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EL CHOCÓ DE AYER

De la edición 2296 del periódico ABC (octubre 20 de 1930)

Impulso a la agricultura

En la ciudad se encuentran, llegados anoche, los doctores Francisco Luis Arenas y Fred Barth, ingeniero agrónomo el primero y civil el segundo. El doctor Arenas fue el escogido por el gobierno para esta zona, creada a instancias del representante Castillo y viene confiado en las ofertas pecuniarias que le hizo al gobierno nacional el de la Intendencia. Saludamos atentamente a ambos profesionales y les deseamos éxitos en sus labores para las cuales contará irrestrictamente el doctor Arenas con el apoyo de la intendencia, interesada ahora más que nunca en impulsar la agricultura en el Chocó, única fuente de riqueza que podrá redimirnos económicamente.

De la edición 2297 del periódico ABC (octubre 21 de 1930)

Tesoros en Toro Viejo

En las ruinas de Toroviejo se encontraron fósiles de animales desconocidos hoy. Valiosos descubrimientos científicos. En la región hay riquísimas minas de oro, yacimientos de platino, de petróleo y de topacio. Se fundará una colonia agrícola. Historia de la ciudad de Toroviejo.

La región de Toro Viejo, en la intendencia del Chocó, en donde se localizaron y descubrieron en días pasados las ruinas de una antigua ciudad fundada por los españoles, constituye un verdadero emporio de riquezas, según ha declarado a uno de nuestros redactores el doctor Guillermo Herrera, jefe de la expedición que se organizó con el objeto de buscar aquellas ruinas. Se encuentra allí, en cantidades fantásticas, el oro en aluviones: Hay ricos yacimientos petrolíferos, platino y minas de topacio. En aquella región está situado el famoso cerro del Torrá, más rico, en concepto del sabio Francisco José de Caldas, que las legendarias minas del Potosí en el Perú. Aconsejaba el sabio Caldas al gobierno español, en un documento que se conserva todavía, que se abandonara la exploración de las minas de Potosí, para dedicar todos los esfuerzos a las de Toro Viejo.

El doctor Herrera, jefe científico de la expedición, suministró amablemente a nuestro redactor las informaciones que publicamos a continuación.

Las ruinas. Las ruinas de la ciudad de Toro Viejo fueron localizadas por haber encontrado los expedicionarios muros de un espesor de cincuenta centímetros y de una altura máxima de un metro con veinte centímetros.

Se encontraron también cimientos de diez por quince metros, y una calle empedrada, de este a oeste, en un trayecto de dos kilómetros. Los muros de la iglesia eran de veinte por quince metros, y dentro de ellos se encontró la parte superior de un incensario. El doctor Herrera localizó también una mina de aluvión de oro, aldabones antiguos y armas de fuego de las que usaban los españoles.

Historia de la ciudad

La ciudad de Toro Viejo era una de las más importantes en la época de la conquista. Fue fundada por don Francisco de Larraga en el año de 1573, por orden del presidente de la real audiencia don Andrés Díaz Venero de Leiva. Allí se organizaron trabajos para la explotación de las minas de oro, de las cuales se sacaron en una ocasión doscientas arrobas, en granos que pesaban 25 y 30 libras, y que fueron enviados al rey Felipe II. Diez años después de la fundación, en 1588, el monarca español le confirió, por el real decreto el título de Villa Real del Toro. La ciudad fue destruida en una invasión de los indios de la tribu de los catíes, que sorprendieron a los españoles y los vencieron por sorpresa y por la superioridad numérica. Este asalto fue efectuado por los aborígenes, quienes obraron impulsados por el deseo de explotar las minas de oro. Los españoles solamente alcanzaron a enterrar la campana de oro de la iglesia, que pesaba 25 arrobas. Dicha campana fue enterrada en la noche del 25 de junio de 1588, treinta metros al noroeste de la iglesia.

Las tribus indígenas

Son diversas las tribus indígenas residentes en aquella región, pero la más cercana a Toro Viejo es la de los tamanes, compuesta de indios pacíficos que viven de la pesca y el lavado de oro, que cambian en la población de Nóvita por fósforos, armas, aguardiente. El jefe de esta tribu es el cacique Cayabe, quien prestó varios servicios a los expedicionarios.

Las costumbres de estos indios son muy curiosas. Cuando ocurre un fallecimiento, se efectúan varias ceremonias, en los cuales abunda el licor y el baile en la casa del difunto, los matrimonios son muy sencillos y cualquiera de los indios casados puede oficiar la ceremonia.

Durante los días en que permanecieron allí los expedicionarios, se efectuó el primer matrimonio católico. Uno de los indios que estaba de novio, y a quien el párroco de Nóvita había tratado de catequizar se acercó al sacerdote de la expedición y le dijo:

–Cura, necesito que me cases. Tengo la india lista y puedes empezar ya.

El sacerdote le observó que había prepararse primero pero ante la insistencia del indio efectuó la ceremonia. Cuando el padre hace la pregunta al indio si tomaba por esposa a fulana de tal, el contrayente contestó:

– Siempre sirve, compadre. Y cuando le preguntó a la novia si se otorgaba por esposa, recibió la siguiente respuesta: –Siempre estorba, compadre. Finalmente cuando el dijo al novio: Esposa os doy y no esclava, él respondió:

–Esclava siempre, compadre.

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Al ínfimo costo de diez centavos el número, ha abierto un club de vestidos de dril, hechos sobre medida, la sastrería del señor Gorgonio Palacios A. El señor Palacios trata con esta reforma de proporcionar las mayores facilidades y ventajas al público. Además puede hacer vestidos pagables por cuotas anticipadas, semanales, ya de dril o de paño.

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