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El taller literario de Beatriz Vignoli

hola, bienvenidos al taller...

¿Qué es lo literario, qué es la literatura?

No toda escritura es literaria. La literatura es un arte.
¿Qué es un arte? A diferencia de la ciencia, un arte es toda práctica que busque cierto grado elevado de perfección y cuyos logros se basen en un conocimiento empírico e intuitivo del campo en que se trabaja. Por ejemplo, el arte de curar, o el arte del ikebana. Esta es la definición más tradicional de arte.


La literatura como arte: definición moderna

Pero además, desde los tiempos de la Revolución Francesa (1789) a esta parte, es decir, en la Modernidad o época moderna, hay filósofos y críticos que dan otra definición: la de "arte" como aquella actividad cuyo principal propósito es la actividad misma.
Ambas definiciones contribuyen a la de la literatura como arte.
Al arte concebido como actividad que es su propio propósito se lo ha llamado de muchas maneras: "finalidad sin fin", "arte autónomo", y, en sus versiones más extremas, "arte por el arte" (o, como decía un carpintero amigo de mi papá: "¡qué lindo, lástima que no sirve!"). Hay distintos grados de "autonomía del arte", de modo que no debemos tomarla como algo absoluto.
En períodos complejos como el actual, muchos artistas y escritores buscan darle al arte algún sentido por fuera de sí mismo, ya sea este un sentido político, social, terapéutico, histórico, o de entretenimiento. Además, quien escribe o pinta suele hacerlo movido por alguna ambición -perfectamente legítima- de reconocimiento social, no sólo por el quehacer en sí. Pese a tales limitaciones, el criterio de autonomía artística es muy práctico a la hora de diferenciar entre un taller "literario" y uno "de escritura".


Géneros de ficción y de "no ficción"

La literatura es arte en estos dos sentidos: el mencionado de autonomía, y el más tradicional de actividad que busca la eficacia de manera intuitiva.
La literatura, como toda otra práctica artística, se divide en géneros. Un género se rige siempre por ciertas convenciones. Un escritor puede ser ortodoxo y acatar estas convenciones, o ser heterodoxo y trasgredirlas; lo que no puede, si quiere escribir dentro de un género, es ignorarlas.
La palabra "género" designa también a los subgéneros o géneros dentro de un género: por ejemplo, dentro del género novela existen la novela policial, la realista, la de ciencia ficción, la de fantasía, la de espionaje, la de aventuras, la histórica, la autobiográfica. Existen géneros tradicionalmente literarios y géneros no literarios. El testimonio, la nota periodística, la carta, y todo lo que hoy las editoriales engloban bajo el rubro de "no ficción" (excepto el ensayo, que es literario) son ejemplos de géneros que, aunque dentro de ellos a veces se produzcan textos de "valor literario", no son literarios en principio. ¿Por qué? Porque no cumplen con el criterio de autonomía, ya que su principal función es la de transmitir una información. Pero en ocasiones esta información es transmitida con arte -con un perfeccionismo intuitivo- y por eso ingresa a la literatura. Un ejemplo de testimonio que ya forma parte de la literatura por la "literariedad" con que ha sido narrado es el "Relato de un náufrago" del escritor colombiano Gabriel García Márquez (quien obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1982).
La palabra "ficción" proviene de "fingir". El ensayo es un género literario de "no ficción", donde se supone que el texto es verdadero, vale decir: que no sólo contiene información fidedigna, sino que expresa las opiniones reales de su autor o autora. En los géneros literarios llamados "de ficción", que son en principio la novela y el cuento, se supone que el autor finge. No puede decirse que mienta, ya que, en primer lugar, no busca engañar, y, en segundo lugar, puede que esté contando algo verdadero. Pero sencillamente la pregunta "¿esto es verdadero o falso?" está fuera de lugar. Tanto en la novela como en el cuento, vale decir: en la ficción, existe un pacto tácito entre autor y lector, por el cual el lector se compromete a hacer una "suspensión de la incredulidad" (es decir, a creer provisoriamente lo que lee) y el autor, por su parte, debe cumplir con ciertos criterios de "verosimilitud". Esto significa que lo que el autor cuenta, si bien su verdad no será juzgada ya que está fuera de la cuestión, debe ser "verosímil", esto es: parecer verdadero. Los criterios de verosimilitud varían según el género en el que se trabaje: difieren para el realismo y la ciencia ficción, o entre los diversos estilos de realismo: costumbrista, naturalista, mágico. También es admisible, como excepción, que una obra literaria o cinematográfica sea deliberadamente inverosímil, y algunos autores "consagrados" (como el novelista argentino César Aira, o el cineasta español Pedro Almodóvar) han llegado a hacer de eso una marca de estilo.


Arte, artefacto y artificio

Es claro que si hay un relato, ya sea en prosa o en verso, se supone que alguien lo cuenta. Ese alguien que cuenta el relato, a los fines literarios, no es exactamente el autor, sino un dispositivo o artefacto construido ex profeso por éste. Dicho artefacto es lo que los críticos de la prosa llaman un narrador y los de poesía denominan el yo poético o el yo lírico. En el género de la poesía llamado poesía lírica, se da el caso especial de que el yo lírico y el yo del autor tienden a ser percibidos como uno solo. Existe todavía otro género, donde claramente la poesía es de no ficción: se trata de la poesía confesional, que es un subgénero de otro hoy en desuso, la confesión.
La confesión es un género autobiográfico que estuvo muy en boga en otros tiempos: allí el autor se atrevía a poner por escrito, para la posteridad o para un destinatario privado (un confesor), opiniones y datos personales que el pudor de su época (o el de su clase) le impedían publicar o decir.
¿La poesía es ficción? Generalmente no, porque casi siempre es confesional o lírica. La épica, que entretuvo a los nobles en los tiempos de Homero, sólo se usa cuando los poetas quieren hacer un realismo social o un realismo histórico, lo que es muy interesante, pero que no sucede a menudo (y hay otro subgénero más infrecuente todavía: la poesía-ensayo). Como sea, por más verdaderos que sean los enunciados en un texto literario, la verdad o falsedad de los mismos no importa, ya que en un texto literario la enunciación desaparece tras el enunciado, o en otras palabras: el decir queda oculto tras lo dicho. Es lo que algunos autores teóricos llaman "el disimulo del decir".


"Yo maté a María Iribarne"

La literatura, dado su alto grado -artístico- de artificialidad, propone siempre o casi siempre una enunciación compleja donde el autor se descompromete de la verdad de sus enunciados, haciéndose responsable, eso sí, y en muy alto grado, de la forma de los mismos. Lo que importa, en virtud del criterio de autonomía que determinaría en principio la "literariedad" de un texto, no es tanto qué se dice sino cómo se lo dice.
Un autor de literatura podrá ser llamado a rendir cuentas (por los críticos, en reseñas o en entrevistas, una vez publicada la obra) de detalles de sus escritos que poco preocuparían a un abogado, a un periodista, a un psicoanalista, a un científico, a un ministro religioso, o a cualquier persona común. Por ejemplo, ante el comienzo de la primera novela del escritor argentino Ernesto Sábato, "El Túnel", que empieza con esta frase: "Yo maté a María Iribarne", la pregunta literaria no es "¿es cierto que usted mató a María Iribarne?" ni "¿sabe usted que matar a una persona es un pecado grave y constituye delito de homicidio?", sino quizás: "¿por qué Sábato usa la palabra 'maté' y no dice, en cambio, 'asesiné'?" o: "¿a qué se debe que haya elegido para la víctima el apelllido 'Iribarne': a su sonoridad, a sus connotaciones de alcurnia porteña, a todo eso?". O: "¿por qué elige contar la historia desde el punto de vista del asesino?". No es del todo pertinente, aunque es posible, acusar al autor de incorrección política: "¿para qué narra un asesinato, que es algo criminal y horrible?", o: "¿cómo la víctima es una mujer y encima se llama María, igual que la Virgen María?". Preguntar solamente: "¿quién era María Iribarne?" o: "¿por qué el narrador la mató?" o: "¿por qué se autoincrimina?" son preguntas que "enganchan" al lector para que se interese por la trama de la novela y la siga leyendo. La "frase gancho", aunque algunos críticos y editores la consideren un recurso efectista y remanido, es uno de los muchos recursos que un autor puede emplear para lograr dos cosas: que el lector no abandone su libro, y que suspenda su incredulidad mientras lo lee. Queda patente además en este ejemplo, por razones obvias, que el narrador no es el autor.


Conclusión

Con estas consideraciones he intentado responder a la pregunta de qué es lo literario. Pero téngase muy en cuenta que la artificialidad de la literatura nunca es total, y que una literatura íntegramente artificial sería un mero ejercicio de estilo. La verdad de la experiencia siempre juega un rol como "material" de una buena obra literaria. Y es preciso que así sea, ya que, si no, ¿de qué otra manera podrían determinarse los contenidos de una práctica que no tiene finalidad fuera de sí misma? Hay mucho para decir sobre la relación entre literatura y experiencia, de todo lo cual diremos algo en el próximo apunte.
Queda además pendiente la pregunta de qué es escritura; eso ya es tema para un taller de escritura, y ese ya es otro taller.


Beatriz Vignoli. Rosario, 23 de abril de 2003