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Cuando se descapotaba el terreno que
hoy ocupa el Aeropuerto El Edén, en 1970, la maquinaria trajo a la superficie
capas terrestres profundas de las que salían profusamente todo tipo de
materiales arqueológicos, obviamente quebrados y alterados Los arqueólogos
quindianos Oscar José Osorio y Karen Olsen Bruhns, quienes estaban presentes en
el sitio en investigaciones de varios meses en el Quindío, encontraron de
manera fortuita una herramienta que constituye la mejor prueba de existencia de
prístinos grupos humanos en el territorio (Osorio, 1986). Se trataba de una “punta de proyectil”,
piedra de origen volcánico y textura fuerte, generalmente silex u obsidiana,
que era utilizaba por aquellos hombres para amarrar en los extremos de lanzas
de madera y cazar así grandes mamíferos. Por tal razón, esa etapa se conoce
como la de cazadores y recolectores o Paleoindio y se remonta a más de 10.000
años de antigüedad.
Estos
materiales constituyen la mejor información para reconstruir la vida de esos
primeros pobladores sociedades antiguas. La sencilla punta de proyectil se
convierte en la única y más importante muestra del paso de estos pueblos por
territorio quindiano y es importante para la arqueología, así como lo son otros
yacimientos que testimonian la existencia de culturas más recientes.
El Patrimonio arqueológico es el legado de los pueblos
que nos precedieron en el tiempo y en el espacio y está constituido también por
su herencia social e histórica. La
importancia de este patrimonio no se remite únicamente a destacar los objetos
materiales. En realidad la arqueología,
como disciplina científica, se ocupa también de estudiar el comportamiento
social de los pueblos del pasado y
develar sus procesos de cambio.
La Ley General de Cultura (Ley 397/97) así define
este patrimonio:
Artículo
6. Patrimonio Arqueológico: “Son bienes integrantes del Patrimonio
Arqueológico aquellos muebles o inmuebles que sean originarios de culturas
desaparecidas, o que pertenezcan a la época colonial, así como los restos
humanos y orgánicos relacionados con esas culturas. Igualmente, forman parte de
dicho patrimonio los elementos geológicos y paleontológicos relacionados con la
historia del hombre y sus orígenes”.
Los yacimientos arqueológicos pueden ser sitios de
vivienda o enterramiento, eras de cultivo, pictografías (pinturas rupestres),
petroglifos (grabados en piedra), basureros y cualquier depósito de restos que
configuraran los contextos arqueológicos (tejidos, cerámica, madera,
orfebrería, líticos y otros).
La arqueología reconstruye las culturas del pasado
sobre la base de los restos materiales, encontrados fundamentalmente en
excavaciones sistemáticas. El
arqueólogo intenta reconstruir esas culturas lo que se lleva a cabo mediante la
interpretación del contexto, la presencia o ausencia de determinados
artefactos, restos de alimento, restos óseos y objetos funerarios y artísticos
así como el estudio del medio ecológico (físico y geográfico). Para esta labor
se debe acudir a la interdisciplinariedad.
COMITÉ DE PROTECCIÓN ARQUEOLÓGICA DEL QUINDÍO.
Fue creado por la
ordenanza 22 de 1982 de la Asamblea del Quindío. El Comité tendrá como objetivo
primordial defender y conservar el Patrimonio Arqueológico del departamento.
Sus lineamientos apuntan a las siguientes acciones.
-
Coordinar, con organismos
nacionales, todo lo relacionado con hallazgos arqueológicos en el departamento
y la región.
-
Realizar inventarios
arqueológicos en el departamento y la región.
-
Realizar conferencias,
seminarios, talleres y otras actividades afines, cuya finalidad sea la
capacitación de la comunidad en cuanto concierne a conocimiento, valoración y preservación
del Patrimonio Cultural.
-
Desarrollar acciones
educativas y de difusión de las normas e información que, sobre temas
antropológicos y arqueológicos, en coordinación con entidades del orden
regional y nacional que lideran programas sobre el patrimonio cultural y
arqueológico.
-
Cumplir las demás
funciones relacionadas con las normas sobre protección de Patrimonio Cultural
establecidas en la Ley 163 de 1959, su Decreto reglamentario 264 de 1963 y en
las Leyes 388 y 397 de 1997.
A raíz de los movimientos de
tierra ocasionados en la región desde el sismo del 25 de enero de 1999, el
Comité ha estado atento al respeto por el patrimonio arqueológico que deben
tener los responsables de las obras de ingeniería. Regularmente desarrolla inspecciones en los sitios donde se hace
remoción de tierras. También propugna por la inclusión del Componente
Arqueológico en los Planes de Ordenamiento Territorial y en programas de
gobiernos municipales.
El componente
arqueológico es básicamente una herramienta de acción preventiva porque busca
proteger los yacimientos arqueológicos en cumplimiento de los siguientes pasos:
1.
Reconocimiento
arqueológico, que equivale en ingeniería a la etapa de prefactibilidad.
2.
Prospección arqueológica,
que equivale a la etapa de factibilidad del proyecto de obra.
3.
Rescates arqueológicos,
que es el paso que se cumple mientras se desarrolla la etapa de diseño de la
obra a construirse.
4.
Monitoreo arqueológico,
que se realiza en la plena etapa de construcción de la obra y que conlleva a la
recuperación de materiales arqueológicos que no fueron rescatados en el paso
anterior.
El Comité de Protección
Arqueológica del Quindío (CPA) es también el Comité Técnico Asesor en
Antropología y Arqueología del Centro Filial del Consejo de Monumentos
Quindío. De acuerdo con su fundamento
ordenanzal, el C.P.A. está adscrito a la Gerencia de Cultura del Departamento.
Desde el momento de su
creación, el C.P.A. se ha dedicado a la labor divulgativa de las normas legales
que propenden por la salvaguarda del Patrimonio Arqueológico y a la acción
educativa a través de talleres comunitarios, también en dicha temática. En instituciones escolares y centros
comunales ha desarrollado una constante sensibilización tendiente a lograr la
apropiación del Patrimonio Cultural. En
el año 1983 se publicó su primera cartilla educativa, titulada “Hagamos
Cultura”.
Desde el segundo semestre de
1998, el CPA se vinculó al proceso de sensibilización sobre Planes de
Ordenamiento Territorial, liderado por la Oficina de Planeación Departamental,
en aras de marcar las directrices del Componente Arqueológico en los
PORTE. Igualmente inició contactos con
la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) en aras de concertar los
criterios sobre inclusión del Componente Arqueológico en las licencias
ambientales otra labor importante.
En conjunto con el Centro
Filial del Consejo de Monumentos Quindío, se intensificó después de la tragedia
del 25 de Enero de 1999, dirigida a la protección del Patrimonio Cultural y
Arqueológico de la Nación, lo que ha dado sus frutos con la consolidación de
procesos de investigación arqueológica en la región y con sensibilización ciudadana para propiciar los reportes de
hallazgos arqueológicos fortuitos, tal cual lo determina la legislación vigente
sobre protección del patrimonio cultural y arqueológico.
El mejor resultado de esa
sensibilización se expresa a través de los reportes de hallazgos, algo que no
ocurría antes del terremoto. Igualmente, se han recuperado piezas arqueológicas
por parte del DAS y la Policía Nacional y se ha conseguido por fin se
acreciente la colaboración ciudadana con la arqueología. La participación de la
sociedad civil en el proceso arqueológico permitirá recuperar información
valiosa y un mayor nivel de apropiación y valoración patrimonial.
ARTE RUPESTRE
DEL QUINDÍO.
En el Quindío existen
testimonios del llamado arte rupestre. Estos yacimientos arqueológicos son
manifestaciones artísticas de las sociedades prehispánicas y se perciben en
petroglifos, algunos cubiertos aún por la vegetación en campo abierto. Los petroglifos son inscripciones o grabados
sobre piedra que se encuentra a lo largo y ancho del país; en el Quindío el más
conocido se encuentra en límites de los municipios de Montenegro y La Tebaida (sector
de Las Chilas, cerca de la Estación de Policía La Herradura. Esta en el lecho
del Río Espejo y es conocido como la “Piedra del Indio”. Los lugareños cuentan que varios extranjeros
intentaron extraer la piedra de su sitio original hace algunos años pero
afortunadamente no lograron su propósito. Otros lugares del país, sin embargo,
han sido objeto de este tipo de saqueo arqueológico como ocurrió en la zona de
San Agustín (Huila) donde algunas esculturas líticas fueron robadas y
transportadas subrepticiamente en helicópteros o cercenadas con sierra para
facilitar su movilización vía terrestre.
En una publicación histórica
(Santos, 1930) sobre Armenia, se reseña la siguiente nota: “los grabados y
figuras que se encuentran en las rocas duras, hasta el presente no se ha podido
saber con qué los hicieron; algunos autores sostienen que tales grabados fueron
hechos con cinceles de piedra o de cobre templado”. En la misma página aparece
la foto de una pequeña piedra con un motivo antropomorfo grabado, muy parecido
a las tipologías que presentan algunos petroglifos registrados en el país. De
esta pieza lítica, que parece fue hallada en algún lugar del Quindío, no se
tiene registro alguno. También se conoce de otro petroglifo en El Caimo
(Armenia), que fue objeto de fragmentación por parte de los vándalos y que se
encuentra sin registrar. Lamentablemente estos pequeños testimonios del arte
rupestre, así como reducidas esculturas líticas que se hubieren encontrado en
territorio quindiano, son objeto permanente del tráfico y exportación ilegal de
piezas arqueológicas.
Los diseños de la “Piedra
del Indio” son antropomorfos y zoomorfos, conservando una correspondencia de
formas y figuras con otros petroglifos del país. En la denominada zona
arqueológica Quimbaya, tal cual lo anota el antropólogo Luis Duque Gómez
(1970), las manifestaciones del arte rupestre se reseñan en el Río San Eugenio
(Santa Rosa de Cabal) y en la hacienda “La Cristalina” (Pereira), yacimientos
que se encuentran expuestos al vandalismo y el daño ambiental.
Es urgente una declaratoria de
bienes de interés cultural para la “Piedra del Indio”, que debe ser promovida
en conjunto por las administraciones de Montenegro y La Tebaida, a fin de
coordinar su protección con otros organismos así como la divulgación y difusión
de tan importante testimonio.
ESTRUCTURAS LÍTICAS.
Estas evidencias prehispánicas
en territorio del departamento del Quindío, estructuras con forma de sarcófago
y revestidas de lajas líticas, son conocidas regularmente con el nombre de
canceles. La mayoría de ellos se han
encontrado en la región cordillerana, aunque su distribución se extiende por
otros puntos de la geografía colombiana.
Los caminantes que emprenden recorridos ecológicos por el Valle de
Cocora pueden apreciarlas cerca del sendero principal que conduce a “Herencia
Verde”. Algunas personas, interesadas en su conservación, las han señalizado
con textos que atribuyen su elaboración a los quindos, información que no está
comprobada y que sólo lo confirmará la investigación arqueológica del futuro.
Las estructuras líticas se encuentran generalmente
sin asociación de material cultural y la mayoría de informes de la arqueología
no dan cuenta de ajuar funerario o restos óseos para estos yacimientos. Algunos
sitios del Quindío donde se han encontrado y que han sido prospectadas o
excavadas por profesionales de la arqueología, se relacionan a continuación
(Cardale, et al, 1988):
·
Cerro Morrogacho, municipio de Salento: Se hallaron
dos parcialmente destruidas, con lajas rectangulares de 50 x 80 cms,
encontradas en la base del cerro. Más
arriba, en un terreno aplanado, existen otras con forma trapezoidal,
lamentablemente abiertas por guaqueros. Un detalle importante de estas tumbas
es el techo en forma de caballete.
·
Los Balcones, municipio de Calarcá: Se halló una
con paredes cubiertas de lajas de piedra, sin tapa, destapada accidentalmente
por buldozer.
·
La Esperanza, municipio de Calarcá: sobre terraza
de unos 50 metros de diámetro, se
reportó el hallazgo de una de 2 metros de largo por 1 metro de ancho.
·
La
Linda, municipio de Montenegro: según Camilo Rodríguez, se observaron dos “a
escasa profundidad, casi a ras de la superficie, en forma rectangular; las
paredes y el piso revestidas con pequeñas lajas y cada una tenía una laja
grande que servia de tapa y cubría el largo de la tumba”.
Otros reportes fueron hechos por
el arqueólogo Joel García (1987) en la vereda Navarco, municipio de Salento,
basado en observaciones de trabajo de campo. Luego del terremoto del Eje
Cafetero en 1999, se ha conocido la destrucción de muchos yacimientos con las
características que presentan estas estructuras líticas. Una información sobre
este tipo de yacimientos, alterados durante remoción de tierras, fue obtenida
en el municipio de Armenia agosto de 1999.
Según informes del C.P.A. debajo de los cimientos de una casa campesina
situada en el predio El Recreo (La Finquita), sector del barrio Montevideo
Alto, se encontraron cinco estructuras líticas,[1] y que, gracias a la colaboración
de los propietarios del predio, son custodiadas para futuro salvamento.
·
En
Junio de 2000, en la finca “El Agrado” de Montenegro, se reportó el hallazgo de dos estructuras líticas en la
apertura de una brecha para el acueducto rural.[2]
·
Un
hallazgo que llamó mucho la atención fue el de diez estructuras líticas en el
Páramo de Chili, municipio de Pijao, a 3.600 ms de altura, registrado
igualmente por el C.P.A. en agosto de 2000. [3]
Lamentablemente, las tumbas de cancel son destrozadas
por los guaqueros, debido al disgusto que produce en ellos no encontrar piezas
de oro o cerámica en su interior. Los caminos prehispánicos de la Cordillera
Central, especialmente en la zona de la estación biológica de Navarco
(Municipio de Salento) presentan gran
cantidad de ellas, cuyas lajas de piedra han sido rotas y dispersas en el terreno.
Los municipios del Quindío, en cuyas jurisdicciones
se realicen hallazgos de estructuras líticas, deben entrar a proteger esos
sitios a través de las declaratorias de áreas de interés cultural, que permitan
en el futuro establecer rutas arqueológicas proyectadas al turismo
cultural. Además de los recorridos que
proporcionen al turista su conocimiento
“in situ”, se pueden ofrecer a los visitantes hermosos paisajes y panorámicas
incorporadas a los paquetes turísticos.
UN FRAGMENTO
PREHISPANICO DE TELA DE ALGODÓN:
OTRO BIEN
ARQUEOLOGICO QUE SE DEBE PROTEGER
Un articulo
publicado en el Boletín del Museo del
Oro del Banco de Colombia (Cardale, 1988), presenta un contenido interesante en la medida en que
destaca la importancia de los bienes arqueológicos elaborados de materiales
diferentes al metal, la arcilla y la piedra.
La arqueología se interesa también por los macrorrestos (material
orgánico, restos botánicos) encontrados en los yacimientos. Dicho escrito tiene relación con un pequeño
fragmento de tela de algodón (8 x 6 cms), perteneciente a la colección de
piezas arqueológicas del abogado Jesús Arango Cano, heredada de su padre
don Luis Arango Cardona. Hallado en
algún lugar de la hoya del Quindío, es la única evidencia reportada de material
orgánico que se asocia al tejido prehispánico en esta zona, lo que la convierte
en un preciado bien cultural que debe conservarse con especial cuidado para
evitar su deterioro, máxime si no se guarda en condiciones apropiadas.La
información reseñada en el artículo señala la tradición textilera del centro
del país en la época indígena, evidenciada por la profusión de los volantes de
huso, pequeñas piezas de cerámica que se destacan por sus variados
diseños. Además de anotar que este
fragmento es uno de los pocos con decoración pintada que se conservan en
Colombia, la antropóloga Cardale señala:
“....A pesar del tamaño muy reducido del fragmento, se conserva parte de
un diseño a base de rectángulos concéntricos ejecutado en un color pardo sobre
un fondo gris/crema que es, probablemente, el color natural del algodón. El diseño esta enmarcado por una línea más
ancha del mismo color pardo, sobre el borde de la cual se aprecia una hilera de
pequeñas zonas ovaladas de color crema, creando un diseño de aspecto
negativo. Tanto para la urdimbre como
para la trama se utilizó hilo fino, regular, torcido en sentido Z. El tejido es tupido, con diez hilos por
centímetro en un sentido (trama) y cuarenta hilos por centímetro, utilizados en
pares en el sentido contrario (urdimbre)”.“El tejido de la colección Arango
Cano es más fino que la mayoría de las telas de la Cordillera Oriental............
Este detalle sugiere que el fragmento del Quindío pertenece a una tradición
textilera diferente a la que existía en esa región”, también menciona el
artículo.Es probable que otras colecciones privadas contengan fragmentos de
tela, objetos de madera o diferentes materiales orgánicos que han sido
encontrados en labores de guaquería. Es
importante reportar su existencia y registrarlos ante los organismos
pertinentes para acceder a importante información sobre sus
características. No obstante estar
ausente en estos bienes un estudio de contexto el conocimiento de ellos puede
dar mayores datos a la arqueología sobre la vida y costumbres de sus artífices.
CONOCIENDO LOS
PUEBLOS PREHISPÁNICOS DEL
QUINDÍO:
EXPERIENCIAS EDUCATIVAS EN LOS MUSEOS.
El término convencional
Quimbaya, tomado de uno de los grupos que hicieron contacto con los españoles
en el proceso de conquista, identifica muchos elementos de la cultura material
de los pueblos prehispánicos que habitaron el valle medio del río Cauca y que,
en su mayoría, provienen de tumbas indígenas saqueadas desde fines del siglo
XIX. La guaquería aún continúa y su
nefasta acción implica la pérdida de invaluable información.
La ausencia de estudios arqueológicos y
excavaciones estratigráficas no han permitido el registro de cronologías para
la región del Quindío, aunque algunas fechas de carbono 14 y comparaciones
estilísticas de orfebrería y cerámica muestran, por lo menos, la existencia de
dos ocupaciones que se conocen como Quimbaya Clásico y Quimbaya Tardío.
La información más conocida sobre estos
pueblos se encuentra en las crónicas escritas del siglo XVI y han sido el punto
de partida para la línea de trabajo pedagógico infantil en talleres infantiles,
actividades literarias, ecológicas y manuales sobre aspectos de la vida
cotidiana y ceremonial. La elaboración, decoración y función de la cerámica, el
estampado, el hilado de algodón, la explotación de las fuentes saladas y
colmenas, el manejo armonioso del medio geográfico, así como lo relacionado con
las piezas de orfebrería en cuanto
respecta a su elaboración, función y simbolismo, son abordados en esas
dinámicas talleriles de los museos.
El afianzamiento de la línea pedagógica se puede
soportar, en su mayor parte, en el desarrollo de los talleres infantiles, cuya
funcionalidad se ha puesto a prueba, no solo en Museos sino en Centros de
Desarrollo Comunitario de muchos municipios. En la medida en que niños y
jóvenes tomen real participación en su dinámica, se aprehende el propósito de identificarse
con su patrimonio arqueológico.
Inaugurado en julio de 1986, se convirtió en la
sede institucional de una representativa colección de orfebrería, cerámica y
líticos y, junto con los espacios del Banco de la República de las ciudades de
Pereira y Manizales, constituye uno de los Museos del Oro Quimbaya de la
región. Su colección arqueológica
contribuye al conocimiento de las sociedades indígenas que habitaron el centro
del país antes del siglo XVI y se destacan los poporos de orfebrería así como las piezas de cerámica con detalles naturalistas
que testimonian la técnica de la pintura negativa, maravillosamente trabajada
por los alfareros.
Posee además un importante espacio destinado
a compilar la producción bibliográfica generada por autores quindianos, o sobre
el departamento así como la enriquecida información sobre la denominada Cultura
Quimbaya. Producida por profesionales y expertos, que se actualiza
permanentemente con los datos de las últimas investigaciones arqueológicas en
la zona, esta sección del Centro de Documentación ha permitido revalidar la
disposición museográfica de una nueva sala de exposición.
Desde su inauguración el Museo Quimbaya adoptó una línea de trabajo que
involucra a niños y jóvenes, caracterizada por el abordaje claro de la
información sobre los grupos prehispánicos.
Los talleres de destreza manual, como los de cerámica por ejemplo,
comprenden sesiones que introducen a los participantes en el manejo de arcilla
y el conocimiento sobre técnicas de elaboración y decoración.
Museo – Centro de
Investigaciones Arqueológicas Regionales (C.I.A.Q.). En 1963 el Museo
Arqueológico del municipio de Armenia fue adscrito a la Universidad del Quindío
con el objetivo de custodiar, proteger y exhibir el patrimonio cultural de la
región. Durante esta primera etapa el
Museo tuvo su sede en el antiguo edificio del Instituto de Bellas Artes,
incorporando a su colección una serie de piezas cerámicas y orfebres e
instrumentos líticos procedentes de la
llamada zona arqueológica Quimbaya.
En 1972, en la rectoría de
Camilo Hadad Salame, se realizó un contrato de fideicomiso con el Banco Popular
Seccional Armenia, mediante el cual la entidad bancaria se comprometía a
mantener y exhibir la colección, que conoció el público durante 16 años
consecutivos con el nombre de Museo Arqueológico del Quindío en su edificio del
centro de Armenia. El Banco tomó la determinación de cerrar el Museo en 1988 no
obstante haberse constituido en un espacio cultural importante de la capital
quindiana, ya que era visitado permanentemente por turistas y escolares en el
piso séptimo de la edificación.
Desde el año de su cierre
la colección se archivó en las oficinas bancarias, hasta que en 1998 el Comité
de Protección Arqueológica del Quindío encontró sensibilidad por parte del
rector de la Universidad del Quindío Doctor Héctor Polanía Rivera para revivir
la gestión que facilitara el regreso de la colección al centro de educación
superior. El interés de la Rectoría
permitió la refundación del Museo con su Centro de Investigaciones
Arqueológicas Regionales “Quindos” (C.I.A.Q.) según acuerdo 0039/99 del Consejo
Superior.
La colección de la Universidad del Quindío es la
más grande del departamento y está compuesta por unas 1800 piezas, que se
exhibirán técnica y museográficamente en el nuevo edificio que también
albergará los programas académicos de la Facultad de Ciencias Humanas. El
espíritu del C.I.A.Q., junto con el componente divulgativo del Museo, hará
posible el inicio de un proceso de investigación, protección y ejecución de
proyectos de arqueología en el Eje Cafetero.
Una buena posibilidad
perfilada por el Museo - C.I.A.Q. se desarrollará en el ámbito educativo, en la
medida en que se convertirá en un nuevo centro irradiador de conocimiento sobre
el poblamiento prehispánico de la región.
Su numerosa colección de cerámica, entre las que se destaca una hermosa
representación fitomorfa (guanábana), se convertirá en un atractivo turístico
sin par en la región. A través de los
talleres se creará un espacio propicio que involucrará el interés de los
estudiantes universitarios de diferentes programas, en aras de la valoración y
apropiación del patrimonio arqueológico de la Nación.
EL PANORAMA ARQUEOLÓGICO EN LA RECONSTRUCCIÓN DEL QUINDÍO.
El terremoto del 25 de enero de 1999, también propinó un duro golpe al
Patrimonio Cultural mueble e inmueble construido y a las manifestaciones
diversas de la cultura. Los bienes culturales arqueológicos, representados en colecciones
particulares y oficiales, se fracturaron por el movimiento sísmico, pero más
que todo por una ausencia de rigor museográfico que las sometía a inadecuada
exhibición en anaqueles. Muchos yacimientos arqueológicos se destruyeron ya que
las estructuras funerarias prehispánicas sobresalían en los desfondamientos de
terrenos y otras eran objeto de hallazgos fortuitos en la remoción de tierras
que comenzó días después. Mientras se iniciaba una nueva etapa de guaquería,
práctica insana ésta que ha permitido la expoliación y exportación ilegal de
muchos bienes arqueológicos. El C.P.A. debió reforzar su trabajo de vigilancia
e inspección en muchos predios que comenzaban a ser adecuados para la
construcción de nuevas viviendas. El
campanazo de alerta fue evidente con la guaquería descubierta en el predio
Alaska, población de Montenegro, el 22 de mayo de 1999. Desde este momento el
C.P.A. le solicitó al FOREC la urgente atención a través de rescates
arqueológicos en toda la zona. En junio
se presentó la propuesta “El Componente Arqueológico en la Reconstrucción del
Eje Cafetero” a ese organismo y sólo el 20 de diciembre de ese año se firmó el
Convenio de Cooperación Nº. 669, suscrito entre el Ministerio de Cultura
(ICANH), el Convenio Andrés Bello (SECAB) y el FOREC, para desarrollar
prospección, rescates y monitoreo arqueológico. Estos trabajos realmente
comenzaron en Septiembre de 2000. En el lapso comprendido entre mayo de 1999 y
el inicio de los rescates arqueológicos, muchos yacimientos se destruyeron, otros
se alteraron y se presentaron algunos saqueos. En ese lapso, después del caso
de “Alaska”, se reportó destrucción de yacimientos arqueológicos en la mayoría
de predios que el FOREC destinó para solucionar el problema de vivienda de los
damnificados. Los casos más graves ocurrieron en “Playa Rica” (Corregimiento de
Barcelona, municipio de Calarcá, Octubre de 1999) donde se destruyó un
cementerio con el paso de maquinaria, “El Sueño” (Municipio de Quimbaya,
Diciembre de 1999 y Febrero de 2000), donde sucedieron eventos de guaquería
continuos y “El Guanabano” (Municipio de Armenia, Agosto de 2000), donde se
registró saqueo de más de quince estructuras funerarias.
La
Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural de la
UNESCO, en su 17ª reunión celebrada en París en 1972, en su Artículo 1,
considera patrimonio cultural:
“los lugares arqueológicos que tengan un
valor universal excepcional desde el punto de vista histórico estético,
etnológico o antropológico”.
Los
yacimientos arqueológicos del Quindío y los lugares donde ellos se encuentran,
en el proceso de reconstrucción, deben ser considerados bienes de interés
cultural por las administraciones municipales, de acuerdo con esta norma de la
UNESCO.
PATRIMONIO
E HISTORIA DEL QUINDÍO.
Los archivos municipales y de Concejos, las Casas de
la Cultura, los museos, los documentos públicos, las fotografías, las
producciones literarias, los monumentos y placas conmemorativas son, entre otras, fuentes primarias de
información histórica. La destrucción y
el tráfico ilícito de estos bienes, el comercio y la guaquería empobrecen y
depredan el patrimonio, ocasionando una grave pérdida cultural por su
desconocimiento real, científico y jurídico.
Ellos son bienes culturales que nunca podrán renunciar a iluminar la
historia de la comunidad. En los archivos
municipales, en las reseñas históricas dejadas por los cronistas de Indias o
los viajeros del Paso del Quindío, en las colecciones de fotografía antigua,
así como en la tradición oral, se encuentra condensada la memoria social del
departamento del Quindío y es otro patrimonio digno de recuperar.
En cuanto concierne a los archivos fotográficos del
Quindío, vale la pena mencionar los siguientes: Colección de 5.000 fotos que son propiedad del señor Fabio Gómez
Barrera, constituyéndose en la más grande del departamento; colección del
antiguo BCH en Calarcá; colección de la Casa de la Cultura de Quimbaya y la
muestra compilada por el señor Jorge Arango en Filandia y que ha recibido apoyo
oficial para su mejoramiento y exhibición.
El Paso del Quindío correspondía
al tramo cordillerano del también
llamado Camino Nacional o Camino de la Patria,
nombre que recibió de los patriotas cuando terminó la gesta de independencia de
1810 (Lopera, 1986). Según el americano
Isaac F. Holton, que lo trasegó en 1857 (1981), la dura jornada de ascenso comenzaba
desde las márgenes del río Combeima, el cual era cruzado por un antiguo y
sólido puente. A los cinco días se llegaba a Cartago, soportando accidentadas experiencias
de travesía, la mayoría de ellas consignadas en escritos viajeros. Entre los personajes famosos que recorrieron
el camino se encuentran Francisco José de Caldas, José Celestino Mutis, Juan
Bautista Boussingault, Ernest Rothlisberger y Alejandro Von Humboldt.
El Paso del Quindío era obligado para los viajeros
que debían cumplir el periplo entre Santafé de Bogotá y Popayán y estaba en uso
desde el siglo XVII, siguiendo la misma ruta de uno de los senderos utilizados
por los indígenas prehispánicos. Holton
relata así su travesía, iniciada en Ibagué un lunes en la mañana: “El grupo está compuesto por cinco señores,
dos damas, tres niños, cuatro sirvientas, once peones, veinticinco bestias
entre caballos, mulas y un perro. La
caravana es larga, las señoras van en monturas de mujer, las muchachas de
servicio a horcajadas, dos niños en silla, el bebé en una caja de pino, los
peones con una caja a la espalda, dos
caballos de cabestro y un número indeterminado de mulas de carga. Por lo general, en la comitiva iban primero
los cargueros, después las sirvientas, luego los señores seguidos por las damas
y por último el equipaje. A menudo yo me les adelantaba a todos y no tomaba
otra precaución que la de no dejar atrás al equipaje por la noche, pero en el
día casi siempre iba adelante”. Luego
el camino se tornaba tortuoso, porque se bordeaban peligrosos abismos y muchas
veces las bestias se enterraban en el lodo.
Los sitios del Tolima registrados en las crónicas
escritas por Holton son, entre otros, Palmilla, El Moral, Las Tapias,
Buenavista, Azufral y El Toche. En este
último sitio relata el encuentro con reos de la recién fundada prisión de
Barcinales que trasegaban el camino y registra un dibujo de dos piedras planas
que tenían inscripciones, una de ellas con la siguiente leyenda: “Por aquí paszó (sic.) Francisco de
Peñaranda, a 24 de agosto, 1641”. Más
adelante Holton reseña otros lugares pertenecientes hoy al Quindío. Ellos son
Barcinal (o Barcinales), Boquía, El Roble, Portachuela, y Lagunetas. En Barcinales se había construido la famosa
prisión que antecedió a la fundación de Salento, mientras Portachuela y
Lagunetas parecen corresponder a parajes actuales del municipio de Filandia y
cuyos nombres sufrieron alguna transformación como es el caso de Portachuelo.
Lo que más llamó la atención de este profesor de
Química e Historia Natural, que había comenzado su recorrido en Bogotá, fue
conocer los cargueros o silleros del Quindío.
EL CARGUERO DEL PASO
DEL QUINDÍO.
Los símbolos
enriquecen la lectura cultural de una región.
Esto ha ocurrido con la palma de cera, la guadua o el café, para
mencionar sólo el mensaje agrario que identifica, en cualquier parte del mundo,
a la región del Quindío. Otros referentes del Antiguo Caldas que son apropiados
por los quindianos son la orfebrería prehispánica, Juan Valdés y el carguero,
para referirnos solo a unos cuantos que son elementos constructivos de
identidad.
El carguero se ha convertido en una imagen símbolo
de la historia regional porque estos personajes recorrían constantemente el
Paso del Quindío y eran imprescindibles, llevando a su espalda los viajeros,
sus equipajes y las pesadas cargas.
Esta representación que nos ha llegado en hermosos dibujos de los
cronistas, también es un elemento que se ha incorporado a la referencia de
identidad y, por lo tanto, al patrimonio histórico del Quindío. Su lectura
cultural nos permite situarlo como uno de nuestros íconos culturales que, como
lo denomina Caicedo (1994), son “valores acuñados en los genotipos formadores
como clichés adocenados, como modelos a
preservar, como símbolos”.
El carguero o sillero es la más clara
referencia a la historia de ese camino histórico. Así lo reseña Isaac F. Holton
en su libro de crónicas de viajes: “....Por primera vez vi a un ser humano como
bestia de carga llevando a otro a su espalda.
El sillero no es hombre de contextura muy atlética. Desnudo de la cintura para arriba, lleva bien arremangados los pantalones, en
especial cuando hay mucho barro. Todo
su equipo consiste en una rústica silla de guadua, con un pedazo de tela blanca
de algodón para proteger al viajero hasta donde se pueda del sol y de la
lluvia. La silla se amarra al cuerpo
del sillero por medio de dos correas que le cruzan el pecho y otra que le pasa
por la frente. El pasajero tiene que
permanecer completamente quieto, porque si el sillero se resbala o tropieza,
cualquier movimiento del pasajero lo hará caer inevitablemente. Por tanto es mucho mejor y más seguro viajar
dormido. La primera vez que vi los
silleros iban por un camino tan terriblemente escarpado, que estoy seguro que
una señora norteamericana yendo por él, se desmontaría y seguiría a pie por
consideración al caballo. Y aquí
algunas veces se demuestran sentimientos semejantes. Una señora me contó que la primera vez que se vio obligada a
utilizar ese sistema de transporte, se negó en un principio, pero no teniendo
otra alternativa dadas sus condiciones físicas, tuvo que acceder llorando
amargamente. El coronel Hamilton, embajador británico, llegó a Ibagué descalzo,
con los pies sangrando y acompañado por dos silleros a quienes pagó
generosamente pero que nunca utilizó.
Nuestras dos amigas tomaron las cosas con mucha más naturalidad. La señora se durmió enseguida y la señorita
se puso a leer tranquilamente”.
Una narración tan interesante sobre el Paso del
Quindío, debe servir de puntal para la instalación, en algún lugar de los
pueblos cordilleranos, de una muestra etnográfica y museográfica sobre el
Camino Nacional. De esta manera se
evoca la historia y mantenemos latente el sentimiento de aprecio hacia un
referente patrimonial de identidad.
Varios tramos del Paso del Quindío se conservan, interrumpidos y en
regular estado, en diferentes lugares de Salento y Filandia. Al ser recorridos recuerdan inmediatamente las
peripecias que cuentan los cronistas viajeros del siglo XIX. El más largo parte
unos metros arriba de Boquía (Salento) y tiene una dirección más o menos recta hasta
el Alto del Coronel, en el municipio padre del Quindío. Este es un verdadero
filón turístico, si tenemos en cuenta que uno de los aspectos que más llama la
atención de los visitantes es la tradición histórica. En este trayecto, el cual
se atraviesa en media hora amena y saludable, se traen a la memoria las penosas
travesías de cargueros y caballos pues el piso todavía es húmedo, y conserva
cascajo. El sendero de metro y medio de ancho es finamente labrado entre las
montañas.
Cuenta
la historia oral del Quindío que en otros tramos menos conservados de este
camino, ubicados cerca de Toche o por el sector de la Línea, se han reportado
en el pasado hallazgos fortuitos de dagas, espadas y hasta baúles repletos de
“morrocotas” que eran enterrados a la vera del camino. Historias como estas, de origen fantástico
podrían tornarse reales, si algún día se proyectasen excavaciones arqueológicas
sistemáticas en sus contornos, pues hay que tener en cuenta que por esta vía trasegaron,
no sólo viajeros, tropas y personajes ilustres desde hace 300 años, sino que
gran parte de ella correspondió inicialmente a los senderos indígenas de la
cordillera en la época prehispánica.
En el municipio de
Filandia, un grupo ecológico denominado “Corporación Tibuchina” ha descubierto
lo que parece corresponder al tramo del Paso del Quindío en estos parajes
fríos. Rodeado de vegetación, el camino
atraviesa la reserva natural de Bremen y pasa cerca de la Quebrada Portachuelo. El americano Holton (1981) se refiere a esta
zona en su libro, cuando asegura que “salimos de El Roble el viernes por la
mañana, y una bajada suave de tres
millas nos llevó hasta la casa de otra familia antioqueña en Portachuela, sitio
agradable para descansar”.
Correspondiendo este fragmento del relato presuntamente al entorno
natural cercano a Filandia, también es dable colegir que el sitio Lagunetas,
que él describe más adelante como lleno de huecos y lagunas, es el lugar
boscoso que se encuentra en las goteras del municipio, antes de comenzar el
descenso hacia el occidente. El
maravillosos paisaje que ofrece el trayecto de Filandia, en lo que parece
corresponder a un tramo del Paso del Quindío, es una excelente alternativa para
el turismo ecológico del Quindío, ya explotado racionalmente por los
integrantes de dicho grupo.
Otras
potencialidades que ofrece el viejo camino pueden encontrarse en algunos tramos
que deben permanecer ocultos por el follaje entre los municipios de Filandia y Alcalá, este último reseñado como La
Balsa en las crónicas del siglo pasado; o en las cercanías de Cartago,
especialmente en Piedra de Moler, donde la tradición oral ha reseñado también
la probable existencia de ruinas que testimonian batallas sostenidas entre los
indígenas y los españoles en época de conquista.
En 1891 el municipio de Filandia
se registra para siempre en la historia americana con un hecho de la vida
local. Guaqueros del recién fundado
caserío, y de quienes solo se recuerda el apodo de “Casafu”, correspondiente a
de ellos, saquearon una tumba prehispánica en el sitio “La Soledad” cuyo ajuar
consistió en 122 piezas de oro y una cantidad considerable de objetos de
cerámica y otros materiales. A través
de los hermanos Vicente y Ernesto Restrepo, el Presidente Colombiano Holguín
las adquirió, aunque parte de la orfebrería terminó fundida para incorporar el
metal a una de las campanas de la iglesia de Filandia. Tal cual lo anota una reseña histórica del
municipio, un sacerdote vendió la campana, dejando a los feligreses sin el
singular tañido que producía, y que era muy recordado por su sonoridad a
principios del siglo XX (Ocampo, 1984)
Hasta aquí el suceso no pasó de ser uno más
del ámbito parroquial de los pueblos del Antiguo Caldas que enriquecían su
imaginario colectivo con los relatos de guaquería y que más adelante motivara a
don Luis Arango Cardona a escribir los dos tomos de su libro, donde reseña con
detalles los hallazgos en tierras quindianas
y especialmente los realizados en terrenos de su propiedad que hoy
corresponden al municipio de La Tebaida.
Con motivo del cuarto centenario del Descubrimiento de América, España
organizó una exposición para rememorar la fecha e invitó a ella a los países
americanos. El gobierno colombiano
nombró una comisión conformada por los señores
Restrepo para elaborar un catálogo de la muestra. Uno de ellos, don Ernesto, reputado
historiador de mediados del siglo XIX, publicó un breve artículo sobre esa
exposición en “La Ilustración Española y Americana” y que circuló profundamente
en Madrid.
En octubre de 1892 llegaron a su destino,
procedentes de Colombia, un total de 1.012 objetos arqueológicos y etnográficos
de oro, cobre, hueso, concha, madera y piedra de diferentes culturas indígenas.
Noventa y nueve piezas de oro según el catálogo, pertenecían al
lote de “La Soledad” y eran llamados ya el “Tesoro Quimbaya”. Entre ellas se destacan seis recipientes
antropomorfos que representan hombres y mujeres sentados en pequeñas sillas muy
parecidas a los duhos o “cumunos” que utilizan aún los indígenas amazónicos,
tamaños que oscilan entre 15 y 30 cms. y una de ellas con un peso de 1.143
gramos. Estaban acompañadas por igual número de cascos y poporos de otras
características. [4]
El 11 de noviembre, el aciago
recuerdo americano en Madrid pareció ser opacado por el brillo del oro de las
piezas indígenas prehispánicas pues el conjunto procedente del Quindío
resaltaba, como ningún otro, por su calidad artística. Pero lo que más asombró a los asistentes a
la inauguración de la exposición iberoamericana que conmemoraba el cuarto
centenario del Descubrimiento de América fue conocer de labios de la reina
María Cristina de Habsburgo la noticia que el Presidente Colombiano Holguín
había regalado a España las 99 piezas de oro que conformaban el que después se
llamaría “Tesoro de los Quimbayas”.
La decisión tomada por Holguín expresaba el
agradecimiento del gobierno colombiano a la reina, pues ella había favorecido a
Colombia con un laudo arbitral que reconocía la soberanía del país sobre la
península de la Guajira y porque también se habían definido los derechos
colombianos en las riberas del Río Orinoco, litigio que desde tiempo atrás se
sostenía con Venezuela. Semejante
regalo, del que es catalogado por expertos en metalurgia como las piezas de más
fino terminado del arte indígena prehispánico hasta ahora encontrado en
América, ha sido el más añorado de todos los que se han fugado al exterior. La
regente española expresó estas palabras ese día: “Yo siempre creí que vuestro país era fabuloso en bienes artísticos,
pero veo que lo es aún más en la nobleza e hidalguía de sus gentes”.
Originario de tierras quindianas, ningún hallazgo
localizado en un sola tumba ha despertado tanta admiración por su belleza. En 1921, un semanario madrileño lo describía
como “el presente más valioso que España ha recibido hasta el día de ninguna de
sus hijas allende el Atlántico”.
La información fragmentaria que se posee de “La
Soledad” es que la estructura funeraria era una gran cámara con pinturas
geométricas en sus paredes, de acuerdo con versiones de la tradición oral.
Pertenecientes probablemente a un personaje de alta jerarquía que habitó la
región en una época no determinada, las piezas de oro y cerámica ha sido
clasificadas dentro de una tipología llamada arbitrariamente “Quimbaya Clásico”
y sobre la cual no existe información contextual. Aunque los intentos por recuperar el “regalo” han sido
infructuosos, incluso por la vía presidencial cuando el Presidente Belisario
Betancur quiso hacerlo en su mandato, hoy los quindianos deseamos conservar
aunque sea una muestra fotográfica de las piezas que, valga decirlo, sólo
fueron exhibidas al público en el año 1992 en el Museo de América en Madrid. En
ese lugar reposan guardadas celosa y herméticamente dentro de una bóveda de seguridad.
Una de las acciones
sugeridas para recuperar la información debe partir de la iniciativa
comunitaria que conduzca a la identificación exacta del sitio “La Soledad”. Por lo tanto el
municipio de Quimbaya, a cuya jurisdicción pertenece hoy esa vereda, debe
emitir la declaratoria de bien de interés cultural y realizar los trámites
correspondientes para que desde la investigación arqueológica se realice
prospección en ese lugar y se rescate
la tradición histórica, que posteriormente se puede presentar a la comunidad a
través de divulgación museográfica.
PATRIMONIO
ARQUITECTÓNICO.
La historia de la cultura nos ha enseñado que
el hombre responde a la naturaleza agreste, de diferentes maneras, para
adaptarse a condiciones difíciles de existencia. Una de esas respuestas se manifiesta a través de la consecución o
construcción de su vivienda. En América la arqueología ha registrado los
denominados abrigos rocosos que eran lugares donde se guarecían o protegían los
pobladores de la etapa llamada Paleoindio contra las inclemencias del tiempo y
que correspondían realmente a formaciones geológicas o cuevas. La etapa de los primeros agricultores estuvo
también determinada por el levantamiento de viviendas, dispuestas generalmente
en lo alto de las colinas o en los sitios costeros; esto ocurre hace unos 7.000
años. Finalmente, las crónicas de la
conquista señalan el bohío, una pequeña construcción de planta circular, como
la casa propia de los núcleos sedentarios que ocupaban el valle medio del río
Cauca.Por su construcción con materiales biodegradables como la guadua, palma y
maderas de las selvas del Quindío, la reseña de estas viviendas sólo se remite
a la información que sobre los bohíos suministran los conquistadores. El territorio proveyó el material más
versátil para construcción (la guadua) a los pueblos prehispánicos quienes
construían con las “cañas gordas” todo tipo de elementos y sus obras vitales.
Nos imaginamos que la vegetación frondosa del Quindío, antes de la conquista
española, se matizaba con poblados indígenas construidos totalmente de este
material rollizo.De la arquitectura indígena prehispánica, lamentablemente, no
se han descubierto mayores evidencias en territorio quindiano. Sin embargo, los arqueólogos prospectan las
colinas y los valles en búsqueda de sitios de vivienda que les permita
encontrar, en las excavaciones estratigráficas, las huellas de postes para
delimitar áreas de viviendas domésticas, y también para incursionar en estudios
de pautas de poblamiento. Debió
transcurrir casi dos siglos, desde la última reseña sobre poblamiento en el
Quindío, señalada en 1717, (Duque, 1970) para que la guadua adquiriera
nuevamente vitalidad en la costumbre de la construcción. Desde Salento, primer pueblo del Quindío, la
arquitectura de guadua como tradición de los antioqueños fundadores, determina
una nueva etapa de la historia regional representada en esas casas de la
colonización que muchos pueblos conservan.El estilo republicano, el art deco y
la vivienda contemporánea, así como calles, plazas, andenes con grabados u obras civiles de la
arquitectura contemporánea, también hacen parte de ese patrimonio que los
quindianos muchas veces no valoramos.El valor real de la arquitectura como
patrimonio no estriba solamente en lo físico, sino en el sentimiento de
apropiación colectiva y en la suma de códigos, símbolos y referentes culturales
que las casas conservan. Éste es un aspecto del patrimonio cultural que
más incide en el comportamiento de la sociedad, porque dichas construcciones
también deben verse y valorarse desde lo afectivo, lo estético, lo documental,
lo familiar, lo histórico o todo lo que resume la órbita de los simbolismos.
CONSTRUCCIONES
ANTIGUAS DEL QUINDÍO.
PATRIMONIO
ARQUITECTÓNICO QUE SE DEBE PROTEGER.
Los más antiguos testigos del Patrimonio
Arquitectónico no monumental del departamento del Quindío son los inmuebles del
estilo constructivo de la colonización y, en menor número, algunas casas art
deco y del estilo republicano. La fundación
de pueblos dio paso al levantamiento de plazas principales y calles aledañas
con hermosas casonas construidas de bahareque y la mayoría de ellas son
verdaderos hitos de la arquitectura regional que las administraciones
municipales deben declarar Bienes de Interés
Cultural, para garantizarles su existencia física o proyectarlas al
turismo cultural.Los inmuebles más representativos, entre otros, son:
Armenia:
Casa del Cedacero,
casa de la familia Aristizabal y casa La Mariela, que corresponden al escaso
número de viviendas de la tipología constructiva de la colonización que se
conservan en el área urbana. Hasta hace algunos años hacían parte del paisaje
cultural del norte de la ciudad, caracterizado por estancias de una vida
apacible y rural. Sobre este tipo de vivienda, se anota que “en ellas se reúnen
de manera inequívoca el acertado diseño, el uso de los materiales regionales,
la correcta implantación del medio ambiente, la aceptada respuesta al clima de
la región, la elegancia y esbeltez de sus líneas arquitectónicas....
Toda su organización
se ha dado con relación al paisaje circundante y los grandes corredores
protegidos por grandes aleros se vuelcan y unen a ese gran jardín maravilloso
que es la naturaleza del departamento del Quindío.” (Tobon, 1987).El inmueble La Mariela
fue objeto de una evaluación física realizada por la Sociedad Colombiana de
Arquitectos Regional Quindío, ante una orden de demolición que se había
interpuesto ante la inspección quinta de Armenia. En el comunicado emitido por
la SCA Regional Quindío, se estableció que “el bien inmueble se encuentra en
una de las principales vías de acceso a Armenia, la cual comunica con las demás
capitales del eje cafetero, aspecto que lo hace relevante por la connotación
histórica frente a los procesos de colonización y fundación de la región. Es
importante resaltar que La Mariela se construyó con la técnica del bahareque,
específicamente la modalidad del barro embutido, lo que conlleva a deducir que
es de la etapa primaria de la colonización”.[5] Finalmente la orden de demolición fue revocada, conservándose uno de
los hitos arquitectónicos de Armenia.
Calarcá:
La mayoría de casas
del perímetro urbano, que responden a ese estilo constructivo de bahareque,
fueron declaradas Patrimonio Artístico y Cultural de la Nación por la
Resolución 0017 de diciembre 12 de 1986, emanada de Colcultura. Algunas, sin embargo, fueron descuidadas por
sus propietarios luego del terremoto de enero de 1999, y desaparecieron
posteriormente. Por su hermosura y altivez, han sido publicadas sus fotografías
en muchos catálogos culturales y turísticos tal cual ocurre con las casas de la
familia Tellez y de Teresa Gallón de
Mejía.
En el
corregimiento de Barcelona, como prueba fehaciente de la sismoresistencia de
las construcciones de bahareque, sobreviven tres hermosas casonas de principios
del siglo XX, únicos inmuebles que quedaron en pie luego del devastador sismo
del Eje Cafetero.
El Centro Filial del Consejo de
Monumentos Quindío elaboró un Inventario de Emergencia de los bienes inmuebles
de la colonización, en los municipios del Quindío, después del sismo de enero
de 1999. Dichos inmuebles fueron
evaluados por un grupo de reconocidos arquitectos restauradores del país,
quienes sugirieron algunos criterios para su conservación al valorar los daños
sufridos en las edificaciones.
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Las siguientes son algunas de las edificaciones que
requieren una declaratoria urgente como Bienes de Interés Cultural, pues han
sido importantes referentes de la memoria arquitectónica local:
Montenegro: Casa de dos plantas, levantada en la intersección de la
calle 16 con carrera 5ª , en el Parque
de Bolívar. “Es un típico ejemplo de la arquitectura surgida en la
tercera década del siglo XX y expresa de manera concreta las forma como los
maestros constructores asimilaron y
dieron su propia interpretación de la arquitectura ecléctica
surgida en centros como Medellín, Manizales
y Pereira.” (Ibidem)
Quimbaya:
Casa de tres plantas, levantada en una esquina de la antigua plaza de la
estación y es uno de los últimos testigos de este tipo de construcciones en el
Quindío. La administración municipal proyecta elevarla urgentemente a la
categoría de bien de interés cultural municipal para propiciar su conservación.
Circasia: Cuadra de arquitectura
tradicional de bahareque ubicada en el costado del parque principal donde se
encuentra el templo parroquial (Calle 6ª entre Carreras 14 y 15). Es el sector de mayor relevancia
arquitectónica tradicional y su fotografía es publicada frecuentemente en
catálogos turísticos. Además se destaca, en el remate de la cuadra, la iglesia
de Nuestra Señora de las Mercedes. que
es al parecer “la única muestra representativa de la arquitectura religiosa
regional que tiene estructura en madera y las fachadas y torres han sido
revestidas en latas de zinc.” (Ibidem).
Córdoba: A pesar de la violencia
del sismo de enero de 1999 en ese municipio, que afectó gravemente su
patrimonio arquitectónico tradicional, se conservan aún hermosas casas de dos
plantas, situadas en la carrera 10 con calle 13 y en la carrera 10 con calle
10.
Génova: Casa Quinta Villa
Gloria, “ubicada en la carrera 11, en el sitio denominado El Crucero; su diseño
arquitectónico, muy antiguo es un ejemplo excepcional de arquitectura urbana en
el campo”.[6] En ella se destacan hermosos adornos en el
cielo raso de sus habitaciones, que es una característica que poseen otras
casas de los municipios quindianos, lo que las hace hermosas y dignas de
admirar.
Pijao: Conjunto general
arquitectónico de viviendas tradicionales de bahareque, que se caracterizan por el singular manejo
del color y que incidió en su declaración en 1985 como el pueblo más lindo del
Quindío.
Dos poblaciones quindianas
conservan esplendorosamente la arquitectura tradicional de bahareque en su
plaza principal y calles aledañas, factor que les ha permitido proyectarse al
turismo en los últimos años si potenciando también otros atractivos ecológicos,
culturales y festivos que poseen. Se tratan
de Salento y Filandia, las más antiguas del departamento del Quindío.
En Filandia, especial mención merecen la
Iglesia de María Inmaculada y la
capilla del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús. Esta vieja capilla “es toda de
madera y la
estructura de arcos consecutivos está a la vista sencilla, sin
ostentación, sin alardes de grandeza y es una exquisita muestra de la
arquitectura
vernácula.” (Ibidem).
El interés de algunas universidades colombianas y
de las instituciones representadas en el Centro Filial del Consejo de
Monumentos Quindío, ha sido conservar el cariz arquitectónico de estos dos
municipios en razón de su importancia histórica pues fue prácticamente en esta
región norte donde se inició el proceso de fundación.
Según la Sociedad Colombiana de Arquitectos, “la
estructura urbana de Salento muestra un paisaje arquitectónico homogéneo. En
ella se aprecian manzanas con dos costados opuestos construidos y solares
cultivados, manzanas con tres costados construidos y solares cultivados y
manzanas conformadas... Filandia, es de las cabeceras municipales del Quindío
la que conserva el mejor estado de conjunto urbano, lo que le permite aspirar a
que se le declare patrimonio nacional.
“Sus casas de dos pisos son excelentes ejemplos del trabajo artesanal de
la madera en la construcción, del cuidado en la apariencia exterior y la
combinación de colores “.[7]
Los siguientes son los inmuebles más
representativos de los dos municipios:
Salento: Casa
Cural, gran construcción que ocupa
media cuadra de la plaza principal.
Casa Fonda en la cual, comenta, pernoctó
Simón Bolívar la noche del 5 de enero de 1830. Se encuentra situada en el
sector de Boquía.
Casa Montiel, situada en el sector rural vía
a Toche, casa de campo del estilo constructivo de la colonización.
Filandia:
Casa de la familia Vallejo Angel, situada en Cruces, sector rural de la entrada
principal. Su estilo es republicano.
Calle 6ª entre Carreras 5ª y 6ª (Plaza
Principal) y Calle 7ª entre Carreras 7ª y 8ª, cuadras mejor conservadas en
cuanto a casas de la tipología de la colonización antioqueña se refiere y que
aparecieron en un afiche divulgativo durante la década de los ochenta.
Casa Granada, en la vía a Quimbaya, de la cual se
comenta era una antigua fonda del Paso del Quindío y que conserva, como parte
del conjunto de mueble del ebanista Arcadio Arias (el más famoso tallador de
madera del municipio), un objeto icónico que ha servido de inspiración para el
relato escrito “La mano en el espejo” (Restrepo, 1998).
Casa de tres pisos, con planta arquitectónica en L,
donde funcionó la Fundación FFARO y la primera sede del colegio de la Santísima
Trinidad, pero que se encuentra en lamentable estado, amenazando ruina, una
placa conmemorativa, en la esquina de esta construcción, recuerda que la
primera piedra fue colocada el primero de enero de 1938.
Casa de una planta, cerca de la anterior, con
espaciados corredores y situada en la calle 5 número 3 – 28.
Casa de dos plantas, situada en una esquina de la
Plaza principal, caracterizada por su primer piso en tapia. Hace unos años funcionó allí la Escuela de
Niñas Simón Bolívar y ha sido intervenida para adecuarla como oficina
administrativa.
Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, construcción
de la primera década del siglo XX, contiguo a la capilla de su mismo nombre,
que es regentado por religiosas Bethlemitas.
Algo relevante de la arquitectura de este
municipio es la existencia de algunos tramos de calles, andenes y patios
empedrados. La carrera 1ª entre calles 5ª y 6ª conserva el mejor tramo de
piedra en sólo media cuadra; los únicos andenes que sobreviven se encuentran
frente a las casas demarcadas con el 2 – 09 de la calle 5ª y 8 – 27 de la calle
7ª. Las casas que conservan patios interiores con esas características
corresponden a la antigua sede del hospital San Vicente y las residencias de
Rosalba Martínez y Fabiola Arias.
Un aspecto intangible de este tópico arquitectónico
es que, a principios del siglo XX, esas calles, andenes y patios fueron
empedrados por Floro, personaje que traía las piedras a lomo de mula desde el
cañón del río Barbas. Su técnica particular de construcción partía, en las
calles, de un eje central de piedra que le servía de referencia.
En razón de la importancia de estas arquitecturas,
los Concejos de Salento y Filandia han emitido los acuerdos 011 de 1995 y 010
de 1998, a fin de proteger sus conjuntos arquitectónicos municipales de
bahareque.
PLAZA
DE MERCADO DE ARMENIA UN BIEN
DE INTERÉS CULTURAL NACIONAL YA DESAPARECIDO.
Este inmueble, elevado a la
categoría de Monumento Nacional (hoy Bien de Interés Cultural) mediante
declaratoria M-00537, Decreto 1802 de octubre 19 de 1995, desapareció
físicamente por orden administrativa del Alcalde de Armenia, quien ordenó su
demolición en abril de 1999. No quiere decir esto que su relevancia como Bien
Arquitectónico haya desaparecido también.
No apreciarlo más como un bien tangible no resta la imagen de monumento
patrimonial que para muchos visionarios, arquitectos y personas sensibles al
patrimonio tenía esta edificación. En
otras palabras, la Plaza de Mercado de Armenia ha quedado en el imaginario
colectivo de los quindianos como uno de los más importantes hitos urbanos.
A principios del siglo XX, los
principales núcleos urbanos del centro del país entraban a la dinámica del
mercado, desde la base de la
caficultura y los cultivos de plátano, yuca y otros que convirtieron a lo que
hoy es el Eje Cafetero en una región económicamente activa. Se pensaba entonces en concentrar el
intercambio y mercadeo de los productos agropecuarios en plazas de mercado.
Ellas fueron arquitectónicamente diseñadas y construidas respondiendo a estilos
vanguardistas.
La Plaza de Mercado de Armenia,
por ejemplo, fue concebida con ese espíritu moderno. Construida en 1936 e
inaugurada en 1939, el levantamiento estructural se inspiró al parecer en el
pabellón de Francia de la Feria Internacional de París. El edificio estaba compuesto por cuatro
volúmenes de una manzana de extensión cada una y poseía una torre que durante
muchos años permaneció pintada con los colores de la bandera del departamento del Quindío.[8]
Poco tiempo después un incendio
destruyó completamente la estructura de concreto de una bodega localizada en la
esquina de la carrera 18 con calle 17 y esta fue la única parte de la Plaza de
Mercado que debió ser reconstruida.
Lamentablemente fue reemplazada por una estructura metálica que no
conservaba semejanza con la anterior pero que, al contrario, hacia perder la
belleza y sobriedad de la primera estructura.
Muchos expertos de la arquitectura monumental siempre consideraron a
esta Plaza de Mercado como una de las
más bellas de las construidas en Colombia, destacando también la luminosidad de
sus interiores y el interesante espacio funcional de los mismos. Sin embargo pocos armenios conocieron y se apropiaron de estas virtudes.
Uno de los problema de la Plaza
de Mercado de Armenia fue la invasión del espacio público en su parte exterior
y que, a criterio de muchos arquitectos, no permitió una lectura global del
inmueble. El lastre que siempre llevo la edificación lo provocó una realidad
social configurada por la proliferación de casas de lenocinio y venta de
estupefacientes que tornaron peligroso el sector. La mayoría de habitantes citadinos terminaron incorporando a esa problemática la antigua
edificación. Además del valor
patrimonial arquitectónico y de referencia a una memoria urbana, nunca se leyó
a la Plaza de Mercado como el principal sitio de encuentro de la ciudad. Allí confluían mercachifles, trabajadores
del agro, actores de la vida callejera y otras personas que encontraban el
espacio propicio para la socialización de vivencias y reproducción de
experticias. Este era un lugar que
fortalecía el imaginario de la cultura popular y, por esa razón, debió
prevalecer un sentimiento conservacionista para el patrimonio demosófico, que
nunca encontraron como fortaleza los administradores de la ciudad. Esta Plaza de Mercado será recordada como un
magnífico espacio de socialización y estará unida al recuerdo de
establecimientos que endurecían los hilos del tejido social, como ocurrió
muchos años con el famoso restaurante “Caracol”, los cafés tertuliaderos o los
sitios de abordaje de flotas y taxis.
Para evitar la demolición de la
Plaza de Mercado de Armenia el Centro Filial del Concejo de Monumentos Quindío
presentó a la Alcaldía de Armenia dos propuestas de dicho uso para dicho
inmueble. Ellas fueron un centro universitario, de acuerdo con una propuesta
mencionada en eventos desarrollados durante los días posteriores al terremoto y
que señalaban como posible gestora de la misma a la Universidad Bolivariana de
Medellín. La otra consistía convertir el inmueble en una Escuela Taller de
Artes y Oficios. Esta sugerencia de conciliación entre el progreso y la
tradición histórica y cultural no fue tenida en cuenta porque, de acuerdo con
la evaluación post sismo debía demolerse.
PUENTE “EL AMPARO” DE SALENTO UN TESTIMONIO ARQUITECTONICO
EN
CAMINO DE DECLARACIÓN COMO BIEN DE INTERES CULTURAL NACIONAL.
Este bien patrimonial conocido
tradicionalmente por los habitantes de su entorno como el Puente de la
Explaneación, fue una de las obras ejecutadas para conectar la ruta del
Ferrocarril de Occidente. Está situado
en la vereda Boquía del municipio de Salento y bajo su estructura corren las
aguas de la quebrada del mismo nombre, la cual tributa al río Quindío.
Como todas las obras de ingeniería de que sirvieron
para el transporte férreo, el puente pertenece a la Nación. Fue construido por
el español Lorenzo Iriarte en 1948 y se concibió como parte integral de la vía
del tren que enlazaba a Buenaventura con Bogotá y que también pretendía unir a
Armenia con Ibagué. El puente fue
utilizado solamente para el viaje de prueba de dos vagones pues tuvo problemas
de desnivel, además de truncarse el proyecto ampliado de ruta entre Armenia y
el Tolima debido al accidente geográfico del sitio La Línea.[9]
Fue construido de concreto armado, su forma
es curva y posee cuatro arcos sobre la vía férrea que existía en ese sector de
Boquía, trescientos metros antes de lo que sería la estación El resultado de un
estudio técnico realizado en 1998 por la arquitecta Claudia Acevedo del
Ministerio de Cultura, permitió conocer los siguientes datos: “Su forma de
sector circular tiene un radio de 126 metros, una longitud de arco de 54 metros
y una altura promedio de 12 metros. Los
cuatro arcos de concreto armado tienen una distancia entre columnas de 10
metros y una altura de 10 metros creando una particular simetría. Tiene un ancho de calzada de 3.20 y
sardineles de 30 x 45 cms en el lado externo y de 30 x 25 en el lado interno”.[10] Estas características lo hacen especialmente
hermoso razón por la cual se solicitó al Consejo de Monumentos Nacionales su
declaración como Bien de Interés Cultural Nacional por parte de la Fundación
Reserva Natural La Rosa de los Vientos, ONG que también lidera el programa
“Boquía Parque Viviente”, con la pretensión de
vincular al puente, su entorno y a los habitantes en una interesante
propuesta de manejo ecológico y turístico como plataforma de desarrollo para
elevar la calidad de vida. Para los
integrantes de esta Fundación el puente es un símbolo en el cual están
cimentando su proyección turística y lleva el nombre de la señora Amparo Mejía
de Tirado, fallecida madre de la dueña de la reserva natural.
Una de las ventajas del puente es permitir una divisa de los paisajes del
hermoso Valle de Cocora que comienza a perfilarse en ese lugar. Para llegar a él, se recorre el camino de
entrada que parte de la vía principal Arrrayanal – Salento, en el sector de
Boquía. El recorrido se inicia por el
sendero que cruza la reserva natural La Rosa de los Vientos. En el sector aledaño al puente, desde 1979,
existe un asentamiento de invasión en una extensión de 2.000 metros de largo y
600 de ancho cercano a la construcción donde se instalaría la estación del
ferrocarril. Este terreno se conoce
como La Explaneación y, por conexión, al puente siempre se le llamó de igual
manera.
El estudio como Bien de Interés Cultural para el
Puente El Amparo ya pasó su trámite ante el Centro Filial del Consejo de
Monumentos Nacionales del Quindío, organismo que lo remitió al Consejo de
Monumentos Nacionales de Bogotá, donde se emitirá la Declaratoria
Nacional. Acciones como ésta deben
presentarse en todos los municipios del Quindío para que la sociedad civil
promueva la declaratoria de sus símbolos o referentes culturales y
arquitectónicos más importantes.
LOS
CEMENTERIOS Y EL
PEQUEÑO PATRIMONIO
Los cementerios también son
espacios arquitectónicos que tienden a quedarse fuera de la monumentalidad
todavía asignada a las construcciones de muchos centros historicos. Lo cierto
es que ellos son “espacios olvidados” de ciudades y villorrios que son sólo
visitados por familiares de quienes allí yacen. Estos lugares “son un verdadero
archivo, espacio verde y espacio social”. [11] En
el Quindío tenemos dos hitos arquitectónicos que son el símbolo de la libertad
y la tolerancia. Son los cementerios libres de Circasia y Montenegro,
inaugurados en 1933 y 1934 respectivamente. La hermosura del mausoleo de
Circasia también le concede mucha gracia arquitectónica. El origen de estos
espacios se remonta a “la necesidad de hacer un cementerio donde se pueda
enterrar a todo el mundo sin importar la religión a que pertenezca, ni ideas
políticas, ni el color del cuero, ni nada” tal cual lo testimonia Don Braulio
Botero su fundador, en cita de la obra “Circasia en la historia” (Gutiérrez,
s.f.). La tradición se trasladaría al municipio de Montenegro para que allí
fueran enterrados también los librepensadores o “cualquier ser humano sin tener
en cuenta su condición: pobre, rico, creyente, incrédulo, masón, etc.” (Pinto,
1990).La valoración de los cementerios antiguos, con su arquitectura y con la
carga sentimental que despiertan, hace que estos espacios se consideren de
carácter patrimonial. Sus hermosos templetes, obras artísticas y mausoleos han
motivado la declaración como Bienes de Interés Cultural; el de Marsella (Risaralda)
es uno de los que tiene carácter nacional. En Filandia, a finales de la década
de los 90 se escogió su camposanto para grabar la película “Milagro en Roma”, precisamente por la existencia de
mausoleos familiares.
EL VALOR INTANGIBLE DE
LA CASA QUINDIANA.
Recuperar
tradiciones en el campo arquitectónico no es solamente remitirse a las
características excepcionales de diseño, color, espacio, madera o trabajo
artesanal y de construcción de las espléndidas casas de dos pisos que se
levantan tan sobrias en el marco de las plazas principales de los pueblos
quindianos. Es introducirse en el mundo
simbólico que nos remite al placer de morar, el mismo que se ha perdido en las
viviendas actuales. Es identificar los
símbolos físicos, religiosos y políticos. Es descubrir el lenguaje que transmite el color de las fachadas,
que contrastan en plazas y parques. Es
también entender el sentido de habitar, que muchos estudiosos de la vivienda, a
través de la historia, se empeñan en redescubrir. (Saldarriaga, 1991)
Para
comprender valor patrimonial de la casa de bahareque quindiana es necesario
escudriñar el espacio doméstico rural construido por los fundadores y
extraviarse en los caserones de la parte urbana, que han sido mudos testigos de
la historia centenaria.
La casa deja en la conciencia una
marca indeleble de la vivencia humana. En ella identificamos desde las pequeñas
cosas, hasta el universo y la simbología del cosmos. Nuestra casa quindiana, la
tradicional de los abuelos, guarda aún en su estructura el material más útil y
versátil de la otrora frondosa manigua de la época anterior a la colonización:
la guadua, material que hoy se redescubre en un camino que busca desandar los
pasos milenarios de las culturas indígenas y la importancia extrema de la bambusa
en todo tipo de arquitecturas. Los
componentes de esa rolliza textura quedan como espectadores de lo que aconteció
en la casa de los primeros arrieros de las montañas o valles de esta región.
La
casa quindiana en el pueblo es el santuario de la abundancia. Es el código cultural que nos recuerda la
amplitud de pensamiento y la exhuberancia.
Hay lugar para todos los elementos de la vivienda y sus secretos se
esconden muy bien guardados en rendijas, recovecos y cámaras ocultas de sus
tapias. Las paredes, zócalos y pisos de
las centenarias casas todavía guardan las intrigas de épocas en las que, con
sentimiento timorato, también se deseaba, se amaba o se odiaba en familia. Las rendijas son los únicos receptáculos que
nos pueden contar la tradición de confabulación y amores furtivos.
Entender
lo que muchos autores llaman Quindianidad en la base de románticos pensamientos
que remiten a la vida rural, tiene sentido por la herencia colonizadora multiregional y por la marca de la casa. En ella se dan “los valores colectivos que
encuentran representación en los símbolos físicos”.[12]
La casa quindiana constituye un conjunto de matices de colores de la
naturaleza: encontramos pueblos de casas frías o calientes, donde los tonos nos
hablan hasta del partidismo político.
La casa quindiana es un símbolo de identidad cultural, aunque esta
región ha desconocido siempre su valor vernáculo, el mismo que le imprime el
tiempo con el material de la guadua. A
pesar de ser esta bambusa revestida de calor humano, se destruye día a día, tal
cual ocurre con la rapiña del patrimonio arqueológico.
La
marca de la cultura sólo se fortalece en la casa con el sentido de morar. El proyecto de vida centrado en reconocer en
la casa quindiana la existencia de un baúl de los abuelos, debe tomar fuerza si
nos atrevemos a vivir nuevamente en ella.
En esa vivienda se revitalizará la potencia de la dimensión cultural,
que se puede percibir desde todos los ángulos posibles. Es considerarla como un objeto adaptado a un
medio ambiente, organizado para albergar unas relaciones familiares y también
como un lugar económico. Si la casa
quindiana desaparece con el implacable ritmo de la urbanización en pueblos y
ciudades, también podemos cortar el espíritu que ha mantenido a la bambusa con
sus raíces en postes, vigas, horcones y cumbreras. Nos imaginamos, entonces, que el solaz que produce la sombra del
guadual resguarda a sus habitante ya que allí está presente la vida. En sus
rendijas coexisten, con los recuerdos, guatines, dantas, chuchas y conejos que
dependen del fresco hervor de su follaje.
El interior de la casa no está muerto.
Es oscuro como el corazón de un guadual, pero seres de la naturaleza
humana lo protegen para que siga brindando protección.
PATRIMONIO INTANGIBLE
El Patrimonio Intangible es el producto del espíritu. Está compuesto por aquellos bienes que
reflejan la sabiduría del pueblo, razón por la cual se le conoce también como
Patrimonio Demosófico (“demos”, pueblo; “sofía”, sabiduría). Este patrimonio es el vehículo histórico de
la mentalidad colectiva; en él está condensado el espíritu de las Identidades
Culturales. Lo intangible encierra el
contenido de la conceptualización sobre la llamada Quindianidad, que también se
fundamenta en el inmenso valor del Patrimonio Tangible desde diferentes puntos
de vista.
Lo
intangible se apropia desde la tarea individual o colectiva de reconocernos
culturalmente. Por esa razón
encontraremos símbolos agrarios, festivos o arqueológicos que nos identifican
como Quindío. Ellos son, entre otros,
el apelativo de Cuyabro, el Poporo Quimbaya, la Palma de Cera, la Forcha, el
Festival de Velas y Faroles o el Árbol donde se posan las garzas. Este último elemento, característico del
municipio cordillerano de Pijao, nos da una idea clara del vehículo simbólico
para identificar otros parajes.
El
Patrimonio Intangible también es artesanía, con ropaje de identidad cultural
como ocurre por ejemplo con los canastos de bejucos o con el arte del tarralí.
En
el Patrimonio Arquitectónico también se aprecia el tópico de lo intangible como
quiera las casas y edificaciones en general poseen valores históricos, de
antigüedad, de afectividad o de estética que obligan muchas veces a ejercer una
gestión integral del patrimonio en los centros históricos que conservan los
testimonios de lo intangible y lo tangible.
Es tan importante para el mundo el rescate y valoración del Patrimonio
Intangible, que ya la UNESCO ha propuesto a todos los países del planeta
presentar a consideración de este organismo los candidatos para la declaratoria
de patrimonios de la humanidad.
Colombia ya ha declarado al Carnaval de Barranquilla, a nivel del
Congreso de la República, como uno de sus patrimonios intangibles más valiosos. El Quindío, con el yipao o la cestería de
bejucos, y otros más de esta órbita del imaginario colectivo, también cuenta
con un acervo patrimonial de insondable importancia.
El patrimonio intangible
abarca el conjunto de bienes que se construyen espiritualmente con las formas
sociales de existencia de los grupos humanos o sea su “ethos” (modo de vida).
Corresponde a sus costumbres y tradiciones, a la riqueza de los conocimientos y
saberes populares, a través de una amplia gama de músicas, artesanías,
gastronomías, leyendas y otros constructos simbólicos del imaginario colectivo.
Por otra parte, considera las tonadas, cantos, aires e instrumentos musicales
típicos de los distintos lugares. De
modo semejante hace el inventario de las danzas y juegos coreográficos así como
el vestuario, atuendo y parafernalia que los complementa.
El patrimonio intangible del Quindío se hace visible de la siguiente
forma en los diferentes municipios:
La totuma es un símbolo agrario de la región, llamada CUYABRA entre
los primeros colonizadores antioqueños. Este es un nombre que le dio vida al
apelativo que ha acompañado a los armenios durante más de un siglo de
existencia, así como al TARRALÍ, la artesanía contemporánea que afirma esa
simbología y da a conocer a Quindío a nivel internacional.La bebida de maíz, fermentada
en toneles de madera, más consumida por los quindianos es la FORCHA e
identifica al corregimiento de Barcelona. El vuelo de cometas también es un
símbolo de libertad como lo es el pensamiento de los creadores del Cementerio
Libre, símbolo este del municipio de Circasia, como una defensa a LA
LIBERTAD, LA TOLERANCIA y EL AMOR. LAS ARTESANÍAS EN MINIATURA que
se exhiben y venden frente al Centro Experimental de la Guadua, en el municipio
de Córdoba, resaltan también un patrimonio humano, el artesano Jair Londoño
quien elabora réplicas en guadua y madera.
EL KUMIS CON CUCAS es una bebida nutritiva de los placeres gastronómicos de
los municipios del Quindío, especialmente Filandia, Circasia y Salento. Este
producto ha sido reemplazado por el kumis industrial. No obstante se ha
convertido, junto con la forcha, en bienes del patrimonio gastronómico
quindiano.
LA TRADICIÓN RELIGIOSA de
semana santa en Filandia y Salento, así como el peregrinaje al cerro de las
Tres Cruces en Buenavista, el tercer día de cada mes, relevan aún las creencias
religiosas de nuestros pueblos mestizos. La CESTERÍA
de bejucos de Filandia, Circasia y Salento ha cumplido una labor importante
en el beneficio del café y actualmente las familias han extendido su uso a
otros ámbitos de la vida diaria como son el mercado, la decoración y el juego.
En ella se recuerda el ancestro indígena toda vez sus técnicas son heredadas de
los grupos aborígenes que habitaron el territorio. La cestería es el elemento
simbólico del norte del Quindío, razón que le merece el apelativo de “Filandia,
un tejido artesano” a su principal centro productor.LA SEMANA SANTA EN VIVO,
los cánticos religiosos del viernes santo, la sentencia a lo vivo, el coro del
viacrucis, la tradición de los “soldados romanos” y penitentes o la quema de
judas, hacen de éste unos bien intangible que potencia el turismo cultural en
la semana sacra.EL ALUMBRADO es una de las
tradiciones religiosas mestizas más populares de América. Su realización abarca
todo el país con variantes locales, especialmente en Quimbaya y Génova. El
primero con orgullo ha adoptado el apelativo que lo identifica, o sea “luces y
arqueología”; el segundo presenta con creatividad raizal una “noche de velitas”
con diseños que representan al yipao o la cultura prehispánica.Las LEYENDAS
DE PÁRAMO, LA LAGUNA DE MARAVELEZ y otras se refieren a los mitos o relatos
de la órbita simbólica que existen en todos los pueblos del mundo.Las TRADICIONES
INDÍGENAS embera chamí identifican hace algunos años a varios asentamientos
de la zona de El Alambrado en La Tebaida, El Laurel (Quimbaya) Naranjal
(Circasia) o La Samaria (Montenegro).El ARBOL DEL TOTUMO es
un recordado lugar de encuentro cotidiano, debajo del cual se desarrolla la
tertulia y se recibe sombra. Es de
mucha importancia simbólica para el municipio de Montenegro, así como lo son
sus ASPECTOS TOPONÍMICOS. La toponimia es la designación de lugares por
sus condiciones geográficas especiales. Por esta razón se mencionan los nombres de Montenegro y Pueblo Tapao. En la FIESTA DE LA VIRGEN DEL CARMEN, el homenaje a
la patrona de los transportadores es la tradición del mes de julio. Esta
fiesta, después de semana santa, es el más importante bien patrimonial
religioso popular del Quindío. DONDE SE POSAN LAS GARZAS es
el apelativo de Pijao. Es también el símbolo que lo identifica en su escudo e
himno y ya es un referente del patrimonio natural, en simbiosis con la elaboración simbólica de la cultura.
El
Tesoro de los Quimbayas, el Paso del Quindío y el Archivo Histórico son otros
bienes intangibles que, entre otros, nos relevan la elaboración permanente de
otro patrimonio, el histórico que no es más que el crisol de la fuente de la
identidad.
[1]
C.P.A. Informe de Inspección Arqueológica- Agosto 14 de 1999.
[2]
C.P.A. Informe de Inspección Arqueológica- Junio de 2000.
[3]
C.P.A. Informe de Inspección Arqueológica- Agosto de 2000.
[4]
El Tiempo, Lecturas Dominicales. “Otro colombiano en manos extranjeras”.
Bogotá, 1985
[5]
Comunicado SCAQUI-291-99, dirigido por la SCA Regional Quindío al Centro Filial
del Consejo de _Monumentos Quindío.
[6]
La Crónica. La Ruta del Patrimonio Cultural Quindiano. Septiembre 30 de 1999.
[7]
Sociedad Colombiana de Arquitectos:
“Recorridos del Patrimonio Arquitectónico Colombiano”. Recorrido No. 25,
Quindío. Catálogo. Bogotá, 1986.
[8]
El Espectador – Separata
“Monumentos Nacionales”, Instituto Nacional de Vías, Subdirección de Monumentos
Nacionales. 1992.
[9]
Reserva Natural La Rosa de los Vientos- Solicitud para Declaratoria de
Movimiento Nacional Puente El Amparo- Enero 19 de 1999.
[10]
Centro Filial Concejo de Monumento Quindío.
[11]Fernando
Carrión- “Nueve temas y ausencias y una conclusión general sobre los centros
históricos en América Latina”, mimeo.
[12]
Sociedad Colombiana de
Arquitectos: “Recorridos del Patrimonio Arquitectónico Colombiano”. Recorrido
No. 25, Quindío. Bogotá, 1986.