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ARMADURA

El alcalde encartado

Amilcar Cuesta Torres

Basta con mirarle la cara al alcalde de Quibdó para darse cuenta de que es un buen tipo. Su hoja de vida dice que es administrador de empresas egresado de nuestra UTCH y que su mayor experiencia laboral, antes de la alcaldía, era haber dirigido la conocida oficina de abogados Sánchez Montes de Oca. Y ahí estuvo el veneno; por su origen humilde, su temperamento apacible y su lealtad fue escogido como candidato de la más férrea maquinaria politiquera que actualmente domina el panorama electoral en el Chocó.

Siendo casi un desconocido en este pueblo de arribistas, al joven administrador nacido en Tagachí se le apareció la virgen y por la gracia de sus patrones fue transmutado para continuar la obra de gobierno que nos tiene postrados.

Su fuerte electoral fueron las capas bajas asentadas en la periferia subnormal de Quibdó; su metodología fue la misma que aplicaron sus antecesores recientes: política de estómago para gente hambreada y sin consuelo.

De esa manera llegó al primer cargo municipal (con esas mañas y ese "patrocinio", quién no).

Debido a su pésima labor administrativa, cada día que transcurre este villorrio empeora. La situación está a la vista: la inseguridad se ha disparado como nunca, las bandas delincuenciales atracan a sol caliente; el ciudadano de a pie perdió definitivamente el espacio público y el tránsito es una calamidad; las vías presentan un estado lamentable y nadie sabe a dónde van a parar los recaudos del impuesto a la gasolina; hace dos meses no hay servicio de acueducto porque a los empleados de EPQ les adeudan doce meses de salarios. A todo esto el alcalde postizo no dice esta boca es mía. No puede. El pobre hombre está encartado tratando de conjugar su servilismo con el compromiso social que implica ser alcalde de este entuerto territorial.

En dos oportunidades ha estado a punto de ser suspendido y en ambas lo han querido reemplazar con otro miembro del clan familiar que lo encumbró. Así de acobardado lo tienen.

Todo eso le ocurre a un pueblo que se precia de educado, que tiene en su suelo tres universidades con sede propia y cuya historia reivindica el pasado sobre el presente.

Estamos seguros de que al remate de su mandato, el alcalde capitalino no sólo estregará este poblacho en peores condiciones sino que inscribirá su nombre en la historia de los pueblos por ser pionero de la incapacidad administrativa.

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