Site hosted by Angelfire.com: Build your free website today!

 
 
PATRIMONIO   ARQUEOLÓGICO

 

Cuando se descapotaba el terreno que hoy ocupa el Aeropuerto El Edén, en 1970, la maquinaria trajo a la superficie capas terrestres profundas de las que salían profusamente todo tipo de materiales arqueológicos, obviamente quebrados y alterados Los arqueólogos quindianos Oscar José Osorio y Karen Olsen Bruhns, quienes estaban presentes en el sitio en investigaciones de varios meses en el Quindío, encontraron de manera fortuita una herramienta que constituye la mejor prueba de existencia de prístinos grupos humanos en el territorio (Osorio, 1986).  Se trataba de una “punta de proyectil”, piedra de origen volcánico y textura fuerte, generalmente silex u obsidiana, que era utilizaba por aquellos hombres para amarrar en los extremos de lanzas de madera y cazar así grandes mamíferos. Por tal razón, esa etapa se conoce como la de cazadores y recolectores o Paleoindio y se remonta a más de 10.000 años de antigüedad.

 

Estos materiales constituyen la mejor información para reconstruir la vida de esos primeros pobladores sociedades antiguas. La sencilla punta de proyectil se convierte en la única y más importante muestra del paso de estos pueblos por territorio quindiano y es importante para la arqueología, así como lo son otros yacimientos que testimonian la existencia de culturas más recientes.

 

El Patrimonio arqueológico es el legado de los pueblos que nos precedieron en el tiempo y en el espacio y está constituido también por su herencia social e histórica.  La importancia de este patrimonio no se remite únicamente a destacar los objetos materiales.  En realidad la arqueología, como disciplina científica, se ocupa también de estudiar el comportamiento social de los pueblos del pasado y  develar sus procesos de cambio.

 

La Ley General de Cultura (Ley 397/97) así define este patrimonio: 

 

Artículo 6.  Patrimonio Arqueológico:  “Son bienes integrantes del Patrimonio Arqueológico aquellos muebles o inmuebles que sean originarios de culturas desaparecidas, o que pertenezcan a la época colonial, así como los restos humanos y orgánicos relacionados con esas culturas. Igualmente, forman parte de dicho patrimonio los elementos geológicos y paleontológicos relacionados con la historia del hombre y sus orígenes”.

 

Los yacimientos arqueológicos pueden ser sitios de vivienda o enterramiento, eras de cultivo, pictografías (pinturas rupestres), petroglifos (grabados en piedra), basureros y cualquier depósito de restos que configuraran los contextos arqueológicos (tejidos, cerámica, madera, orfebrería, líticos y otros).

 

La arqueología reconstruye las culturas del pasado sobre la base de los restos materiales, encontrados fundamentalmente en excavaciones sistemáticas.   El arqueólogo intenta reconstruir esas culturas lo que se lleva a cabo mediante la interpretación del contexto, la presencia o ausencia de determinados artefactos, restos de alimento, restos óseos y objetos funerarios y artísticos así como el estudio del medio ecológico (físico y geográfico). Para esta labor se debe acudir a la interdisciplinariedad.

 

COMITÉ DE PROTECCIÓN ARQUEOLÓGICA DEL QUINDÍO.

Fue creado por la ordenanza 22 de 1982 de la Asamblea del Quindío. El Comité tendrá como objetivo primordial defender y conservar el Patrimonio Arqueológico del departamento. Sus lineamientos apuntan a las siguientes acciones.

 

-           Coordinar, con organismos nacionales, todo lo relacionado con hallazgos arqueológicos en el departamento y la región.

-           Realizar inventarios arqueológicos en el departamento y la región.

-           Realizar conferencias, seminarios, talleres y otras actividades afines, cuya finalidad sea la capacitación de la comunidad en cuanto concierne a conocimiento, valoración y preservación del Patrimonio Cultural.

-           Desarrollar acciones educativas y de difusión de las normas e información que, sobre temas antropológicos y arqueológicos, en coordinación con entidades del orden regional y nacional que lideran programas sobre el patrimonio cultural y arqueológico.

-           Cumplir las demás funciones relacionadas con las normas sobre protección de Patrimonio Cultural establecidas en la Ley 163 de 1959, su Decreto reglamentario 264 de 1963 y en las Leyes 388 y 397 de 1997.

 

A raíz de los movimientos de tierra ocasionados en la región desde el sismo del 25 de enero de 1999, el Comité ha estado atento al respeto por el patrimonio arqueológico que deben tener los responsables de las obras de ingeniería.  Regularmente desarrolla inspecciones en los sitios donde se hace remoción de tierras. También propugna por la inclusión del Componente Arqueológico en los Planes de Ordenamiento Territorial y en programas de gobiernos municipales.

 

El componente arqueológico es básicamente una herramienta de acción preventiva porque busca proteger los yacimientos arqueológicos en cumplimiento de los siguientes pasos:

 

1.        Reconocimiento arqueológico, que equivale en ingeniería a la etapa de prefactibilidad.

2.        Prospección arqueológica, que equivale a la etapa de factibilidad del proyecto de obra.

3.        Rescates arqueológicos, que es el paso que se cumple mientras se desarrolla la etapa de diseño de la obra a construirse.

4.        Monitoreo arqueológico, que se realiza en la plena etapa de construcción de la obra y que conlleva a la recuperación de materiales arqueológicos que no fueron rescatados en el paso anterior.

 

El Comité de Protección Arqueológica del Quindío (CPA) es también el Comité Técnico Asesor en Antropología y Arqueología del Centro Filial del Consejo de Monumentos Quindío.   De acuerdo con su fundamento ordenanzal, el C.P.A. está adscrito a la Gerencia de Cultura del Departamento.

 

Desde el momento de su creación, el C.P.A. se ha dedicado a la labor divulgativa de las normas legales que propenden por la salvaguarda del Patrimonio Arqueológico y a la acción educativa a través de talleres comunitarios, también en dicha temática.  En instituciones escolares y centros comunales ha desarrollado una constante sensibilización tendiente a lograr la apropiación del Patrimonio Cultural.  En el año 1983 se publicó su primera cartilla educativa, titulada “Hagamos Cultura”.

 

Desde el segundo semestre de 1998, el CPA se vinculó al proceso de sensibilización sobre Planes de Ordenamiento Territorial, liderado por la Oficina de Planeación Departamental, en aras de marcar las directrices del Componente Arqueológico en los PORTE.  Igualmente inició contactos con la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) en aras de concertar los criterios sobre inclusión del Componente Arqueológico en las licencias ambientales otra labor importante. 

 

En conjunto con el Centro Filial del Consejo de Monumentos Quindío, se intensificó después de la tragedia del 25 de Enero de 1999, dirigida a la protección del Patrimonio Cultural y Arqueológico de la Nación, lo que ha dado sus frutos con la consolidación de procesos de investigación arqueológica en la región y con sensibilización  ciudadana para propiciar los reportes de hallazgos arqueológicos fortuitos, tal cual lo determina la legislación vigente sobre protección del patrimonio cultural y arqueológico.

 

El mejor resultado de esa sensibilización se expresa a través de los reportes de hallazgos, algo que no ocurría antes del terremoto. Igualmente, se han recuperado piezas arqueológicas por parte del DAS y la Policía Nacional y se ha conseguido por fin se acreciente la colaboración ciudadana con la arqueología. La participación de la sociedad civil en el proceso arqueológico permitirá recuperar información valiosa y un mayor nivel de apropiación y valoración patrimonial.

 

ARTE  RUPESTRE  DEL  QUINDÍO.

En el Quindío existen testimonios del llamado arte rupestre. Estos yacimientos arqueológicos son manifestaciones artísticas de las sociedades prehispánicas y se perciben en petroglifos, algunos cubiertos aún por la vegetación en campo abierto.  Los petroglifos son inscripciones o grabados sobre piedra que se encuentra a lo largo y ancho del país; en el Quindío el más conocido se encuentra en límites de los municipios de Montenegro y La Tebaida (sector de Las Chilas, cerca de la Estación de Policía La Herradura. Esta en el lecho del Río Espejo y es conocido como la “Piedra del Indio”. Los  lugareños cuentan que varios extranjeros intentaron extraer la piedra de su sitio original hace algunos años pero afortunadamente no lograron su propósito. Otros lugares del país, sin embargo, han sido objeto de este tipo de saqueo arqueológico como ocurrió en la zona de San Agustín (Huila) donde algunas esculturas líticas fueron robadas y transportadas subrepticiamente en helicópteros o cercenadas con sierra para facilitar su movilización vía terrestre.

 

En una publicación histórica (Santos, 1930) sobre Armenia, se reseña la siguiente nota: “los grabados y figuras que se encuentran en las rocas duras, hasta el presente no se ha podido saber con qué los hicieron; algunos autores sostienen que tales grabados fueron hechos con cinceles de piedra o de cobre templado”. En la misma página aparece la foto de una pequeña piedra con un motivo antropomorfo grabado, muy parecido a las tipologías que presentan algunos petroglifos registrados en el país. De esta pieza lítica, que parece fue hallada en algún lugar del Quindío, no se tiene registro alguno. También se conoce de otro petroglifo en El Caimo (Armenia), que fue objeto de fragmentación por parte de los vándalos y que se encuentra sin registrar. Lamentablemente estos pequeños testimonios del arte rupestre, así como reducidas esculturas líticas que se hubieren encontrado en territorio quindiano, son objeto permanente del tráfico y exportación ilegal de piezas arqueológicas.

 

Los diseños de la “Piedra del Indio” son antropomorfos y zoomorfos, conservando una correspondencia de formas y figuras con otros petroglifos del país. En la denominada zona arqueológica Quimbaya, tal cual lo anota el antropólogo Luis Duque Gómez (1970), las manifestaciones del arte rupestre se reseñan en el Río San Eugenio (Santa Rosa de Cabal) y en la hacienda “La Cristalina” (Pereira), yacimientos que se encuentran expuestos al vandalismo y el daño ambiental.

 

Es urgente una declaratoria de bienes de interés cultural para la “Piedra del Indio”, que debe ser promovida en conjunto por las administraciones de Montenegro y La Tebaida, a fin de coordinar su protección con otros organismos así como la divulgación y difusión de tan importante testimonio.

 

 

 

MÚSICA Y PATRIMONIO

En el transcurso del siglo XX mientras se consolidaban los municipios quindianos, aires como el bambuco, el pasillo y las melodías del interior, se fueron incorporando cada vez mas al repertorio musical de la región quindiana. Era interpretada por trovadores en las típicas fondas campesinas, por solistas o tríos con tiple o guitarra en las ventas camineras y las serenatas amorosas, por duetos, por agrupaciones corales, por estudiantinas con arpas, liras y bandolas en el ámbito de salones y posteriormente por las bandas pueblerinas en las plazoletas, parques e improvisados recintos. Mediante una singular organología sonora de  instrumentos de viento, donde se mezcla la vivacidad rítmica con las gamas melódicas populares, las gentes se reconocen constantemente en su música. Se reunían por ejemplo los domingos para escuchar las bandas municipales.Hoy la música instrumental de cuerda, la canción quindiana rural y las músicas populares siguen ocupando un sitial destacado en las municipalidades. La primera se exalta cada año en el Concurso Nacional de Duetos y las tonadas campesinas, las de “carrilera” o las de tantos cultores autodidactos se validan en múltiples festivales de municipios veredas y barrios.

 

BANDA DEPARTAMENTAL DE MUSICOS DEL QUINDÍO:

Desde hace varios la música se viene vistiendo de gala con la interpretación de melodías clásicas y vernáculas del Quindío. Esto se lo han permitido los quindianos con cada presentación de la Banda Departamental. El nivel de calidad es óptimo para esta agrupación que nació con la creación del departamento del Quindío en el año de 1966 y que hoy cosecha éxitos a nivel regional y nacional. La banda departamental de músicos del Quindío, en sus inicios, bajo la dirección del maestro Luis Angel Ramírez, fue merecedora de los premios a la mejor banda de música del país en evento realizado en la ciudad de Paipa (Boyacá), y hoy nos llena de legítimo orgullo.  Con la vinculación de instrumentistas jóvenes continúa siendo un órgano pregonero de nuestra cultura musical y su director, Edgar Gallego Cardona, es invitado permanentemente a otras ciudades del país donde la Banda se considera, como aquí, el mayor Patrimonio Musical de los quindianos.

 

BANDAS  MUNICIPALES

Ellas son reservorio de historias populares y de un rico anecdotario que se recuerda con nostalgia en muchos pueblos del Quindío. Son motivo de orgullo y generadoras de un amplio historial jocoso singular que ya hace parte del patrimonio demosófico del departamento. En Finladia, por ejemplo, el más importante exponente grupal de la música era la Banda de Cera o Banda de los Aguirre, que era famosa porque “los instrumentos no se podían traer al sol, ya que se derretían debido a la cera con que estaban unidas las piezas metálicas; era una banda muy sonora, pero solo se usaba en las noches y días de invierno” (Restrepo, 1978).

 

HIMNOS  E  IDENTIDAD  CULTURAL  DEL  QUINDÍO.

Los himnos del Quindío son, junto con sus escudos y banderas, los vitales elementos simbólicos del patrimonio cultural colectivo, que los quindianos deberíamos conocer y entonar con orgullo.  Ellos cantan también a las bondades de las municipalidades  o a las características de sus gentes.

 

Un himno permite reforzar el sentido de pertenencia.  Su música y letra reflejan el espíritu creativo de autores y compositores motivados por un gran apego a su

terruño.  Muchas veces, tal cual ocurre en el Tolima y el Meta, los aires musicales regionales se convierten en el vínculo identificatorio que transmite también la

esencia del bagaje musical tradicional.  El agradable bunde o el ritmo del joropo se refieren  a la historia de estos departamentos y, en esa medida, sus

habitantes han adoptado el “Bunde Tolimense” y la melodía “Ay Mi Llanura” como sus himnos departamentales.

 

HIMNO DEL DEPARTAMENTO DEL QUINDÍO.

El compositor del Himno Departamental, el santandereano Luis Uribe Bueno y el poeta antioqueño Jorge Robledo Ortíz, en 1.981, ganaron el concurso nacional que se convocara para la realización del himno, el cual fue estrenado el 19 de enero con motivo del XV aniversario del creación del departamento. El 17 de marzo de 1981. Alvaro Pareja y Martha C. Valencia anotan en “Cancionero Mayor del Qundío”[1] que e nuevo himno de Uribe Bueno y Robledo Ortíz dejaba sin vigencia “la adopción temporal del primer himno del Quindío, escrito y compuesto  en 1956 por los hermanos maritas Ramón Celestino y Julio Ospina y obsequiado por la Comunidad el día de la inauguración del nuevo departamento”. Este himno había sido aprobado por ordenanza 13 de noviembre de 1966. El nuevo himno se grabó el 17 de marzo del mismo año lo que estuvo a cargo de la  Banda Departamental y el Coro Mixto de la Universidad de Antioquía.  Años mas tarde, en 1.996, se presentó un disco compacto acompañado por la Banda Departamental del Quindío.

 

HIMNOS  DE  LOS  MUNICIPIOS DEL QUINDÍO

De una interesante publicación (Ramírez, 1996), es necesario extraer y destacar los aspectos más importantes de los himnos municipales del Quindío:

 

El himno de Armenia fue compuesto por el maestro Rafael Moncada, conocido valor del Quindío y quien legó a su familia la tradición artística que conocemos a través de Los Hermanos Moncada, que ha fertilizado el campo musical del  departamento.  La letra es del poeta salamineño Tomás Calderón.

 

El himno del municipio de Buenavista resalta el paisaje de este sector cordillerano.  Su letra y música pertenecen a educadores del Colegio Instituto Buenavista, los señores Luis Eduardo Jaramillo y Edison Hanry.

 

Otro docente, el poeta Eduardo Isaza es el autor de la letra del himno de Calarcá.  El tema del cacique pijao, espíritu central del himno, fue musicalizado por Rafael Ruiz, exintegrante de la banda musical de ese municipio.

 

El poeta y educador Gonzalo Quiroga es el autor de la letra del himno de Circasia.  La música es del maestro antioqueño Luis Angel Ramírez, reconocido valor musical del departamento y exdirector de la Banda Departamental.

 

Córdoba resalta también el paisaje montañoso en su himno.  La letra pertenece a Hearly Sabogal y su música es de Gabriel Alfonso Aguirre, exintegrante de la banda departamental y expersonero municipal.

 

El canto a “la hija de los Andes”, uno de los apelativos conocidos para Filandia, es la característica de su himno.  Letra y música fueron creadas por el educador Santiago Lopez, exrector del colegio La Santísima Trinidad.

 

El himno de Génova es autoría de Jaime Gamboa, y su composición musical es del maestro Edgar Gallego, director de la banda departamental.

 

La música del himno de La Tebaida fue compuesta por Bernardo Arcila, exalumno de los maestros quindianos Rafael Moncada y Gonzalo Hincapie.  Su letra  es autoría del periodista y escritor Alfonso Osorio Carvajal.

 

El famoso compositor antioqueño Carlos Vieco, autor de más de dos mil obras musicales, es el creador del himno de Montenegro mientras su letra fue escrita por el medico homeópata montenegrino Luis Carlos Florez.

 

Uno de los herederos de la tradición musical quindiana, Hugo Moncada Salazar, es el autor de la música del himno de Pijao; la  letra es de Alfonso Osorio Carvajal.

 

La letra del himno de Quimbaya se debe al poeta antioqueño Jorge Robledo Ortíz y su música es de otro valor musical nacional, el compositor Carlos Vieco.

 

La letra del himno de Salento es de Jorge Enrique Arias, su primer alcalde popular.  La composición musical es de Juan José Ramírez, hijo del maestro Luis Angel Ramírez y músico mayor de la banda departamental.

 

CENTRO DE DOCUMENTACIÓN E INVESTIGACIÓN  MUSICAL DEL QUINDÍO.

El departamento es pionero en trabajos  de recuperación del Patrimonio Musical gracias al tesón y constancia de su director, el sociólogo Alvaro Pareja Castro y su coordinadora licenciada Marta Cecilia Valencia Alvarez.

 

Esta es la entidad encargada de la preservación del patrimonio cultural musical del Quindío y nació en 1984 con la tarea inicial de comenzar el intenso proceso de inventario del Patrimonio Musical.  Once años después un interesante trabajo de investigación, entregado al público de la región en dos completos tomos de la obra titulada CANCIONERO MAYOR DEL QUINDÍO cristalizaría ese anhelo. Es un  documento único  que a través de sus casi novecientas páginas reseña la riqueza del Patrimonio Musical del departamento del Quindío.

 

La obra de compilación patrimonial, que incluye cancioneros, himnarios, composiciones musicales, aspectos sobre discografía y hemerografía musical, nos enseña el inmenso potencial a nivel de estos temas que tienen  los diferentes municipios. El corpus de la obra abarca cerca de 2.500 composiciones musicales extraídas de los ámbitos popular, académico y de fundamentación folclórica, lo que permite conservar una memoria de creación artística de los últimos ochenta años.

 

El CDMQ cuenta en sus instalaciones también con una fonoteca, formada gracias a una constante de visitas a pueblos y veredas donde se recogen acetatos discográficos de 33, 45 y 78 revoluciones por minuto, cintas magnetofónicas, casetes de audio, discos compactos, películas, videos y un voluminoso cancionero conformado por letras y partituras.  También reseña el CDMQ una interesante muestra de organología (instrumentos musicales) prehispánica, porque la música también fue parte importante de los pueblos indígenas que habitaron la región antes de la llegada de los españoles. Ocarinas, volantes de huso sonajeros y otras piezas prehispánicas hacen sonar con música la riqueza patrimonial.

 

El CDMQ se proyecta a todo el país con este interesante trabajo de compilación musical y ha encontrado ramales de la música en diferentes lugares de la geografía nacional.  Como lo escriben sus autores, “un conjunto de testimonios materiales dejados por una larga etapa de investigación nos dejan innegables elementos de ascendencia, lazos históricos y de fronteras con los complejos musicales y culturales Caucano  y Vallecaucano, Caldense y Risaraldense, Tolimense y Antioqueño, Cundiboyacense y Santandereano”. (Pareja, 1995)

 

Gracias al CDMQ, el Quindío se enorgullece de un trabajo patrimonial de recuperación sin par, que permite “sacar del cuarto de San Alejo el tesoro que encara la recuperación de su paisaje musical”. (Ibídem)

 

PATRIMONIO  COREOGRÁFICO    LA  DANZA DE LOS  MACHETEROS.

Existe en el Quindío un grupo artístico de danza que se ha convertido en el más importante embajador del departamento ante la nación y el mundo.  Se trata de

 

La Fundación Cultural del Quindío, FUNDANZA, que viene desarrollando una importante labor en el campo del folclor y la difusión de nuestros aires colombianos

y regionales.  Su director, el Licenciado James Gonzalez Matta ha posicionado bien  al grupo con su acertada orientación, además de hacerlo merecedor a varios

premios nacionales en festivales y concursos folclóricos y al reconocimiento internacional.

 

Una de las destacadas acciones de FUNDANZA es la investigación y recuperación  folclóricas.  En 1980 el maestro Gonzalez Matta inició el rescate de los aires tradicionales del Eje Cafetero.  En una recolección de datos, logrados especialmente con los viejos, se fue conociendo la inmensa memoria folclórica: pasillos, sainetes, danzones, danzas criollas, vueltas o el juego de esgrima con machete son el testimonio de esta riqueza.  Este último llamó poderosamente la atención del maestro González, quien se motivó para preparar y realizar el montaje de los aires investigados presentando por primera vez (1984), en un encuentro nacional, lo que el público  más adelante llamara la “Danza de los Macheteros del Quindío”.

 

La coreografía del juego de esgrima con machete o Danza de los Macheteros se ha convertido en otro de nuestros referentes patrimoniales, pues ha colocado el buen nombre del Quindío en labios de críticos y folclorólogos famosos y su presentación es exaltada en diferentes escenarios. El montaje de los macheteros también se cristalizó gracias a investigación de campo adelantada por la licenciada Maribel Carvajal y por la composición musical del maestro Lucas Fabián Molano.  La danza se desarrolla como baile de salón, actuando diez parejas jóvenes que están ataviadas con trajes campesinos y brillantes y que portan machetes en las manos, como preparándose para un enfrentamiento callejero.  El contenido de la coreografía se enriqueció con el conocimiento sobre las costumbres de la arriería de principios del siglo XX.

 

Cuando la música comienza a sonar, el agradable ritmo mueve a las parejas en un peligroso baile coordinado por el compás de los golpes que son producidos por el roce de los machetes o “peinillas”, demostrando destreza y habilidad de los danzantes. Estas escenas rememoran los juegos autóctonos de los arrieros, llamados la esgrima o grima montañera que convertían en una verdadera fiesta a  las fondas campesinas. La grima permitía la realización de 32 figuras o paradas, que se desarrollaban generalmente en los patios de las fondas mientras, al fondo, sonaba la música de cuerda.  La mayoría de “combates” ofrecían divertimento para los espectadores y mucho apasionamiento para los macheteros pero eran peligrosos hasta el punto de producir heridas mortales.  La información recogida por FUNDANZA permitió conocer que generalmente la esgrima o grima montañera se realizaba los días domingo, después de la siesta del medio día.

 

Esta danza es el aspecto identificatorio más importante del departamento del Quindío  a nivel  coreográfico y en 1992 fue escogida para representar a Colombia en el Festival Mundial del Folclor que se realizó en Palma de Mallorca (España).

 

La tradición histórica de la Danza de los Macheteros también ha sido tema de literatos quindianos.  La más famosa fiesta de “combates” era la de Puerto Espejo, pues cada domingo se citaban macheteros famosos como el “Tuerto Felipe” y el “Negro Marín”, protagonizando inolvidables encuentros, que inspiraron al poeta quindiano Baudilio Montoya para escribir el soneto “La niña de Puerto Espejo”.[2]El escritor Euclides Jaramillo, quien incursionó como el que más en la insondable esfera del folclor quindiano, señalaba que hasta hace pocos años se jugaba grima en las fondas del Quindío. Al atardecer, cuando los hombres salían de trabajar, se concentraban en los lugares acostumbrados para ejecutar las maniobras con los machetes de 22 pulgadas, los cuales se cargaban en vainas adornadas con vistosos ramales y que en algunos sitios rurales, como El Caimo (Armenia), se sacaba todavía candela con el rozar de los machetes contra las piedras del camino.  También recuerda muchos duelos que aquí se ejecutaron, así como las 32 paradas en grima con machetes en duelo.[3]

 

Se recuerdan famosos maestros de grima en el Quindío.  Uno de los últimos macheteros vivos, don Pedronel Ospina, cuenta que cada domingo los hombres llegaban a esas fiestas con traje blanco impecable, camisa ancha, sombrero aguadeño y machete a la cintura, mientras las mujeres llevaban trajes de chapolera con pollera de varios colores y embadurnadas de polvo en su rostro. Mientras los primeros amolaban las “peinillas”, ellas preparaban carne bien sazonada en las brasas ardientes.  Nunca faltaba el aguardiente amarillo que bebían sin moderación mientras todos esperaban el momento principal cuando los hombres a la suerte de los dados se encontraban con su oponente y se iniciaba el “combate”.

 

Las 32 figuras de la esgrima montañera recibían nombres como la engañosa, la medialuna, la cruz, la estrella o el vuelo de ángel, entre otras.  Esta última, considerada como la más difícil, cobró muchas heridas y a veces dejaba maltrechos a los contendores.  Se cuenta que El Tuerto Felipe, el mejor machetero y experto profesor de grima de El Caimo, fue muerto por uno de sus discípulos en uno de los enfrentamientos.

 

El arreglo coreográfico y musical de FUNDANZA, que hoy llega a nosotros por la dispendiosa y cuidadosa reconstrucción de este grupo artístico, ha convertido a la otrora sangrienta grima en un espectáculo de folclor quindiano que permite desentrañar múltiples aspectos de la  música popular y de las vivencias campesinas de principios del siglo XX.  El mérito de FUNDANZA, de acuerdo con lo escrito por el maestro Euclides Jaramillo, es lograr unos juegos coreográficos que reflejan autenticidad y fidelidad lo que, a su juicio, son “las características de todo ente folclórico que se quiera mostrar al público, o que se saque de su fuente para ser mostrado a las gentes”. (Ibídem).

 

PATRIMONIO  DEMOSÓFICO.

Encontramos los mitos y leyendas en todas partes del mundo y, por supuesto, en nuestro medio regional donde con frecuencia escuchamos relatos sobre la patasola, la madremonte, el patetarro, la llorona u otras facetas de nuestro folclor, entendidas como formas orales de transmisión del saber popular tradicional, bien sea de origen etiológico, cosmogónico, antropogónico o escatológico. Los mitos reflejan los orígenes aspectos sobrenaturales relacionados con el medio ecológico circundante. Un patrimonio demosófico quindiano condensa el inmenso acervo de mitos, leyendas, relatos, consejas y narraciones de la región. Han llegado a nosotros de diferentes maneras; son aceptadas y compartidas por las gentes, traspasando fronteras como ocurre con la leyenda del mohán (originaria del Tolima Grande) y la llorona, popular en Latinoamérica y con nombres particulares.  

 

LA  LEYENDA  DEL  CACIQUE  CALARCÁ.

Peñas Blancas se ha convertido en un referente de identidad para los quindianos,  especialmente para los calarqueños, pues evoca el recuerdo legendario de un cacique indígena que le dio el nombre a la segunda del Quindío y en torno del cual se han tejido varias historias que se refieren a las supuestas riquezas por él guardadas en el interior de los socavones.  Los relatos, cargados de fantasía y motivados por la  ambición  de  muchos  guaqueros,  convirtieron  a  Peñas  Blancas  desde la época de fundación de Calarcá en un polo de atracción  de aventureros que lo visitaban con el objetivo de encontrar el tesoro del personaje.  Se asegura    que no pocos desaparecieron en su interior, tratando de acceder a lo más profundo de la fosa.  Peñas Blancas fue uno de los sitios que despertó la avidez de riquezas de los descuajadores de montaña a mediados del siglo XIX, quienes también eran atraídos a esta tierra por relatos que acompañaron  la gesta colonizadora como los tesoros de Arbi, Pipintá o de la laguna de Maraveles.  Todos ellos revivieron el Dorado que, como lo anotó Arango Ferrer,  citado por Lopera (1986), fue “el delirante y sarcástico fantasma de la codicia occidental que estaba en todas partes y ninguna...  El Dorado fue la venganza del Nuevo Mundo contra quienes lo sorprendieron y lo despojaron “.  Cien años después, la leyenda de Peñas Blancas sigue vigente y se incorpora al patrimonio demosófico del Quindío.

 

                Son varias las versiones, algunas de ellas con asidero histórico, que la mantienen viva en el sentimiento popular. La leyenda de Calarcá ha ganado un sitial en la literatura regional que lo elevó incluso al rango de rey, como así lo describe la historiografía anecdótica de principios del siglo XX en el Quindío (Arango Cardona, 1928).  La relación estrecha con la existencia de fabulosos tesoros escondidos en cavernas, lenguaje muy propio de un fantástico mundo heredado  también de lo ibérico, creció como caldo de cultivo en la época de la colonización cuando la codicia por el oro prehispánico animaba el saqueo de tumbas indígenas.

 

El legendario personaje guerrero, en una primera interpretación tratada en una obra de la quindiana Teresa Arango Bueno (1954), relata la serie de ataques de los pijaos a las poblaciones fundadas por españoles en la llamada Provincia Quimbaya.  Esto lo corrobora el historiador Juan Friede (1978) cuando se refiere al traslado de Cartago pues en el sitio de la fundación inicial (Pereira actual), fue destruido varias veces por los indios. En la historia relatada se habla de Combeima, cacique de los coyaimas y natagaimas y bautizado posteriormente como Baltazar. Aliado de los españoles, llegó a casarse y tener descendencia con la hija de uno de ellos lo que motivó en Calarcá, descrito como jefe de los pijaos, el cobro de la ofensa por mezclar la sangre indígena con la de los invasores, raptando el niño de Baltazar devorándolo y devolviéndole los huesos a su padre tres días después.

 

Combeima (o Baltazar) preparó su venganza con el presidente del Nuevo Reino de Granada don Juan de Borja.  Con una lanza el cacique natagaima asesinó a Calarcá dispersando al pueblo pijao y facilitando su sometimiento por el gobierno español.

 

El escritor Jaime Lopera (1986) anota que el nombre de este guerrero pijao era realmente Régulo Calarcá, en referencia a una relación escrita que dejó Agustín Codazzi en la época de la Comisión Corográfica.  Otros relatos del Quindío y el Tolima también registran que Calarcá tuvo una hija llamada Guaicamarintia, quien se convirtió en cacica de los pijaos a la muerte de su padre y se casó posteriormente con un cacique quimbaya quien la llenó de riquezas y, de paso, aniquiló el carácter belicoso y altivo de los pijaos. Sin embargo éstos nunca fueron dominados completamente por, los españoles.  También  se cuenta que, al morir Calarcá, su hija  ordenó  enterrarlo  en  una  sepultura  entre  las rocas del monte y allí lo dejó con todos sus tesoros. 

 

                En otra versión de la leyenda la muerte de Calarcá sucedió en circunstancias diferentes a las que el imaginario colectivo las ha transmitido y en las que se incluye al cacique Baltazar. Lopera (1986) dice que Calarcá murió durante una batalla contra los pijaos. Otros autores consideran que Calarcá murió de “pura vejez”,  como lo escribió Agustín Codazzi en su informe de la Comisión Corográfica, pues el guerrero vivió siempre resguardado en los refugios montañosos de la cordillera y salía a atacar a los poblados españoles, sin dar batalla a campo abierto.

 

                De las diferentes versiones se destaca la admiración que todavía produce el héroe mítico Calarcá en la mentalidad colectiva de los quindianos. Las  crónicas de la conquista (Cubillos, 1946) le elevan a las categorías de mohán, hechicero y adivino. Tales atributos, aunados a la supuesta valentía en el combate, permitieron que hoy sea el más mencionado personaje de la época prehispánica en la región.

 

                Un sitio tan majestuoso como Peñas Blancas debe ser considerado por los calarqueños y quindianos  como uno de los más preciados bienes patrimoniales, para que las futuras generaciones sigan viendo en él  un referente histórico y legendario.  Pero, sobretodo, la Administración Municipal de Calarcá y su Concejo deben hacer una declaratoria de bien de interés para tan importante hito natural, lo que permitirá más adelante la acción arqueológica en sus contornos, en aras de investigar pautas de poblamiento indígena en la zona.   Conglomerados  como los corregimientos La Virginia y Quebrada Negra deben poseer también muestras arqueológicas, que respondan a un rigor museográfico para evocar la memoria de este personaje simbólico.

 

LA LEYENDA DEL TESORO DE PIPINTÁ.

Algunos historiadores concuerdan en señalar la guaquería como uno de los factores de atracción de colonos al territorio del Antiguo Caldas a mediados del siglo XIX.  Generalmente estos viajes eran alimentados por la fantasía popular despertada alrededor de mitos y leyendas que relataban la existencia de tesoros y que, desde el siglo XVI, se regó como pólvora con la búsqueda de muchos Dorados en toda la geografía nacional. (Valencia, 1988)

 

El hallazgo de ricos ajuares funerarios en  las sepulturas indígenas produjo una serie de comentarios que, junto con la leyenda de Peñas Blancas, enriqueció el patrimonio mitológico del Quindío.  Se hablaba del Tesoro del Rey Palomino, de la laguna de una región llamada “Maravelez”  o del Tesoro de Pipintá.  Este último (Lopera, 1986) hizo que la leyenda se extendiera rápidamente por Antioquia y llegaran muchos aventureros hasta la recién fundada Salento tras las huellas del oro. 

 

Dos versiones se manejaron alrededor de la leyenda.  La primera viene desde la época de la conquista española en el norte de Caldas y hace referencia a un personaje llamado Martín Blandón quien aseguraba ser descendiente de Pipintá, el cacique que tenía su jurisdicción en el territorio de los indios armas. Blandón le manifiesta  a un cura en su lecho de muerte la existencia de un supuesto tesoro en un lugar revestido de piedra:  “se encuentra en él toda una corte de 16 caciques de oro macizo; la puerta está guardada por un par de caciques, macho y hembra, y ésta carga una mica, también de oro macizo.  Estas estatuas son de tamaño natural, lo mismo que la mica, y el oro en alhajas menudas es tanto, que llevando 50 mulas para traerlo es como si no se hubiera llevado nada”. [4]

 

La otra versión, según la cual un colono internado en la selva quindiana encontró una galería de piedra que recorrió en toda su longitud fue registrada en el escrito “La colonización del Quindío” (1921) por Restrepo, citado por Valencia (1988), así:  “Al final de la gradería había una puerta labrada en la roca, que conducía a una especie de habitación o templo subterráneo.  El buen amigo antioqueño, con su mucha sangre fría, fue internándose en el oscuro socavón.  Habría andado unos quince metros cuando percibió un sonido metálico especial. ...De repente, a los pocos pasos vio algunos rayos de luz que entraban por una especie de claraboya y vio numerosos objetos de oro, entre ellos una enorme serpiente, toda hecha del bello metal, varias estatuas quizá ídolos también de oro y mil riquísimos objetos más.  Cuando nuestro campesino estaba extasiado en la contemplación de tales riquezas, un enorme estruendo se produjo en el oscuro socavón que puso el pánico en nuestro antioqueño, quien precipitadamente salió de la caverna”.

 

El Tesoro de Pipintá nunca ha sido encontrado.  Los caldenses creen que se ubica entre Arma y el Puente de la Cana, en Pácora.  Muchos aventureros que llegaron a Salento a finales del siglo XIX lo buscaron infructuosamente.  Hoy, como testimonio a la leyenda, se levanta un monumento al Cacique Pipintá en el municipio de Aguadas.  En el Quindío, esta leyenda persevera como parte del patrimonio demosófico de nuestras gentes.

 

LEYENDA DE LA LAGUNA DE MARAVELEZ.

Se asegura que el nombre dado a este valle proviene de los apellidos de sus dueños, Marulanda y Vélez. (Valencia, 1963), la historia antigua de este conocido sitio natural y paisajístico Quindío, está asociada a la imaginación de los colonos que llegaron al Quindío en las postrimerías del siglo XIX y relata la existencia de una laguna que no existe como formación orográfica en contornos del citado valle pero sí aparece en los relatos endilgados a tesoros fantásticos, evocando así la remembranza de la Laguna del Dorado.

 

Existe un relato (Cifuentes, 1991) transmitido por el cronista Jesús María Suárez a principios de siglo XX, en el que indica cómo en las aguas de la llamada Laguna  “Maraveles”  flotaba una totuma encantada que “al tocarla pitaba como un toro y luego desaparecía”.  Prosigue el relato con el detalle geográfico de la laguna, en cuyo alrededor “crecían, cipreces, abedules, robles y álamos”. Anotaba también que “cuando llovía se hacían intransitables los pantanos y que sólo el Cacique Calarcá conoció un sendero fácil por donde llevó sus riquezas en compañía de unos guerreros pijaos a los que asesinó con su propia mano cuando terminaron su labor de enterramiento en la laguna”.  Esta historia fantástica, junto con otros relatos de tesoros, como los registrados por Don Luis Arango Cardona en su libro “Recuerdos de la Guaquería en el Quindío” durante mucho tiempo han enriquecido el imaginario colectivo mitológico del departamento.

 

                PATRIMONIO LITERARIO:

                El departamento del Quindío, dentro de la órbita cultural, ha entregado a la historia literaria de Colombia valores humanos de las letras y las artes.  Estos autores han sido los adalides de una tradición que se convierte en el patrimonio literario del departamento.

 

Obras de literatura, ensayos, poemas, cuentos y toda la gama intelectual que gesta el producto intangible de las letras, conforman el Patrimonio Literario.  Son un legado de nuestros autores, quienes compartieron con Caldas y Risaralda a principios del siglo XX el estilo llamado grecocaldense o la forma castiza y costumbrista de la escritura de algunos antepasados de la colonización.

 

Cientos de libros que hoy se conservan en anaqueles de las bibliotecas son el producto literario que reflejan la riqueza prosística de tierras quindianas en las primeras décadas del siglo XX.  Entre ellos se destacan afamados literatos del género cuentístico, encabezados por Eduardo Arias Suárez, nacido en Armenia en 1897.  Se tiene por cierto que si en algo sobresalió esta porción de tierra llamada Quindío en esa época, fue por entregar al país una verdadera tradición literaria del cuento.  Luego vendrían el filandeño Tulio Suárez, autor de la obra “Rosalba”, Adel López Gómez y el pereirano Euclides Jaramillo Arango, quien a la postre se convirtió en un valor literario sin par en esta región.

 

El recuento de los méritos literarios debe convertirse para  los quindianos en una oportunidad para refrescar e ilustrar la memoria en cuanto a la literatura que aquí se ha gestado para el país y el mundo.  En este panorama sobresalen, entre otros, los poetas y escritores oriundos de la ciudad de Calarcá: los Jaramillo Ángel, el poeta Luis Vidales, el rapsoda Baudilio Montoya, Orlando Montoya, Elías Mejía, Jorge Julio Echeverry y otros como Carlos Alberto Castrillon, Alfonso Osorio, Jairo Baena, Juan Aurelio García, Fabio Osorio y Martha Lucia Usaquén de una larga lista que hoy han hecho realidad el importante evento denominado “Café Con Verso”.  De especial relevancia es el escritor Noel Estrada Roldán, considerado como uno de los mejores sonetistas del continente. También se destaca la literatura de género, como quiera ya es imborrable la marca que ha dejado en las letras nacionales el nombre de Carmelina Soto Valencia o el de Esther López, para mencionar solo dos de las poetas de esta tierra.

 

En el mundo insondable del ensayo, deben mencionarse muchos nombres, de todas las generaciones de quindianos en el transcurso del siglo XX.  Algunos, como Jaime Lopera y Horacio Gómez Aristizabal, se inclinaron por el énfasis en la historia regional.  Otros, como Gloria Chavéz o Nodier Botero, han constituido sus propios estilos ensayísticos desde descubrir las raíces culturales o desde el ámbito de la filosofía.  Dos siquiatras se han introducido en el discurrir literario, combinando con la pluma esa profesión del espíritu:  Luis Carlos Restrepo, con sus ensayos “tiernos” y filosóficos y Juan Restrepo, con sus poemas de línea fina.  De otro lado, la filosofía y el derecho encontraron en Jesús Rincón y Serna su más importante exponente.

 

Desde las columnas de prensa, nos han acompañado, muchos escritores, deleitando a diario a los lectores consuetudinarios.  Entre ellos se encuentran Humberto Senegal, Gabriel Echeverry Gonzalez desde el medio regional y Hernando Gómez Buendía y Hector Ocampo Marín, en el frente periodístico nacional.  Desde la prosa versátil, se han ligado los nombres de Jesús Arango Cano, Alirio Gallego Valencia y Libaniel Marulanda, entre otros.

 

Hacer un recuento patrimonial de la literatura quindiana es tarea harto difícil, pues se corre el riesgo de omitir nombres de tantos escritores y poetas de esta tierra.  Sin embargo desde estas líneas insistimos en la necesidad de instituir una reflexión constante sobre este Patrimonio.  Es indispensable que todos los días, en la vida institucional, educativa y obviamente, en el medio familiar, se cultive el interés por lo nuestro.  Una de las estrategias para que se de un proceso de apropiación de nuestros valores culturales, es leyendo a los quindianos.

 

En esta sipnosis hay que referirse indudablemente a la cultura popular.  En el Quindío abundan los autores de esta raigambre.  El más conocido de estos es Gustavo Ríos Hernández.

 

Si queremos apropiarnos de una identidad quindiana, se debe empezar a rastrear lo local.  De aquí, parte la importancia de tener en cuenta las crónicas escritas sobre la historia de pueblos.  Este género literario, manejado por historiadores de renombre como Piedad Gutiérrez Villa  o Roberto Luis Jaramillo, también se encuentra en muchos autodidactos de la provincia quindiana que, sin rebasar la historiografía, sí han incursionado en el estudio de la mentalidad colectiva.  Este es el verdadero insumo de la historia regional, tímidamente escrito por personas que valoran su patrimonio cultural.

 

LOS  PARQUES  POÉTICOS:

Varios parques quindianos se levantan a la memoria de valores del patrimonio literario del Quindío:  ellos son el Parque de los Poetas en La Bella (corregimiento de Calarcá) el Parque Sucre de Armenia y la plaza principal de Circasia. El primero rememora la obra poética de Baudilio Montoya y es el lugar donde está sepultado el llamado poeta popular; el segundo tiene una placa conmemorativa a la poeta Carmelina Soto Valencia y que evoca su memoria; y el de Circasia rinde homenaje, con uno de sus sonetos transcrito en una placa, al insigne poeta Noel Estrada Roldan.Monumentos, placas y sitios nos recuerdan la vigencia de los versos y poemas de los cultores de esta tierra. Las cenizas de uno de los más destacados escritores, Luis Vidales, autor de “Suenan Timbres”, se han depositado en el pedestal de banderas de la Casa de la Cultura de Calarcá. En el frontil de una vieja casa de bahareque de Filandia, una placa colocada por la Casa de Poesía Silva nos recuerda que allí nació la poeta Ester López.El siguiente es el texto de la placa del Parque Sucre en recuerdo de Carmelina Soto Valencia  MI CIUDAD  He vuelto para besar en cada esquina de tus calles un recuerdo patinado de intimasnostalgias.Y nació mi ciudad en sol dañadalos pies en tierra aurífera y oscura y una perenne vocación de altura en la límpida fuente iluminada.Ciudad de mi regazo y de mi almohada,de mi techo y mi brizna de dulzura. Al andar por tus calles con premura, mi infancia en ellas se quedó enredada. Distingo tu calor de seda y nido,tu blando pan dorado y compartido y tus campanas de sonido puro.Siento en tu corazón, a sangre plena el cósmico vibrar de la colmena de tus entrañas de café maduro.

 

LA CARICATURA: PATRIMONIO GRÁFICO:

Hoy el Departamento del Quindío se ufana de contar con la única Academia de Caricatura, que se proyecta incluso a nivel internacional.  Esta región cuenta con artistas de renombre como Vladimir Flórez (VLADO), Arlés Herrera (Maestro Calarcá), Luis Fernando Trujillo (Luky), y Jairo Peláez (JARAPE), para mencionar los más conocidos por los consuetudinarios lectores de la prensa nacional.

 

La caricatura, según Mendoza (1988) es la manifestación humorística del pensamiento social pues logra sintetizar en pocas líneas el espíritu crítico de una época, aun en sus características más frívolas, dejando un registro de hechos y costumbres que documenta la historia de lo cotidiano y la de lo trascendente.

 

El análisis del curioso lenguaje de la caricatura también se traslada al humor gráfico y a la literatura jocosa. Esto es, para Ocampo (1987), no sólo el cultivo de una forma poética, sino que considera a estos cultores como artistas del papel en la modalidad de caricatura.  No es gratuito que esa maravillosa forma escrita de expresar la inconformidad política o la realidad de un pueblo, así como la de producir risas en los demás también haya sentado precedentes en el Quindío.

 

CULTURA POPULAR Y PATRIMONIO.

La vigencia de la cultura popular, con todas sus manifestaciones, afirma ese patrimonio a través de las formas culturales propias para descubrir e inventar expresiones que estén relacionadas con su propio universo.“En Colombia, la cultura popular puede ser asimilada con la cultura mestiza, por lo cual es mayoritaria y se constituye en el fundamento de la nacionalidad y de la identidad. Sin embargo, dado que en Colombia es un país de religiones, la cultura popular adquiere infinidad de formas y manifestaciones acordes con tales complejos, con dos vertientes: lo campesino y lo urbano, esto último más difícil de identificar, pues incorpora elementos de la cultura campesina y regional, y se diluye con la cultura de las masas” (Rueda, 1992) Las  tradiciones son el más precioso tesoro colectivo. Todos debemos ayudar a conservarlas, reforzando su estilo, e infundiendo un espíritu y carácter digno, capaz de describir el alma de un pueblo. De la rica demosofía colombiana deberíamos rescatar muchos patrimonios ya olvidados. Uno de ellos es el culebrero, actor del Patrimonio Folclórico que permanecía en las plazas de mercado de los pueblos quindianos vendiendo sus productos, pócimas y yerbas. El terremoto de enero de 1999 enterró también esta tradición pues escenarios públicos que frecuentaban estos personajes populares también se han transformado. Algo parecido ocurre con el peluquero y el tendero de pueblo, quienes pertrechados en sus barberías y tiendas tradicionales, entre la antigua silla de peluquería y las vitrinas añejas de madera, esperan aún los últimos clientes de un día de mercado.

 

“EL VERRACO DE LA TEBAIDA”,   IMAGINACIÓN E HISTORIA POPULAR.

Todos los municipios o sectores populares de grandes ciudades manejan en el imaginario colectivo una serie de historias, mitos, leyendas o  anécdotas que se han transmitido de generación en generación, enriqueciendo el acervo folclórico de sus gentes.  La autoría de los relatos, o los nombres de sus creadores, han quedado sumidos en el olvido, cumpliéndose así  el ciclo de la narración folclórica que acude a la transmisión de lo anónimo, lo popular, lo funcional y el sentido de apropiación colectiva.A nivel regional, el patrimonio folclórico ha persistido con la transmisión  de mitos  y leyendas muy arraigadas en la vida de las personas.  El mohán, la muelona, la llorona, la madremonte, el cura sin cabeza y otros han hecho parte  de la historia cotidiana, y muchos  de ellos tienen sus raíces en las culturas prehispánicas mientras otros son una simbiosis de lo hispánico y lo afrocolombiano con el aporte indígena.  La imaginación popular que da vida a los relatos folclóricos también se nutre de las anécdotas parroquiales.  Una de ellas probablemente gestó el “verraco de La Tebaida”.  Aunque no se conoce su origen, los tebaidenses se han apropiado de su existencia narrativa, queriendo mostrar así la tenacidad de sus pobladores.  Francisco Cifuentes (1993), en su Monografía sobre La Tebaida, incluye un poema de Dario Aristizabal, que había tomado a su vez de una revista publicada en 1984, y en la que ya se habla de dos personajes del municipio, famosos por su destreza y valentía para la pelea, los hermanos Rubén y Juancho Moreno:“Rubén y Juancho Moreno, eran dos hombres sin alma sus machetes rubricaron la guapeza de su fama.Fueron seres de coraje, la traición no la empleaban ellos labraron la historia del verraco de Tebaida”.Sin embargo existen otras versiones populares sobre la gestación de este término.  Se habla de un cerdo verraco (animal sin castrar y apto para procrear) muy famoso en el pueblo por la cantidad de cochinitos que engendró a principios de siglo. También de un burro de gran falo que engendró muchas mulas en las yeguas de los parajes cercanos al municipio. Se relaciona también esta fama de verraco a los gallos que ofrecían alegres espectáculos en la antigua gallera “Monterrey”; a los macheteros y peleadores que existieron en la época de la violencia política; a los parroquianos que se hacían sentir, en medio de sus borracheras, en los sitios de diversión.Sea cual fuere la versión original, el “verraco de la Tebaida” es un aspecto del imaginario colectivo del municipio de La Tebaida que ya ha trascendido los límites locales, para simbolizar así el espíritu agreste de una localidad que ha aportado mucho a la historia del Quindío.  La recuperación de este bien intangible ha dado lugar a la creación colectiva titulada “El Verraco de La Tebaida”, autoría del Taller Teatral El Yunque, de la Casa de la Cultura del municipio.  Desde 1983, su directora Luz Marina Botero quiere representar el contexto histórico social y folclórico de La Tebaida con esta obra de teatro.

 

PERSONAJES  POPULARES, UN  PATRIMONIO  QUERIDO  POR  TODOS

Los municipios, corregimientos o veredas del Quindío son un semillero de protagonistas culturales que transcurren en el anonimato y que constituyen la potencial riqueza de un patrimonio humano, querido, consentido y muy singular en las municipalidades. Cada sitio lo crea, lo valida y lo apropia.Algunos ya desaparecidos, fueron seres humanos que vivieron, sufrieron y amaron y que dejaron una carga de anécdotas que alegran el transcurrir diario. También son parte importante de nuestro patrimonio étnico y cultural, son la reserva potencial de la creación artística o del talento quindiano y muchos, como los que relacionamos a continuación, fueron y son los más recordados personajes de la historia de los municipios quindianos:[5]Francisco Emilio Jiménez, el “Pacillero”, más conocido como Kiko en Buenavista, Miguel Angel Londoño Henao, conocido como “Miguelito” en Circasia y quien  transportaba los mercados hasta las casas del municipio.Repollito, uno de los personaje más queridos de Armenia, quien aparece también en el mural La Epopeya del Quindío del  Palacio Departamental.Humberto Molina, “Covaco”, quien barre las calles de Filandia en horas de la noche.

 

Diesalongo, el más famoso coplero de Armenia, muerto en el año 2000. “No era extraño verlo en las oficinas públicas con un cartapacio de hojas donde estaban garrapateados sus cantos, mientras los entonaba con alegría al son de la vieja guitarra”.[6] Su obsesión permanente era la ecología y la defensa del río Quindío.

 

A Papito 20, en Córdoba, difícilmente se le entiende lo que habla porque siempre lo hace con la voz y delicadeza de un niño; siempre pide 20, sin decir centavos

o pesos.

 

Pedro Alejandro Arbeláez, un anciano de 85 años de Buenavista, es también llamado la “Mueca”. En ese municipio era popular Libardo  García, “el Mudo” quien

era el  único lustrabotas. Cuando se enojaba, castigaba a sus paisanos negándoles el lustre de su calzado.

 

“Campitos”  es todo un personaje en Pijao. “No hay día que no ponga la canal” para emborracharse.  Casi  siempre le dedican la canción “el goterero” y aunque se encuentre muy embriagado jamás ofende  a nadie.

 

En Salento, Arnello Willys con más de 60 años de edad, posa para todo el mundo como si se tratara de un modelo  amanerado. Hace musarañas y envía besos a diestra y siniestra. Además es el campeón de los pucheros. Trabaja en el aseo de un restaurante y no deja pasar un día sin ir al cementerio. En la estación de la policía lo bañan, lo visten y lo afeitan.

 

En Calarcá se recuerda a Maciste, eterno conductor de una maquina de bomberos, a Paterana, quien no se levantaba de su silla de ruedas y contaba chistes

mientras vendía lotería; a “José cocos”, que  cargaba cocos  hasta en los bolsillos; a Margarita  encerradora, quien llevaba a pastar el ganado.

 

En Génova, a Bernardo Gutiérrez le dicen el “Rey Pereza”. Es un personaje que se duerme en cualquier parte y cuando está despierto, no recibe siquiera

alimentos si no le llevan las viandas hasta el lugar donde se encuentra.

 

Muchos no se podrán mencionar en esta líneas y tampoco otras anécdotas de tantos personajes de la cotidianidad. Con ellas se podrían llenar paginas  enteras de

la historia local. Ellos y ellas han pasado al registro de la memoria como los más queridos referentes del patrimonio humano de la cultura popular.

 

SEMANA SANTA Y LA QUEMA DE JUDAS:

Los municipios quindianos se caracterizan por un acervado sentimiento religioso que se expresa en lo bienes intangibles de la ceremonía y el evento sacro. En Salento, Circasia y Filandia la parafernalia de la semana mayor y el ritual agrario de San Isidro Labrador ofrecen elementos de análisis muy interesantes de su cultura popular. Muchas veces se han hibridado con el humor local, como lo demuestra una de las tradiciones de Filandia, la quema de Judas Iscariote y que sirvió de inspiración a poetas populares  de principios del siglo XX para plasmar en simpáticos versos lo que constituye  el testamento del apóstol traidor (Ocampo, 1980):

 

“Llego al final de mi destino...me despido del mundo femenino,

con pena, con dolor y con tristeza,

por él perdí, la plata y la cabeza

en el duro camino de la vida,

me brindaron sus ojos tentadores,

días felices y a la par ingratos,

y por dejar mi cuenta fenecida,

la presente en aquesta despedida

mis memorias, reliquias y retratos.

 

Concluye aquí la infortunada historia,

de vuestro amigo Judas Iscariote,

en la vida luchó cual Don Quijote,

sin alforjas, rocín, ni Sancho Panza,

y aunque sirvió cual mísero escudero,

pudo haber sido armado caballero

y derribar follones con la lanza”.

 

 

La costumbre de vilipendiar a Judas en Semana Santa, heredada de Europa, se recuerda especialmente como una fiesta pagana que consistía en la quema de una imagen de Judas Iscariote, la cual se hacía después de cada Semana Santa y cuyo recuerdo histórico se remonta a la tradición española.  Se sabe que todavía en pueblos de Cuenca, Judas recibe garrotazos antes de ser quemado, que en Peñalva de la Sierra lo apedrean, en Cifuentes le disparan cartuchos de sal y en Andalucía se le destroza a tiros (Sierra, 1993).

 

                El domingo de Resurrección, después de la procesión y misa del medio día, los filandeños se aprestan a quemar  un muñeco de trapo que representa a Judas, lo que ocurre frente al atrio de la iglesia en la plaza principal. Esto ocurre después que un pregón lee el testamento, que año tras año es encargado para su redacción a un personaje de prestancia quien plasma en singulares cuartillas salpicadas de humor la realidad actual del municipio y del país.  Esta población quindiana, conocida ampliamente por su cariz religioso,  recuperó la tradición de la quema de Judas, que por algunos años se había sumido en el olvido.  La Semana Santa, con el fervor que le imprime la ceremonia católica, no puede obviar el ingrediente de la cultura popular que ha sincretizado la procesión católica con la tradición histórica expresada, además de una quema simbólica de la maldad y la traición, con una sobria representación de la soldadesca romana, que  también se mantiene año tras año con suma dedicación, y que es dramatizada por ciudadanos sencillos que han asumido esto como una fervorosa tradición personal.

 

                EL FESTIVAL DE VELAS Y FAROLES.

                Algo que vitaliza permanentemente la dinámica popular de los municipios es la realización de fiestas vernáculas y patronales ya que su desarrollo congrega el ánimo de sus pobladores en torno de eventos heredados de la hibridación o muchas veces de la tradición ibérica, como ocurre con las fiestas religiosas  El municipio de Quimbaya cumple fielmente la dinámica festiva que comienza el 7 y 8 de diciembre de cada año para rendirle homenaje  a la Virgen, celebrando  anualmente el festival de velas y faroles que rememora la tradición religiosa heredada de los españoles y conservada en el alma popular de los colombianos.

 

                La fiesta de Quimbaya, famosa a nivel nacional e internacional salió del ámbito de la casa para desarrollarse como un alumbrado artístico y maravilloso de andenes, calles y barrios enteros.  Este bien patrimonial que congrega el entusiasmo colombiano nació en el año 1.981 con la convocatoria de un Concurso de velas y faroles por parte del Club de Jardinería.  Año tras año, el acontecimiento atrae a visitantes nacionales y extranjeros que convierten al municipio en un río humano que desea apreciar el hermoso fulgor de las luces nocturnas.

 

                MONUMENTO A JESÚS RESUCITADO.

                En Filandia el fervor popular crece a través de la entronización de un nuevo elemento del patrimonio religioso. Se trata del monumento a Jesús Resucitado, ideario de religiosidad popular que se asoció con el jubileo santo del año 2000  que expresa el espíritu de la paz. Así reza la oración del monumento que se a convertido en nuevo lugar de peregrinación y desde el cual se divisa un maravilloso paisaje:

 

Señor

Tu que te levantaste victorioso sobre la muerte

sanando con ternura las heridas

que te había causado la insensatez humana

ayúdanos a encontrar en esta larga noche

de la violencia

el camino que nos conduzca a la reconciliación

y a la paz.

 

 

LA COMETA DE CHUN.

Otra tradición filandeña rememora a un homónimo del fundador de Armenia, don Jesús María Ocampo, como uno de esos personajes  de las historias locales de nuestro país, que pocos pueden y

quieren olvidar. Chun un  mote cariñoso dado a este singular parroquiano, ya se pronunciaba en el ambiente apacible de Filandia como reflejo fiel de una tradición de cometas que enseñoreaba el

cielo de ese terruño y que se remonta a la tercera década del siglo XX, cuando este personaje congregaba todo el pueblo alrededor de la fabricación de grandes y pesadas cometas.

 

Siempre Chun quiso volar no solo alto, sino siempre más allá de la capacidad humana de remontarse por las alturas.  Dicen que, al momento de su vil asesinato, ya tenía casi listo un globo tan pesado

como su cometa.  Este enorme objeto artesanal, elaborado de lona, de retazos y estopas cosidas con cáñamo por sus manos prodigiosas de talabartero, voló con osadía por los cielos.

 

Filandia se enorgullece con la historia singular de Chun.  Cuentan que, gracias a él, se fabricaron las cometas más grandes y pesadas del mundo.  Sus colas multicolores medían tres cuadras, y su forma

redonda era del tamaño de una de las casonas de la plaza principal, sostenidas con enormes guaduas de los parajes boscosos.

 

El origen del apodo “Chun” puede originarse en algún vocablo oriental que lo relacionaba con su obsesión permanente de cometero.  Sus intentos, muchos de  ellos exitosos, de alzar las que pesaban

varias arrobas son de muy grata recordación, ya que en su dispendiosa fabricación empleaba ropa usada, y elementos  desechables.  Las crónicas de humor en Filandia han dejado inmortalizadas las

frases que caracterizaban los diálogos coloquiales de su plaza, en referencia a  este personaje raizal.  Don Alfonso Valencia Zapata, citado por Ocampo (1984), anotaba que las frases que

intercambiaban los parroquianos en sus pláticas,  servían para opacar a quien se ufanaba de su indumentaria, con expresiones como estas:  “Estos calzoncillos fueron hechos con un pedazo de la

cometa de Chun”  o: “No hable tanto que esos pantalones no rebajan de haber sido de la cometa de Chun”.

 

El momento que hoy nos ocupa en la tragedia de la violencia en Colombia, requiere de muchos CHUN, porque sólo el coraje de uno de estos personajes podría  arrancar del piso, hacia el infinito, las

grandes cometas de la esperanza que pesan por el sufrimiento y la angustia de los puebles  que ven frustrado su provenir. 

 

La osadía de CHUN es tan admirable como el esfuerzo de tantos hombres colombianos que hoy echan a volar sus sueños con las cometas que regresan a la vida  real de muchos festivales realizados

hoy en diferentes municipios.  De esa hermosa historia ha nacido la iniciativa de celebrar, todos los años, el Festival  Internacional de Cometas en Filandia.

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] La Tarde del Quindío “Cancionero Mayor del Quindío”, número 11, Julio 19 de 2000.

[2] “El Tiempo”: “Baile a golpe de machete”. Carlos A. Galvis. Septiembre 28 de 1992

[3] “La Patria”: “Los macheteros del Caimo”. Euclides Jaramillo Arango. Julio de 1985.

[4] La Patria- “Conozcamos el Gran Caldás”- Manizales, 1987.

[5] Diario de Colombia- “Una sola región”- Grupo Editores S.A.- Armenia, 1998.

[6] Periódico Satanás. “Diesalongo quería ser el profesor ecológico”, Miguel Angel Arias. Armenia, 1999.