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Quindío su Vida y su Arqueología

 

  Parte

PATRIMONIO CULTURAL DEL QUINDÍO

 

Néstor Eduardo Hernández M. y Roberto Restrepo Ramírez

 

PATRIMONIO

 

Es un concepto que se asimila en la vida diaria a las esferas jurídica, comunitaria, económica y cultural. Es un bien o conjunto de bienes que las personas adquieren por herencia o que se construye y consigue por el esfuerzo.

 

Para el hombre y la mujer que comparten su vida en sociedad, así como para la comunidad del barrio, vereda o municipio, existen también los bienes de disfrute colectivo que han sido creados por nuestros predecesores y legados por ellos a las generaciones futuras. Las personas que participaron en la creación y constitución de esos bienes, el conjunto representativo de ellos, así como los sitios y espacios donde se desarrolla la vida cotidiana, conforman el PATRIMONIO NATURAL Y CULTURAL.

 

Los bienes a los que hacemos referencia podrían ser equivalentes a los del grupo familiar y que constituyen el PATRIMONIO que recibimos de los padres y familiares cercanos cuando fallecen. La diferencia estriba en que aquellos son BIENES NATURALES Y CULTURALES, porque corresponden a sitios, inmuebles, creaciones y objetos de propiedad colectiva ya que todos nos beneficiamos de ellos.

 

Una definición integral de Patrimonio está contenida en la Ley 397 de 1997, Ley General de Cultura: (Imprenta Nacional, 2000)

 

Artículo 4:  El Patrimonio Cultural de la Nación está constituido por todos los bienes y valores culturales que son expresión de la nacionalidad colombiana, tales como la tradición, las costumbres y los hábitos, así como el conjunto de bienes inmateriales y materiales, muebles e inmuebles, que poseen un especial interés histórico, artístico, estético, plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, ambiental, ecológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, científico, testimonial, documental, literario, bibliográfico, museológico, antropológico y las manifestaciones, los productos y las representaciones de la cultura popular”.  

 

Estos bienes culturales son todas aquellas obras nacidas de las manos o la mente del hombre, que nos permiten tener un conocimiento preciso de sus costumbres, mitos, sentido religioso, de su visión del mundo y de los medios que utiliza o emplea para adaptarse a él o modificarlo.  Esta actividad creadora no solo se traduce en formas y hechos sustentados por materiales, sino que abarca también lo inmaterial, lo que no es visible y solo perdura y vive por la tradición.

 

LOS  BIENES  CULTURALES. 

Antes de la promulgación de la Ley 397 de 1997 los bienes culturales se clasificaban, para efectos legales y de protección, como monumentos muebles o monumentos inmuebles y los de especial interés eran declarados Monumentos Nacionales. La Ley General de Cultura cambió dicha denominación por Bienes de Interés Cultural dándole además potestad a las Entidades Territoriales para la declaratoria de los mismos en el ámbito municipal, distrital y departamental: 

 

Parágrafo 1º del Artículo 4º:  “Los bienes declarados monumentos nacionales con anterioridad a la presente ley, así como los bienes integrantes del Patrimonio Arqueológico, serán considerados como bienes de interés cultural.  También podrán ser declarados bienes de interés cultural, previo concepto del Ministerio de Cultura, aquellos bienes que hayan sido objeto de reconocimiento especial expreso por las Entidades Territoriales”.  

 

La diferencia entre los bienes económicos y los bienes culturales estriba en que éstos sobresalen por la prevalencia de los valores simbólicos1.

 

Los bienes culturales se pueden clasificar también en tangibles e intangibles.

 

Los Bienes Tangibles poseen un carácter material, clasificándose a su vez en bienes inmuebles y bienes muebles. Los primeros son aquellas obras construidas sobre la tierra, como casas, edificios, sitios arqueológicos o todas las bellezas naturales (bosques, montañas, ríos, etc.) que, aunque no han sido creadas por la mano del hombre, son transformadas para su servicio (Sarmiento, 1998). Los bienes muebles, por su parte, son  todos aquellos objetos que el hombre elabora o produce para su uso o reproducción social.

 

Los Bienes Intangibles corresponden a las formas sociales de existencia o sea  su “ethos” (modo de vida), a sus costumbres y tradiciones. Por lo tanto, hay que valorar la riqueza  de un patrimonio demosófico que nos hará ver la importancia  de las culturas populares como creadoras de la invaluable gama de músicas, artesanías, leyendas y otros productos de nuestro imaginario colectivo.

 

Un bien puede ser considerado de interés cultural por su antigüedad o su importancia histórica. No debe compaginar necesariamente con sus dimensiones o tener relación específica con sus medidas. Puede ser igualmente una catedral o basílica como una pequeña iglesia de un lugar remoto.  Puede ser una pieza cerámica de escasos centímetros, como una de las esculturas líticas de la cultura arqueológica agustiniana. 

 

Bien de Interés Cultural es también un conjunto de casas modestas sin pretensión individual alguna, pero cuya agrupación es valorada notoriamente por su homogeneidad, coloración, materiales empleados y otros aspectos.  Es, en síntesis, aquel o aquellos bienes culturales que individual o colectivamente forman un legado importante de nuestro pasado remoto o reciente, desde un punto de vista histórico o estético y que nos importa no solo por su belleza externa, sino también porque al investigarlo encontramos elementos de identidad cultural y comunicación entre el pasado y el presente.  También puede ser declarado como tal un bien intangible o una tradición cultural trascendente, como el Carnaval de Barranquilla, la cestería de bejucos del norte del Quindío, o el “yipao”, por ejemplo.

 

BIENES DE INTERÉS CULTURAL NACIONAL DEL DEPARTAMENTO DEL QUINDÍO

En las ciudades de Armenia y Calarcá se concentran la mayoría de Bienes de Interés Cultural Nacional  declarados en el departamento.  Ellos son:

 

§         Plaza de Mercado de Armenia.

§         Estación del tren de Armenia

§         Conjunto de casas de arquitectura tradicional del municipio de Calarcá.

§         Estación de Ortega Díaz.

§         Estación de La Tebaida.

§         Estación de Maraveles.

§         Estación de Montenegro.

§         Estación de Quimbaya.

§         Estación de Carmelitas.

§         Locomotora de la Glorieta Vásquez Cobo de Armenia.

 

A través de providencias o declaratorias del Consejo de Monumentos Nacionales, estos bienes han sido considerados de interés especial por su connotación histórica, arquitectónica ó estética.  Uno de ellos, la Plaza de Mercado de Armenia, fue demolida cuatro meses después del terremoto del 25 de enero de 1999.

 

Los bienes de la naturaleza también son objeto de protección desde el espíritu de las providencias que los declaran Parques Nacionales Naturales, en razón de su riqueza ecológica y su condición de reservorios de la biodiversidad.  En jurisdicción de los departamentos del Quindío, Caldas, Risaralda y Tolima se encuentra el Parque Nacional Natural de Los Nevados, declarado por Acuerdo 15 de 1973.

 

LA ESTACIÓN DE ARMENIA

Algunas estaciones ya no existen físicamente. En el momento de su declaratoria por Resolución 013 del 16 de agosto de 1994 (Colcultura, OEA, 1995), todas quedaron contempladas por la providencia colectiva como Conjunto Arquitectónico del Orden Nacional. Muchas de ellas, que habían marcado un hito en la etapa del transporte ferroviario, desaparecieron por incendios y demoliciones en eventos sucedidos antes de la declaratoria.  En el Quindío la más conocida es la Estación de Armenia, que ha sido restaurada como Biblioteca Municipal. La llegada de la primera locomotora a ese sitio en 1927 el 24 de abril de 1927, marcó un momento histórico y de transformación en la ciudad, pues en ella arribó el maestro Guillermo Valencia para participar en la inauguración de la línea Nacederos – Armenia. El poeta, motivado por la trascendencia del acto, expresó la famosa frase  “Esto es un milagro de ciudad”, de donde nació la conocida perífrasis que identifica a la capital del Quindío5.

 

“El edificio fue construido entre los años 1925 y 1927 y corresponde, en su lenguaje formal, al conjunto de estaciones que se erigieron en Colombia a partir de 1850. En 1989, mediante la Resolución No. 01 del 31  de enero, el Consejo de Monumentos Nacionales inscribió esta estación como parte del patrimonio histórico y artístico de la nación, para contribuir a la preservación de un edificio que es testimonio del pasado económico y social de la región y como un homenaje a Armenia en su centenario”.6

 

Este es el único inmueble declarado Bien de Interés Cultural Nacional que conserva la capital del Quindío.

 

LA LOCOMOTORA NO.70:

Un importante referente tangible del patrimonio cultural se encuentra en una de las  entradas principales de la capital del Quindío.  Frente al Centro Cultural y Museo Quimbaya, exactamente en la Glorieta Vázquez Cobo, se levanta este monumento a la memoria de los Ferrocarriles Nacionales. Es la locomotora a vapor No. 70 que recuerda la gloria del tren del Pacifico y que se convirtió en otro Bien de Interés Cultural Nacional del conjunto de cincuenta y nueve existentes en el país. A  raíz de una denuncia recibida en la Subdirección de Monumentos Nacionales del Instituto Nacional de Vías, sobre la venta y posible destrucción de trece locomotoras que permanecían abandonadas en un taller férreo del municipio tolimense de Flandes, el Consejo de Monumentos Nacionales determinó declarar el conjunto total como Monumento Nacional para garantizar legalmente su protección y propiciar los mecanismos para su recuperación7.

 

Las locomotoras fueron las principales protagonistas de una historia que se inició en con la construcción del primer tramo del ferrocarril en Colombia, en territorio de la entonces provincia de Panamá.  Este medio de movilización, seguro e indispensable para el transporte de carga y pasajeros, perfiló una etapa  importante pues nos recuerda el desarrollo comercial de varias décadas y es un referente que ha dejado los mejores recuerdos del transporte masivo de pasajeros en la mente de varias generaciones. La presencia de la vaporina de Armenia, conocida también como “la negra”, nos trae a la memoria la vivencia de los viajes familiares, allá por las décadas de los cuarenta y cincuenta en la zona cafetera.

 

El ferrocarril   también evoca la  tenacidad de los constructores de líneas férreas, quienes a pesar de la abrupta topografía, existencia de obstáculos y accidentes geográficos o las guerras civiles de finales del siglo XIX, llevaron las locomotoras hasta los lugares más recónditos.  Se recuerdan, por ejemplo, el transporte a lomo de mula de la locomotora desde Honda hasta Facatativá para inaugurar el tramo del ferrocarril de la Sabana, o la perforación a pico y pala de la cordillera central a través del Túnel de la Quiebra para comunicar a Medellín con el río Magdalena.  En el Quindío, fue penoso y difícil el proceso de construcción de la línea férrea y los túneles que pasarían por el sector de Boquía y La Nubia en Salento.

 

Las locomotoras exhibidas en el Eje Cafetero, pertenecientes a este conjunto declarado como Bien de Interés Cultural Nacional, hicieron parte de la red férrea del Pacifico.  La existente en Armenia se encuentra en buen estado de conservación, habida cuenta del mantenimiento realizado por una fundación privada de la capital del Quindío hace algunos años.  Sin embargo, y en aras del cumplimiento legal, para futuras intervenciones  se debe tener en cuenta la recomendación de contar siempre con un permiso especial de la entidad que la declaró como Bien de Interés Cultural, según reza la Ley General de Cultura.

 

El cuidado de este Bien Patrimonial le corresponde a todos los ciudadanos, razón por la cual se debe denunciar el hurto de algunas piezas componentes de la máquina, pues hace algunos años fue objeto de vandalismo y robo continuado.   Hoy, pese a que se encuentra relativamente recuperada, la locomotora sigue expuesta a la acción de los vándalos.

 

CENTRO FILIAL DEL CONSEJO DE MONUMENTOS QUINDÍO

A la luz de la Ley 163 de 1959 y su Decreto Reglamentario 264 de 1963, el Gobierno Nacional creó el Consejo de Monumentos Nacionales, como un órgano asesor en materia de patrimonio cultural.  La misma providencia anota que en los departamentos y municipios se pueden constituir Centros Filiales de dicho Consejo.  Recogiendo el espíritu de la Ley y con el ánimo de concertar acciones a favor del Patrimonio Cultural quindiano, la entonces Secretaria de Cultura, Artesanía y Turismo de la Gobernación del Quindío (hoy Gerencia de Cultura) convocó a  reunión de diferentes actores y entidades interesadas por el tema patrimonial, el 27 de agosto de 1997,  en la cual se constituyó el Centro Filial del Quindío.

 

Este organismo tutelar del Patrimonio Cultural del departamento, se declaró en asamblea permanente desde el mes de febrero de 1999,  con el ánimo de atender el daño provocado a los bienes culturales por el terremoto de ese año.   En Salento, el 18 de febrero, se produjo el documento directriz titulado DECLARACION DE SALENTO que señalaba, entre otras, las siguientes líneas y acciones con proyección al ámbito regional:

 

·         Rescatar, proteger y difundir el patrimonio cultural regional, en todas sus manifestaciones, para consolidar los procesos de construcción de las identidades.

·         Diseñar y ejecutar un programa pedagógico encaminado a sensibilizar y proyectar la conciencia colectiva, sobre el valor del patrimonio cultural regional.

·         Interpretar los testimonios arquitectónicos prevalecientes, en sectores con personalidad urbana definida, y conciliarlos con las nuevas propuestas de ciudad.

 

El Centro Filial del Consejo de Monumentos del Quindío está conformado por las siguientes entidades y personas:

 

·         El señor Gobernador del departamento o su Delegado

·         Un Representante de los Organismos Ambientalistas.

·         Dos Representantes de la educación superior, preferiblemente de programas académicos de carácter cultural  y/o de facultades de arquitectura e ingeniería.

·         El Presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos Capítulo Quindío o su Delegado.

·         Un Representante de las ONGs Culturales del departamento.

·         El Director del Departamento Administrativo de Planeación Departamental o su Delegado.

·         El Coordinador del Comité de Protección Arqueológica del Quindío o su Delegado.

·         Un Representante de los museos constituidos en el departamento.

·         Dos Expertos distinguidos en el ámbito de la conservación del Patrimonio Cultural, designados por el Centro Filial del Consejo de Monumentos del Quindío.

·         Un Representante de las Organizaciones Turísticas del departamento.

·         Un Representante de las Instituciones Municipales de Cultura del departamento.

·         El Gerente de Cultura del departamento o su Delegado, quien hará las veces de Secretario Técnico del Centro Filial.

 

Al interior del Centro Filial existen Comités Técnicos Asesores en las siguientes áreas: arquitectura, antropología y arqueología, historia, literatura, archivos. También hay Comité Técnico Asesor Interdisciplinario.

 

Una de sus funciones es la de considerar y aprobar las solicitudes de Declaratoria de Bienes de Interés Cultural.  Las que tienen carácter nacional son consideradas al interior del Centro Filial para enviarlas posteriormente al Consejo de Monumentos Nacionales a fin de seguir el trámite correspondiente.  Es un órgano consultor y asesor permanente en materia de Patrimonio Cultural para las entidades, alcaldías y ciudadanía en general.

 

LA CIUDAD DE ARMENIA:  VISION  ANTROPOLOGICA CON  ENFASIS  EN  PATRIMONIO  CULTURAL.

Armenia se muestra hoy como un producto centenario que recuerda todos los días la gesta colonizadora, ya que sus habitantes actuales provienen de colonos antioqueños, caucanos, cundiboyacenses y de otras latitudes del país, potenciadores ellos de una identidad que forjan y alimentan todavía un retoño de conceptualización conocido como “Quindianidad”.  Más de cien años de historia, lapso increíblemente corto para una ciudad que debiera poseer una memoria arquitectónica construida más o menos estable, pretenden mostrarla ante el país como el símbolo del milagro de la modernidad, mientras otras capitales que cargan sobre su historia más de 450 años de acontecimientos conservan la tradición de un patrimonio que les fue legado incluso en la época colonial.  Es tan evidente la apropiación de un sentimiento colectivo que sepulta lo vernáculo en la capital del Quindío que, antes del terremoto del 25 de enero de 1999, se alcanzaba a leer una valla en el norte de la ciudad en la que se resaltaba el hecho de poseer ésta la catedral más moderna de Colombia. Mientras poblaciones cercanas y contemporáneas en fundación a la ciudad de Armenia, poseen templos que son orgullo de la tipología arquitectónica característica de la región. 

 

Los primeros años del siglo XX fueron prósperos para la mayor parte de los municipios quindianos, incluida Armenia.  Ella capturaba individuos de diferentes regiones que se nutrían económicamente de actividades agrícolas o pecuarias. La reconstrucción histórica de estos procesos configura también un tipo de habitantes que trataba de acomodarse a las bonanzas de la época.  Era común encontrar plácidos modos de vida en una pequeña población que a veces se permitía comodidades proporcionadas por el comercio de algunos bienes de prestigio importados. La existencia de una naturaleza pródiga, matizada por muchas cañadas y zonas verdes, hacían de Armenia en su corazón habitado como uno de los municipios más apacibles del Antiguo Caldas.

 

Las ciudades y pueblos, en el paso de los acontecimientos anecdóticos, provinciales o barriales, van forjando sus identidades.  Armenia no fue la excepción.  A su fundación se han ligado las historias que la asocian con la dominación de la naturaleza agreste que aún nos reseñan amenamente algunos autores. No es gratuito el apelativo, hermoso y fresco para algunos,  de “cuyabros” que se les atribuye a los armenios.  La abundancia en esta región de las funcionales totumas, que sin duda fueron importantes artefactos cotidianos en la colonización antioqueña, pudo haber determinado el nombre atribuido a los habitantes de esta tierra.  Pero lo que más marcó a los armenios y a los primeros habitantes de principios del siglo XX en el Quindío fue la guaquería. Algunas fortunas se amasaron por el atesoramiento de piezas prehispánicas provenientes de los hallazgos.  La mayor parte de los relatos de carácter historiográfico quedaron en la obra “Recuerdos de la Guaquería el en Quindío” (Arango Cardona, 1928) pues aquel oficio caracterizó a nuestros abuelos y  de Armenia y sus predios se reseñan  muchos hallazgos en dichas páginas.   Fue tan intensa la guaquería que, aún en remoción de tierras ya alteradas como las de la actual Plaza de Bolivar, los obreros que retiraban capa de cemento en los alrededores del Monumento al Esfuerzo encontraron piezas prehispánicas en diciembre de 1998. Igualmente, en predios convertidos en ruinas por el terremoto, se presentó guaqueria. Frente al “Bar Destapado”, tradicional sitio de encuentros  del centro de Armenia y que a principios de siglo era ocupado por una casa de bahareque, el Comité de Protección Arqueológica del Quindío testimonió dichas acciones así como en varios lotes del parque Uribe.

 

El transcurrir ciudadano de las primeras décadas del siglo XX está matizado por incontables historias de una cotidianidad que no trascendía más allá de la vida provincial, hasta el año 1966 cuando Armenia pasó a ser la capital del departamento cafetero de Colombia.  Un análisis antropológico de un conglomerado urbano que marcó su destino desde el  momento en que Valencia la elevara a categoría de “milagro”,  debe hacerse con la mirada de un centro urbano de profunda connotación histórica, con un pasado caracterizado por las variaciones ambientales testimoniadas en las quebradas y formaciones naturales que fueron canalizadas o convertidas en rellenos antrópicos o desde la óptica de la representación patrimonial tan duramente golpeada por la acción devastadora del hombre.

 

Deseamos otear la ciudad en imaginario, desde hitos construidos que aparecen aún en nuestra reseña ilusoria:  la antigua catedral, las casas de bahareque de la plaza principal o de las calles y  carreras aledañas, la plaza de mercado el apacible Parque Uribe o el palacio de Getsemaní.  Ellos se yerguen aún en un espacio cerebral que se resiste a verlos demolidos en lo físico, porque siguen siendo referentes de la memoria.  Con mucha facilidad se destruye para alargar la proyección recordatoria de las cosas que representan algo para la comunidad.  La ciudad de Armenia deshizo sin razones sensatas un certero camino de la identidad arquitectónica.  Ni el terremoto, ni los incendios que comunmente son el azote de las casas de bahareque, ni razones de índole política o de lucha de clases han afectado tan duramente sectores enteros de un patrimonio construido de tapias, maderas o rollizos varillones que caracterizan ese conjunto llamado de la colonización antioqueña.  Evidentemente, la mano del hombre cedió ante  la invasión del  modernismo  que cegó la  esfera  mental   de quienes conciben un progreso en las urbes sin conservar un ápice de su historia construida en materiales originarios.

 

La visión antropológica de un centro urbano como el de Armenia tampoco debe ignorar la mentalidad popular.  Comportamientos sociales por doquier han compartido en el campo del imaginario colectivo los habitantes de la ciudad con los espacios físicos que otrora fueron importantes referentes de la vida cotidiana.  El “ethos” ha sido determinado por una constante que difícilmente se desvía del factor económico productivo.  Esta pudo ser alguna de las razones que de alguna forma propiciaron un desfiguramiento del entorno construido.  Antes del terremoto de 1999, la tendencia a un estilo constructivo que ignoraba la tradición regional, era una constante que permeaba aún las proyecciones urbanísticas de grandes constructores o empresarios.  Ahora, estos personajes argumentan que la oportunidad histórica que nos ha traído el desastre debe ser aprovechada para afianzar el milagro de ciudad futurista.  Porque esta ciudad joven, en una región de raigambre joven quiere proyectarse como modelo de urbanismo.  Qué gran falacia aquella que permite  inveteradamente se continúe con la laguna mental de ignorar el componente de lo patrimonial en un proceso de reconstrucción física.

 

Una visión antropológica de una ciudad en ebullición debe considerar también  el equilibrio que existe entre el avance del modernismo y la querencia de  lo tradicional.  Valores, códigos y símbolos de la cultura vienen con ese camino de la tradición y a veces consagran talanqueras al progreso en muchos pueblos que, al contrario de Armenia, son fieles a su pasado.  Como todos los límites y excesos son viciosos, hay historias provinciales que así lo corroboran, y que rayan aún en la pasividad o ausencia de visión colectiva. 

 

Cada enclave poblacional maneja su ritmo de impulsos o retrocesos que se manifiesta en el avance o en el letargo de su proyección administrativa, local y regional.  Es claro que las comunidades aprueban o desaprueban las decisiones estatales o supracomunitarias que cuidan o atentan contra el Patrimonio Cultural en planes de gobierno y de desarrollo.  El departamento del Quindío, partícipe de una tarea de construcción de identidad, ha forjado poco a poco unos lineamientos que le permiten una lectura de una etnografía quindiana, cuyos textos reflejan ese modo de ser y de actuar, y que no es otro que el compendio de códigos y valores culturales, entendida esa lectura también  como un conjunto de bienes o rasgos culturales de un departamento que se ve hoy abocado a atender su reconstrucción física y cultural luego del sismo de enero de 1999.  Podemos inferir que Armenia, la capital, resume la lectura de una especie de geografía humana que condensa las características sociales y antropológicas más importantes de los once restantes municipios.  Ellas son, entre otras:

 

-          Gentes dinámicas, religiosas, tradicionalistas, evocadoras del pasado próspero.

-          Población urbana, migrante de los últimos años, que ignora una dinámica rural gestora de desarrollo.

-          Componente étnico mestizo de alto raigambre antioqueño y, en menor grado valluno, tolimense y caucano.

-          Escasa conciencia frente a la importancia de las culturas prehispánicas y desconocimiento de su contextualización.

-          Tradiciones de la arriería antioqueña, vivencias de fondas camineras y patrimonio demosófico desplazados de la mentalidad colectiva o subvalorados por la clase media e intelectual.

-          Asentamientos de indígenas actuales, que habitan el sector urbano, (especialmente el barrio Salvador Allende) y que se han visto abocados al protagonismo en el escenario municipal, reclamando o haciendo valer sus derechos como vendedores de la economía informal que son.

-          Habitantes de alto sentido fiestero y amigos de las parrandas barriales y caseras.

-          Fiestas aniversarias que se identifican con símbolos agrarios, como la palma de cera y el café y con la parafernalia campesina.

-          Alternativas productivas de los pobladores, basadas últimamente en  el fomento del ecoturismo y agroturismo, en provecho de las potencialidades de esta tierra.

-          Un gentilicio, como el que evocan las cuyabras, con clara frescura de naturaleza.

-          Sitios, referentes históricos e hitos patrimoniales, que lamentablemente han sido destruidos por atentados humanos contra el Patrimonio Cultural.

-          Tímida conciencia ecológica frente a la guadua y su potencial  riqueza.

 

Indudablemente quienes más han vivido la historia de Armenia, ligados a las construcciones patrimoniales que sucumbieron por el terremoto o por la voluntad negativa del hombre, han sido los habitantes del centro de la ciudad.  En estos lugares se ha generado un circuito de vivencias familiares y sociales que han marcado su ethos y el devenir determinante de símbolos y códigos culturales. Desde el bario Santander, por ejemplo, se perfila un eje importante de vida citadina que pretende conservar una marca de identidad desde la organización comunitaria, a través de hitos y sitios de referencia patrimonial e histórica. Ellos son su parque principal o las casas solariegas que estuvieron vinculadas a la historia de Armenia a comienzos del siglo. De todos es conocida la generación de un circuito de vivencias familiares y sociales alrededor de dos referentes arquitectónicos de la vida cuyabra como son el camposanto viejo y la iglesia Nuestra Señora del Carmén, ambos demolidos. También llama la atención otro circuito de solidaridad comunitaria desarrollado a través del “sancocho esquinero”, dinámica bien interesante que se destaca en el ámbito del trabajo de líderes alrededor de referentes simbólicos tradicionales que no quieren desaparacer del entorno social.

 

Pese a estas circunstancias fue evidente el ostracismo en el que se sumió, luego de la tragedia, a importantes referentes de la arquitectura local, como fue el caso de la iglesia Nuestra Señora del Carmen.  Siendo este templo el lugar confesional del espíritu para sus habitantes cercanos o la única remembranza de un camposanto que otrora ocupara sus alrededores, llamó poderosamente la atención que su destino fuera el de sucumbir por decisiones humanas.  Tal cual ocurrió con la Plaza de Mercado, la ciudadanía se unió para darle la estocada de muerte sin importar que con el último ladrillo que caía se enterrara la memoria colectiva del patrimonio arquitectónico de la ciudad.

 

La consideración de un plan urbanístico para la ciudad de  Armenia, determinado por las circunstancias que devastaron la ciudad por el terremoto, debe tener clara la lectura que describe una emergencia social y que deba identificar cuales son las causas que llevan a la insensibilidad ciudadana ante el cuidado de su entorno urbano y ambiental.  No es solamente endilgable esta situación a la frecuencia de los atentados contra el Patrimonio Cultural desde la instancia primaria o  institucional, sino que se debe analizar la problemática que ha permitido el cultivo insano de un sentimiento de lucro y depredación de los bienes patrimoniales.  Mientras gran parte de la población tradicional de centro de Armenia celebraba la demolición de la Plaza de Mercado, por considerarla injustamente un antro del vicio, un segmento flotante de la economía informal, (quienes fluyen y refluyen en sitios de encuentro adoptados por ellos en esquinas o calles) hoy se ve obligado a desplazarse a otros lugares de la ciudad, merodeando permanentemente por aquellos escenarios de sus vivencias pasadas. Igual situación han enfrentado administradores de otras ciudades del mundo, donde se han destruido sitios de encuentro enraizados en la historia colectiva. En Aguadas (Caldas), luego que un alcalde desapareciera un chorro  que vertía sobre una pileta tradicional en el principal sitio de encuentro del pueblo, para que por allí pasara la vía principal de tránsito urbano, no pudo evitar que los parroquianos siguieran frecuentando dicho lugar para rumiar sus vivencias de antaño.

 

Los mayores referentes de la historia de Armenia se encuentran en el centro de la ciudad.  Desde un eje articulador que parte del Parque Uribe y que se perfilaba hacia el Parque Sucre por la carrera 13, Armenia creció y vivió en medio de una cotidianidad que muchos se resisten a olvidar.  Los mayores testimonios de la arquitectura de la colonización antioqueña se irradiaban desde este sector, regándose también por la carrera 14 y gran parte de lo que hoy es el centro comercial de la ciudad.  Lo patrimonial, como cubierta material o envoltura de una cotidianidad que permitió la caracterización de la identidad de Armenia no puede ser desconocida.  Esos referentes patrimoniales que se eternizan a través de los bienes inmuebles, no son los únicos  que proyectan la vida de los pueblos  Los procesos culturales sacan a flote también los aspectos intangibles de la cultura y permiten que esta cumpla con uno de sus objetivos que es la de ser generada y tener la capacidad de volverse generativa. 

 

A esa esfera pertenecen también los personajes de la parafernalia urbana, los mercachifles y hasta los curiosos vendedores de ilusiones que por años han hecho reír a los improvisados transeúntes. Ellos, llámense “repollito”, “margarito”, “locomotora”, “gardel”, etc., también son el patrimonio humano de la ciudad.

 

Los conglomerados que se convierten en destino vital del comercio y de la industria, como es el caso del centro de Armenia, optan por un medio generativo de cultura, que es híbrido  y corto. Es necesario, por lo tanto, que el proceso cultural de un centro urbano vital que renace de las cenizas del desastre, sea un proyecto colectivo de vida, que dure lo que el tiempo largo para que sedimente los valores, dimensione la época que le tocará vivir, para que le aporte un sentido de pertenencia y para que, desde la valoración de lo patrimonial, le permita construir la identidad.

 

Un proceso social para un centro urbano que enfrenta el reto de la reconstrucción, necesita de un tiempo largo a ritmo de la cultura porque él alimenta la reflexión sobre la importancia de la cotidianidad, entendida esta como otra dimensión de la cultura y que aporta los insumos o los conocimientos para la verdadera lectura de la ciudad.  Indudablemente un proceso cultural debe contar con el actorado de gobernantes y ciudadanos, quienes se introducen en la vida de un contexto local a través del conocimiento del otro.  La experiencia social que el centro urbano de la ciudad de Armenia rescatará de sus escombros está personificada en los viejos.  Ellos son el verdadero reservorio de las experticias que alimentan también el llamado trabajo de “recomposición del tejido social”, tan anunciado en el proceso de reconstrucción.  La participación de estos seres que resistieron con valentía el desastre natural y que tratan de encontrar reorientación a sus vidas, es imperiosa para el trabajo mancomunado de los organismos en quienes se ha colocado el destino de la reconstrucción.  Porque es con los viejos que se puede enriquecer ese proceso para promover el interés de la sociedad en el desarrollo de la cultura en su vida cotidiana.

 

Un tiempo largo, en la dinámica de la construcción de elementos para el plan urbanístico de la ciudad, implica que se trabaje con la comunidad en la identificación de hitos, sitios de encuentro, símbolos, códigos y referentes patrimoniales. Estas acciones ya alimentaron los  procesos PORTE de los diferentes municipios y el de Armenia, pero deben ser una constante para la construcción de identidad.

 

En adelante podemos soñar a Armenia, en un mesurado equilibrio con su ambiente y su cultura.  De esto nadie podrá eximirnos, ni de navegar en las posibilidades de un cambio en la calidad de vida.

 

PATRIMONIO NATURAL.

Los Lineamientos Culturales para los Planes de Ordenamiento Territorial[1] de los municipios del Quindío consideran que el más importante bien natural que tiene el departamento es el agua. Este líquido es una reserva vital que debe ser incluida como elemento patrimonial de protección dentro de los esquemas, P.O.T., planes y estrategias de gobierno. A causa de la deforestación, el uso inadecuado del suelo y el monocultivo, este recurso natural se extingue pese a que el departamento del Quindío es conocido por su riqueza en fuentes hídricas[2].

 

Otros bienes naturales, de tanta importancia como el agua, conforman el Patrimonio Cultural y Natural del Quindío y algunos de ellos son emblemas de la nacionalidad, además de constituirse en base económica importante. Según el Convenio Andrés Bello (CAB), “entendemos por patrimonio cultural y natural aquellos elementos materiales (medio ambiente, construcciones, lugares, objetos, etc.) e inmateriales (manifestaciones, conocimientos, técnicas, etc.) que exteriorizan los vínculos e interacciones entre el ser humano y su entorno, y representan para la comunidad un legado único e irremplazable, aportando beneficios físicos y espirituales, actuales o potenciales”[3].

 

LA PALMA DE CERA

Es un símbolo nacional, altivo testigo de las majestuosas montañas andinas de Colombia y especialmente del territorio quindiano. Su nombre científico es Ceroxylón quindiuense y pertenece a la familia de las palmáceas. De ella se han reconocido dos especies más, distribuidas en las laderas de las estribaciones andinas, que responden a los nombres de Ceroxylón andicola y Ceroxylón ferruginium.

 

La quindiuense fue reportada e identificada por el Alejandro Von Humboldt en 1801 e identificación por el botánico Hermann Kansten en 1860.[4] La Andicola fue descrita por el naturalista Bompland en 1805 y la ferruginium por el francés Eduardo Andreé en 1879.  Sus descripciones aparecen en varias crónicas del siglo XIX y que además reseñan las historias y aventuras del denominado Paso del Quindío.  Por su importancia y sus singulares características, el Gobierno la declaró árbol Nacional de Colombia, a través de  Ley 61 de septiembre 16 de 1985.

 

Las tres especies de palma de cera identificadas en territorio del Quindío crecen en parajes cordilleranos entre los 2.400 y 2.800 metros sobre el nivel del mar y alcanzan fácilmente los 40 metros de elevación, lo que las convierte en las únicas palmas del mundo que se desarrollan a mayor altura.  El nombre atribuido a esta palma se debe al polvillo blanquecino que se encuentra en el envés de las hojas y en la enervadura central de donde se extrae la cera. La palma también produce frutos comestibles en forma de drupas en racimos de color rojo brillante que se utilizan como alimento para la cría y ceba de cerdos.  Cada racimo produce de 1.500 a 3.000 unidades y su peso puede llegar a tres arrobas.  Los frutos son producidos cada año por la palma y generalmente se recolectan en los meses de abril y mayo. La característica fibrosa de su madera no permite la utilización en carpintería o ebanistería aunque hace años se aprovechaba en canales para conducción de agua, en cercas, en latas para embutido, en la construcción de casas de bahareque o en puentes peatonales de mucha resistencia.[5]

 

No pocas palmas fueron derribadas para convertir sus espacios de crecimiento en potreros de ganadería intensiva. Aunque los pobladores actuales respetan las palmas medianas que apenas se levantan, el ganado que pasta en esos lugares las destroza y los cerdos consumen su semilla.  Otro daño al que se expone la palma es el corte de sus cogollos, especialmente en época de semana santa, pues son utilizados en ceremonias de carácter religioso.

 

La palma de cera presenta una regeneración natural abundante.  En los parajes boscosos del Valle de Cocora (Salento) y sus alrededores es muy frecuente hallar rodales puros, donde la palma está asociada con otras plantas nativas como la alnus jorullensis y la tibuchina.  En estos rastrojos la palma es abundante, debido a que no hay acceso del ganado y tampoco transitan las personas.

 

La protección de la palma de cera es competencia de los organismos que propenden por el cuidado de los recursos naturales, las alcaldías municipales y  los propios ciudadanos.  Gracias a la sensibilización comunitaria, el polvillo de la palma, ya no se raspa en su tallo o fuste para convertirlo en cera, pues se descubrió que eso permitía la invasión de hongos y plagas que dañaban la especie.  Otro de los factores negativos que incide poderosamente en la desaparición de rodales nativos de palma es el aumento de la potrerización en los parajes del Valle de Cocora.  Las pocas palmas expuestas al pastaje del ganado sucumben fácilmente porque los animales dañan las pequeñas plántulas.  El paisaje que otrora caracterizaba a estos lugares, abundantes en palmas, se ha desfigurado notablemente.

 

La Corporación Autónoma Regional del Quindío (C.R.Q.) también ha emprendido una serie de acciones en educación  ambiental, dirigidas a evitar el corte de la palma en época de semana santa.  Consecuentemente la Curia propone a los feligreses utilizar otras especies vegetales o arboles foráneos, como ramas de pino, para ambientar las procesiones religiosas del Domingo de Ramos.

 

Son incontables las virtudes de la palma de cera. Se le considera vital en la cadena tropical pues es un ecosistema vertical donde, al amparo de ella, subsisten especies vegetales como el amarillo, sietecueros o tibachuna, higuerón, aliso, borrachero, pino romerón y otros vegetales; también propicia la existencia de pavas, caracaras, tucanes, perezosos, ardillas, cusumbos armadillos y bellas mariposas como la “concha de nácar”.[6]

 

Vivero Paloterindio

La acción más efectiva de protección de este símbolo cultural quindiano está a cargo de la sociedad civil, ya que en su seno se pueden constituir las brigadas de protección  de los recursos naturales.   La mejor experiencia en este ámbito la posee el municipio de Filandia pues un ambientalista preocupado por la suerte de esta especie instaló allí un proyecto de conservación de la especie, consistente en un vivero de la palma de cera. Esta es la cristalización de un anhelo que solamente se gesta en las mentes futuristas y que, a la postre, se convirtió en la propuesta ecológica más interesante para la supervivencia de nuestro Árbol Nacional.

 

En el sitio Lusitania, tres kilómetros antes de arribar a Filandia, Miguel Urrea Botero coordina las acciones educativas y culturales en el vivero PALOTERINDIO.  En este ensoñador predio las plántulas de palmas de cera se disponen en diferentes espacios que reseñan claramente las etapas de crecimiento.  A través de una amena charla educativa, luego del recorrido de rigor, los visitantes aprender sobre el proceso de desarrollo de esta especie vegetal y ponderan la fragilidad de las pequeñas palmas que crecen silvestremente en la cordillera.  Esta  propuesta merece ser apoyada desde una perspectiva del llamado “turismo de sendero” para estimular la constitución de grupos ecológicos. También se  recomienda la iniciación de un inventario de reconocimiento de especies que, como la palma de cera, abundan en nuestros bosques y reservas.

 

LA GUADUA

La guadua, especie nativa de América, es uno de los recursos naturales emblemáticos del departamento del Quindío.  Fue mencionada por Alejandro Von Humboldt cuando pasó por la región a comienzos del siglo XIX.  Se le conoce científicamente como Guadua angustifolia y también como Bambusa guadua.  Pertenece a la familia de las gramíneas o gramináceas y a pesar de su tamaño es considerada por los botánicos como un pasto gigante, propia de regiones tropicales húmedas ubicadas entre los 900 y 1600 metros sobre el nivel del mar, esto es en la zona cafetera de Colombia.  Se reconocen especies, con los nombres de guadua macana, guadua de castilla, guadua rayada amarilla, guadua rayada negra, guadua cebolla y guadua cotuda, de acuerdo con las características de textura, forma y color que presentan las matas.[7]

 

La abundancia de la guadua en el Quindío, a través de los tiempos, se puede medir por los interesantes datos que suministran los organismos ambientalistas: sólo quedan en Colombia alrededor de 50.000 hectáreas cuando hace cinco siglos eran más de 12 millones.  Las crónicas de la conquista española del siglo XVI en el Valle del río Cauca reseñan la profusión de guaduales en las regiones ocupadas por los indígenas. Fray Pedro Simón, en “Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias Occidentales” (Biblioteca Banco Popular, 1981), anota que en las provincias de Carrapa y Picara, “hallaron los nuestros, las casas de estos indios grandes y bien fortalecidas de guaduas y encima de ellas barbacoas para atalayas y hacer sacrificios”.

 

Pedro Cieza de León quien, en el siglo XVI, anota en “La Crónica del Perú” (Biblioteca de Autores Españoles, 1947) que los soldados del mariscal Jorge Robledo, comandados por el adelantado Suer de Nava, se quejaron constantemente cuando el primero les encomendó la misión de hacer un reconocimiento de la llamada Provincia Quimbaya, razón por la cual debieron abandonar las tierras de los indios armas debido a los obstáculos naturales que encontraban a su paso con los espesos guaduales, llamados por ellos “cañaverales”.

 

El cronista Cieza de León se refiere constantemente en sus escritos a la exuberancia de la guadua en las tierras fértiles del Valle medio del río Cauca. La presente reseña de Cieza (Duque, 1970) nos ilustra claramente cómo era ese medio geográfico: “..... La provincia de Quimbaya tendrá quince leguas de longitud y diez de latitud desde el río Grande hasta la montaña nevada de los Andes, todo ello muy poblado, y no es tierra tan áspera ni fragosa como la pasada.  Hay muy grandes y espesos cañaverales; tanto, que no se puede andar por ellos si no es con muy gran trabajo, porque toda esta provincia y sus ríos están llenos destos cañaverales.  En ninguna parte de las Indias no he visto ni oído adonde haya tanta multitud de cañas como en ella; pero quiso Dios nuestro Señor que sobrasen aquí cañas porque los moradores no tuviesen mucho trabajo en hacer sus casas.  ......Como estos cañaverales que he dicho sean tan cerrados y espesos; tanto, que si un hombre no supiese la tierra se perdería por ellos, porque no atinaría a salir, según son grandes; entre ellos hay muchas y muy altas ceibas, no poco anchas y de muchas ramas, y otros árboles de diversas maneras, que por no saber los nombres no los pongo......”

 

La información obtenida de las crónicas de la conquista permite conocer el intensivo uso de la guadua en la elaboración de todo tipo de elementos incorporados a la vida cotidiana y religiosa de los pueblos prehispánicos pues de ella se construían viviendas, puentes, canales de conducción de agua, atalayas, fortificaciones o palenques.

 

Este material rollizo también tuvo mucha importancia como elemento constructivo en la época de la colonización antioqueña de finales del siglo XIX, pues constituiría una arquitectura regional especial y única.  Algunas, hasta de tres plantas de altura, superan el siglo de existencia.  La utilización de este noble material, junto con resistentes maderas, mampostería (resultante de tallos  partidos en esterilla y una tradicional mezcla de estiércol animal llamado popularmente “boñiga” o cagajón con tierra) y tejas de barro, permitió introducir el termino “bahareque” en la tradición constructiva.  Sus características de rasa ingeniería así como las experticias de albañiles y maestros de obra hacen de este conjunto arquitectónico uno de los más bellos del país.  Pero esta arquitectura de la colonización, decorada armoniosamente en calados dispuestos en zócalos, ventanas, cielos rasos o puertas, tiene un mérito que ha quedado a prueba con los desastres naturales: la sismorresistencia comprobada. 

 

Días después del terremoto del 25 de enero de 1999 en el Eje Cafetero, el estado de la mayoría de casas de bahareque corroboraba una vez más que ellas habían resistido admirablemente la fuerza sísmica, pues las que quedaron en pie poseían estructuras que eran objeto de permanente mantenimiento.  Cambiar vigas carcomidas por las plagas tropicales y una guadua bien tratada y mantenida proporciona firmeza y seguridad admirables a las construcciones, algunas de ellas centenarias.  Su aguante ha quedado también comprobado en el soporte de estructuras de concreto que sufrieron notablemente con el terremoto.

 

La protección de la guadua en su ambiente natural, la valoración y nueva apropiación de un sentido patrimonial de la arquitectura del bahareque deben ser iniciativas colectivas.  Ya el departamento de Caldas, por medio del decreto 1166 de octubre 20 de 1986, la designó planta emblema de esa sección territorial.  Desde las ejecutorias municipales es necesario que los alcaldes declaren bienes de interés cultural los conjuntos arquitectónicos de la colonización y que, a nivel nacional, prosperen los proyectos productivos que recojan las experiencias del concepto ZERI con relación a las grandes potencialidades de la guadua.

 

“El enfoque cero emisiones (ZERI) esta asentado en una visión crítica del modelo productivo a nivel global, principalmente en el campo de la producción y uso de la biomasa terrestre”[8] La figura de este modelo, llamado “productivo circular” es uan lección que nos brinda la naturaleza. El caso de la guadua (que permite la utilización de todas sus partes constitutivas sin que represente desperdicio) y el arboloco, dos símbolos del habitat cafetero es abordado ya por los ambientalistas y por arquitectos como Simón Vélez. El realce de las virtudes constructivas y resistencia de la guadua se demostró con el levantamiento de dos grandes pabellones en la Feria Internacional Hannover 2000 (Alemania) y en Manizales, en el marco de dicho evento. 

 

PARQUE NACIONAL NATURAL DE LOS NEVADOS

El Parque de los Nevados se encuentra en jurisdicción de los departamentos de Caldas Risaralda, Tolima y Quindío, sobre el eje de la cordillera Central, en una extensión de 58.300 hectáreas sus cinco cumbres nevadas se divisan en días despejados desde la zona del Eje Cafetero y, a veces, desde el mismo Valle del Magdalena.  Estos picos, alineados de sur a norte son:  el Tolima, el Quindío, el Paramillo de Santa Rosa, el Nevado de Santa Isabel y el Nevado del Ruíz.  Este último, también llamado Kumanday, el más imponente de todos, está situado a 5.400 metros sobre el nivel del mar.

 

En el departamento del Quindío es posible apreciar el cono blanquecino del Tolima a diferentes horas del día y, al fondo, el Nevado del Quindío ofreciendo  ambos uno de los más inolvidables paisajes de esta región.  Lamentablemente este patrimonio natural ha perdido superficie en sus casquetes nevados debido a los fenómenos meteorológicos y de recalentamiento de la corteza terrestre que afectan en general al planeta. 

 

El Parque de los Nevados tiene además los siguientes sitios de interés:  Laguna del Otún, Cerro Gualí, Laguna Negra, Cascada del Río Gualí, Valle de la Soledad, Valle de las Tumbas, Cráter de la Olleta, Laguna Verde Encantada o Laguna del Encanto y Laguna del Acero.  Estas últimas, a  más de 4.000 mts de altura sobre el nivel del mar, se encuentran en territorio del Quindío y son formaciones naturales a las que se accede por dos rutas, siguiendo los caminos antiguos a “El Bosque” y “Guayaquil” que comienzan en Cocora[9].

 

El viaje de los caminantes hasta el Parque de los Nevados también es propicio para la observación de avifauna y la frondosa vegetación del bosque alto andino, que llega hasta el borde del páramo.  Más adelante del sitio la Línea, se desciende al Valle del Romeral, donde nace el río Toche.  Desde allí se puede apreciar muy bien el nevado del Tolima y, siguiendo por el sector izquierdo, se llega a las lagunas después de ocho o nueve horas de intenso y ensoñador recorrido. Como ocurre en  todos los Parques Nacionales, este tesoro natural del centro del país también presenta conflictos de colonización, tala y cacería indiscriminadas.  En el marco de una dinámica de conservación y desarrollo sostenible,  se destaca la existencia de dos Reservas Naturales Privadas en el Quindío, Acaime y Las Guayanas (cuenca del río Quindío) y con 200 y 500 hectáreas de extensión, respectivamente[10]. A través de estas Reservas Naturales de la Sociedad Civil, se ha logrado en el país una mayor eficiencia en la planeación, conservación, educación ambiental, investigación y relaciones con las comunidades locales para el cuidado de nuestros ecosistemas.

 

BUENAVISTA, PATRIMONIO PAISAJÍSTICO DEL QUINDÍO

El paisaje es una de las potencialidades turísticas del departamento.  El municipio cordillerano de Buenavista, el más pequeño en extensión del Quindío, (4.112 hectáreas), se destaca dentro de la geografía quindiana por su excepcional panorámica que, aunada a las múltiples potencialidades en los aspectos humano, arquitectónico, agrícola y religioso, lo convierten también un verdadero patrimonio paisajístico.

 

El municipio es conocido por los siguientes apelativos: ”Mirador del Quindío”, “Ventana del Quindío”, y “Paisaje de Amor y Paz”. El poeta Mariano Salazar la llamó “A una cuadra del cielo”. Se resalta en su escudo la frase “Buenavista Tierra del Paisaje”; en una de las estrofas del himno aparece esta hermosa alegoría:

 

“Buenavista en tu hermoso paraje

Se remansa por siempre la paz

Buenavista tu verde paisaje

Al Quindío orgullosa le das”

 

En otra de las estrofas, se hace referencia al Cerro del Tolrá (Vereda La Granja),   primer nombre que recibió el municipio en la época de su fundación y cuando pertenecía a Pijao.

 

“El Tolrá cierta vez te llamaste

En memoria de quien te gestó

Más tu gente admirando el paisaje

Buenavista por nombre te dio”

 

El recorrido de su paisaje incluye el cerro de las Tres Cruces. Este importante sitio de peregrinación es el punto más alto de los alrededores, con 1.600 metros sobre el nivel del mar.  El tercer día de cada mes, conservando creencias religiosas de nuestros pueblos mestizos, los peregrinos suben a orar y cumplir sus “promesas”.

 

PRINCIPALES  CORRIENTES  HIDRICAS.

Río Quindío: Es el más importante del Quindío, pues surte de agua a municipios como Salento, Circasia, Armenia y parcialmente a La Tebaida.  Nace en el sector oriental de Salento, exactamente en el páramo de Romerales y en jurisdicción del Parque Nacional Natural de Los Nevados.  Recorre el departamento de nororiente a suroccidente y en su recorrido recibe importantes afluentes hasta el río Barragán donde forma el río De La Vieja.

 

La oferta hídrica ha creado conciencia sobre la importancia del agua en la vida del hombre.  Por esta razón ya se menciona al precioso líquido como el más importante patrimonio natural.  En estas condiciones, es deber de los organismos ambientalistas y de los ciudadanos conocer y propender por la implementación de políticas dirigidas a la conservación y protección de los recursos hídricos.  En el río Quindío se encuentra su mayor potencial.

 

Río De La Vieja: Está ligado a la historia del siglo XVI.  Cuando las  tropas españolas al mando de Sebastián de Belalcazar recorrían el territorio de los indios de Anserma, éste comisionó al capitán Muñoz para el recorrido de las tierras bañadas por el río De La Vieja.  Los historiadores de la denominada Provincia Quimbaya se refieren a esta corriente, en referencia a uno de los textos literarios más hermosos  producidos en la época de la conquista y que evidencia la profusión de adornos de orfebrería que llevaban los indígenas sobre su cuerpo en el momento del contacto que sostuvieron con las tropas españolas. 

 

Según el antropólogo Luis Duque Gómez (1970), tales adornos constituían “casi la única vestimenta de estos indios al lado de las sartas de chaquira, material utilizando para la confección collares y fajas que usaban los señores de la tribu”.  El texto sobre el río De La Vieja fue escrito por Don Juan de Castellanos luego de escuchar el relato sobre una mujer de avanzada edad que se encontraba en las riveras del río y es transcrito en la obra de Duque (Ibidem):

 

“Al río que llamaron de la Vieja

Por una con quien dieron de repente

Llena de espesas rugas la pelleja,

Pero con tantas joyas su persona

Como si fuera moza fanfarrona.

No porque la pintó natura fea,

Mas el tiempo trocó formas primeras,

Y ansí suplía lo que ser desea

Con brazales, collares y orejeras;

Cinta de oro batido le rodea

El vientre, los hijares y caderas,

Las cuales joyas en ajenas manos

Pesaron ochocientos castellanos”.

 

Actualmente el recorrido del río se hace turísticamente en balsajes que se organizan sobre embarcaciones hechas de guadua y que permiten disfrutar los hermosos paisajes de sus alrededores intercomunicado a Puerto Samaria (Montenegro), Puerto Alejandría (Quimbaya) y Piedra de Moler (Cartago).

 

CERRO  PEÑAS   BLANCAS.

Los promontorios naturales (colinas, picos y montañas) se convierten en referentes visuales del paisaje y en puntos geográficos de orientación.  El más importante accidente cordillerano es el Cerro Peñas Blancas, en jurisdicción del municipio de Calarcá.  Situado en el contrafuerte occidental de la cordillera central andina, lo que más llama la atención de él son sus riscos y la superficie desprovista de vegetación que se otea a gran distancia y que  le ha merecido el nombre que tradicionalmente conserva.  En realidad las peñas blanquecinas, inexpugnables y de gran altivez hacia el oriente, son una especie de pared natural de la gran depresión de su interior que los lugareños llaman “catedral” debido a su amplitud y a la existencia de pasillos que se encajonan dentro de las rocas.  Esto ha generado, desde finales de siglo XIX, versiones de guaquería que se refieren a los tesoros escondidos de un cacique prehispánico.

 

A Peñas Blancas se accede después de una caminata de hora y media de duración que parte del Corregimiento La Virginia.  En el cerro se divisan esplendorosamente la hoya del Quindío y gran parte del occidente colombiano.  Según Lopera (1986) su nombre antiguo era la Cueva de Mapelá que recuerda la caverna donde sepultaron al patriarca bíblico Abraham.  Esta costumbre de colocar nombres extranjeros a los sitios recién fundados fue muy común en la época de la colonización del Quindío.

 

En la noche del 24 de diciembre de 1999, los contornos de Peñas Blancas fueron notoriamente afectados por avalanchas de lodo que bajaron por el curso de varias quebradas y que han desfigurado visualmente el paisaje de este hito geográfico, pues grandes cicatrices que dejó la tragedia se han incorporado a su paisaje.

 

CERRO MORROGACHO

Las montañas y cerros estratégicos de América andina despiertan en los habitantes de sus contornos  una sensación de respeto y admiración que se  refuerza con  la difusión de leyendas sobre su altivez o las construcciones monumentales logradas por la mano del hombre.  Esto ocurre con Machu-Pichu en el Perú o Monserrate en Bogotá, para citar solamente dos referentes geográficos de vital importancia en el continente americano. En el Quindío el imaginario colectivo ha creado leyendas alrededor de Peñas Blancas y el Cerro Morrogacho, éste último ubicado en Salento.

 

En Morrogacho y otros sitios de la cordillera central se encuentran evidencias líticas arqueológicas.  Los artífices prehispánicos construyeron estas estructuras revestidas de piedra, llamadas popularmente “canceles”, que potencian al cerro para la investigación arqueológica del Quindío.  Aunque generalmente no se encuentran restos óseos o de cultura material en estas estructuras, lo que más llama la atención es la pulida elaboración de las mismas y el transporte de lajas de piedra desde sitios recónditos hasta estas elevaciones montañosas.

 

Nadie olvidará, cuando se realiza el viaje entre Armenia y Pereira, el hermoso paisaje que ofrecen el Nevado del Tolima y otras formaciones blanquecinas que se divisan al nororiente, haciendo conjunto con el Cerro Morrogacho y los primeros rayos del sol que alumbran los contornos de la cordillera andina. Esta sensación de maravilla natural ha quedado impresa en muchas obras artísticas del óleo y la acuarela de diferentes artistas de la región.

 

VALLE  DE  MARAVELEZ

Las rutas turísticas del Quindío incluyen regularmente la visita a  uno de los más hermosos sitios naturales del departamento: el Valle de Maravelez, situado al suroriente de La Tebaida, en límites con el departamento del Valle.  Está bañado por los ríos Quindío, La Vieja y la Quebrada Cristales, condiciones que lo convierten en un sitio prodigo y fértil.

 

Alfonso Valencia (1963) asegura que el nombre dado a este valle proviene de los apellidos de sus dueños, Marulanda y Vélez.  Sin embargo, la historia antigua de este patrimonio paisajístico del Quindío, está asociada a la insondable imaginación de los colonos que llegaron en los últimos años del siglo XIX y que relataban la historia de una laguna que, aunque no existe como formación orográfica en contornos del citado valle, aparece registrada en la traducción oral endilgada a tesoros fantásticos y evocando así la remembranza del Dorado.

 

Una reseña cultural: 15 anota lo siguiente: “El valle de Maravélez es una planicie de riqueza natural imponente, de verde exuberante y de riqueza hídrica evidente; es decir, un ecosistema donde se conjugan la riqueza y biodiversidad del Quindío. Un valle en el que los árboles y bosques nativos, muchos de ellos en pie a pesar del inclemente paso de los siglos, siguen cumpliendo con su función de pulmón biosférico y proporcionando sombra, en unión con los guaduales que se encuentran en la zona. Las especies animales, aunque muchas en peligro de extinción por la inconsciencia de los cazadores, todavía encuentran espacio donde albergarse. Aunque se ven corretear los gurres, se observan las piruetas de algunos micos, se escucha el canto y se disfruta del vuelo de gran diversidad de pájaros”. 

 

El acceso al Valle de Maravelez se logra desde El Alambrado, aunque también existe la alternativa de emprender el recorrido ecoturístico desde la Vereda El Ocaso, en el tramo paralelo a la margen derecha de la pista aérea del Aeropuerto El Edén. Por este sendero se disfruta el paisaje inolvidable y refrescante que ofrece el Valle, en cuya jurisdicción todavía se practica la pesca artesanal y se alcanza a apreciar la riqueza de la avifauna quindiana o conocer la tortuga “pimpano”  chelidra serpentina aculirrostus, especie en vía de extinción que tiene su hábitat en la quebrada Cristales.

 

APROXIMACIÓN A UNA LECTURA DEL ENTORNO NATURAL QUINDIANO DESDE LAS CRÓNICAS DE CONQUISTA Y COLONIZACIÓN.

Un tema que introduce al conocimiento de muestra histórica como fue la colonización del Quindío todavía es mirado y soslayado por muchos al creer que fue sólo el pueblo antioqueño quien se trazó ese reto en la mitad del siglo XIX.  Las características históricas son regularmente tratadas más no se reseña el dialéctico transcurrir de las sociedades humanas frente a la intervención de su medio, también entendida como transformación de la naturaleza.  En esa interacción naturaleza – cultura se generan entonces factores que permiten crear, apropiar y heredar a nuestros congéneres los escenarios, los conocimientos y los saberes, conocidos todos ellos como el Patrimonio Natural.

 

Las lecturas de historias de la colonización son de variados estilos, como así se colige del corte historiográfico de algunos o por lo anecdótico de otros. Conocemos visiones históricas que nos develan una especie de “épica de la colonización antioqueña”, como la denominara James J. Parsons sugiriendo un movimiento a lo californiano, o la de la llamada Colonización Empresarial, con relación a ese lapso histórico llamado la Concesión Burila (Ortiz, 1986).

 

Esas lecturas nos sugieren una historia de las mentalidades de las colonizaciones recientes, signadas ellas en su mayor parte por el empuje de la supervivencia.  Se encuentra la lectura del entorno ya que recrea más bien el resultado de la explotación de unos recursos antes que destacarlos en honor a sus bondades.  Aquí es donde se encuentra la ausencia de una lectura ambiental de los sucesos recientes que contribuyen a la construcción de eso que llamamos Identidad Cultural.

 

Leyendo así la historia, no ponderamos el valor que tuvieron los recursos naturales en la gesta colonizadora iconos culturales como la Palma de Cera, o la misma Totuma (o cuyabra) se han lanzado irremediablemente a una muerte social, porque ya no nos apropiamos de su importancia. En referencia a estos dos emblemas, es necesario también acudir al rescate de la historia de otros escenarios de colonización lejana en el Quindío, que en parte potenció las riquezas naturales de esta tierra. 

 

La historia de la fundación del Quindío nos reseña el capítulo del levantamiento de pueblos, cuadras, casas e iglesias centenarias. En estas construcciones, irónicamente potenciadas como el legado de nuestro patrimonio arquitectónico también quedaron las mejores maderas de esas selvas y montañas descuajadas. No se conoce sobre tantos árboles que sucumbieron ante la inevitable gesta que facilitó nuestros escenarios de vida. Sólo ha quedado de ellos la escasa marca en también escasos rodales de vegetación nativa de bosques montunos cordilleranos.  Es muy notorio encontrar las noticias de la colonización matizadas por la utilización indiscriminada de tales recursos.  Para la construcción de la capilla de la primera fundación de Salento un cronista  viajero, Eduard André citado por Hincapié (1995) cuenta que era totalmente de madera de Ceroxylón quindiuense pues la base, la techumbre y las columnas estaban hechas de este material.

 

Igualmente recordamos el desmonte masivo de montaña y de los imponentes y corpulentos árboles de barcino, laurel negro y otras especies nativas para la construcción de esos primeros pueblos.  El roble, por ejemplo, no sólo está extinguido de nuestros bosques quindianos sino que este gigante colombiano ha desaparecido de casi toda la geografía nacional pues su madera fue muy apetecida para la construcción de las vías férreas en la época de gloria del tren.  De él sólo nos queda la reseña toponímica en un paraje de la carretera Armenia – Pereira.

 

Hoy, en muy escasas visiones cotidianas, los quindianos podemos disfrutar de los encantos de esos testigos de la época colonizadora, como ocurre con el yarumo blanco, ya incorporado a nuestro acervo de Patrimonio o el caimo, árbol frutal que llamó la atención de los conquistadores españoles y que producía risas a los indígenas al ver que su pulpa se pegaba a las barbas de los ibéricos.

 

Por fortuna otras especies de nuestra flora, también despreciadas y poco reseñadas en la gesta colonizadora reciente, se reivindican gracias a la valoración del ornato.  Eso ocurre con la tibuchina o sietecueros y la heliconia. Otra de las plantas mencionadas en las crónicas de Alejandro Von Humboldt (Ibídem), es el vijao, valorada en muchas culturas como elemento utilitario.

 

Una lectura de nuestra fauna y flora solo se encuentra, lamentablemente en la colonización reciente. Tendríamos que acudir a esos pasajes literarios de las crónicas de viajeros del Paso del Quindío para evaluar la riqueza de nuestros recursos.  Ni siquiera el guamo, aquel sombrío vital que caracterizó el paisaje del sistema de producción cafetera de principios de siglo XX, se aprecia en nuestras escasas sementeras, las que tampoco reflejan la interacción entre el bosque y la producción del grano.  En esa medida también los nuevos paisajes han degradado la identidad cultural del hombre cafetero.

 

También nos han quedado maravillosas reseñas escritas sobre el Paso del Quindío.  Son del botánico Eduard André, el militar sueco Augusto Gosselman o el profesor alemán Rothlesberger.  Otros, como Elías y Eliseo Reclus, Frederic Church o dibujantes de la Comisión Corográfica como Carmelo Fernández, Enrique Price y Manuel María Paz, nos dejaron los mejores dibujos y testimonios de la excepcional biodiversidad de los parajes visitados. Ellos se maravillaron no solo de nuestra palma de cera y los guaduales sino de la fauna y pájaros variados.

 

Para aumentar nuestro asombro frente al patrimonio natural, debemos retroceder aún más en otros estadios de intervención del hombre en nuestra región del Quindío. Esas fases han quedado testimoniadas con su descripción rebosante de biodiversidad, en las llamadas Crónicas de la Conquista.  Pedro Cieza de León, anotó esto en 1542 cuando Jorge Robledo y sus tropas hicieron contacto con la denominada Provincia Quimbaya y refiriéndose en primer término a la guadua:  “Como estos cañaverales que he dicho sean tan cerrados y espesos; tanto, que si un hombre no supiese la tierra se perdería por ellos, porque no atinaría a salir, según son grandes; entre ellos hay muchas y muy altas ceibas, no poco anchas y de muchas ramas, y otros árboles de diversas maneras, que por no saber los nombres no los pongo.  En lo interior de los o de algunos hay grandes cuevas y concavidades, donde crían dentro abejas, y formando el panal, se saca tan singular miel como la de España... Hay en esta provincia, sin las frutas dichas, otra que se llama caimito, tan grande como durazno, negro de dentro; tienen unos cuexquecitos muy pequeños, y una leche que se apega a las barbas y manos, que se tarda harto en tirar; otra fruta hay que se llaman ciruelas,  muy sabrosas; hay también aguacates, guabas y guayabas, algunas tan agrias como limones, de buen olor y sabor.  Como los cañaverales son tan espesos, hay muchas alimañas por entre ellos, y grandes leones, y también hay un animal que es como una pequeña raposa...  Llaman a este animal chucha.  Hay unas culebras pequeñas de mucha ponzoña, y cantidad de venados, y algunos conejos y muchos guadaquinajes, que son poco mayores que liebres, y tienen buena carne y sabrosa para comer.  Y otras muchas cosas hay que dejo de contar porque me parece que son menudas” (Duque, 1970).

 

Sin embargo, el más maravilloso compendio natural que nos haya dejado poblamiento alguno en el Quindío está en el testimonio arqueológico.  La investigación marcará la pauta para la identificación de tantos aspectos del entorno natural que maravilló a los pobladores indígenas en la época prehispánica.  A través de la arqueobotánica y la arqueozoología podríamos dilucidar esas etapas en las que la agricultura intensiva permitió aquí se cultivaran y crecieran muchas especies que desconocemos.  Solo la estilística en las piezas de orfebrería y cerámica nos permiten conocer la riqueza de la fauna y la flora.  Igualmente la palinología (estudio del polen fósil) nos permitirá retroceder mucho más en el tiempo para reconstruir el medio ambiente.  Por ejemplo uno de los testigos de esa época geológica es el pino colombiano, orgulloso ejemplar de la flora nuestra que crece desde hace 40 millones de años en nuestra geografía (Molina, et. al, 1995).


 


 

BIBLIOGRAFIA.

 

§Arango Cardona, Luis:  “Recuerdos de la Guaquería en el Quindío” – 1928.

 

§Restrepo R., Carlos E.:  “Filandia Hija de los Andes” – 1978.

 

§Ley General de Cultura, No. 397 de 1997

 

§Documento “Lineamientos Culturales para los Planes de Ordenamiento Territorial de los Municipios del Departamento del Quindío”.  Centro Filial del Quindío.  Armenia.  1999.

 

§Periódico La Crónica del Quindío.  Edición de Octubre 14 de 1999.

 

§Alcaldía Municipal - “Buenavista Quindío – Tierra de Paisajes”.  1996. Fondo Mixto de Promoción del Quindío

 

§Alcaldía Municipal - “Buenavista, Mirador del Quindío”. 1999. Fondo Mixto de Promoción del Quindío

 

§Consejo de Monumentos Nacionales, Centro Filial del Quindío: “La Ruta del Patrimonio Cultural Quindiano” – La Crónica.  Armenia, septiembre y octubre de 1999.

 

§Universidad Nacional: Catálogo “Casas y Paisajes – La Arquitectura como Patrimonio Cultural” – Medellín, 1986.

 

§Catálogo “Caminos del Mundo” – Armenia, 1998.

 

§“Cancionero Mayor del Quindío”. TOMOS I Y II.  Alvaro Pareja Castro. Comité Departamental de Cafeteros del Quindío. Armenia. 1995.

 

§“Talleres creativos, Implemento metodológico para la enseñanza en el  museo” – Roberto Restrepo R. – Ponencia

 

§Congreso Mundial de Arqueología – 1991., Barquisimeto, Venezuela.

 

§Catálogo “Los Treinta del Arte en el Quindío”, Secretaría de Cultura Artesanía y Turismo, Gobernación  del Quindío, Armenia, 1996.

 

§Restrepo R., Carlos E. – “Filandia, Reseña Histórica”, 1973.

 

§Cifuentes Sanchez, Francisco: “La Tebaida, Quindío”.  Ediciones Litografía Luz.  Calarcá. 1993.

 

§Cardale de Schrimpff, Marianne: “Nota sobre un fragmento de tela hallado en la hoya del Quindío”.  En: Boletín del Museo del Oro.  No. 20.  Bogotá. 1988

 

§Ramírez Monard, Mario – “Himnos del Quindío”.  Universidad del Quindío.  Armenia.  1996

 

§“El juego de esgrima con machetes” (Danza de los Macheteros del Quindío). FUNDANZA. Armenia 1997.

 

§Periódico LA PATRIA – “Los Macheteros del Caimo”, artículo de Euclides Jaramillo Arango. Manizales. s.f.

 

§“La guadua un regalo de la naturaleza”. Federación Nacional de Cafeteros. Segunda edición.  Bogotá.  1991.

 

§Documento  “Al bahareque le fue muy bien”.  Jorge E. Robledo, José F. Muñoz, Gonzalo Duque.  Universidad Nacional Manizales.  1999.

 

§“Noticias historiales  de las conquistas de tierra firme en las Indias Occidentales”.   Fray Pedro Simón.  Biblioteca Banco Popular.  Bogotá. 1981.

 

§Valencia, Albeiro – “La Guaquería en el Viejo Caldas”, en Boletín Museo del Oro, Bogotá 1989

 

§Fondo Mixto de Promoción Turística del Quindío

 

§Valencia, Alfonso – “Quindío Histórico”, 1963

 

§Documento “Patrimonio Cultural del Quindío”.  Enrique Barros,

 

§Luz Patricia Hurtado.  Armenia (s.f.).

 

§Plegable “Reservas Naturales de la Sociedad Civil” No. 4.  Pereira.  1994.

 

§Plegable Eco-Guía  del Quindío.  Ruta 1 Armenia – Salento – Cocora

 

§Joiko Henriquez. Guillermo. “La ética de la conservación aplicada a las excavaciones arqueológicas”, en Revista Arqueología, Universidad Nacional.  No. 7-8, año 2, Bogotá, Septiembre 1988.

 

§Arango B., Teresa – “Precolombia” – 1954

 

§Cubillos, Julio César – “Apuntes para el estudio de la Cultura Pijao”, en Boletín de Arqueología – 1946.

 

§Friede, Juan  - “Los Quimbayas bajo la dominación española” – 1978.

 

§Lopera, Jaime – “La colonización del Quindío” – 1986.

 

§Carta de Enero 19 de 1999, Memoria Descriptiva y Solicitud de Declaratoria presentada por la Fundación Reserva Natural La Rosa de Los Vientos.

 

§“Registro de colecciones arqueológicas y etnográficas – Manual

de procedimientos”, ICAN, 1997.

 

§Duque Gómez, Luis: “Los Quimbayas”, Imprenta Nacional. Bogotá, 1970.

 

§Cardale, Marianne, Sory Morales y Oscar José Osorio “Nota sobre una tumba de cancel hallada en el municipio  de Dos

 

§Quebradas, Risaralda - Orfebrería de la tradición metalúrgica del  suroccidente hallada en el Cauca Medio”, en Boletín Museo del Oro, Banco de la República,  1988.

 

§Arango Cardona, Luis. “Recuerdos de la Guaqueria en el  Quindío”, 1928

 


Esta obra se presenta a los quindianos como un esfuerzo de la Gobernación del Quindío y la Gerencia de Cultura. Es un nuevo intento de compilar lo más representativo del patrimonio cultural quindiano

 

El Departamento del Quindío es rico en bellezas naturales. Fue asiento de pueblos indígenas prehispánicos que trabajaron el oro y la cerámica esplendorosamente. Actualmente el Comité de Protección Arqueológica del Quindío, adscrito a la Gerencia de Cultura, trabaja en su recuperación y divulgación

 

Los municipios quindianos conservan hermosos conjuntos de casas que responden a una tipología  arquitectónica de la colonización.

 

El patrimonio musical presenta un buen panorama debido a que cultores del departamento que trabajan con el Centro de Investigación y Documentación Musical del Quindío han recuperado partituras, instrumentos y documentos relacionados con la música de esta tierra.

 

El patrimonio artesanal tiene exponentes humanos tan importantes como los canasteros de Filandia, los artesanos de muebles de guadua y de la  totuma llamada “tarralí” o los cesteros de guadua viche, entre otros.

 

Las obras de literatura o de arte y las creaciones colectivas que se convierten en realizaciones intangibles, conforman los patrimonios literario y  demosófico, que los quindianos valoramos  junto con sus creadores.

 


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1 Los bienes culturales intervienen igualmente en la dinámica del consumo cultural, definido por Nestor García Candini, como “el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor  simbólico  prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica”. En: “El consumo cultural y su estudio en México: Una propuesta teórica, s.f.

5 En relación a Armenia  como ciudad milagro, debemos anotar que “generalmente, la perífrasis se debe a espasmos poéticos de un lírico hijo de la comarca o de un allegado, como es el caso de Aguadas, también llamada por Marco Fidel Suárez, “Ciudad Florón del Departamento Modelo” y, por el sacerdote grecoquimbaya Nazario Restrepo, “Ciudad Castillo (Instituto Caldense de Cultura , 1994).

6 Centro Filial del Consejo de Monumentos Quindío – “La Ruta del Patrimonio Cultural Quindiano” – En La Crónica, 14 de septiembre de 1999.

7 El Espectador-Separata “Monumentos Nacionales”, Instituto Nacional de Vías, Subdirección de Monumentos Nacionales – Bogotá, 1992.

[1] Centro Filial del Consejo de Monumentos Quindío, 1999.

[2] Diario de Colombia, “El agua, un recurso natural en vía de extinción”–Septiembre 7 de 1997.

[3] “Apropiación Social del Patrimonio Cultural y Natural para el Desarrollo Comunitario”. Plegable Convocatoria Internacional – 1997.

[4] La Tarde del Quindío- “La Tarde ecológico”- Octubre 15 de 2000

[5] Revista “El Niño”- Armenia, Septiembre de 1998.

[6] “Las historietas del profesor Yarumo, Nº. 12- Fedecafe- Bogotá, 1993.

[7] Corpocaldas “La guadua, palnta emblema de Caldas”

[8] Informe sobre el IV Congreso Internacional ZERI, 1998.

[9] Fondo Mixto de Promoción del Quindío – Plegable Ecología del Quindío – Septiembre de 1994.

[10] “Gobernación de Risaralda – Reservas  Naturales de la Sociedad Civil” – Septiembre de 1994.

15 Casa de la Cultura  La Tebaida, 1997.