en su interpretación de la sagrada escritura:

"El Señor, santo y bendito, entró en las siguientes condiciones con el Mesías, diciéndole: Mesías Mi Santo, los pecados de los hombres serán una carga grande para Ti: Tus ojos no verán la luz, Tus oídos escucharán terribles insultos, Tu boca probará la amargura, Tu lengua se pegará a Tu paladar... y Tu alma sucumbirá de la aflicción y de muchos suspiros. ¿Estás dispuesto a aceptarlas? Si vas a tomar para Ti mismo todos estos padecimientos, — esta bien; si no, en este mismo momento voy a exterminar a todos los pecadores. Luego contesto el Mesías: Señor del universo, acepto con alegría todos estos padecimientos, pero también bajo condición de que en Mis días resucitarás a los muertos comenzando con Adán y hasta ahora, y que no solamente salvarás a ellos, sino también a todos los que deseabas crear y no creaste todavía. Entonces el Santo y Bendito Dios contestó: Sí, estoy de acuerdo. En aquel momento el Mesías aceptó gustosamente los sufrimientos, de acuerdo con lo escrito: Estaba torturado, pero sufría voluntariamente... fue sacrificado como oveja."

Estos testimonios de los hebreos celosos y conocedores de los libros Sagrados del Antiguo Testamento son valiosos debido al hecho de que demuestran la trascendental importancia que tiene la profecía de Isaías para reforzar la fe en el poder salvador de los sufrimientos de la cruz del Mesías.

Resurrección del Mesías.

Aparte de la necesidad salvadora de la pasión del Mesías, los profetas también profetizaban Su Resurrección de entre los muertos y la subsiguiente gloria. Después de describir los padecimientos de Cristo, Isaías finaliza su relato con las siguientes palabras:

"Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo á muchos, y él llevará las iniquidades de ellos. Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores" (Is. 53:10-12).

En otras palabras, el Mesías vivirá de nuevo después de la muerte para encabezar el Reino de los rectos y estará moralmente contento por los sufrimientos soportados por Él personalmente.

La resurrección de Cristo también fue profetizada por el rey David en su salmo 16, donde habla de parte de Cristo, diciendo:

"A Jehová he puesto siempre delante de mí: Porque está á mi diestra no seré conmovido. Alegróse por tanto mi corazón, y se gozó mi gloria: También mi carne reposará segura. Porque no dejarás mi alma en el sepulcro; Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida: Hartura de alegrías hay con tu rostro; Deleites en tu diestra para siempre" (Sal. 16:8-11).

El profeta Oseas asimismo tiene mención de la resurrección al tercer día, aunque su profecía se expone en plural:

"Andaré, y tornaré á mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia madrugarán á mi. Venid y volvámonos á Jehová: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará y viviremos delante de él" (Os. 6:1-2; véase: 1 Cor. 15:4).

Además de las profecías directas referentes a la inmortalidad del Mesías, lo testifican en realidad también aquellos pasajes del A.T., en los cuales el Mesías se llama Dios. (Sal. 2, 45, 110, Is. 9:6, Jer. 23:5, Miq. 5:2, Mal. 3:1). Resulta que Dios por Su naturaleza es inmortal. De la misma manera, podemos concluir acerca de la inmortalidad del Mesías cuando leemos vaticinios referentes a Su eterno Reino (Gen. 49;10, 1Sam. 7:13, Sal 2, 132:11, Ezq. 7:13). Todos saben que el eterno Reino presupone la existencia del eterno Rey!

Por lo tanto resumiendo el contenido de este capítulo observamos que los profetas del A.T. se expresaban muy determinadamente al hablar de los padecimientos redentores, la muerte y luego la gloriosa resurrección del Mesías. El tenía por delante los salvados por Él. El origen de estas verdades, reveladas por los profetas, constituyen posteriormente la base de la fe cristiana.

 

Profecías de Daniel.

Ya hemos visto, que el patriarca Jacob ajustaba el tiempo del advenimiento del Reconciliador a la época cuando los descendientes de Judá perdieran su entera independencia política. Este lapso referente a la llegada del Mesías, precisado por Daniel en la profecía es registrado sobre 70 semanas.

El profeta Daniel escribió referente al tiempo de la llegada del Mesías al encontrarse junto con otros hebreos en la cautividad de Babilonia. Los hebreos fueron llevados a la cautividad por el rey Nabucodonosor, quien destruyó Jerusalén en el año 588 a.C. San Daniel sabía que el plazo de 70 años de la cautividad profetizado por Jeremías se aproximaba al fin. Deseando una pronta vuelta del pueblo hebreo a su propia tierra y la reconstrucción de la sagrada ciudad de Jerusalén, San Daniel comenzó a rogar frecuentemente a Dios con cálidas oraciones acerca de esto. Apareció ante el profeta el arcángel Gabriel, y le dijo que Dios escuchó sus ruegos y pronto ayudará a los hebreos a reconstruir Jerusalén. Al mismo tiempo el arcángel Gabriel le informó también acerca de la buena nueva más agradable aún, es decir que a partir de la publicación del manifesto referente a la reconstrucción de Jerusalén, corresponderá comenzar el cálculo del año del advenimiento del Mesías y de la afirmación del Nuevo Testamento. He aquí lo que dijo el arcángel al Profeta Daniel:

"Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar á Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse á edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá á la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos. Y en otra semana confirmará el pacto á muchos, y á la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y derramaráse la ya determinada sobre el pueblo asolado" (Dan 9:24-27).

En esta profecía el intervalo completo entre el edicto referente a la reedificación de Jerusalén y la afirmación del Nuevo Testamento y la segunda destrucción de esta ciudad se divide en tres períodos. Los plazos de cada período se calculan en semanas de años, o sea lapsos de 7 años. Siete es un numero simbólico sagrado que denota la plenitud, perfección. El sentido de esta profecía es el siguiente: para el pueblo hebreo y su santa ciudad están designados 70x7 o 490 años (70 semanas hasta que venga el Santo de los santos (Cristo), Quien borrará las iniquidades, traerá la sempiterna verdad y cumplirá todas las profecías. Como comienzo para dichas semanas servirá el edicto referente a la reconstrucción de Jerusalén y de su templo; y como finalización la renovada destrucción de ambos. Conforme con el orden de los acontecimientos, estas semanas se subdividen como sigue: en el transcurso de las primeras 7 semanas de tiempo (o sea 49 años) están renovadas el templo y la ciudad de Jerusalén. Luego, hacia la finalización de las subsiguientes 62 semanas (es decir, 434 años), vendrá Jesús, pero padecerá y será entregado a la muerte.

Finalmente, durante la última "semana" se afirmará el Nuevo Testamento y en la parte media de la misma cesarán los holocaustos en el templo de Jerusalén, mientras que en el santuario habrá "abominación de desolación." Entonces llegará un pueblo dirigido por su caudillo, que destruirá la santa ciudad y el Templo.

Sería interesante e instructivo el desenvolvimiento de los sucesos históricos reales que tuvieron lugar dentro del periodo de tiempo marcado por el arcángel Gabriel. El promulgamiento del edicto referente a la reedificación de Jerusalén por el rey persa Atajerjes 1 (Longimano) en el año 453 a.C. Este acontecimiento esta descrito detalladamente por Nehemias en el capítulo 2 de su libro. Precisamente a partir del momento de la publicación de este edicto se calculan las semanas de Daniel. Conforme con la estimación griega, se trataba del tercer año de la olimpiada 76, y según el cálculo romano, el año 299 de la fundación de Roma. La reedificación de las murallas de Jerusalén y del templo se prolongó por 40-50 años (siete semanas), porque algunos pueblos paganos que habitaban en la proximidad impedían de todas maneras los trabajos de reconstrucción.

De acuerdo con la profecía, el Mesías debería padecer para la purificación de los pecados humanos en el periodo entre las semanas 69 y 70. Si vamos a añadir al año de la promulgación del edicto 69 semanas, se obtendrá el año 30 de la era cristiana. Alrededor de este tiempo (entre 30 y 37 d.C) tendría que sufrir y morir el Mesías. El evangelista Lucas escribe que el Señor Jesucristo salió a predicar en el año 15 del reinado del emperador romano Tiberio. Esto coincide con el año 782 de la fundación de Roma, o sea el año 39 de d.C. Nuestro Señor Jesucristo predicó durante 3 y medio años y tuvo Su Santa Pasión entre los años 33 y 34 de nuestra era, o sea exactamente en el intervalo de tiempo indicado por Daniel. Después de la resurrección de Cristo la fe cristiana comenzó a difundirse con celeridad, de suerte que el periodo correspondiente a la semana 70 puede considerarse como el establecimiento del Nuevo Testamento entre los hombres.

Jerusalén fue destruida por segunda vez en el año 70 de nuestra era por el caudillo militar romano Tito. Durante el sitio de Jerusalén en la ciudad reinaba un caos absoluto debido a querellas entre los caudillos judíos. Debido a las mismas los servicios del templo eran muy irregulares, de modo que, finalmente, conforme con lo ordenado por el arcángel Gabriel, se llegó a "la abominación de desolación" en el templo. Nuestro Señor Jesucristo en una de Sus pláticas recordó esta profecía y advirtió a Sus oyentes que cuando vean en el lugar sagrado dicha abominación de la desolación, tendrán que escapar cuanto antes de Jerusalén, ya que esta por llegar su fin (Mat. 24:15). Así, en efecto, procedieron los cristianos moradores de Jerusalén cuando los romanos levantaron temporalmente el sitio debido a la elección del nuevo emperador — Vespasiano. Por eso los cristianos no sufrieron ningún percance después de la vuelta del ejército romano con la subsiguiente destrucción de Jerusalén. De modo que evitaron la suerte trágica de muchos judíos que permanecieron en la ciudad. Con la destrucción de Jerusalén finalizó la profecía de Daniel de las "semanas."

Así que se observa que la coincidencia de la profecía dada con los sucesos que luego han tenido lugar fue sobresaliente, al igual que con el relato presentado por los Evangelios.

Se ha de mencionar aquí que los rabinos judíos muy a menudo prohibían a sus correligionarios calcular las semanas de Daniel. El rabino de Gemara hasta maldijo a los judíos que estimaran el año del advenimiento del Mesías: "que tengan temblor óseo los que se atreven a calcular los tiempos." La rigurosidad de esta prohibición es bien comprensible, porque las "semanas" de Daniel indican directamente el tiempo correspondiente a la actividad de Jesucristo Salvador nuestro, lo que no les gustaría reconocer a Sus incrédulos adversarios.

En el libro de Daniel también encontramos otro testimonio importante acerca del Mesías, registrado en forma de una visión, donde Mesías está retratado como Señor de la Eternidad. "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí en las nubes del cielo como un hijo de hombre que venía, y llegó hasta el Anciano de grande edad, é hiciéronle llegar delante de él. Y fuéle dado señorío, y gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corrompe" (Dan. 7:13-14).

En esta visión se trata del último destino del mundo, del fin de la existencia de las naciones de este mundo, del temible juicio de los pueblos reunidos alrededor del Anciano de días, o sea Dios Padre, y acerca del principio de los tiempos gloriosos del Reino de Mesías, Quien aquí se denomina Hijo del Hombre, lo que manifiesta Su naturaleza humana. Como sabemos del Evangelio, nuestro Señor Jesucristo a menudo se llamaba a Sí Mismo Hijo del Hombre, recordando con este nombre a los judíos la profecía de Daniel (Mat. 8:20; 9:6; 12:40; 24:30, etc.).

Las profecías de otros dos grandes profetas Jeremías y Ezequiel están presentadas en el Apéndice, donde se encuentran reunidas las profecías referentes al Reino del Mesías. Para finalizar este capítulo, solamente vamos a transcribir la profecía de Baruj, discípulo de Jeremías, en la cual escribe acerca de la llegada de Dios a la tierra: "¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! El penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres" (Bar. 3:36-38) Pero durante la cautividad de Babilonia el original hebreo del libro del profeta Baruj se ha extraviado, lo que hizo considerar la versión griega del mismo como deuterocanónica. Debido a esta causa, entre los bibliógrafos de otras confesiones la profecía de Baruj no goza de la merecida autoridad.

 

En la siguiente parte vamos a finalizar con las profecías mesiánicas, y vamos a tratar los otros profetas "menores," los cuales también esperaban el advenimiento del Mesías y acerca de los conceptos tergiversados referentes a Mesías y Jesucristo entre los antiguos hebreos. En el Apéndice vamos a presentar las profecías referentes a la Iglesia y los tiempos del Nuevo Testamento, la distinción entre la Pascua antigua y la actual, la profecía referente a la conversión del pueblo judío a Cristo. Finalmente se presentará el índice del contenido en orden cronológico.

Las Profecías de los Profetas "Menores."

Aparte de los libros de los "grandes" profetas, a los cuales pertenecen los de Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, se encuentran también entre los libros sagrados los profetas llamados "menores," debido a que son cortos, con pocos capítulos. Los que escribieron acerca del Mesías, contemporáneos a Isaías, son Oseas, Joel, Amos y Miqueas (700 a.C.), al igual que el profeta Ageo, Zacarías y Malaquias, quienes vivieron después de la cautividad de Babilonia entre los siglos 4 y 5 a.C. En la época de estos tres últimos profetas se edificaba el segundo templo del Antiguo Testamento en Jerusalén, en lugar del destruido templo de Salomón. Con el Libro de Malaquias se termina el Antiguo Testamento.

El Profeta Miqueas registró la conocida profecía acerca de Belén, la cual cita que los escribas judíos cuando el rey Herodes les preguntó donde deberá nacer Cristo "Mas tú, Beth-lehem Ephrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo" (Mic. 5:2). Aquí el profeta dice que no obstante, de que Belén es una de las mas insignificantes ciudades de Judas se digna de ser el lugar de nacimiento del Mesías, Cuya ascendencia real sube hasta la eternidad. Como se sabe, la existencia eterna es la característica esencial del Divino Ser. Por consiguiente, esta profecía testifica acerca de la eternidad, o sea consubstancialidad del Mesías con Dios Padre (Isaías llamó al Mesías: el Padre de la eternidad, el padre del siglo venidero, Is. 9:6).

Las Profecías de Zacarías y Amós se refieren a los últimos días de la vida terrenal del Mesías:

"Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén: he aquí, tu rey vendrá á ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna. Y de Ephraim destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén; y los arcos de guerra serán quebrados: y hablará paz á las gentes; y su señorío será de mar á mar, y desde el río hasta los fines de la tierra. Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he sacado tus presos del aljibe en que no hay agua" (Zac. 9:9-11).

El asno es el símbolo de la paz, mientras que el caballo es símbolo de la guerra. De acuerdo con esta profecía el Mesías tendrá que anunciar la paz a los hombres: reconciliación con Dios y el cesar de la enemistad entre ellos. La segunda parte de la profecía relacionada con la liberación de los condenados de la zanja, vaticinio acerca de la liberación de las almas de los hombres condenados del infierno a resultas de los padecimientos del Mesías.

En la profecía que sigue Zacarías profetizó que Mesías será traicionado por 30 monedas de plata. En esta profecía el discurso se dirige de parte de Dios, Quien sugiere que los jefes judíos Le designen el pago por todo lo que Él ha hecho para el pueblo, diciendo "Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron para mi salario treinta piezas de plata. Y díjome Jehová: Échalo al tesorero, hermoso precio con que me han apreciado. Y tomé las treinta piezas de plata, y échelas en la casa de Jehová al tesorero" (Zac. 11:12-13). Como ya sabemos de los Evangelios, por 30 monedas de plata Judas Iscariote traicionó a su Maestro. Sin embargo, Judas no esperaba que Cristo sería condenado a muerte. Al enterarse de esta decisión se arrepintió y tiró las monedas recibidas en el templo. Con estas treinta monedas los sacerdotes compraron de un alfarero cierto lote de tierra que fue destinada para enterrar a los forasteros, precisamente como lo profetizó Zacarías (Mat. 27:9).

El profeta Amós predijo el oscurecimiento del sol, que tuvo lugar durante la crucificaron de Cristo: "Y acaecerá en aquel día, dice el Señor Jehová, que haré que se ponga el sol al mediodía, y la tierra cubriré de tinieblas en el día claro" (Amós. 8:9). "Acontecerá que en ese día no habrá luz clara, ni oscura. Y será un día, el cual es conocido de Jehová, que ni será día ni noche; mas acontecerá que al tiempo de la tarde habrá luz. Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas; la mitad de ellas hacia la mar oriental, y la otra mitad hacia la mar occidental, en verano y en invierno" (Zac. 14:5-9).

Otras profecías referentes al Mesías en el caso de los profetas Ageo, Zacarías y Malaquias, están íntimamente relacionadas con la edificación del segundo templo de Jerusalén. Después de volver del cautiverio (de la cautividad), los judíos comenzaron a construir — sin mucho entusiasmo — el templo en lugar del destruido templo de Salomón. Todo el país yacía en ruinas, de suerte que muchos judíos primero querían reconstruir sus propias casas. Por la tanto los profetas del periodo de pos-cautividad tenían que instar al pueblo para que se dedique a la reedificación de la casa de Dios. Para alentar a los constructores, los profetas decían que no obstante, de ceder ante el anterior templo de Salomón en su aspecto exterior, el nuevo templo lo sobrepasará muchas veces debido a su importancia espiritual. La causa de la gloria del templo que estaba en construcción residía en el hecho de que la visitara el Mesías esperado por todos. A continuación vamos a presentar, una tras otra, las correspondientes profecías de Ageo, Zacarías y Malaquias, pues se complementan entre sí. Dios habla por los labios de los profetas, diciendo:

"Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí á poco aun haré yo temblar los cielos y la tierra, y la mar y la seca: Y haré temblar á todas las gentes, y vendrá el Deseado de todas las gentes; y henchiré esta casa de gloria, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Ag. 2:6-7).

"Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es Pimpollo, el cual germinará de su lugar, y edificará el templo de Jehová" (Zac. 6:12).

"He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí: y luego vendrá á su templo el Señor á quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, á quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Mal. 3:1).

Dios Padre denomina al Mesías "el Deseado por todos los pueblos," "el Mesías, conocido por los judíos según profecías anteriores, reunía todas las profecías referentes a Cristo en algo entero y completo. Malaquias fue el último profeta del "Angel" para la preparación del camino al Señor, Quien debería venir a la brevedad, se finalizará el ciclo completo de la misión de los profetas del Antiguo Testamento y comienza el periodo de la espera del advenimiento de Cristo.

Conforme con la recientemente citada profecía de Zacarías, el Mesías tendría que edificar el Templo del Señor. Aquí no se trata del templo material (el cual lógicamente, no podría cobijar todos los pueblos del mundo), sino del templo espiritual: la Iglesia de los creyentes, ya que Dios mora en el alma de los fieles como en el templo (Lev. 26:11-12).

 

 

Espera del advenimiento de Mesías.

Resumiendo aquí el contenido de las profecías del Antiguo Testamento referentes al Mesías: observamos que los judíos; teniendo tan abundante y multilateral descripción de su vida y personalidad, podían adquirir sin ningún esfuerzo la correcta fe en Él. En particular, debían saber que el Mesías tendría dos naturalezas: la humana y la divina, que será el grandísimo profeta, rey y sumo sacerdote, ungido por Dios (Padre) para esta misión, y también buen Pastor.

Las profecías atestiguaban también que la obra trascendental del Mesías será la derrota del diablo y de sus servidores, la redención del género humano, la curación de sus enfermedades espirituales y físicas y la reconciliación con Dios; que santificará a los creyentes y establecerá el Nuevo Testamento y que todos Sus beneficios espirituales abarcarán la humanidad entera.

Los profetas revelaron también numerosos acontecimientos de la vida del Mesías; por ejemplo: que Él descenderá de Abraham, por la tribu de Judá. A través de la estirpe del rey David; que nacerá en Belén de una Virgen, predicará paz a los hombres, sanará a los enfermos, será manso y compasivo, será traicionado y condenado injustamente, padecerá, será traspasado por un dardo, morirá será sepultado en un sepulcro nuevo y que durante Su crucifixión sobrevendrá la oscuridad. Acto seguido el Mesías bajará (descenderá) al infierno y rescatará de allí las almas humanas: finalmente, resucitará de los muertos. Predecían también que no todos le reconocerán como Mesías y que hasta algunos se enemistarían con Él. Aunque vanamente, el fruto de su redención será la renovación espiritual de los fieles y la efusión sobre ellos del Espíritu Santo.

Finalmente, los profetas especificaron que la época de su advenimiento coincidirá con la pérdida de la independencia de la tribu de Judá, la que ocurrirá no mas tarde que dentro de setenta semanas (490 anos) después de la promulgación del edicto de la edificación de la ciudad de Jerusalén, al igual que no mas tarde de la destrucción del templo de Jerusalén; que Él aniquilará al anticristo y vendrá de nuevo con gloria. El resultado final de su actividad será la consumación de la justicia, paz y alegría.

También acerca de la naturaleza del Mesías y la grandeza de su obra testifican los nombres que asignaban los profetas, llamándole: León, David, Retoño, Dios Fuerte, Emmanuel consejero, Príncipe del Mundo, Padre del siglo venidero, Reconciliador, Estrella, simiente de la Virgen, Profeta, Hijo de Dios, Rey, Ungido (Mesías), Redentor y Señor, Siervo de Dios, Hombre Justo, y Santo de los Santos.

Toda esta abundancia de profecías referidas a Cristo en los libros sagrados del Antiguo Testamento nos muestra la enorme importancia que le atribuían los profetas de a su misión de enseñar a los judíos a creer con propiedad en el venidero Mesías. Todo esto sumado a la esperanza que a su debido tiempo vendría un extraordinario Hombre, que redimirá a los hombres de sus tribulaciones se ha difundido de los hebreos a muchos pueblos, por eso Ageo denomina a Cristo el "Deseado por todos los pueblos." En efecto entre muchos pueblos de la antigüedad (Chinos, hindúes, Persas, Griegos y demás), ya mucho antes de la natividad de Cristo, había leyendas relacionadas con el avenimiento de Dios Hombre, algunos lo llamaban Santo, otros Salvador.

De esta manera, los profetas del antiguo testamento, poco a poco, crearon las condiciones necesarias para la exitosa propagación de la Fe novotestamentaria. En efecto, numerosos monumentos de antiguas escrituras desde el siglo II a.C. hasta el siglo II d.C, atestiguan que en el periodo citado el pueblo hebreo esperaba con intensa tensión la llegada del Mesías. De estas de escritura se destacan particularmente las siguientes: el libro de Enoch, oráculos de sibilas, versiones antiguas de Talmud, los rollos del mar muerto, apuntes de José Flavio (historiador Judío del siglo I) y otros. La lectura de estos monumentos literarios permite arribar a la conclusión de que la fe Hebrea en el Mesías aveces adquiriera fuerza sorprendente. Por ejemplo, algunos escritores de la antigüedad, llamaban al venidero Mesías Hijo del Hombre y el Hijo de Dios, agregando que Este ya existió antes de la aparición del universo, que es el Rey y Juez de los rectos quien premiará a los buenos y castigará a los malos.

 

Cumplimiento de las profecías Mesiánicas.

Hasta que punto fueron preparados espiritualmente los Judíos para la llegada del Mesías se nota en los capítulos iniciales del Evangelio según Lucas. Por ejemplo, la santísima Virgen María, la Recta Isabel, el sacerdote Zacarías, el Recto Simón, la profetisa Ana y muchos habitantes de Jerusalén, consideraban el nacimiento de Jesucristo como el cumplimiento de las mencionadas profecías referentes al advenimiento del Mesías, el perdón de los pecados, el derrumbamiento de los presuntuosos, el alzamiento de los humildes, el restablecimiento de la alianza con Dios, y el servicio al Dios de Israel con corazón puro. Después de que Cristo comenzara a predicar, los evangelios atestiguan con que facilidad, muchos hombres de corazón sensible reconocieron en su persona al prometido Mesías, lo que confirman los apóstoles Andrés, Felipe y más tarde, Nathaniel y Pedro (Jn. 1:40-44).

Jesucristo reconocía ser el Mesías y refería a Si mismo las profecías de los profetas, como por ejemplo la profecía de Isaías referente al Espíritu Santo, que tenía que descender sobre el Mesías (Is. 61:1; Luc. 4:18). También se refería el texto del mismo profeta que hablaba de la curación de los enfermos por el Mesías (Is. 35:5-7; Mat 11:5). Jesús elogió al apóstol Pedro por llamarlo Cristo, Hijo del Dios Vivo y prometió fundar la Iglesia sobre la base de su fe (Mat. 16:16). Decía a los Judíos que escudriñen las escrituras que testimonian de Él (Jn. 5:39). Decía también que es El Hijo que debe sentarse a la diestra del Padre refiriéndose al salmo 110 (Mat. 22:44). Jesucristo llamábase también la piedra rechazada por edificadores (Mat. 21:42) al referirse al salmo 118.

Antes de su Pasión, Jesucristo recordaba a sus discípulos que deberá cumplirse todo lo escrito de Él (Luc. 22:37; Is. capítulo 53). Durante el juzgado por Caifas, la pregunta era si Él era el Hijo de Dios, a lo que Jesús contestó, afirmativamente recordando la profecía de Daniel (Mat. 26:63; Dan 7:13); y esta confesión sirvió de causa formal para Su condenación a la muerte. Y después de Su resurrección de entre los muertos, Cristo reprendía a Sus apóstoles por ser "tardos de corazón para creer todo lo que vaticinaron de Él los profetas" (Luc. 24:25). En otras palabras, desde el principio de Su servicio público hasta la misma Pasión de la Cruz, Jesucristo reconocíase ser Mesías prometido por los profetas: aun después de Su gloriosa Resurrección siempre afirmaba lo mismo.

Si Cristo en presencia del pueblo evitaba llamarse directamente Mesías, solo se refería a las profecías que hablaban de Él, lo hacía por la razón de los rústicos y desfigurados conceptos que se han establecido en la masa del pueblo. Cristo asimismo evitaba al máximo el influjo de la gloria mundana y la intervención en la vida política.

Debido a la humillante dependencia de Roma, muchos judíos tenían deseo de encontrar en la persona del Mesías a un poderoso rey conquistador que les proporcionaría la independencia política, gloria y los bienes terrenales. Mientras tanto Jesús había venido para suscitar en los hombres el renacimiento espiritual. Y los bienes prometidos por Él como galardón por la virtud no eran terrenales sino celestiales. Por eso muchos judíos rechazaron a Cristo.

Aunque los apóstoles antes de la crucifixión de Cristo oscilaron (vacilaron) de su fe en Él, después de la resurrección (de Cristo) ya no tenían ni la menor duda que Él es el prometido por Dios Mesías. Después de la resurrección la fe de ellos se afirmada hasta tal punto que estaban dispuestos para entregar — y en efecto, entregaban — su vida por Cristo. Para convencer a los judíos de la veracidad de la fe cristiana, los apóstoles siempre citaban en sus epístolas las antiguas profecías mesiánicas. Por eso la palabra de ellos, no obstante, de la incredulidad y resistencia de particularmente escribas, sumos sacerdotes, tuvo mucho éxito primero entre los judíos y luego entre los paganos. Ya hacia el fin del siglo I la fe cristiana se había propagado hasta los extremos del vasto imperio Romano.

 

Conceptos tergiversados acerca del Mesías.

No obstante, de la abundancia de las profecías mesiánicas en las escrituras del Antiguo Testamento, no todos los judíos poseían de Él un concepto correcto (ortodoxo). La causa residía en el hecho de que muchos judíos no estaban en condiciones para elevarse hasta la comprensión espiritual de las profecías mesiánicas, como las referentes a la naturaleza divina del Mesías, acerca de la renovación espiritual, de la gracia de Dios que actúa en el Reino del Mesías.

El periodo entre el siglo III a.C. y el principio del siglo II d.C. fue un tiempo de intensa lucha del pueblo hebreo por su política independentista. Esta pugna fatigosa y las privaciones relacionadas con la misma contribuyeron al florecimiento de las ideas de mejores tiempos, en las que vendría el Mesías y subyugaría a los enemigos del pueblo hebreo. Imaginaban que con la entronización del Mesías comenzarían tiempos de una vida henchida de abundancia material. Debido a estas esperanzas tan estrechamente nacionalistas y utilitarias, como ya hemos mencionado, el Señor Jesucristo evitaba de llamarse en publico Mesías. Sin embargo, citaba frecuentemente las antiguas profecías que hablaban del Mesías como el caudillo espiritual y de esta manera encaminar la fe de los judíos a la senda correcta (ver: Mat. 26:54; Marc 9:21; Jn.5:39).

A los judíos que esperaban tener en la persona del Mesías un rey terrenal y quienes querían al mismo tiempo enriquecerse, los irritaba el aspecto humilde y aun a veces humillado (abatido) de Jesucristo. Su doctrina acerca de la mansedumbre y la tendencia hacia el Reino de los cielos era completamente ajena (incomprensible) para ellos.

Los judíos dirigentes durante varios años no sabían como deshacerse del indeseable Maestro-taurnaturgo. Recelaban la pérdida de su influencia sobre el pueblo ya que muchos hombres creían en Jesucristo. Por fin se presentó una cómoda ocasión cuando Judas, uno de los 12 apóstoles, ofreció a los sumos sacerdotes su colaboración para entregar a Jesús al juzgado. Sin embargo durante el juzgado los jueces no pudieron exponer contra Jesucristo una acusación que fuera suficiente para condenarlo a la muerte. Sólo recién después de contestar afirmativamente la pregunta de Caifás, si Jesús se considera Cristo (Mesías), Hijo de Dios vivo, Le acusaron de blasfemia. De acuerdo con la ley, este "pecado" se castigaba con la muerte. Pero los dirigentes judíos no tenían derecho para ejecutar su fallo, porque Judea estaba bajo el dominio de los romanos. Como ya sabemos del Evangelio, Pilato, preocupado por su propia suerte, confirmó el fallo de los judíos, del sumo sacerdote y de los miembros del sanedrín. Cristo fue crucificado a la víspera de la Pascua judía del año 33 ó 34 de nuestra era. Bajo estas circunstancias el pueblo judío, en la persona de sus dirigentes rechazó al Mesías enviado por Dios.

Mientras tanto, en la espera del Mesías conquistador y poderoso rey, antes de Jesucristo y, especialmente en los siglos 1 y 2 se creaba un terreno favorable para el surgimiento en el medio de los judíos de diversos mesías impostores. Se trataba del periodo, que según el profeta Daniel y del patriarca Jacob, deberá llegar el verdadero Mesías. En el transcurso de la historia del pueblo judío se cuenta la aparición de casi 60 falsos mesías. Eran en la mayoría diferentes aventureros, a veces cabecillas de las bandas de ladrones, a veces jefes militares o religiosos fanáticos y reformadores.

El mas sobresaliente falso mesías fue Bar-Kajba, quien encabezó una temeraria sublevación contra Roma en los años 132-135 d.C. El se denominó Estrella de Jacob (refiriéndose a Num. 24:17) y mesías libertador. Era muy dominador y subyugó por completo a los judíos de Palestina. Era dueño absoluto de la propiedad y las vidas de sus súbditos. Los judíos creían ciegamente en su misión mesiánica y estaban dispuestos a sacrificar todo con tal de que se llevaran a cabo sus sueños de los felices tiempos mesiánicos. Pero la pequeña Judea no tenía suficiente poder para medir sus fuerzas con la potente Roma. La guerra terminó con terribles destrucciones de toda la Palestina. Una parte considerable pereció en la guerra y los sobrevivientes fueron llevados a la cautividad, y se vendían en los mercados de esclavos. Pereció también el propio Bar-Kojba. (Nota: el escritor del siglo 2, Justiniano Filosofo relata acerca de las atrocidades de Bar-Kojba en el apogeo de su poder. Exigía, que los cristianos apostaten a Cristo e injurien Su nombre. A los que se negaban sometía a las más horrendas torturas y a la muerte. No tenía compasión ni de las mujeres, ni de los niños).

En el transcurso de los siguientes siglos los judíos, ya dispersos por todo el mundo, ejercían esfuerzos máximos para conservar su religión del Antiguo Testamento y su nacionalidad. En este sentido tuvieron mas suerte. Sin embargo, no aceptando a Cristo y Su doctrina, los judíos se privaron de lo más valioso: la esperanza del renacimiento espiritual.

Después de la segunda guerra mundial, algunos judíos comenzaron a sentir cierta tendencia a su verdadero Mesías, Jesucristo. En su medio surgieron misioneros activos que atraían a sus compatriotas hacia la cristiandad. El trabajo de las misiones empezó a desarrollarse exitosamente, porque ellos recurrieron a las profecías de los antiguos profetas. Las Sagradas Escrituras tienen alto respecto aún entre judíos indiferentes para con Dios. De esta manera los libros de los profetas siguen representando la palabra viva y activa de Dios.

Se presume que estos nuevos cristianos hebreos, a pesar de los siglos que pasaron, tendrán la difícil tarea de poner de manifiesto la falsedad del venidero último falso mesías — el anticristo. Este impostor, a la manera de los antiguos, prometerá bienes terrenales y felicidad. Conforme con las profecías, muchos lo creerán ciegamente, de modo que él llegará a tener un considerable éxito político, el cual, sin embargo, no será duradero. Luego perecerá al igual que los anteriores impostores.

Los cristianos no tienen necesidad de que se les compruebe que Jesucristo es el verdadero Mesías. Sin embargo, el conocimiento de las antiguas profecías es útil para todos. En un lado enriquece la fe en Cristo, y por otro, provee el medio para convertir a la fe a los incrédulos y a los individuos que dudan. Nosotros, mientras tanto, tenemos que estar agradecidos a los profetas del Antiguo Testamento por informarnos tan claramente y con tanto lujo de detalles acerca de Cristo. Gracias a ellos nuestra fe en Él esta consolidada y fundada sobre una sólida piedra, y con esta fe nos salvaremos.

Profecías referentes a las épocas novotestamentarias.

Según los profetas, la meta de la venida del Mesías al mundo consistía en el establecimiento del Reino de Dios, al cual tenía que entrar el nuevo, espiritualmente renovado Israel. Los profetas describen este Reino en forma bastante detallada. En nuestra obra tenemos por objetivo presentar las profecías relacionadas con el Mesías y demostrar como se han cumplido las mismas en el caso de Jesucristo. Pero solo vamos a detenernos en las profecías características generales y principales de este Reino.

Los profetas representaban el Reino Mesiánico como una sociedad de los hombres renovados espiritualmente. En esta sociedad aparte de los hebreos tienen que entrar también otros pueblos. Lo principal de este Reino debe ser la abundancia de los dones de gracia. Siendo Reino de Dios, es mas fuerte que cualquier otro reino terrenal, a los cuales sobrevivirá. Recibiendo su principio en la llegada del Mesías al mundo, después del juicio general de los pueblos, deberá transfigurarse en su aspecto exterior. Luego, sobre la nueva transfigurada tierra desaparecerán todas los cataclismos físicos, reinará sobre sus habitantes la bienaventuranza con la inmortalidad y la plenitud de los Divinos beneficios. Ahora vamos a considerar algunas características.

Al hablar de los tiempos mesiánicos, los profetas indicaron que se trata de la época del Nuevo Testamento (alianza) entre Dios y los hombres. Como se sabe, el Antiguo Testamento de Dios con Israel fue concertado en tiempo de Moisés al pie del monte Sinaí. En aquel entonces los hebreos aceptaron la obligación de cumplir los mandamientos escritos sobre tablas de piedra para recibir de Dios la recompensa de la tierra prometida a Abraham (la tierra de promisión). En cuanto al Nuevo Testamento, el Profeta Jeremías escribe lo siguiente:

"He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Jacob y la casa de Judá: No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, bien que fui yo un marido para ellos, dice Jehová: Mas éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y seré yo á ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno á su prójimo, ni ninguno á su hermano, diciendo: Conoce á Jehová: porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová: porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado" (Jer. 31:31-34).

El profeta Isaías llama al Nuevo Testamento sempiterno "Inclinad vuestros oídos, y venid á mí; oid, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes á David" (Is. 55:3; ver también Hech. Ap. 13:34).

La peculiaridad característica del Nuevo Testamento en comparación con el Antiguo consiste en el hecho que al mismo se atraen, aparte de los hebreos, también otros pueblos, que en conjunto forman el nuevo Israel, el Reino de gracia del Mesías. Acerca de esta llamada de los pueblos gentiles escribió el profeta Isaías, de parte de Dios Padre, como sigue:

"Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te di por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra" (Is. 49:6).

Un poco mas adelante Él expresa su alegría por esta decisión Divina: "Alégrate, oh estéril, la que no paría; levanta canción, y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto: porque más son los hijos de la dejada que los de la casada, ha dicho Jehová. Ensancha el sitio de tu cabaña, y las cortinas de tus tiendas sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y fortifica tus estacas. Porque á la mano derecha y á la mano izquierda has de crecer; y tu simiente heredará gentes, y habitarán las ciudades asoladas. No temas, que no serás avergonzada; y no te avergüences, que no serás afrentada: antes, te olvidarás de la vergüenza de tu mocedad, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria. Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre: y tu redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado" (Is. 54:1-5: ver también Gal. 4:27).

Aquí el profeta representa la Iglesia hebrea del Ant. Test. bajo aspecto de una mujer estéril. La cual luego engendrará más hijos que la primera mujer. Acerca de la llamada de los paganos para que ocupen el lugar de los judíos, separados del Reino, predice también Oseas (Os.1:9 y 2:23)

En la época del Antiguo Testamento la pertenencia al Reino se establecía por la nacionalidad. Pero en el tiempo novotestamentario, la condición imprescindible de la pertenencia al Reino de Mesías será la fe, lo que estipulaba el profeta Habacuc: "El justo por su fe vivirá" (Hab.2:4).

Contrariamente a la ley del A.T., escrita sobra las tablas de piedra, la nueva ley de Dios estará escrita sobre los propios corazones de los miembros del Nuevo Testamento. Es decir que la voluntad de Dios se convertirá en inseparable parte de su naturaleza. Este registro de la ley en los corazones del renovado Israel lo llevará a cabo el Espíritu Sto., lo que atestiguan los profetas Isaías, Zacarías y Joel. Como veremos más adelante, al hablar de la gracia del Espíritu Santo, los profetas a menudo la denominaban agua. La gracia a la manera de agua refresca, limpia y da vida al alma humana. Acerca de la renovación espiritual primero habló el profeta Isaías: "Yo derramaré aguas sobre el secadal, y ríos sobre la tierra árida: mi espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos" (Is. 44:2-3).

Y Zacarías escribe: "Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán á mí, á quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito... En aquel tiempo habrá manantial abierto para la casa de David y para los moradores de Jerusalén, para el pecado y la inmundicia" (Zac. 12:10 y 13:1).

Acá, entre otras cosas, se vaticina aquella aflicción que experimentaron los moradores de Jerusalén después de la muerte de Cristo sobre Gólgota (ver In. 19:37 y Hech. Ap. 2:18).

Acerca de la renovación espiritual escribió también profeta Ezequiel: "Yo os tomaré de las gentes, y os juntaré de todas las tierras, y os traeré á vuestro país. Y esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra" (Ezq. 36:24-27).

La siguiente profecía de Joel completa las tres anteriores: "Y será que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos verán visiones. Y aun también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová" (Jo.2:25-32).

Estas profecías comenzaron a cumplirse al cincuentécimo día después de la resurrección de Cristo (ver Hech., Ap. 2:18, comparar con Is. 44;3-5; Ez.36:25-27, Rom. 16:13). La parte final de la profecía de Joel acerca del oscurecimiento del sol se refiere a los sucesos que tendrán lugar antes del fin del mundo.

El Reino Mesiánico a veces se representa en las profecías en forma de una alta montaña. Este símbolo, tomado del sagrado monte Sión, es apropiado para el Reino mesiánico, porque este, como montaña, al aparecerse sobre la tierra, eleva los hombres a las alturas, hacia el cielo.

He aquí, lo que escribe el profeta Isaías acerca del Reino mesiánico: "Y acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová por cabeza de los montes, y será ensalzado sobre los collados, y correrán á él todas las gentes. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, á la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová" (Is. 2:2-3).

Bajo término de Jerusalén los Apóstoles no solo comprendían la capital del estado hebreo, sino también el Reino del Mesías. Por ejemplo, Isaías exclama: "Levántate, resplandece; que ha venido tu lumbre, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos: mas sobre ti nacerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las gentes á tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Alza tus ojos en derredor, y mira: todos estos se han juntado, vinieron á ti: tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas sobre el lado serán criadas. Entonces verás y resplandecerás; y se maravillará y ensanchará tu corazón, que se haya vuelto á ti la multitud de la mar, y la fortaleza de las gentes haya venido á ti. Multitud de camellos te cubrirá, dromedarios de Madián y de Epha; vendrán todos los de Seba; traerán oro é incienso, y publicarán alabanzas de Jehová" (Is. 60:1-5).

Esta representación del Reino de Mesías se repite con muchos detalles en la visión del profeta Daniel. Además del monte, él habla también de la piedra desprendida de la montaña que ha destruido al ídolo colocado en el valle; como sabemos la piedra simboliza a Mesías. He aquí la descripción de esta visión:

"Estaba mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, la cual hirió á la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y lo desmenuzó,"

A continuación Daniel explica esta visión: "Y en los días de estos reyes, levantará el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá: y no será dejado á otro pueblo este reino; el cual desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre" (Dan. 2:34 y 44).

Aquí la estatua (ídolo) denota los reinos de la tierra. No importa cuánto se esfuercen los enemigos del Mesías contra Su Reino, nunca tendrán éxito. Los reinos terrenales desaparecerán mas tarde o mas temprano, pero el Reino Mesiánico permanecerá para siempre.

A veces, como luego aclararemos, las profecías referentes al Reino del Mesías hablan acerca de las condiciones ideales de paz, alegría y bienaventuranza. En este punto el lector podrá tener las dudas siguientes: No serían estas descripciones del Reino los reflejos de un irrealizable sueño? Y si tiene derecho la propia Iglesia novotestamentaria pretender el titulo del Reino de Dios, ya que en su camino histórico se encuentran tantos desvíos del ideal trazado en las profecías?

Para poder comprender correctamente las profecías referentes al Reino Mesiánico, se precisa recordar que en las mismas a menudo se reúnen diferentes épocas separadas entre sí por muchas centurias, y hasta milenios. También el Reino de Mesías esta condicionado por lo interno: la felicidad, la inmortalidad, la bienaventuranza, la completa armonía, la paz y otros bienes y beneficios no planteados forzada o mecánicamente por Dios. Son resultados de aquella renovación espiritual voluntaria que deben atraerse los miembros de este Reino. El proceso de la renovación espiritual comienza desde el propio momento de advenimiento de Mesías, pero se termina recién en los días posteriores del mundo.

Por eso las visiones proféticas del Reino de gracia de Mesías dentro de un cuadro grandioso abarca numerosos siglos de su existencia, las épocas cercanas a los profetas y el advenimiento del Mesías, y al mismo tiempo las épocas lejanas, pertenecientes a la era de la vida nueva y el fin del mundo. Esta yuxtaposición de lo cercano y lejano dentro de un solo cuadro es muy característica para las visiones proféticas, y recordándola el lector comprenderá mejor las profecías referentes al Reino Mesiánico.

En la siguiente profecía, Isaías describe las alegres condiciones de vida en el Reino Mesiánico:

"Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y harále entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oyeren sus oídos; Si no que juzgará con justicia á los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra: y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus riñones. Morará el lobo con el cordero, y el tigre con el cabrito se acostará: el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de teta se entretendrá sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna del basilisco. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como cubren la mar las aguas. Y acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón á los pueblos, será buscada de las gentes; y su holganza será gloria" (Is. 11:1-10; Rom. 15:12).

Aquí bajo el término "tirano herido" (muerto) por el Mesías, hay que comprender al máximo profanador — el anticristo. He aquí otras dos profecías grandes que pertenecen a la misma época.

El Profeta Jeremías: "He aquí que vienen los días, dice Jehová, y despertaré á David renuevo justo, y reinará Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra... En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará seguramente, y esto es lo que la llamarán: Jehová, justicia nuestra" (Jer. 23:5 y 33:16).

El Profeta Ezequiel: "Mi siervo David será rey sobre ellos, y á todos ellos será un pastor: y andarán en mis derechos, y mis ordenanzas guardarán, y las pondrán por obra" (Ezq. 37:24).

En el caso de los profetas del Antiguo Testamento el venidero Reino del Mesías se termina con la esperanza de la superación del mal supremo, la muerte. La resurrección de los muertos y la vida eterna es la última victoria del Mesías sobre el mal. Los capítulos 25 a 27 del libro del profeta Isaías incluyen el canto laudativo de la Iglesia a Dios al triunfar sobre la muerte:

"Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad de gentes robustas. Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, amparo contra el turbión, sombra contra el calor: porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra frontispicio. Como el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los extraños; y como calor debajo de nube, harás marchitar el pimpollo de los robustos. Y Jehová de los ejércitos hará en este monte á todos los pueblos convite de engordados, convite de purificados, de gruesos tuétanos, de purificados líquidos. Y deshará en este monte la máscara de la cobertura con que están cubiertos todos los pueblos, y la cubierta que está extendida sobre todas las gentes. Destruirá á la muerte para siempre; y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros: y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra: porque Jehová lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová á quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salud. Porque la mano de Jehová reposará en este monte, y Moab será trillado debajo de él, como es trillada la paja en el muladar ... Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades. Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado… Alcanzará piedad el impío, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará á la majestad de Jehová" (Is. 25:3-10; 26:2-10).

Acerca de la victoria sobre la muerte escribía también el profeta Oseas: "De la mano del sepulcro los redimiré, librarélos de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh sepulcro; arrepentimiento será escondido de mis ojos" (Hos. 13:14).

También expresó su esperanza el antiguo recto Job en palabras siguientes: "Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo: Y después de deshecha esta mi piel, Aun he de ver en mi carne á Dios; Al cual yo tengo de ver por mí, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mis riñones se consuman dentro de mí" (Job 19:25-27).

Finalmente, vamos a presentar la siguiente profecía que se refiere al segundo advenimiento del Mesías: "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí en las nubes del cielo como un hijo de hombre que venía, y llegó hasta el Anciano de grande edad, é hiciéronle llegar delante de él. Y fuéle dado señorío, y gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corromperá" (Dan. 7:13-14; ver también Mat. 24:30).

Al resumir aquí estas profecías observamos que todas ellas hablan de los procesos espirituales: acerca de la necesidad de la fe, la absolución de los pecados, la purificación de los dones de gracia sobre los fieles, el conocimiento de Dios y de Su ley, acerca de la alianza eterna con Dios y de la victoria sobre el diablo y las fuerzas del mal. En cuanto a los beneficios exteriores, tales como la victoria sobre la muerte, la renovación del mundo, la reinstalación de la justicia y, finalmente, la eterna bienaventuranza, llegarán como recompensa de la virtud.

Si los profetas al interpretar la futura bienaventuranza empleaban los términos terrenales que expresaban la riqueza, abundancia y otros conceptos, lo hacían porque en la lengua humana no existen apropiadas palabras para describir el bienaventurado estado del mundo espiritual. Precisamente estas palabras relacionadas con los bienes materiales, comprendidas en sentido rústicamente material, sirvieron de motivo para introducir numerosas desfiguraciones en la idea del Reino Mesiánico terrenal.

Se ha de notar que no solamente los hebreos de los tiempos de Cristo comprendían erróneamente la época mesiánica en sentido de bienestar terrenal. Los sueños de esta índole siguen suscitando hasta hoy día en medio de los sectarios, como p. e. con la doctrina del reino milenario de Cristo sobre la tierra (quiliasmo). Los profetas, Jesucristo y los apóstoles predicaban la transformación del mundo físico, a continuación de la cual se llevará a cabo la realización de la completa verdad de Dios, la inmortalidad y la paradisiaca bienaventuranza. Estos beneficios, esperados por todos, tendrán lugar recién después de que el mundo material, contaminado por el pecado, se trasformara, por el divino poder, en el "nuevo cielo y la nueva tierra, donde habita la verdad." Así comenzará la nueva vida eterna.

Los que esperan heredar este transfigurado Reino del Mesías deberán caminar hacia esta vida nueva por la senda angosta de la autocorrección, como nos ha enseñado Jesucristo. No existe ningún otro camino.

Relación entre las Pascuas del Antiguo y el Nuevo Testamentos.

Indudablemente el mas importante acontecimiento en la vida del pueblo hebreo fue su éxodo de Egipto y la obtención de la Tierra de Promisión. El Señor salvó al pueblo hebreo de la inaguantable esclavitud, lo convirtió en el pueblo escogido, le entregó Su Divina ley en el monte Sinaí, concertó con el mismo Su alianza y lo admitió en la tierra prometida a sus antecesores. Estos sucesos primordiales de la vida del pueblo elegido se han conservado en el festín de la Pascua. Con esta fiesta los hebreos celebraban anualmente los innumerables beneficios que ha recibido de Dios el pueblo hebreo.

Ahora vamos a cotejar la pascua hebrea del Antiguo Testamento con el máximo acontecimiento del Nuevo Testamento. El Señor Jesucristo soportó la Pasión, murió sobre la cruz y resucitó de entre los muertos precisamente en los días de la Pascua judía. Esta coincidencia de los mayores acontecimientos, la formación del Israel del A. T. y la fundación de la Iglesia Novotestamentaria, no puede ser una casualidad. Indica que entre los sucesos de pascua de los Testamentos Antiguo y Nuevo existe una profunda relación interna, es decir que los acontecimientos principales de la vida del pueblo hebreo eran los prototipos de los sucesos novotestamentarios. Para comprender este enlazamiento espiritual vamos a comparar ambos acontecimientos.

Pascua del Antiguo Testamento

Pascua del Nuevo Testamento

Sacrificio del cordero inmaculado, con cuya sangre se salvan los primogénitos israelitas.

Sacrificio del Cordero de Dios sobre la cruz, con cuya sangre son redimidos los nuevos primogénitos, los cristianos.

Los hebreos se salvan de la esclavitud cruzando el Mar Rojo.

El bautismo libera al hombre de la esclavitud del pecado.

Alianza de Dios en el 50vo. Día después de la partida de Egipto y la obtención de la ley de Dios.

Descenso del Espíritu Santo al 50vo. Día después de la Pascua (el principio del Nuevo Testamento).

Erección de la serpiente de metal, que al mirarla salvaba a los hebreos de las picaduras de las víboras.

La cruz de Cristo, que miran los creyentes para liberarse de las astucias del diablo.

Alimentación en el desierto de los hebreos con el maná, enviado desde el cielo por Dios.

Alimentación de los fieles con el "Pan celestial," cuerpo y sangre de Cristo.

Entrada en la tierra de promisión.

Obtención del Reino de los Cielos por los fieles.

En efecto, la semejanza es sorprendente. La existencia de este paralelismo entre los sucesos del Antiguo y el Nuevo Testamentos relacionados con la Pascua fueron indicados por el propio Señor Jesucristo al igual que Sus apóstoles. De suerte que observamos que no solamente los profetas escribían acerca del Mesías, y de los tiempos novotestamentarios, sino que toda la vida religiosa del pueblo israelita en la época del A. T. tenía relación íntima con el Mesías. Este hecho nos confirma la completa unidad espiritual entre la Iglesia novotestamentaria y el Israel del A.T. Por consiguiente, todas las profecías, en las cuales se mencionan los nombres de Israel, Jerusalén, Sión, etc. tienen su completa relación en la Iglesia cristiana de gracia.

Profecías referentes a la conversión a Cristo del pueblo judío.

La mayoría de los judíos Contemporáneos de Cristo no reconocieron en Él al prometido Mesías y Lo rechazaron. Querían tener en la persona del Mesías a un poderoso rey conquistador, que les traería a ellos gloria y riquezas. Mientras tanto Cristo predicaba la voluntaria pobreza, mansedumbre, amor a los enemigos y otras virtudes inaceptables para muchos. Con el correr de los años la disposición religiosa del pueblo judío ha cambiado muy poco, de modo que los modernos judíos siguen sin reconocer a Cristo. Sin embargo, el santo apóstol Pablo profetizó con claridad que en los últimos tiempos tendrá lugar la conversión en masa de los judíos a Cristo. Este reconocimiento de Cristo y la fe en Él como Salvador para muchos coincidirá con un enfriamiento de la fe entre pueblos cristianos, acompañado por numerosas apostasías. La mencionada profecía del Ap. Pablo está contenida en la epístola a los Romanos, capítulos 10 y 11. Ambos capítulos están impregnados con indecible tristeza motivada por el endurecimiento espiritual de los judíos, sus contemporáneos.

Vamos a presentar las ideas principales del apóstol Pablo: "Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles; Y luego todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, Que quitará de Jacob la impiedad" (Rom. 11:25-26). Quien será este "Libertador" el apóstol no aclara: si será el propio Cristo, o el profeta Elías, que deberá venir antes del fin del mundo para denunciar, conforme con la tradición, la falsedad del anticristo, o alguien perteneciente al pueblo judío?

Durante los últimos 30-40 años aparecieron indicios del renacimiento de la fe en Cristo en medio de los judíos. En una serie de ciudades grandes de los E.U.A., aparecieron centros de misioneros de los judíos cristianos, donde se predica a sus hermanos de sangre la fe en el Señor Jesucristo. Sería muy interesante y útil conocer sus folletos y libros dedicados a los temas religiosos. Se nota que sus autores comprenden perfectamente bien la Sagrada Escritura y la religión hebrea del A. T. Profetizan clara y convincentemente acerca de lo predicho por los profetas del Mesías y de Su Reino. Los interesados pueden solicitar esta literatura en idioma ingles a la siguiente dirección: Veth Sar Shalom Rublisation, W. 57 Str. N. Y., New York 10023

También existen sucursales de esta organización misionera en otras ciudades grandes de los E.E.U.U. Ver Return of the Remnant, Dr. Michael Schiffman, Lederer Publication, Baltimore, Maryland, 1992 и в Messianic Jews, John Fieldsend, Marc Olive Press, Monarch Publications 1993. Y tambien publicaciones de Jews for Jesus, 60 Haight St, San Francisco, CA 94102, тел: (415) 864-2600.

Rogamos a Dios para que ayude a los hebreos a encontrar a su Salvador y que comiencen a servirle con tanto entusiasmo como Le servían sus gloriosos antepasados.

La enumeración de las profecías mesiánicas.

a) según el contenido

Los profetas escribían que el Mesías tendrá dos naturalezas: la humana (Gen.3:15, 22:18; Is. 7:14; Sal. 40:7; Dan. 7:13) y la Divina (Sal. 2, 45, 110; Is. 9:6, Jer. 23:5; Bar. 3:36-38; Miq. 5:2; Mal. 3:1); que El será un grandísimo Profeta (Deut. 18:18); Rey (Gen. 49:10, 2 Sam. 7:13; Sal. 2, 132:11; Ezq. 37:24; Dan. 7:13); sumo Sacerdote (Sal. 110; Zac. 6:12); Ungido por Dios Padre para este desempeño (Sal. 2; 45, Is. 42; 61:1-4; Dan. 9:24-27) y también El será el Buen Pastor (Ezq. 34:23-24, 37:24; Miq. 5:3).

Las profecías también testimoniaban que la misión trascendental del Mesías incluirá la derrota del diablo y de sus fuerzas: (Gen. 3:15, Núm. 24:17), la redención de los hombres de sus pecados y la curación de sus dolencias físicas y espirituales (Sal. 40, Is. 35:507; 42:1-12; 50:4, 53; 61:1-4, Zac. 3:8-9) y la reconciliación con Dios (Gen. 49:16, Jer. 23:5, 31:34, Ezq. 36:24-27, Dan. 9:24-27, Zac. 13;1); que Él santificará a los creyentes (Zac.6:12); establecerá el Nuevo Testamento en lugar del Antiguo (Is. 42:2; 55:3; 59:20-21, Dan. 9:24-27) y que el mismo será eterno (Jer. 31:31, Is. 55:3). Los profetas vaticinan también la llamada de los gentiles para el Reino del Mesías (Sal. 72:10, Is. 11:1-11, 29:6, 65;1-3) acerca de la propagación de la fe, comenzando con Jerusalén (Is. 2:2), acerca del hecho de que Sus beneficios espirituales se extenderán sobre la humanidad entera (Gen. 22:18; Sal. 132:11; Is. 11:1; 42:1-12; 54:1-5; Ezq. 34:23 y 37; 24; Am. 9:11-12; Ag. 2:6; Sof. 3:9; Zac. 9:9-11) y de la alegría espiritual de los creyentes (Is. 12:3).

Los profetas han revelado también numerosos pormenores relacionados con la llegada del Mesías, a saber: que Este descenderá de Abraham (gen. 22:18) de la tribu de Judá (Gen. 49:9), de la estirpe de David el rey (2 Sam. 7:13); que nacerá de una Virgen (Is. 7:14) en la ciudad de Belén (Miq. 5:2); difundirá la luz espiritual (Is. 9:1-2), sanará a los enfermos (Is. 35:5-6); padecerá, será traspasado, morirá, será sepultado en un nuevo sepulcro y luego resucitará (Gen. 49:9-11; Sal. 40:7-10; Is. 50:5-7; 53; Zac. 12:10, Sal. 16:9-11) y sacará del infierno las almas humanas (Zac. 9:11). Asimismo profetizaron que no todos Le reconocerán como Mesías (Is. 6:9), sino que algunos demostrarán enemistad contra Él, aunque vanamente (Num. 24:17, Deut. 18:18, Sal. 2; 95:6-8; 110:1-4; Is. 50:8-9; 65:1-3) Acerca de la mansedumbre del Mesías escribió Isaías (42:1-12).

El fruto de Su redención será la renovación espiritual de los creyentes y el derrame del Espíritu Santo sobre ellos (Is. 44:3; 59:20-21; Zac. 12:10; Joel 2;28; Ezq. 36;25) En cuanto a la necesidad de la fe (Is. 28:16 y Ab. 3:11).

Los profetas determinaron que el tiempo de Su advenimiento coincidirá con la pérdida de la independencia política por la tribu de Judá (Gen. 49:10), lo que tendrá lugar no mas tarde que dentro de "setenta semanas" de Daniel (490 años) contando a partir del edicto de la reedificación de Jerusalén (Dan. 9:24-27), o sea, no mas tarde de la destrucción del segundo templo de Israel (Ag. 2:6); Mal. 3:1). El resultado final de Su actividad será la obtención de la justicia, paz y alegría (Is. 11:1-10; Jer. 23:5).

También son dignas de mencionar las numerosas características referentes a la vida del Mesías que habían predicho los profetas, como p. e. acerca de la matanza de los niños en la zona de Belén (Jer. 31:15), o de las predicas de Jesús en Galilea (Is. 9:11); o la entrada triunfal sobre una burra a Jerusalén (Zac. 9:9); Gen. 49:11); o la traición de Judas (Sal. 41:10; 55:14; 109:5); o acerca de treinta monedas de plata y la compra del terreno de un alfarero (Zac. 11:12); de los insultos y escupidas (Is. 50:4-11), los detalles de la crucifixión (salmo 22), acerca del asunto de incluir al Mesías entre los impíos y Su sepultura en la huerta de un hombre rico (Is. 53); y acerca del arrepentimiento del pueblo (Zac. 12:10-13).

Acerca de la naturaleza y grandeza del Mesías atestiguan también los nombres que Le conferían los profetas, llamándolo: el Retoño, Dios Fuerte, Emmanuel, Consejero, Padre del futuro siglo, Reconciliador, la Estrella, Simiente de la Mujer, Profeta, Hijo de Dios, Rey, el Ungido (Mesías), Redentor, Libertador, Dios, Señor, Siervo de Dios, el Justo, Hijo del Hombre y Santo de los Santos.

Las profecías referentes al Reino del Mesías comprenden: la purificación de los pecados (Is. 59:20-21; Jer. 31:31-34; Ezq. 36; 24-27; Dan. 9:24-27; Zac. 6:12, 13:1); participación de los hombres de la santidad y del corazón puro(Jer 31:31;Ezq. 36:27; Zac. 6:12, 13:1); el concertado del Nuevo Testamento (Is. 55:3, 59:20-21; Jer. 31:31-34; Dan. 9:24; la abundancia de la Gracia (Is. 35:5; 44:1-12; 55:3; 59:20-21; Joel 2:28-32; Zac. 12:10-13); el llamado de los gentiles (Sal. 22:28; 71:10-17; Is. 2:2; 11:1-10; 42:1-12; 49:6; 54:12-14; 65:1-3; Dan. 7:13-14; Ag. 2:6-7); la propagación de la Iglesia por toda la tierra (Is. 42:1-12; 54:12-14); la firmeza y la invencible resistencia (Is. 2:2-3; Dan. 2:44; 7:13; Zac. 9:9-11); la afirmación de la alegría (Is. 42:1-12; 54:12-14; 60:1-5, 61:1-4); la aniquilación del mal y de los sufrimientos (Num. 24:17; Is. 11:1-10); la resurrección de la carne (Job. 19:25); la aniquilación de la muerte (Is. 26; 42:1-12; 61:1-4; Zac. 9:9-11; Os. 13:14); el conocimiento de Dios (Is. 2:2-3; 11:1-10; Jer. 31:31-34); el triunfo de la verdad y equidad (Sal. 72:10-17; 109:1-4; Is. 9:6-7; 11:1-10; 26; Jer. 23:5); la gloria de la triunfante Iglesia (Is. 26 y 27). Comparación del Reino del Mesías con una montaña: Sal. 2; Is. 2:2-3; 11:1-10; 26; Dan. 2:34.

b) Las profecías dispuestas según el orden cronológico

Ubicación en la escritura:

Génesis

3:15 Simiente de la Mujer aplastará la cabeza de la serpiente

22:18 Acerca de la bendición y el Descendiente de Abraham

49:10 Reconciliador de la tribu de Judas

Números

4:17 La estrella de Jacob

Deuteronomio

8:18-1 El Profeta comparable con Moisés

Job

19:25-27 Acerca del Redentor que resucitará

II Samuel

7:13 Eternidad del Reino Mesiánico

Salmos

2 El Mesías es Hijo de Dios

16 Su carne no verá corrupción

22 Padecimientos en la cruz del Mesías

30 El Mesías vino para cumplir la voluntad de Dios

45 El Mesías es Dios

72 Descripción de la gloria del Mesías

95 Acerca de la incredulidad

110 Sumo Sacerdote eterno según el orden de Melquisedec

118 Él es la piedra rechazada por los edificadores

Profeta Isaías

2:2-3 El Reino del Mesías se asemeja a una montaña

6;9-10 Incredulidad de los judíos

7:14 Natividad de la Virgen

9:1-2 Predicación del Mesías en Galilea

9:6-7 Mesías es Dios firme y Padre de la Eternidad

11:1-10 Sobre Él está el Espíritu del Señor y acerca de la Iglesia

12:3 Acerca de la alegría y la gracia

28:16 Él es la piedra angular

35:5-7 Curará diferentes enfermedades

42:1-4 Acerca de la mansedumbre del mancebo del Señor

44:3 Derrame de la gracia del Espíritu Santo

49:6 El Mesías es la luz de los Pueblos

50:4-11 Acerca de la vejación de Mesías

53 Padecimientos y resurrección del Mesías

54:1-5 Acerca del llamado de los gentiles al Reino

55:3 Acerca de la eterna alianza — Nueva Jerusalén

61:1-2 Obras de misericordia de Mesías

Profeta Joel

2:28-32 Acerca de los dones Espíritu Santo

Profeta Oseas

1:9; 2:23 Llamada de los gentiles

6:1-2 Resurrección al tercer día

13:14 Aniquilación de la muerte

Profeta Amos

8:9 Acerca de la reconstrucción del tabernáculo de David. Oscurecimiento del sol

Profeta Miqueas

5:2 Acerca del nacimiento del Mesías en Belén

Profeta Jeremías

23:5 El Mesías es el Rey justo

31:15 Matanza de los criaturas en Belén

31:31-34 Institución del Nuevo Testamento

Profeta Baruj

3:36-38 Acerca de la venida de Dios a la tierra

Profeta Ezequiel

34:23-24 El Mesías es el Pastor

36:24-27 La luz de Dios está escrita en los corazones

37:23 El Mesías es el Rey y el buen Pastor

Profeta Daniel

2:34-44 El Reino Mesiánico se asemeja a una montaña

7:13-14 Visión del Hijo del Hombre

9:24-27 Profecía acerca de "setenta semanas"

Profeta Ageo

2:6-7 El Mesías visita el Templo

Profeta Habacuc

3:11 Acerca de la fe

Profeta Zacarías

3:8-9 En un solo día se borran los pecados humanos

6:12 Mesías es el Sacerdote

9:9-11 Entrada del Mesías al Jerusalén

11:12 Acerca de las 30 monedas de plata

12:10 Acerca de la crucifixión de Mesías

13:1 Acerca del Espíritu Santo

14:5-9 Tinieblas durante la crucificaron, y acerca de la gracia

Profeta Malaquias

3:1 Pronto vendrá el Angel de Alianza

 

Antiguo Testamento en la

Iglesia del Nuevo Testamento,

por Protopresbitero Miguel Pomazansky.

Introducción.

Una gran distancia de siglos nos separa del tiempo, cuando fueron escritos los libros del A.T., sobre todo, sus primeros libros. No es fácil para nosotros de transferirnos a aquellas circunstancias y el estado del alma de las personas, inspiradas por Dios, que criaron estos libros y lo que en ellos esta representado. De esta causa nacen las deudas del hombre contemporáneo. Mas a menudo surgen estas dudas, cuando se intenta de hacer coincidir el punto de vista de la ciencia actual con la sencillez de los conceptos bíblicos sobre el mundo. Aparecen las preguntas generales: hasta donde corresponden las ideas del A.T. sobre el mundo con los puntos de vista actuales, d.C. y nos preguntamos: para que tenemos que saber el A.T., no seria suficiente para nosotros la enseñanza y las Escrituras del N.T.?

Tratándose de los enemigos del cristianismo, los ataques contra la religión comienzan por denigración del A.T. El ateísmo militante actual considera los escritos del A.T. como un material mas fácil para este fin. Los que pasaron por el periodo de dudas religiosas, y hasta la negación de la fe, sobre todo los que fueron educados por el ateísmo soviético, indican, que la base de esta propaganda se apoya sobre la critica del A.T.

Esta breve revisión de la Escrituras del A.T. no puede contestar a todas las preguntas que pueden surgir sobre el tema, pero al menos indica la dirección para guiarse y evitar malentendimientos.

 

Según el mandamiento del Salvador.

La inicial Iglesia cristiana, habitando espiritualmente en la ciudad celestial y buscando el futuro, al mismo tiempo construía la porción terrenal de su existencia, ella juntaba y conservaba los valores substanciales de la fe. En primer lugar se encontraban los memoriales escritos de la fe, los principales eran los Evangelios como Escrituras sobre la vida terrenal de Jesucristo, Hijo de Dios, y Su enseñanza. Los seguían todo lo que han escrito los Apóstoles. Luego venían los libros sagrados de los judíos, que la Iglesia guarda también como Escrituras Sagradas.

Porque son caros para la Iglesia las Escrituras del A.T.? Por la causa que ellos enseñan de creer en el Unico verdadero Dios, guardar Sus mandamientos y hablan del Salvador. Esto lo indica el Mismo Cristo: "Estudian las Escrituras ya que pensáis a través de ellas obtener la vida eterna, y ellas testifican sobre Mi" dijo Él a los escribas judíos. En la parábola del rico y el Lázaro, el Salvador pone en la boca de Abraham las palabras siguientes, referidas a los hermanos del rico: "Ellos tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen." Moisés — son los cinco primeros libros del A.T., y los profetas — 16 últimos libros. A sus discípulos el Salvador indico además de aquellos libros también el libro de los Salmos: " debe cumplirse todo lo escrito sobre Mi en la ley de Moisés, los profetas y salmos." Después de la Ultima Cena, " cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos," dice el evangelista Mateo: esto indica al canto de los salmos. Son suficientes las palabras del Salvador y Su ejemplo, para que la Iglesia con todo respeto se refiera a los libros nombrados — la ley de Moisés, los profetas y salmos, los guarde y los estudie.

Entre los libros reconocidos por los judíos como sagrados, además de la Ley y los profetas, hay dos categorías mas: una seria de libros de instrucción, donde esta nombrado solo el Salterio, y una serie de libros históricos. La Iglesia les aceptó por orden de los Apóstoles. El ap. Pablo escribe al ap. Timoteo: "desde la niñez tu has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús." Esto significa: si vas a leerlos con sabiduría, encontraras en ellos el camino para afirmarte en el cristianismo. El Apóstol se refiere a todos los libros del A.T., como se ve en sus palabras siguientes: "toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Tim 3:15-16).

La Iglesia tomó el circulo de libros sagrados judíos en la traducción griega de los 70 traductores, realizada mucho antes del Nacimiento de Cristo. Esta traducción usaban los Apóstoles y ellos sus epístolas escribían también en griego. En este circulo entraron también libros de contenido sagrado y origen judío, conocidos solo en idioma griego, porque fueron escritos después de la lista oficial, aceptada por la gran Sinagoga. La Iglesia cristiana los aceptó bajo el nombre de no canónigos. Los hebreos no usan estos libros en su vida religiosa.

Al aceptar las Escrituras del A.T., la Iglesia mostró que ella es la heredera de la apagada Iglesia Antigua: no de la parte nacional del judaísmo, sino del contenido religioso del A.T. En esta herencia una parte tiene el valor eterno, la otra se apagó y tiene valor solo como recuerdo y instrucción, como p. ej. las reglas sobre el tabernáculo, los sacrificios y la vida cotidiana judía. Por eso, la Iglesia administra la herencia del A.T. en forma completamente independiente, de acuerdo a su mas plena y alta comprensión del mundo, que la de los judíos.

 

El grado de usanza del A.T.

Aceptando plenamente el valor de los libros del A.T., la Iglesia prácticamente no tenia posibilidad de usarlos siempre y en todo en su volumen total. Esto es evidente, ya que su cantidad es grande y ellos ocupan el la Biblia cuatro veces mas lugar que el N.T. Durante 1500 anos no se sabia imprimir y se copiaba a mano lo que era una tarea muy ardua. No toda comunidad eclesiástica tenia en posesión la Biblia completa y raramente alguna familia. Como la fuente de la enseñanza de la fe y directivas para la vida cristiana el primer puesto lo ocupaba el Testamento Nuevo. Solo del Salterio se puede decir, que la Iglesia lo usaba y sigue usando continuamente en su totalidad en los servicios religiosos y en la vida espiritual de los cristianos. Y eso pasa desde los tiempos apostólicos y va a seguir hasta el fin del mundo. De los otros libros del A.T. la Iglesia se contenta con lecturas aisladas de los distintos libros. En particular, la Iglesia Rusa, que ya brillaba con plena luz durante los siglos 12 y 13, antes de la invasión tártara, no poseía la colección completa de los libros del A.T., solo poseía las traducciones de los mas importantes de ellos. Recién, al final del siglo 15, el arzobispo Genadio de Novgorod logro juntar en su cátedra a todas las traducciones eslavas del A.T., y su cátedra ere la única en esta posesión. Solo la aparición de la tipografía al final del siglo 16, nos proporciono la Biblia completa en idioma esloveno, la Biblia de Ostroge. Sinembargo el uso del A.T. quedo el mismo como en la Iglesia antigua.

 

Entiendes lo que estas leyendo?

En los Hechos Apostólicos se cuenta como el ap. Felipe vio una vez en su camino por la ruta, que el eunuco etíope de la reina de Condace leía el libro del profeta Isaias y le preguntó: Entiendes lo que lees? El contesto: Y como podré, si alguno no me enseñe? El ap. Felipe le enseño el concepto cristiano de lo leído, y hasta tal punto, que el eunuco pidió de ser bautizado en un río, que se encontraba en el camino. Nosotros también, de la misma manera debemos leer el A.T. a partir de la fe cristiana. Porque el A.T. necesita la comprensión, iluminada de la Iglesia del N.T. Para eso la Iglesia nos ofrece las explicaciones de los Santos Padres y así entendamos mejor el contenido de los libros sagrados. Hay que recordar, que el A.T. es "la sombre de los bienes futuros" y ap. Pablo nos previene, que de otra manera, el que lee puede no recibir la enseñanza debida. De los judíos él escribe: "y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo esta puesto sobre el corazón de ellos" o sea ellos no se iluminan espiritualmente. "Pero cuando se convertirán al Señor, el velo se quitara" (2 Cor. 3:15-16). En la misma forma, nosotros tenemos que leer estos libros del punto de vista cristiano, como dijo el Señor: "ellos atestiguan sobre Mi." Ellos exigen no solo la lectura, sino la investigación. En ellos están incluidas las obras preparatorias para la venida de Cristo, promesas, profecías, imágenes y signos sobre Cristo.

Siguiendo este principio están elegidas las lecturas de A.T. para los servicio en el templo. Y de ellos la Iglesia nos propone enseñanzas morales en la luz del Evangelio y que hablan p. ej., "de la vida eterna" de los justos, de la "virtud de la fe," o de la Gracia Divina. Acercándose así al A.T., se abre una enorme riqueza de instrucciones para los cristianos. Como las gotas del rocío reflejan el sol,, así estas Escrituras reflejan todo los que esta señalado para el futuro — los acontecimientos, obras y enseñanza evangélica. A ponerse el sol, las mismas gotas ya no alegran nuestra vista. Lo mismo pasa con las escrituras d A.T., sin la luz del sol del Evangelio, se tornan vetustas, como dijo de ellas el ap Pablo: (Heb. 8:13), como los nombró la Iglesia: "lo que se da por viejo y se envejece, esta próximo a desaparecer." El reino del pueblo elegido terminó, llego el reino de Cristo. "Todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado" (Luc. 16:16)

 

Porque hay que conocer al A.T.?

En los cánticos y las lecturas de la Iglesia se abren ante nosotros dos clases de acontecimientos: el A.T. como protoimagen, como sombra y el N.T., como imagen, verdad, adquisición. En los servicios Divinos son constantes las comparaciones de A. y N. Testamentos: Adan — Cristo; Eva — Madre de Dios; allí el paraíso terrenal, aquí — el paraíso celestial. A través de la mujer — el pecado, a través de la Virgen — la salvación. Comer el fruto prohibido trajo la muerte — la comunión de los Dones Santos para la vida. Allí el árbol prohibido, aquí la Cruz salvadora. Allí estaba dicho: con la muerte morirás, aquí — hoy estarás Conmigo en el paraíso. Allí la serpiente engañosa, aquí el bienvenido Gabriel. Allí fue dicho a la mujer: multiplicare en gran manera tus dolores, aquí esta dicho ante el sepulcro a las mujeres: alégrense. Las comparaciones siguen a lo largo de ambos Testamentos. La salvación del diluvio en el arca — la salvación en la Iglesia. Los tres peregrinos con Abraham — la verdad evangélica de la Santa Trinidad. El sacrificio de Isaac y la muerte en la cruz del Salvador. La escalera al cielo, que vio Jacobo en el sueno, y la madre de Dios, como escalera, para que baje el Hijo de Dios a la tierra. La venta de José por sus hermanos — la traición de Judas. La esclavitud de Egipto — la esclavitud espiritual de la humanidad al diablo. Salida de Egipto — y salvación en Cristo. El cruzado del mar — el bautismo. La zarza, que no se quemaba en el fuego — y la virginidad de la madre de Dios. El sábado — el domingo. La circuncisión — el sacramento del bautismo. La maná — y la Ultima Cena del N.T. La ley de Moisés y la ley Evangélica. Sinaí — y el Sermón de la montaña. El tabernáculo y la Iglesia de Cristo. El arca de la Alianza — y la Madre de Dios. La serpiente en el poste crusado, y el clavado de los pecados en la cruz por Cristo. El báculo florecido de Aaron y el renacimiento en Cristo. Estas comparaciones se puede continuar mas...

La comprensión en la luz del N.T., expresado en los cánticos, profundiza el sentido de los hechos del A.T. Con que fuerza separo Moisés al mar? — con el signo de la cruz: "Moisés marcando la cruz con su báculo directamente separo el mar Rojo." Quien cruzo a los judíos a través del mar Rojo? — Cristo: "el caballo y jinete en el mar Rojo.... Cristo destruyo, pero salvo a Israel." Que representa la unión de las aguas del mar luego, que paso Israel? — es la protoimagen de la pureza de la Madre de Dios: "En el mar Rojo la imagen de la Novia Nodesposada fue escrita entonces."..

Durante la 1-a y la 5-a semana de Cuaresma, nos reunimos en el templo para escuchar el Canon penitencial de san Andrés de Creta. Como una larga cadena pasan ante nosotros los ejemplos de la virtud e ejemplos de las caídas desde el principio del A, T. hasta su fin, sustituidos luego por los ejemplos de N.T. Pero solo conociendo la historia sagrada seremos mas capaces de entender plenamente el contenido del Canon y enriquesérnos con sus enseñanzas.

Es por eso que el conocimiento de la historia bíblica es necesario no solo para los adultos; enseñando el A.T. a nuestros hijos los preparamos a participar conscientemente el servicio Divino. Pero otros argumentos son todavía mas importantes. En las palabras del Salvador y en las escrituras apostólicas hay muchas citas sobre personas, hechos y textos del A.T.: de Moisés, Elias, Jonas, los testimonios de Isaias y otros.

En el A.T. están dadas las causas porque a la humanidad fue imprescindible la salvación por la llegada del Hijo de Dios.

No dejemos de lado, tampoco, la enseñanza moral directa. Como escribe el Ap. Pablo: "Y que mas digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeon, de Barac, de Sanson, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros... De los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra" (Heb. 11:32-38). Estas instrucciones aprovechamos también nosotros. La Iglesia dirige constantemente nuestro pensamiento a la imagen del los tres jóvenes en la caldera de Babilon.

Bajo la dirección de la Iglesia.

En la Iglesia todo esta en su lugar, todo tiene su significado correcto. Esto se refiere también a los escritos de A.T. Sabemos de memoria los diez mandamientos de Sinaí, pero los comprendemos mas profundamente de como los entendían los judíos, porque ellos están iluminados y profundizados para nosotros por el Sermón del Monte del Señor. En la ley se Moisés hay muchas leyes morales y ceremonias, paro entre ellos hay un tan alto llamado: "Ama a tu a Dios con todo tu corazón, y toda tu alma, y todo tu entendimiento, y ama a tu prójimo, como a ti mismo" — Solo con el Evangelio esta ley ilumino para nosotros con todo su brillo. Ya no existen ni el tabernáculo, ni el templo de Salomón, pero estudiamos su estructura, ya que muchos símbolos del N.T. están incluidos en disposiciones. Las lecturas de los profetas se ofrecen en el templo, no para conocer la historia de los pueblos vecinos de Palestina, sino porque contienen las profecías sobre Cristo y los acontecimientos evangélicos.

Pero sucedió, que en el siglo 16 una enorme rama del cristianismo se negó de seguir usando la dirección de la Tradición de la Iglesia, toda la riqueza de la Iglesia antigua y dejo para si como fuente y guía de la fe solo las Escrituras Sagradas — l Biblia en sus dos partes el A. y el N. Testamentos. Así se comportó el protestantismo. Demos le el debido: él tubo sed de la viva palabra de Dios — amó la Biblia. Pero no tomo en cuenta, que las Escrituras Sagradas son coleccionados por la Iglesia y le pertenecen en su histórica sucesión apostólica. Tampoco tomo en cuenta, que la fe de la Iglesia es iluminada por la Biblia, así como la Biblia es iluminada con la fe de la Iglesia. Ambas se necesitan y se apoyan mutuamente. Los protestantes se entregaron con toda esperanza al estudio de las Escrituras, pensando, que siguiendo esta vía, lo van a ver tan claro el camino, que no quedaran motivos para desacuerdos en la fe. La Biblia, que se compone por tres cuartas partes del A.T. se convertió es su libro de la mesa. La investigaron en sus mínimos detalles, corroboraron con los textos en hebreo antiguo, pero ellos perdieron la correlación de los valores de A. y N. Testamentos. Les pareció como dos fuentes iguales de la misma fe, que se complementan mutuamente, como dos partes iguales de ella. Como la cantidad de libros prevalece en el A.T., algunos grupos protestantes le dieron mas importancia, y así aparecieron sectas judaicas. Ellas empezaron a considerar superior la fe en el Unico Dios del A.T. y los mandamientos de Sinaí a los de la ley evangélica, del monoteísmo de la S-ta Trinidad, revelado por el N.T., los sábados son mas importantes para ellos, que los domingos.

Otros tampoco supieron distinguir el espíritu del A.T. del espíritu del Nuevo, el espíritu de la esclavitud — del espíritu de filiación, el de la ley antigua — de la libertad. Algunas partes del A.T. les hicieron abdicar de la plenitud universal de la veneración de Dios, que se practica en la Iglesia cristiana. Ellos rechazaron las formas externas de adoración espiritual, en particular destruyeron el símbolo cristiano — la cruz, y otras representaciones sagradas. Con eso son condenados por el Apóstol: "Tu que abominas de los ídolos, como cometes sacrilegio"? (Rom. 2:22).

Terceros, confundidos con la simpleza de relatos antiguos o el carácter severo, notable en las guerras, el nacionalismo judío y otros caracteres de la época precristiana, comenzaron a criticar a estos relatos, y luego a toda la Biblia entera.

De manera semejante, como no se puede alimentar solo con pan sin agua (a pesar, que el pan es alimento principal para el organismo), no se puede alimentar solo con las Escrituras Sagradas, sin el riego de la Gracia, que otorga la vida en la Iglesia. La facultades teológicas protestantes, cuya finalidad es cuidar el cristianismo y sus fuentes, con su análisis critico de los textos, al final dejaron de sentir su poder espiritual. Trataron los libros sagrados, como simples documentos antiguos con los métodos del positivismo del siglo 19. Algunos teólogos empezaron a competir entre si, inventando sus teorías del origen de tal o cual libro, en contra de la Tradición Sagrada antigua. Para explicar las previsiones de los acontecimientos futuros en los libros Sagrados, ellos sin escrúpulos, postergaban su escritura a los tiempos mas tardíos, cercanos a lo previsto. Esto llevaba a la socavación de la autoridad Bíblica y de la fe cristiana. La gente sencilla protestante ignora hasta ahora esta critica de la Biblia, pero en cuanto a los pastores de las escuelas teológicas, ellos introducen esta critica en sus comunidades. Ahora disminuyo la critica bíblica, pero el fruto de ella es la aparición de enorme cantidad de distintas sectas y la perdida de la fe dogmática el ellas. Aceptando solo la enseñanza moral del Evangelio, olvidan que ella es inseparable de la enseñanza dogmática. A menudo pasa, que las buenas intenciones tienen sus partes oscuras.

Así, la traducción de la Biblia a todos los idiomas contemporáneos fue una gran obra en la cultura cristiana. Ese trabajo, en su mayor parte, lo realizo el protestantismo. Sinembargo en las lenguas actuales se hace mas difícil sentir el respiro de la antigüedad profunda. No toda persona puede comprender la sencillez de los relatos bíblicos. No es en vano, que los hebreos severamente conservan el idioma hebreo antiguo de las escrituras, evitando la Biblia impresa para las lecturas y oraciones en las sinagogas.

La Biblia se difundió en cantidades millonarios por todo el globo terráqueo, pero no habrá bajado la veneración hacia ella en las masas humanas? Esto se refiere a la actividad interna de cada cristiano.

También llegaron nuevas circunstancias desde afuera. La Biblia se encontró con las investigaciones científicas de la geología, paleontología y arqueología. Del seno de la tierra apareció un mundo casi desconocido hasta ahora de un pasado, que se define en la ciencia actual con la edad de gran cantidad de milenios. Los enemigos de la religión se abalanzaron sobre los datos científicos como armas contra la Biblia. La están juzgando, hablando como Pilato: No oyes cuantas cosas testifican contra Ti?

En estas condiciones debemos creer en la santidad de la Biblia, su razón, su valor, su exclusiva grandeza como Libro de los libros, un verdadero libro de la humanidad. Nos pertenece guardarnos de la confusión. Los escritos de A.T. entran en contacto con las teorías de la ciencia moderna. Por eso analicemos los Escritos en su escénica. Refiriéndonos a la ciencia, la verdadera, objetiva y imparcial ciencia en sus conclusiones va a atestiguar la verdad de la Biblia. El santo padre Juan de Kronstadt nos indica: "Cuando dudas de la verdad de algún personaje o acontecimiento descrito en las Sagradas Escrituras, hay que recordarse las palabras del Apóstol, que toda "Escritura está inspirada por Dios" o sea — es la verdad y no contiene personajes o hechos imaginarios. Puede tener parábolas — y no relatos personales, donde se notan las alegorías. Toda palabra de Dios es la verdad entera, única, indivisa y si vos consideras mentira un relato cualquiera, declaración o palabra, estas pecando contra la verdad de todas las Escrituras Sagradas — ya que la verdad primordial de ellas es Dios.

 

La inspiración Divina de las Escrituras.

En los idiomas eslavo y ruso definimos, generalmente a las Escrituras con las palabras "sagradas," lo que significa, que tienen en si la Gracia que refleja la presencia del Espíritu Santo. Solo a los Evangelios los llamamos siempre 'Santos" y antes de su lectura estamos llamados a orar para escucharlos dignamente: "Que nos permita oír el Santo Evangelio rogamos al Señor Dios." Para escucharlo debemos estar parados. "Erguidos oiremos el Santo Evangelio." En cambio, cuando se leen los escritos de A.T. (paremias) y hasta Salmos, leídos como instrucciones (las cafismas) en las Matines, la Iglesia permite de estar sentados. Las palabras de ap. Pablo: "una estrella de otra estrella se diferencia en su gloria," están aplicables a los libros sagrados. Todas las Escrituras son inspiradas por Dios, pero sus temas elevan a unas sobre otras: allí — los judíos y el A.T., aquí en el N.T. — Cristo Salvador y Su enseñanza Divina.

Que es lo que constituye la inspiración Divina en las Escrituras? Los escritores sagrados se encontraban bajo la dirección, que en los momentos mas altos se trasformaba en iluminación y hasta en directa revelación Divina. "Yo declaro la revelación de Jesucristo" — leemos en los profetas y en apóstoles Pablo y Juan (en el Apocalipsis). Pero con todo eso, los escritores usan los medios comunes de conocimiento. Para los datos del pasado, ellos acuden a la Tradición trasmitida oralmente. "Con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos, no lo esconderemos de sus hijos, anunciando a la generación futura la gloria del Señor y Su fuerza."... "Hablare cosas escondidas desde tiempos antiguos, las cuales hemos oído y entendido, que nuestros padres nos las contaron, no las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas del Señor" (Sal. 44:1; 78:2-4). El ap. Lucas, que no pertenecía a los 12 discípulos de Cristo, describe los hechos evangélicos "después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen" (Luc. 1:3). Luego, los escritores sagrados usan los documentos escritos, las listas de hombres y genealogía familiares, informes gubernamentales con diferentes indicios. En los libros históricos del A.T., se encuentran citas de las fuentes usadas, como por ej., en los libros de los Reyes y Crónicas: "... lo otro sobre Ocias... esta escrito en anuales de los reyes de Israel." "Lo otro sobre Ioafam... en los anuales de los reyes de Judea." Se mencionan los documentos originales: así, el primer libro de Esdras contiene una serie de ordenes e informes, relacionados con la reconstrucción del Templo de Jerusalén.

Los escritores sagrados no poseían la omnisapiencia, que pertenece solo Dios, pero ellos eran santos "Los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro" (2 Cor. 3:7). Esta santidad de los escritores , la pureza de la mente, la inocencia del corazón, la conciencia de la altura y responsabilidad en el cumplimiento de su llamada, se manifestaban directamente en sus escritos: en la verdad de sus pensamientos y palabras, en clara diferencia de lo verdadero de lo falso. Por la inspiración de lo alto comenzaban ellos sus escritos y cumplían con esto. En momentos especiales su espirito se iluminaba con revelaciones superiores de la Gracia Divina y de la misteriosa visión del pasado, como lo veía el profeta Moisés y lo escribió en "Génesis," o la visión del futuro de los profetas y de los Apóstoles de Cristo. Era como una visión a través de la niebla: "Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido" (1 Cor. 13:12).

Dirigida la atención al pasado o al futuro, en esta videncia no hay cuenta del tiempo — los profetas ven igual "lo lejano, como lo cercano." Por eso, los evangelistas citan las palabras de Cristo, que representa a dos acontecimientos futuros: la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo, de tal manera, que ambos parecen casi confluir en una perspectiva del futuro. "No os toca a vosotros saber los tiempos o la sazones, que el Padre puso en Su sola potestad" — dijo el Señor (Hech. 1:7).

La inspiración Divina pertenece no solo a las Sagradas Escrituras, sino también a la Sagrada Tradición oral de la Iglesia. La Iglesia les reconoce iguales fuentes de la fe, porque aquella Tradición, que expresa la vos de toda la Iglesia, es también la vos del Espíritu Santo, que vive en la Iglesia. También los oficios Divinos de la religión cristiana son de inspiración Divina tal, como se canta en una oración: "A los testigos de la verdad y predicadores de la devoción, dignamente honremos en cánticos inspirados por Dios." Es particularmente inspirada por Dios la Liturgia de los Santos Misterios, llamada con el alto nombre de "la Divina Liturgia."

 

La creación del mundo.

La creación del mundo esta en el primer lugar en el libro de Génesis. Moisés "el que vio a Dios" relató brevemente sobre la creación del mundo. Su relato cabe en una pagina de la Biblia. Pero, con esto, el abarcó todo con una mirada. Una profunda sabiduría esta en esta brevedad, y que locuacidad podría abarcar la grandeza de la obra de Dios? En su escénica — esta pagina es un libro entero que precisó una enorme elevación espiritual del escritor sagrado y una iluminación superior de lo alto. No es en vano, que Moisés termina su relato de la creación como si concluiría un gran trabajo: "Este libro — son los orígenes de los cielos y la tierra cuando fueron creados, el día que Dios hizo la tierra y los cielos."

Eso era un enorme problema — relatar como apareció el mundo y todo lo que se encuentra en él. Ese problema exigía una enorme provisión de medios de expresión, un vocabulario técnico y filosófico. Pero que poseía Moisés para esa tarea? Tenia en su disposición un idioma primitivo, compuesto solo de un centenar de palabras. Esta lengua estaba casi privada de conceptos abstractos, que nos facilitan la exprecion de los pensamientos. El pensamiento antiguo se incluye en imagenes, las palabras significan lo que se percibe con la vista y oído del mundo visible. Pero Moisés usa con mucho cuidado las palabras de su tiempo, para no sumergir la idea de Dios en los conceptos puramente terrenales. El es obligado de decir: "Dios creó, Dios tomó, Dios vio, y hasta Dios caminó." Pero las primeras palabras de Génesis: "En el principio creo Dios los cielos y la tierra" y mas adelante: "el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas" ya claramente hablan de Dios Espíritu y, por consiguiente, de que las palabras humanas, usadas previamente, eran metafóricas. En el libro mas tardío de los Salmos, cuando fueron ya aceptados las expresiones metafóricas referidas al Espíritu, encontramos muchas expresiones similares y con esto mas brillantes: En los Salmos leemos sobre la faz de Dios, Sus manos, ojos, pies, hombros y vientre de Dios. "Levántate, saca Tu espada..." se dirige el salmista a Dios. San Juan el Crisóstomo en sus conversaciones sobre el libro de Génesis, a propósito de las palabras: "Y oyeron la voz de Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día," — explica:

"No pasemos, amados, sin atención lo que esta dicho en las Escrituras Divinas, deteniéndonos en las palabras, sino pensemos, que las palabras tan simples se usan por la causa de nuestra falta de fuerzas y todo se finaliza en forma correcta para nuestra salvación. Porque si tomamos las palabras en el sentido verbal y no en el sentido divino como corresponde, muchas cosas nos parecerán extrañas. El comienzo: "oyeron la voz de Dios, que se paseaba en el paraíso al aire del día, y tuvieron miedo." Que dices? Dios camina? Será posible dotar a Dios con los pies? Y no supondremos en esta expresión algo superior? No, Dios no camina! Como puede ser que Aquel que esta en todas partes y todo lo llena, Cuyo trono es el cielo, — camina en la tarde en el paraíso? Que representan entonces estas palabras? Dios quiso despertar en ellos el sentimiento de Su cercanía para inquietarlos, lo que justamente pasó: ellos lo sintieron y trataron de esconderse de Dios. Sucedió el pecado — violación, y fueron anonadados de vergüenza. El juez justo, o sea la conciencia, al despertarse, los llamaba con voz fuerte, les recriminaba, los mostraba ante sus ojos lo pesado del crimen. El Señor creo al principio al hombre y le introdujo la conciencia como un acusador que no se calla, que no puede ser engañado ni seducido..."

En nuestra época de investigaciones y descubrimientos geológicos, el mundo del pasado se presenta en inconmensurablemente enormes dimensiones de tiempo. La aparición de la humanidad misma pertenece a milenios increíblemente alejados. La ciencia en las cuestiones del origen del mundo va por su camino. Pero no tenemos la necesidad de hacer el esfuerzo para unificar y hacer coincidir en todos sus puntos, el relato bíblico con la voz de la ciencia actual. Tampoco necesitamos a causa de la Biblia sumergirnos en geología y paleontología. En principio estamos seguros que lo dicho en la Biblia y los datos científicos en su conclusión final no se van a contradecir, a pesar que para ahora no todos los puntos son claros. En algunos casos los datos de la ciencia nos pueden indicar como hay que entender los datos bíblicos. En algunas relaciones los dos dominios no son comparables por tener diferentes metas y puntos de vista para mirar el mundo.

La meta de Moisés no era el estudio del mundo físico, pero aceptamos y honramos a él, que dio a la humanidad su primera y elemental historia natural, la historia de la humanidad primitiva, que él marcó en "Génesis" el comienzo de la historia de los pueblos; todo esto solo aumenta su grandeza. La creación del mundo y su pasado él presentó en una pagina de la Biblia, como un cuadro general; y es claro, que por eso, él no se metió en el abismo del tiempo pasado. El fin directo de Moisés era por el relato de la creación inspirar a su pueblo, y luego a otros, las verdades básicas de la religión.

La verdad principal — es sobre Dios, — como un Ser Espiritual, Unico y independiente del mundo. Esta verdad se guardaba en aquella parte de la humanidad, que es llamada "hijos de Dios" (cap. 5-6 de Génesis), de la cual la fe en el Unico Dios pasó a Abraham y sus descendientes. Otros pueblos a tiempo de Moisés ya hace mucho perdieron esa fe. En el pueblo hebreo, rodeado de paganos, la fe en el Dios verdadero también se oscurecía, sobre todo durante la esclavitud en el Egipto. Para Moisés mismo, la grandeza del Unico Dios Espíritu fue revelada en el desierto: se le apereció el Angel de Dios en una llama en medio de una zarza en fuego, que ardía y no se quemaba. A su pregunta: "he aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntan: Cual es Su nombre? Que les respondire? Entonces, en una voz misteriosa Moisés escucho el nombre del Creador del universo: "Yo soy el que Soy" y dijo: así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envío a vosotros. Este altísimo concepto de Dios inculca Moisés con las primeras palabras de Génesis: "En el principio creo Dios los cielos y la tierra." Cuando no existía nada material, estaba el Unico Dios Espíritu, que esta fuera del tiempo y el espacio, la existencia del Cual no esta unida con el cielo, ya que el cielo fue creado junto con el tiempo y la tierra. En el primer reglon del libro de Génesis esta escrito el nombre Dios, dado sin definiciones ni limitaciones, ya que lo único que se puede decir de Dios es , que Él está, que Él es la Unica Existencia, Verdadera, la Fuente de toda existencia, Él es Soy.

·         Con esta verdad esta unida una serie de otras verdades sobre Dios, el mundo, el hombre, que surgen directamente del relato de la creación, precisamente:

De estas verdades sale la lógica conclusión: el hombre es obligado tender hacia la pureza y altura moral, para no profanar en si y no perder la imagen de Dios y se digno de encabezar a las criaturas terrenales.

Es indudable, que con el relato de la creación del mundo se expulsaba de la mente de los hebreos todo lo escuchado de los vecinos paganos sobre los dioses imaginarios, los cuales: a) carecen de fuerza y dependen de la existencia del mundo; b) están llenos de debilidades, pasiones, enemistades y son portadores del mal moral; y por eso si hubieron existido c) no serian capaces de elevar moralmente a la gente. La historia de la creación del mundo, teniendo su propio valor de ser verdad, revelada por Dios, representa un golpe demoledor a las religiones paganas, politeístas y mitológicas.

El libro de la Sabiduría de Solomon esta representando con una imagen viva el entendimiento de Dios en el Antiguo Testamento: "Todo el mundo ante Ti es la fluctuación de los platos de la balanza, o como la gota de rocío que baja en la tierra" (S. S. 11;23).

El libro de Génesis presenta un puro y invunerable monoteísmo. Pero el cristianismo abre en el A.T. la verdad suprema: la verdad de la Unidad del Ser en Tres Personas, cuando leemos: "hagamos el hombre a nuestra semejanza...he aquí Adan es como uno de Nosotros"; y luego, cuando Dios apareció a Abraham bajo la imagen de tres Peregrinos.

Este es el significado del corto relato bíblico. Si todo el libro de Génesis consistiría solo de esta primera pagina de relato sobre el mundo y la humanidad, quedaría igual un gran libro, una magnifica expresión de la revelación de Dios, una Divina iluminación del pensamiento humano.

El amanecer de la humanidad.

Los capítulos 2 y 3 de Génesis abren un nuevo tema, se puede decir, que comienzan un nuevo libro: la historia de la humanidad. Es comprensible que Moisés habla dos veces de la creación del hombre. El tenia que decir sin falta en el primer capitulo, en el cuadro general, que el hombre es la corona de la creación, concluyendo: "era bueno en gran manera los cielos y la tierra y todo el ejercito de ellos," — él, de nuevo comienza la historia de la humanidad con la creación del primer hombre y a la procuración pare él de la esposa — lo que constituye el segundo capitulo; ahí esta representada la vida de ellos en el Edén (paraíso). El tercer capitulo cuenta la caída en el pecado y la perdida de la vida en el paraíso. En este relato, junto con el sentido directo, hay sentido encubierto, y no estamos capaces de saber exactamente donde los hechos están relatados en su sentido directo y normal, y donde están expresados simbólicamente. Por eso, no tenemos derecho de cambiar, a nuestro deseo, los relatos de Moisés. Sabemos solo, que en una u otra forma se nos comunican los acontecimientos de enorme importancia.

El símbolo es una expresión condicionada, cómoda por ser pintoresca, por eso se fija en el alma y no necesita de muchos medios verbales para expresar el pensamiento, fijando al mismo tiempo la idea del fenómeno dado. El símbolo permite una gran profundización del pensamiento en su contenido. Así el padre san Juan de Kronstadt, citando el texto del Salmo: "Tus manos me han creado," lo acompaña por una nota: "Tus manos — Hijo y Espíritu." La palabra "manos" de Dios le inspira el pensamiento de la Santa Trinidad. Palabras similares leemos en san Irineo de Lion (siglo 2) "El Hijo y el Espíritu Santo son como manos del Padre."

Es necesario distinguir claramente el símbolo bíblico, imágenes bíblicas con su sentido especial encubierto, del concepto del mito. En Biblia no hay mitología. La mitología pertenece al politeísmo, cual personaliza los fenómenos de la naturaleza en dioses y crea en esta base relatos arbitrarios de la fantasía. Tenemos derecho a decir que el libro de Génesis quita la mascara de los antiguos conceptos de la mitología, esta dirigido contra los mitos.

Algunos dirán, que se pueden ver símbolos también en la mitología. Es cierto. Pero lo contrario aquí es, que detrás de la expresión en imágenes de Moisés se incluye la verdad, a menudo muy misteriosa; en cambio los cuentos mitológicos son inventos, sacados de los fenómenos de la naturaleza. Aquí, el símbolo viene de la verdad, allí — sale de la fantasía arbitraria. En esto para un cristiano ortodoxo se ve clara la diferencia entre la imagen santa (icono) y el ídolo; la primera es la representación de una existencia verdadera; el ídolo — representación de algo inventado por la mente.

El elemento simbólico se nota mas, donde es necesario de revelar una idea. Así es, por ej., el relato de la creación de la mujer de la costilla de Adan.

San Juan el Crisostomo instruye: esta dicho "tomo una de sus costillas." No entiendas a estas palabras rudas literalmente en sentido humano, están adecuados a nuestra iniquidad. Pero, si las Escrituras no usarían estas palabras, como podríamos conocer los misterios imposibles de pronunciar. No vamos a detenernos en las palabras, sino vamos a aceptar todo decentemente, como referido a Dios y Sus obras. La expresión "tomo" y todas las demás parecidas están usadas por la causa de nuestra debilidad."

Es comprensible la conclusión de este relato indicado por el ap. Pablo, o sea, que la mujer esta llamada a obedecer al marido: "el marido es la cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia... no el marido de la mujer, sino mujer del marido." Pero porque Moisés habla especialmente de la creación de la mujer? El, sin duda, tiene la intención de defender la conciencia de los hebreos de las invenciones mitológicas, en particular de la Mesopotamia, la patria antigua de ellos. Estos relatos sucios y provocativos en el sentido moral cuentan que el mundo de los dioses, hombres y animales representa una especie de mezcla, dioses y diosas se unían con los hombres y animales. En la escultura antigua de Mesopotamia, Chaldea y Egipto era frecuente de representar leones y bueyes con las cabezas humanas. El relato bíblico sobre la forma de creación de la mujer afirma el pensamiento, que el genero humano tiene su comienzo totalmente propio y individual, y conserva pura su naturaleza física, diferente de los seres del mundo superior y del mundo inferior de los animales. Que esto es así, se ve de los párrafos anteriores del relato: "Y dijo Dios: No es bueno que el hombre este solo; le haré ayuda idónea para él." Y trajo a Adan a todos los animales, y puso Adan nombre a todos ellos, — "mas para Adan no se encontró ayuda idónea para él." Entonces Dios hizo caer sueno profundo sobre Adan y de su costilla hizo una mujer para él.

Así después de la verdad de la Unidad Divina, fue afirmada la verdad de la unidad, independencia y particularidad del genero humano. Con estas dos verdades básicas comienza el ap. Pablo su predica en el areopago de Atenas: Dios es Unico, — "y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra" (Hech. 17:26). La imagen de la creación del hombre, dada en el libro de Génesis, constituyo un golpe sobre los conceptos politeístas y mitológicos, igual al de la historia de la creación del mundo.

Los primeros hombres vivían en el paraíso, en Edén, un jardín hermoso. El amanecer de la humanidad esa iluminado con los rayos del sol de la Gracia según el relato de Moisés. Ahora, después de excavaciones de algunas cavernas, nos están representando el hombre antiguo en la oscuridad de las cuevas, con aspecto repugnante, parecido a un animal, con la mandíbula inferior prominente, con la expresión amenazante o miedo en los ojos, con un garrote en las manos, cazando la carne cruda... Pero la Biblia nos induce, que el hombre, a pesar de encontrarse en un estado espiritual como infantil, representa desde el principio de su existencia a una noble criatura de Dios con el rostro claro y puro (ni oscuro, ni tenebroso). El hombre estuvo siempre superior por su mente a otras criaturas. El don de palabra le dio la posibilidad de un continuo desarrollo de su naturaleza espiritual. La riqueza de vegetación le proporcionaba alimento en abundancia. La vida en un clima muy benigno no exigía mucho trabajo para él. La pureza moral le daba una paz interior. El proceso de desarrollo podía tomar una forma superior, desconocida a nosotros.

Y al tiempo que en el reino animal, que es inferior al hombre, nosotros vemos una cantidad de especies de cuadrúpedos, reino de criaturas aladas benignas, constituidos con armonía, que expresan belleza y gracia en su exterior, y con esto mansos, listos para amar, confiar y servir sin interés; también en el mundo vegetal se abre ante nosotros tanta armonía y belleza y hasta una competencia de servir con sus frutos... y porque, entonces, solo el hombre antiguo es representado carente de todo lo atrayente y hermoso que poseen los mundos animal y vegetal?

La caída en el pecado.

La felicidad del hombre y su cercanía a Dios — son inseparables. Dios es mi amparo y defensa: a quien voy a temer"?

Dios "se paseaba en el paraíso" — tan cercano era a Adan y Eva. Pero para sentir el gozo de la cercanía de Dios y considerarse bajo el amparo de Dios, hay que tener la conciencia limpia. Al perderla, no tenemos mas este sentimiento. Los primeros hombres pecaron, y he aquí, ya se están escondiendo de Dios. "Adan, donde estas"? — "Oí Tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí."

Dios es omnipresente y Él esta siempre cerca, — nos dice la palabra de Dios, — solo el sentimiento de esta cercanía se volvió nublado por la viciosidad del hombre. Pero esta sentimiento no desaparece del todo, y durante los siglos de la vida de la humanidad fue siempre vivo y es vivo en los hombres santos. Del mismo Moisés esta dicho, que Dios le hablaba "cara a cara," como alguien hablaría con su amigo. "Cerca estas, Tu Señor," leemos en los Salmos. "Mi alma esta en Dios, como pez en el agua o el pajero en el aire, de todas partes y en todo el tiempo rodeada por Él; vive en Él; se mueve por Él, en Él descansa, en Él tiene su espacio" escribe el padre Juan de Kronstadt. Y en otro lugar esta razonando: "Que significa la aparición a Abraham de los Tres Peregrinos? Quiere decir, que Dios, en Tres Personas, como si peregrina por la tierra y supervisa lo que pasa en ella. Y viene Personalmente a Sus esclavos, que lo buscan, son atentos a si mismos y vigilan su salvación, Él se hace su Huésped y habla con ellos, como con Sus amigos": "vendremos a él, y haremos morada con él" (Jn. 14:23); en cambio a los impíos los quema con el fuego.

Perdida la cercanía — perdida la dicha. Perdido el gozo — llega el sufrimiento. La escénica del relato de Moisés sobre la caída en el pecado es la misma, que de la parábola del Señor sobre "el hijo prodigo." El hijo se fue del padre, se perdió de su vista, tentado por la dulzura de una vida libre. Pero el lugar de disfrutar recibió la comida de los animales, y estos, no hasta saciedad. Lo mismo paso con nuestros ancestros: después de su caída, siguieron las congojas y los sufrimientos. "Multiplicare en gran manera tus dolores; con dolores daras a luz los hijos... con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, de la cual procedes" (Gen. Cap. 3).

Comer un fruto prohibido — parece un crimen tan ínfimo, pero que consecuencias y que castigo? Todo en lo vida empieza así: de algo de poca importancia y pequeño, proviene algo inmenso. Los derrumbes de nieve en las montañas comienzan de una pequeña sacudida. El río Volga toma su comienzo de una fuente pequeña, y el ancho Hudson de la perdida en las montañas "Lagrima de las nubes."

Una simple observación hace ver, que los vicios están vinculados y llevan a los sufrimientos y que el hombre se castiga a si mismo. Si la muerte y una serie de pesares en la vida constituyen el castigo de Dios, pero la mayoría de los sufrimientos provienen de la humanidad misma. Aquí entran la crueles guerras, seguidas por el terrible trato inhumano de los vencidos, y que constituyen toda la historia de la humanidad, y los sufrimientos infligidos por los hombres a otros hombres durante los periodos pacíficos de la historia: la esclavitud, yugo de extranjeros y diferentes tipos de violencia, provocados no solo por la avidez y egoísmo, sino por una pasión demoniaca de crueldad y ferocidad, todo lo que se expresa en el dicho: el hombre para el hombre — es un lobo.

Podría el hombre gozar de una felicidad plena en la tierra, si no cayera en el pecado? Estaría protegido de las congojas, sinsabores y casualidades? Sobre una vida tan perfecta la Biblia no habla. Donde hay luz, allí también hay sombras, las alegrías se interfieren con tristezas. Pero cuales sinsabores pueden ser largas, si Dios esta cerca? "Pues a Sus Angeles mandara acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos" — a los fieles que llevan Su imagen y semejanza. La Iglesia enseña, que el hombre en el paraíso estaba designado a la inmortalidad, tanto de alma, como del cuerpo. Pero hasta si su cuerpo terrenal no fuera eterno, que pesar seria posible, cuando él con su alma sabría y sentiría su inmortalidad espiritual, y que lo espera pasar a una forma mas alta de la vida?

 

El problema del mal.

Aquí nos encontramos con una cuestión muy amplia, con el mas difícil en la filosofía religiosa problema de los sufrimientos en el mundo. Porque la ley de la perpetua renovación de la vida — una ley beneficiosa para la vida en el mundo — esta unida con los sufrimientos? Será inevitable la destrucción mutua de las criaturas, devoracion de los débiles por los mas fuertes para continuar de vivir? El triunfo de la fuerza bruta en el reino animal? Será una ley de la vida la lucha mutua?

La Biblia no da una respuesta directa a estas preguntas. Sin embarga es indispensable encontrar unas respuestas indirectas. Lo que dice la Biblia sobre la ley de la alimentación, dad a las criaturas. A los hombres Dios designo como alimento: "toda plante que da semilla... y todo árbol en que hay fruto y que da semilla" (Gen. 1:29). Y solo después del diluvio les permitió también la carne. Para los animales Dios define: "a toda bestia de la tierra, y a todos aves de los cielos, y a todo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así" (Gen. 1:30).

Pero se produjo la caída en el mundo y una depravación completa del genero humano antes del diluvio. Este toco también el mundo de las criaturas terrestres. Y vio Dios que la maldad era mucha en la tierra y cada criatura corrompió su camino. La ley de la colaboración estaba sustituida por la ley de la lucha. Y el ap. Pablo escribe: "La creación aguarda con esperanza la manifestación de los hijos de Dios, porque la creación fue sujetada a la vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujeto en esperanza; porque también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime y sufre aun... y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos la primicia del Espíritu, gemimos dentro de nosotros, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo" (Rom. 8:19-23). Significa que los quejidos de las criaturas no van a ser eternos, y tampoco la ley de la lucha y del mas fuerte no es eterna. Y será indiscutible esta ley, como ley de la vida? A menudo observamos, que en el mundo animal lo que es feroz y sanguinario, temible por su fuerza, va desapareciendo mas rápidamente de la faz de la tierra, mientras las criaturas mansas, indefensas siguen viviendo y se multiplican. No seria eso una indicación indirecta a la humanidad de no confiar en la ley de la fuerza? El profeta Isaias habla que esta ley es pasajera, cuando predice sobre el tiempo futuro (ya no en este mundo pecador) que el lobo y el cordero serán apacentando juntos y el león comerá paja como el buey (65:25).

La historia del origen del mal en el mundo — mal moral y sufrimientos físicos y del alma, dada en el capitulo 3 de Génesis, representa un nuevo golpe, ya tercero a la mitología pagana. Según los cuentos mitológicos las pasiones, los vicios y junto con ellos los sufrimientos son propios a sus dioses, existen luchas entre ellos, traiciones, asesinatos. Hay una religión que presenta un dios del bien y un dios del mal, pero de cualquier forma, el mal es primordial y de ahí — el sufrimiento — es la ley normal de la vida; y no existe camino hacia un verdadero perfeccionamiento moral. La Biblia afirma una cosa distinta. Dios no creo al mal. Lo que fue creado, por su naturaleza "vio Dios que era muy bueno." El pecado entro en el mundo por la tentación: por es llamado pecado, o sea error en la dirección, perdida del camina, desviación de la voluntad en el camino falso.

`El autor de la "Sabiduría de Solomon" dice: "Dios no creo a la muerte y no se alegra de la destrucción de los vivientes, ya que Él creo todo para existencia y todo en el mundo lleva a la salvación, y no hay veneno pernicioso, no hay reino del infierno en la tierra" (1:13.14). "Dios creo al hombre incorruptible y lo hizo imagen de Su eterna existencia; pero por la envidia del diablo entro en el mundo la muerte, y la experimentan los que pertenecen al mundo" (2:23-24).

Pero la ley moral no esta destruida por la caída del hombre, ella continua a iluminar, la distinción del bien y el mal no esta perdida. Para el hombre esta abierta la posibilidad de volver hacia la riqueza perdida. El camino a ella pasa por la congoja penitente, representada en el final del capitulo 3 de Génesis, en el cuadro de la expulsión del paraíso, la aflicción, que lleva a la purificación y el renacimiento. De los últimos versos del 3-er capitulo de Génesis se abre en la lejanía el horizonte luminoso del Nuevo Testamento, la salvación del genero humano del mal moral, sufrimientos y muerte a través de la venida del Redentor al mundo.

De esta manera, la historia de la caída en el pecado tiene una gran importancia para la comprensión de toda la historia de la humanidad, estando directamente vinculada con el Nuevo Testamento. Surge un paralelismo directo entre los dos hechos — La caída de Adan en el pecado y la venida del Hijo de Dios a la tierra, y esto se halla siempre presente en el pensamiento cristiano, en lo total y en lo particular. A Cristo lo llaman el Segundo Adan, el árbol de la cruz se contrapone al árbol de la caída. Las tentaciones de Cristo en el desierto por el diablo, en parte recuerdan las tentaciones de la serpiente. Allí — el día que comáis del fruto ... seréis como Dios; aquí — Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Para la historia de la caída en el pecado, los padres de la Iglesia prefieren la comprensión literal directa. Sin embargo, también aquí, esta estrechamente entrelazado el elemento real, directo, con el elemento espiritual, de manera que es imposible de separarlos. Así por ej., los nombres misteriosos "el árbol de la vida" y "el árbol del conocimiento del bien y del mal." Y la Iglesia, al alegrarse de la salvación en Cristo, dirige su mirada hacia el mismo "Paraíso antiguo," ve al querubín, que fue colocado en la puerta del paraíso durante la expulsión de Adan, que ya se retiro de guardar el árbol de la vida y que armas de fuego no impiden mas la entrada al paraíso. Y el ladrón arrepentido en la cruz escucha las palabras de Cristo Crucificado: de cierto te digo que hoy estarás Conmigo en el Paraíso.

 

La historia bíblica y la arqueología.

Sobre el primer periodo de la vida de la humanidad el Génesis habla muy brevemente. Después de Abel y Cain la historia hasta el diluvio se limita casi a la genealogía, nombres solamente. Haciendo el recuento de la vida de los patriarcas antediluvianos obtenemos, aproximadamente, un periodo de 1600 años. Esta historia de muchos siglos ocupa solo un capitulo, el 4-o. De eso vemos, que Moisés protege su relato de cuentos arbitrarios populares o mitológicos. Es indudable, que Moisés poseía unas antiguas fuentes genealógicas, solo unas notas breves, cuyo origen era de Mesopotamia. La humanidad desde el comienzo de su existencia guardaba celosamente su historia. Las familias conservaban el recuerdo de sus ancestros, pero todo se reducía a los nombres y anos de vida. En las excavaciones contemporáneas en Mesopotamia se encuentran escritos cuneiformes, que pertenecen a 3-er milenio antes de Cristo, quiere decir varios centenares antes de Abraham. Pero además de los escritos, la antigüedad tendía a guardar de generación a generación el recuerdo de sus famosos ancestros, jefes de familias, construyendo tumbas y diferentes monumentos. Después de un relato detallado del diluvio, en el Génesis se reconstruye la historias geología, que abarca cerca de 2 mil anos. Sigue una cuidadosa lista de cabezas de familias (de fuentes desconocidas) antes de Abraham. Estas esquemas son interrumpidas por dos relatos: 1) del diluvio, Noé y sus hijos y 2) la construcción de la torre de Babel y la dispersión de la gente.

Moisés, por detenerse con detalles sobre el diluvio, ha tenido sus razones, y la principal eran las leyendas del acontecimiento, en el pueblo hebreo de aquella época. Esta leyenda fue llevada por los hebreos a Egipto y se conservaba en su medio, mientras que en los recuerdos de egipcios ya estaba perdida. Pero se encuentra en las memorias escritas de Mesopotamia (sumeros, pueblo no hebreo) con agregados mitológicos (en la biblioteca de Assurbanipal, Gilgamesh). Esta concordancia del hecho básico confirma el recuerdo mismo en Mesopotamia. Tomando en cuento el espirito de la lengua de la antigüedad y su comprensión del universo, se puede aceptar, que las expresiones en el texto Bíblico "toda la tierra... todo genero de animales" se limitan con los piases, habitados por los hombres. En aquellos tiempos, lo que estaba delante de los ojos, era "todo," en el sentido relativo. Hasta la época del imperio Romano y comienzo del cristianismo, se entendía como universo, aquella parte del globo terráqueo, que era conocida y investigada. Pero esta es solo una suposición, referente a la cuestión del diluvio.

El relato de Moisés sobre el diluvio esta supeditado a tres ideas principales, que se siguen a lo largo de toda la Biblia: a) la permanencia del mundo bajo la voluntad de Dios. b) las desgracias de los pueblos, como castigo por su iniquidad, c) la elección de una familia, y mas adelante una nación, como cuidador de la fe verdadera.

La narración sobre la unidad de la lengua humana primordial, la construcción de la torre de Babel y la dispersión de los pueblos — es otro detalle entre el esquema breve de las genealógicas. La arqueología contemporánea corrobora la existencia de la torre de Babel.

Habiendo llegado al tiempo de Abraham, el libro de Génesis comienza un relato histórico sucesivo. De ahí se inicia ya la historia del pueblo hebreo. Ella sigue en otros cuatro libros del Pentateuco y luego en los libros históricos del A.T., en parte en los libros de los profetas y al final se acerca a los tiempos del N.T.

La arqueología ofrece un rico material paralelo a la historia bíblica, comenzando de los tiempos de Abraham. Unas pocas decenas de años atras la critica bíblica ofrecía una teoría, que Génesis es una colección de leyendas devotas. Las ultimas excavaciones arqueológicas toman el libro de Génesis bajo su protección. Sus descubrimientos uno atrás otro confirman las narraciones bíblicas. Ellos muestran la gran antigüedad de los nombres y costumbres, que menciona Moisés. Así, los nombres del mismo Abraham (Abam-ram), Jacobo (Jacob-El) se encuentran como nombres personales en Mesopotamia antigua. Los nombres de los ancestros de Abraham corresponden a los nombres de las ciudades, ya que estas tomaban nombre de sus fundadores. Asimismo, los nombres de las ciudades pasaban a las personas originarias de ellos. Así, de los nombres de las ciudades se determinaron los nombres: Farra (padre de Abraham), Serukh (abuelo de Farra), Falek (su ancestro), Nakhor y Aran (hermanos de Abraham), y Jarran — una provincia de Mesopotamia de la cual salieron.

Las "Tablas de Nusi," encontradas en Mesopotamia, hacen ver los caracteres y costumbres de aquel tiempo, por ej., Abraham, antes del nacimiento de Isaac, se proponía de adoptar a su quehacedor de la casa Eliazar. Otros hechos — la venta de la primogenitura de Esaú, la bendición por los patriarcas antes de morir, la historia de los ídolos, que Raquel saco a su padre Lavan. Sin duda, las épocas mas tardías proporcionan mas material arqueológico. Son naturales las dificultades para hacer coincidir los detalles. La conclusión general será como el titulo de un libro alemán: "La Biblia, como quiera, tiene razón." Un arqueólogo bibleista americano llego a la conclusión: " No hay duda que ahora la arqueología atestigua la importancia histórica de la tradición del A.T."

Los libros históricos del A.T., igual que los legislativos cinco libros de Moisés, llevan la idea del vinculo causal entre la vida piadosa del pueblo y su bienestar, diciendo con otras palabras, muestran que las desgracias de los pueblos están causadas siempre con la caída moral y apostasía de la fe. Por eso también en la época cristiana, la historia del A.T. permanece muy instructiva, y la Iglesia en sus oficios Divinos, toma muchos ejemplos de su historia. Pero aquellos libros históricos, donde el elemento nacional judío ensombrece a la idea religiosa (Esther, Judith), no son usados en el oficios Divinos. De manera, que el material histórico del A.T. es importante para nosotros no por si mismo, ya que "las cosas viejas pasaron" (2 Cor. 5:17), pero por lo instructivo que ellos contienen en si.

El profeta Moisés y los santos escritores, que lo siguen hablan de múltiples manifestaciones de la potencia Divina, pero raras veces dicen la palabra "milagro." Ellos nos inspiran la idea, que toda la historia pasa delante de Dios, y lo que sucede solo nos parece dividido en lo normal y milagroso. Para un alma creyente, lo milagroso es solo una apertura en la cortina que nos separa, y atrás de la cual sin interrupción se realiza el milagro de la providencia Divina y se escribe el texto del destino de cada persona.

La sabiduría del Antiguo Testamento.

Los libros instructivos constituyen el 3-er grupo de los libros del A.T. Ellos enseñan al hombre como construir su vida personal en este mundo de tal manera, para que ella sea bendecida por Dios y por la gente, y llevaría al bienestar y la paz del alma. Tal vida la comunica la sabiduría proveniente de Dios.

Cuando el rey Solomon, al principio de su reinado, oraba y ofrecía a Dios sus sacrificios, durante la noche en el sueno le apareció Dios y le dijo: "Pide lo que quieres que Yo te de." Y Solomon le pidió a Dios una sola cosa: la sabiduría y el corazón entendido para juzgar Su pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo. Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras... te ha dado corazón sabio y entendido...y la riqueza y gloria te he dado de tal manera, que entre los reyes ninguno haya como tu en todos los días.

Los libros instructivos están llenos de indicaciones practicas, como llevar su vida personal y familiar con inteligencia y sabiduría, con el temor a Dios, verdad, honestidad, trabajo, contención, y participar en la vida útil social. Estas indicaciones son extremadamente instructivas, acertadas y verídicas. Su forma verbal contiene mucho figurativo, vivaz, agudo, a pesar de que algunos juicios corresponden y son aplicables a las necesidades de los tiempos muy alejados y son ajenos a nuestras costumbres. La dirección vital y practica constituye el rasgo característico de la sabiduría instructiva del A.T.

Sin embargo, es erróneo pensar, que la sabiduría bíblica es la del bienestar terrenal. La Biblia ve la verdadera sabiduría en una humilde devoción a Dios ante pesados sufrimientos sin culpa, y en la comprensión, que es imposible conocer los caminos Divinos. "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré ahí. Dios dio, y Dios quito, se el nombre de Dios bendito... recibiremos de Dios el bien y el mal no lo recibiremos?" (Job. 1:21, 2:10). Así es la sabiduría del virtuoso Job. Pero no hay sabiduría en las construcciones dialécticas y lógicas de sus amigos; y justamente no hay, porque ellos con aplomo se consideran capaces de comprender los pensamientos de Dios. Ellos tienen lo que se puede llamar el racionalismo sobre la base religiosa. Les fue dicho, de pedir perdón a Dios, a través de Job.

Cuan atrayentes pueden ser el bienestar, la riqueza, el éxito, la gloria, pero apegarse a algo semejante es insensato — esto es la conclusión sabia de Solomon. A cada uno lo espera la muerte, y entonces resulta, que todo es — solo apariencia, futilidad, "vanidad de vanidades, todo es vanidad" (Ecles. 1:2).

Hay en la vida algo mas alto, mas apreciable, mas digno de elogio, que proviene de la sabiduría. Esto es la inclinación para conocer las obras Divinas, el estudio de la naturaleza, el conocimiento puro: "conocer la organización del mundo, y la actividad de los elementos, el comienzo, el fin y el medio de los tiempos, cambio de los giros y cambio de los tiempos, ciclos de los años y situación de las estrellas, la naturaleza de los animales y cualidades de las fieras, dirección de los vientos y pensamientos de la gente, diferencias de las plantas y la fuerza de las raíces..." "Si alguien ama a la justicia, — sus frutos son las virtudes: ella enseña la castidad y razonabilidad, ecuanimidad y coraje, mas útiles que estos no hay nada para la gente en la vida" ... "Si alguien desea una gran experiencia, la sabiduría sabe lo que paso hace mucho y adivina lo futuro, conoce lo fino de las palabras y la respuesta a los enigmas, conjetura a los signos y milagros y las consecuencias de los anos y tiempos (Sab. Sol. 7:17-20; 8:7-8). Aquí — el reconocimiento de los derechos de la ciencia en sus numerosos ramos.

La posesión de tal sabiduría no es un mérito personal, sino un don de Dios. Yo ore — testimonia el autor de la Sabiduría de Solomon, — y descendió sobre mi el espíritu de la sabiduría. Conocí todo lo oculto y lo evidente, ya que me enseño la Sabiduría, artista de todo. Ella es el espíritu inteligente, santo, unigénito, multiforme, fino, movible, luminoso, puro, claro, inocuo, amante de bien, rápido, incontenible, que hace bien, inamovible, tranquilo, sin tristeza, que todo lo ve, que penetra en todos los inteligentes, puros y finos perfumes... Ella es el reflejo de la luz eterna, el espejo puro de la acción Divina e imagen de Su benevolencia. Ella — sola, pero lo puede todo y, pasando de generación a generación en las almas santas, prepara amigos de Dios y profetas; porque Dios quiere solamente al que vive con sabiduría (Sab. Sol 7:22-23; 26-28).

No es extraño, que una imagen tan perfecta de la Sabiduría, como esta dada en los libros instructivos del A.T., llama la atención también en la época cristiana, sobre todo donde ella esta representada "sentada cerca de Dios." "Dios me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de Sus obras. Eternamente tube el principado, desde el principio, antes de la tierra, antes los abismos fue engendrada; antes que fuesen las fuentes de muchas aguas. Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados, ya había sido yo engendrada; no había aun hecho la tierra ni los campos, ni el principio del polvo del mundo. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; Cuando trazaba el circulo sobre la faz del abismo; cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; Cuando ponía al mar se estatuto, para que las aguas no traspasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra: con Él estaba yo ordenando todo y era Su delicia de día en día, teniendo solaz delante de Él en todo tiempo. Me regocijo en la parte habitada de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres..." "Porque el que me halle, hallara la vida, y alcanzara el favor de Dios" (Prov. 8:22-31; 35).

Aquí la Sabiduría es personalizada como un ser divino; se pueden mencionar otras expresiones similares, que hablan de la Sabiduría. Bajo la influencia de esta imagen en la filosofía religiosa de la antigüedad cristiana, como en la edad media y en tiempos nuevos, surgió y trato de entrar en el pensamiento teológico, que bajo la sabiduría, se entiende aquí una fuerza particular Divina, o persona, creada, o no creada, puede ser el alma del mundo "la divina Sofía." La enseñanza sobre Sofía recibió desarrollo en el pensamiento religioso ruso por Vladimir Soloviev y por los padres Pablo Florenski y S. Bulgakov. Estos pensadores se basan en sus propias teorías filosóficas, y, deseando justificarlas con las Escrituras, no toman en cuenta, que es común para la manera de escribir en el A.T. de personalizar a los conceptos. El autor de "Proverbios" previene, que será necesario, leyendo, "entender proverbio y declaración, palabras de sabios, y sus dichos profundos" (Prov. 1:6), o sea, no tomar las expresiones en imaginas en el sentido directo.

En los lugares donde la Sabiduría es particularmente representada como existencia personal, como Sabiduría hipostática, el Testamento Nuevo entiende bajo esta imagen — al Hijo de Dios, Jesucristo, "Cristo, poder de Dios y sabiduría de Dios" como lo leemos en ap. Pablo (1 Cor. 1:24). Esta explicación esta ofrecida en las lecturas de "paremias," sacadas del libro "Proverbios": "La sabiduría edifico su casa, labro siete columnas (Prov. 9:1-6). De esta manera, el escritor sagrado nos lleva aquí de pensar directamente en el Evangelio del N.T., el Sacramento de la Eucaristía y la organización de la Iglesia de Cristo; aquí el A.T. ya entra en el N.T.

 

La oración y el cántico del A.T.

Entre los libros Instructivos hay uno particular, el libro de oraciones. Quien de los cristianos, no solo ortodoxos, sino de cualquier religión o secta, no conoce al Salterio y aunque sea, el salmo penitente 50? Este es un libro para todos, para la oración en todas sus manifestaciones, para todos los casos: en congoja, en sensación de no tener salida, en la enfermedad, en desastres personales y de la sociedad, en lagrimas de penitencia después de una caída, y en la alegría al recibir consuelo y necesidad de agradecimiento, como testimonio de la fe, veneración, fortificación de la esperanza y para elevar la alabanza pura a Dios. En el Salterio hay muchas reflexiones dirigidas a su propia alma, muchas palabras de consuelo. No es extraño por eso su la aplicación particularmente amplia del Salterio en la Iglesia de Cristo. Ningún oficio Divino carece de salmos y algunos de ellos se leen varias veces durante el día. Además, el Salterio completo se lee en el templo, según su orden, al menos una vez durante la semana. Finalmente, el oficio ortodoxo esta saturado de distintos versículos de los salmos en calidad de cánticos y oraciones breves: de pedido, de arrepentimiento, de alabanza. La oraciones cristianas a menudo usan las expresiones, sacados de los salmos. El Salterio en todo sentido esta cristianizado. Esto significa que la Iglesia da a todas las expresiones el sentido cristiano, y el elemento del A.T. va al segundo plano. Las palabras en los salmos: "Elévate, resucita Señor" — elevan nuestro pensamiento a la resurrección de Cristo, las palabras referidas al cautiverio, se entienden en el sentido del cautiverio pecaminoso, al nombrar a los pueblos enemigos de Israel — en sentido de enemigos espirituales, y el nombre de "Israel" supone el pueblo de la Iglesia, el llamado a la aniquilación de los enemigos — como el llamado de luchar con las pasiones; la salvación de Egipto y Babilonia — como la salvación en Cristo. Casi en cada versículo del Salterio la Iglesia encuentra el reflejo del Nuevo Testamento, tal o cual acontecimiento o pensamiento, confesión de la fe, esperanza y amor. Tratar así el Salterio nos enseñaron los mismos Apóstoles, citando en sus escritos los versos de los salmos en sentido del N.T.

Algunos salmos y grupos de versos son poco comprensibles, no solo traducidos, sino en el texto original hebreo o griego, pero al mismo tiempo ellos contienen otros versos, brillantes por su expresividad. Pero, cuan numerosos son los salmos completamente claros, que expresan perfectamente nuestro estado de alma y nos dan una tan plena expresión de oración, como si fueran escritos no en una época lejana, sino en nuestro tiempo y para nosotros.

Entre los libros instructivos hay uno que habla de amor. Este es — el "Cantar de los Cantares," sobre el bienamado y la bienamada. La primera impresión es que se trata solo de un cantar artístico lírico. Así lo interpretan los libres traductores, no vinculados con la voz de los Padres de la Iglesia. Leyendo los profetas, se ve claramente, que la imagen del bienamado y la bienamada esta usada en el sentido alto de alianza entre Dios y el pueblo elegido. Y si este libro entro en el código de los libros sagrados de los hebreos, es porque, cualquiera que sea su significado primordial, la tradición del A.T. lo entendía en el sentido simbólico elevado. En el N.T. el mismo símbolo lo utiliza el Ap Pablo, solo sin aplicar la forma poética, cuando habla del amor entre el marido y la mujer, la compara con el amor entre Cristo y la Iglesia. La misma imagen del novio y la novia, a menudo, encontramos en los cánticos de la Iglesia, como símbolo de ardiente amor de un alma cristiana hacia su Salvador (Tu cordera, Jesús, te llama con voz alta: a Ti, mi Novio, amo y, buscándote, sufro),que se canta en el Troparion a las mártires. Un impulso similar de amor de un alma hacia Cristo se encuentra en los escritos de los ascetas cristianos.

 

Annunciadores del Nuevo Testamento.

La caída de los reinos de Israel y Judea, y especialmente la destrucción de Jerusalén y cautiverio en Babilonia, eran golpes terribles para el pueblo hebreo, violentes conmociones sin precedentes. Esto era el juicio Divino por la traición a la alianza con Dios, y por su profunda depravación moral. Para ese pueblo llego, al parecer, una noche oscura y sin esperanza. In ese tiempo aparece toda una pléyade de consoladores en sus sufrimientos. Acusación y consolación — son los dos temas de sus predicas y sus libros Proféticos, que representan una particular y ultima parte de A.T.

Las acusaciones de los profetas anteceden a los últimos golpes sobre el destino del pueblo hebreo, cuando todavía quedaban restos del bienestar y dormitaba la conciencia del pueblo. Estas acusaciones son incomparables por su fuerza y veracidad despiadada.

"Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados... Por que querréis ser castigados aun? Todavía os rebelareis? Toda cabeza esta enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en el cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite...Para que me sirve la multitud de vuestros sacrificios... No me traigas mas vana ofrenda; el incienso me he abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas , no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes...Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana," — así proclama el profeta Isaias (Is. 1:4-6, 13-19).

Con palabras todavía mas fuertes el profeta Jeremías esta flagelando la caída del pueblo y así la deplora: "No fiéis en palabras de mentira, diciendo: ...Templo de Dios es este,...Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e insesando a Baal y andando tras dioses extraños que no conocisteis, vendréis y os pondréis delante de mi en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos! para seguir haciendo todas estas abominaciones? Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual esta invocado mi nombre? He aquí que también Yo lo veo" (Jer., del cap. 7).

"Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lagrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! Oh, quien me diese en el desierto un albergue de caminante, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricados...cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla verdad; acostumbraron su lengua hablar mentira, se ocupan de obrar perversamente... No los castigare por estas cosas? De tal nación no se vengara mi alma? — dice Dios. Reduciré a Jerusalén a un montón de ruinas, morada de chacales; y convertiré las ciudades de Judá en desolación en que no quede morador. Quien es varón sabio que entienda eso?... — Así habla el Dios Sabaot: llamad plañideras que vengan... y dense prisa, y levanten llanto por nosotros, y desháganse nuestros ojos en lagrimas, y nuestros párpados se destilen en agua!" (Jer., versos del cap. 9).

Y cuando sucedieron los desastres, provinieron los inauditos pesares, vino el cautiverio de Babilonia y no había ningún consuelo — los mismos profetas se trasformaron en el único sostén del pueblo.

"Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Dios por todos sus pecados...Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuerte tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreara; he aquí que su recompensa viene con Él, y su paga delante de su rostro. Como pastor apacentara su rebano; en su brazo llevara los corderos y en su seno los llevara." (Isai. 40:1-2; 9-11).

Así consuela el profeta Isaias, haciendoce en los días de llanto el profeta de la futura liberación y bendición Divina.

"Me dan voces de Seir: Guarda, que de la noche? Que de la noche? El guarda respondió: La mañana viene, pero es noche todavía" (Isai. 21:11-12).

Pasara la noche, pasara la ira de Dios. "Se alegraran el desierto y la soledad; el yermo se gozara y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente, y también se alegrara y cantara con jubilo; la gloria... Fortaleces las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temais; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá y vos salvara. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltara como un ciervo, y cantara la lengua del mudo; porque las aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad... Y los redimidos de Dios volverán y vendrán a Sión con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido" (Isai. 35:1-10).

Que es que particularmente inspira a los profetas hacia las luminosas esperanzas, en estas lejanas visiones del futuro? Ven ellos delante el poder estatal de su pueblo, sus victorias y triunfos? O un futuro bienestar, riqueza, abundancia de los bienes terrenales. No es así. No el bienestar material y orgullo nacional atrae sus miradas. Podrían inspirar a estos hombres santos, que se condenaron a si mismos a una vida de sufrimientos y hasta una muerte atroz (el profeta Isaias fue cortado en dos con una sierra de madera), solo bienestar terrenal para su pueblo? Ellos contemplaban una distinta revelación Divina: insólito renacimiento espiritual, tiempos de la verdad, fidelidad, mansedumbre y paz, cuando "cuando la tierra será llena del conocimiento de Dios" (Isai. 11:9). Ellos anunciaban la llegada del Nuevo Testamento.

"He aquí que vienen días, dice el Señor, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tome de su mano para sacarlos para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos envalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Dios. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y Yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñara mas ninguno a su prójimo, no ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Dios; porque todos me conocerán, desde el mas pequeño de ellos hasta el mas grande, porque perdonare la maldad de ellos, y no me acordare mas de su pecado." Así profetiza Jeremías (Jer. 31:32-34).

Lo mismo predice Ezequiel: "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitare de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y les daré un corazón y un espíritu nuevo... pare que anden en mis ordenanzas, y guardes mis decretos y los cumplan" (Eseq. 36:25-27; 11:19-20).

Mucho hablan los profetas sobre la venganza a otros pueblos, enemigos de Israel, pueblos paganos, que eran instrumentos de la ira Divina sobre Israel. Ellos recibirán el cáliz de la ira. Pero la bendición futura de Israel será también una luz para ellos. "Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isai, la cual estará puesta por perdón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa" (Isai. 11:10).

El cumplimiento de estas esperanzas esta vinculado con la promesa misteriosa de donar un Rey eterno a Israel. (Ezec. 37:24-26).

A este futuro Rey dirigen la vista de sus contemporáneos los profetas, que les están consolando. Y con estos rasgos representan Su imagen ante ellos: en la luz de la mansedumbre, sin ira, humilde y justo. "He aquí mi siervo, Yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones; no gritara, ni alzara su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrara la cana cascada, ni apagara el pabilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia" (Isai. 42:1-3).

En estas y semejantes palabras esta representada por los profetas la venida del Salvador al mundo. Ante nosotros — dispersa en distintos lugares de los escritos proféticos, pero rica en su totalidad, — la representación de los acontecimientos evangélicos y la imagen evangélica del Mismo Señor Jesucristo.

Encontramos en Isaias la indicación de Galilea, primer lugar en la tierra, donde vivió y apareció a la gente el Salvador. "El tiempo pasado fue aflicción para la tierra de Zabulon y a la tierra de Neftali; pues al fin llenara de gloria el camino del mar, de aquel lado de Jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo, que andaba en las tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos... Porque un niño nos he nacido, hijo nos he dado, y el principado sobre su nombre; y se llamara su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz" (Isai. 9:1-6).

He aquí la indicación como el Señor glorifica a Jerusalén: "Levántate, resplandece; por que ha venido tu luz, y la gloria de Dios ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones, mas sobre ti amanecerá el Señor, y sobre ti será vista Su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento" (Isai. 60:1-3).

Aquí esta la profecía sobre Cristo del mismo profeta, con la cual el Mismo Cristo comenzó Su predica terrenal en la sinagoga de Nazaret: "El espíritu de Señor Dios esta sobre Mi, porque me ungió el Señor; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Dios" (Isai. 61:1-2).

Esta previendo el profeta, que el Salvador no será reconocido por los jefes del pueblo judío y con ellos por parte del pueblo? Si, indirectamente, el muestra el cuadro grandioso de los sufrimientos de Jesucristo, dado en el cap. 53 de su libro. Es la mas grande profecía, mas grande, que todas:

¿Quién ha creído á nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Y subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca: no hay parecer en él, ni hermosura: verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fué menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. De la cárcel y del juicio fué quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fué de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fué herido. Y dipúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fué en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca" (Isai. 53:1-9).

La historia evangélica testimonia, que el pueblo judío no reconoció el tiempo, en que fue visitado. Pero no se puede negar, que el consuelo de la profecía se cumplió. Porque nadie puede quitar al pueblo hebreo la gloria, que de su origen vino la Santísima Virgen María y que Jesucristo descendía de la semilla de David, de que los santos apóstoles procedían del mismo pueblo, y que Jerusalén queda para todos los tiempos el lugar de la gloria de Cristo Resurecto. De Jerusalén se extendió la predica evangélica por todo el universo y la Iglesia lo celebra en el canon 8-o, voz 8-a, versículo "Señor, a ti he clamado, óyeme": Alégrate o Sión Santo, madre de las iglesias, morada de la resurrección...

La plena explicación del hecho, que en la Iglesia de Cristo entraron, en su mayoría, gente de los pueblos paganos, en cambio, la gran parte de los judíos quedo sin creer, nos da el ap Pablo en las Escrituras del N.T. En él encontramos una explicación exhaustiva de las profecías de A.T. sobre esto. El Apóstol escribe:

"¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte, Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrólas para con los vasos de misericordia que él ha preparado para gloria; Los cuales también ha llamado, es á saber, á nosotros, no sólo de los Judíos, mas también de los Gentiles? Como también en Oseas dice: Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mío; Y á la no amada, amada. Y será, que en el lugar donde les fué dicho: Vosotros no sois pueblo mío: Allí serán llamados hijos del Dios viviente. También Isaías clama tocante á Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena de la mar, las reliquias serán salvas .... ¿Pues qué diremos? Que los Gentiles que no seguían justicia, han alcanzado la justicia, es á saber, la justicia que es por la fe; Mas Israel que seguía la ley de justicia, no ha llegado á la ley de justicia. ¿Por qué? Porque la seguían no por fe, mas como por las obras de la ley: por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo, Como está escrito: He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo, y piedra de caída; Y aquel que creyere en ella, no será avergonzado... Mas digo: ¿No han oído? Antes bien, Por toda la tierra ha salido la fama de ellos, Y hasta los cabos de la redondez de la tierra las palabras de ellos. Mas digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré á celos con gente que no es mía; Con gente insensata os provocaré á ira. E Isaías determinadamente dice: Fuí hallado de los que no me buscaban; Manifestéme á los que no preguntaban por mí. Mas acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos á un pueblo rebelde y contradictor" (Rom. 9:22-27; 30:33; 10:18-21).

Esto suena como un destino demasiado severo y una condena pesada para el pueblo, que un día fue elegido. Pero el mismo ap. Pablo consuelo su pueblo, diciendo:

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuando a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como esta escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartara de Jacob la impiedad... Porque Dios sujeto a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. O profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! Cuan insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!" (Rom. 11:25-26; 32-33).

 

La propiedad imprescriptible de la Iglesia.

"Paso la sombra de la ley, cuando vino la Gracia" (Dogmático, voz 2-a): pasa la protoimagen, cuando llego la Verdad, la sombra prematinal se disipó, cuando brillo el sol. No hay sacrificios de A. T: no existen no solo en el sentido, que se perdió su importancia, sino de hecho — no hay mas. No hay tabernáculo, ni hay templo antiguo de Jerusalén; no hay sumo sacerdote, ni legítimos sacerdotes tienen los judíos.

Llego el Reino de Cristo. Y el mismo grano de la ley del A.T. — los diez mandamientos de Dios, dados sobre el monte Sinaí, dejan su primogenitura a los mandamientos, proclamados sobre otro monte — las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña.

Inamovibles quedan los mandamientos antiguos: uno — sobre el amor a Dios con todo corazón, toda el alma y todo el pensamiento; y el segundo — sobre el amor al prójimo, como a si mismo. Ellos constituyen la escénica ideológica del A.T.; el Salvador dijo, que sobre ellos están afirmados le Ley y los Profetas. Pero, el amor al prójimo, el Señor lo elevo todavía a mayor altura, en Su ultima conversación con los discípulos, diciendo: "Un mandamiento nuevo os doy..." Aquí el mandamiento antiguo es ampliado con el concepto de amar hasta el sacrificio de uno mismo, o sea, un amor mayor que a uno mismo.

En la Ultima Cena el Señor revelo la verdad misteriosa del establecimiento de un nuevo pacto: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre..." Esta verdad se hizo el tema principal de la predica de los Apóstoles.

Y a pesar de todo, el A.T. queda como un fundamento colocado en la tierra, sobre el cual se elevo hasta el cielo la Iglesia de Cristo. La piedra angular de esta base son los libros de la Biblia del A.T.: los legislativos, los históricos, instructivos y proféticos. Ellos contienen grandes profecías sobre Cristo y un numero, casi ilimitado, de protoimagenes premoniciones, reflejos del venidero N.T. En ellos escuchamos los llamados tempranos al arrepentimiento, mansedumbre, misericordia, luego proclamados en toda su fuerza y profundidad en la predica evangélica. En ellos encontramos numerosos ejemplos de piedad y abundancia de enseñanza moral. Son eternas las verdades reveladas a la humanidad sobre Dios, el mundo, el hombre, el pecado, la necesidad de la redención y el futuro y deseado Redentor.

Iluminada con la luz del Evangelio y revelada en toda su importancia por la Iglesia del N.T., la Biblia del A.T. queda como la propiedad inamovible e imprescriptible del Cristianismo.