¿QUÉ ES LO QUE SIGUE DESPUÉS DEL 31 DE AGOSTO, REVOLUCIÓN O GUERRA CIVIL?*

 

Por Carlos Guerrero

 

Tengo una evidente sensación de malestar, de repugnancia por el papel desempeñado por los medios de "comunicación" el pasado domingo, y sobre todo el más poderoso de ellos: el consorcio televisa, ya que sin ningún recato estos mercenarios de la tragedia y el dolor se solazan con "el pederasta de Cancún", o pederasta de Televisa, con el principal propósito de distraer a la opinión pública de los sucesos verdaderamente importantes que están pasando en el país.

Para Televisa una manifestación de tres millones de personas en el Zócalo del DF, que protesta por el fraude electoral cometido por el IFE conjuntamente con el panista Gobierno Federal, no es relevante, y por lo mismo como consigna tienen que evitar imágenes de la mega concentración, deben también ocultar lo que dijo López Obrador respecto de la defensa de la Nación frente al impostor. Para el consorcio televisivo  lo que tienen que puntualizar permanentemente, es que los plantones distribuidos en el centro de la ciudad son la verdadera amenaza.

Ese fue el asco que me produjo el empleado de Televisa, Carlos Loret, que no es sino una caricatura del padre. Pero Don Carlos Loret era un periodista comprometido con las mejores causas, que enfrentó a los poderosos, como lo hizo aquí en San Luis desde el periódico El Heraldo contra el cacique Gonzalo N. Santos. Para el empleado de Televisa lo importante en la mañana siguiente a la más grande concentración que haya habido en la historia del país, era un asqueroso sujeto de origen libanés, protegido por políticos influyentes de Quintana Roo, que fue atrapado por abusar de niñas mayas dentro de esa red de mercancía humana que se mueve en los principales centros turísticos del país y del mundo como parte de una "atractiva" oferta turística a la que todos, hoteleros, restauranteros, dueños de antros, autoridades, e incluso la propia empresa Televisa dentro de su departamento de giros negros, se hacen de la vista gorda porque les dejan fuertes ganancias económicas y les suministran mercancía humana a sus bestiales directivos.

Pero los aspavientos distractores de los "comunicadores" televisivos y radiofónicos no pueden lograr que la atención del país deje de centrarse en lo que realmente importa: ¿Qué va a suceder después del 31 de agosto cuando el Trife resuelva el conflicto postelectoral? ¿Estamos ante la antesala de una nueva Revolución o de otra guerra civil si el Trife ratifica el fraude y le da el triunfo al mediocre y pusilánime candidato de la derecha? ¿O todo va a caer en el olvido como sucedió en el fraude del 88, y los mexicanos apechugamos y nos subordinamos a una política infrahumana y cruel con la que la derecha nos suprimirá todas las garantías y derechos conquistados? Y además, que si no los bajamos ahora de la Presidencia va a ser prácticamente imposible hacerlo dentro de seis años, cuando consoliden todos los instrumentos de poder, de represión y de manipulación que les puede proporcionar el Estado.

Pero ¿qué es una revolución?. Una revolución es la toma del poder político y de los centros neurálgicos del país de las manos de los usurpadores para entregarlo al pueblo transformado en servicios, en calidad de vida, en seguridad social. Los usurpadores están definidos porque ya no corresponden al momento histórico ni a las necesidades de la sociedad, y que haciendo uso de de los instrumentos que les proporciona el Estado se mantienen en el poder en contra de la voluntad popular.

Está en juego el destino y la propiedad del país y de más de cien millones de mexicanos que nos enfrentamos ante dos proyectos de nación: el popular, nacionalista y democrático que encabeza Andrés Manuel López Obrador y que tiene que ver con la justicia social de la gran mayoría de esta nación injustamente pobre, o el de los ricos que encabeza Calderón, la Coparmex y el Yunque y que tiene mucho que ver con la preservación de los privilegios de los poderosos y el sometimiento a la miseria de la mayoría de los mexicanos.

Es mucho lo que está en riesgo, incluso más allá del resultado de las elecciones, y la torpeza del gobierno panista es incapaz de percibirlo. Como se lo dijo Salinas a Camacho después del fraude contra Cuahutemoc Cárdenas: No se puede gobernar el país si no se gobierna la ciudad de México. Pero aún así no se puede estar todo el tiempo con las manifestaciones que pueden ser muy desgastantes para la Coalición por el bien de todos, y los dirigentes de este movimiento masivo tendrán que meditar en la exacta correlación de fuerzas -incluída la posición que puede guardar el ejército-, para dar el siguiente paso. Es mucho lo que está en juego y la presidencia en manos de un impostor es por completo inaceptable, incluso para aquellos panistas que sustentan y defienden principios éticos y morales.

Pero si los magistrados del Trife se resuelven a favor del conteo voto por voto y casilla por casilla, y se verifica de una manera transparente, lo que es perfectamente justo dada la cantidad de impugnaciones, se desactiva la bomba de tiempo que el gobierno de la derecha a encendido.

*Por un error involuntario, este artículo no apareció en la fecha que debió aparecer, pero es válido porque las circunstancias hasta el momento siguen siendo las mismas. C. G., 8 de agosto del 2006